Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

viernes, 30 de marzo de 2007

NOLINI KANTA GUPTA: LA MARCHA DE LA CIVILIZACIÓN



Estamos familiarizados con la frase "Era de Augusto": hace referencia a un periodo particular de la historia de una nación en el que su poder creativo está en lo más alto tanto en cantidad como en calidad, especialmente en el dominio del arte y la literatura, pues es aquí donde el alma de un pueblo encuentra más fácilmente y espontáneamente expresión. Ciertamente, si miramos al panorama que el curso de la evolución humana despliega, vemos épocas de mucha luz en varios países extendidas como faros o picos elevados bañados por el sol dominando las llanuras o los valles oscuros de los períodos ordinarios. Tomemos la Era de Augusto: es muy crucial y uno de los primeros florecimientos del genio humano en una escala considerable. Sabemos de la aparición de individuos en la vida con una misión y papel especial en varios países y en diversas épocas. Son grandes hombres de acción, grandes hombres de pensamiento, artistas creativos o maestros religiosos y espirituales. En la India los llamamos Vibhutis (podemos incluir también a los Avatares -Encarnaciones Divinas-en la categoría). Incluso así, hay una manifestación colectiva también, un aumento en el que una raza o una nación entera toma parte y es conducida y elevada a un nivel superior de vida y logro. Hay una corriente en los asuntos no sólo de los hombres, sino de los pueblos también: y masas, grandes colectividades viven e la cresta de su consciencia, sintiendo y pensando profundamente y noblemente, actuando y creando poderosamente, con amplitud de visión e intensidad de aspiración, extendiendo alrededor algo que es nuevo y no demasiado común, un invitado feliz viene de algún otro sitio.

La antigua Grecia, la fuente de la civilización europea -de la cultura mundial que reina hoy en día, casi se puede decir- se sintió a sí misma tipificada en la Era de Pericles. La luz --gracia, armonía, dulce razonabilidad l-- que fue Grecia, alcanzó su crecimiento más alto, grande y más característico, en ese período. Anteriormente, en el mismo comienzo de su ciclo vital, llegó Homero y ninguna creación posterior alcanzó un estatus superior o incluso tan alto de poder creativo: pero fue un pico solitario, fue quizás un anuncio, no la realización de la gloria nacional. Pericles fue el guardián, el representante, el emblema y núcleo de un florecimiento de toda la nación. Por no hablar de los grandes nombres asociados con la era, incluso la gente ordinaria --más de lo que era normalmente tan característico de Grecia --sintió la marea que se elevaba y participó en ese cambio elevado de la vida, del pensamiento y de la actividad creativa. Grecia se retiró. El escenario quedó libre para Roma. Julio César llevó al genio romano a su cima más sublime: pero quedó para su sobrino consolidar y dar expresión a ese genio en su modo más característico y prestó su nombre a un característico nivel máximo de la marea de la civilización humana.

Grecia y Roma pueden tomarse como representativas de dos tipos de cultura. E igualmente podemos distinguir dos tipos de elevación o pico de formación de la consciencia humana-- una de luz, la otra de poder. En ciertos movimientos se siente la intrusión, la expresión de luz, es decir el juego de la inteligencia, la comprensión, el conocimiento, una perspectiva y consideración fresca del mundo y sus cosas, una reevaluación en otros términos y categorías de una nueva consciencia. El movimiento más grande, al menos el más representativo de este tipo fue el Renacimiento. Fue realmente una Nueva Iluminación: una inundación de luz vertida sobre la mente y el intelecto y la comprensión del periodo. Había una inteligencia, una brillantez, una agilidad feliz y agudeza en los movimientos del cerebro. Una amplitud de visión, una sensibilidad curiosa, una consciencia amplia y alerta: estas son algunas de las características fundamentales de este destacado Nuevo Nacimiento. Es el nacimiento de lo que se ha conocido como la perspectiva científica, en el sentido más amplio: es el umbral de la época moderna de la humanidad. Todas las lenguas europeas modernas alcanzaron la madurez, cada una alcanzando su forma definitiva e individualidad plena. El Arte y la Literatura inundaron con creatividad magnífica todas las naciones y pueblos de todo el continente. El resurgimiento Romántico, que comenzó alrededor del principio del siglo XIX, es otro ejemplo destacado de un fenómeno similar, del descenso de luz en la consciencia humana. La luz que descendió dentro de la consciencia humana en la época del Renacimiento tomó la inteligencia y mente superior--el Rayo tocó el lóbulo frontal del cerebro; el posterior descenso tocó el corazón, los sentimientos y la sensibilidad emotiva, evocó percepciones más vibrantes, vivas y poderosas, creó complejos sensoriales variados y dinámicos, nuevos idealismos y aspiraciones. La manifestación de Poder, el descenso o inundación de fuerza --poderosa y terrible-- ha sido bien reconocida y experimentada en la gran Revolución Francesa. Una violencia surgió de algún lugar y atrapó al hombre y a la sociedad: el hombre fue sacado de su marcha, la sociedad hecha añicos. Vino un cambio en el mismo carácter e incluso en la naturaleza del hombre: y la sociedad tuvo que construirse sobre otros fundamentos. El pasado se fue. Divasa gatah. Algo muy similar ha sucedido de nuevo más recientemente, en Rusia. La Revolución Francesa trajo la cultura burguesa, la Revolución Rusa el Proletariado.

En la India moderna, el movimiento que la condujo a la Independencia fue un momento crucial una evocación poderosa de Luz y Poder. No tuvo quizás inicialmente la magnitud, el alcance manifiesto o escala del Renacimiento o los grandes Revoluciones mencionadas. Pero tenía una importancia más profunda, su eco de mayor alcance para el futuro de la humanidad. Pues significó nada menos que el despertar espiritual de India y por tanto la regeneración espiritual de todo el mundo: es el heraldo de la nueva época en la civilización humana.

Estos movimientos humanos mayores son en cierto modo anónimos. No son esencialmente la creación de un solo hombre como lo son algunos de los movimientos religiosos más conocidos. Elevan grandes almas que aspiran, fuertes hombres de acción, cierto, pero como parte de ellos mismos, en sus varios aspectos, facetas, centros de expresión, líneas de expansión. Un Augusto, un Pericles, un León X, un Luis XIV, o un Vikramaditya no son más que núcleos, como ya he dicho, centros de referencia alrededor de los cuales sus respectivas épocas cristalizan como una unidad cultural elevada. No son creadores u originadores; son más bien organizadores. Un Buda, un Cristo o un Mahoma o incluso un Napoleón o César o Alejandro son verdaderos creadores: traen con ellos algo --alguna verdad, alguna revelación dinámica --que no estaba ahí antes. Realizan y encarnan un particular principio del ser, un modo de consciencia único --un nuevo regalo a la tierra y la humanidad. Movimientos verdaderamente anónimos, sin embargo, no tienen un único núcleo o centro de referencia: son multinucleares. Los nombres que adornan el Renacimiento son muchos, no tuvo una sola cabeza; los hombres a través de los cuales se desarrolló la gran Revolución Francesa eran muchos en número, es decir, los jefes, que representaban cada uno de ellos una cara o fase del movimiento.

El espíritu cósmico trabaja en el mundo y en los asuntos humanos en alguna de estas formas: (1) encarnado en una sola personalidad y (2) como un movimiento impersonal, a veces a través de muchas personalidades, a veces a través de unas pocas personalidades destacadas y a veces bastante anónimamente como un movimiento de masas. Cada modo tiene su propósito especial, su función en el trabajo cósmico, su contribución a el crecimiento y despliegue de la consciencia humana sobre la tierra como un todo. Generalmente, se puede decir, cuando es un trabajo intensivo, cuando es una nueva verdad que tiene que revelarse y establecerse en el corazón y la consciencia humana, entonces el individuo es llamado y toma el trabajo: cuando, sin embargo, la verdad de alguna manera ya se ha encontrado o está al alcance de la mano y ha de ser expandida y que se haga familiar a los hombres y establecida sobre la tierra, entonces nacen movimientos anónimos mayores que tienen influencia.

Ciertamente, estos movimientos, la aparición de grandes almas en la tierra y la manifestación de avances colectivos grandes en la sociedad humana, no son sucesos aislados, sin ningún punto de referencia o contacto entre ellos. Por el contrario, son dos miembros de un proceso evolutivo global. El espíritu de la humanidad se mueve en ellos y mediante ellos a través de los países y los siglos hacia realizaciones más y más grandes. Evolución significa crecimiento de la consciencia. En el hombre en su existencia colectiva el crecimiento continúa: se extiende en dos direcciones. Primero de todo, en extensión. Un cuerpo físico suficientemente grande se necesita para albergar la vida y consciencia crecientes: por tanto el organismo unicelular se ha transformado en multicelular. Del mismo modo, en las primeras etapas de la sociedad humana, la luz y poder de consciencia, característicos de esa época, encontraron expresión solo entre algunos pocos: fue la edad de individuos representativos, líderes--Rishi, Mago, Patriarca, Juez, Rey. Luego vino una etapa en la que la consciencia cultural se expandió y, en vez de individuos aislados o algunas familias, tenemos un grupo grande, una clase entera o sección de la sociedad que se convierte en guardián de la luz: así se elevó el Brahmin, la élite, la clase cultivada, la aristocracia de talentos. La luz y cultura se filtra más bajando más y abraza a masas más grandes de gente que toman un interés vivo y participan en las actividades creativas del hombre, en las preocupaciones superiores de la mente y el pensamiento; esta es la edad de la burguesía iluminada. En tiempos comparativamente recientes lo que se conoce como "clase media" fue el almacén y proveedor de la cultura humana.

La luz se hunde aún más hacia abajo y extiende aún más su alcance buscando penetrar y abarcar a toda la humanidad. La masa general de la humanidad, el estrato más bajo de la sociedad debe de tomarse, elevarse e iluminarse. Esa debe ser la consumación natural e inevitable de todo progreso y evolución. Y ese es el secreto sentido y justificación de la Revolución Proletaria de hoy. Aunque, los muchos nombres y formas dados a ella por sus partidarios violentos no acentúan u honoran suficientemente el alma y espíritu que le dan forma.

Este es entonces el patrón del desarrollo cultural mientras procede en extensión y amplitud. Se mueve en círculos concéntricos cada vez mayores. Los individuos, pequeños centros pocos y alejados entre ellos, luego grupos mayores y secciones, finalmente vastas masas son tocadas y movidas (y serán moldeadas un día) por la luz que se infiltra. Así es como en los tiempos modernos todos los movimientos son prácticamente mundiales, abarcando a todas las naciones y pueblos: parece que no se deja nada que sea meramente local o parroquial. Es como si fuera una ola única, que empuja a toda la humanidad. Los movimientos políticos, sociales, económicos e incluso espirituales, aunque no exactamente del mismo tipo o patrón, todos están interrelacionados, enclavados, inspirados por un aliento común y se mueven de un extremo de la tierra al otro. No parecen ser otra cosa que modulaciones del mismo tema mundial. Un latido del corazón en Corea o Japón se siente en el Pacífico en América y a lo largo de todo el continente, atravesando de nuevo el Atlántico alcanza Inglaterra, el viejo continente y de nuevo vuelve a la enormidad Asiática hasta su lugar de origen. La rueda da una vuelta completa: es un movimiento ciñendo la tierra. Lo que se piensa o hace en una esquina del globo es pensado y hecho simultáneamente por otros en el rincón más lejano. Evidentemente es la era de la radiografía y la electrónica.

En las primeras etapas de la humanidad su relato consiste en historias aisladas de varias personas y tierras: la intercomunicación era difícil, por tanto toda la comunión era de la naturaleza de la infiltración e influencia indirecta. La diferencia entre países muy distantes entre ellos estaba muy marcada y era muy considerable con respecto a sus culturas y civilizaciones. Para ponerlo de un modo algo escolar pero gráfico, se puede decir, la carta isométrica de las corrientes de civilización en varios países del planeta de aquellos días presenta una figura tortuosa y desigual. Por otro lado, un gráfico representando la situación en los tiempos modernos estaría formado por líneas más niveladas, uniformes y rectas. En otras palabras, el mundo se ha hecho uno, homogéneo: una consciencia ha crecido de forma idéntica o similar en el conjunto en perspectiva e impulso vital abrazando a todos los pueblos y razas en un abrazo fuerte. El beneficio de la Luz que desciende o se manifiesta ahora está abierto libremente e igualitariamente a cada miembro de la humanidad.

No solo en extensión sino el crecimiento o evolución ha progresado en otra dirección. No ha habido solo un desarrollo cuantitativo sino cualitativo. Los movimientos culturales han crecido en determinación, profundidad o elevación, en el significado y significancia de la consciencia involucrada. Y han convergido hacia un solo fin y propósito. Ese propósito no es solo el establecimiento de la consciencia global, sino la expresión y encarnación de la consciencia suprema. El proceso aquí también, como en el dominio de la extensión, es de graduación, avance por etapas. La luz, la luz que despierta la consciencia primero toca las partes más fácilmente accesibles de la naturaleza humana, los dominios superiores que no están demasiado involucionados en la materia bruta o la naturaleza animal. Es el reino de pensamientos e ideas, del idealismo, la imaginación y la aspiración: es la mente del hombre, que es la menos afectada o lastrada por la atracción gravitacional y la más flotante y sutil --el Ariel en él. Es su cabeza la que primero recibe el resplandor del sol matutino.

Si se mira de nuevo a Europa y se echa una mirada a sus orígenes, encontramos como fuente la cultura Greco-Romana. Fue una cultura preeminentemente basada en los poderes de la mente y la razón: incluía un cuerpo fuerte y equilibrado (tanto el cuerpo natural como el político) bajo patrocinio de mens sana (mente sana). La luz que fue Grecia fue en su cenit un poder de la mente e inteligencia superiores, intuitivamente dinámica en una fase --la primera-- a través de Platón, Pitágoras, Heráclito y los filósofos místicos, y discursivamente y científicamente racional a través de la tradición Aristotélica. El práctico y robusto Romano no se dió el gusto en las actividades más elevadas y sutiles de la mente superior o intuitiva; la suya fue inteligencia aplicada y su inclinación característica encontró expresión en la ley y el orden y en el gobierno. Virgilio fue un poeta representativo de la raza, finamente sensible y sin embargo muy autoconsciente --ligado a la tierra y a la mente-- como un artista creativo: una inteligencia clara y cuidadosa con una imaginación idealística que es no obstante sobria y libre de fantasías es la característica distintiva de su genio poético. En la era post-Romana este sesgo por la consciencia mental o el juego de la razón y comprensión intelectual se dirigió hacia las facultades superficiales más formales del cerebro acabando en el escolasticismo: significó estancamiento y decadencia. Es fuera de este cenagal del que el Renacimiento elevó la mente de Europa y la bañó con una nueva luz. Este movimiento le dio a la mente un alcance más amplio, una curiosidad alerta, una comprensión más aguda; es, como he dicho, el comienzo de esa mentalidad moderna conocida como la perspectiva científica, es decir, el estudio de los hechos y la inducción a partir de los datos disponibles, observación y experiencia y experimento en lugar del punto de vista escolástico que parte de una teorización a priori y abstracción y deducción y dogmatismo.

Podemos continuar un poco más de cerca la marcha de los siglos en su movimiento ondulatorio. La inteligencia creativa del Renacimiento también perteneció a una región de la mente superior, una especie de mente inspiracional. No tenía la altitud o incluso la profundidad de la mente Griega ni sus resonancias más sutiles: pero recuperó y reestableció y llevó a un nuevo grado el espíritu de investigación y curiosidad, una apreciación de los motivos y preocupaciones humanos, una comprensión racional del hombre y el mecanismo del mundo. El fíat intuitivo original, la brillantez imaginativa, el espíritu de aventura (en el mental además de en el mundo físico) que inspiró la época gradualmente disminuyó: dejó sitio a una edad de consolidación, organización, estabilización --la edad clásica. La Europa del siglo diecisiete marcó otro pico de la civilización europea. Esa es la Era de Augusto a la que nos hemos referido. El siglo siguiente marcó un declive mayor de la Intuición y la imaginación superior y se llega al siglo XVIII racionalista con los pies en el suelo. Grandes figuras todavía adornaban esa época --incondicionales que o se apegaban a la norma prevaleciente y le daban una especie de nobleza estancada o ya se inclinaban a la nueva luz que emergía de nuevo. Pope y Johnson, Montesquieu y Voltaire son sus luces mayores. El siglo XIX trajo otra cresta con un regalo especial para la humanidad; aparentemente fue una reacción al clasicismo rígido y al seco racionalismo de la era precedente, pero vino cargado con una misión más positiva. Su nombre mágico fue Romanticismo. El hombre abrió su corazón, su sentimiento superior y aumentaron sus emociones más nobles, su sensibilidad más sutil y una extensión general de su ser vital a las verdades y realidades de su propia naturaleza y de la naturaleza cósmica. No la luz de la razón y de lalógica, de la mente cerebral, blanca, clara y transparente casi deslumbrante sino la sonrosada o con matiz de arco iris de la personalidad emotiva y que aspira que busca en y a través del panorama y sueña con

Una luz que nunca estuvo en el mar o en la tierra...

Una gloria que se ha ido de la tierra.


El resurgimiento del Romanticismo fue un verdadero movimiento original: fue, se puede decir, una especie de divisoria de aguas de donde varias corrientes de nueva creación y aventura fresca fluyeron hacia abajo en todas direcciones. Sus ecos y repercusiones incluso hoy continuan. La siguiente etapa que siguió naturalmente e inevitablemente fue la preocupación del hombre con su ser sensorial, su exterior, su personalidad física y material. Es la edad del Naturalismo, Realismo, Pragmatismo, Cientifismo: proclama el nacimiento del hombre económico. Del corazón y las emociones se cae en el campo de la existencia sensorial y nerviosa, de la esfera vital a la esfera del cuerpo. Y ahí es donde estamos hoy. Significa que somos más que nunca autoconscientes de nuestra personalidad en este plano. Se nos ha dado y se nos da mayor conocimiento de su mecanismo; nos estamos familiarizando intensivamente (y extensivamente también) con todos los inconvenientes y deficiencias que están ahí para que podamos remediarlas --y descubrir nuevas fuerzas latentes también, --y recrear y poseer un verdadero "valiente nuevo orden".

Así es como el espíritu del progreso y la evolución ha trabajado y avanzado en el mundo Europeo.Y se puede tomar generalmente como patrón del crecimiento humano; pero en el esquema descrito antes hemos dejado fuera una fase particular a propósito. Me refiero al gran evento de Cristo y el Cristianismo. Pues sin eso la civilización Europea pierde más de la mitad de su significado y valor. Después del declive de Roma empezó la marea menguante, el final, la sombra oscura del abismo profundo de la Edad Media. Pero incluso cuando caía la Noche y la oscuridad se establecía, una nueva luz trémula surgía, una estrella nacía. Una esperanza y una ayuda brillaba "en un mundo travieso". Era un rayo de consciencia que vino de una cueva secreta, de un dominio escondido detrás y muy en el interior del ser humano. Cristo trajo una levadura a la consciencia manifestada ordinaria, y un modo del otro mundo a la vida mundana. Estableció un contacto vivo y dinámico con el alma, la persona interior del hombre, la persona que está detrás pero que sin embargo gobierna la personalidad externa hecha de mente y vida y consciencia del cuerpo. La revelación de Cristo fue también característica en el sentido que vino como un gran movimiento, casi de masas--este acercamiento de la personalidad del alma a la vida terrestre. El movimiento perdió intensidad o fue adulterado, deformado como todas las cosas humanas; pero algo permaneció como posesión permanente de la herencia humana.

Este episodio se relaciona con la historia interior de la humanidad, su historia espiritual. La consciencia creciente o evolutiva del hombre no fue solo un movimiento exteriorizador y extensivo: fue también una elevación, un ascenso a rangos que normalmente no se perciben, hacia cumbres de nuestra verdadera realidad. Hemos hablado de la cultura Greco-Romana como la fuente y fundamento de la Civilización Europea; pero aparte de eso había una pauta secreta de la vida que la vivificaba realmente, la conducía por una influencia oculta pero constante a lo largo de canales y logros que sirven el objetivo y propósito finall. Los Misterios practicados en Grecia y Creta y los ritos ocultos de los sacerdotes Egipcios, la tradición de un conocimiento y disciplina secreta encontrada en la Cábala, la adoración legendaria de dioses y diosas --a veces confusa, a veces identificada con fuerzas de la Naturaleza --todo apunta a la existencia de una línea de cultura que se conoce en india como Yoga. Si toda cultura significa conocimiento, el Yoga es el conocimiento del conocimiento. Como dicen los Upanishads, hay dos categorías de conocimiento, el superior y el inferior. El desarrollo de la mente, la vida y el cuerpo pertenece al dominio del Conocimiento Inferior: el desarrollo del alma, el descubrimiento del espíritu significa el Conocimiento Superior.

Este conocimiento permaneció al principio disperso, oculto, confinado a unos , una compañía de adeptos: casi no tenía contacto directo con la corriente principal de la vida. Su aspecto religioso también estaba tan alterado y popularizado hasta el punto de representar y servir la vida secular. La sistematización y propagación de ese conocimiento --al menos la aspiración por ese conocimiento-- se intentó en una escala efectiva en el Viejo Testamento Hebreo. Pero entonces una buena cantidad de externalidades, del Conocimiento Inferior se mezclaron con el impulso interior y la percepción del alma. El Cristo con su Nuevo Testamento vino precisamente con la misión de limpiar los establos de Augeas, en lugar de las impurezas y envolturas, las divinidades falsas y deformadas, instalar algo del rayo más puro de la consciencia interior, el impulso sin mezcla del alma, la demanda de nuestra personalidad espiritual. La Iglesia buscó construir la sociedad sobre esa base, intentando una fusión del poder temporal y el espiritual, para que en lugar de un mundo profano secular, un mundo mundano o terrenal, pudiera establecerse el mundo propio de Dios, la Ciudad de Dios.

El impulso hacia la construcción del Cielo sobre la tierra y con la tierra, la materialización del espíritu en una escala cósmica, la remodelación de toda la sociedad humana en términos espirituales fue el secreto inspirando a la otra Revelación Semítica, la de Mahoma. El Maestro Árabe buscó bajar y establecer y expresar en la fuerza de la vida lo que el Rabino de Belén vió y sintió en el corazón interior --uno era un amante, el otro un guerrero sirviente de Dios.

Volviendo a la India se encuentra un cuadro de todo el movimiento más pleno y completo --sino global. India, se puede decir, es el mismo mundo espiritual: y tipifica la curva del progreso humano de un modo más claro y más significativo. La historia de la India, no la política sino la cultural y espiritual, se divide en grandes movimientos con sus épocas correspondientes cada una morando y tratando con un dominio en la jerarquía de la consciencia humana. Las etapas y épocas son bien conocidas: son --(1) Védica, (2) Upanishádica, (3) Darshanas --aproximadamente de Buda a Shankara, (4) Puránica, (5) Bhagavata o la Edad de Bhakti, y finalmente (6) la Tántrica. La última no significa que es la última revelación, la más cercana en el tiempo, sino que representa una especie de movimiento complementario, estuvo ahí todo el tiempo, al menos mucho tiempo, y en la cual los otros encuentran su realización y consumación. Lo explicaremos dentro de poco. La fuerza de consciencia que vino, movió y moldeó primero en la primera época fue la Revelación. Fue un poder de visión directa y voluntad oculta y percepción cósmica. Su asiento físico está en algún sitio detrás y o justo más allá de la corona de la cabeza: el pico del ser manifiesto del hombre que recibió el primer toque de Surya Savitri (la Consciencia Creativa suprema) ante la cual se inclinó pronunciando el mantra de invocación de Gayatri. El Rayo después entró en la cabeza en la corona y la iluminó: la fuerza de consciencia que gobernó ahí es la Intuición, la percepción inmediata de la verdad y la realidad, la consciencia cósmica recogida y concentrada en ese pico. Ese es el conocimiento Upanishádico. Si la fuente y fundamento de la iniciación Védica fue la visión oculta, la Upanishádica significó una Ideación pura y directa. La siguiente etapa en la bajada o propagación de la Luz fue cuando llegó más abajo al cerebro y la perspectiva filosófica creció con la comprensión racional y la argumentación discursiva como canal de expresión, el poder a ser cultivado y el miembro a ser desarrollado. La Edad de los Darshanas o Sistemas de Filosofía empezaron con el Buda y continuaron hasta alcanzar su cumbre con Shankaracharya. La edad buscó dar un mental fuerte y brillante, incluso un cuerpo intelectual a la luz espiritual, la consciencia de la verdad y realidad suprema. En la Edad Puránica la luz del espíritu tocó el ser vital y principalmente en la parte más elevada, el nivel mental de ese dominio. Significó la venida del elemento de sentimiento y emotividad e imaginación en el juego de la Luz, el principio de su reclamación.. Esto se hizo más concreto y vibrante e intenso en la siguiente etapa del movimiento. Todo el ser emocional fue tomado en las tribulaciones del crisol de la consciencia. Podemos denominarlo también como la edad de los Bhagavatas, los amantes de Dios, los Bhaktas. Alcanzó su climax con Chaitanya cuya pasión física por Dios denotaba que los rangos inferiores del ser vital (sus fundaciones físicas) estaban ahora siendo despertados en el hombre para despertar y recibir la Luz. Finalmente queda el físico, lo más material para ser trabajado y hacerlo consciente e iluminado. Esa fue la tarea de los Tantras. Visto en esa luz se puede facilmente entender por qué se puso un énfasis especial en ese sistema sobre la disciplina esotérica de las cinco "emes" (pancha makara), preocupada con el manejo y aprovechamiento de los instintos físicos más groseros y de los instrumentos más materiales. La disciplina Tántrica se basa en el Poder de la Naturaleza enroscada en la Materia: la liberación de esa fuerza conquistadora de todo a través de una purificación y apertura en la consciencia de la Madre Divina, la creadora trascendente del Universo. El aspecto materializador dinámico de la consciencia fue lo que inspiró los Tantras: los otros que forman la línea Védica, en su conjunto, se basaban en la primacía del ser estático, el Purusha, reservado y retirado.

La consciencia India, se dice, presentó el movimiento como un proceso espiritual intensivo e interior: trató con la propia sustancia, con la misma naturaleza humana y buscó conocerla desde dentro y moldearla conscientemente. En Europa donde la consciencia frontal está más valorada y acentúada, el rasgo más característico de su historia es el despliegue y metamorfosis de las formas y expresiones, los poderes restantes, por así decirlo, de la personalidad evolutiva del hombre, individual y social.

Para resumirlo, el Hombre progresa por ciclos de movimientos de cima. Marcan un círculo de descenso de la Luz siempre más extenso, el crecimiento de la consciencia. Así al principio hay un círculo pequeño de élite, unas pocas personas elegidas en la cabeza, luego gradualmente la aristocracia limitada se amplía hacia una democracia más y más grande. Se puede describir el fenómeno en los términos Indios de los Cuatro Órdenes. Al principio está la cultura Bramánica, cultura confinada solo a los representantes seleccionados más pequeño posible de mayor rango. Luego vino la ola de la cultura Kshatriya que fundó un alcance más amplio entre una comunidad más grande. En India, después de la edad de los Vedas y los Upanishads, vino la edad de los Ramayana y el Mahabharata que fue predominantemente una época de predominio Kshatriya. En Europa también fueron los bardos y trovadores, los sabios y los adivinos quienes crearon originalmente, preservaron y propagaron el movimiento cultural: luego vino la época de las leyendas Artúricas, la edad de la caballería, de caballeros y templarios con su código heroico de conducta y alto estándar de vida. En la época que siguió, la cultura aún se amplió en su base y se extendió al orden de los Vaishyas. Es la cultura de la burguesía: fue traído, desarrollado y mantenido por esa clase en la sociedad preocupada con la producción o ganancia de riqueza. El sesgo económico de la literatura del período se ha señalado a menudo. Finalmente la cuarta dimensión de la cultura ha hecho su aparición hoy cuando busca ser fronteriza con el proletariado. Con la llegada del Sudra, la cultura se ha extendido hasta la base de la pirámide social en su forma más común.

Este movimiento de extensión, mirado desde el punto de vista de su intensidad, es también un movimiento de devolución, de reclamación. La etapa Brahmánica representa la cultura que es conocimiento; toca la mente, es el cerebro el recipiente e instrumento de la Luz. El Kshatriya entra en escena cuando la luz, la vibración del despertar, desde la mente baja hasta las energías vitales, desde el cerebro a la región del corazón. El espíritu Vaishya ha llevado al hombre aún a una región más abajo, el vital inferior: el hombre económico que tiene su atención fijada en el estómago y entrañas. Finalmente, la última etapa se alcanza cuando el trabajo físico, el trabajo corporal, el servicio material alcanza una importancia suprema y se considera casi como los únicos valores dignos para un ser humano. Para andar y trabajar firmemente sobre la tierra la Luz necesita un par de pies fuertes. Por tanto, dicen los Vedas, Padbhyam sudro ajayata, el Sudra nació de los pies de la Divinidad Cósmica.

Así es como el ser humano se ha hecho y se está haciendo consciente integralmente --consciente en y de todas las partes de su ser. Está despertando y abriéndose a la luz que baja desde arriba: ciertamente la verdadera luz, la luz de la verdad es algo trascendente y es eso lo que baja y lentamente mora en el mundo y posee la humanidad. Su progreso marca los pasos de la evolución. Significa la iluminación gradual de las diferentes capas de nuestro ser, las diferentes tendencias de la consciencia desde la superior a la inferior, de la menos densa a la más densa, de la mente al cuerpo. Significa también en el mismo proceso una canalización, materialización y fijación en la tierra y en el ser físico de los crecientes poderes de la Luz.

La Luz mientras desciende desde su propio hogar en lo alto hasta los niveles inferiores de nuestro ser de alguna manera o expresa ninguna duda, pero también se ve disminuida, modificada, incluso deformada por otro lado. El trabajo de purificación ciertamente continúa y hasta que esté acabado y llegue a su máxima expresión, continuará. La acción de la luz en el plano físico, por ejemplo, en el cuerpo del Ser Cósmico está tan borroso y confuso aparentemente que parece casi la acción de la Oscuridad. Y sin embargo la Noche Oscura del alma no es simplemente la oscuridad de la Ignorancia. Es sólo el barro que yace difuminado o posado en el ser que ha surgido como masa compacta en el proceso de agitación y limpieza y aparece como una pantalla oscura.
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