Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

miércoles, 6 de febrero de 2013

El cáncer se alimenta del azúcar que ingerimos

Coordinador de Medicina Ortomolecular del Centro de Estudios de Medicina Integradora de la Universidad Autónoma de Guadalajara y Presidente de la Sociedad Médica de Investigaciones Enzimáticas, A.C.

El cáncer consiste en un conjunto de enfermedades en las que las células dañadas genéticamente proliferan de forma autónoma.

En el caso de los tumores malignos, la inflamación causa que se formen nuevos vasos sanguíneos y la malignidad se esparce a través de estos vasos sanguíneos a otras áreas. Es decir, se producen metástasis.

En cánceres de próstata, se ha demostrado que las células inflamatorias del tumor reprimen la producción de Maspin, un gen, el cual tiene una actividad anti-metastásica bien establecida en ciertos cánceres. En estadios tempranos, en los tumores no-metastásicos, hay un alto nivel de Maspin.

Las células malignas requieren combustible para crecer. Hace cerca de 70 años un científico que ganó el premio Nobel llamado Dr. Otto Warburg (1883-1970) descubrió que las células cancerosas difieren fundamentalmente de las células normales en la forma en que generan energía en su metabolismo básico. O sea que poseen un metabolismo energético anómalo. Eso significa que los genes no determinan si uno va a sufrir de cáncer. Todos los humanos tienen la misma fisiología y bioquímica esenciales. Cada ser humano posee aproximadamente 30.000 genes y somos 99,9 % idénticos unos a otros (Technology Review, March 2005 p. M11).

Ahora se cree que la glucólisis aeróbica, es decir la fermentación del azúcar, tal como lo observó Warburg, podría ser responsable de conferir resistencia a la apoptosis (muerte celular programada) en las células cancerosas. Al combatir a la glucólisis aeróbica, los científicos tal vez puedan restaurar las capacidades de las células anormales para responder a las señales de cuerpo para suicidarse. Se están estudiando nuevos agentes terapéuticos que hagan esto.

Recordemos que las células en nuestro organismo usan uno de los 2 tipos de combustible. O queman glucosa (azúcar) o queman grasa. El Dr. Warburg demostró que las células malignas viven casi completamente de glucosa (efecto Warburg). No pueden convertir a la grasa en forma eficiente. Este científico probó ésto al mostrar que las células malignas crean una gran cantidad (4 veces más de lo normal) de un residuo llamado ácido láctico a una velocidad anormalmente elevada con independencia del suministro de oxígeno debido a alteraciones en la expresión genética y son estimuladas por la hipoxia crónica (falta de oxígeno).

Desde hace mucho tiempo, se sabe que el ácido láctico no se produce cuando la célula quema grasa; solamente cuando la célula quema azúcar (glucólisis). Este es un método primitivo y menos eficiente.

En pocas palabras, la causa más básica del cáncer es que llega muy poco oxígeno a la célula. Glucólisis significa funcionar sin oxígeno. Respiración (celular) significa funcionar con oxígeno.

Las diferencias entre los tumores benignos y malignos están en las diferencias en el grado y la duración en que está comprometida la respiración celular (o sea el déficit de oxígeno) más que el tipo de tumor. Con un déficit de 35 % de oxígeno celular, el cáncer se desarrolla automáticamente según los estudios del Dr. Warburg.

En la actualidad, sabemos que un pH externo (extracelular) bajo estimula las metástasis y un pH interno (intracelular) elevado estimula los procesos implicados en el crecimiento y la división celular.
En los organismos anaeróbicos primitivos sólo se generan 2 moléculas de ATP de cada molécula de glucosa. En los organismos eucariotas (más desarrollados), la misma molécula de glucosa rendirá un total de 36 moléculas de ATP de la respiración mitocondrial en presencia de oxígeno. Así que la energía obtenida de la grasa buena, es todavía mayor. Una molécula de ácido graso con 6 átomos de carbono rendirá 48 moléculas de ATP de la respiración aeróbica dentro de la mitocondria. Una célula normal de mamífero tiene un mecanismo más elaborado y eficiente de producir energía. Una célula normal humana puede derivar 19 veces más energía (ATP) de una simple molécula de azúcar que lo que una célula de levadura puede derivar.



Recientemente un científico cuyo nombre es Dr. Michael Ristow realizó nuevas investigaciones que demostraron que el Dr. Warburg tenía razón. En la Universidad de Jena se tomaron células malignas del colon y las alteró para que mejor produjeran energía de la grasa. Les agregó frataxina (una proteína humana que ocurre en forma natural y que estimula a las mitocondrias). De esta manera, se forzó a las células cancerosas a utilizar un metabolismo mitocondrial. Al final, esto suprime eficientemente el crecimiento del cáncer (Curr Opin Clin Nutr Metab Care, 2006; 9: 339-45).

En el año 2002 unos científicos del laboratorio del Departamento de Biología Molecular de la Universidad de Madrid hicieron una investigación detallada en los procesos metabólicos involucrados en los cánceres de colon, hígado y riñón. Encontraron que existe una inhibición de las mitocondrias en las células normales (Cancer Res, 2002; 62: 6674-81).
La verdad es que la comunidad radiológica entera ha estado usando el “efecto Warburg” durante años, en las máquinas que escanean al cuerpo. Los escaners PET (positron emisión tomography) de los hospitales usan rutinariamente mediciones de la glicólisis en los tumores para determinar su etapa de desarrollo: entre más glicólisis, más maligno el tumor (Nat Rev Cancer, 2004; 4: 891-9).

Un equipo de biólogos moleculares de la Universidad de Texas han demostrado que si se inhibe la glicólisis en las células cancerosas. Eso efectivamente mata a las células cancerosas resultando en una muerte celular masiva (Cancer Res 2005; 65: 613-21).
La conclusión es que, mejorar el metabolismo de la grasa realmente inhibe el crecimiento de tumores malignos. Eso significa que debemos cambiar la forma en que nuestro cuerpo produce energía. Tenemos que substituir el metabolismo de nuestro cuerpo para que vaya de quemar principalmente glucosa a quemar principalmente grasa.
Así que, de plano, no importa que tan profundo respire uno o que tanto ejercicio practique, si uno no tiene los suficientes ácidos grasos esenciales a nivel celular, nuestras células no absorberán suficiente oxígeno del torrente sanguíneo y uno será mucho más susceptible de sufrir de cáncer. El ejercicio suministra oxígeno adicional a la sangre; sin embargo, esto no dirige transferencia de oxígeno a través de la membrana celular. Esta es la razón por la cual los atletas de élite todavía desarrollan cáncer.

Los ácidos grasos hacen que las membranas celulares sean más fluidas. Más fluidez significa oxígeno más fácil y otra transferencia bioquímica (Principles of Biomedical Chemistry, 1998, p 226).
Los ácidos grasos esenciales pueden ser “original” o “derivado”. Hay 2 tipos de ácidos grasos esenciales “originales”; el omega 3 original (ácido alfalinolénico) y el omega 6 original (ácido linoléico). Nuestro cuerpo no los puede sintetizar, así que debemos ingerirlos diariamente a través de una alimentación adecuada.
Existen también unas substancias llamadas “derivados” de los ácidos grasos esenciales. Tal es el caso de los derivados del omega 3, el EPA y el DHA. Los derivados más conocidos del omega 6 original son el CLA y el GLA. 

Ahora bien, la verdad es que el cuerpo humano usa directamente mucha mayor cantidad de ácidos grasos esenciales “originales” que los “derivados”. Según se ha reportado en revistas médicas, hasta 20 veces más se utilizan los ácidos grasos originales. Esto significa que el 95 % permanecen como ácidos grasos esenciales originales y solamente el 5 % es convertido en derivados.
De hecho, la idea de que los ácidos grasos esenciales tienen un papel en el cáncer no es nada nueva, ya que en la actualidad, la mayoría de los expertos médicos creen que muchas enfermedades, incluyendo el cáncer, pueden deberse a un desequilibrio entre los omega 3 y los omega 6 en nuestra dieta moderna (Biomed Pharmacother, 2006; 60: 502-7).
Curiosamente, el Dr. Tullio Simoncini, oncólogo Italiano piensa que la cándida puede ser la causante del cáncer. Pues bien, recordemos que la cándida es una levadura que vive de la fermentación del azúcar. Su propuesta es atacar a este hongo usando una solución alcalinizante como es el bicarbonato de sodio.
Para prevenir el cáncer el Dr. Warburg recomendaba obtener las cantidades óptimas de los grupos activos de las enzimas respiratorias, o sea micronutrimentos. Literalmente hay cientos de estudios que confirman que ciertos micronutrimentos previenen el cáncer. Tal es el caso del selenio, el ácido fólico, la vitamina D y los carotenoides (Acta Biomed, 2006; 77: 118-23).

Algunas terapias no convencionales recurren al efecto Warburg. Entre ellas, encontramos a la medicina bio-oxidativa y la terapia con ozono.  En la medicina bio-oxidativa se utiliza agua oxigenada en forma intravenosa a dosis ínfimas y en la terapia con ozono se utiliza oxígeno con una molécula de oxígeno extra, el cual tiene diferentes vías de administración. Algunos reportes confirman que puede detener el crecimiento de células cancerosas (Integr Cancer Ther, 2005; 4: 156-67).




El cáncer se alimenta de azúcar

Por Patrick Quillin, PHD, RD, CNS Patrick Quillin, Ph.D., R.D., C.N.S., es Director de Nutrición de los “Centros de Tratamiento del Cáncer en América” en Tulsa, Okla, y autor de “Vencer el Cáncer mediante la Nutrición” (Nutrition Times Press, 1998). 

Traducción de Mónica Gómez Santos



Durante los últimos 10 años he trabajado con más de 500 pacientes con cáncer como director de nutrición de los “Centros de Tratamiento contra el cáncer en América”, en Tulsa, Okla. Me sorprende cómo no se tiene en cuenta el simple concepto de que “el cáncer se alimenta de azúcar” dentro de un plan de tratamiento integral del cáncer. De los 4 millones de pacientes con cáncer que han sido tratados hoy en América, casi a ninguno se le ofrece una terapia de nutrición con base científica más allá de recomendarles que coman “alimentos saludables”.

La mayoría de los pacientes con los que trabajo no han sido asesorados nutricionalmente. Creo que muchos pacientes de cáncer mejorarían mucho si controlaran el aporte del combustible favorito de cáncer, la glucosa. Al disminuir la tasa de crecimiento del cáncer, los pacientes permiten a sus sistemas inmunológicos y a las terapias médicas (quimioterapia, radiación y cirugía para reducir la masa del tumor) vencer a la enfermedad. Controlar los niveles de glucosa mediante dietas, suplementos nutricionales, ejercicios, meditación, y medicamentos cuando sea necesario, puede ser uno de los componentes más cruciales en un programa de recuperación del cáncer. La cantinela que “el azúcar alimenta al cáncer” es simple. Sin embargo, la explicación resulta un poco más compleja.

En 1931 el premio Nobel en medicina German Otto Warburg, descubrió por primera vez que las células cancerígenas tienen un metabolismo energético diferente comparado al de las células sanas. El quid de las tesis de este premio Nobel era que los tumores malignos, al contrario que los tejidos normales, presentan frecuentemente un incremento en la glicólisis anaeróbica – un proceso en el que las células cancerígenas usan la glucosa como carburante y obtienen como producto de deshecho ácido láctico. Posteriormente, esta gran cantidad de ácido láctico generado por la fermentación de la glucosa de las células cancerígenas es transportada al hígado. Esta conversión de glucosa en lactato genera un pH más ácido en los tejidos cancerígenos, así como fatiga generalizada derivada de la elaboración del ácido láctico. Así, los tumores grandes tienden a exhibir un pH más ácido. Este ineficiente proceso de metabolismo energético produce únicamente 2 moles de adenosín trifosfato de energía por un mol de glucosa. Extrayendo solamente alrededor del 5% (2 con respecto a 38 moles de ATP) de la energía disponible en los alimentos y en los almacenes de energía del cuerpo, el cáncer está desperdiciando energía, y el paciente se encuentra cansado y mal nutrido. Esta es la razón por la cual el 40% de los pacientes de cáncer mueren de malnutrición o cachesia.

De ahí que las terapias contra el cáncer deban regular los niveles de glucosa a través de la dieta, suplementos nutricionales, soluciones no orales para los pacientes con cachesia que han perdido el apetito, medicación, ejercicio, pérdida gradual de peso y reducción del estrés.

En este punto del proceso cancerígeno, una orientación profesional acompañada de la auto disciplina del paciente son cruciales. El objetivo no es eliminar azúcares o carbohidratos de la dieta sino mantener los niveles de glucosa en unos márgenes estrechos para conseguir matar de inanición al cáncer y fortalecer el sistema inmunológico.

El índice glicémico mide como un determinado alimento afecta los niveles de glucosa en sangre, asignando a cada alimento un número dentro de una clasificación. Cuanto menor sea la puntuación obtenida más lento será el proceso de digestión y asimilación, lo que implica una absorción más gradual de los azúcares en la sangre. De forma paralela, una puntuación elevada significa que los niveles de glucosa se incrementan de forma rápida, lo que estimula al páncreas a segregar insulina para bajar los niveles de azúcar. Esta rápida fluctuación de los niveles de azúcar en sangre es contraproducente debido al estrés que genera en el cuerpo.

El azúcar en el cuerpo y la dieta

El azúcar es un término genérico usado para identificar a los carbohidratos simples, lo que incluye monosacáridos como la fructosa, glucosa y galactosa; y disacáridos como la maltosa y la sucrosa (azúcar de mesa). Piense en estos azúcares como ladrillos de diferentes tamaños en una pared. Si la fructosa es el monosacárido dominante en la pared, se considera que el índice glicémico es más saludable, ya que este azúcar simple es absorbido lentamente en el intestino, para pasar después a convertirse en glucosa en el hígado. Lo que resulta en una lenta absorción de los alimentos que ofrece un incremento y un descenso más gradual en los niveles de insulina. Si la glucosa es el monosacárido predominante en la pared de ladrillos, el índice glicémico será más alto, y, por tanto, menos saludable para el individuo. Cuando la pared de ladrillos se rompe durante la digestión, la glucosa es impulsada a través de la pared intestinal directamente al flujo sanguíneo, elevando rápidamente los niveles de glucosa. En otras palabras, hay una “ventana de eficiencia” para la glucosa en la sangre: niveles demasiado bajos le hacen sentir a uno letárgico y pueden derivar en hipoglucemia; niveles demasiado altos crean picos hiperglucémicos característicos de los diabéticos.

En 1997 los estándares para los niveles de glucosa en sangre de la Asociación de Diabéticos Americanos establecía una cantidad de 126 mg de glucosa por decilitro en la sangre o mayor en una persona diabética. Menos de 110 mg/dL era considerado normal, entre estos dos valores se consideraba que la persona padecía de intolerancia a la glucosa.

Sin embargo, se ha estimado que las dietas paleolíticas de nuestros antepasados, que consistían en carnes magras, verduras y pequeñas cantidades de cereales, nueces, semillas y frutas, producían unos niveles de glucosa entre 60 y 90 mg/dL. Obviamente, las dietas de hoy en día con unos niveles tan altos en azúcar están teniendo efectos poco saludables en lo que concierne al azúcar en sangre. El exceso de glucosa en sangre puede contribuir a la proliferación de la cándida, deterioro de los vasos sanguíneos, enfermedades cardiacas y otros problemas. 

Entender y utilizar el índice glicémico es un importante aspecto a tener en cuanta al confeccionar la dieta de los pacientes con cáncer. Sin embargo, existe también evidencia que los azúcares pueden alimentar al cáncer de forma más eficiente que los almidones (formados por largas cadenas de azúcares simples), por lo que centrarse únicamente en el índice glicémico puede ser engañoso. Un estudio con ratas alimentadas con raciones que contenían una cantidad equivalente de calorías procedentes de azúcares y almidones encontró que las ratas con una dieta alta en azúcares desarrollaban más casos de cáncer de pecho. El índice glicémico es una herramienta útil para guiar al paciente hacia una dieta más saludable, pero no es infalible. Si sólo se usa el índice glicémico se puede deducir que una taza de azúcar blanco es más sano que una patata asada. Eso es así porque el índice glicémico de una comida azucarada puede ser menor que el de un alimento rico en almidón. Para asegurarse, recomiendo tomar menos fruta, más verdura y la eliminación de los azúcares no refinados en la dieta de los pacientes con cáncer.

Lo que dice la literatura

Los tumores de pecho inducidos en ratones demostraron que los tumores son sensibles a los niveles de glucosa. 68 ratones fueron inyectados con una cepa agresiva de cáncer de pecho. A continuación, se les administró dietas altas en glucosa para inducir altos niveles de azúcar en sangre (hiperglucemia), normoglucemia o bajos niveles de azúcar (hipoglucemia). Se encontró que la tasa de supervivencia dependía de las dosis: cuanto más bajo era el nivel de azúcar en sangre más elevada era la tasa de supervivencia. Después de 70 días, 8 de los 24 ratones hiperglucémicos sobrevivieron comparado con 16 de los 24 normoglucémicos y 19 de los 20 hipoglucémicos. Lo que sugiere este estudio es que regular el consumo de azúcar es la clave para disminuir el crecimiento del cáncer de pecho.

En un estudio con humanos, a 10 personas sanas se les midió los niveles de glucosa en sangre en ayunas y el índice de fagocidad de los neutrófilos, lo que mide la capacidad de las células del sistema inmunológico para rodear y destruir a invasores como el cáncer. Una ingesta de 100 gr de carbohidratos procedentes de la glucosa, sucrosa, miel y zumo de naranja todos disminuyeron la capacidad de los neutrófilos de engullir bacterias. El almidón demostró no tener este efecto.

Un estudio de cuatro años de duración en el Instituto Público Nacional de Protección Medioambiental en los Países Bajos comparó los conductos biliares de 111 pacientes de cáncer con 480 pacientes sanos. Se encontró que el riesgo de cáncer asociado con la ingesta de azúcares, independientemente de otras formas de energía, era más del doble en los pacientes de cáncer. Además, un estudio epidemiológico es 21 países modernos que hacen un seguimiento de morbilidad y mortalidad (Europa, Norte América, Japón y otros) reveló que la ingesta de azúcar es un factor de riesgo muy importante que contribuye a un incremento en la incidencia de cáncer de pecho, particularmente en mujeres adultas.

Limitar el consumo de azúcar puede que no sea la única línea de defensa. Por ejemplo, un extracto botánico de la planta del aguacate (Persea americana) parece resultar prometedora en el tratamiento contra el cáncer. Cuando un extracto purificado de aguacate llamado mannoheptulose se añadió a un número de células cancerígenas que fueron testadas in vitro por investigadores del Departamento de Bioquímica de la Universidad de Oxford en Gran Bretaña se encontró que inhibían la captación de glucosa de las células cancerígenas de un 25 a un 75%, e inhibían la enzima glucokinase responsable de la glicólisis. También inhibía la tasa de crecimiento de los cultivos tumores cancerígenos. Los mismos investigadores trataron a los animales de laboratorio con una dosis de mannoheptulosa de 1,7 mg/g de peso corporal durante cinco días, lo que redujo los tumores del 65 al 79%. Basándose en estos estudios, existen razones para creer que el extracto de aguacate puede ayudar a los pacientes con cáncer limitando el aporte de glucosa a los tumores cancerígenos.

Dado que las células cancerígenas derivan la mayor parte de su energía de la glucólisis anaeróbica, Joseph Gold, director del Instituto para la Investigación contra el Cáncer de Siracusa, previamente investigador en las Fuerzas Armadas de USA, encontró que una sustancia denominada sulfato de hidracina, usada en el combustible de los cohetes, podía inhibir la excesiva gluconeogénesis (conversión de los aminoácidos en azúcar) que ocurre en los pacientes con cachesia. El trabajo de Gold demostró la capacidad del sulfato de hidracina para reducir y curar la cachesia de pacientes con cáncer en estado avanzado. Un experimento controlado por placebo de 101 pacientes de cáncer que tomaron 6 mg de sulfato de hidracina 3 veces al día o un placebo demostro que después de 1 mes, el 83 por ciento de los pacientes tratados con sulfato de hidracina incrementaron su peso comparado con un 53 por ciento de los pacientes a los que se les administró un placebo. Un estudio similar por los mismos investigadores, fundado en parte por el Instituto Nacional del Cáncer en Bethesda incluyó a 65 pacientes. Los que tomaron sulfato de hidracina, y estaban en buenas condiciones físicas antes que el estudio comenzara, vivieron una media de 17 semanas más.

En 1990 contacté con la hospitales más importantes especializados en el tratamiento del cáncer buscando alguna información del papel crucial que juega la nutrición intravenosa en los pacientes de cáncer. Alrededor del 40% fallecieron por cachesia, Sin embargo, a muchos de los pacientes que se están muriendo literalmente de hambres no se les ofrece ningún soporte nutricional aparte de la solución intravenosa estándar de la UVI. Esta solución proporciona un 70% de las calorías en forma de glucosa. Muy frecuentemente, creo, estas soluciones altas en glucosa no ayudan a los pacientes cachésicos tanto como soluciones con más glucosa y menos aminoácidos y lípidos. Estas soluciones permitirían al paciente fortalecerse y no alimentarían al tumor.

El estamento médico está dejando pasar por alto el azúcar y su papel en la tumorigénesis. El dispositivo de tomografía, denominado PET, cuyo coste es de medio millón de dólares es considerado como la herramienta más moderna y puntera en la detección de tumores. El escaner PET usa glucosa radioactiva para detectar las células cancerígenas hambrientas de azúcar. Los escaners PET se usan en el seguimiento de los pacientes de cáncer, así como para evaluar que los protocolos prescritos son efectivos.

En Europa, el concepto de que el azúcar alimenta al cáncer está tan asumido que los oncologistas, usan el protocolo de Terapia Sistémica del Cáncer (SCMT). Concebida por Manfred von Ardenne en Alemania en 1965, la SCMT implica inyectar a los pacientes con glucosa para incrementar las concentraciones de la misma, lo que disminuye los valores de pH en los tejidos cancerígenos debido a la formación de ácido láctico. A su vez, esto intensifica la sensibilidad térmica de los tejidos malignos e induce el rápido crecimiento del cáncer. A continuación se somete a los pacientes a una hipertermia en todo el cuerpo para estresar aún más a las células cancerígenas, seguido de radiación o quimiotrerapia. SCMT fue testado en 103 pacientes con metástasis de cáncer o tumores primarios recurrentes en la primera fase de un estudio clínico en el Instituto Von Ardenne de Investigación Médica Aplicada en Dresde, Alemania. Los porcentajes de supervivencia de cinco años en pacientes que siguieron la terapia SCMT se incrementaron del 25 al 50 por ciento, y los de regresión del tumor se incrementaron del 30 al 50 por ciento. El protocolo induce un rápido crecimiento del cáncer, para poder tratarlo de forma más efectiva con terapias tóxicas y obtener de este modo una considerable mejora.

El irrefutable papel de la glucosa en el crecimiento y la metástasis de las células cancerígenas se puede tener en cuenta en muchas terapias. Algunas de estas incluyen dietas designadas con el índice glicémico en mente para regular los incrementos de la glucosa en la sangre, lo que mata de hambre de forma selectiva a las células cancerígenas; soluciones TPN bajas en glucosa, extracto de aguacate para inhibir la absorción de glucosa por las células cancerígenas, sulfato de hidracina para impedir la gluconeogénesis en las células cancerígenas y SCMT. 

Una paciente de 50 años con cáncer de pulmón, vino a nuestra clínica después de que su oncologista de Florida le hubiera dado una sentencia de muerte. Estaba dispuesta a cooperar y entendió la conexión que existe entre la nutrición y el cáncer. Cambió considerablemente su dieta, eliminando el 90 por ciento del azúcar que solía comer. Descubrió que el pan de trigo y los cereales de avena eran dulces, incluso sin azúcar añadido. Con una terapia médica restrictiva –incluyendo radiación de altas dosis focalizada a los tumores y quimioterapia fraccionada, una técnica que distribuye la dosis de quimio semanal en una infusión de 60 horas que dura días –, una actitud positiva y un programa nutricional óptimo, venció a su cáncer terminal de pulmón. La vi el otro día, han pasado cinco años y la enfermedad no ha recurrido, y además probablemente tenía mejor aspecto que el médico que la desahució.
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