Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)
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miércoles, 16 de marzo de 2016

Zika o como el NOM siembra el miedo

Foto de Juan Manuel de Prada.

Entre los archipampanatos creados por el mundialismo para confiscar nuestras almas merece destacarse la llamada Organización Mundial de la Salud (OMS), encargada de provocar histerias y paranoias colectivas que permitan luego la realización de sus protervos designios. Como cualquier persona que no se chupe el dedo sabe, el Nuevo Orden Mundial pretende instaurar una tiranía de tipo plutónico, que a la vez que saquea la riqueza natural de las naciones convierte a la Humanidad en una masa amorfa y animalesca, engolosinada en el disfrute de sus derechos de bragueta y expoliada tanto material como espiritualmente. Y para lograr más plenamente este expolio, el mundialismo requiere que esas masas no procreen (pues cuantos menos hijos tengan con menor ardor lucharán por su dignidad) y también imbuirles miedos que las conviertan en rebaños desvalidos, dispuestos a dejarse conducir hasta el redil, donde la mano del tirano que los ordeña pueda confundirse con una mano paternal y benefactora.

Así puede entenderse que la OMS tenga como principales cometidos imponer el antinatalismo e identificar periódicamente pandemias reales o ficticias que provoquen entre las masas las paranoias propias de las sociedades idólatras, incapaces de afrontar la muerte con naturalidad porque previamente les han hecho creer que los avances científicos les garantizarán una existencia de semidioses en un nuevo paraíso terrenal. Cuando ese paraíso tiembla sobre sus cimientos de humo por culpa de un virus desconocido, la paranoia se desata; y entonces los archipámpanos del mundialismo se sacan demiúrgicamente de la manga un “falso prodigio” en forma de vacuna. Por supuesto, este falso prodigio tal vez no funcione, tal vez ni siquiera sea necesario, pero la paranoia colectiva propiciará que los Estados (que ya no son otra cosa sino monigotes trémulos y lacayunos) compren millones de vacunas que harán el agosto de algún laboratorio o chiringuito farmacéutico al servicio del mundialismo. Así, exactamente así, ha ocurrido en los últimos años con diversas pandemias reales o ficticias, que han servido para probar que las masas cretinizadas están cagaditas de miedo y dispuestas a tragarse cualquier patraña. Recordemos, por ejemplo, que la OMS anunció en su día que la gripe aviar causaría más de siete millones de víctimas que, después de una delirante campaña de prevención (sólo los Estados Unidos gastaron una partida de más de mil millones de dólares en vacunas), se quedaron en nada.

Ahora este archipampanato mundialista ha encontrado un filón suculento en el virus del Zika, propagado por un mosquito, que según tratan de convencernos (aunque no existe ninguna certeza al respecto) produce malformaciones en los fetos. Así, estos siniestros burócratas del mundialismo logran matar dos pájaros de un tiro, imponiendo la anticoncepción y el aborto en los países de América del Sur y sembrando el miedo que garantiza la venta multitudinaria de vacunas (que, según nos anuncian, ya están a punto de salir de los laboratorios o chiringuitos farmacéuticos elegidos). El virus del Zika se conoce al menos desde hace setenta años; pero es ahora, misteriosamente, cuando se lanza la especie de que puede provocar malformaciones en el feto. Y, mientras llegan las vacunas que los enriquecerán, los archipámpanos de la OMS recomiendan a las mujeres de la región afectada por el virus que no se queden embarazadas durante los próximos años. Con el señuelo del Zika, los archipámpanos del mundialismo han logrado matar dos pájaros de un tiro; y podrán dar gracias alborozados a Mammón y Moloch, sus dioses predilectos, pues ganarán mucho dinero y matarán (o impedirán nacer) muchos niños.

(ABC, 8 de febrero de 2016)

viernes, 4 de marzo de 2016

Juan Gérvas: “El 90% de la medicina científica ‘oficial’ es pseudociencia”

Por Miguel Jara

Un libro recomendado del médico y amigo Javier Peteiro sobre el fundamentalismo cientifista.




La ciencia es más compleja de lo que parece y sin embargo se vende como generadora de decisiones racionales. Vivimos en una era en la que parece predominar el “todo por la ciencia pero sin la ciencia“. O la ciencia usada como marketing por las diferentes industrias y quienes, ya sea por cobardía o por ideología, aceptan esta impostura.

Si no fuera por la Ciencia no conoceríamos el mundo -o la parte de él que ha adquirido un buen nivel de desarrollo- como es. Con sus vicios incluidos, la Ciencia es motor de progreso.

La esperanza de vida, su aumento espectacular en los últimos decenios, es un ejemplo. Las enormes conquistas de la ciencia y de la técnica empezaron con la evolución de los homínidos y sus herramientas.

Pero no todo es gracias a la ciencia entendida como técnica. En las sociedades avanzadas también acompañan a los conocimientos técnicos un mayor sentido de la justicia, la democracia, la distribución de la riqueza, los acuerdos comerciales, la educación, la solidaridad, la equidad y demás valores e ideales humanos.

En los últimos años, al menos en España, se ha observado un avance de la Ciencia, quizá en detrimento de los valores religiosos. Pero también han surgido conceptos como cientifismo o pseudociencias. El primero sería una desviación de los verdaderos propósitos de la Ciencia, que tiene en su servicio a las personas su máxima, para ponerse al servicio de los intereses industriales (por encima de las necesidades humanas). La pseudociencia sería el intento de aquello que no es científico, no está validado por métodos experimentales y no puede reproducirse para comprobarse, de hacerse pasar por ciencia. Este es un término peyorativo aunque no menos lo debería ser el cientifismo (ver J. Peteiro: “El cientificismo es una aberración ética facilitadora de un fascismo de nuevo cuño”).

Pero si bien es inaceptable lo denominado hoy pseudocientífico, el concepto no puede limitarse a ciertas prácticas médicas consideradas “alternativas” o “complementarias” de la Medicina oficial u ortodoxa o convencional, como desee denominarse.

Se critica a las medicinas alternativas por una muerte, por ejemplo, de un estudiante de Física -noticia de hoy mismo- y quienes lo hacen no cuestionan al tiempo los cientos de miles de muertes evitables que provoca innecesariamente la medicina oficial sin límites.

De hecho, la medicina hegemónica, la denominadaMedicina Basaa en la Evidencia (MBE) también puede incurrir en la pseudociencia. Es increíble pero cierto, como escribe el médico y estudioso de la Ciencia Juan Gérvas:
  • Los medicamentos de la medicina científica causan 179.000 muertos anuales por los efectos adversos en la Unión Europea (equivalente a la muerte diaria durante un año en accidente de todos los pasajeros y tripulantes del Airbus más grande)”.
  • “La aplicación de un protocolo para intervenciones quirúrgicas puede haber causado 800.000 muertes en Europa”.
  • “El 90% de la investigación publicada en medicina es falsa”.
  • “Las embarazadas, parturientas y madres lactantes sometidas en masa a tratamientos (suplementos de yodo, hierro y vitaminas) y a pruebas innecesarias por la medicina científica”.
  • “Millones de varones incontinentes e impotentes por tratamientos de urólogos al atribuirles cánceres de próstata en falso, por sobrediagnóstico”.
  • “Las resistencias a los antibióticos causan, al menos, 25.000 muertos anuales en la Unión Europea”.
  • “Se han evaluado 3.000 intervenciones habituales de la medicina científica, y apenas el 11% tiene valor demostrado (si se utilizaran correctamente)”.
  • “Se tira el dinero en investigación en medicina científica: del orden del 85% es puro despilfarro”.
  • “Millones de mujeres son tratadas como enfermas de cáncer de mama en falso, por sobrediagnóstico”.
  • “Los estudios preclínicos publicados sobre medicamentos para el cáncer se confirman sólo en el 11% de los casos”.
  • “Es imposible replicar la mayoría de los estudios sobre la medicina científica publicados en las mejores revistas del mundo”.
  • “Los médicos y científicos reconocen que inventan datos científicos en el 2% de los casos, pero creen que su colegas lo hacen en el 24% de los casos”.
  • “Se puede reproducir sólo el 39% de los mayores y mejores estudios en el campo de la psicología científica”.
  • “Los estudios sobre medicina científica concluyen con datos a favor y datos en contra sin que se pueda decidir qué es lo correcto”
  • “Mueren anualmente 500.000 personas de más de 65 años en el mundo desarrollado por culpa de los psicofármacos”.
(Las fuentes bibilográficas una a una).
Son sólo algunos ejemplos. Yo añadiría que basta leer unos cuantos posts de este blog para comprobar la epidemia soterrada de daños por medicamentos que padece la Humanidad hoy en los países desarrollados. ¿Qué es pseudociencia entonces, no hay que ampliar mucho el campo de dicho concepto? La pseudociencia no es sólo la que presume de ser científica sin serlo, sino gran parte de la que se da por hecho que lo es de manera falaz.

Y es que, como escribe uno de los más respetados e influyentes críticos de la Medicina y la Ciencia y defensor de estas últimas, claro, John Ioannidis: Las revisiones sistemáticas de ensayos clínicos pueden llegar a las conclusiones que se deseen.

Nadie discute que se han propiciado avances en Medicina gracias a la técnica, sobre todo en los servicios de Urgencias y a la hora de establecer diagnósticos, entre otros.

El problema es que la ciencia en su aplicación médica conlleva grandes daños cuando se hace con la simplicidad de la medicina basada en pruebas manipuladas y opiniones sesgadas, como denuncia Ioannidis.

La MBE es muy necesaria pero adolece de “buenismo”, se basa en las pruebas que mayormente aportan las industrias pues un 80% de la Investigación más Desarrollo (I+D) en biomedicina la pagan las diferentes industrias: farmacéuticas y de productos sanitarios, de biotecnología y transgénicos, de telecomunicaciones, energéticas o alimentarias, por poner algunos ejemplos.

Se ha publicado hasta la saciedad sobre la manipulación de la evidencia científica, de las pruebas, pero además esa manipulación está cubierta jurídicamente pues se considera“secreto comercial” toda la informacion que generan las industrias en sus ensayos clínicos e investigaciones científicas.

Esto es pseudocientífico pues impide la comprobación de los datos industriales por investigadores independientes. Es ocultación de información valiosa, un fraude científico. Baste un ejemplo que publicamos estos días: La FDA reconoce ahora que aprobó el anticonceptivo Essure sin la suficiente evidencia. Pseudociencia pues.

Estoy de acuerdo en que es necesario denunciar la pseudociencia, TODA. Empezando por las que más daños hagan. Me refiero a que hay mucha pseudociencia en los medicamentos y productos sanitarios actuales y esto no sólo es un desfalco para el erario público (que el sistema sanitario financie tratamientos poco eficaces) y no sólo denigra la buena Medicina y la buena Ciencia, sino que además causa graves daños y muertes a mansalva.


sábado, 2 de enero de 2016

Corrupción de la profesión médica

CORRUPTIONEl norteamericano Jay S. Cohen es doctor en Medicina y no es precisamente de los que son muy condescendientes con la situación actual de ese “pacto de caballeros” que existe entre médicos y empresas farmacéuticas. En dos interesantísimos artículos titulados Cultura de la corrupción en la profesión médica deja bien a las claras que las cosas, en la llamada medicina oficial, están alcanzando unos derroteros que rozan (o sobrepasan) la prostitución de la profesión médica. Los conflictos de intereses de los galenos con la farmafia son moneda de curso común, mientras que esa industria intenta influir en los médicos a través de la promoción de sus drogas legales que son a veces útiles (pocas) e inservibles y iatrogénicas (en una buena parte). El doctor Cohen lo refleja en la primera parte de su artículo. Decenas de miles de representantes de ventas aparecen en los consultorios médicos todos los días. Los pacientes en las salas de espera a menudo son superados en número por los representantes de la industria del medicamento (por lo general mujeres jóvenes y atractivas); aquí, lo único “atractivo” son unos buitres gordos encorbatados, apostados con sus maletines al acecho. Sobre este asunto Cohen apunta un dato de relevancia. Y es que, según el galeno norteamericano, los estudios han demostrado que la influencia de las compañías farmacéuticas sobre los médicos suelen dar lugar a decisiones irracionales y tienen un impacto negativo en el tratamiento de los pacientes.

Con ser ese un aspecto importante del entramado médico-farmacéutico, quizás la parte más decisiva de este fraude y corrupción generada por la industria de las drogas legales y las complicidades del establishment médico sea que, según Cohen, ellos (las corporaciones) no sólo ofrecen regalos, cenas y seminarios, sino que seleccionan cuidadosamente los estudios que apoyan el uso de sus medicamentos. El objetivo general es el control de la información que reciben los médicos acerca de los fármacos. Los estudios con resultados desfavorables no se publican. Es decir, los representantes de la industria farmacéutica no incluyen estudios independientes donde existan conclusiones menos favorables.

Marcia Angell, ex editora en jefe del New England Journal of Medicine, quien ya denunció, en su momento, la poca credibilidad de las investigaciones sobre ensayos clínicos, se hace eco de esta cuestión reflexionando acerca de esa telaraña de intereses creados mutuamente entre médicos y la mafia de las drogas legales: algunas instituciones académicas, dice Angell, han entrado en alianzas con las compañías farmacéuticas para establecer centros de investigación y programas de enseñanza en el que los estudiantes y miembros de las facultades de Medicina llevan a cabo, esencialmente, investigación para la industria farmacéutica. 

Cuando los límites entre esta industria y la medicina académica se ha vuelto tan difusos, como lo son actualmente, los objetivos de negocio de las multinacionales del medicamento influyen de múltiples maneras en esas Facultades de medicina. Entonces ¿qué se puede esperar de la gran mayoría de los médicos si éstos tienen vínculos financieros con la industria farmacéutica la cual marca las directrices, recomendaciones y prescripción de medicamentos que incluso pueden dejar graves secuelas físicas y psíquicas, como así ha sucedido?

Pamela Hartzband y Jerome Groopman afirman en el New York Times que los médicos son recompensados (por la Farmafia) ​​por mantener el colesterol de sus pacientes y la presión arterial por debajo de ciertos niveles objetivo. Jay S. Cohen habla en el mismo sentido que sus colegas anteriores. Los métodos de prescripción de los médicos están muy influenciados por los incentivos de las compañías farmacéuticas. Pero ¿Esto no sería, además de corrupción, un delito contra la salud pública? ¿Qué grado de complicidad y encubrimiento tienen las agencias nacionales gubernamentales de salud de los países, sobre todo desarrollados? ¿Tienen algunos la desvergüenza de hablar en contra de la homeopatía y silenciar esta campaña de iatrogenia masiva? Cohen remarca el hecho de que durante años, muchos de nosotros (los médicos) nos hemos opuesto a las compañías farmacéuticas que ofrecen regalos, cenas caras, viajes, vacaciones, entradas para espectáculos en Broadway, eventos deportivos, campos de golf y otros regalos. Hoy en día, los representantes de las compañías farmacéuticas frecuentan los pasillos de muchas Facultades de Medicina, ofreciendo regalos, almuerzos y seminarios gratuitos. La Asociación Médica Americana (la AMA) y otras organizaciones están de acuerdo en “limitar” estas prácticas y han establecido directrices voluntarias (SIC) que restringen la aceptación de regalos que no vayan más allá del mero valor simbólico. Pero, por desgracia, estas directrices no han funcionado nunca.

No han funcionado y, señalo yo, no funcionarán nunca porque la cultura de la salud hoy día es la cultura de la corrupción médico-farmacéutica gracias, entre otras organizaciones, a la AMA estadounidense, quien tolera y promueve la ciencia de la corrupción (como antes ejerció el gangsterismo contra investigadores como Royal Raymond Rife). Y lo refiere además, acertadamente, Sydney Wolfe, de Public Citizen: Las directrices voluntarias de la AMA no son nada más que una campaña de relaciones públicas apenas disimulada. No confío en la industria farmacéutica o en la AMA para practicar lo que predican porque ya llevan articulando directrices similares durante 11 años y solamente en el último par de años hemos encontrado un gran número de violaciones de esas normas. Este chalaneo, consentido desde los gobiernos en su calidad de gestores de la salud pública de los ciudadanos, les convierte en delincuentes de Estado al servicio de unas transnacionales que actúan del mismo modo que la mafia.

Cohen insiste en la cultura de la corrupción médica: La presencia de la industria de las drogas legales en algunas conferencias médicas es tan penetrante que a veces es difícil saber si se trata de conferencias médicas o de convenios sobre publicidad farmacéutica. Cohen cita al Washington Post para señalar el despiporre de este festival de mangoneo clientelar montado conjuntamente por gobiernos, médicos y la mafia del medicamento: En los días previos a la reunión de la Asociación Americana de Psiquiatría, en Filadelfia [2002], las compañías farmacéuticas enviaron por correo a los asistentes cientos de tarjetas telefónicas gratuitas, así como invitaciones a museos, conciertos de jazz y cenas de lujo. Le faltó decir, también, visitas guiadas a los mejores burdeles de lujo de la ciudad con su inexcusable pack de condones de colores (con la bandera americana, faltaría más).

Pero no hace falta ir tan lejos. Aquí, en España, las sociedades médicas también se “pegan la vida padre” en los congresos que organizan bajo el “mecenazgo” de la farmafia. Un ejemplo. El reciente congreso (junio de este año) de la SEPAR (Sociedad española de Neumología y cirugía torácica) se celebró en la isla de Tenerife y los asistentes se hospedaron en un lujoso hotel (el Baobab) que llaman “resort” (una forma hortera y anglofilizada de neocolonizar el lenguaje español, que significa que está ubicado en un entorno privilegiado, con “extras” como el spa, campo de golf, etc..). En el Palacio de Congresos donde se desarrollaban las actividades de los médicos (conferencias, charlas, debates), se podían ver, de forma preeminente, casi diría que omnipotente, los “stands” de farmacéuticas como Roche, Boehringer o AstraZeneca. Eso sí, novedades médicas para “intentar curar” (es un decir) enfermedades crónicas o letales, propias de la especialidad (asma, fibrosis pulmonar, EPOC, cáncer de pulmón, etc), ninguna que no fuese la habitual y farragosa monserga dialéctica médica, tecnicista, ambigua, amalgamada de “prometedoras promesas” con la que embaucar a los enfermos, todo ello bajo el patronazgo de una industria del medicamento a la que, sobradamente, lo único que le interesa es expandir el negocio de enfermar y, también, a veces, matar. Aquí les paso algunas fotos del “evento”:
Congreso de la SEPAR, Tenerife, junio 2015

Farmafia en primera línea

Hotel de lujo para los matasanos




La estrategia de la farmafia es, pues, la compra de voluntades y que el enfoque médico esté orientado a la iatrogenia de sus fármacos, a cualquier precio, prescindiendo de una visión nutracéutica de la salud que proporcione métodos más curativos y menos agresivos que los de las drogas legales de Big Pharma. Pero no sólo la medicina oficial representada por los galenos es la mina que explota en exclusiva ese lobby mafioso. También las asociaciones de pacientes están en su objetivo, utilizando el siempre sutil chantaje emocional sobre el enfermo. Así lo señala en su artículo Cohen: las compañías farmacéuticas están invirtiendo millones de dólares en grupos de defensa de pacientes y organizaciones médicas para ayudar a expandir los mercados para sus productos. Muchos grupos de pacientes se han convertido en gran parte o totalmente dependientes del dinero de la industria farmacéutica,

En definitiva, no sería descabellado, poniendo punto final a esta larga crítica de Jay S. Cohen, sobre este sistema de extorsión planificada y consentida, que las grandes corporaciones farmacéuticas fuesen (quiméricamente) llevadas ante un tribunal penal internacional independiente (porque el de ahora es una pantomima compuesta por verdugos que sirven de instrumento a los crímenes de EEUU e Israel) para que fuesen enjuiciadas, entre otros muchos delitos, por impedir de forma deliberada el fomento e investigación de alternativas naturales para la salud.

martes, 22 de diciembre de 2015

La sociedad americana del cáncer admite que los tratamientos convencionales del cáncer pueden causar más cánceres

Traduzco lo más interesantes de este artículo, para aquellos que no conozcan idiomas raros. A los que los entiendan, les recomiendo la lectura completa junto con todos los enlaces.

Aquí está mi traducción libre:
Cuanto más radioterapia reciba, más probable es que desarrolle un segundo cáncer causado por la radiación que, según este documento publicado por la Sociedad Americana del Cáncer, admite que ciertos órganos, como los pechos y la tiroides, son más propensos a desarrollar un segundo cáncer.
Esta información es seguida de un nuevo estudio que demuestra que los segundos cánceres en los estadounidenses han aumentado la friolera de 300% desde el 1970, todos los cuales son un tipo completamente nuevo de cáncer y no una recurrencia del primer cáncer. 
El estudio también encontró que los primeros tipos de cáncer han subido el 70% en los últimos 45 años, destacando la rentabilidad creciente de una industria que no muestra signos de desaceleración en sus ganancias con los medicamentos contra el cáncer, alcanzado la cifra de 100 mil millones de dólares el año pasado.
La radiación, que puede dañar el ADN, se cree que es responsable de un 1,5% de cáncer en los Estados Unidos, y eso no es sólo por los tratamientos de terapia del cáncer, sino también de otras fuentes radiológicas, como mamografías y tomografías computarizadas. Estas últimas emiten de 100 a 500 veces la radiación de una radiografía normal.
“Por cada 1.000 personas sometidas a una tomografía computarizada, la radiación añade un caso adicional de cáncer a los que normalmente se producen”, según The New York Times.
Las niñas que han recibido radioterapia como tratamiento del cáncer son mucho más propensas a desarrollar cáncer de mama más tarde en su vida.
Si un paciente recibe la quimioterapia y la radiación, el riesgo de desarrollar algún tipo de cáncer secundario se eleva aún más.
La quimioterapia se considera en realidad un mayor factor de riesgo para provocar leucemia que la radiación. El cáncer testicular también se ha relacionado con el tratamiento de quimioterapia.
Los segundos cánceres causados ​​por la quimioterapia son “difíciles de tratar y obtienen malos resultados en su curación”

*******
Cambiando de tema, resulta interesante leer las actividades reales de la Sociedad Americana del Cáncer en la Wiki de las verdades. Dice cosas tan divertidas como que un tercio de lo que recaudan se lo quedan los administradores.
Tienen tremendos conflictos de intereses, pues reciben donaciones millonarias de la industria del cáncer. Siguen promocionando las mamografías, cuya seguridad y eficacia ha sido puesta en duda muchas veces. Después de 10 mamografías, una mujer ha recibido la misma radiación que si hubiera estado a un kilómetro y medio de la explosión de una bomba nuclear.
Uno de los directivos es presidente de una empresa que vende quimioterapia. Otro es presidente de una multinacional farmacéutica, etc.
En definitiva, esta asociación se dedica a vender tratamientos caros y peligrosos, y a poner trabas a la prevención natural del cáncer con dietas sanas, o a desprestigiar tratamientos naturales que han demostrado su eficacia.
Si a alguien le diagnostican cáncer, debería leerse todas las entradas incluidas en la categoría de cáncer, informarse muy bien, no creerse nada de nadie y luego tomar decisiones sensatas sobre lo que debe hacer con su vida. Y como dije hace poco, procurar desterrar el miedo y la prisa, que son los verdaderos peligros para alguien etiquetado de cáncer.
Fuente.

sábado, 31 de octubre de 2015

“La OMS agoniza lentamente y se privatiza”

Miguel Jara.

Esta mañana he estado en la investidura como Doctor Honoris Causa de mi amigoGermán Velásquez, un economista colombiano que para mí es una de la personas más influyentes del mundo en la crítica de la falta de ética e irregularidades de la industria farmacéutica.

Ha sido en la Universidad Complutense de Madrid. Esta persona trabajó en la industria y luego pasó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) donde ha estado 20 años dirigiendo unos de los departamentos más complicados, los referidos a patentes y medicamentos esenciales. Ahora está en el Centro del Sur, entidad que agrupa a 54 países del hemisferio sur del planeta.

Velásquez es un defensor del acceso a los medicamentos necesarios, efectivos y seguros de ese tercio de la humanidad que no puede beneficiarse de los mismos. Compartimos esa lucha, entre otras.

Germán y yo llevamos años comunicándonos y ha sido un placer compartir la mañana con él y su familia, amigos y buena parte de quienes desde una institución como la Complutense han impulsado este nombramiento.

En su discurso, el reciente Honoris Causa ha defendido la idea de que la OMS atraviesa una profunda crisis por la pérdida de su carácter público. Ha dicho que la OMS “muere lentamente” y que está en peligro.

Está produciéndose la privatización de este organismo supranacional. El 82% de su presupuesto depende hoy de “filántropos” como Bill Gates y de las farmacéuticas.

Ha puesto ejemplos como el de la gripe aviar en 2005; cómo nos anunciaron que millones de personas morirían y luego por suerte sólo fallecieron 300. ¿Falta de rigor? El “error” se repitió en 2009 con la gripe A, pandemia que nunca llegó, también por suerte.

El pelotazo con el antiviral Tamiflu fue evidente y por primera vez se hizo acopio de un fármaco del que no se conocía su eficacia, ha dicho en su intervención (luego se supo y es casi nula). “El 90% de las vacunas que casi todos los países occidentales compraron para la gripe A se incineraron”, ha comentado.

Prueba del fracaso y práctica inutilidad de la OMS ha sido, segun él, la crisis del ébola, en la que esta institución actuó cuatro meses después de que Médicos sin Fronteras diera el aviso de la gravedad del problema.

La OMS no busca la raíz de los problema y en este caso podría estar en la agresiva industria minera que destruyó bosques en donde comenzó el brote y pudo romper el equilibrio ecológico con las consecuencias sabidas”, ha argumentado.

Otro de los ejes de su discurso ha sido la Investigación más Desarrollo que hace la industria de los medicamentos. Las farmacéuticas hacen investigación médica para lograr patentes de fármacos y conseguir con ellos altos precios.

Es una investigación comercial más que científica y cada vez ha conseguido menos resultados o lo que es lo mismo que el número de medicamentos verdaderamente nuevos ofrecidos por esta industria a la sociedad ha llegado a ser casi 0 al año.

Velásquez ha puesto el ejemplo de la Hepatitis C y el medicamento Sovaldi y sus hermanos gemelos, para él que un fármaco que cuesta producirlo poco más de 100 euros se intente vender a más de 80.000 dólares (en España primero 60.000 luego 25.000 y quizá esté pagando el Gobierno unos 13.000) “no es un buen negocio es una estafa”.

Una parte de la solución para “recuperar” la OMS pasa porque sus decisiones sean vinculantes, obligatorias para los países miembros pues carece de sentido que en la Organización Mundial de Comercio (OMC) sí vinculen sus mandatos pero no los de una organización dedicada a la salud pública mundial. El único futuro de la institución, para Velásquez, sería que la OMS se reconstruya con criterios de transparencia e independencia.

En fin, que se ha concedido la citada alta distinción a una persona íntegra y coherente que no ha cejado (y no va a dejar de hacerlo pese a las presiones, que fueron mencionadas por el rector de Medicina en su discurso) de trabajar por la verdadera salud pública.

El reportaje gráfico, por cierto, es de su hija mayor Saskia; las tres primeras fotos durante la ceremonia y la última durante las palabras que dedicó a los que comimos con él en un salón de la Facultad de Medicina.

sábado, 8 de agosto de 2015

El complejo médicofarmacéutico: delincuencia organizada contra la salud (2). Fabricando enfermos en serie



El ‘establishment’ médico trabaja en estrecha colaboración con las multinacionales de los medicamentos, industria cuyo principal objetivo es el lucro y cuya peor pesadilla sería una epidemia de buena salud.

Los lobbys o grupos de presión médico-farmacéuticos no son un invento conspiracionista. Son, desde hace tiempo, una realidad constatable como lo pueda ser la industria del armamento, la de la Alimentación, las empresas de transgénicos (Monsanto, Bayer…), las multinacionales de telecomunicaciones, los grupos mediáticos, las eléctricas o, en su vertiente más criminal, el “lobby” (nótese la ironía) de las falsas banderas terroristas y las guerras por el control geoestratégico que acompañan a aquéllas. Este es el verdadero conglomerado que sostiene al sistema capitalista y lo demás son ganas de perderse en arabescos y credulidad supersticiosa de que nuestros gobiernos y empresas son tipos y entidades idealistas que velan por nuestra salud, seguridad, confortabilidad y progreso. Mi idea es menos “romántica”: yo lo llamaría, como Peter Gotzsche, crimen organizado, sin más.

Las compañías farmacéuticas saben que la inmensa mayoría de la población tiene que acudir a resolver sus achaques a través de sus “drogas” legales. Que estamos entre la espada y la pared. Que aunque ellos se cubran las espaldas con la advertencia sobre miles de efectos secundarios de sus fármacos, siguen apelando a que el balance beneficio-riesgo es favorable al primero. Algo que no sucede así con infinidad de medicamentos, ya que muchas muertes o patologías secundarias lo son a causa de la toxicidad de los inevitables fármacos. Pero…¿son malos, malísimos todos los fármacos y vacunas? NO. ¿Todos los médicos son unos matasanos? NO. ¿Toda la ciencia (toda) está corrompida? NO. ¿La industria del medicamento vela por la salud de los enfermos? NO. ¿Todos los ensayos clínicos gozan de evidencia científica contrastable, no mediatizada por grandes intereses comerciales? NO.

Hay que aclarar, para que nadie piense que se está echando aquí por tierra (por las buenas o por las malas) a la medicina occidental que ésta ha curado y cura algunas enfermedades, aunque menos de las que pregona. Las vacunas o una parte de ellas, es cierto, han salvado vidas (otras también han causado muertes y lesiones irreversibles) al igual que la urgencia vital hospitalaria (a la que todos vamos a recurrir tarde o temprano) gracias al buen hacer y profesionalidad de muchos médicos. Las operaciones quirúrgicas, por ejemplo, son cada vez menos invasivas con medios técnicos cada vez más sofisticados logrando hitos científicos nunca antes vistos para la extracción, reparación o implante de tejidos y órganos. En definitiva, la solidez científica en muchos campos de la medicina (la que no depende, fundamentalmente, de los laboratorios farmacéuticos) está contrastada y la tecnología cada vez es más depurada, al servicio del paciente. Pero, lógicamente, eso no quiere decir que todo el monte sea orégano y ello convierta al gremio médico en unos tipos intocables que no se equivocan y que sus protocolos y ensayos sean indiscutibles e infalibles.

Agarrarse al “evidentismo” científico, a la infalibilidad papal de la Ciencia porque lo dice la tradición, las facultades de Medicina y san Hipócrates bendito, vale…pero no del todo, como se ha demostrado en la anterior entrada. Hay una parte de la medicina, sobre todo la preventiva o ambulatoria que, muy a menudo, se convierte en una fábrica de patologizar “enfermedades” donde los galenos abusan reiteradamente (o iatrogénicamente) de la prescripción farmacológica. De fármacos inútiles y, en muchos casos, nefastos a medio-largo plazo. Y, lo que es peor, prescriben sin criterio alguno en determinadas patologías. 
QUERIDO PACIENTE….¿HACE UNA BONITA RACIÓN DE YATROGENIA ‘SPONSORIZADA’ POR BAYER?
Muchos problemas de salud “menores” se abordan a base de inservibles y dañinos fármacos, propagados, muchas veces, masivamente en las televisiones durante, por ejemplo, las épocas “gripales” como clara publicidad engañosa. Las vacunas antigripales, por otro lado, son también un fraude masivo en las que no hay estudios randomizados, verdaderamente fiables y contrastables que hayan probado su efectividad (que no irá más allá de un 6%). La industria del fármaco hace negocio sucio con los anti-gripales con el nada científico “vamos a ver si funciona” (o sea, placebo sí o sí). Los analgésicos y antiácidos estomacales se expiden como churros, drogas estimulantes o calmantes se despachan en serie en psiquiatría olvidándose del diálogo con el paciente. Patologías menores o moderadas, en definitiva, se pueden convertir, a mediano o largo plazo, en crónicas y recurrentes gracias al recetario que médicos de atención primaria lanzan diariamente sobre miles o millones de pacientes, convirtiéndose en una industria de enfermar, más que de curar o paliar.

A los recaderos de la farmafia (pseudoescépticos) les podrá sonar a pseudociencia pero la realidad es que con muchos productos herbales (contrastados, ojo), una cultura de la salud en la que se divulgara entre la ciudadanía unos hábitos más saludables alejados del mercantilismo de las multinacionales de la alimentación y suplementos a base de vitaminas y minerales (que tampoco, todo hay que decirlo, están al alcance de todos los bolsillos, ya que tienen precios abusivos) se lograría una eficaz prevención e incluso curación de muchas dolencias sin necesidad de “aterrizar”, posteriormente, en un hospital o Centro de Salud. O, al menos, compatibilizando todo lo anterior con la medicina llamada convencional a la que tampoco vamos a lapidarla por sistema.

La cultura de la salud antes citada, a través de la alimentación, es casi imposible de poner en práctica de forma generalizada porque la dinámica de la mayoría de la gente es dejarse caer en la vorágine de consumo capitalista fácil y lobotomizarse por la propaganda de las grandes cadenas de alimentación y la comida basura. Sólo hay que entrar en un super o hiper y contemplar carros o cestas de la compra, en buena parte de los consumidores, repletos de alimentos procesados, bebidas carbónicas, leches re-pasteurizadas y chucherías (embutidos incluidos) con decenas de antioxidantes químicos, colorantes o conservantes como nitritos, nitratos, sulfitos y sulfatos. Y, claro está, también transgénicos no declarados en etiqueta, esos que tanto gustan a los mercenarios de Monsanto y Bayer, tipo JM Mulet, un charlatán al que le encanta provocar y que se permite el lujo de hablar, en un alarde de pedantería pseudocientífica y manipulación sin precedentes, de “timo” para definir a los “productos naturales o ecológicos”.

Lynne McTaggart, autora del libro "Lo que los médicos no quieren contarte. La verdad sobre los peligros de la medicina moderna", escribe que los estadounidenses se han acostumbrado tanto a seguir las prescripciones de los médicos que aceptan muchas recetas, exámenes clínicos y procedimientos quirúrgicos sin cuestionarlos. Esta fe ciega puede ser peligrosa. La medicina moderna nos ofrece una amplia gama de tratamientos de gran alcance para dolencias grandes y pequeñas. Pero…¿sabía usted que algunas medicinas para dolencias comunes vienen aparejadas a efectos secundarios que podrían amenazar la vida o, en su defecto, no tienen ningún beneficio en absoluto sobre la salud? En definitiva, siguiendo a McTaggart, lo que hay que hacer es creer lo estrictamente necesario en el dogma del “dios” de bata blanca (y nada en la industria de los tóxicos alimentarios) y probar, con lucidez, otras vías terapéuticas o alimentarias de forma complementaria/alternativa, a criterio racional del consumidor, no dejándose tampoco camelar por cualquier estafador a las primeras de cambio, sino buscando, de ser posible, referencias bibliográficas científicas contenidas en PubMed o Cochrane, aunque sean de alcance limitado.
SUPLEMENTOS ALIMENTICIOS: FUENTE DE SALUD
Eso sí, hay que huir, acorde con lo anterior, de terapias que suenen a “new age”. Hay que diferenciar entre estos últimos timadores y lo que son terapias con plantas naturales que poseen principios activos reconocidos (la cúrcuma, el jengibre, la marihuana, stevia, artemisia annua, kalanchoe, hierba de trigo o cebada orgánica, etc) o suplementos como vitaminas (A, C, D, E, Coenzima Q10), aminoácidos (lisina, arginina…) o minerales (selenio, magnesio…) con beneficios preventivos (y curativos) sobradamente contrastados por la experiencia de quienes los han probado. Añadiendo, como coadyuvantes, otro tipo de terapias tales como ejercicios relajantes (meditación, yoga o tai-chi) por cierto, ya incorporadas en algunas de las clínicas y hospitales más importantes de EEUU. Por eso, entre otras cosas, la supervivencia de la industria farmacéutica depende, en buena medida, de la eliminación, por cualquier medio, de terapias eficaces naturales, las cuáles no son patentables y que, con pesar para esa industria, se han convertido en el tratamiento de elección para millones de personas en todo el mundo a pesar de la presión económica, política, mediática y de los grupos que conforman el fundamentalismo “escéptico”.

En este sentido, ese pseudoescepticismo militante afirma que el que opta (sea médico o paciente) por la medicina integrativa (la convencional más la complementaria; sin duda, la del futuro, pese a quien pese) es un crédulo, conspiranoico o magufo (la etiqueta de todo teócrata escéptico), ya que la investigación de la Santa y Beata Farmafia es la única que goza de evidencia científica. Olvidan estos catequistas de la ciencia que aunque, teóricamente, a esa praxis se sujeta, en la práctica existen decenas de denuncias sobre la falsificación de esa “evidencia”, incluidas las de personalidades que son autoridades científicas en la materia como, por ejemplo, el director médico de Cochrane Peter Gotzsche. Sí hay que hablar de evidencia empírica médica ésta, hoy en día, es un juguete de papel distorsionado y manipulado para sacar pasta gansa los del negocio mafioso farmacéutico…y con resultados de todos conocidos (el fármaco que cura no es rentable).

La fe cientificista, propagada por sus epígonos, conforma uno de los dogmas más ególatras, sectarios y soberbios que se conocen y la industria de la yatrogenia es su caballo de Troya. Ya veremos cuanto les dura.

Fuente.

lunes, 29 de junio de 2015

El chantaje del cáncer

Ya hemos comentado varias veces (aquí, aquí o aquí) la debilidad de las evidencias que sustentan los nuevos medicamentos anti-neoplásicos, desde luego, desproporcionadas a su precio. La impresión es que se está utilizando la desesperación de los enfermos y sus familias, así como la capacidad de movilización social que esta enfermedad suscita, para introducir medicamentos de mínima calidad a unos precios abusivos. En este chantaje, las compañías están encontrando la entusiasta colaboración de las agencias reguladoras que han permitido que se debiliten las garantías exigibles en nombre de la urgencia.

Este Editorial del BMJ de Light y Lexchin, “Why do cancer drugs get such an easy ride?“, fue publicado el pasado 23 de abril. Por su interés lo hemos traducido.
“A diferencia de otras enfermedades, el cáncer infunde un temor especial y “es tratado como un demonio, un depredador invencible, no sólo una enfermedad”(1). La capacidad de la industria para aplicar enormes precios -aunque la mayoría de los fármacos oncológicos aporten pocas ventajas- está determinando las estrategias de investigación, y el sufrimiento y desesperación de los pacientes, forzando a gobiernos y aseguradoras a pagar lo que las compañías piden. Sin embargo, los funcionarios de la Food and Drug Administration de EE.UU. están entusiasmados con los nuevos medicamentos contra el cáncer. Richard Pazdur, que supervisa las actividades del área de oncología de la FDA, afirma que los nuevos medicamentos son tan eficaces que “No tenemos demasiadas preguntas sobre estos medicamentos porque son buenísimos. La pregunta no es si vamos a aprobarlos sino cómo de rápido vamos a hacerlo” (2)
Los defectos metodológicos que tienen los ensayos clínicos de oncología no apoyan este entusiasmo. Investigadores que compararon 8.942 ensayos clínicos oncológicos realizados entre 2007 y 2010 con los de medicamentos para otras enfermedades, demostraron que en los primeros era 2,8 veces más probable que no hubiera asignación al azar; 2,6 veces más probable que no usaran un comparador (un solo brazo), y 1,8 veces más probabilidades de que el experimento no fuera ciego. Cada dato, socava la validez de los resultados, y refleja la permisividad de los reguladores.

Ensayos clínicos menos válidos reflejan una tramitación fácil para los reguladores pero escasos beneficios para los pacientes. Una revisión de los nuevos fármacos aprobados para cánceres sólidos por la agencia europea (EMA) en sus primeros 10 años encontró que tan solo mejoraron la supervivencia una media de 1,5, y una mediana de 1,2 meses (4). Los 71 medicamentos aprobados por
la FDA para tumores sólidos desde 2002 hasta 2014 han dado lugar a ganancias medias libres de progresión de 2,5 meses, con un incremento de la supervivencia global de sólo 2,1 meses (5). Además, sólo el 42% de los fármacos aprobados cumplieron con los criterios establecidos por el Comité de Investigación de la American Society of Clinical Oncology para definir resultados significativos para los pacientes (6).

Aprobación acelerada y variables subrogadas

Un segundo camino que facilita la introducción de nuevos antineoplásicos es el esfuerzo de los reguladores en acortar los tiempos de revisión (7). En Europa, entre 1999 y 2009, los medicamentos oncológicos fueron la clase farmacológica que con más probabilidad fue aprobada mediante un procedimiento acelerado (8). Estos caminos rápidos de evaluación acortan los tiempos de 300 días a 180 asegurando el mismo rigor. Sin embargo, en la práctica, las alertas post-comercialización son mucho más frecuentes en medicamentos oncológicos que fueron aprobados por procedimientos acelerados que en los que lo fueron por la vía normal, lo que sugiere posibles deficiencias (9). Los fármacos aprobados utilizando solo evidencias de fases tempranas tuvieron un 72% de mayor probabilidad de desarrollar eventos adversos graves en los ensayos pivotales que otros medicamentos contra el cáncer aprobados mediante estudios más rigurosos (7). Una vez que los medicamentos están disponibles en el mercado, incluso si posteriormente se demuestra que son ineficaces, retirarlos puede suponer un largo proceso y suele generar una oposición sustancial, como pasó en el caso del bevacizumab para cáncer de mama metastásico (7)

Un tercer camino facilitador de los reguladores europeos y estadounidenses es que permiten a las empresas probar la eficacia de los medicamentos contra el cáncer utilizando variables subrogadas en lugar de supervivencia u otras variables centradas en el paciente. Las tres variables indirectas más utilizadas utilizaron el tamaño del tumor como evidencia de beneficio a pesar de que la fecha exacta de la progresión del tumor no puede ser nunca precisamente conocida a partir de estas medidas (10).

Las variables subrogadas son muy variables en su capacidad para predecir la supervivencia global (11-13) Una revisión realizada por el Instituto Alemán para la Calidad y Eficiencia en la Atención de la Salud concluyó que la validez de las medidas indirectas de respuesta tumoral para valorar una mejoría relevante en el paciente con cáncer de mama o colon sigue siendo muy incierta (14). A pesar de estas limitaciones, las empresas siguen utilizando variables subrogadas como criterios de valoración ya que así los ensayos requieren menos pacientes y pueden finalizarse de manera más rápida y barata que si se exigieran datos de supervivencia. La FDA y la EMA encuentran aceptables estas variables y constituyen la base para la aprobación de la mayoría de ellos. La FDA ha utilizado variables subrogadas para aprobar el 68% (39/57) de los medicamentos oncológicos evaluados a través de la vía estándar y para todos los 14 fármacos aprobados mediante el procedimiento acelerado entre enero de 1990 y noviembre de 2002 (15). En Europa, desde enero de 1995 a diciembre de 2004, la mayoría de los medicamentos para el cáncer fueron aprobados sobre la base de criterios de valoración indirectos tales como “la disminución del tamaño del tumor que no se tradujo en beneficios significativos de supervivencia”(4)

En 2013, más de 100 oncólogos protestaron contra los altos precios de los medicamentos contra el cáncer mientras 11 de los 12 nuevos medicamentos aprobados en 2012 proporcionaron sólo pequeños beneficios a los pacientes (16, 17). El síndrome del camino fácil y la barra libre para disminuir la eficacia alienta “la búsqueda de beneficios marginales y la mentalidad me-too mediante la duplicación de esfuerzos y cadenas de producción de las farmacéuticas con medicamentos redundantes” (5,18). Más allá de los medicamentos contra el cáncer, las barras libres en las agencias reguladoras son la principal causa que explica que el 90% de los nuevos fármacos que las empresas desarrollan sean juzgados como de mínimo valor añadido sobre otros más antiguos aunque con más riesgos (19, 20). Los caminos rápidos de las agencias reguladoras no son positivos ni para los pacientes ni para la propia investigación biomédica.

Algunos cambios podrían mejorar considerablemente la calidad de los fármacos contra el cáncer y la investigación. Los líderes de Instituto Mario Negri de Italia han abogado desde hace tiempo por un modelo coherente para el estimular el desarrollo, la regulación y el uso de mejores medicinas (21). No existe ninguna razón por la que los reguladores no puedan insistir en la asignación de enfermos al azar en los ensayos clínicos, la mejora de la supervivencia global como indicador de eficacia o evitar los ensayos de fase III si no existen buenos resultados en la fase II (4). Los pacientes y sus médicos deben presionar para que las agencias reguladoras, establecidas para proteger la salud pública, exijan buenas pruebas científicas capaces de demostrar fehacientemente que los nuevos medicamentos son clínicamente eficaces, basados en ensayos que comparen los nuevos fármacos con tratamientos efectivos y utilizando diseños metodológicamente rigurosos”.

Fuente.

NOTAS

1 Sontag S. Illness as metaphor . Farrar, Straus, and Giroux, 1978. 
2 Herper M. The FDA’s cancer czar says he can’t approve new drugs fast enough. Forbes 2013 Jun 23. www.forbes.com/sites/matthewherper/2013/06/23/the-fdas-cancer-czarsays-he-cant-approve-new-drugs-fast-enough/. 
3 Hirsch B, Califf R, Cheng S, et al. Characteristics of oncology clinical trials: insights from a systematic analysis of Clinicaltrials.gov. JAMA Intern Med 2013;173:972-9. 
4 Apolone G, Joppi R, Bertele V, et al. Ten years of marketing approvals of anticancer drugs in Europe: regulatory policy and guidance documents need to find a balance between different pressures. Br J Cancer 2005;93:504-9. 
5 Fojo T, Mailankody S, Lo A. Unintended consequences of expensive cancer therapeutics - the pursuit of marginal indications and a me-too mentality that stifles innovation and creativity. The John Conley lecture. JAMA Otolaryngol Head Neck Surg 2014;140:1225-36. 
6 Ellis L, Bernstein D, Voest E, et al. American Society of Clinical Oncology perspective: raising the bar for clinical trials by defining clinically meaningful outcomes. J Clin Oncol 2014;32:1277-80. 
7 Darrow J, Avorn J, Kesselheim A. New FDA breakthrough-drug category - implications for patients. N Engl J Med 2014;370:1252-8. 
8 Arnardottir A, Hasijer-Ruskamp F, Straus S, et al. Additional safety risk to exceptionally approved drugs in Europe. Br J Clin Pharmacol 2011;72:490-9. 
9 Berlin R. Examination of the relationship between oncology drug labeling revision frequency and FDA product categorization. Am J Pub Health 2008;99:1693-8. 
10 Effects of cancer drugs on survival: often poorly evaluated. Prescrire Int 2009;18:180-3. 
11 Cheema P, Burkes R. Overall survival should be the primary endpoint in clinical trials for advanced non-small-cell lung cancer. Curr Oncol 2013;20:e150-60. 
12 Han K, Ren M, Wick W, et al. Progression-free survival as a surrogate endpoint for overall survival in glioblastoma: a literature-based meta-analysis from 91 trials. Neuro-oncol 2014;16:696-706. 
13 Venook A, Tabernero J. Progression-free survival: helpful biomarker or clinically meaningless end point? J Clin Oncol 2015;33:4-6. 
14 Institute for Quality and Efficiency in Healthcare. Validity of surrogate endpoints in oncology: executive summary. 2011. www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmedhealth/PMH0065194. 
15 Johnson J, Williams G, Pazdur R. End points and United States Food and Drug Administration approval of oncology drugs. J Clin Oncol 2003;21:1404-11. 
16 Light D, Kantarjian H. Market spiral pricing of cancer drugs. Cancer 2013;119:3900-2. 
17 Experts in Chronic Myeloid Leukemia. The price of drugs for chronic myeloid leukemia (CML) is a reflection of the unsustainable prices of cancer drugs: from the perspective of a large group of CML experts. Blood 2013;121:4439-42. 
18 Belleli R, Fisch R, Szucs T. Regulatory watch: efficiency indicators for new drugs approved by the FDA from 2003 to 2013. Nat Rev Drug Discovery 2015;14:156. 
19 Light DW, Lexchin JR. Pharmaceutical research and development: what do we get for all that money? BMJ 2012;345:e4348. 
20 Light D, Lexchin J, Darrow J. Institutional corruption of pharmaceuticals and the myth of safe and effective drugs. J Law Med Ethics 2013;41:590-600. 
21 Light D, Maturo A. Good pharma: the public-health model of the Mario Negri Institute . Palgrave, Macmillan, 2015.

viernes, 19 de junio de 2015

El complejo médicofarmacéutico: delincuencia organizada contra la salud. La ciencia corrupta


“La ciencia es la creencia en la ignorancia de los expertos”

Richard P. Feynman (físico estadounidense)
La ácida cita anterior, del conocido y genial físico Richard Feynman, podría ser una síntesis de cómo está el panorama científico actual en el mundo que llaman desarrollado, capitalista o neoliberal. Aunque yo sustituiría (o añadiría), en esa leyenda, “ignorancia” por “manipulación” para ajustar un poco mejor los términos. La señala, en su página web, David Brown, quien dice ser un científico de “corazón” al que le encanta ridiculizar a algunos de sus colegas de ciencia porque piensa que “su posición es extremadamente fanática y con ínfulas de inexpugnabilidad”. Para Brown estos hombres (o mujeres) de ciencia son simplemente unos “traidores”que sirven a las agendas de esos odiosos poderes y corporaciones paradigma de “prepotencia y corrupción”. Vamos, que lo de la FIFA y el suizo Blatter es calderilla y show del FBI (una mafia policial, por otra parte) comparativamente con estos malandrines de la Science. Y es que a pesar de que, según Brown, muchos de esos científicos están despertando del fraude sistémico que practican esas transnacionales y gobiernos, el ciudadano común sigue siendo completamente ajeno a ese engaño.

En este último punto, añadiría que doblemente engañado sobre todo a través de algunos de esos foros llamados “escépticos” que hay en Internet y que hablan sobre Su Santidad la Ciencia (en particular, las más corruptas: las médicas y las biotecnológicas), en donde modernos militantes de la fe empírica se han erigido, en los últimos tiempos, en los nuevos Papas cruzados del sectarismo, dogmatismo e intolerancia del catolicismo científico, un poco en la senda de lo que señala Brown. Resultan ser, en definitiva, una suerte de incorruptibles traficantes de la credulidad científica, casi tanto como el brazo de la epiléptica Santa Teresa. Me perdonen ambos, aunque sé que seré excomulgado “a divinis” tanto por Roma como por la iglesia de la Ciencialogía. Al final esos científicos o “escépticos” acaban colocándose en el mismo rasero de sus oponentes anticientíficos, los vendedores de almas, constelaciones familiares, milagros, sanaciones cuánticas, apariciones marianas, ovnis y otros mercaderes del negocio de la salvación o las “ciencias” paranormales.

Cuando uno de esos representantes del cientifismo replica a un escéptico de la ciencia actual sobre determinados asuntos donde se ventilan los grandes intereses de las corporamafias, gobiernos y sus triquiñuelas pseudocientíficas sentenciando que “los estudios han demostrado que…”, en realidad esa frase debería ser sustituida con un “los estudios han demostrado…lo que nosotros queremos mostrar”. La medicina basada en la evidencia, en demasiados casos, es un fraude. ¿Tan mal anda la ciencia en el siglo XXI? Pues muy bien no, la verdad. Sobre todo cuando desde dentro de los púlpitos de las grandes publicaciones o instituciones científicas se están lanzando cada vez más alarmas sobre sus prácticas fraudulentas en beneficio de los poderes gran-capitalistas, conformados por gobiernos y empresas multi-criminales como Monsanto, Bayer, Roche, Merck etc. Algunos ejemplos, a continuación.

William Thompson, médico epidemiólogo de la estadounidense y gubernamental CDC (la del Control y Prevención de Enfermedades) admitió hace un tiempo su “mea culpa” sobre la falsificación de un informe en el cual se señalaba que la vacuna triple vírica estaba relacionada con el autismo en niños afroamericanos. Los estudios de Thompson fueron utilizados por el CDC como evidencia de todo lo contrario, ocultando intencionalmente el riesgo de autismo sobre esa población. No sólo las corporaciones (de la farmafia, en este caso) son entidades delincuenciales, sino los propios organismos oficiales (como el CDC o la FDA norteamericanos) forman parte de la estrategia de engaño y dan soporte a unas transnacionales que deciden cómo alimentarnos-envenenarnos o enfermarnos-cronificarnos. Thompson puede haber sido sólo una punta del iceberg.

Ha habido otras aristas igualmente oscuras en el campo de los ensayos clínicos. El caso del doctor David Graham (desde dentro del mismo “monstruo”, la FDA) fue el de otro denunciante que puso de manifiesto cómo los estudios clínicos sobre el Vioxx (un medicamento utilizado para la artritis) fueron manipulados deliberadamente utilizando en las pruebas una cohorte de sujetos muy jóvenes para una enfermedad que era (y es) prevalente entre la población adulta-anciana, la más susceptible de sufrir el principal efecto secundario que tuvo el medicamento: ataques cardíacos. Se cree que el Vioxx, aprobado y puesto en circulación, causó entre 90 y 140 mil afecciones cardíacas con una tasa de mortalidad del 30-40%, antes de ser retirado en 2004. Un indubitado crimen masivo, pero políticamente correcto. Otro doctor, Irwin Bross, en la década de los setenta, también arriesgó su reputación personal afirmando que el aumento geométrico de las tasas de leucemia habían sido ocasionadas, fundamentalmente, por la radiación emitida en las pruebas diagnósticas de turno (scáners o rayos X) por lo que tuvieron que revisarse los protocolos. Pero, entonces, Bross, era otro “alarmista” sin fundamento que no se sujetaba al “consenso” de la omertá médica oficial.

Que estos casos nada puntuales se sigan dando no importa. Seguiremos escuchando la misma matraca cientifista de “teóricos de la conspiración”, “conspiranoicos”, “chiflados” y otros epitafios sólo por tener la osadía de denunciarlos, a pesar de que ello no suponga que estés militando en los movimientos antivacunas, anti-chemtrails o en las paraciencias. Lo que habría que empezar a cuestionarse es el hecho siguiente: un estudio aunque haya sido realizado bajo los parámetros del evidentismo científico no quiere decir que sea cierto. Evidencia científica y empírica independiente, más bien poca a día de hoy. El resto, cuestionada de arriba abajo, tal y como está el patio y como nos lo están contando algunos prebostes de las principales revistas científicas. Esto último no es apelar al “principio de autoridad”, como argüirán los apóstoles de la ciencia oficial, sino inferir el principio de lógica aplicada a una ciencia corrupta.



Por ejemplo, Richard Horton, editor jefe de Lancet, la Biblia científica por excelencia junto a Science, New England Journal of Medicine o Nature, escribió hace un mes cosas como esta, suficientemente esclarecedoras para desmontar todo el tinglado de la santificada ciencia actual, en particular la médica. Dice Horton que gran parte de la literatura científica, tal vez la mitad, puede ser simplemente falsa. […]La ciencia ha dado un giro hacia el oscurantismo. En su búsqueda a la hora de contar una historia convincente, los científicos a menudo modelan los datos para adaptarse a su teoría preferida del mundo.[…] Las revistas no son los únicos malhechores. Las universidades están en una lucha perpetua por conciliar dinero y talento. Los científicos, incluyendo sus superiores, hacen poco para alterar una cultura de la investigación que, en ocasiones, se desvía hacia prácticas de mala conducta.

Pero hay más. Daniela Drake, doctora en Medicina, Internista, MBA y ex consultora de McKinsey & Co hace otra afirmación nada complaciente: el fraude en ensayos clínicos con medicamentos nos muestra que no sabemos mucho acerca de los fármacos que prescribimos. Y, citando al profesor de periodismo Charles Seife, apunta más alto y en el sentido de Horton: Incluso nuestras más prestigiosas revistas pueden haber publicado investigación basada en estudios falsificados. Al final nadie se entera si los datos son falsos o no, si los experimentos están contaminados o no y si hay medicamentos que podrían estar en el mercado de manera fraudulenta.

El papel de las farmafias ya sabemos cuál es…y el de los investigadores clínicos también. Cuál es su grado de complicidad, corruptela y afinidad con la industria del medicamento, aunque ahora venga un doctor cualquiera a decir que él no “estuvo” ni ha estado “untado” por los visitadores de Farmaindustria. Por supuesto, que no. Pero aquí manda la jerarquía y los demás, normalmente, obedecen. La doctora Drake deja esta cuestión bien cristalina al lector: tenga en cuenta las directrices del colesterol de 2004 que dieron lugar a una explosión en el uso de las estatinas. Ocho de cada nueve médicos que escribieron esas directrices se encontraban en la lista de los que estaban sobornados por los fabricantes de esos fármacos anti-colesterol.

Y, abundando en lo anterior, Drake afirma que médicos de prestigio son los que a menudo definen a otros médicos las directrices que permiten ensalzar las virtudes de los medicamentos que están vendiendo las farmacéuticas, multinacionales que se comportan en muchos aspectos como lo hace la mafia, corrompen todo lo que pueden. Han comprado todo tipo de personas, incluyendo ministros de salud en algunos países.

¿Qué se puede esperar, entonces, de esa entente cordiale médico-farmacéutica si no el ser considerada, en ciertas ocasiones, como un peligro para la salud pública? Drake alude a unas declaraciones realizadas por la ex editora jefe de la superprestigiosa revista New England Journal of Medicine, la Dra. Marcia Angell (en la misma línea que Richard Horton) para descabezar el “inmaculado” andamiaje científico-médico actual: 
“Simplemente, ya no es posible creer en gran parte de la investigación clínica que se publica o confiar en el criterio de los médicos de confianza o en las directrices médicas autorizadas”

Fuente.

viernes, 8 de mayo de 2015

El daño que provoca la vacuna es mucho mayor que el beneficio esperado

El Gobierno de Japón, como sabéis los asiduos, ha tomado la delantera mundial en cuestionar la vacuna del virus del papiloma humano. Hace tiempo que dejó de recomendarla. Pues bien, desde el país nipón nos llegan otras conclusiones: “El daño que provoca la vacuna es abrumadoramente mayor que el beneficio esperado”. Os cuento.

Lo anunciaba anteayer en el post titulado Vacuna del papiloma: cuantos más daños… más falta hace el debate. Se ha publicado un documento de gran valor para conocer la verdad sobre esta inmunización y hoy vamos a ampliar la información. Se trata de una reciente revisión de las pruebas científicas sobre la seguridad (o más bien sobre la falta de la misma) sobre esta vacuna hecha por el independiente Instituto Japonés de Farmacovigilancia.

La publican en su boletín, Med Check, cuyo editor es Rokuro Hama, que también es asesor especial de la Colaboración Cochrane, una de las publicaciones imprescindibles de la corriente denominada Medicina Basada en Pruebas o medicina científica, la preponderante hoy.

Ésta viene a indicar que en Medicina, entre otras cosas, se ha de actuar basándose en las pruebas de eficacia y seguridad de fármacos que ofrece la mejor literatura científica (aquella basada en el método científico).

Qué mayor calidad de materia prima para conocer la realidad sobre un medicamento que recurrir a los ensayos clínicos que ha tenido que hacer el laboratorio productor del mismo. El japonés Hama es lo que ha hecho. Se ha basado en los análisis que hizo la compañía farmacéutica GlaxoSmithKline para que le aprobasen Cervarix, su marca de vacuna para el papiloma.

Su conclusión es la citada:
El daño que provoca la vacuna es abrumadoramente mayor que el beneficio esperado“.
El resumen podéis leerlo en la página 9 de dicho boletín científico. El trabajo se titula Daños de la vacuna HPV (el acrónimo de la misma en inglés). La última información y análisis de estudios epidemiológicos:
La incidencia de reacciones adversas graves a la vacuna contra el VPH es de 3,2% por año de acuerdo a nuestro nuevo cálculo utilizando los datos más recientes (3.200 casos por 100.000 personas-año)”. 

Esto supondría, siempre según este científico, más de 100 muertes por cada 100.000 personas-año, lo que me parece una cantidad fuera de lo común.
Hama dice que los resultados son extrapolables a Japón y continúa explicando que las encuestas epidemiológicas sobre la seguridad del fármaco hechas en Europa y América del Norte a las que ha accedido el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón (MHLW), presentan fallos en sus metodologías.

Como ejemplo cita que un estudio confunde prevalencia con incidencia. Otros dos, indica el japonés “tienen un sesgo grave derivado del ‘efecto saludable de la vacuna’” (esto último yo no entiendo qué quiere decir, honestamente -habrá que preguntárselo a él-.

También explica que no hay pruebas que confirmen que la vacunación contra el VPH disminuye la incidencia y la mortalidad por cáncer de cuello uterino y que de suponer que la vacuna podría reducir a la mitad la mortalidad por cáncer de cuello de útero, el beneficio máximo esperado sería dos muertes por cada 100.000 personas-año como máximo.

En España esa es la cantidad de mujeres que mueren al año por ese tipo de cáncer de cada 100.000. Por lo tanto, podría considerarse un éxito si así fuera pero, como argumenta Hama “el daño sufrido es abrumadoramente mayor que el beneficio esperado”. Claro, si de 100.000 personas vacunadas presentan graves daños 3.200 y mueren 100 (cifras que ya escribo que me parecen grandes) el beneficio es mucho menor que el riesgo.
Libro Vacunas, las justas ¿Son todas necesarias efectivas y seguras? (Península, 2015) contiene capítulos específicos sobre la vacuna del papiloma.

viernes, 24 de abril de 2015

Lo que hay detrás de las abejas que se “drogan” con insecticidas

Por Miguel Jara.

Están teniendo repercusión en los medios de comunicación unos estudios publicados en Nature que aseguran que las abejas son adictas a ciertos pesticidas. En concreto son los neonicotinoides los que actúan como una droga para ellas. También enferman a los seres humanos. Pero “no preocuparse” que quien fabrica la planta y el insecticida para cultivarla también vende medicamentos.

Lo de menos es cómo se drogan con estos tóxicos las abejas, eso puede leerse hoy en toda la prensa, que prácticamente publica lo mismo sobre el asunto. Lo de más es que los investigadores consideran tras estas averiguaciones que esos productos suponen una amenaza para las poblaciones de abejas y por tanto para el ser humano, el que habita cerca de los cultivos así tratados y el que luego ingiere esa producción y la de las abejas.

Si las recolectoras prefieren el néctar que contiene neonicotinoides, llevarán mayor cantidad de comida contaminada a la colonia. Las colonias enteras pueden estar expuestas a mayores niveles de pesticidas en estado salvaje de lo que se pensaba hasta ahora”, opina uno de los científicos.

Las amenazas vienen además por el uso de otros insecticidas, como elclorpirifos o los piretroides. Otro estudio publicado ahora en Nature mide el impacto de la exposición a estos pesticidas en abejas cuyo área de campeo está próxima a cultivos de colza tratados con ellos.

El trabajo, el más extenso realizado hasta la fecha, incluye 16 cultivos del sur de Suecia. Ocho de los cultivos procedían de semillas tratados con un neonicotinoide (clotianidina) y un piretroide (ciflutrina). En los otros ocho, el insecticida utilizado fue únicamente el piretroide.

Vamos que en vez de miel comemos “mielda”. El daño por estos tóxicos está más que probado. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), dijo hace tiempo que dos insecticidas neonicotinoides, imidacloprid y acetamiprid, pueden afectar el sistema nervioso humano en desarrollo.

También es conocido que dos pesticidas neonicotinoides prohibidos ya en Europa están matando a las abejas de Estados Unidos en el período invernal, según publicó la Escuela de Salud Pública de Harvard en mayo de 2014. La Comisión Europea mantiene ahora una moratoria sobre algunos de estos productos. Pero es necesaria su eliminación del mercado.

El estudio de Harvard confirma uno del mismo grupo publicado en el año 2012 cuando detectaron que dosis bajas de imidacloprid (Bayer) estaba causando un despoblamiento masivo, al que hoy llaman Desorden del Colapso de Colonias (CCD).

Fabricantes de productos químicos y pesticidas neonicotinoides como Bayer, Syngenta y Dow Chemical están tratando de evitar la prohibición de sus productos, argumentando que la eliminación de los productos hará poco para ayudar a las abejas, los agricultores y jardineros y reforzará que usen productos que son más perjudiciales. Algo falaz, existe por ejemplo miel de producción ecológica, de mayor calidad que la convencional y para ello no se usan esos métodos.

El asunto viene de lejos. En 2009 publiqué un artículo de Xosé Manuel Durán, técnico de la Asociación Galega de Apicultura AGA. Durán lleva años investigando la contaminación del campo y de los alimentos con productos químicos tóxicos y la progresiva desaparición del medio rural de las abejas. Ya sabemos que somos omnívoros pero ¿qué no estamos llevando a la boca?:

En España se utilizan en la actualidad pesticidas de acción neurotóxica (imidacloprid, acetamiprid, tiacloprid, nitempiran y otros como la clotianidina, spinosad y friponil) sin control. Son insecticidas que poseen efectos colaterales muy graves ya que además de ser potencialmente peligrosos para la salud atacan también a los insectos polinizadores, indispensables (¿qué ser vivo no lo es por el mero hecho de serlo?) para mantener la biodiversidad.

Por ello estos tóxicos están relacionados con la desaparición de las abejas. De hecho, los correspondientes registros oficiales del Ministerio expresan textualmente su peligrosidad para abejas y artrópodos beneficiosos.

Estos mismos productos químicos tóxicos fueron suspendidos cautelarmente en 2003 en Francia por ser especialmente perjudiciales para las abejas y han sido prohibidos en 2008 en Alemania, Eslovenia e Italia por ser los responsables de la muerte masiva de abejas y de otros polinizadores silvestres”, explicaba ese post.

Entonces, el lobby químico-farmacéutico tuvo especial influencia en el Gobierno Zapatero. Leed además en el artículo de Durán datos concretos sobre la cantidad de este tipo de tóxicos que se esparcen en los campos de nuestro país.

Empresas como Bayer no sólo fabrican los pesticidas. También las plantas que los usan.España es un paraíso para la agricultura transgénica. Por ejemplo, el Comité Andaluz de Control de OMG (Organismos Modificados Genéticamente), dependiente de la Secretaría General del Medio Rural y la Producción Ecológica del Gobierno de Andalucía, dio permiso a la multinacional alemana para realizar ensayos con algodón transgénico (evento GHB614) resistente al tristemente célebre herbicida tóxico glifosato en cuatro municipios de Sevilla.

Para cerrar el ciclo, llama la atención que compañías comerciantes de agrotóxicos y/o semillas transgénicas como la propia Bayer o Aventis, Novartis, Monsanto, etc, tengan o hayan tenido un área de medicamentos y productos sanitarios.

Más claro si cabe: producen tóxicos que enferman a las personas y al tiempo se postulan como adalides de la medicina moderna (algunas de ellas con muertes provocadas por sus medicamentos a sus espaldas).

Sí, por ejemplo anticonceptivos que resultan mortales como Diane 35 o las pastillas Yaz y Yasmin. O como el medicamento para “controlar el colesterol” Lipobay. O como el método antifertilidad Essure. O como el anticoagulante Xarelto. Todos ellos de Bayer.



lunes, 16 de marzo de 2015

Cura del Cáncer: ¿Bloqueada por las farmacéuticas? (Entrevista con el Nobel de Medicina Richard J. Roberts)


Científicos de la Universidad de Alberta, en Canadá, aseguran haber descubierto una sustancia que elimina las células afectadas por tumores, pero no consiguen fondos para seguir sus pruebas porque la sustancia que usan no tiene patente.

¿La cura del cáncer es detenida por la avidez de las farmacéuticas?

Investigadores de la Universidad de Alberta han logrado curar el cáncer utilizando un medicamento llamado dicloroacetato, sin embargo, como esta sustancia no requiere patente y es barata en comparación con los medicamentos usados para combatir el cáncer por las grandes farmacéuticas, está investigación no ha recibido mucho apoyo ni está haciendo eco en los medios.

El Dr. Evangelos Michelakis, profesor de la Universidad de Alberta, probó el dicloroacetato en células humanas y notaron que mata las células de cáncer en los pulmones, en el cerebro y en el pecho, dejando solamente las células sanas. En ratas con severos tumores sus células se encogieron al ser alimentadas con agua con esta sustancia.

El dicloroacetato detona una acción en la mitocondria para que esta acabe de forma natural con el cáncer en las células (tradicionalmente se enfoca en la glucólisis para combatirlo).

El Dr Michelakis manifestó su preocupación de no encontrar fondos para hacer pruebas clínicas con dicloroacetato ya que no representaría fuertes ganancias para inversionistas privados al no estar patentado.



Esto encaja exactamente con lo que dijo el Premio Nobel de Medicina Richard J. Roberts en una entrevista sobre como los fármacos que curan no son rentables y por eso no son desarrollados por las farmacéuticas que en cambio sí desarrollan medicamentos cronificadores que sean consumidos de forma serializada.

La entrevista originalmente fue publicada por el diario español La Vanguardia:

¿La investigación se puede planificar?

Si yo fuera ministro de Ciencia, buscaría a gente entusiasta con proyectos interesantes; les daría el dinero justo para que no pudieran hacer nada más que investigar y les dejaría trabajar diez años para sorprendernos.

Parece una buena política.

Se suele creer que, para llegar muy lejos, tienes que apoyar la investigación básica; pero si quieres resultados más inmediatos y rentables, debes apostar por la aplicada.

¿Y no es así?

A menudo, los descubrimientos más rentables se han hecho a partir de preguntas muy básicas. Así nació la gigantesca y billonaria industria biotech estadounidense para la que trabajo.

¿Cómo nació?

La biotecnología surgió cuando gente apasionada se empezó a preguntar si podría clonar genes y empezó a estudiarlos y a intentar purificarlos.

Toda una aventura.

Sí, pero nadie esperaba hacerse rico con esas preguntas. Era difícil obtener fondos para investigar las respuestas hasta que Nixon lanzó la guerra contra el cáncer en 1971.

¿Fue científicamente productiva?

Permitió, con una enorme cantidad de fondos públicos, mucha investigación, como la mía, que no servía directamente contra el cáncer, pero fue útil para entender los mecanismos que permiten la vida.

¿Qué descubrió usted?

Phillip Allen Sharp y yo fuimos premiados por el descubrimiento de los intrones en el ADN eucariótico y el mecanismo de gen splicing (empalme de genes).

¿Para qué sirvió?

Ese descubrimiento permitió entender cómo funciona el ADN y, sin embargo, sólo tiene una relación indirecta con el cáncer.

¿Qué modelo de investigación le parece más eficaz, el estadounidense o el europeo?

Es obvio que el estadounidense, en el que toma parte activa el capital privado, es mucho más eficiente. Tómese por ejemplo el espectacular avance de la industria informática, donde es el dinero privado el que financia la investigación básica y aplicada, pero respecto a la industria de la salud. Tengo mis reservas.

Le escucho.

La investigación en la salud humana no puede depender tan sólo de su rentabilidad económica. Lo que es bueno para los dividendos de las empresas no siempre es bueno para las personas.

Explíquese.

La industria farmacéutica quiere servir a los mercados de capital.

Como cualquier otra industria.

Es que no es cualquier otra industria: estamos hablando de nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos y millones de seres humanos.

Pero si son rentables, investigarán mejor.

Si sólo piensas en los beneficios, dejas de preocuparte por servir a los seres humanos.

Por ejemplo.

He comprobado como en algunos casos los investigadores dependientes de fondos privados hubieran descubierto medicinas muy eficaces que hubieran acabado por completo con una enfermedad.

¿Y por qué dejan de investigar?

Porque las farmacéuticas a menudo no están tan interesadas en curarle a usted como en sacarle dinero, así que esa investigación, de repente, es desviada hacia el descubrimiento de medicinas que no curan del todo, sino que cronifican la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando deja de tomar el medicamento.

Es una grave acusación.

Pues es habitual que las farmacéuticas estén interesadas en líneas de investigación no para curar sino sólo para cronificar dolencias con medicamentos cronificadores mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre. Y no tiene más que seguir el análisis financiero de la industria farmacológica y comprobará lo que digo.

Hay dividendos que matan.

Por eso le decía que la salud no puede ser un mercado más ni puede entenderse tan sólo como un medio para ganar dinero. Y por eso creo que el modelo europeo mixto de capital público y privado es menos fácil que propicie ese tipo de abusos.

¿Un ejemplo de esos abusos?

Se han dejado de investigar antibióticos porque son demasiado efectivos y curaban del todo. Como no se han desarrollado nuevos antibióticos, los microorganismos infecciosos se han vuelto resistentes y hoy la tuberculosis, que en mi niñez había sido derrotada, está resurgiendo y ha matado este año pasado a un millón de personas.

¿No me habla usted del Tercer Mundo?

Ése es otro triste capítulo: apenas se investigan las enfermedades tercermundistas, porque los medicamentos que las combatirían no serían rentables. Pero yo le estoy hablando de nuestro Primer Mundo: la medicina que cura del todo no es rentable y por eso no investigan en ella.

¿Los políticos no intervienen?

No se haga ilusiones: en nuestro sistema, los políticos son meros empleados de los grandes capitales, que invierten lo necesario para que salgan elegidos sus chicos, y si no salen, compran a los que son elegidos.

De todo habrá.

Al capital sólo le interesa multiplicarse. Casi todos los políticos - y sé de lo que hablo- dependen descaradamente de esas multinacionales farmacéuticas que financian sus campañas. Lo demás son palabras.

Richard J. Roberts nació en Derby, Inglaterra, en 1943. Estudió inicialmente Química, posteriormente se traslada a Estados Unidos, donde desarrolla actividad docente en Harvard y en el Cold Spring Harbor Laboratory de Nueva York. Desde 1992 dirige los trabajos de investigación del Biolabs Institute, de Beverly, (Massachusetts).

Obtuvo el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1993, compartido con Phillip A. Sharp, por su trabajo sobre los intrones, fragmentos de ADN que no tiene nada que ver con la información genética. Pudieron describir que la información depositada en un gen no estaba dispuesta de forma continua, sino que se encontraba fraccionada.

Los primeros experimentos los realizaron sobre material genético de virus, particularmente de adenovirus.

Ambos llegaron a la conclusión de que el ARN ha tenido que preceder en la evolución al ADN.


viernes, 13 de febrero de 2015

La “casta médica” explicada por médicos

La Plataforma No Gracias, de médicos por la transparencia y la ética ha publicado un brillante escrito en el que describe el término “casta médica”. Este haría referencia a una parte -cuantitativamente minoritaria pero cualitativamente muy relevante- del estamento profesional que detenta el poder corporativo, académico, científico y social, valiéndose de una fructífera alianza con el poder económico -que representa la industria farmacéutica y tecnológica, la alimentaria o la de aseguradoras privadas-.

El objetivo es mantener posiciones de privilegio y preeminencia sin considerar en ningún momento ni los verdaderos problemas de los pacientes ni los de la sociedad. Se contribuye así

tanto al saqueo de la institución médica como a, lo que Berwick ha denominado, la ‘confiscación de la riqueza común de la sociedad‘ por parte de un sistema de salud que ha perdido la visión de sus fines”.
gracias médicos

No hace falta explicar que comparto al 100% lo que los amigos y amigas de No Gracias piensan y argumentan.

La industria -a través del marketing- pretende que los nuevos medicamentos sean utilizados lo más amplia y rápidamente posible.

Éste es uno de los efectos perversos del sistema actual de patentes porque acaba generando una situación de riesgo para los pacientes ya que es posible que dichos medicamentos acaben siendo sobre-prescritos (sin una clara indicación o a dosis más elevadas o durante más tiempo del recomendado).

En el texto estos profesionales cuentan las seis estrategias que usan los laboratorios para conseguir medicar más y antes a la población:
-Disminuir los umbrales para el diagnóstico. Por ejemplo, reduciendo las cifras que etiquetan a alguien como hipertenso o diabético.
-Apoyarse en medidas de resultados intermedios (control de la hiperglucemia, disminución de las cifras de colesterol), en vez de utilizar  medidas de resultados finales (disminución de infartos de miocardio por ejemplo).
-Exagerar las aparentes ventajas en seguridad que tienen los nuevos fármacos en comparación con los antiguos (como ocurre respecto a las supuestas ventajas de los nuevos antipsicóticos).
-Exagerar la efectividad del nuevo fármaco (Inhibidores de la ciclo-oxigenasa 2 frente a antinflamatorios no esteroideos clásicos ocultando los riesgos).
-Crear nuevas enfermedades, desde la fobia social a la prediabetes pasando por extravagancias de hoy que serán la enfermedad de mañana (como el  llamado Post Orgasmic Illness Syndrome).
-Fomentar usos no autorizados de fármacos (precripción off-label)”.

También explican que la industria sanitaria influye indebidamente en:
-La etapa de generación del conocimiento: manipulando la evidencia científica.
-La etapa de difusión del conocimiento: manipulando las Guías de Práctica Clínica, la literatura científica y determinando los contenidos de la formación médica continuada.
-La etapa de aplicación del conocimiento: manipulando, coaccionando -sí, la persuasión hipertrofiada (multi-canal e intensiva en el tiempo y el espacio) es coacción- y comprando, llegado el caso, a los médicos que deben prescribir esos nuevos medicamentos”.

Sobre la actual corrupción de la medicina a mano de las industrias señalan con rotundidad:

hay un colaborador necesario que no está haciendo lo que se espera de él: la profesión médica (tampoco lo está haciendo la administración que, como me dijo un amigo, ‘ha dejado solos’ a los profesionales ante el inmenso poder de las corporaciones, y es verdad; también, al final, le pediremos sus responsabilidades)”.

Escriben incluso sobre un “saqueo de la institución”; la utilización interesada de la alianza moral existente entre la medicina y la sociedad, fruto de una larga tradición y basada en valores como confianza, benevolencia o equidad y que constituye el ethos de la profesión. La casta médica estaría dilapidando y apropiándose indebidamente (saqueando) una credibilidad y un patrimonio ético que no les pertenece para obtener unos objetivos contrarios a los fines legítimos de la institución médica.

La participación de médicos en actividades ajenas a la esencia de su profesión es siempre un escándalo social porque la sociedad, cuando conoce los hechos, se siente profundamente traicionada. 

Concluyen:

La minoría profesional instalada en posiciones de poder gracias a la permanente, estratégica e intensa colaboración con la industria es a la que llamamos ‘casta médica’”.

Añado yo que existe “casta médica” y que por suerte existe también una nutrida representación de profesionales que aman su oficio y lo defienden con dignidad y que estos creo que serán los que marquen el futuro.

Fuente.