Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

miércoles, 6 de agosto de 2008

El último taboo de la Revolución de Octubre: el liderazgo judío ocultado

Alexander Solzhenitsyn, fue el primero en exponer los horrores del gulag estalinista, y recientemente intentó exponer el papel de los Judíos en la Revolución Bolchevique y en las purgas soviéticas.

En su último libro Solzhenitsyn trata sobre uno de los últimos tabúes de la revolución comunista: que los Judíos fueron tanto represores como víctimas de la represión. Doscientos años juntos- una referencia a la anexión parcial de Polonia en 1772 que incrementó la población judía de Rusia notablemente - contiene tres capítulos que tratan del papel judío en el genocidio revolucionario y en las purgas de la policía secreta de la Rusia Soviética.

Pero los líderes Judíos y algunos historidores han reaccionado furiosamente ante el libro, y han cuestionado los motivos de Solzhenitsyn al escribirlo, acusándolo de inexactitudes en los hechos y de avivar las llamas del anti-semitismo en Rusia.

Solzhenitsyn en una observación que enfureció a los Judíos Rusos, escribió:
"Pero es imposible encontrar la respuesta a la eterna cuestión: ¿a quién se ha de culpar, quién nos condujo a nuestra muerte? Explicar las acciones de la checka de Kiev [policía secreta] solo por el hecho de que dos tercios de sus miembros fueran Judíos, es ciertamente incorrecto."
Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura en 1970, pasó la mayoría de su vida en los campos de prisioneros soviéticos, sufriendo persecución cuando escribió sobre sus experiencias. En declaraciones recientes dijo:
"Mi libro se dirige a empatizar con los pensamientos, sentimientos y la psicología de los Judíos - su componente espiritual". Nunca he hecho conclusiones generales sobre todo un pueblo. Siempre distinguiré entre distintos niveles de Judíos. Uno de esos niveles lideró la Revolución. Otro, por el contrario, trató de mantenerse al margen. El tema Judío durante mucho tiempo no pudo tratarse. Zhabotinsky [un escritor Judío] una vez dijo que el mejor servicio que los amigos Rusos nos prestan es nunca hablar en público de nosotros."
Pero el libro de Solzhenitsyn ha causado controversia en Rusia, donde un kíder Judío dijo que no tenía ningún mérito. "Esto es un error, pero hasta los genios cometen errores," dijo Yevgeny Satanovsky, presidente del Congreso Judío Ruso. "A Richard Wagner no le gustaban los Judíos, pero fue un gran compositor. Dostoyevsky fue un gran escritor Ruso, pero tenía una actitud muy escéptica hacia los Judíos.

El profesor Robert Service de la Universidad de Oxford, experto en historia rusa del siglo XX, dijo que de lo que había leído del libro Solzhenitsyn "acierta plenamente".

Investigando en un libro sobre Lenin, el profesor Service descubrió como Trotsky, que era de origen Judío, pidió al politburó en el 1919 que se asegurar que los Judíos se alistaran en el Ejército Rojo.

Doscientos años juntos ha desatado la ira de parte de la comunidad judía que lo acusa de antisemita. Según el autor, los hebreos coparon las bases del poder soviético porque, escribe, «Lenin se encargó que los varones judíos inteligentes y medianamente inteligentes ocuparan los cargos públicos vacantes».

El volumen dos del estudio de Solzhenitsyn sobre las relaciones judeorusas, Dvesti Let Vmeste (Doscientos años juntos), apareció en las librerías de su Rusia natal en los días finales de 2002 (con una tirada de cien mil copias de acuerdo con su editor). Ambos volúmenes de “Doscientos años juntos” han sido rotundos éxitos de venta en Rusia y han dado lugar a una respuesta amplia y variada de la crítica, que va de lo amistoso y respetuoso a lo agresivamente hostil. El primer volumen trataba del encuentro entre los rusos y los judíos desde 1772 (cuando se les permitió a cien mil judíos entrar al imperio ruso) hasta la víspera de las conflagraciones revolucionarias de 1917. En los primeros capítulos del volumen dos, Solzhenitsyn examina, en particular, el papel de los judíos en las revoluciones de febrero y octubre, y en la administración y consolidación del control bolchevique durante y después de la guerra civil de 1918-1921. Solzhenitsyn es severamente crítico de una “Revolución” que culminó en una “seudodemocracia” débil e ineficiente, que socavó la vigorosa sociedad civil que había empezado a florecer en el último medio siglo del régimen zarista, y que finalmente preparó el terreno para el primer experimento de totalitarismo del siglo veinte. No obstante, Solzhenitsyn aprueba los esfuerzos de la efímera democracia rusa para otorgar cabal ciudadanía a los judíos de Rusia y reconoce que esas medidas ya se habían demorado mucho. Pero su análisis demuestra ampliamente que los judíos fueron los principales beneficiarios de la revolución, y en muchos aspectos fueron sus instigadores o arquitectos. En un pasaje particularmente revelador, Solzhenitsyn resume sus conclusiones acerca de las causas de la revolución rusa, causas que se detallan abundantemente en los múltiples volúmenes de La rueda roja: Al mismo tiempo, es incorrecto pasar por alto el hecho de que un número notablemente desproporcionado de judíos tenían puestos de responsabilidad en los escalafones medios y altos del partido y en el aparato de la policía secreta durante las décadas de 1920 y 1930.

Las evidencias de una presencia judía desproporcionada en el Partido y la policía secreta explican que el público ruso llegó a identificar al “Terror Rojo” con los judíos, una identificación sumaria que haría un daño indecible a las relaciones ruso-judías. Desde luego, muchos judíos estaban comprensiblemente consternados por esta identificación de judío y bolchevique en la mente popular. A este respecto, Solzhenitsyn expresa su profunda admiración por los intelectuales judíos tales como D. O. Linsky, Iosif Bikerman y Daniel Pasmanik, quienes repetidamente recordaban a rusos y judíos por igual que el bolchevismo era absolutamente incompatible con la ley moral, la tradición judía y la libertad y dignidad de los seres humanos. Este círculo admirable de patriotas judíos rusos se alineó abiertamente con las fuerzas blancas durante la guerra civil. En su colaboración de 1924, Rusia y los judíos, esos judíos rusos anticomunistas trataron desesperadamente de persuadir a sus correligionarios de Occidente y de la comunidad emigrada de que el comunismo planteaba un inmenso peligro para toda la humanidad, así como para la integridad moral del pueblo judío. En la perspectiva de Solzhenitsyn, rusos y judíos por igual deben llegar a un acuerdo sobre su complicidad en el régimen comunista y dejar de culpar a otros de todos sus infortunios y descontentos. La Cheka llevó a cabo una guerra implacable contra estratos enteros de la sociedad rusa. El clero, los comerciantes, aristócratas, “kulaks” e intelectuales independientes, todos eran señalados como “enemigos del pueblo” y “enemigos de clase”; eran arrestados o ejecutados en función de quiénes eran más que por algo que hubieran hecho. En la perpetración de esos crímenes ha de culparse tanto a rusos como a judíos. Stalin se volvió contra los judíos con feroz intensidad en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial , pues los Judíos empezaban a mostrar signos de querer controlar la revolución bolchevique según sus intereses y estos se encontraban en gran numero en los escalafones , altos y medios del partido y también dentro de la policía secreta.

viernes, 1 de agosto de 2008

La conspiración de los psicópatas contra la Humanidad

Basado en el Dr. Kevin Barrett, co-fundador de la Alianza Musulmana-Cristiana-Judía para la verdad sobre el 9/11. Ha enseñado inglés, francés, árabe, Civilizaciones americanas, Humanidades, Literatura Africana, Folklore e Islam en universidades del área de la Bahía de San Francisco, París y Madison, Wisconsin. Barret se convirtió en un activista de la verdad del 9/11 en el año 2004, después de leer de David Griffin, El Nuevo Pearl Harbor, y de conducir una investigación de seguimiento que le convenció que Griffin había resumido con exactitud la evidencia, indicando que el 9/11 fue un trabajo interno. En el verano del 2006, los legisladores estatales republicanos y los comentaristas de la Fox pidieron que Barret fuera despedido de su trabajo de enseñanza en la clase introductoria al Islam en la Universidad de Wisconsin-Madison, pero la Universidad se negó, y Barret recibió aplausos de sus estudiantes. Ha aparecido en varias películas documentales, conferencias sobre el 9/11 y es invitado de tres programas de radio en tres diferentes redes.

La civilización, como la conocemos, es en gran parte la creación de psicópatas. Todas las civilizaciones, incluida la nuestra, han estado basadas en esclavitud y guerras. La receta prevaleciente para civilización es simple:

-Usar mentiras y lavado de cerebro para crear un ejército de asesinos de masas controlados.
-Usar ese ejército para esclavizar grandes números de personas (por ejemplo tomar control de su trabajo y sus frutos).
-Usar ese poder, fruto de la labor de esclavos para mejorar el proceso de lavado de cerebro (por medio del uso de las ganancias económicas para emplear escribas, sacerdotes y hombres PR).
-Luego, regresar al paso uno y repetir el proceso.

Los psicópatas han jugado un papel desproporcionado en el desarrollo de la civilización, porque están programados para mentir, matar, herir y generalmente infligir gran sufrimiento a otros humanos sin ningún sentimiento de arrepentimiento.

En On Killing, el Teniente Coronel Dave Grossman ha reescrito la historia militar, para resaltar lo que esconden otras historias: el hecho de que la ciencia militar trata menos la estrategia y la tecnología, que la superación de la repugnancia y el instinto humano a matar a miembros de nuestra propia especie. La verdadera “Revolución en Asuntos Militares” no fue la promovida por Donald Rumsfeld en alta-tecnología en el 2001, sino el descubrimiento en los años 40 del Brigadier General S.L.A. Marshall, de que solo alrededor del 15-20% de los soldados de la II Guerra Mundial a lo largo de la línea de fuego usaron sus armas:
“Ese 80-85% que no dispararon, no corrieron ni se escondieron (en muchos casos ellos voluntariamente se arriesgarían a grandes peligros para rescatar camaradas, conseguir municiones o pasar mensajes), pero éstos simplemente no dispararían sus armas al enemigo, incluso si se enfrentaban con repetidas oleadas de ataques banzai". (Grossman, p. 4).
El descubrimiento de Marshall y la subsecuente investigación, probaron que en todas las guerras previas, una pequeña minoría de soldados – el 5%, son psicópatas naturales, por nacimiento, y quizás unos pocos temporalmente maníacos – llevaron a cabo toda la matanza.

En Ponerología Política (Political Ponerology), Andrzej Lobaczewski explica que los psicópatas clínicos disfrutan las ventajas, incluso en competencias no-violentas, de subir los rangos de las jerarquías sociales. Porque pueden mentir sin ningún remordimiento (y sin estrés fisiológico que es medido por las pruebas de detectores de mentiras), los psicópatas siempre pueden decir lo que sea necesario para conseguir lo que quieren. En la corte, por ejemplo, los psicópatas pueden decir extremas mentiras de manera creíble, mientras que sus oponentes sanos están en desventaja por predisposición emocional, a permanecer dentro de la verdad. Demasiado a menudo, el juez o jurado se imagina que la verdad debe estar en alguna parte a la mitad, y luego emiten decisiones que benefician al psicópata.

El resultado es que todas las jerarquías inevitablemente se vuelven cargadas de psicópatas. Los supuestos teóricos de conspiraciones, algunos de los cuales merecen la connotación peyorativa del término demasiado abusado, a menudo se imaginan que las Sociedades Secretas de judíos, Jesuitas, banqueros, comunistas, Bilderbergers, Musulmanes extremistas, papistas, etc., están secretamente:
-controlando la historia,
-realizando crímenes viles,
-y/o amenazando con tomar el control del mundo…

Como “teórico líder de la conspiración ” según Wikipedia, me siento eminentemente calificado para ofrecer una teoría alternativa de conspiración, la cual, así como la teoría alternativa de conspiración del 9/11, es simple y más exacta que el conocimiento que prevalece:
La única conspiración que importa es la conspiración de los psicópatas contra el resto de nosotros.

Detrás de la aparente locura de la historia contemporánea, está la locura real de los psicópatas luchando por preservar su desproporcionado poder. Y al crecer más ese poder cada vez más amenazante, los psicópatas se vuelven cada vez más desesperados. Estamos siendo testigos de la apoteosis del sobremundo – el sindicato criminal que está al acecho sobre la sociedad ordinaria y la ley, justo como lo hace el bajo mundo por debajo. En el 9/11 y en las guerras del 9/11, estamos viendo:
-el desesperado agarre del poder de brutales, astutas pandillas de traficantes de droga y asesinos de presidentes.
-el lavado de dinero de banqueros internacionales.
-militares contratistas corruptos y generales matones.
-depredadores corporativos y sus alíados políticos.
-lava-cerebros, eufemísticamente conocidos como expertos en operaciones psíquicas.

En resumen, el equipo conjunto de psicópatas certificados dirigiendo nuestra supuesta civilización. Y están corriendo asustados. Su terror era perder el control de lo que han proyectado sobre el resto de nosotros, haciendo saltar las Torres Gemelas e incitando una rabia de terror sicopática temporal entre el público estadounidense.

¿Porqué teme la “patocracia” perder el control? Porque es amenazada por la diseminación del conocimiento. El mayor temor de cualquier psicópata es ser descubierto. Como George H. W. Bush le dijo a la periodista Sarah McClendon en diciembre de 1992,
“Si la gente supiera lo que hemos hecho, ellos nos perseguirían por las calles y nos lincharían.”

Considere cómo las pandillas y las sociedades secretas (disfrazadas de ligas o sociedades) reclutan nuevos miembros. Algunas pandillas criminales y pactos satánicos demandan que los candidatos para admisión cometan un asesinato para “ganarse sus méritos.” Calaveras y Huesos (Skull and Bones), la sociedad secreta de Yale que proporciona a la CIA traficantes de drogas, violadores de mentes, abusadores de niños y asesinos profesionales, requiere a los neófitos acostarse desnudos en un sarcófago y que se masturben enfrente de miembros más viejos, mientras recitan toda la historia sexual del candidato. Forzar al neófito a involucrarse en esa conducta ritualizada sería horriblemente vergonzoso en una sociedad normal, la asociación psicópata destruye la personalidad normal del candidato, asumiendo que tuviera una, en primer lugar, y convierten al escogido en una versión corrompida, y sombra degradada de su antiguo yo – un psicópata fabricado o aprendiz de psicópata. Esta manipulación de la vergüenza ha agregado beneficios para hacer organizaciones psicopáticas, efectivamente invisibles para la sociedad normal. A pesar de los informes disponibles en los medios de comunicación, los votantes estadounidenses, en el año 2004 simplemente se negaron a ver que los dos principales candidatos presidenciales habían yacido desnudos en un sarcófago, masturbándose enfrente de hombres mayores, para ganar la admisión a la Hermandad de las Calaveras y Huesos, y así, volverse miembros del mundo criminal superior.