Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

lunes, 14 de octubre de 2013

Hezbollah entra en la leyenda

Uno de los efectos indirectos de la guerra de agresión contra Siria ha sido la entronización internacional de la guerrilla de resistencia libanesa. Algunos se las prometían muy felices y apostaban todo que fenecerían sepultados compartiendo fosa con Assad y la Siria independiente y soberana. Pero nada más lejos de la realidad. 

Dejando al lado las hipérboles propagandistas de Israel, que sitúan a Hezbollah como una potencia misilística a nivel mundial, es cierto que participar en una contienda internacional de esta magnitud le ha conllevado la puesta a su disposición de armamento convencional moderno y competitivo con el que jugar a futuro más activamente, si cabe, su rol en la defensa de Líbano. Sin embargo, el refuerzo de la guerrilla libanesa va mucho más allá de las armas y las municiones que ha podido obtener de Siria, Irán o incluso de occidente a través del Ejército «Libre Sirio», Hezbollah se ha convertido por méritos propios en un actor regional de primera magnitud.

La victoria de al Qussayr supuso el punto de inflexión de la guerra, la mayoría de los analistas así lo vieron. En muchos sentidos era el inicio del fin de la agresión y de la victoria del gobierno sirio. Sólo una intervención occidental podía revertir la situación, por eso algunos avisamos de la posibilidad de que pudiera producirse antes de fin de año un ataque de bandera falsa para incriminar a Assad y provocar un ataque masivo occidental como el que estuvo a punto de producirse tras el bombardeo químico el pasado 21 de agosto en Damasco. Pues bien, la reconquista de al Qussayr y la impermeabilización de la frontera sirio-libanesa hubieran sido imposibles sin el concurso de Hezbollah. Del mismo modo, la toma de la ciudad cristiana de Maaloula —famosa porque en ella aún se habla arameo—, tampoco se habría producido en los términos que conocemos sin la intervención de las tropas de élite de la guerrilla.

La victoria de los milicianos en Maaloula ha adquirido tintes épicos. Al parecer participaron unos pocos cientos de milicianos, completamente vestidos de negro, atléticos, perfectamente pertrechados y entrenados en el cuerpo a cuerpo y en artes marciales. Muchos los describen como una especie de guerreros ninja, que se mueven tan sigilosos en la oscuridad de la noche que no hay enemigo que pueda detectarlos, ni mucho menos, vivir para contarlo.

Estas recientes gestas hay que sumarlas a las victorias ya conseguidas sobre Israel en Líbano. Con armas antiguas lograron acabar con la invulnerabilidad de los merkavas, los todopoderosos tanques sobre los que pivotaban las ofensivas terrestres sionistas en Oriente Medio que, a docenas, encontraron su tumba al sur del Litani con una combinación de labores de inteligencia y estrategia militar que literalmente desarboló al Tsahal, que lo único que pudo hacer para parecer victorioso fue usar armas químicas y bombas de racimo contra la población civil antes de retirarse definitivamente del país sin haber logrado afectar ni mínimamente la capacidad de lanzar ataques balísticos contra Israel, el supuesto motivo de la enésima invasión de Líbano.

Todo este cúmulo de éxitos incontestables es lo que ha llevado a «ilegalizar» a Hezbollah en la Unión Europea en una decisión tan arbitraria, como inútil e imposible, ya que no se puede desligar, como pretende hacer la diplomacia del viejo continente, la rama militar de la facción política en una organización única con responsabilidades de gobierno y un nivel de aceptación que va mucho más allá de sus vinculaciones confesionales originarias.

Así las cosas, la estrategia —fallida por cierto— de EEUU y su aliados es la de obligar a la resistencia libanesa a mirar hacia dentro del país para que no colaboren con el Ejército Árabe Sirio contra sus cachorros. Mediante la movilización de sus peones regionales, el Frente al Nusra, afiliado a al Qaeda, y otros grupos wahabistas de la órbita de Arabia Saudí, están atentando contra barrios libaneses de mayoría chií o contra militantes del partido con objeto de provocar revueltas religiosas e incluso una guerra civil que debilite el poder militar y político de Hezbollah y deje a Israel sin ningún contrapeso regional que le permita cuestionar sus conquistas territoriales y la ocupación de terrenos palestinos, sirios y libaneses.

Paralelamente se ha puesto en marcha una campaña de demonización de la resistencia libanesa en los medios de comunicación cortesanos. Ahora que se ha logrado descubrir en buena parte la verdadera cara de los rebeldes sirios (que ni son rebeldes, ni son sirios, ni son demócratas), la prensa libre se dedica a equiparar a al Qaeda con Hezbollah, de manera que presentan la guerra como una lucha de dos poderes nacionales antagónicos apoyados ambos por grupos terroristas extranjeros, una guerra civil internacionalizada. Nada más lejos de la realidad. Por una parte, por el peso de cada uno de ellos en la guerra. Ya incluso los medios occidentales reconocen un porcentaje de yihadistas extranjeros cercano al 50%, que se sube hasta el 80% si se utilizan otras fuentes alternativas. Aún reconociendo el papel importante de los milicianos libaneses en determinadas batallas concretas, considerando el total de las fuerzas gubernamentales y de las milicias populares de izquierda que les apoyan, su participación es infinitamente inferior. Por otro lado, porque no son comparables los militantes de al Qaeda que cometen atentados, asesinan a civiles desarmados, ejecutan a niños, violan a mujeres, cortan cabezas o se comen las vísceras de sus enemigos con lo que es en realidad el ejército libanés, con estándares de comportamiento —si es que puede llamarse así— como los de cualquier otro país. Considerar terroristas a Hezbollah, además de ser una genuflexión vergonzante ante Israel, no deja de ser un error basado en pruebas falsas que, de universalizarse en su aplicación, podría llevar a declarar terrorista a multitud de ejércitos del mundo y bastantes servicios secretos incluidos.

También difieren las motivaciones que impulsan a unos y a otros a participar en la guerra de Siria. Los yihadistas extranjeros han declarado que sus objetivos últimos son la instauración de un emirato islámico suní y que la democracia es incompatible con el Islam. Ni alauitas, ni cristianos, ni chiítas, ni sufíes… tendrían espacio en el futuro estado que preconizan los miembros de al Qaeda. Hezbollah, por el contrario, gobierna o ha gobernado coaligado con miembros de otras confesiones, tanto de dentro del Islam, como de partidos cristianos. Obviamente, no trata de eliminar físicamente a los que no profesan su religión o su secta concreta, como hacen los takfiríes.

¿Qué busca pues la guerrilla libanesa en Siria? Por un lado, los destinos de ambos países han estado y están ligados de manera íntima. La caída del gobierno de Assad extendería tarde o temprano el integrismo suní al país vecino y es probable que ello desembocara en una guerra civil. Manteniendo el actual estatus quo en Damasco, el frágil equilibrio en el que vive el país de los cedros se mantendría en el tiempo, proporcionando cierta estabilidad en un país siempre falto de ella. Por otro, los miles de mercenarios terroristas que ingresaban a Siria desde Líbano ya estaban desestabilizando el país con actos de violencia sectaria y poniendo en peligro la integridad de los habitantes de las zonas fronterizas. Tampoco se puede obviar, como sí hizo Hamás —o parte de ella—, que el aliado tradicional más importante que tuvo Hezbollah fue el gobierno del partido baasista. Era de justa reciprocidad devolver el favor en tiempos de extrema necesidad como esta.

A pesar de que aún no está todo dicho en la crisis siria, cuando todo apunta a que la celebración de la cumbre de Ginebra II será a mediados del mes de noviembre y que puede suponer el principio del fin de la contienda, una realidad incontestable ha emergido de entre los escombros: Hezbollah ha entrado en la leyenda.

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