Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

sábado, 16 de junio de 2018

Catherine Nixey: “Los cristianos arrasaron el mundo pagano”

La historiadora y periodista Catherine Nixey en Madrid (JORGE PARÍS)
Un grupo de radicales, barbados y vestidos de negro, surgen del desierto. Se dirigen a Palmira y la emprenden a golpes con el templo de Atenea y sus estatuas. ¿Son terroristas de Estado Islámico en el siglo XXI? No, son fundamentalistas cristianos del siglo IV. Con ese relato del pasado, pero tan evocador hoy, comienza el polémico La edad de la penumbra. Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico (Taurus), de Catherine Nixey.
Nixey, hija de dos antiguos religiosos, estudió Historia Clásica en Cambridge, se dedicó a la docencia y ahora trabaja en la sección de cultura de The Times. Esta historiadora reconstruye la destrucción física e intelectual del mundo clásico a manos de los seguidores de Cristo durante los siglos IV y V. Relata con estilo vigoroso cómo el cristianismo comenzó una guerra sin cuartel, ideológica, propagandística y sangrienta para acabar con otras creencias.

El paralelismo de esa imagen de Palmira con la actualidad es evidente…

Te salta a la cara. No puedes leer sobre aquel periodo y no pensar en el momento de fanatismo actual. Como hoy, el fanatismo de aquella época se dio predominantemente en el norte de África y regiones como Siria; destrozaban el patrimonio artístico y lo celebraban. Eso sí, como hoy, algunos de aquellos que iban de santos aprovechaban esos ataques para robar, los celebraban emborrachándose… Aunque luego se blanquearan la piel para parecer más ascéticos. Otros aprovechaban para hacer negocio y revendían esculturas o las fundían para vender el material. Igual que ahora.

Lo de religión perseguida por el imperio, ¿es un mito?

Hubo varios momentos de persecución a los cristianos, es cierto. Pero el cristianismo en aquellos siglos fue mucho más perseguidora que perseguida. Y su persecución fue más salvaje y mucho más efectiva, de hecho. Los romanos no fueron totalmente tolerantes, pero permitieron que el cristianismo permaneciera. Tenemos testimonios que nos muestran a gobernantes imperiales que intentan convencer a los cristianos para que no se dejen matar. No era su propósito. Los cristianos, en cambio, arrasaron el mundo que ellos llamaban pagano.

El primer emperador cristiano, Constantino, y su famoso edicto de Milán, ¿no fueron tan tolerantes como creemos?

El edicto de Milán ocurrió, claro, aunque seguramente no es como nos han hecho creer. Pocos años después, hacia el 330, Constantino ya estaba condenando y ordenando destruir templos y esculturas de quienes no pensaban como él. Los ataques que cometió ahora nos parecerían impensables. Uno de los grandes logros de la Cristiandad fue implantar una idea: que pareciera ridícula que alguien creyera en otros dioses, cómo iban a creer los romanos en Júpiter, ellos no tenían creencias tan arraigadas y por eso no les costó nada abandonarlas… No fue así, lo que hizo Constantino fue una enorme desacralización de las antiguas creencias. Hay gente que lo califica como un tirano con mente de banquero. Me parece una descripción brillante.
JORGE PARÍS
Muestra cómo en apenas cien años, los cristianos pasaron de ser un 10% de la población del imperio a ser una gran mayoría. Dice que muchos se convirtieron por miedo…

No digo que no hubiera gente que se convirtiera sinceramente: los cristianos eran muy persuasivos y aquella fe tenía su lado bueno. La religión romana necesitaba de templos, de lugares de culto, porque esa creencias necesitaban de actos, ritos, sacrificios. Si derribas los templos, reduces el número de ceremonias. Luego aprobaban leyes contra los paganos. Y hubo miedo, terror a la violencia contra ellos. Solo tienes que pensar en algunas frases de Agustín de Hipona.

Los obispos, los líderes religiosos, conocían esas prácticas…

Y las instigaban. San Agustín y san Martín decían que era la voluntad de Dios. No veían aquellos templos clásicos, ni siquiera, como algo bonito o estético. Eran obras de Satanás.

También explica que no todos los cristianos eran así de beligerantes… ¿Era un movimiento violento o uno dirigido por radicales cuya importancia era mayor que su número?

Creo que fue más lo segundo, pero realmente no lo sabemos. Es lo que provocó aquella efectiva destrucción. Fue generalizada y se dio en todos los rincones del imperio. No tenemos demasiadas pruebas fiables. Pero eso no era lo importante, ni los mártires o los radicales que destruían templos. Lo relevante fue que lograron volver la ley contra los que no pensaban como ellos. En 70 años ya no hubo marcha atrás. Te podían multar, matar, estabas en contra de la ley del imperio… ¿quién se iba a alzar contra eso?

Fue el triunfo del cristianismo, pero un triunfo con el significado romano de la palabra…

En inglés, y creo que también en español, se ha perdido ese significado completo. Ahora pensamos que es una victoria, sin más. Pero en aquellos tiempos, cuando se hablaba de triunfo se refería a una victoria militar total, violenta, agresiva: significaba que el enemigo había caído. Tiene sentido. Constantino era un militar: no se convirtió al cristianismo por su mensaje de amor, perdón y poner la otra mejilla. Era un asunto estratégico: tendré menos soldados, pero mi dios es más poderoso.

¿La mayor perversión fue cuando poder religioso y político se fusionaron?

Sí, el monoteísmo aprovechó esa situación para imponer su creencia. Antes, en qué creía la gente no era tan importante en el imperio. Cuando esa pregunta se alinea con el interés del estado, se vuelve peligrosa.

¿Este triunfó inoculó en el cristianismo un virus de violencia y autoritarismo?

San Agustín decía algo así: es mejor golpearles, porque les estás haciendo un favor. Les obligas por cualquier método posible a convertirse, porque todo lo que les vayas a infligir en esta vida es una nimiedad con lo que recibirán en la próxima. Si te comparas con la eternidad, ¡qué son cuatro palos! Solo un loco diría que prefiere no salvarse. Y como no se puede demostrar, ¿quién te lo va a rebatir? Y así hasta la Inquisición. Te destruyo para salvarte, ésa es la idea.

Escribe que esta historia de violencia y triunfo es poco conocida, ¿es prueba del poder, aún hoy, de la Iglesia y la religión?

Hasta el siglo XIX la Iglesia era el poder que controlaba la información y el conocimiento, sí. Pero hoy lo que sí perdura es la idea de que el cristianismo es básicamente mejor, o al menos menos mala, que otras creencias. Nadie quiere leer algo que vaya en contra de lo que le dicta el corazón. No es que nadie lo impida a día de hoy, son barreras mentales y personales. Es como que no haya apenas libros sobre las cosas negativas de Winston Churchill. Nadie lo impide, pero probablemente no sería un best seller.

Póngase en el otro lado, ¿el triunfo del cristianismo no tuvo nada positivo?

Por supuesto. Pienso en ese cristianismo en su versión más apaciguada y moderna, el del amor al prójimo, ¡cómo no va a ser eso bueno! Fíjate en la paradoja de los parabolanos: desollaron a Hipatia, pero también daban servicio de lo que llamaríamos hoy ambulancias gratuitas en Alejandría.

El cristianismo también fue maestro en adaptar cosas del mundo clásico…

La filosofía clásica por ejemplo. Los clásicos de la filosofía ahora son los que preservó la Iglesia. De alguna manera, es el ámbar que conserva el insecto. Estamos hablando de intelectuales que odiaban la cultura clásica y aún así la preservaron. Es un hecho bien conocido, aunque quedarnos solo con eso y no con la inmensa destrucción sería demasiado parcial.

También aparece en su libro Juliano el Apóstata, el último emperador que trató de resistirse al cristianismo, un tipo muy curioso…

¿No te encantaría tenerlo de invitado en una cena? Era interesantísimo, expansivo, atrevido… Estaba completamente flipado. Alguien así de excéntrico es difícil que no resulte atractivo. Es el primer híbrido entre pagano y cristiano: trata de recuperar el paganismo, pero ya no es igual. Era una especie de monoteísta pagano: empezaba a sentir cosas cristianas, pero las quiso integrar en el paganismo. Trató de ser muy inclusivo, pero ya no había marcha atrás en ese proceso.

¿La moraleja de su relato para hoy podría ser el peligro de una agresiva minoría que desprecia el mundo anterior y lo transforma completamente?

Sí, y es aterradora. Los discursos de los fanáticos siempre son apasionados, vibrantes, llenos de fuerza… Logran tal destrucción, entonces y ahora. ¿Cómo defiendes el liberalismo ante esos términos? ¿Quién se emociona con la democracia y el liberalismo frente a esos conceptos?

Su madre es una ex monja y su padre un antiguo monje, ¿escribir este libro es un acto de valor personal?

Supongo que sí. Lo que me ha dado mi familia es el poder de sorprenderme ante todo esto. Es una visión muy diferente de la que yo tuve en mi infancia; para mí resultó muy chocante darme cuenta de lo violentos y vehementes que habían sido los cristianos.

Habrá recibido críticas y ataques de la comunidad cristiana…

Sí, aunque está la cosa dividida, por un lado hay cristianos más liberales que les interesa conocer algo desconocido de su historia y luego hay creyentes que se sienten muy ofendidos. Mi suegra, es una mujer católica y fantástica, pero no hablamos de este libro. Nos hacemos los locos. Es como si yo hubiera hecho algo innombrable.

Escribe que el cristianismo madurará y será “una religión más grande y fuerte” cuando admita la violencia y las manipulaciones hechas en su nombre “con fines terribles” ¿Es eso fácil?

No lo sé. Esta mañana, aquí en España, un medio de derechas ha cancelado por sorpresa una entrevista que tenía pactada conmigo. El papa actual parece un tipo estupendo, así que ¿quién sabe?

viernes, 8 de junio de 2018

Baalbek: reconocimiento de una colosal obra prerromana

Hace ya tiempo publiqué en este blog un extenso artículo que repasaba el conocido asunto del santuario de Baalbek (en el Líbano), que ha sido objeto de intensa polémica entre la arqueología alternativa y la ortodoxa. El motivo de tal controversia, que ya dura varias décadas, es la imponente arquitectura de una parte del santuario, más concretamente el podio o basamento del templo de Júpiter, de época romana, que contiene en su parte inferior unos monstruosos bloques megalíticos de cientos de toneladas de peso, siendo tres de ellos de 800 toneladas (el trilithon), a lo que hay que añadir otro gigantesco bloque –la Piedra del Sur– de un peso de unas 1.000 toneladas que quedó inacabado en la cantera próxima, si bien en un avanzado estado de tallado.

Para sintetizar la polémica, basta decir que los autores alternativos, desde los años 60, señalaron que los fundamentos del citado basamento –en parte megalíticos– no se correspondían con la conocida obra romana, en cualquiera de sus variantes y soluciones. De hecho, el conjunto de Baalbek tiene una larguísima historia, pues ya contenía restos prerromanos [1] y, tras la construcción principal llevada a cabo en época imperial, el santuario se convirtió en fortaleza y sufrió varias remodelaciones y reparaciones en época bizantina y luego árabe. Ahora bien, los bloques megalíticos, perfectamente tallados y colocados in situ sin ninguna argamasa parecían un reto fuera de lugar incluso para los expertos ingenieros y arquitectos romanos. Más bien se correspondían con otras construcciones megalíticas –presentes en varios lugares del mundo– de dudosa cronología [2], y con paralelos tan cercanos como ciertos monumentos egipcios o algunos restos observables en el antiguo Monte del Templo [3], atribuido a Salomón, en Jerusalén. En suma, desde el mundo alternativo se proponía que esa obra era mucho más antigua y más perfecta que cualquier cosa que hubieran podido hacer los romanos.

Lo cierto es que la arqueología académica, en general, hizo oídos sordos a las críticas y observaciones alternativas, y más aún cuando estas opiniones sugerían que detrás de tal obra colosal estaban los extraterrestres, los gigantes, los Anunnaki, los atlantes o cualquier civilización desaparecida. No obstante, se hicieron algunos esfuerzos por parte académica para demostrar –sobre bases teóricas– que, si bien los romanos no tenían por costumbre recurrir a bloques ciclópeos, sí tenían la capacidad técnica de tallar los bloques, alzarlos, desplazarlos y colocarlos luego en el basamento o podium del templo, y sin la necesidad de emplear miles de esclavos o trabajadores. En su momento, en el citado artículo, ya expuse los problemas de estas argumentaciones y no me extenderé en más comentarios.



Vista parcial del santuario en la actualidad

Sin embargo, vale la pena señalar ahora que la arqueología académica, a la luz de las recientes investigaciones de los últimos años en el lugar, ya está empezando a reconocer abiertamente la existencia de una imponente obra prerromana de incierto origen. Básicamente, los trabajos realizados han demostrado que existió una vasta intervención anterior al proyecto romano, a lo cual cabe añadir la constatación de que la Piedra del Sur no está sola, sino que hay por lo menos otros dos bloques descomunales, de peso todavía superior a ésta. Por otra parte, también creo interesante mencionar las últimas observaciones realizadas en Baalbek por Graham Hancock, que desbaratan un poco más las teorías académicas e introducen más incógnitas en la ecuación, a la espera de nuevas interpretaciones.

Así pues, me gustaría referirme a un trabajo [4] publicado en 2010 por el arquitecto y arqueólogo alemán Daniel Lohmann, miembro de la misión arqueológica alemana en Baalbek. En su artículo Giant strides towards monumentality (“Grandes zancadas hacia la monumentalidad”), Lohmann se refiere a un proyecto monumental megalómano que precedió a la gran construcción romana iniciada en siglo I d. C. Según la moderna investigación arqueológica, quedaría probado que existió un plan anterior al romano, otro gran santuario o construcción que fue objeto de posterior reaprovechamiento por parte de los romanos. En palabras de Lohman:
“En la época de los trabajos franceses y libaneses en Baalbek, se hallaron los restos de construcciones monumentales prerromanas en las excavaciones bajo el pavimento romano del Gran Patio. La prospección e interpretación actuales muestran que existía un piso prerromano a unos 5 m. bajo el piso del Gran Patio Romano tardío, por debajo del posterior patio oriental. Como rasgos, se incluyen un monumento de podio independiente y una escalera en voladizo precedente; ambos sugieren una anterior entrada al santuario. Además, se podría afirmar que el muro de cimentación situado debajo de la peristasis del templo pseudodipteral imperial inicial era de fecha prerromana. Esta antigua terraza en forma de T ya era una construcción gigantesca, al menos cinco metros más alta que el yacimiento y que cualquier construcción de plataforma. Debido a la falta de restos arquitectónicos de un templo, se puede suponer que el templo para el que se construyó esta terraza nunca fue terminado o quedó completamente destruido antes de que comenzara una nueva construcción. [...]
La construcción inconclusa del santuario prerromano se incorporó a un plan maestro de monumentalización. Aparentemente desafiado por la enorme construcción prerromana, el antiguo santuario imperial de Júpiter muestra tanto una arquitectura de diseño megalómano como la técnica de construcción de la primera mitad del primer siglo después de Cristo. El ejemplo más famoso puede ser el trilithon que forma la hilada media del podio del templo occidental en tres bloques de 4 por 4 por 20 metros. El podio se puede considerar como un intento de esconder la terraza del templo –más antigua y de forma inconveniente– detrás de un podio de estilo romano, que consta únicamente de tres hiladas de mampostería, con una altura de doce metros.”[5]
Es decir, se reconoce explícitamente que existió en Baalbek una gran construcción previa –llamémosla megalómana– que tal vez pudo ser la base para un templo o un gran edificio y que quedó inacabado o que fue destruido. Y todo esto en un tiempo indeterminado, pues no hay datos de ninguna datación ni tampoco una posible adjudicación a una cultura concreta (¿fenicios, época helenística...?). Ya sabemos que la obra es “prerromana”, pero la falta de mayores referencias concretas resulta un poco desconcertante. ¿Qué cultura se dedicaba allí a la megalomanía arquitectónica en tiempos históricos? En todo caso, quedaría por aclarar el elemento esencial de la controversia, esto es, establecer qué parte de lo que podemos ver en Baalbek es genuinamente romana y qué parte es anterior (sin que sepamos por el momento quién la realizó, ni cómo, ni cuándo).



El trilithon (véase la diversidad de paramentos)

A este respecto, Graham Hancock hace notar que el gran podio erigido sobre enormes bloques –incluyendo el trilithon– en realidad no es un podio para el majestuoso templo de Júpiter sino un recinto formado por muro megalítico en forma de U. En efecto, lo que Lohmann llama Podio 2 no sustenta el templo, no forma parte de su fundamento o base, sino que lo rodea en tres de sus lados (norte, sur y oeste). Como hemos visto, Daniel Lohmann asegura que tal construcción es contemporánea del templo de Júpiter y del resto de templos y que se erigió meramente para tapar la terraza o plataforma “poco vistosa” que conformaba la base real del templo (el Podio 1, en denominación de Lohmann, de época herodiana). O sea, hemos de creernos que tan magna construcción aparentemente sólo tuvo una función decorativa o cosmética.

Lo que Hancock opina, y yo comparto, es que el llamado Podio 2, la obra megalítica, podría haber estado allí desde hacía muchos siglos –tal vez milenios– y que los romanos lo aprovecharon como muro de contención o para otra finalidad similar. Obviamente, disponer de alguna datación absoluta de esta estructura podría despejar muchas dudas, pero cuando Graham Hancock preguntó a Lohmann si se había realizado alguna datación del Podio 2 mediante Carbono-14, éste le contestó que lamentablemente no se disponía de ninguna, ya que el paso del tiempo y las modificaciones sufridas por las estructuras habían borrado cualquier traza de material orgánico. En todo caso, desde mi conocimiento de la arqueología romana, me parecen claros los siguientes hechos:

  • No tiene sentido, ni tampoco ningún precedente en el mundo romano, realizar ese recinto monumental en torno al podio del templo sólo por motivos “estéticos”. Y todavía es más extraño ver que para tal muro se emplearon bloques de distinta medida, siendo algunos de ellos de tamaño y peso enorme (incluido el trilithon), lo que carece de lógica ya que –como hemos visto– no debían soportar ninguna gran estructura. Ese es un argumento demoledor contra la hipótesis romana.
  • Los romanos, a lo largo de varios siglos, no recurrieron en su arquitectura o ingeniería a tales bloques megalíticos gigantescos. Para grandes obras solían emplear sillares de piedra de tamaño medio (opus quadratum) o bien cemento (opus caementicium), u otro tipo de paramentos en piedra o en ladrillo.
  • Los romanos, aparentemente, no tenían capacidad técnica para mover y colocar bloques de más de 300 toneladas, según sabemos por el complicadísimo transporte de obeliscos procedentes de Egipto. Y aunque hubieran ideado algún sistema con máquinas, lo más probable es que fuera tremendamente complejo, lento y muy costoso, nada operativo para los eficientes romanos. (Es exactamente lo mismo que ocurre en el mundo actual, aun disponiendo de maquinaria motorizada.)
  • No hay ningún dato sobre el terreno que permita asociar fiablemente el Podio 2 con el resto de monumentos romanos. Antes bien, la fuerte erosión que presentan algunos bloques de este muro apunta a una evidente diferencia cronológica con la obra propiamente romana. Por tanto, la pretensión del estamento académico de que este muro es romano al 100% es una mera suposición que no está basada en pruebas objetivas e indiscutibles.



La Piedra del Sur

Por otra parte, las modernas excavaciones llevadas a cabo en la cantera que abasteció de piedra a los constructores de Baalbek han sacado a la luz dos nuevos monstruosos bloques paralelepípedos que quedaron inconclusos, ambos muy cerca de la ya conocida Piedra del Sur. El primero, de unas 1.200 toneladas, ya había sido excavado en los años 90, mientras que el último fue localizado y excavado en 2014, y según las estimaciones de los expertos podría tener un peso de unas 1.650 toneladas. Evidentemente, todo empuja a pensar que estos inmensos bloques estarían destinados a completar la estructura Podio 2, en conjunción con los ya conocidos bloques del trilithon. Y nuevamente, las explicaciones académicas caen por su propio peso (nunca mejor dicho en este caso). Como se ve, la Piedra del Sur no fue una excepción o un error de cálculo, pues ahí tenemos varios bloques similares esperando ser finalizados. Los romanos no hubieran dejado un trabajo tan ingente inacabado; no tiene ningún sentido lógico, ello por no volver a incidir en la muy improbable capacidad técnica de mover y colocar esos bloques en su lugar.

Puestos a especular, más bien parece que los constructores originales del Podio 2, quienes quiera que fuesen, vieron interrumpido su trabajo de forma brusca por alguna poderosa razón que desconocemos (¿un desastre natural, una crisis económica, un problema político, una guerra...?). Asimismo, fueron incapaces de retomar el trabajo abandonado, quedando los enormes bloques en su emplazamiento actual, sin que tampoco tengamos la menor pista de lo que sucedió (¿el fin de una civilización?). Lo que es obvio es que dada la enorme solidez de la estructura, allí se mantuvo durante un tiempo indefinido hasta que pasó a formar parte del conjunto romano.

En cualquier caso, una vez más estamos ante ese vacío, explicaciones fáciles o despeje de balones por parte académica cuando se habla de megalitismo a esta escala tan enorme y con tal perfección técnica. Y al igual que, por ejemplo, los muros ciclópeos de Sacsayhuamán (Perú) fueron asignados a los incas, los muros con bloques gigantescos de Baalbek fueron asignados a los romanos con escasa discusión. Detrás de ello sólo veo el miedo a reconocer que las antiguas civilizaciones conocidas no tenían los medios para emprender tales hazañas arquitectónicas. Esto nos lleva por fuerza a la hipótesis de la civilización desaparecida, para la cual no debía ser un esfuerzo titánico manejar tales bloques, pues posiblemente disponían de una tecnología desconocida para nosotros. Y aun admitiendo que ésta es una explicación situada en un escenario hipotético y un limbo de pruebas, me parece más razonable que las propuestas convencionales, o al menos más consistente como punto de partida.

© Xavier Bartlett 2018

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

[1] Según los arqueólogos, el yacimiento es un típico “tell”, una colina que fue aumentando en altura según se producían las sucesivas ocupaciones humanas y abandonos a lo largo de miles de años. Los restos más antiguos se han datado en el Neolítico, hacia el 8000 a. C.

[2] Recordemos que el megalitismo, en sus diferentes manifestaciones, ha sido datado por la arqueología ortodoxa desde el Neolítico hasta la Edad de Bronce, con algunas apariciones esporádicas en época histórica, si bien no se suele emplear el término “megalítico” para describirlas.

[3] También denominado “Explanada de las mezquitas”.

[4] Fuente: www.archeologia.beniculturali.it/pages/pubblicazioni.html

[5] LOHMANN, D. Giant strides towards monumentality. The Architecture of the Jupiter Sanctuary in Baalbek / Heliopolis. Bollettino di Archeologia on line 2010/ Volume speciale/ Poster Session 2 (Texto traducido del inglés)

jueves, 31 de mayo de 2018

El paradigma evolucionista se hunde en el Pacífico


El pasado año publiqué aquí un artículo sobre la crisis que estaba experimentando el paradigma evolucionista a raíz de diversas investigaciones y hallazgos paleontológicos que habían tenido lugar en diversas partes del mundo. El problema se centraba, una vez más, en el origen del ser humano moderno, su relación con el resto de homínidos del género Homo y su difusión por todo el planeta. En cuanto a la cronología, cada vez se iban acumulando más dudas, pues la datación más antigua de Homo sapiens, que venía a situarse en unos 200.000 años [1], quedaba claramente en entredicho al hallarse unos inequívocos restos de humanos anatómicamente modernos en el norte de África con una antigüedad de poco más de 300.000 años.

Sin embargo, el problema cronológico centrado en África no es, ni de lejos, la mayor de las controversias. Desde hace tiempo, ya están apareciendo opiniones y propuestas basadas en restos materiales que cuestionan seriamente la teoría Out-of-Africa, según la cual el proceso de hominización tuvo lugar sólo en África –en concreto en la mitad este y también en el sur– a partir de unos determinados homínidos (los australopitecinos). De acuerdo con la visión ortodoxa, de unos seres relativamente pequeños, cuadrúpedos y más simiescos que humanos, se fue evolucionando hacia el género Homo, siendo su primer representante el Homo habilis, que sería un ser completamente bípedo, con un cerebro más desarrollado y capaz de realizar unas toscas herramientas de piedra. La línea evolutiva seguiría con la expansión de estos homínidos hacia diversos lugares del planeta, con un progresivo aumento de la talla y sobre todo del cráneo, lo que supone un cerebro mayor y más complejo. Finalmente, el sapiens “surgiría” en África (¡otra vez África!) en una fecha aproximada a la antes citada y se iría expandiendo por toda la Tierra a partir de dos grandes oleadas, hace 130.000 y 70.000 años respectivamente.

Este clásico escenario se ha puesto en entredicho sobre todo en el área del Pacífico, pues los datos recientes apuntan a que el poblamiento de las islas de este gran océano pudo ser mucho más antiguo de lo que se creía hasta hace poco. De hecho, ya expuse en el citado artículo que el investigador independiente Bruce Fenton llegaba a apostar por un origen del hombre moderno en Australasia y no en África, con lo cual el proceso de difusión se habría producido exactamente al revés, de este a oeste. Lo que parece claro, a tenor de hallazgos tan antiguos como el famoso Hombre de Java (o Pitecántropo) y otros producidos durante el siglo XX, es que dentro del propio paradigma ya se insinúa la posibilidad de una especie de evolución regional de homínidos primitivos (Homo erectus o similares) en una vasta región asiática –hasta Extremo Oriente y el Pacífico– que desembocaría en una población de humanos anatómicamente modernos. Dicho de otro modo, tendríamos un hipotético panorama de varias evoluciones biológicas independientes y además en marcos temporales no coincidentes.


Representación de un hobbit

Así las cosas, el Pacífico ha ofrecido uno de los dolores de cabeza más grandes a la ortodoxia evolucionista con el descubrimiento a inicios de este siglo del llamado Homo floresiensis (apodado hobbit), un homínido datado entre unos 100.000 y 13.000 años de antigüedad, sólo identificado en la isla de Flores, cercana a Java. Como ya expuse en un amplio artículo, este pequeño humano de sólo 1 metro de estatura era una aberración para los esquemas establecidos, pues –pese a tener el cerebro poco más grande que el de un chimpancé– era capaz de fabricar herramientas similares a las que hacía el Homo sapiens en Europa y su aspecto general era bastante más humano que simiesco. Se sabe que estaba en Flores mucho antes de la llegada de los sapiens y que convivieron durante unas decenas de miles de años hasta desaparecer por causas desconocidas [2]. En cuanto a su origen y procedencia evolutiva nadie ha sido capaz de dar respuestas fundadas y todo han sido especulaciones, sobre todo para no violentar la teoría evolucionista que habla de homínidos cada vez más inteligentes, altos y de rasgos modernos según avanzaba el proceso evolutivo hasta culminar en el sapiens.

Con todo, el mayor enigma de Flores no son los restos de hobbits, sino otro hallazgo del cual apenas se habla: la cueva de Mata Menge. En dicha cueva se encontraron herramientas líticas similares a las que hacía el hobbit pero de una antigüedad de unos 800.000 años, según datación radiométrica. Lamentablemente, no se hallaron restos de huesos humanos que hubieran podido dar una respuesta sobre los autores de tales utensilios. Por puro prejuicio cronológico se asignaron al Homo erectus, pero no hay ningún resto de erectus en la isla y además no está nada claro que el hobbit fuese una “evolución” del erectus dada su evidente diferencia anatómica y de tamaño. Y por si fuera poco, había otro problema muy gordo en la trastienda: Flores había estado siempre incomunicada de otras islas o masas continentales; o sea, que “alguien” debía haber llegado ahí en una época impensable recurriendo a la navegación marítima, por muy arcaica y precaria que fuera. En su momento, un experto paleontólogo del Museo de Chicago quiso dar carpetazo a esta herejía y concluyó que la datación de Mata Menge debía ser errónea y que los restos se habían de asignar al H. sapiens, saltando de los 800.000 años a los 18.000 aproximadamente.


Isla de Luzón (Filipinas)

Y justamente hace escasas fechas he tenido noticia de otro hallazgo extraordinario muy reciente en el Pacífico, concretamente en la isla de Luzón (Filipinas), a 3.000 kilómetros al norte de Flores [3]. Se trata del descubrimiento de una serie de huesos fosilizados de rinoceronte y de herramientas líticas que lógicamente sólo pueden atribuirse a humanos. Según los restos observados, este yacimiento muestra que un grupo de humanos se dedicó a descuartizar, trocear y consumir un rinoceronte, separando la carne de los huesos e incluso machacando éstos para extraer la medula. No obstante, la sorpresa llegó al realizar las tareas de datación a partir del esmalte dental de los restos de rinoceronte. Según los métodos radiométricos empleados, el rinoceronte debía datarse en unos 709.000 años de antigüedad. Asimismo, las capas geológicas anterior y posterior al nivel de los huesos dieron fechas de 727.000 años y 701.000 años respectivamente, lo que daba un contexto fiable a la datación de los huesos fosilizados. A este respecto, hay que señalar que hasta la actualidad el primer poblamiento humano de las Filipinas se situaba alrededor de los 25.000 años, si bien se había hallado un hueso aislado datado en unos 67.000 años.

Sin embargo, una vez más, no aparecieron en el yacimiento huesos humanos que pudieran aclarar qué humanos moraban en Filipinas en aquellas remotísimas épocas. En todo caso, los expertos ya han descartado al H. sapiens (por razones cronológicas y manteniendo la teoría Out-of-Africa) y se quedan con un posible H. erectus, por la simple razón de que este espécimen ya estaba identificado en aquella región del planeta en esas fechas tan antiguas. Ahora bien, el arqueólogo que lideró las investigaciones en Luzón, Thomas Ingicco (del Museo Nacional de Historia Natural de Paris), no se atreve a saltar a la asignación automática al erectus y prefiere ser cauto en cuanto a la identidad de esos homínidos ignotos, teniendo en cuenta precisamente la inesperada aparición de los hobbits en Flores y sugiriendo que cada isla o región del Pacífico podría haber tenido sus propias singularidades evolutivas humanas.

En cualquier caso, el problema del poblamiento humano del Pacífico prosigue por dos vías. Por una parte, dicho poblamiento se hace cada vez más antiguo, sobrepasando con mucho los postulados clásicos sobre este tema, si dejamos de lado la presencia esporádica de algunos erectus, cuya gran antigüedad ya hace décadas que está bien reconocida. Por otra parte, existe un inmenso interrogante acerca de los autores de las herramientas de Flores y de Luzón, que nos sitúan en un horizonte de 700.000-800.000 años, y que para el paradigma no pueden ser sapiens de ninguna de las maneras, si bien no hay certeza de que fueran erectus.


Restos del Hombre de Java (H. erectus asiático)

En efecto, en este último punto todo se agrava al constatar que los dos territorios en cuestión son islas que no habían estado conectadas a masas continentales, lo cual ha obligado a los especialistas a plantear que de algún modo llegaron allí. Pero ¿cómo? La ciencia sigue poniendo al Homo erectus en un estadio de total primitivismo, aun disponiendo de la habilidad para realizar herramientas líticas elaboradas y de usar el fuego. Sin embargo, su capacidad intelectual sería más bien escasa y muy posiblemente no era capaz de tener un lenguaje articulado. De aquí que nadie le dé capacidades marineras a estos homínidos, pues ello implicaría fabricar botes o balsas y desplazarse a través de los mares, navegando (orientándose) mediante la observación del Sol y las estrellas. Desde luego, no es un escenario imposible pero en la opinión profesional de los expertos parece muy rebuscado. En suma, si bien al Homo sapiens se le adjudican capacidades náuticas en tiempos muy antiguos [4], ningún experto reconoce que homínidos más primitivos (como el erectus) pudieran navegar a ciertas distancias.

Precisamente sobre el caso reciente de Luzón, la paleoantropóloga de la Universidad de Nueva York Susan Antón ha afirmado que no entiende cómo pudo arribar el erectus a las Filipinas en esas fechas tan lejanas y descarta que pudiera navegar en botes. De ahí que, para explicar su presencia en Filipinas, Antón deba recurrir a especulaciones que casi caen en el campo de lo rocambolesco, como sugerir que los erectus fueron llevados allí por un gigantesco tsunami o que llegaron mediante “islas flotantes” de tierra y restos diversos juntados después de un tifón. Una vez más, tal hipótesis no es imposible, pero desde luego resulta extraordinariamente forzada, pensando también en la más que improbable supervivencia en las condiciones descritas. No se trata de unas pocas millas en el mar, sino de largos desplazamientos en un medio que para aquellos homínidos debía ser completamente hostil y desconocido.


El mítico continente de Mu (según J. Churchward)

En cualquier caso, el paradigma parece no querer explorar otras posibilidades, como por ejemplo que existiese una población humana autóctona en el Pacífico desde tiempos muy remotos, lo cual iría directamente en contra de la idea de la “expansión” antigua de los erectus o la más moderna de los sapiens. Este escenario autóctono podría entroncar con las tradiciones y leyendas nativas que hablan de un gran continente en el Pacífico (un concepto que podríamos entroncar con el mito de Mu) y que resultó destruido o hundido por una catástrofe natural de origen incierto. Desde luego, estaríamos hablando de un escenario especulativo y actualmente falto de pruebas, pero también es cierto que el paradigma se ha limitado a plantear una ocupación humana del Pacífico en fechas tardías y como consecuencia de la famosa segunda oleada migratoria de sapiens, lo que no explica la presencia de unos humanos o humanoides desconocidos en las fechas tan remotas que hemos destacado y que la propia ciencia ha confirmado, a no ser que dejemos de confiar en los métodos radiométricos de datación. De algún modo, esto nos recuerda al marco teórico inamovible del poblamiento humano de las Américas, que el paradigma se empeña en atribuir a otra oleada migratoria de sapiens asiáticos de origen muy reciente, y todo ello a pesar de que existen varios yacimientos en que se percibe actividad humana con una antigüedad que se va a las decenas de miles de años e incluso en ciertos casos puntuales a los cientos de miles de años, como Hueyatlaco, Calico o Toca da Esperança.

Precisamente, para acabar de rematar las incógnitas del Pacífico –con relación a América– cabe señalar que en 1999 se hallaron en Brasil y Colombia más de 50 esqueletos y cráneos humanos de gran antigüedad (unos 12.000 años) que no se correspondían en absoluto con la típica raza mongoloide-asiática, la que supuestamente había atravesado el estrecho de Bering, sino a un tipo mucho más próximo a los aborígenes australianos. Además, dicha población habría precedido a la ocupación humana de Sudamérica, que se produjo unos 3.000 años después, según defiende el actual paradigma. A todo ello deberíamos añadir trazas dispersas y controvertidas de presencia asiática y polinesia en América desde tiempos prehistóricos hasta una gran expedición china del siglo XV, según la teoría del autor Gavin Menzies. En suma, aquí podríamos tener indicios de que el enorme Pacífico no fue una barrera insuperable en tiempos remotos, sino más bien una vía de comunicación, exploración y poblamiento.


Megalitismo en el Pacífico

Por otra parte, el paradigma tampoco ha sabido explicar la presencia de una indiscutible cultura común megalítica en amplias zonas del Pacífico y que llega hasta la propia isla de Pascua con sus imponentes moai. Todo ello se supone que fue obra de los antepasados de los actuales nativos, pero se da por hecho que tales comunidades eran muy primitivas y relativamente salvajes –tal como las descubrieron los navegantes occidentales desde el siglo XVI– y que en modo alguno podían constituir algo que podamos calificar como “civilización”, pues llevaban una vida simple, sin sistema de escritura y sin otros adelantos propios de una sociedad superior al nivel de la Edad de Piedra. No obstante, la construcción de tales monumentos megalíticos –algunos realmente extraordinarios– se hunde en la noche de los tiempos y de hecho los nativos los atribuyen en muchos casos a una raza de gigantes o semidioses [5] que ocuparon las islas mucho antes de que llegaran ellos.

Concluyendo, si los autores de las herramientas de Flores y Filipinas no fueron erectus, ya que presumiblemente no podían navegar, ¿podrían haber sido sapiens? ¿O tal vez algún tipo de hobbits? ¿O tal vez otra rama humana desconocida? Esto resulta una herejía para el paradigma, pero el poder del patrón mental evolucionista es tan grande que impide plantear cualquier escenario alternativo porque todo se ve en función de unos procesos de avance y sustitución de unos humanos más capaces por otros en unos rígidos –aunque cada vez menos– marcos temporales. Pero, ¿y si estuviéramos en el Pacífico ante un abanico de diversas razas humanas, de aspecto anatómico relativamente diverso (incluyendo un volumen craneal dispar), como existe hoy en día? Esto se podría extrapolar a otros escenarios en otras regiones del planeta donde los propios expertos ortodoxos han constatado la convivencia de varias especies de homínidos avanzados y que además se cruzaron entre ellos desde épocas muy distantes (según las estimaciones genéticas realizadas). Con todo, los darwinistas ortodoxos siguen en sus trece, aun a riesgo de acabar hundidos en el Pacífico, o en otros muchos puntos del planeta.

© Xavier Bartlett 2018

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

[1] Esta fecha era el resultado coincidente de unos restos de huesos hallados en Etiopía con las cifras arrojadas por las más novedosas técnicas genéticas (del ADN mitocondrial y el llamado reloj molecular).

[2] Cabe reseñar que, según el investigador alternativo Robert Schoch, existen crónicas y tradiciones que hablan de unos humanos pequeños o pigmeos en esa región hasta hace pocos siglos, lo que podría indicar que durante milenios sobrevivió una pequeña población marginal, posiblemente alejada del hábitat de los humanos modernos.

[3] Fuente: www.sciencemag.org

[4] Según estudios recientes, se cree que los hombres de la Edad de Piedra ya pudieron desplazarse en botes en el ámbito del mediterráneo hace unos 130.000 años.

[5] Véase el artículo de este blog sobre la mitología de los gigantes en el Pacífico.

viernes, 25 de mayo de 2018

Los programas de detección de cáncer de mama están causando más daños involuntarios que beneficios

Ha vuelto a haber polémica por los cribados de cáncer de mama, las conocidas como mamografías. Un grupo de 15 expertos del Reino Unido ha escrito una carta en el periódico Times, el más importante, advirtiendo que las pruebas de rutina del cáncer de mama pueden hacer “más daño que bien”. El sistema de salud británico olvidó hacer casi medio millón de revisiones pero lo que se cuestiona no es tanto ese error sino el propio cribado, de dudosa eficacia.
Esos especialistas en salud escriben explicando que las mujeres no deben ser sometidas a “miedo-mongering” lo llaman. Esto lo podríamos traducir como “tráfico de miedo”, un concepto similar al marketing del miedo aplicado a temas sanitarios que describí en 2009 en la segunda parte de mi libro La salud que viene. Nuevas enfermedades y el marketing del miedo. O lo que es lo mismo:  el negocio de crear miedo para vender su tratamiento.
La polémica en el país anglosajón llega después de que 450.000 mujeres de Inglaterra de entre 60 y 71 años de edad, por un error informático no fuese avisadas de que tenían que pasar una revisión de rutinaria para prevenir el cáncer de mama. Según el secretario de salud de UK, entre 135 y 270 mujeres pudieron haber muerto de cáncer de senos, enfermedad que esta fuente asegura que podría prevenirse con las mamografías.
Los médicos y académicos que han publicado en el periódico citado indican que las mujeres de entre 70 y 79 años a las que se les ofrecen citas para ponerse al día solo deberían buscar ayuda si notan un bulto u otros síntomas.
Los programas de detección de cáncer de mama están causando más daños involuntarios que beneficios que poco a poco se están reconociendo a nivel internacional, argumentan. Cada vez más los médicos están evitando las mamografías porque “no tienen ningún impacto en la muerte por cualquier causa”.
Los especialistas aseguran que si bien estos programas de cribados “salvan vidas” esos datos son contrarrestados por las muertes que resultan de las intervenciones. Una vez más hay que recordar que más puede ser menos en medicina. Los cánceres más peligrosos y avanzados no son prevenidos por los programas de detección, escriben esos médicos, escapan a la tecnología, vaya.
Más allá del error lo que hay que cuestionar es el propio cribado, de dudosa eficacia explican en The Guardian. El gobierno dice que las pruebas de detección reducen el riesgo de morir por cáncer de mama en un 35%. Pero es más significativo observar cuántas mujeres necesitarían ser examinadas para prevenir las muertes por cáncer de mama.
Michael Baum, profesor emérito de cirugía en el University College de Londres, calculó que 10.000 mujeres tendrían que someterse a un cribado para prevenir de tres a cuatro muertes y que esto provocaría que se diagnosticara a más de 120-140 mujeres (con tumores que no se desarrollan o creen de manera muy lenta, sin supuesto peligro e incluso inofensivos) y tienen un tratamiento innecesario que además conlleva riesgos. Este profesional fue tajante:
La atención médica eficiente requiere doctores informados y pacientes informados. Nuestro sistema de salud actual no cumple con los dos requisitos”.
Sin embargo las mamografías están sobrevaloradas en nuestra sociedad. Y hay países que están planteándose el prescindir de estos programas de cribados. En octubre de 2016, el ministro de Salud francés publicó el informe de una investigación independiente sobre el cribado de mamografías. Las opciones son abandono o cambio radical del programa de cribado de cáncer de mama. Lo que hay no sirve.
Es algo que también se plantean en nuestro país asociaciones de profesionales sanitarios como No Gracias. Hace ya unos años tras una exhaustiva revisión de los principales trabajos científicos publicados sobre la efectividad de las mamografías concluían:
La razón fundamental para el cribado mediante mamografía debe ser reevaluada urgentemente por los responsables políticos. Necesitamos mecanismos más eficientes para reconsiderar las prioridades, las recomendaciones para el cribado de mamografía u otras intervenciones médicas”.
Y añadían una de las claves para entender porqué si pueden estar generando más daños que beneficios sigan desarrollándose:
Los gobiernos, quienes financian la investigación, los científicos y los médicos tienen intereses creados en las actividades que generan estos programas”.

Fuente.

lunes, 14 de mayo de 2018

Un ingeniero agrónomo que desmonta todos los mitos que rodean a los alimentos transgénicos


He leído, mejor escrito “devorado”, el libro Transgénicos ¿de verdad son seguros y necesarios? Muy nutritivo pues su autor, el ingeniero agrónomo y profesor de Química agrícola José Ramón Olarieta, escribe un ensayo breve y concreto, además de muy documentado, en el que desmonta punto por punto todos los mitos y demagogias varias que rodean a los alimentos transgénicos. Le entrevisto y ya veréis cómo alimentan sus palabras.

-Profesor Olarieta, ¿por qué los alimentos transgénicos no acabarán con el hambre en el mundo, principal argumento de sus defensores para promocionarlos?

Porque el hambre y la malnutrición “sólo” son un síntoma del problema real, que es el sistema socio-económico capitalista en el que vivimos.

Acabar con el hambre en el mundo ya fue la promesa de la la llamada Revolución Verde y 50 años después la cuestión todavía está pendiente, entre otras razones porque esta “revolución” fue un velo para tapar y desactivar las demandas de reforma agraria que se extendían en aquel momento por muchos países, igual que ahora los transgénicos mantienen el espejismo tecnológico de un futuro mejor para no afrontar los problemas socio-económicos de fondo.

Y en definitiva, porque los datos demuestran que no es así. En Estados Unidos, país donde más se cultivan transgénicos, el hambre ha aumentado desde 1996, fecha en que se comenzaron a cultivar comercialmente estas variedades, hasta nuestro días.

-Hay quienes argumentan que la mejora genética de los cultivos se ha hecho siempre, ¿cual es la diferencia con los transgénicos?

Con los transgénicos hay un salto cualitativo respecto a la mejora de variedades “tradicionales”. Y sin entrar en detalles más técnicos, hay dos cuestiones que lo demuestran. Por un lado, si uno de los lemas del discurso pro-transgénicos es que con estas variedades podemos conseguir cosas que con la mejora “convencional” no se podía, esto demuestra, ya de por sí, que hay un cambio cualitativo de una tecnología a otra. Y por el otro, los transgénicos están sometidos a un sistema de patentes, que implica, necesariamente, que hay algo totalmente novedoso en las variedades transgénicas, porque, de otra manera, no podrían acogerse a una patente.

-Para rebajar de algún modo el valor de la agricultura ecológica nos dicen que su producción es menor que la convencional y/o convencional ¿es esto cierto, por qué?

Los rendimientos, medidos como peso de cosecha por unidad de superficie, son, en general, mayores en la agricultura convencional que en la agricultura ecológica. Pero esta comparación, por un lado, es muy reduccionista si se queda únicamente en los kilos producidos por hectárea, ya que hay muchos otros criterios con los que evaluar un sistema agrícola, como la fijación de carbono en el suelo o el uso de energías fósiles y pesticidas y en los que la agricultura ecológica es más eficiente que la convencional.

Y por otra parte, esa comparación no se realiza en igualdad de condiciones, ya que la cantidad de dinero y recursos que se han destinado y se destinan a la investigación en agricultura convencional es muchísimo mayor que la que se dedica a la agricultura ecológica.

-También nos cuentan que los cultivos transgénicos necesitan menos fitosanitarios, menos productos químicos tóxicos que los cultivos convencionales ¿es cierto?


No. Los transgénicos tolerantes a herbicidas han hecho aumentar el uso de estos productos y en el caso de los transgénicos productores de insecticida, existe la trampa de que no se usan tantos insecticidas pero porque la planta ya los produce ella sola, con lo que la carga de insecticida en el medio no disminuye e incluso, puede que aumente en el futuro si se generalizan los transgénicos productores de varios insecticidas.

-¿Hasta qué punto el lobby, las puertas giratorias y los conflictos de interés con las empresas biotecnológicas condicionan las agendas internacionales en alimentación?

Como en todos los temas, es el capital el que determina el tipo de agricultura y el tipo de alimentación que se desarrolla, así como el tipo de investigación que se realiza en estos temas. Y las instituciones sólo son la correa de transmisión de esos planteamientos.

-Existen alimentos “funcionales” hechos con transgénicos, ¿qué ejemplos podría ponernos y cual es el problema de los mismos?

El término “alimento funcional” tendríamos que desterrarlo de nuestro vocabulario porque parece indicar que hay alimentos que no son funcionales, lo cual es una contradicción porque, por definición, un alimento alimenta y por tanto, es funcional. Lo que pasa es que el término alimento funcional sólo se aplica a alimentos que han sido sometidos a algún proceso industrial dando así la impresión de que los alimentos que vienen directamente del agricultor “no son tan buenos” como los que han pasado por las manos de la industria.

En cualquier caso, no existen alimentos funcionales transgénicos. Se ha hecho mucha demagogia con el llamado “arroz dorado” (un arroz transgénico enriquecido en vitamina A) pero todavía no se puede cultivar porque está en fase de investigación, como les pasa también a variedades transgénicas de maíz enriquecidas en vitaminas y minerales.

Una vez más parece que se nos quiere hacer creer que la única manera que tenemos de conseguir esa vitamina A es introduciéndola artificialmente en el arroz o el maíz, cuando ya tenemos muchos cultivos (los de hoja verde) e incluso variedades de arroz, ricas en vitamina A o en las diferentes vitaminas y minerales que necesitamos.

Una vez más la pregunta que tendríamos que hacernos es porqué hay poblaciones tan marginadas que no pueden acceder a una alimentación completa y en condiciones. La respuesta no tiene nada que ver con que el arroz pueda tener más o menos vitamina A y lo que nos ofrece la biotecnología parece más bien un ejercicio de cinismo si lo que pretenden es que las clases más marginadas puedan sobrevivir comiendo sólo arroz o maíz.

-Usted hace una acusación muy dura: “esta tecnología [los transgénicos] ha sido incapaz de dar ninguna variedad que solucione ningún problema significativo”, ¿puede explicarlo?

Hasta ahora prácticamente sólo existen transgénicos tolerantes a herbicidas y/o productores de insecticidas. Y ninguna de estas dos características tiene interés social. Los transgénicos tolerantes a herbicidas sólo facilitan el uso de herbicidas, con los riesgos que eso supone desde todos los puntos de vista y los transgénicos productores de insecticidas sólo le evitan al agricultor tener que comprar el insecticida. Pero más allá de eso no tienen ninguna utilidad.

Las promesas tantas veces repetidas de transgénicos resistentes a la sequía o a los suelos pobres no se han materializado nunca ni están en perspectiva. Por el contrario, se han obtenido decenas de variedades con estas características mediante métodos de mejora convencionales, con lo que se muestra que la llamada ingeniería genética es menos eficiente que la mejora convencional.

-Parece ser que la calidad de cultivos transgénicos se ha documentado que es peor que los mismos en convencional ¿es así, puede poner algún ejemplo? ¿Por qué hay agricultores que usan transgénicos entonces?

La “calidad” es un término demasiado general. Pero, por ejemplo, se está abandonando el cultivo de algodón transgénico en Burkina-Faso porque la calidad de la fibra de algodón es peor que la de las variedades tradicionales y tienen muchos problemas para venderla.

En el caso del maíz transgénico MON810 que está autorizado para su cultivo en Europa se ha comprobado que ya no tiene algunas proteínas que tenían las variedades originales y que, en cambio, contienen proteínas nuevas que, en algunos casos, se sabe que son “conocidos alergénicos”.

Las razones por las que los agricultores utilizan transgénicos son variadas. En África parecen estar relacionadas con las mayores ventajas que tienen por parte de las empresas que les compran la cosecha (en forma de créditos, por ejemplo). En la India permitieron al principio solventar el problema de las plagas producidas por la Revolución Verde, pero ahora se encuentran con que las plagas se han hecho resistentes a los insecticidas producidos por los transgénicos y el problema se ha reproducido… Y en el Valle del Ebro el maíz insecticida es el cómplice necesario para poder cultivar maíz cada año en cosechas tardías, el justificante, en fin, de una agricultura que pierde el norte.

-Nos intentan hacer creer que esta tecnología es la única basada en la ciencia pero usted escribe que carece de esa base científica, ¿cómo puede ser si las compañías no paran de ofrecer estudios publicados que supuestamente avalan sus actividades?

La ausencia de esa base científica es tan clara como que el maíz MON810 no tiene todos lo genes que teóricamente tendría que tener y a pesar de ello, “funciona”. Incluso el gen teóricamente responsable de que sea capaz de producir el insecticida Bt no está entero, pero el maíz produce este insecticida.

Si los transgénicos se empezaron a cultivar en EE.UU. en 1996 y en Europa en 1998, en 2007 todavía “no encontramos una explicación adecuada a las diferencias detectadas” entre el maíz MON810 y su variedad convencional, según un grupo de científicos que estudiaron el tema. Y hoy en día, todavía estamos igual. Recientemente, un intento de producir el arroz dorado en la India ha acabado produciendo variedades enanas y con raíces deformadas, sin que se sepa porqué. En definitiva, aprendices de brujo.

-¿Tan difícil es la coexistencia de cultivos convencionales, ecológicos y transgénicos; tan fácil es que estos últimos contaminen al resto?

No es difícil, sino imposible y por eso hemos perdido el cultivo de maíz ecológico en el Valle del Ebro. Ha habido ya muchos casos de contaminación de la cadena alimentaria por transgénicos, algunos incluso a partir de pequeños campos de investigación supuestamente muy controlados, otros por transgénicos que nunca se han llegado a cultivar comercialmente.

Y la contaminación se produce en todos los eslabones de la cadena de producción, empezando por la semilla, pasando por los campos de cultivo y acabando en el transporte y almacenamiento. También en la fabricación de piensos. Incluso en un país como Suiza, en el que está prohibido el cultivo y la importación de transgénicos, ya existen poblaciones de colza asilvestrada transgénica a lo largo de carreteras y vías de tren. Y en Estados Unidos llevan 15 años intentando eliminar sin éxito una gramínea transgénica tolerante a glifosato que se “escapó” de unos campos teóricamente controlados y se ha expandido por varios estados.
-¿Es interesada la “guerra de estudios científicos” pro y críticos con los transgénicos, sobre todo en lo referido a su seguridad? Porque parece claro que existe “siembra de dudas” en la población por parte de los científicos de las multinacionales agrarias transgénicas.

Son interesados los ataques premeditados y sistemáticos que han recibido los científicos que han realizado estudios que muestran los problemas de los transgénicos. Estas campañas se han ido repitiendo desde el año 1999, en que se crucificó al profesor Pusztai, hasta el 2012-13 en que consiguieron que una revista científica retirara un artículo del grupo científico del profesor Séralini publicado una año antes, a pesar de que el editor de la revista reconoció que no había nada incorrecto en los datos o en el artículo.

Con posterioridad, se ha sabido que ese editor estaba recibiendo dinero de Monsanto en aquel momento. En cualquier caso, el objetivo ha sido siempre esconder la escasa base científica de los transgénicos y sus múltiples problemas y riesgos una vez puestos en el campo y evitar cualquier sombra de duda que pudiera haber sobre ellos.

-¿Qué es y cómo puede explicarse se manera sencilla CRISPR o herramienta para la “edición genética”? ¿Cuales serían los usos más “perversos” que las compañías biotecnológicas están intentando darle?

Consiste en introducir en la célula moléculas de ARN y de la enzima “Cas”, de manera que aquéllas son capaces de “reconocer” genes de la célula que se quieren cambiar o eliminar completamente. La enzima entonces “corta” el genoma allí donde está ese gen. También se podrían añadir genes nuevos de esta manera. Se está hablando mucho de utilizar esta técnica para producir “impulsores genéticos” con el fin de eliminar especies invasoras, por ejemplo.

Se trataría de modificar el genoma de esa especie invasora produciendo un rasgo perjudicial para la especie de tal manera que este rasgo fuera heredado por todos los descendientes. Los riesgos que semejante operación tienen una escala global y las posibles consecuencias pueden ser catastróficas.

-Comenta usted que no hay garantías en los procesos de aprobación de los alimentos transgénicos ¿cómo puede ser eso?

Porque como se ha comentado antes, las instituciones sólo actúan como correas de transmisión de los intereses del capital. No han tenido ningún reparo en ir aprobando transgénicos sin tener la mínima información exigible sobre su funcionamiento. El maíz MON810 se aprobó en 1998 sin tener ni un sólo ensayo en Europa que midiera su posible rendimiento ni su comportamiento frente a la plaga que dice controlar y evidentemente, sin ningún estudio que analizara su posible toxicidad a largo plazo.

En 2004 todavía sabíamos “demasiado poco sobre su comportamiento en el campo”; en 2007 los científicos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria todavía mantenían que los genes nuevos introducidos en los transgénicos no podían pasar a la sangre porque se degradaban en el aparato digestivo, cuando en 1997 ya se había demostrado lo contrario; en 2008 nadie había estudiado todavía el posible efecto de ese maíz sobre una mariquita muy importante en el control biológico de plagas. Así toda la negligencia que se quiera, por no decir complicidad en el delito.

-¿Estamos hoy en día comiendo transgénicos sin saberlo?

Sí, porque mucho alimentos pueden contener una cierta proporción de transgénicos sin la obligación de reflejarlo en la etiqueta y porque los productos ganaderos obtenidos de animales alimentados con piensos que contienen transgénicos no son etiquetados en ningún caso.

Fuente.

jueves, 10 de mayo de 2018

SALAFISMO Y WAJABISMO: UNA CONFLUENCIA POR EL PETRÓLEO




22.02.2018
Gastón Pardo

Thomas Edward Lawrence (1888-1935), alias Lawrence de Arabia, fue un agente de la cancillería británica (Foreign Office). Figura central de la incorporación del Medio Oriente a los imperios francés y británico.

Vidal Solís, filósofo, 1967.

Salafismo y wajabismo: una confluencia por el petróleo

Una buena parte de los actos terroristas perpetrados por grupos que se califican a sí mismos de salafistas o de wajabitas, ramas de la religion musulmana, muy próximas una de la otra.

A mediados del siglo XVI, Mohamed ibn Abd al-Wajab (1703-1792) fundó la coriente islámica llamada wajabismo en el desierto del Nejd, en el centro de la península arábiga. Su objetivo es el de restablecer la tradición salafista. Hoy mismo ese movimiento, es una forma puritana y fundamentalista del islam sunita, que rechaza la lectura racional del Corán y de la tradición del profeta Mahoma. Los wajabitas extremistas interpretan literal y estrictamente las palabras coránicas.

Para ellos, una gran parte de las tradiciones del Profeta son infundadas, sobre todo las que conciernen a la educación moral y espiritual. Ibn Abd al-Wajab aseguraba que su teología era una forma purificada del islam que tenía la función de restablece entre los musulmanes los verdaderos principios de la fe. Los wajabitas, en tanto que islamitas radicales, aplican el tarib (la coerción) para imponer el islam, mientras que los musulmanes moderados se inclinan por la etabligh (persuasión).
Los wajabitas se propagaron en los centros de población a lo largo y ancho del desierto, donde atacaban a las caravanas y a los peregrinos chiitas. Los hombres solían ser degollados o apuñaleados, los bienes eran robados, y las mujeres y niños eran reducidos a la esclavitud.
En 1744, Ibn Abd al-Wajab se alió al jefe tribal Mohamed ibn Saud (1710-1765), para hacer del wajabismo no un simple movimiento religioso, sino un movimiento político, como lo es aún hoy. Extendió su dominio armado en la Arabia oriental, Ibn Saud se comprometió a propagar el wajabismo.

La llegada de los imperialistas británicos

El Imperio británico, a mediados del siglo XIX controlaba grandes extensiones de Asia. La India tuvo necesidad de asegurar sus rutas comerciales hacia Europa. Los británicos firmaron un acuerdo con los jefes des tribus ocupantes de los territorios situados a lo largo del litoral del mar Rojo, del mar de Oman y del golfo Pérsico: armas y oro fueron distribuidos alegremente, lo mismo que las promesas de protección militar; a cambio, esas tribus debían evitar que las otras potencias coloniales (en particular el imperio otomano) de acecaran a esas tierras.

Las regiones que interesaban a Inglaterra como zona de seguridad carecían de real significación estratégica hasta que Alemania dio a conocer el proyecto de la construcción de la línea ferroviaria Berlín-Bagdad, al inicio del siglo XX, con la cual los británicos pederían la iniciativa en el control de grandes volúmenes de petróleo que serían descubiertos en el subsuelo de países como Irak y Arabia Saudí. Los británicos utilizaron a la perfección el método de dividir paa reinar provocando el enfrentamiento de unos jefes tribales con otros o bien apoyando a unos contra otros. Las tribus quedaron así totalmente dependientes de los británicos.
El irreverente intervencionismo anglosajón en el Medio Oriente se repetiría simultáneamente en México. El salafismo en el suelo mexicano consistió en la implantación en suelo nacional de una multitud de dispositivos de acción geopolítica a cargo de antropólogos de "ideas avanzadas", de una diversidad religiosa agresiva, lanzada a la sombra del Plan Cicinnati (1914), que dividió a México en zonas de influencia de las denominaciones del protestantismo histórico. Atrás de éstas llegarían los movimientos pentecostales, que forman la mayoría del movimiento llamado evangélico. Más tarde los movimientos paracistianos aparecerían con gran fuerza acompañando a modelos de vida anglosajones a través de grupos como la Iglesia de la Unificación, el mormonismo y los testigos de Jehová. Entre otros.
A partir de 1880, la alianza Saudíwajabita comenzó a ocupar los territorios otomanos de los países que hoy se llaman Irak, Siria y la parte occidental de Arabia, donde se encuentran La Meca y Medina. A falta de medios financieros y del material de guerra moderna necesario para confrontar al imperio otomano, el jefe Abdel Aziz Ibn Saud (1880-1953) se apoyó en los británicos para ganar su simpatía con la mirada puesta en el futuro.

Pragmatismo islamista y colaboración con los infieles

La dependencia árabe de los infieles y los imperialistas empezó a ser moneda corriente de los yijadistas salafistas, que alegaban que esa subordinación es adecuada en tanto que beneficie a la causa. Ese pragmatismo fue elaborado por el erudito religioso Mohamed Abduh. Este personaje participó en la sublevación egipcia de 1882 contra la ocupación británica, a consecuencia de lo cual encontró asilo en Líbano.

Los franceses, que pugnaron por el control del Medio Oriente ante el plan arollador de los británicos, introdujeron a sus comparsas en una logia masónica a la que dedicaron como fuente propagandística antibitánica. Abduh regresa a Egipto para ser no sólo perdonado por los británicos, que controlaban el país, sino que fue nombrado juez y más tarde el gran mufti (el puesto religioso más elevado de Egipto) después de que prometió al procónsul británico de Egipto que no se mezclaría en política. Pero su sola presencia era de suyo apaciguadora.
Las ideas políticas de Abduh tuvieron más tarde gran influencia en el fundador de la organización de los Hermanos musulmanes en Egipto, Hasan al-Banna. Los Hermanos Musulmanes siguieron las mismas creencias fanáticas y el mismo pragmatismo que los wajabitas, convirtiéndose también en fieles coadyuvantes del Imperio británico.
Después del acuerdo Sykes-Picot

Al firmarse el acuerdo Sykes-Picot en 1916, los británicos y los franceses decidieron repartirse las partes restantes del Imperio otomano después de la Gran Guerra, dejando sin efectos las promesas de independencia que habían sido hechas a los árabes que ayudaron en la lucha contra los turcos. Al salir de la Gran Guerra, ambas potencias agotadas económicamente se enfrentaron a rebeliones armadas en Afganistán, Turquía, Irak, Siria, Palestina y Egipto.

Los rebeldes fueron sometidos por la fuerza, pero el colonialismo militar no podía durar mucho más. Francia y la Gran Bretaña decidieron entonces aplicar un estatuto que implicara una independencia a medias para los diferentes países, instalando reyes árabes para dirigir cada país, aunque bajo mandato bitánico.

El engranaje político del diseño británico

En Nueva York, 1916, el Servicio de informaciones alemanas editó el libro Revelaciones de un espía internacional. Su autor I.T.T. Lincoln, un judío que trabajó en el servicio exterior británico. Fue distribuído en México por la sucursal del SIA.

En el libro no es mencionado una sola vez ese país llamado México que había comenzado a parfilarse como potencia petrolera al comenzar su explotación de los hidrocarburos en la zona huasteca en 1901. No obstante, a la luz de los hechos narrados en esas Revelaciones, se explican algunas circunstancias de las que ni siquiera la historia nacional menciona en el presente.

Lincoln fue miembro de los servicios secretos de Gran Bretaña en posiciones de la cancillería. Y dentro de ellos ocupó un lugar destacado en el partido de la paz que a toda costa se empeñaba en evitar que los belicistas británicos se salieran con la suya haciendo la guerra a Alemania.

Dice Lincoln en una página inicial de su libro: “Sería del todo injusto e injustificado vituperar al pueblo inglés por esta guerra (Se refiere el autor a La Gran guerra de 1914 – 1918) No son ni el pueblo ni el Parlamento, ni siquiera el Gabinete quienes tienen la responsabilidad. Esta se concentra a las puertas de un grupo de individuos, quienes teniendo en perspectiva un determinado objeto, decidieron seguir cierto recurso, y por su influencia en aristocráticos y políticos círculos urdieron una sutil trama de complots e intrigas a las que últimamente orillaron al mismo Gobierno.
“La trama antigermánica urdida por Inglaterra después de la exaltación de Eduardo VII y el retiro de Lord Salisbury, no fueron una deliberada o meditada política del gobierno británico, sino la obra de unos cuantos individuos que compusieron últimamente la oficial política del Gobierno. El jefe de los complotistas más bien conspiradores fueron el rey Eduardo, Sir Carlos Hardinge, Sir Francisco Bertie, Lord Esher y Lord Roberts”.
Asegura Lincoln que se acercaron a él un grupo de influyentes y distinguidas personalidades que estando convencido de los peligros de la política extranjera de Eduardo VII con sus aliados decidió vigilar su desarrollo detrás de bastidores para contrariar sus belicosos proyectos”. El grupo utilizó como medio de identificación la letra D. Y los corrillos eduardistas y el grupo D se hicieron la guerra subterránea, fuera de la mirada pública. “Si Sir Enrique Campbell-Bannerman hubiera vivido unos cuantos años más los proyectos antigermánicos no hubieran originado la guerra”, dice nuestro autor.

Para contrarrestar la actividad del grupo D se agudizó un conflicto en los Balcanes que dio al traste con el plan de establecer un entendimiento angloalemán. Llegó un momento en que el propio grupo D estuvo convencido de que la guerra era inevitable.

Coincidieon con los belicistas británicos los los chovinistas franceses y los paneslavistas rusos. Francia, como se vio en el engranaje de intrigas inglesas desplegadas en el Medio Oriente apuntadas arriba, fue arrinconada para jugar un papel secundario en el desencadenamiento de la guerra que salía al paso del plan alemán de construcción del tren de Bagdad con derivación segura a Kuwait.
Lincoln confirma de tal manera el análisis hecho casi un siglo más tarde por el equipo de analistas y políticos franceses capitaneados por el filósofo Jacques Cheminade, de quienes hemos tomado algunas informaciones transcritas arriba. Además, Lincoln confirma la idea de la bestial conducta ante las riquezas de los puebloes que han caído bajo su potencia.
México en el engranaje de control de hidrocarburos

En 1982 aparecieron las dos partes del libro La guerra secreta en México, publicadas por ERA. Obra de Friedrich Katz, de la Universidad de Chicago.

Lamentamos en ambos libros la sobriedad de las evidencias documentales, tan exageradas que hacían inevitable que el lector perdiera de vista el dato de que el canciller del Imperio Athur James Balfour se ocupó de México y de su petróleo en 1918. Es decir, en 1917 nada en lo concerniente al petróleo mexicano llama la atención del jefe de la diplomacia británica, según Katz. Pues bien, ese dato es falso de toda falsedad.

Por lo menos desde un año antes Balfour no sólo conocía la importancia de los yacimientos petroleros mexicanos, sino porque los conocía intentó una maniobra de descalificación del gobierno de Venustino Carranza consistente en captar al general Félix Díaz para encabezar una conspiración que le diera el triunfo militar sobre los revolucionarios. Félix Díaz, militar modélico, rechazó la proposición de Balfour de una manera clara e inequívoca. Díaz es un héroe desconocido de la historia de México.
El documento que fue recibido por Félix Díaz fue firmado por Balfour y por dos socios: Tardieu por Francia y House por Estados Unidos. La lista es encabezada por Balfour, por Inglaterra. El documento fue recibido por el general Díaz en su campamento en Xalapa, capital del estado de Veracruz. El mensaje simplemente ofrece apoyar al general Díaz lesionando la dignidad nacional.
Tratado Secreto entre los Estados Unidos de Norteamérica y los aliados contra México y Centro América

Artículo I. La situación de preponderancia de Estados Unidos en México es reconocida por Inglaterra y Francia; por lo tanto, se comprometen a que las reclamaciones de sus nacionales que provengan por empréstitos, indemnizaciones, ventajas comerciales u otras cualesquiera contra México, sean recomendadas a Estados Unidos para que estos puedan ejercitarlas y hacer la correspondiente presión contra Carranza.

Artículo II. Estados Unidos se comprometen a lograr el pago efectivo y el reconocimiento de esas obligaciones de franceses e ingleses.

Artículo V. Inglaterra para sostener la situación predominante petrolera necesaria para su consumo, se quedará con las propiedades y territorios de Mesopotamia, Rusia y Rumania, y Estados Unidos se comprometen y grantizan a Inglaterra la ilimitada exportación de petróleo proveniente de México, para cuyo objeto utilizarán, llegado el caso, fuerzas de mar y tierra contra Carranza. Los Estados Unidos equiparán una expedición armada para ocupar en dado caso la región de Tampico, a fin de asegurar la provisión de petróleo a Inglaterra, y si la ocupación originase algún conflicto con el Japón, las flotas americanas e inglesas se reunirán para combatir a ese país. Inglaterra retendrá Constantinopla como base de su flota para resguardo de los intereses petroleros en Rusia y para hacer efectivos los intereses petroleros mexicanos.

Artículo IX. Los Estados Unidos adquirirán el control de los ferrocarriles mexicanos y del Istmo y de esto tendrán todavía un convenio especial sobe los bienes ingleses que en esos ferrocarriles se encuentren. Los Estados Unidos harán al Gobierno de México las reclamaciones sobre los intereses de las citadas empresas por encargo especial de Inglaterra y Francia.

Artículo X. Inglaterra y Francia están conformes en que los Estados Unidos pueden extender sus expansiones territoriales hasta el Canal de Panamá, sin necesidad de arreglo posterior sobre este punto de la Entente. Estados Unidos se comprometen, siguiendo la política acordada, a conceder determinado apoyo financiero a Félix Díaz para evitar que crezca la fuerza de Carranza.

El documento está datado en Washington en mayo (sín día) de 1917.