Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Instituto Tavistock (VI): Operación paperclip. Conspiración de los Rockefeller

Viene de aquí.

LA OPERACIÓN PAPERCLIP

Tenía que haber un punto en el que los dirigentes del Gobierno de Estados Unidos se identificaran con los nazis, o por lo menos los admiraran. Tenía que llegar un momento en el que los crímenes del Holocausto se considerasen una distracción menor, un problema de relaciones públicas, que quedó eclipsado por el glamour del superestado, perfectamente dirigido, del Tercer Reich. Tenía que llegarse a entender que las ideologías de Estados Unidos y de la Alemania nazi se parecían más que las de Estados Unidos y la Unión Soviética. Y ha de ser así porque no existe otra manera de interpretar lo que sucedió al final de la guerra; desde el punto de vista moral, lo que se llegó a saber sólo puede considerarse un crimen de guerra en sí mismo.

Los artífices de la política de Washington sabían que el siguiente conflicto importante habría de librarse entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Era de suma importancia que los científicos alemanes de mayor nivel, que trabajaban en
proyectos supersecretos V-1 y V-2 y en la tecnología de las armas nucleares, se trasladaran a territorio estadounidense, donde no podían alcanzarlos los rusos y, acaso más importante, donde fueran obligados a prestar servicio a Estados Unidos.

A tal efecto se pusieron en marcha varias operaciones de inteligencia para tiempos de guerra. La más famosa de ellas fue la Operación Paperclip. Muchas personas que han oído hablar de Paperclip creen que se trataba de un programa para llevar científicos nazis a Estados Unidos para que les ayudaran en el programa espacial. Sin embargo, en el programa Paperclip, así como en la contratación de nazis, hubo mucho más que ciencia de cohetes espaciales. También se contrató a médicos y expertos en guerra psicológica nazis, junto con la organización Gehien, espías, asesinos y saboteadores.

La historia de Paperclip es muy larga y compleja. Abarca toda la sopa de siglas de organismos y programas de inteligencia, desde CRO WCASS [Registro Central de Crímenes de Guerra y Sospechosos de Seguridad] hasta CIC, SIS, OSS, CIA, JIOA y muchos más. Implica a decenas de países, a sus organismos de inteligencia, sus ejércitos, sus partidos políticos, la Iglesia católica y los sistemas de justicia criminal. Para cuando finalizó Paperclip, una división entera de las Waffen SS ucranianas, así como miles de científicos nazis, muchos de ellos reos criminales de guerra que habían participado en algunas de las peores atrocidades del conflicto, habían logrado encontrar un hogar en Estados Unidos, en Sudamérica y en Oriente Próximo.

Con independencia de los principios morales de los científicos alemanes contratados, los experimentos tenían otra dimensión que había pasado prácticamente inadvertida a los investigadores, debido a la falta de documentación y de testigos vivos. Las pruebas que existen son fundamentalmente circunstanciales, pero gran parte de ellas se pueden encontrar en la sección Captured German Documents [Documentos Alemanes Capturados] de los Arhivos Nacionales y cotejar con testimonios posteriores que aparecen en memorias y biografías de los años de la guerra y la posguerra.

Las primeras pruebas que tenemos de que existió dentro del Tercer Reich algo parecido a un programa para controlar la mente son las memorias de Wulff, el astrólogo de Himmler, que habla del deseo que tenían los nazis de idear un programa dentro del Reich que reprodujese el estado mental del soldado japonés, un ser humano ávido y deseoso de arriesgar la vida por su país sin hacer preguntas, y del soldado comunista chino de las «hordas humanas», capaz de lanzarse sin pensar hacia una muerte segura. Es decir, los científicos de Paperclip, entre ellos Friedrich Hoffmann, un químico nazi que asesoró a la CIA en el uso de sustancias psicotrópicas de lavado de cerebro, estuvieron trabajando en programas de control mental con militares y la CIA.

Los alemanes se contaron entre los primeros que estudiaron el uso de la guerra psicológica. Además, después del conflicto, la guerra psicológica se entremezcló de forma inextricable con la propaganda y los comunicados, y terminó filtrándose en actos que sólo pueden considerarse terroristas: asesinatos, sabotaje, tortura e interrogatorios, competencia del Instituto de Relaciones Humanas de Tavistock. A medida que la guerra psicológica iba haciéndose más sofisticada y los servicios de inteligencia siendo a la vez más creativos y más exigentes, se desarrollaron técnicas nuevas que prácticamente se mantuvieron en secreto.

Todas estas técnicas comparten un mismo fin ontológico: manipular la percepción del ser humano y crear una nueva realidad. Una vez que se había abierto la Caja de Pandora, ya no había forma de cerrarla. La tentación era demasiado fuerte. Quienes querían jugar a ser Dios tenían ante sí una posibilidad: jugar con los elementos de la creación de tal forma que se realizaran transformaciones mágicas.

Los hombres de la OSS, de la CIA, de la inteligencia militar, supervisados por Tavistock, a medida que dejaban de ser los eruditos de sillón que habían sido antes de la guerra, evolucionaban y se convertían en soldados que luchaban en todos los frentes de la guerra fría. Se transformaron, realmente, en magos. Los propios programas de control mental de la CIA representaban una agresión a la conciencia y a la realidad que no se había visto desde la época de los reyes filósofos y su corte de alquimistas.

EL CONTROL DE LA MENTE

Al estudiar el tema del control de la mente, uno descubre que el campo de aplicación es muy amplio y que los métodos empleados son complejos. Los orígenes del control de la mente se remontan al uso en instituciones religiosas por parte de los sacerdotes. Las técnicas de control mental desarrolladas en nuestra cultura occidental fueron ensayadas sobre el terreno por los jesuitas, por ciertos grupos del Vaticano y por diversas religiones mistéricas, sociedades secretas y organizaciones masónicas. Los métodos ensayados durante la Inquisición fueron perfeccionados por el doctor Josef Mengele durante el reinado del Tercer Reich. Poco después, se volvió a aplicar un programa de control mental denominado Programación de Marionetas, importado de la Alemania nazi, que se llamó «Proyecto Monarca». El componente básico del programa consiste en una sofisticada manipulación de la mente. Se provoca un trauma extremo que induce al «desorden de personalidad múltiple», conocido actualmente como «desorden disociativo».

En una declaración pública presentada al President's Committee on Radiation [Comité Presidencial sobre Radiación] [2] figuran asombrosas alegaciones de torturas severas y programas inhumanos aplicados a ciudadanos estadounidenses y de otros países, sobre todo a niños. Este casamiento de lo puramente psicológico con lo puramente fisiológico se convirtió en la piedra angular de los siguientes
programas de agencias de inteligencia diseñados para desvelar los secretos de la mente: la relación entre el conjunto de materia gris que llamamos cerebro y ese gran espacio exterior que llamamos realidad.

LA CONSPIRACIÓN DE LOS ROCKEFELLER

Según el informe «Assessment of Men» [Evaluación de hombres], redactado durante la posguerra por el equipo de evaluación de la OSS, fueron el doctor John Rawlings Rees y el personal que el Instituto Tavistock tenía destacado en la British War Office Selection Board [Junta de Selección de la Oficina de Guerra británica], quienes se pusieron en contacto con la delegación que tenía la OSS en Londres para sugerir que dicho organismo especial para la guerra adoptase los métodos de selección y formación de Tavistock. Fue Rees quien ideó los procedimientos de «selección» para lavado de cerebros de la OSS, y Lewin quien le ayudó a perfeccionarlos. Además Rees, con el patrocinio de la familia Rockefeller, diseñó un proyecto de insurgencia-contrainsurgencia financiado y promovido por Estados Unidos.

El objetivo fundamental de la dirección de la CIA ha sido infiltrarse de forma sistemática en todas las instituciones importantes, un despliegue deliberado, que aspira a apoderarse de ellas de manera fascista y «cuasilegal», con la ayuda de algunas de las principales familias de Estados Unidos. Muchos de quienes luego serían jefes de la CIA provenían de importantes familias estadounidenses y de una reserva inacabable de banqueros e industriales, como DuPont, Vanderbilt, Bruce,
Mellon, Archbold, Morgan y Roosevelt. Quentin Roosevelt, nieto de Teddy Roosevelt, por ejemplo, fue un alto cargo de Operaciones Especiales de la OSS en China, igual que Raymond Guest, primo de Winston Churchill. Dos hijos de J. P. Morgan, Junius y Henry S., se ocuparon de blanquear los fondos de la OSS y de falsificar los documentos de identidad de la misma.

LOS CONTACTOS DE LOS ROCKEFELLER

Una de las personas más estrechamente asociadas con el clan Rockefeller fue John Gardner, psicólogo de la OSS encargado de la «evaluación del personal». A lo largo de más de tres décadas estuvo al mando de las organizaciones más importantes de los Rockefeller: el Rockefeller Brothers' Fund, la Carnegie Corporation, el Education and Welfare Department [Departamento de Educación y Bienestar] y Common Cause, «una organización independiente, de ámbito nacional y que no pertenece a ningún partido, para los estadounidenses que quieran ayudar a reconstruir el país». [3] De hecho, Common Cause fue la tapadera de que se sirvió un grupo de conspiradores para, por un lado, impugnar y retirar a Nixon de la Casa Blanca, y por otro, sentar en el sillón de presidente a Nelson Rockefeller, hermano de David.

Arthur Goldberg, otro de los fieles siervos de los Rockefeller futuro secretario de Trabajo y juez de la Corte Suprema en época del presidente John E Kennedy, fue puesto al mando de la Sección de Trabajo de la OSS. Junto con Trist y Lewin, Goldberg promovería la contrainsurgencia como método de control de los movimientos obreros.

En la lista de seguidores y representantes de los Rockefeller que han ocupado puestos de suma importancia hay un elenco muy selecto de personajes que «construyeron la nación» en el siglo xx. Allen Dulles, antiguo director de la Standard Oil Corporation, empresa fundada por Rockefeller, fue el jefe de Inteligencia Secreta de la OSS para Europa y más tarde de la CIA. Dulles, que encarnaba el prototipo de personaje de las altas esferas de Occidente, es un ejemplo perfecto de la invisible confluencia de intereses fascistas que rodean la
creación de un nuevo imperio controlado por los Rockefeller gracias a los intereses comunes de la CIA y de Tavistock. Por ejemplo, pusieron a Dulles al frente del proyecto de control mental Bluebird de la CIA, nombre que él cambió por el de Artichoke porque le gustaban las alcachofas. Además, él y su hermano John Foster fueron socios mayoritarios del principal bufete de abogados de la Standard Oil, Sullivan y Cromwell, una famosa empresa pantalla de la CIA vinculada a las entidades financieras más importantes de Wall Street.

El «gemelo» de Sullivan y Cromwell era el bufete alemán Albert y Westrick, agente financiero de Hitler, jefe de espías de la Abwehr en Estados Unidos y representante de Sullivan y Cromwell en Alemania. «Razón por la cual, el bufete de los Dulles, en su calidad de miembro del cártel de la Standard Oil, se hizo con tres importantes empresas alemanas. Entre ellas se encontraba la sanguinaria I. G. Farbeníndustrie, que, junto con los Kruppwerks, fue el principal usuario de la mano de obra esclava de los campos de concentración, que servía a la economía blitzkrieg de los nazis.» [4]

La familia Dulles poseía antiguos y amplios vínculos con la clandestinidad nazi, y llevaba décadas blanqueando su dinero. «Durante los años veinte y treinta, ambos desempeñaron importantes papeles en la política del "rearme de Alemania durante
la noche", basada en la premisa de utilizar la Wehrmacht, fuerzas de defensa, como arma contra la clase obrera de la Unión Soviética y de Europa.» [5] Allan Dulles ocupó durante la Primera Guerra Mundial un puesto en inteligencia en Suiza, que le sirvió para establecer contactos y crear la red de la que haría uso más adelante, al pasar de los años. Llegaría a ser una de las personas clave que urdieron las bizantinas maquinaciones de la Operación Paperclip de la posguerra, la verdadera estructura del resurgimiento del fascismo, que en el mundo de la inteligencia se conocía simplemente como Blowback [retroceso]. [6]

Mientras Allen trabajaba en Suiza, su hermano John Foster lo hacía en Washington, en el Departamento de Estado. El tío de ambos, el ultraconservador Robert Lansing, era secretario de Estado del presidente Woodrow Wilson. En los años treinta, los hermanos Dulles cortejaron activamente a los altos cargos nazis, lo mismo que hicieron las empresas de Rockefeller y Wall Street, como la Ford Motor Company y la IBM. Tras la guerra, especialmente a partir de 1953, cuando Allan se convirtió en director de la CIA, los ayudaron a escapar. James Jesus Angleton, jefe de Contrainteligencia de Dulles, que más adelante fue enlace de la CIA en el Vaticano y Frank Wisner, que entre 1952 y 1953 supervisó las "Fuerzas Especiales" de la Organización Gehien, participarían en diversas operaciones encubiertas, entre ellas la Odessa, que ayudaba a reubicar nazis en la Argentina de Perón, y Die Spinne, o la Araña, una denominación un tanto vaga, para los restos que quedaron tras la guerra de la policía secreta nazi y del encubierto aparato de
inteligencia, cuyo hombre destacado en Estados Unidos era un seguidor del Partido Republicano de Rockefeller, Harold Keith Thompson. Más adelante volveremos a hablar de Die Spinne.

En 1945, Dulles, junto con el ex agente OSS de la Gestapo Hans Bernd Gisevius, fue acusado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos de blanquear dinero nazi de Hungría.a Suiza. La investigación finalmente se interrumpió cuando el Departamento de Estado estadounidense reclamó la jurisdicción.

Si a alguien le queda todavía alguna duda sobre la estrecha relación que unía al clan Rockefeller con los nazis, en 1945, el presidente Truman despidió a Nelson Rockefeller por el papel que había desempeñado en la creación del régimen fascista de Perón, que proporcionó un «refugio seguro» a más de cien mil criminales de Núremberg llevados al país por Allen Dulles.

Christopher Simpson, autor del superventas nacional Blowback, escribió lo siguiente:
«Tras la Segunda Guerra Mundial, los emigrantes nazis recibieron subsidios de la CIA a cambio de construir una base de poder de extrema derecha en Estados Unidos. Estos nazis asumieron puestos prominentes en los "comités de ayuda a las etnias" del Partido Republicano. Lejos de llegar a América desamparados, lo hicieron tutelados por grupos organizados que tenían programas políticos fascistas. Los objetivos de Hitler no murieron con Adolf Hitler; se trasladaron a América (por lo menos una parte de ellos) y se sumaron a la extrema derecha del Partido Republicano.» [7]

Desde Richard Helms, futuro director de la CIA y enlace de Dulles, hasta el general Reinhard Gehien, jefe de inteligencia de la Wehrmacht, y William Colby, director de la CIA que recibió su formación de agente de Operaciones Especiales de la OSS en el SOE de Londres, la lista de entidades infiltradas por los Rockefeller, los nazis y Tavistock es interminable. Las técnicas tavistockianas de emplear pandillas callejeras, contrapandillas, sabotajes y asesinatos políticos, aprendidas por Colby en la escuela de formación especial del SOE, fueron
precisamente los métodos que utilizó más tarde, cuando dirigió el Programa Phoenix de la CIA en Vietnam del Sur, entre ellos los atroces asesinatos en masa perpetrados en My Lai.

Una cosa es organizar una conspiración durante un período tremendamente crítico de guerra, y otra muy distinta mantener y extender el dominio de la misma a lo largo de uno de aparente normalidad en tiempo de paz. Al final de la Segunda Guerra Mundial, conforme iban calmándose las cosas, los Rockefeller y la CIA se aplicaron a la tarea de ampliar su aparato. Mientras tanto procuraron infiltrar y acabar con ci antiguo orden, para transformarse en el núcleo duro de un nuevo imperio. [8]

El método de Tavistock —y de Rees—, consistente en librar la guerra de clases con «armas que, más que quitar la vida, afectan al estado de ánimo», se convirtió, durante la posguerra, en el principal objetivo de las fuerzas de Rockefeller, incluida su propia arma encubierta, la Agencia Central de Inteligencia.

En 1977, en una sesión del Church Committee en el Senado de Estados Unidos salieron a la luz ciertas actividades criminales llevadas a cabo por la Agencia Central de Inteligencia. Entre las revelaciones más reprobables se encontraba la de que la CIA llevaba veinticinco años experimentando en secreto con drogas que alteran la mente, la manipulación psicológica de las masas, el lavado de cerebro y las técnicas de tortura al estilo de Corea del Norte, con la rúbrica de la operación MKULTRA y otros programas. El New York Times publicó un artículo al respecto en primera plana y señaló que uno de los principales destructores de la mente de MK-ULTRA era el doctor West. El Times obtuvo un informe escrito por el propio West en el que defendía el uso del LSD para el control social. Dicho informe, según decía el periódico, rezaba lo siguiente:
«Este método, ya previsto por Aldous Huxiey en su obra Un mundo feliz (1932), tiene como objeto el uso selectivo de drogas para manipular de diversas maneras a los gobernados. De hecho, es posible que sea más cómodo y quizá más barato mantener al creciente número de "usuarios crónicos de drogas" (sobre todo de las alucinógenas) bastante aislados y también fuera del mercado de trabajo, con los millones de parados.
Para la sociedad, los habitantes de las comunas y las drogas alucinógenas probablemente resulten menos molestos —y menos caros— apartados, que dejar que expresen su alienación a través de protestas y disensiones políticas activas, organizadas y enérgicas.»
Tiempo atrás, es decir, poco después de la guerra, Rees pronunció un discurso ante un grupo de psiquiatras militares y civiles en Nueva York.
«Si nos proponemos actuar a las claras y atacar los problemas sociales y nacionales de hoy, hemos de contar con tropas de choque, es decir, con psiquiatras que la psiquiatría basada únicamente en las instituciones no puede proporcionar. Debemos tener equipos de psiquiatras que puedan moverse y establecer contactos en determinadas áreas y en su zona particular.» [9]
El objetivo primordial presente en todos los trabajos de Rees es desarrollar el uso de la psiquiatría como arma de la clase dirigente. El programa de veintidós puntos que confeccionó Rees para «aplicar los métodos militares a la vida civil», presentado en sus conferencias y que aparecieron en su libro The Shaping of Psychiatry by War, se convirtió en la biblia de los servicios secretos angloamericanos. En 1956, desde Viena, Rees, a través de la tapadera World Federation for Mental Health [Federación Mundial para la Salud Mental], la WFMH, y Frank Wisner, subdirector de la CIA y jefe de Operaciones Especiales, coordinaron la insurgencia contra el Gobierno popularmente conocida como la «Revolución Húngara». Más adelante volveremos a hablar del asunto.

Rees enfatizó el valor que tendrían las operaciones legales e ilegales que hicieran uso de la fuerza militar para introducir mejoras en las instituciones civiles. Una de esas operaciones encubiertas fue la red Die Spinne. Durante toda la guerra fría, se utilizó la red Die Spinne en una cruzada espiritual encubierta, organizada por las grandes empresas y la CIA, para hacer retroceder el Telón de Acero. Una de estas cruzadas fue la citada Revolución Húngara de 1956. En 1963, tras el asesinato de JFK, se abandonó el proyecto Die Spinne a favor de una política de «fascismo de rostro humano», defendido por elementos de la izquierda fascista como el Institute for Policy Studies.
«De las operaciones de la guerra fría, la revuelta húngara de 1956 fue la más famosa de las orquestadas por Die Sprnne. Entre un despliegue de operativos promovidos por el fabianismo británico y otros movimientos similares para desestabilizar los partidos comunistas de la Europa del Este, tras el discurso de "desestalinización" de Jruschev, las fuerzas especiales de la Organización Gehien, integrada por antiguos miembros de las Waffen SS y la división Brandenburg, invadieron Hungría de forma encubierta y se aliaron con los antiguos fascistas del Partido de la Cruz y la Flecha, empleados antes por los nazis durante la ocupación, para llevar a cabo una campaña de sabotajes y asesinatos. Fueron estos elementos los que formaron el núcleo de los denominados «Luchadores Húngaros por la Libertad".
»La estructura de mando se apoyaba en el diseño de hipótesis y la dirección de políticas del National Security Council, de la Foreign Intelligence Advisory Board [Junta Asesora de Inteligencia Exterior], el Hudson Institute y el Hoover Institute of War [Instituto Hoover para la Guerra].» [10]
Al final, la liberación de Hungría dirigida por la CIA fracasó porque, a la hora de la verdad, la Unión Soviética estaba dispuesta a emprender una guerra nuclear con tal de seguir teniendo el control de los Estados satélites. Los americanos, aunque afirmaban estar comprometidos con la liberación, no estaban dispuestos a librar una Tercera Guerra Mundial para lograr dicho objetivo. [11]
«Entre los nazis blanqueados para la posguerra a través de la Operación Sunrise y la Paperclip de Allen Dulles, estaba Paul Dickopf, Untersturmführer de las SS, quien sería jefe de la Interpol entre 1968 y 1972. La Interpol, Organización Internacional de Policía Criminal, se ocupa de los asuntos de terrorismo del proyecto Die Spinne.» [12]
Un dato poco conocido sobre la Interpol es que se pensó en crearla antes de la Primera Guerra Mundial y que fue fundada en 1923 por la Casa de Rothschild de Viena. Esta familia consideró que necesitaba contar con un organismo especial de
inteligencia que vigilara los intereses de los banqueros, que financiaban ambos bandos de la guerra. Con el fin de que las cosas no parecieran demasiado sospechosas, pidieron al príncipe Alberto I de Mónaco que invitase a abogados, jueces y agentes de policía de diversos países para que hablasen de cooperar en la lucha contra la delincuencia.

Pese a la abundancia de pruebas, a muchas personas todavía les resulta difícil aceptar que la CIA es una organización dirigida por los Rockefeller que, junto con el Instituto Tavistock, trabaja diligentemente para cambiar el paradigma de la
sociedad moderna. Si hemos de creer en los estatutos federales de Estados Unidos y otros mitos inventados para los crédulos, la CIA no es más que una agencia clave del Consejo de Seguridad Nacional que trabaja con diversos organismos de inteligencia, con el Departamento de Defensa, con el del Tesoro y con el FBI. Pero la realidad es muy distinta. El aparato de la CIA se ha infiltrado en todas las organizaciones clave, entre ellas grupos de expertos, universidades, organizaciones no gubernamentales y fundaciones. Por ejemplo, la mayoría de las principales universidades son en su totalidad de forma sustancial ramas de la CIA. En la Universidad de Michigan tenemos el ejemplo más notorio, el del Institute for Social Research [Instituto de Investigación Social]. Los miembros del TSR, que dicen que su trabajo es un «telescopio enfocado a la sociedad», [13] son notorios discípulos de John Rees y de Tavistock. Luego está el instituto «ruso» de Harvard, como el de Columbia, pero también el Departamento de Psicología de Harvard, que forma parte de una operación encubierta de la CIA, al frente del cual estuvo muchos años B. F. Skinnei otro psicópata de los de Rees, un psicólogo que afirmaba que los seres humanos no poseen mente alguna.

El Massachusetts Institute of Technology ha sido siempre un floreciente nido de actividad de la CIA. La Wharton School de la Universidad de Pensilvania, donde estaba Eric Trist, un fascista seguidor de Rees que dirigió una serie de proyectos sociales financiados por los Rockefeller. Cornell, Berkeley y Stanford son también importantes tapaderas de la CIA.

Al controlar a los gobiernos ya las principales fundaciones, la CIA no sólo ha logrado decidir qué programas se deben financiar, sino también controlar la selección de instructores que ocupan puestos determinantes y de honrados académicos que son apartados e invitados a jubilarse.

Luego está el caso del control que ejerce la CIA en las fundaciones privadas. Por ejemplo, la Fundación Rockefeller fue creada por la familia el 24 de abril de 1913. La declaración de intenciones rezaba irónicamente: «Promover el bienestar de la humanidad en todo el mundo.» Otra poderosa fundación controlada por los Rockefeller es la Fundación Ford, al frente de la cual se encontraba un esbirro de los Rockefeller y operativo de la CIA, McGeorge Bundy, de la familia Bundy de la CIA. Harvey, el padre de McGeorge, se casó con una Lowell, miembro de una de las familias más ricas de Estados Unidos, y después trabajó en el Departamento de Guerra a las órdenes de Henry Stimson. Tras ayudar a Stimson a redactar sus memorias, Bundy se reunió con Richard Bissell, quien había sido profesor suyo en Yale, entonces en Europa, para ayudarle a implantar el Plan Marshall. Cuando Bissell pasó a ser el jefe de Operaciones Especiales de la CIA, Bundy lo acompañó nuevamente. Más adelante Bissell se convertiría en director de la Fundación Ford y miembro del Council on Foreign Relations [Consejo de Relaciones Exteriores]. Es más, William Bundy, el hermano mayor de McGeorge, no sólo fue uno de los hombres más poderosos de la CIA, sino también miembro del Consejo (controlado por los Rockefeller) y editor de la revista Foreign Affairs del Council on Foreign Relations.

Los Rockefeller también están infiltrados en otra de las fundaciones más poderosas, la Carnegie Foundation. Los principales directores de la entidad llevan décadas en el Council on Foreign Relations, coordinado por los Rockefeller. Además, doce de los diecisiete miembros de la Junta de Miembros de Carnegie son también socios de diversas instituciones financieras de los Rockefeller, entre ellos Richard Beattie, presidente del bufete de abogados Simpson Thacher & Bartiett LLP, una notoria empresa pantalla de la CIA, y Susan Hockfield, presidenta del Massachusetts Institute of Technology.

Otra defensora de los Rockefeiler es la actual presidenta de la Carnegie Endowment for International Peace [Dotación Carnegie para la Paz Internacional], Jessica Tuchman Mathews, también miembro habitual de la poderosa organización Buderberg. Carnegie es un centro de investigación en política exterior relacionado con otros grupos y fundaciones de los Rockefeller, como la Fundación Ford, el Hoover Institute y el Hudson Institute. Marie-Josée Kravis, socia mayoritaria de
este último, también es miembro del grupo Bilderberg.

Cuando pienso en este capítulo, pienso en la Mona Lisa, o más bien en la sonrisa de la Mona Lisa. Su expresión es la de algunos hombres y unas pocas mujeres que toman parte de forma agresiva en la guerra psicológica contra la especie humana. Es la expresión maliciosa de hombres que cometen crímenes contra la humanidad. En este capítulo hemos exhumado el cadáver del artífice de Tavistock, John Rawlings Rees, y de varios de sus más fieles seguidores, hemos seguido el rastro del control de la mente y de los asesinatos rituales que aún hoy se cometen, y los hemos puesto a los pies de algunos de los maestros de marionetas más importantes de nuestro tiempo.

Hágase la luz, dijo Dios. La llave giró una vez, dos, tres. La puerta se abrió apenas con un crujido. Algo se movió. Una sombra. Y al punto desapareció. Tenemos las manos manchadas de sangre, y hay documentos que lo demuestran. Esto es historia. No se puede tener lo uno sin lo otro. Sangre. Documentos. Culpa. Inocencia. Conocimiento. Ignorancia. Frustración. Miedo. Y no se puede conocer la historia a no ser que se conozca el miedo. No se puede conocer la historia a no ser que uno sienta el pulso de la vida bajo los dedos, a no ser que uno tenga la oportunidad de mirar a las pistolas a la cara. A no ser que uno tenga ocasión de estar en las cárceles y en los campos de exterminio de otros países y sentir en la espalda la mirada de los informantes, los espías y los soldados...; y a la puerta misma de su casa, en el camino de entrada. La historia no consiste en estar ausente, sino en volverse ausente; en ser alguien y después desaparecer dejando un rastro. El resto son sólo anotaciones en los libros.

El mundo ha sido siempre así, por supuesto. Siempre ha estado dirigido por personas: supersticiosas, religiosas, temerosas, paranoicas, inquietantes, odiosas, asesinas. Eso no es nada nuevo. Pero en un momento concreto del siglo dimos un
paso adelante. Con JFK abrimos la Caja de Pandora y la caja negra de la conciencia humana. Levantamos la tapa y nos pusimos a hurgar dentro. Y dejamos monstruos sueltos por el mundo, monstruos que se alimentan de carne humana y que beben el néctar del alma del hombre.

Con lo que hemos visto aquí, uno llega a la conclusión de que no hay ningún sitio adonde ir, nadie de quien fiarse. Todo lo que sabemos lo vemos a través del prisma de una lente, frío y calculador. Porque ¿qué otra cosa es una cámara, sino un artilugio especial para transformar y ver nuestro mundo? Como podría decirnos cualquier fotógrafo que se haya metido debajo del paño negro y haya enfocado en su placa una porción del mundo, el elocuente espejo de la lente invierte el mundo y lo vuelve del revés, ópticamente, matemáticamente, de forma mágica. Cuando obligamos a los objetos a posar y los miramos a través de nuestra lente, creamos un mundo especial nuestro, y del paño negro emerge todo un conjunto de personajes que hicieron suyo el siglo XX: JFK, Rockefeller, Rees, los hombrecillos grises vestidos con trajes de franela y placas de la CIA, sus compañeros de Tavistock y nazis locos y repulsivos de todo pelaje. Aquí se juntan el Mago de Oz el programa MK-ULTRA. Vivimos en la época más anormal —incluso paranormal— que ha existido. Y a menos que hagamos caso de la realidad que subyace en el día a día y que seamos capaces de unir los puntos del dibujo, persistiremos en la negación.

Con JFK ¡al frente!, no nadamos en medio de coincidencias sino de mensajes subliminales, a través de los cuales existe la posibilidad de que todavía se estén recreando batallas míticas entre ángeles y demonios en la Tierra. Podríamos poner fin a este capítulo diciendo: «Ya no estamos en Kansas.» Por desgracia, podría decir yo, parafraseando a Mefistófeles: «Bueno, esto es Kansas. Y yo estoy aquí.»

Continúa aquí.

NOTAS

2. http://www.ctrl.org/essay2/RECL.html.
3.http://www. commoncause.org/site/Pp.asp?c=dkLNK1 -MQIwG&b=4860209.
4. Die Spinne, «How Rockefeller kept the Third Reich Alive», EIR, n.° 45, 8 de noviembre de 1976.
5.Ibid.
6. Christopher Simpson, Blowback, Weidenfeld & Nicolson, Londres, 1988.
7.Ibid.
8. «The Tavistock Grin», The Canipaigner, mayo 1974.
9.Ibid.
10.Ibid.
11.Die Spinne, «How Rockefeller Kept the Third Reich Alive», EIR, n.° 45, 8 de noviembre de 1976.
12.Christopher Simpson, Blowbacle, Weidenfeld & Nicolson, Londres, 1988.
13.Die Spinne, «How Rockefeller kept the Third Reich Alive», EJR, n.° 45, 8 de noviembre de 1976.
14.http://www.isr.umich.edu/home/about/.



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