Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

lunes, 7 de julio de 2014

Las 5 Etapas del Despertar del Pagafantas



En el mundo occidental, las mujeres en la cúspide de su época fértil (de los 20 a los 28 años) reconocen cada vez más abiertamente el rechazo que les provocan los “hombres buenos”, hombres a los que catalogan como “débiles”, “aburridos”, “poco excitantes”, y a los que incluso denominan despectivamente como "pagafantas". Muchas veces ni siquiera se molestan en ocultar el profundo desprecio que sienten por ellos, y los perciben poco menos que como infraseres.

Al mismo tiempo, tampoco ocultan su atracción por otro tipo de hombres: Los llamados “malotes”. Los “chicos malos”, “atrevidos”, “excitantes”, que suelen mojar muchas bragas, aunque esto último no lo suelen reconocer tan abiertamente...

A pesar de todo, todavía quedan hombres que no conocen esta realidad o se resisten a aceptarla. “Onvres” que juran y perjuran que las mujeres lo que quieren es un hombre bueno “que las trate bien”, que las "haga reír”, que las “quiera”, que las “cuide” y las “trate como reinas”, ja ja ja.

En su largo periplo de búsqueda y descubrimiento de la verdad, estos hombres pasan por diversas fases o estadios del despertar. Este proceso es similar al modelo Kübler-Ross (comúnmente conocido como las cinco etapas del duelo).

Comienzo / Fase 0: El buen chico.

El hombre comúnmente denominado “beta” adopta el papel de “mejor amigo del mundo” -o mejor dicho, de pagafantas supremo del Reino- durante meses o incluso años, con la esperanza de arañar cualquier cosa, robar un beso, tocar una teta o incluso llegar “a algo más”: Ser algún día “El Elegido”.

Se esfuerza e invierte cantidades industriales de tiempo y energía. Se lo toma como una guerra de desgaste, y confía en que su paciencia algún día dé sus frutos y que al final se alzará con su preciado trofeo. ERROR, porque a la vez que espera, nuestro “onvre” tampoco quiere ver como la chica de sus sueños es percutida una y otra vez por otros tipos más “malotes” del polígono, con una frecuencia y una facilidad pasmosa. Por desgracia, la amplia mayoría de hombres jamás supera esta fase y quedan encasquillados en ella para siempre.

Nuestro punto débil es que como hombres hemos sido educados para creer que si te portas bien tarde o temprano, Dios, el Karma, el destino, los astros o lo que sea nos recompensarán. Por supuesto, esta creencia es completamente falsa: el mal no siempre es castigado, y a la gente buena le pasan cosas malas. Muchas religiones se han aprovechado de esta “buena fe” del hombre asegurándoles que si hacían el bien recibirían su recompensa, en esta vida o en la siguiente.

Para muchos hombres, la idea de que una mala acción se queda sin castigo es simplemente demasiado difícil de aceptar, por lo que se autoengañan con todo tipo de creencias falsas para sentirse mejor. El “buen chico” prefiere adoptar esta estrategia. Además tratará de “proteger” a sus amigas manteniendo a raya a las hordas de “malotes” que se acerquen a sus damiselas con intenciones de folleteo. Por lo menos hasta que las amigas acaben hartas del bloqueo de penes, se enfaden y revienten en mil pedazos su tan preciada “amistad”.

Fase 1: Negación

“¡Por supuesto que ellas buscan un buen chico, es lo que siempre dicen!”. “¡Quieren un chico que las quiera, y las trate bien!”. “A las mujeres hay que tratarlas bien si quieres llegar a algo con ellas”. “Si no soy bueno con ella, está claro que ella no va a querer salir conmigo”. “Ser bueno es la única manera”. “Al principio me conformo con ser sólo su amigo” .“No me voy a poner celoso si ella comienza a salir con otros”.

Con estas frases nuestro hombre pretende autoconvencerse y reforzar sus creencias, aunque en el fondo una parte de él se está cuestionando si de verdad son ciertas. Si fuese un poco más honesto consigo mismo se daría cuenta de la verdad. Si se plantease que la mayoría de las mujeres en edad fértil no están por la labor de entregarse a los chicos buenos, tendría que replantearse por completo su paradigma, y todo su pequeño Universo se vendría abajo. Se daría cuenta de que tendría que cambiar quien es. O renunciar completamente a las mujeres. O irse del país. O mejorar. Ninguna opción le parece aceptable.

Irónicamente, el pecado capital de este buen chico es su EGO. Se siente demasiado identificado con su propia imagen de buen chico que haría cualquier cosa para continuar así y ganarse de esa manera el corazón de su dama. “Las mujeres que no quieren a un buen chico no merecen la pena”, se dice a sí mismo.

El buen chico es como una chica con sobrepeso que dice que no le gustan “los ciclados de gimnasio”. Puede que sea cierto, aunque lo más seguro es que cualquiera de esos ciclados la haya rechazado en el pasado, o solamente la ha utilizado como un vulgar receptáculo de semen. Así que protege su ego de cualquier futuro rechazo diciendo que, claro, que “no le gustan”.

Muchos hombres se quedan para siempre atrapados en esta fase, porque carecen del arrojo o la capacidad de síntesis para salir de ella. Para otros, esta forma de pensar hace aguas por demasiados sitios, por lo que finalmente superan esta etapa y pasan a la siguiente.

Fase 2: Ira

Nuestro pagafantas comienza a darse cuenta de algunas cosas. Ahora está furioso porque la mayoría de esas mujeres no recompensen a los hombres buenos como él. Cada vez que escucha que a alguna conocida le han hecho un MFH (Mentir-Follar-Huir) y llega a la menopausia sin hijos, se regocija en su desgracia. “Jajaja, esto es lo que te pasa por no irte con los buenos, zorra... ¡jódete!”. “¡Como me alegro de que hayas terminado siendo una madre soltera, lo tenías bien merecido!”. “¡Van a hacer falta muchos gatos para acompañarte desde ahora que tienes 35 hasta que te mueras con 98, maldita bruja!”.

Muchos hombres jamás superan esta estapa. Incluso en la manosfera -entre hombres que supuestamente ya han tomado la pastilla roja- existe mucha ira. La ira puede ser un catalizador para algo bueno, puede empujarte a realizar cambios en tu vida, pero cuando te pasas todos los días de tu vida encabronado dándole vueltas a lo mismo sin realizar ningún cambio, este estado de ánimo se convierte en el habitual, como vemos con muchas feministas. La ira te atrapa y se convierte en tu zona de confort, y cuesta mucho abandonarla.

Todos hemos conocido a alguien que está jodido o se siente rechazado todo el tiempo. Al principio te choca, porque ¿quién desea sentirse mal todo el tiempo? Pero entonces te das cuenta de que ese estado emocional negativo -por alguna mórbida razón que no acertamos a comprender- es lo que realmente los satisface. Se ha convertido en su zona de confort.

Muchos hombres alcanzan este nivel. La ira ya no es un catalizador para la mejora personal, sino una pesada carga que no los deja avanzar. Cuando un hombre está siempre de mal humor porque las mujeres en edad fértil follan con los malotes y no hace nada para mejorar su situación excepto recrearse negativamente en este hecho, le está diciendo al mundo “soy un débil y un cobarde. Me faltan pelotas para dejar de culpar al mundo por mis problemas y enfrentarme a la realidad. No tengo huevos para cambiar”. Por supuesto que la conducta de las mujeres jóvenes es perfectamente criticable, pero cuando la expresas desde el estado de la ira, deja entrever una clara falta de autodominio.

Fase 3: Negociación con la realidad

El buen chico todavía no está preparado para adoptar completamente las nuevas creencias, ya que en el fondo todavía está atado a sus viejas creencias.

“Quizás pueda actuar como un malote hasta que consiga besarla, y entonces le diré todas las cosas bonitas que me hace sentir y le contaré todo sobre el futuro que he planeado para vivir junto a ella”. “Después de que la insulte un par de veces, puedo recitarle ese poema romántico que siempre he deseado”. “Ok, entiendo que tengo que comportarme como un auténtico cabronazo, ¿pero puedo también ser dulce y cariñoso? No quiero acostarme con una chica a menos que pueda abrazarla y acariciarla durante un buen rato”.

Como es de suponer, este tipo de estrategia híbrida no funciona. Aunque honestamente, tampoco me encuentro con mucha gente así. Parece ser que si un hombre llega a este estadio, no pasa en él demasiado tiempo. Lo más probable es que regrese a un estadio anterior, o se salte esta etapa completamente. Otras veces, lo que puede ser “negociación” simplemente es que está replanteando su estrategia.

Fase 4: Desesperación
Llega un punto en el que nuestro hombre no ve salida a esta encrucijada y la desesperación se desborda. “Pero entonces, ¿de qué me sirve tener una novia si no puedo ser el novio bueno y honesto que siempre quise ser?”, “Si ser un pagafantas está mal, si no me quiere como soy, no quiero tener novia, ¡hala!” o “¡No hay esperanza en este mundo si no puedo ser el hombre bueno que siempre soñé ser!”. “¡Es el fin del mundo!”

Nos falta tiempo para llamar a un hombre una nenaza si le vemos quejarse, por eso muchos hombres ocultan sus sentimientos. Normalmente un hombre inteligente y con dos pelotas se comerá todo esto y más en silencio, porque sabe que si habla, todo el mundo a su alrededor (especialmente los pagafantas y huelebragas) tendrán un motivo para ridiculizarlo.

Fase 5: Aceptación

Finalmente, nuestro “onvre” comprende la situación y acepta que ir de buen chico no sirve absolutamente para nada. Puede elegir entre aprender seducción y hacer MFHs, emigrar, irse de putas o renunciar a las mujeres completamente. Cualquier opción puede ser buena dependiendo de las circunstancias y la situación personal de cada uno.

Llegados a este punto acepta la realidad y deja que la verdad dicte su comportamiento, en lugar de proteger su ego. A lo mejor queda algún resquicio del “buen tipo” en el fondo de su alma, pero está mentalmente dispuesto a destruirlo si las circunstancias lo requieren.

Estoy a favor de que la gente emprenda algún tipo de acción o estrategia para cambiar las cosas, tal y como se están desarrollando las cosas en el mundo occidental –especialmente en lo que se refiere a las mujeres y su manera de comportarse- pero cuando un hombre está continuamente de mal humor, y se queja sin hacer nada de que las mujeres están follándose a los “malotes” e ignoran a los “buenazos” y no hace absolutamente nada, le está anunciando al mundo entero con un megáfono que es una nenaza. Le cede a otros el control sobre sus emociones, a la vez que se regocija en su impotencia. Carece del estoicismo, la fortaleza mental o los cohones para ir a por lo que quiere, solo desea continuar quejándose de lo que desea y no está consiguiendo.

Si alguien dice “no me quiero convertir en el tipo de hombre que ellas desean” me parece bien. Me parece una respuesta aceptable, ¡pero entonces deja de darle también tanta importancia a tener sexo con ellas!

Por supuesto pocos hombres pueden hacer eso. Si eres joven y sano, tu impulso sexual no lo permitirá. Tu instinto va a manifestarse de una manera o de otra. Si eres un poco más maduro y cuentas con experiencia, quizás te resulte más fácil. Si tienes otros intereses o inquietudes, también.

No he conocido a ningún hombre que tuviese éxito con las mujeres que se estuviese quejando todo el tiempo. Y aunque puedan hacerlo en algún momento, no se paran demasiado tiempo en quejarse o lamentarse. No se conforman con el fracaso, le echan un par de pelotas y se callan la boca. Si un día te das cuenta de que estás continuamente enfadado con el mundo en general y con gente que no conoces, a lo mejor es que es tiempo de cambiar.

Adaptado de: The 5 Stages Of Nice Guy Grief

Fuente.
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