Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

miércoles, 5 de agosto de 2009

La Verdadera Historia del Club Bilderberger (II): La conspiración de los Rockefeller y la Comisión Trilateral

Viene de aquí.

Independientemente de su precio, la Revolución China ha tenido un éxito evidente no sólo a la hora de crear una administración más eficaz y entregada, sino también a la hora de fomentar una moral alta y un propósito común [ ... ] el experimento social llevado a cabo en China bajo el mandato del presidente Mao es uno de los éxitos más importantes de la historia de la humanidad. DAVID ROCKEFELLER (1973)

Los medios y agencias de noticias de Toronto fueron puestos sobre aviso de esta reunión [de los Bilderbergers] por una serie de faxes, llamadas y memorándums que mandamos Jim Tucker y yo mismo [Daniel Stulin], especialmente después de que supiéramos por fuentes internas a la reunión que la conferencia de 1996 iba a utilizarse como escenario para tratar la inminente fractura de Canadá a través de una Declaración Unilateral de Independencia en Quebec a principios de 1997.

El objetivo era fraccionar Canadá para facilitar una Unión Continental con Estados Unidos hacia el año 2000. Este objetivo hubo de posponerse hasta 2005 y luego hasta 2007. Como regla general, las reuniones Bilderberg jamás se mencionan en la prensa, pues la prensa generalista es propiedad de los bilderbergers. Este velo de secretismo fue rasgado el 30 de mayo de 1996, el primer día de la conferencia, por un artículo en la primera plana de uno de los periódicos de mayor circulación y prestigio de Canadá, el Toronto Star. Bajo el titular «Black acoge a líderes mundiales», John Deverell, un periodista de la sección de negocios del periódico, subrayó que no sólo el editor canadiense lord Conrad Black había ofrecido doscientos noventa y cinco millones de dólares para hacerse con el control de la mayor cadena de periódicos canadienses sino que, además,

« ... ahora es el anfitrión de una reunión de cuatro días fuertemente protegida por guardias a la que acuden líderes mundiales y monarcas al norte de Toronto».
Deverell nombró a algunos de los 100 asistentes elegidos a dedo de todo el mundo, extraídos de la lista que Tucker y yo le suministramos. Esta fue la primera vez en la historia de las conferencias Bilderberg en que un periódico importante les dedicó su atención, habitualmente las reuniones Bilderberg ni siquiera se mencionan en los grandes medios. Los bilderbergers no están acostumbrados a tener que dar explicaciones a nadie, especialmente dado que algunos de sus miembros controlan importantes periódicos, cadenas de periódicos y agencias de noticias.

Pero la conferencia de 1996 no fue una conferencia común ni Canadá es un país cualquiera. Cuando los principales medios comenzaron a confirmar la información a través de sus fuentes privadas y gubernamentales, les quedó inmediatamente claro que Canadá, uno de los estados más ricos y bellos del mundo, iba a ser despiadadamente troceado por los bilderbergers y el Nuevo Orden Mundial.

Los bilderbergers deberían haber sabido que, cuando lo que está en juego es la propia libertad, la mera posesión de los medios no puede impedir que los editores, correctores, articulistas, asistentes y periodistas de investigación de la televisión, radio y de la prensa escritas difundan la verdad entre el público. Lo que los bilderbergers habían considerado meramente una fuga se convirtió rápidamente en una inundación y luego en una avalancha que se llevó a todo el mundo por delante.

Sólo en la conferencia de 1999 en Sintra, Portugal, relajaron los bilderbergers las extremas medidas de seguridad que impusieron tras su mayor derrota: la conferencia de Toronto.

A las 7:45 de la mañana del 30 de mayo de 1996, el legendario locutor de 680-NEWS Dick Smythe, el más seguido en el área metropolitana de Toronto, emitió el siguiente informe, que fue transmitido a intervalos regulares como parte de sus noticias:

«Bien, esto parece el guión de una película de conspiraciones, en la que los importantes y poderosos del mundo se reúnen en secreto. Conrad Black celebra su conferencia Bilderberg anual. Doy paso a Karen Parons, reportera de 680 ...
"Alrededor de cien notables, entre ellos los reyes de Holanda y España, Henry Kissinger, el secretario de Defensa de Estados Unidos William Perry y nuestro primer Ministro se han reunido para la conferencia. También han venido los presidentes de la Ford, la Xerox, el Bank of Commerce y Reuters. Black dice que están prohibidos los periodistas para que los debates sean íntimos y sinceros. Dice que "las discusiones pueden ser bastante acaloradas."
Se exige a los participantes que presten voto de silencio. La conferencia del año pasado se celebró en tres hoteles de lujo en las cumbres de las montañas suizas. Este año se celebra en un balneario de lujo de sesenta millones de dólares en King City.»
La prensa canadiense también distribuyó un breve informe sobre el hasta entonces secreto encuentro, que ha sido publicado hoy, entre otros periódicos, por el Toronto Sun, que cuenta con más de trescientos cincuenta mil suscriptores. La libertad y su pérdida ... a veces no pienso en ella durante los intervalos de nuestro destino.

¿Qué estoy haciendo persiguiendo a esa gente por todo el mundo? ¿Qué es lo que busco? Tiene que haber una forma más sencilla de ganarse la vida ... pero se lo debo a mi padre. El 19 de abril de 1975 fue la última vez que vi a mi padre vivo, un hombretón en bata y zapatillas. Desde la fotografía me miran mis ojos desesperados, los ojos de un niño de nueve años, asustado, incapaz de imaginar, de comprender, no lo suficientemente mayor para ponerme en el lugar de este hombre barbudo, que sólo unas horas antes me abrazaba pero que ahora se ha ido. Los médicos dictaminaron la muerte clínica de mi padre diecisiete días después, el 6 de mayo de 1975. Fue un científico famoso, un hombre de gran dignidad y honor que pasó su vida entera luchando por el derecho de los hombres a decir lo que piensan. Quizá eso no parezca algo extraordinario en cualquier país en que la libertad de expresión forme parte fundamental del entramado básico de la sociedad, pero no era así en la vieja dictadura de la Unión Soviética.

Mi padre sobrevivió diecisiete días de tortura brutal, diecinueve horas de dolor diarias cada uno de esos días. Trescientas veintitrés horas de sufrimiento inhumano provocadas por la Policía Secreta soviética. Le aplastaron los testículos, le rompieron la mano derecha por ocho sitios y sufrió una perforación en un pulmón como consecuencia de los golpes que le daban los cinco bestias que le dieron una paliza. Me gustaría decides que se mantuvo firme, que no se le oyó ni un suspiro, que se rió de sus torturadores, que ...¿Puede que mi obsesión sea un eterno y fútil esfuerzo de cambiar la dirección en que avanzo en el tiempo, de caminar hacia atrás al pasado atrincherado en lugar de hacia el cambiante futuro con la intención de liberar a aquel hombre de aquel sufrimiento injusto? Pero por mucho que lo intente, no conseguiré alcanzarle.

El 1 de junio, «Big» Jim Tucker y yo, junto con un pequeño grupo de activistas a tiempo parcial, celebramos lo que se estaba convirtiendo en un éxito extraordinario. Todos los grandes periódicos del país querían entrevistamos, las cadenas de televisión buscaban constantemente nuevas noticias y las cadenas de radio nos se guían por toda la ciudad.
Nos reuníamos en la Horseshoe Tavem de Queen Street. Antes, ese mismo día recibí una llamada de una de mis fuentes que me pidió que nos viéramos urgentemente antes de las reuniones del día siguiente. Quedamos en la Galería de Calatrava, junto a la Trust Tower, uno de los lugares menos sospechosos de todo Toronto debido a su inmensidad y a las ingentes cantidades de turistas que pasan por allí fotografiando y grabando en vídeo la principal atracción arquitectónica de Toronto. Llegué allí cruzando el Mercado de Kensington, equivalente a lo que sería en Madrid el Rastro. Al doblar la esquina vi a mi contacto hojeando los periódicos en un quiosco con una bolsa de plástico en la mano izquierda y una revista enrollada en la derecha. Tras un breve cruce de miradas y sin que diéramos muestras de reconocer al otro, me moví silenciosamente hacia la entrada de la torre, donde un amigo que trabajaba en el mercado inmobiliario me había conseguido una sala en uno de los últimos pisos del edificio, con unas vistas maravillosas a la ciudad. Me subí en un ascensor, mirando nerviosamente tras de mí. Mi contacto me siguió cinco minutos después. Habíamos conseguido mucho en los últimos días. Por una vez, le habíamos ganado claramente la mano a los Bilderbergers. La cobertura mediática había sido tremenda y Kissinger estaba muy enfadado, lo que era buena señal. Los planes para la inminente disgregación de mi país de adopción fueron temporalmente aplazados. ¿Qué más se podría haber logrado en tan poco tiempo? Aun así, yo sabía que se trataba sólo de una victoria temporal. Aquella gente volvería y habría aprendido la lección querían aplastar toda resistencia, regir el mundo sin el consentimiento de éste, por la fuerza de las armas o del pan. A doscientos cuarenta metros sobre el suelo la ciudad estaba quieta. Las ventanas me aislaban de los sonidos de la urbe. En ese momento me sentí como si mirara hacia adentro desde afuera. ¿Serviría para algo todo aquello? ¿Comprendería la gente que nos enfrentábamos a un peligro inminente? Un discreto golpe en la pesada puerta de madera interrumpió mis pensamientos.

-Pase - dije, apenas levantando la voz. Mi fuente, que llevaba guantes de piel, cruzó lentamente el umbral que separaba el desnudo pasillo de la decoración art deco de la suite. Se movió instintivamente hacia la ventana, contemplando momentáneamente la extraordinaria vista del área en que el centro de Toronto se encuentra con el lago.

-Esta vez les has parado - dijo la fuente, sopesando cada sílaba como si una pequeña alteración en el registro pudiera haber cambiado el significado--. La disgregación de Canadá sigue en marcha. Sólo es cuestión de tiempo.

-Quizá -dije-o por ahora todo está bien y así seguirá hasta el próximo encuentro. Quizá para entonces unos cuantos de ellos hayan muerto de viejos o por accidentes o causas fortuitas.

-¿Fortuitas? ¿Fortuitas para quién? -contestó la fuente. De la revista que mantenía férreamente agarrada sacó una serie de notas manuscritas, garabatos que yo apenas habría sido capaz de descifrar solo.

-Creí que no se permitía tomar notas --dije, sonriéndole de oreja a oreja.

-Tomar notas no se recomienda, amigo -me corrigió.

Eché un vistazo a la página. Podría descifrarlo. Conocía muy bien esa letra: las «t» apenas trazadas y las «r» retorcidas, todo diligentemente escrito en los confines de un papel pautado. Reflexioné un instante sobre lo que aquel valiente arriesgaba al reunirse conmigo y entregarme esa valiosísima información. ¿Por qué no había más personas como él en el mundo? Quizá las haya, sólo que no sabemos de la lucha que mantienen calladamente a miles de kilómetros de nosotros.

-Debo irme -me dijo lentamente la fuente sin levantar la mirada.

Extendí mecánicamente mi mano abierta en dirección de la fuente. Justo cuando iba a encajar su mano en la mía, me abalancé sobre él y le di un abrazo de oso.

-No le haré perder el tiempo dándole las gracias porque ningún agradecimiento será suficiente para compensar lo que ha hecho por nosotros.

La fuente levantó la mirada.
-Debo irme.

-Nos iremos igual que hemos entrado --dije-, con un intervalo de cinco minutos. Yo me iré primero.

-No se preocupe. He dejado mi coche en el parking subterráneo. Podemos bajar juntos en el ascensor.
La fuente se ajustó sus guantes de piel y apretó el botón del ascensor. La luz azul brilló a través de su superficie transparente. Pude oír el sonido sibilante del ascensor hidráulico acelerando desde las entrañas del edificio a seis pisos por segundo.

-¿Cuándo volveré a verle? Sonó la campanilla y las puertas se abrieron. Di un paso adelante para entrar en el ascensor.

-¡Cuidado! -gritó la fuente, agarrándome con fuerza del brazo y tirándome hacia atrás.

Miré mecánicamente hacia el ascensor. Frente a mí se abría el sobrecogedor vacío del hueco del ascensor, doscientos metros de caída y muerte hubieran sido mi destino si la fuente no me hubiera apartado del abismo. Me estremecí. Un escalofrío subió por mi columna vertebral.

-El suelo -murmuré - ¿dónde está el suelo?

-Tenemos que salir de aquí ahora mismo! -dijo la fuente

- Alguien ha manipulado el sistema. ¡Le esperaban! Escuche. No tome el ascensor. No es seguro. Baje por las escaleras y llame a la Policía. Cuando lleguen aquí, aprovecharé el momento y bajaré en ascensor hasta el garaje. ¡Rápido! ¡Vaya ahora mismo!

Bajé los escalones de dos en dos agarrándome a la barandilla y aprovechando la inercia para girar más rápidamente. Mi corazón latía alocadamente, como consecuencia de haber estado al borde de la muerte y de tratar de descender doscientos metros lo más rápido posible. En uno de los pisos bajos pude oír la trabada voz de un guardia de seguridad inmigrante que subía las escaleras hacia mí.

- … er, … ter, … señor, ¿esta usted bien? ¿Qué ha sucedido? Me han llamado en el intercomunicador del segundo piso ... alguien ha hecho que el ascensor se detenga manualmente ... sólo se puede hacer en una emergencia ...

Le agarré por el brazo .
-Por favor, llame a la Policía lo más rápido que pueda -le dije.

El hombre sacó su walkie talkie y pude oír que alguien le contestaba. Seguí corriendo. Cinco, cuatro, tres, dos, uno ... llegué al suelo. Abrí las pesadas puertas de metal que conducían al vestíbulo principal del edificio. Afuera ya había aparcados dos coches de policía y se comenzaban a reunir los primeros curiosos al otro lado de las puertas giratorias.

-¿Es usted el hombre que se ha quedado atascado en el ascensor? preguntó el oficial de policía de Toronto apuntándome con el índice y el corazón.

-No exactamente -murmuré, sacudiendo la cabeza con incredulidad-. He estado a punto de entrar en un ascensor al que le faltaba una parte, es decir, el suelo.

El policía dejó escapar una exclamación. Su compañero, bajo, de rasgos marcados, bigote recortado y muñeca peluda se interesó:

-Sabe, hijo, tiene mucha suerte de estar vivo. Sólo los ciegos sobreviven a estas situaciones. Un ciego jamás entraría en un ascensor sin asegurarse primero de que el suelo está allí. Nosotros, sin embargo, damos siempre por supuesto que lo está. Por eso es un milagro que haya sobrevivido. Cuando la mafia quiere cargarse a alguien, éste es uno de sus métodos favoritos.

La Comisión Trilateral


Sin duda, el Club Bilderberg es el foro a la sombra del poder más importante que existe, pero también la Comisión Trilateral, una entidad poco entendida, desempeña un papel fundamental en el esquema del Nuevo Orden Mundial y su voluntad de conquista global, como voy a explicar en este capítulo. La Comisión Trilateral fue creada en 1973. Su fundador y principal impulsor fue el financiero internacional David Rockefeller, por largo tiempo presidente del Chase Manhattan Bank, institución controlada por la familia Rockefeller. El primer encuentro tuvo lugar en Tokio entre el 21 y el 23 de octubre de 1973. Sesenta y cinco personas pertenecían al grupo estadounidense. De ellos, 35 tenían relaciones entrecruzadas con el CFR.

Gary Allen, en El expediente Rockefeller, publicado en 1975, escribió lo siguiente:

    1. «Si los "documentos del triángulo" son indicación de algo, podemos decir que existen cuatro ejes principales en el control de la economía mundial:
      El primero, en la dirección de crear un renovado sistema monetario mundial - algo
      ya conseguido. El Club Bilderberg, la TC y el CFR han creado tres bloques económicos regionales: la CE, la Unión de las Américas y la Unión Monetaria Asiática, que se está formalizando en la actualidad.
    2. El segundo, en la dirección del saqueo de nuestros recursos para una ulterior radicalización de las naciones desposeídas - también conseguido. Rockefeller y compañía enviaron miles de millones en tecnología estadounidense a la URSS y a China como requisito del futuro Gobierno Mundial Único y su Monopolio
    3. El tercero, en la dirección de un comercio escalonado con los comunistas - conseguido: distensión con los chinos y los rusos
    4. El cuarto, en la dirección de explotar la crisis energética para ejercer un mayor control internacional - conseguido: la crisis energética de 1973 y el subsiguiente temor a la escasez energética, los movimientos de defensa del medio ambiente y la guerra de Irak»
La Comisión Triláteral -exclusivamente dedicada a hacer realidad la visión del orden mundial de David Rockefeller, a conseguir la uniformidad ideológica del mundo y al compromiso con el internacionalismo liberal- está compuesta por las tres regiones claves a nivel comercial y estratégico del planeta: Norteamérica, Japón y Europa Occidental. Normalmente tiene alrededor de 325 miembros que trabajan durante un período de tres años.

Holly Sklar afirma en Trilateralism: The Trilateral Commission y Élite Planning for World Management que,

«su propósito es dirigir la interdependencia global entre esas tres grandes regiones de manera que los ricos salvaguarden los intereses del capitalismo occidental en un mundo explosivo, probablemente desalentando el proteccionismo, el nacionalismo y cualquier respuesta que pudiese poner a la élite en contra de la élite. La presión económica será desviada hacia abajo, en vez de lateralmente»?
Paul Volcker, miembro de la CT y ex presidente de la Reserva Federal lo dijo más claramente si cabe:

«El nivel [de vida] del americano medio tiene que disminuir.»
Volcker, por cierto, procede del propio Chase Manhattan Bank de Rockefeller. Rockefeller introdujo por primera vez la idea de la Comisión Trilateral en un encuentro del Club Bilderberg en Knokke, Bélgica, en la primavera de 1972, después de haber leído el libro Between Two Ages, escrito por el profesor Zbigniew Brzezinski de la Universidad de Columbia. El libro coincidía con la visión de Rockefeller de que,

«la gente, los gobiernos y las economías de todas las naciones deben servir a las necesidades de los bancos y las empresas multinacionales».
Dos meses más tarde, en julio de 1972, David Rockefeller, miembro del Club y presidente del CFR, prestó su famosa residencia de Pocantico Hills, en las afueras de Nueva York, como cuartel general de los primeros encuentros organizativos de la Comisión Trilateral.

El propósito aparente de la CT desde su inicio fue,

«crear y mantener la asociación entre las clases dirigentes de Norteamérica, Europa Occidental y Japón», como se ve un propósito de índole trilateral, porque según los hombres doctos que dirigían la CT, «el público y los líderes de la mayor parte de los países continúan viviendo en un universo mental que ya no existe, un mundo de naciones separadas, y tienen [ ... ] dificultades para pensar en [ ... ] perspectivas globales ... ».
La Comisión Trilateral está compuesta por presidentes, embajadores, secretarios de Estado, inversores de Wall Street, banqueros internacionales, ejecutivos de fundaciones, miembros de think tanks (generadores de ideas), abogados de lobbies (grupos de intereses), líderes militares de la OTAN y del Pentágono, ricos industriales, dirigentes de sindicatos, magnates de los medios de comunicación, presidentes e importantes profesores de universidad, senadores y congresistas, así como emprendedores adinerados. Algunos de ellos en funciones, otros retirados.

Holly Sklar añade que,

«la participación de representantes de los trabajadores ayuda a controlar el aislamiento popular y a reducir la distancia que separa a los miembros de la CT de las masas de gente ordinaria».
La diferencia entre el Club Bilderberg y la CT es que el Club, mucho más antiguo, se limita a los miembros de la OTAN, es decir, a Europa Occidental, Estados Unidos y Canadá. Ahora, con la ampliación de la UE y la OTAN, los ex representantes del pacto de Varsovia están siendo admitidos en el Club. Es interesante reseñar como anécdota que en 1998, en la cena del 5º aniversario de la Comisión Trilateral, Henry Kissinger reveló cómo y quién la había creado:

«En 1973, cuando era secretario de Estado, David Rockefeller vino un día a mi oficina a decirme que había pensado que yo necesitaba un poco de ayuda. Debo confesar que, en aquel momento, yo no lo veía tan claro. Así, propuso crear un grupo de americanos, europeos y japoneses que viesen el futuro con antelación. Y le pregunté, "¿Y quién te va a dirigir ese asunto, David?"

Rockefeller respondió, "Zbig Brzezinski".

Sabía lo que quería decir. Había dado con algo importante. Cuando reflexioné sobre ello, vi que había una necesidad real.»
Sin embargo, en sus memorias, Rockefeller no menciona los objetivos clave de la formación de la Comisión Trilateral - aparte del obvio, que tampoco Kissinger mencionó en su discurso: crear un nuevo cuerpo global que incluyese al CFR, debilitado por la división de sus miembros a causa de la guerra del Vietnam - tales como,

«tomar las riendas de la administración Nixon, que se había aprovechado de las divisiones del establishment para rechazar el programa internacionalista liberal, y finalmente, fomentar la unidad de los poderes industrializados como una alternativa temporal a las Naciones Unidas, crecientemente dominadas por los estados radicalizados del Tercer Mundo, de manera que juntos pudiesen conseguir su objetivo de "una política global y una estructura económica más integrada».
Rockefeller estaba muy disgustado con la Nueva Política Económica (NPE) que Nixon puso en marcha en 1971 y que iba encaminada a imponer la dirección gubernamental de los elementos más básicos del mercado a través del control de los precios y de los salarios y el incremento de los aranceles. La NPE congeló temporalmente, durante un período de 90 días, los salarios y los precios para controlar la inflación. La posición de Nixon se enfrentaba con la de Rockefeller, como subraya éste en sus propias memorias y como bien apunta John B. Judis en su revista, The Wilson Quarterly:

«El gobierno debe permitir que los mercados tengan mucha más rienda suelta.»
Según afirman los autores Daniel Yergin y Joseph Stanislaw, en The Commanding Heights, el establishment, representado por la CT, el CFR y el Club Bilderberg, estaba indignado con que «los funcionarios del gobierno se pusiesen ahora a establecer los precios y los salarios». Mientras tanto, el intento de Rockefeller de meter en vereda a un «errático» Nixon mediante un encuentro privado para discutir la «visión del comercio y la economía internacional», fue rechazado por el jefe de Gabinete de Nixon, H. R. Haldeman.

Joan Hoff, en Nixon Reconsidered, explica que después de que finalmente consiguiese ese encuentro con el presidente, la postura de Rockefeller fue rechazada por uno de los funcionarios del gobierno por «no ser especialmente innovadora».

Esto debió ser la humillación definitiva y la gota que colmó el vaso. Nixon y su heterogéneo equipo ya estaban de patitas en la calle. La mayor parte de la NPE fue finalmente abolida en abril de 1974, después de 17 meses de vida. Cuatro meses más tarde Nixon dimitiría de su cargo.

Comisión Trilateral, una organización particularmente sofisticada

«¿Cómo se explica la sutil interdependencia que mantiene el Norte industrial con el Tercer Mundo?», pregunta Holly Sldar.

En 1991, el economista Doug Henwood, colaborador de la importante publicación estadounidense The Nation, dijo en el Left Business Observer, un boletín informativo fundado por él en 1986:

«Cada miembro de la tríada ha reunido bajo su seno a un puñado de países pobres que le proporciona mano de obra barata, asentamientos y minas para explotar:
Estados Unidos tiene a Latinoamérica; la CE, a África y a Europa del sur y del este; y Japón, al sudeste de Asia. En algunos pocos casos, dos miembros de tríadas diferentes comparten un país: Taiwan y Singapur están divididos entre Japón y Estados Unidos; Argentina, entre Estados Unidos y la Comunidad Europea; Malasia, entre la Comunidad Europea y Japón; y la India, entre los tres ... »
Will Banyon añade, en el periódico de investigación australiano Nexus, que,

«la estrategia de Rockefeller también revela algo fundamental acerca de la riqueza y el poder: no importa cuánto dinero se tenga; el poder real de una gran fortuna no sale a la luz hasta que se emplea para secuestrar y controlar a las organizaciones o a la gente que produce las políticas y las ideas que guían a los gobiernos».
David Rockefeller, presidente del Chase Manhattan Bank, escribió el 20 de agosto de 1980 una carta al editor del New York Times explicando que,

«la Comisión Trilateral es, en realidad, un grupo de ciudadanos responsables interesados en generar una más amplia comprensión y colaboración entre aliados internacionales».
El lector tendrá otra impresión, sin embargo, si lee las palabras del senador de los Estados Unidos, Barry Goldwater, sensiblemente menos eufemísticas. En su libro, With No Apologies, calificó a la Comisión Trilateral de «la última conspiración internacional de David Rockefeller», y añadió:
«Su objetivo es consolidar, a nivel multinacional, los intereses comerciales y financieros de las grandes empresas a través del control de la política del Gobierno de los Estados Unidos.»
El senador Barry Goldwater añade:
«David Rockefeller y Zbigniew Brzezinski encontraron en Jimmy Cárter a su candidato Ideal. Lo ayudaron en su designación y en su presidencia.»

Efectivamente, la candidatura de Cárter tenía sólo el 4 % de apoyo del Partido Demócrata y, de la noche a la mañana, el de Georgia se convirtió en el candidato a la presidencia.

«Para conseguido, movilizaron el dinero necesario tocando a la puerta de los banqueros de Wall Street, consiguieron la influencia intelectual de la comunidad académica (siempre dependiente de los fondos de las grandes fundaciones libres de impuestos) y dieron órdenes a los medios de comunicación miembros del CFR y la CT.»

La crónica de los hechos fue concretamente la siguiente: en 1973, Cárter fue invitado a Tarrytown, en el estado de Nueva York, propiedad de David Rockefeller. Zbigniew Brzezinski, haciendo el papel de cazatalentos de Hollywood, ayudaba a Rockefeller a buscar perfiles con buena imagen pública para la Comisión Trilateral. El encanto sureño de Cárter causó una impresión muy positiva en los dos «caballeros».

Tanto Brzezinski como Rockefeller,

«estaban impresionados de que Cárter hubiese abierto oficinas comerciales del estado de Georgia en Bruselas y Tokio. Esto parecía encajar perfectamente en el concepto de la Trilateral».
Jimmy Cárter se convirtió así en miembro fundador de la Comisión Trilateral y, poco después, en el siguiente presidente de los Estados Unidos.Como anécdota, cabe mencionar que los discursos de la campaña de Cárter para las presidenciales de 1976 decían principalmente que,

«ha llegado el momento de reemplazar la política de equilibrio de poder con la política del Orden Mundial» y «buscar una sólida asociación entre EE. UD., Europa Occidental y Japón».
¿Suena familiar, verdad? El hecho de que Jimmy Cárter fuese elegido presidente a dedo ilustra magníficamente el gran poder que posee el Club Bilderberg, la Comisión Trilateral y el CFR, desconocidos para la mayor parte del mundo. Estos grupos de poder, supersecretos y estrechamente vinculados, pueden colocar o defenestrar a cualquier presidente o candidato a la presidencia.

No sorprende, pues, que cada uno de los presidentes y candidatos a la presidencia «pertenezcan» a las sociedades secretas que los promocionan. Ellos construyeron la figura de Jimmy Cárter (de la misma forma que hicieron a Ford, Mitterrand, Felipe González, Clinton, Karzai, etcétera) y abortaron las pretensiones de llegar a la presidencia del senador Barry Goldwater, un confeso detractor de la globalización, de la misma forma que arremetieron contra Margaret Thatcher.

Tanto John Kerry como George W. Bush pertenecen a la misma combinación de asociaciones: el CFR y el Club Bilderberg. Realmente no importa quién gane. El verdadero poder siempre sigue estando en manos de los globalizadores, a los que les guía una sola misión llamada Gobierno Único Mundial. No debería sorprendemos, a la luz de toda la evidencia que hemos mostrado hasta el momento en este libro, que desde su fundación esa triada globalizadora llamada Comisión Trilateral haya estado trabajando para ver el final de la soberanía de los Estados Unidos. La siguiente selección de citas de Between Two Ages muestra la cercanía del pensamiento de Brzezinski a la del fundador del CFR, el marxista Edward Mandell House.


En la página 72, Brzezinski escribe:

«El marxismo es simultáneamente una victoria del hombre activo sobre el hombre pasivo, de la razón sobre la creencia.»
En la página 83 afirma:

«El marxismo, diseminado a nivel popular en forma de comunismo, representa el mayor avance en la habilidad del hombre para conceptualizar su relación con el mundo.»
Y en la página 123 encontramos:

«El marxismo proporciona la mejor comprensión de la realidad contemporánea.»
En la primera parte de su libro, The Insiders: 1979 The Carter Years, John McManus de The John Birch Society (una organización dedicada a restaurar y preservar la libertad que propugna la constitución de los Estados Unidos) escribe:

«En ningún lugar dice el seríor Brzezinski a sus lectores que el marxismo "en forma de comunismo", el cual él elogia, ha sido responsable del asesinato de aproximadamente 100 millones de seres humanos durante el siglo XX, de la esclavitud de mil millones más y de la necesidad, privación y desesperación de todos sus ciudadanos, a excepción de unos pocos criminales que dirigieron las naciones comunistas.»
La completa convergencia entre los planes de la Comisión Trilateral y la administración del presidente Cárter para poner fin a la soberanía de Estados Unidos queda todavía más clara en el siguiente conjunto de citas incriminatorio. En la página 260 del libro de Brzezinski, su autor propone:

«La dirección deliberada del futuro de los Estados Unidos […] con el […] planificador como legislador y manipulador social clave.»
Es decir, el monopolio y el control de masas, las prácticas habituales de la familia Rockefeller. John D. Rockefeller, el padre de David, odiaba la competencia.

Enseñó que la única competencia que valía la pena tener era aquella en la que tú controlas las dos partes de la ecuación. De ahí el amor de John y David por el monopolio globalizador como, por ejemplo, los planes de Rockefeller de que la CT uniese a los bloques económicos de la Comunidad Europea, el norte y el sur de. América y Asia bajo el paraguas de un gobierno mundial controlado por Rockefeller y compañía. Finalmente, en la antepenúltima página del libro, Brzezinski nos dice lo que significa todo. El objetivo de la Comisión Trilateral (los objetivos de Rockefeller) son «conseguir el Gobierno Mundial». Así que, mientras muchos biógrafos, a través de cambios, alteraciones, medias verdades y mentiras completas han hablado de la fabulosa riqueza de la familia Rockefeller y de su prácticamente ilimitado poder económico y político, que según la propaganda oficial se emplea en alimentar a los hambrientos de los países del Tercer Mundo, en educar a los pobres a través de una miríada de benevolentes fundaciones y sociedades, y en la construcción de la infraestructura de las naciones subdesarrolladas y devastadas a causa de las guerras, muy pocos autores han dado con el aspecto más destacable de la familia: su resuelta intención de destruir a los Estados Unidos y, al tiempo, reconstruir el poder de los soviets (si le parece increíble siga leyendo) como país independiente, como explica Eustace Mullins, en su sorprendente trabajo Murder By Injection: The Medical Conspiracy Against America, que sucede a través de su «plan de fomento del monopolio, con el establecimiento de fundaciones para ganar poder sobre los ciudadanos americanos» y finalmente la subyugación de todo el mundo al poder de la dictadura mundial uniendo al mundo bajo el estandarte de un Gobierno Mundial.

Wall Street y la Revolución bolchevique

De hecho, aunque los paralelismos entre los Rockefeller y los soviets hace mucho que han sido suprimidos, el secreto más grande de todos, que la financiación de la revolución bolchevique procedió de los supercapitales estadounidenses, sigue enterrado porque la familia Rockefeller, a través de sus organizaciones, la CRF, la CT y el Club Bilderberg, etcétera, poseen los principales medios de comunicación y empresas editoriales de Estados Unidos.

El doctor Anthony Sutton, en Wall Street And The Bolshevik Revolution, explica:

«No se ha escrito prácticamente nada acerca de la estrecha relación que tuvieron, en el siglo pasado, los Rockefeller con sus supuestos archienemigos, los comunistas. Ha existido una alianza continua, aunque escondida, entre los capitalistas y los revolucionarios socialistas por su mutuo beneficio.»
Sutton lleva a cabo un trabajo muy destacable documentando la insidiosa traición de la élite estadounidense de los archimillonarios, entre los que se encontraban John D. Rockefeller y los banqueros de Wall Street, al financiar la Revolución y al Gobierno más brutal de todos los tiempos. Si alguna vez se ha preguntado por qué los más ricos desearon tener relaciones con el comunismo, aquí está la respuesta que buscaban.

Gary Allen, en El expediente Rockefeller, se hace eco de los descubrimientos y sentimientos de Sutton, quien afirma:
«y lo más sorprendente es la cantidad de pruebas públicas que ya existe al respecto.»
¿Por qué multimillonarios como los Rockefeller financian y colaboran con unos comunistas y marxistas que han jurado públicamente acabar con ellos?, se pregunta el periodista de investigación Gary Allen en su ya citado libro. Las ventajas de los comunistas son obvias. Pero, ¿qué beneficio sacaría Occidente, el adalid del capitalismo y de la libertad, de todo eso? La palabra mágica es monopolio,

«un monopolio que lo abarca todo, no sólo el control del gobierno, el sistema monetario y todas las propiedades, sino también un monopolio que, como las empresas que emula, se autoperpetúa y es eterno».

Gary Allen sigue hablando de la existencia «de evidentes influencias» detrás de los comunistas cuando dice:

«Mientras que el objetivo de J. P. Morgan era el monopolio y el control de la industria, a finales del siglo XIX, J. D. Rockefeller, el alma mater de Wall Street, entendió que la mejor manera de conseguir un monopolio inamovible era por la vía geopolítica; hacer que la sociedad trabajase en favor de los monopolistas con la excusa del interés público.»

Frederick C. Howe explica en Confessions of a Monopolist (1976) cómo funciona la estrategia en la práctica:

«Éstas son las reglas de los grandes negocios: consigue un monopolio y haz que la sociedad trabaje para ti. En tanto creamos que los revolucionarios y los capitalistas internacionales están a la greña, dejaremos de ver un punto crucial [ ... ] la asociación entre el capitalismo monopolista internacional y el socialismo revolucionario para su mutuo beneficio.»

El plan Marburg

El plan Marburg -el diabólico plan de la banca para controlar entre bastidores el socialismo internacional-, desarrollado a principios del siglo XX, fue financiado por Andrew Carnegie, de la Fundación Carnegie, hoy bajo control del Club Bilderberg. Estos financieros internacionales, apolíticos y amorales, según explica el doctor Anthony Sutton in Wall Street and the Bolshevik Revolution,

«buscaban mercados que pudiesen explotar monopolísticamente sin miedo a la competencia».
Sutton no deja piedra por remover cuando afirma que en 1917 los banqueros pusieron su mirada sobre Rusia, su «mercado cautivo de elección».

El objetivo del plan, escribe Jennings C. Wise en Woodrow Wilson: Disciple of Revolution, era unificar a los,

«financieros y socialistas internacionales en un movimiento que diese lugar a la formación de una liga [la Liga de las Naciones, la precursora de la ONU] para reforzar la paz [ ... ] y controlar las organizaciones gubernamentales [y así] hallar un remedio para todas las enfermedades políticas de la humanidad».

Esto coincide con las palabras de Zbigniew Brzezinski:

«La dirección deliberada del futuro de los Estados Unidos [ ... ] con el [ ... ] planificador como legislador y manipulador social clave.»

¿Cuántos millones murieron en el proceso? La palabra clave es monopolio. Piense sencillamente en la antigua Unión Soviética, donde el estado lo controlaba y supervisaba todo. Como planificadores sociales, los soviéticos apenas tenían problemas laborales, ya que la legislación social estaba controlada por el estado central.

Eso es exactamente lo que Rockefeller, y por extensión su perrito faldero Brzezinski, ansían. No hace falta decir que, para «garantizar la paz» se necesita el prerrequisito de la guerra. (Ahora ya sabe por qué los globalizadores necesitaban de la Revolución Rusa.)

Como explica el doctor Sutton,

«Rusia era entonces, y es ahora, el mercado sin explotar más grande del mundo. Rusia, entonces y ahora, constituía la amenaza potencial más importante para la primacía industrial y financiera estadounidense. Wall Street debe de tener escalofríos cuando ve a Rusia como segundo gigante industrial mundial. Pero, ¿por qué permitir que Rusia se convierta en un competidor y ponga en peligro la supremacía estadounidense?

A finales del siglo XIX, Morgan/Rockefeller y Guggenheim ya habían demostrado su querencia por el monopolismo. En Railroads and Regulation 1877/1916, Gabriel Kolko demostró que eran los propietarios del ferrocarril, y no los granjeros, quienes querían que el estado controlase el ferrocarril con la intención de preservar su monopolio y acabar con la competencia.

Así que la explicación más simple con nuestros datos es que todo fue obra de un sindicato de financieros de Wall Street, que decidieron ampliar sus ambiciones monopolistas a escala global. El gigantesco mercado ruso tenía que convertirse en un mercado cautivo y una colonia a explotar por unos pocos financieros estadounidenses y las empresas bajo su control.

Lo que no podían conseguir la Comisión Interestatal del Comercio y la Comisión Federal del Comercio en Estados Unidos, podía obtenerlo un gobierno socialista en el
extranjero, con el apoyo y los incentivos de Wall Street y Washington D.C».

La Revolución Rusa

Según un testimonio del Congreso de los Estados Unidos del 20 de octubre de 1919, el apoyo financiero de John D. Rockefeller (a Lenin y Trotsky) provocó la (fracasada) Revolución Comunista de 1905.

La biografía de Rockefeller omite un detalle «insignificante», esto es, la afirmación hecha en público por parte del banquero inversionista de la familia Rockefeller y presidente de la empresa de inversiones de Nueva York, Kuhn, Loeb & Co, el jesuita Jacob Schiff, también fundador de la Reserva Federal, de que sin su influencia financiera la revolución rusa nunca hubiese tenido éxito. Es decir, según los documentos del Congreso del doctor Sutton, en la primavera de 1917, Jacob Schiff empezó a financiar a Trotsky con el propósito de que prosperase la Revolución Socialista en Rusia.

¡La manera en que Sutton descubrió esos increíbles documentos es realmente sorprendente! Esos preciosos documentos se encontraron en un expediente más del Departamento de Estado de los Estados Unidos (861.00/5339). El documento más importante data del 13 de noviembre de 1918.

Sin embargo, lo que es más increíble todavía es el hecho de que en privado Schiff estaba en contra del apoyo al Régimen Bolchevique, como se ha demostrado, y de nuevo, documentos reservados descubiertos por el doctor Sutton (como el Documento nº 3) demuestran que Jacob Schiff, de Kuhn, Loeb y Company, también había financiado secretamente a los japoneses en su guerra contra Rusia. Otro hecho omitido es que el emisario personal de John D. Rockefeller, George Kennan, pasó veinte años promocionando la actividad revolucionaria contra el zar de Rusia según el libro Rape of the Constitution - Death of Freedom de Gyeorgos C. Hatonn. ¿Quién financió a Kelman y por qué? ¿A qué coste? Aparte del deseo de crear un monopolio globalizador, ¿tenía John D. Rockefeller alguna razón personal para desear la caída del zar y apoyar la revolución?

Después de todo, Rockefeller no era ningún adolescente idealista. La respuesta sigue hoy tan de actualidad como hace cien años: ¡por el petróleo! Antes de la Revolución Bolchevique, Rusia sucedió a Estados Unidos como mayor productor de petróleo del mundo. En 1900, los campos de petróleo de Bakú en Rusia producían más petróleo crudo que todo Estados Unidos y en 1902 más de la mitad de las extracciones mundiales eran rusas. El caos y la destrucción de la revolución destruyeron la industria petrolífera rusa. En su libro, Wall Street and the Bolshevik Revolution, el doctor Sutton escribe:

«Hacia 1922 la mitad de los pozos estaban parados»

y la otra mitad apenas funcionaba debido a la falta de tecnología para hacerlos productivos.

La otra razón, que tampoco se menciona en la biografía de Rockefeller, es la competencia.

Como afirma Gary Allen,

«la revolución eliminó durante varios años la competencia rusa de Standard Oil en los que la empresa americana pudo mover ficha y hacerse con parte del negocio del petróleo ruso».

Moviendo las piezas del tablero

Cuando la revolución de 1905 fracasó, los banqueros reaccionaron. En su libro, Rape of the Constitution; Death of Freedom, Gyeorgos C. Hatonn explica cómo,

«Lenin fue "almacenado" en Suiza hasta 1907 [fuera de peligro]. Trotsky fue llevado a Estados Unidos, donde vivió sin pagar alquiler en una propiedad de la Standard Oil en Bayonne, Nueva Jersey»

Como anécdota, el doctor Anthony Sutton explica en Wall Street and the Bolshevik Revolution que León Trotsky visitó España después de ser expulsado de Francia, en septiembre de 1916, por escribir artículos «incendiarios» en un periódico parisino escrito en ruso. Fue, según Sutton,

«escoltado educadamente hasta la frontera española».

Algunos días después, la policía de Madrid lo detuvo para internarlo en una «celda de primera clase» a un precio de una peseta y media al día. Después, Trotsky fue trasladado a Cádiz y después a Barcelona, donde finalmente subió a bordo del Montserrat, un vapor de la Compañía Trasatlántica Española. Trotsky y su familia cruzaron el Atlántico y desembarcaron en Nueva York el 13 de enero de 1917. Cuando el zar abdicó en 1916, Trotsky - con diez mil dólares de Rockefeller para gastos de viaje - fue conducido al Kristianiafiord (dejó Nueva York el 26 de marzo de 1917) con trescientos revolucionarios comunistas de Nueva York. ¿De dónde sacó Trotsky su pasaporte? ¿Quién se lo pagó? ¿Quién le arregló el trámite y por qué? Fue el mismo Rockefeller quien consiguió un pasaporte especial para Trotsky a través de Woodrow Wilson, el presidente de los Estados Unidos, y envió a Lincoln Steffens, un comunista estadounidense al servicio de Rockefeller,

«con él para asegurarse de que volvía sano y salvo a Rusia».
Según archivos desclasificados del Gobierno canadiense, el 13 de abril de 1917, cuando el barco se detuvo en Halifax, funcionarios del Servicio Secreto canadiense y personal de la marina británica se llevaron inmediatamente a Trotsky (bajo instrucciones oficiales recibidas por cablegrama de Londres el 29 de marzo de 1917) para confinarlo en Amherst, Nueva Escocia, como prisionero de guerra alemán. El cablegrama advertía de la presencia de Trotsky en,

«Kristianiafjord [diciendo que debería ser] retenido a la espera de más instrucciones, [ya que] esos 'socialistas' rusos viajan con el propósito de empezar una revolución en contra del actual gobierno ruso, en razón de lo cual, Trotsky lleva consigo 10.000 dólares donados por los socialistas».

Pero ¿por qué fue detenido?

«Porque el servicio secreto había sido informado de que Trotsky iba a sacar a Rusia de la guerra, liberando así a los ejércitos alemanes para atacar a las tropas ( ... ) del frente occidental», matiza Eustace Mullins.

Lo que sucedió después, se asemeja al clima político actual en el erróneamente llamado «Canadá Libre». Como en el Canadá de hoy la influencia de los Rockefeller está tras los movimientos separatistas de Quebec los políticos de entonces estaban bajo la influencia de la familia Rockefeller. Gyeorgos C. Hatonn en el ya citado libro Rape of the Constitution; Death of Freedom explica:


«El primer ministro Lloyd George envió órdenes urgentes por cable desde Londres al Servicio Secreto canadiense para que liberasen inmediatamente a Trotsky, pero aquél hizo caso omiso. Trotsky fue finalmente liberado gracias a la intervención de uno de los títeres más fieles a Rockefeller, el ministro canadiense Mackenzie King, un antiguo "especialista en laborismo" de los Rockefeller. King obtuvo personalmente la liberación de Trotsky y lo destacó como emisario de los Rockefeller con la misión de ganar la Revolución Bolchevique. Por lo tanto, el doctor Annand Hammer, que proclamaba en voz alta su influencia en Rusia como amigo de Lenin, jugó un papel insignificante en comparación con el respaldo que le dio Rockefeller al comunismo mundial.»
¿Por qué apoyó el implacable John D. Rockefeller a Trotsky? Porque Trotsky, el revolucionario bolchevique, como John D. y el resto de su familia abogaba por la «revolución y la dictadura mundial, por su uniformidad ideológica y su compromiso con el internacionalismo liberal. Los bolcheviques y los banqueros, entonces, tienen algo en común: el internacionalismo, explica una y otra vez Anthony Sutton.

Tanto Alien como el doctor Sutton llegan a la misma conclusión: la revolución y las finanzas internacionales tienen los mismos objetivos comunes: la erradicación de los poderes descentralizados, mucho más difíciles de controlar, y el establecimiento de un Gobierno Mundial Único, un monopolio del poder que se perpetúe en el tiempo. Gracias al heroico trabajo de las otras impresionantes obras del doctor Sutton, las pruebas de la implicación de los Rockefeller en la,

«organización, patrocinio y apoyo a la revolución bolchevique son tan innumerables y avasalladoras que simplemente no admiten discusión».

Quizá, podría resumir el grado de crueldad con un ejemplo:

«Para los Rockefeller el socialismo no es un sistema para redistribuir la riqueza (y mucho menos para redistribuir su propia riqueza), sino un sistema para controlar a la gente y a la competencia. El socialismo, pone todo el poder en manos del gobierno. Y como los Rockefelled controlan los gobiernos, eso significa que ellos tienen el control. ¡de hecho de que usted no lo sepa, no significa que ellos no lo sepan!»

Como curiosidad, Trotsky se casaría después con la hija de uno de los banqueros más ricos, Livotovsky, quien también respaldó la Revolución Bolchevique.

Tecnología estadounidense en manos de los comunistas

En 1926, la Standard Oil de Nueva York, de Rockefeller, y su subsidiaria, la Vacuum Oil Company, a través del Chase National Bank,

«cerró un acuerdo para vender petróleo soviético en los países europeos».

En ese momento se informó de que John D. Rockefeller había hecho un préstamo a los bolcheviques de 75 millones de dólares, «parte del precio del acuerdo». Como resultado del trato, dice Alien,

«en 1927, el socio secreto de Rusia, la Standard Oil de Nueva York, construyó una refinería de petróleo en Rusia».

Por lo tanto, John D. Rockefeller, concluye el autor, el adalid del capitalismo, ayudó «a la recuperación de la economía bolchevique». El Gobierno de los Estados Unidos no reconoció oficialmente al Estado soviético hasta 1933.

¿Cómo es posible que ciudadanos privados, por muy ricos e influyentes que sean, hayan colaborado con el régimen soviético asesino cuando ello iba explícitamente en contra de la ley, según el Congreso de los Estados Unidos? Además, no sólo fueron ciudadanos privados los que colaboraron en la creación del monopolio soviético, sino que el mismo presidente Wilson aprobó tal colaboración.

El doctor Sutton añade en su libro,

«ésta fue, la primera inversión de los Estados Unidos en Rusia desde la revolución».

Esto es lo que el congresista de los Estados Unidos Louis McFadden, presidente del Comité Bancario de la Cámara de Representantes, que se opuso valientemente a los manipuladores del sistema de la Reserva Federal en la década de 1920 y 1930, tenía que decir en un discurso a los congresistas el 10 de junio de 1932:

«Abran los libros de Amtorg, la organización comercial del Gobierno soviético en Nueva York, los de Gostorg, la oficina general de la Organización del Comercio Soviético, y los del Banco Estatal de la URSS, y se sorprenderán de cuánto dinero americano ha salido del Tesoro de los Estados Unidos en beneficio de Rusia. Averigüen qué transacciones se han llevado a cabo entre el Banco Estatal de la URSS y el Chase Bank de Nueva York.»
Como nota aparte cabe señalar que la persistente oposición de McFadden a la Reserva Federal, una entidad ilegal que controla el Tesoro de los Estados Unidos, le costó tres atentados. Finalmente, murió en condiciones todavía no aclaradas.

  • ¿Cómo se sentiría si le dijesen que los Estados Unidos financiaron y ayudaron a construir el imponente poder de los soviets, el mismo estado comunista que asesinó a unos setenta millones de sus ciudadanos?
  • ¿Y que el poder en la sombra responsable de ello era también la primera familia banquera de los Estados Unidos que representa los ideales de la sociedad capitalista?
  • ¿Que los Estados Unidos transfirieron secretamente a Rusia la tecnología más sofisticada y cara del momento para así crear un enemigo visible para justificar los nuevos métodos de coerción y terror y ahora lo hacen con China, a expensas de sus propios compatriotas?

Tristemente, todo eso forma parte del gran diseño del Nuevo Orden Mundial. Para conseguir el Gobierno Mundial Único, controlado por los globalizadores, deben unirse diferentes naciones. Para que el público general acepte inicialmente los «beneficios» del Gobierno Mundial Único/CE, debe venderse la idea de que tal unión tiene ventajas y beneficios, como que el bloque de comercio libre no supondrá una pérdida de soberanía. El problema es que ya hoy hemos perdido nuestra soberanía. La CE ha invadido todos los aspectos de nuestra vida, atándonos a unos tratados desconocidos, unas leyes y unas regulaciones oscuras, muy difíciles de comprender. El Tratado de Maastricht es muy complejo y para entenderlo mínimamente debe leerse en conjunción con el Tratado de Amsterdam, el Tratado de Roma y la Ley Única Europea. ¿Es que los miembros de las Cortes han tenido el tiempo y los conocimientos necesarios para estudiarlos? ¿Cuántos saben realmente qué implican? Como ilustración sólo diré que en el debate parlamentario que hubo en Inglaterra acerca de los tratados mencionados (un paso que suponía nada menos que sustraer las libertades a los ciudadanos para transferirlas al organismo europeo), se les dio a los miembros del Parlamento británico un resumen de dos páginas de dichos tratados y se supone que debían tomar una decisión en base a ese único material.
¿Cómo se crea esa cacareada igualdad entre naciones y simultáneamente se convierte a los Estados Unidos en una provincia más del Nuevo Orden Mundial? En primer lugar, usando el dinero de los contribuyentes, el saber tecnológico y, tal como explica Gary Allen,
«el equipamiento del que sólo uno dispone, para alimentar a la competencia, y al mismo tiempo usar todas las taimadas estrategias imaginables para debilitar y empobrecer a tu país»
y al tiempo que se fortalece al enemigo, se asusta a la población diciéndole que la cooperación es necesaria porque sin acuerdos bilaterales el enemigo nos atacará.

Ahora ya sabe por qué, desde la Revolución Rusa - que no fue un levantamiento espontáneo - los defensores del Orden Mundial han defendido y llevado a cabo políticas dirigidas a incrementar el poder de la Unión Soviética.
En esencia, la Comisión Trilateral de Rockefeller fue fundada para acelerar la consecución del objetivo globalizador. El profesor Anthony Sutton, el mayor experto en el estudio de la contribución de la tecnología occidental a la creación del Estado Soviético, ofrece una evidencia irrefutable de que la capacidad industrial y militar soviética plasmada en,

«camiones, aviones, petróleo, hierro, petroquímicas, aluminio, ordenadores y demás, fue construida a expensas de los contribuyentes americanos para beneficio de la Unión Soviética, el mismo país que había jurado destruir a los Estados Unidos. Todo con el propósito de fabricar un enemigo y crear la paridad que permitiría, eventualmente, la convergencia en un Superestado, conocido como Gobierno Mundial Único». Como dice Gary Allen, «nadie ha intentado siquiera refutar las fuertes palabras de ese estudioso llamado Sutton».

En Wall Street And The Bolshevik Revolution, Sutton, afirma:
«La tecnología soviética no existía en realidad. El 90-95 % procedía directa o indirectamente de los Estados Unidos y sus aliados.»
¿Cuántos miles de millones se gasta los Estados Unidos para defenderse contra un enemigo fantasma, creado, alimentado y mantenido por ellos mismos? ¿Los costes justifican los medios? ¡Por supuesto que sí!

Recuerde, la Gran Fusión será controlada por el mismo Grupo Bilderberg-CFR-CT que está orquestando entre bastidores los bloques regionales y las uniones monetarias «temporales».

«Aunque parezca extraño - reflexiona Surton - parece que los Estados Unidos quieren que el enemigo siga siendo el enemigo.»
Sin un enemigo visible y justificable, ninguna población, a pesar de la manipulación, cederá voluntariamente sus derechos y libertades individuales. Sutton ofrece miles de pruebas documentales de sus hallazgos. Por ejemplo, la Marina Mercante Soviética, en el momento de escribir su libro, era la más grande del mundo, con unos 6.000 barcos.

Anthony Sutton declaró en 1972 ante un subcomité del Partido Republicano para decir:
«Unos dos tercios fueron enteramente construidos fuera de la Unión Soviética y cuatro de cada cinco motores de esos barcos fueron construidos también fuera del país.»
Y continúa Sutton,

«todos los automóviles, camiones, [armas, tanques, aviones] y tecnología soviética procede de Occidente. La organización Gorki, construida por las empresas Ford y Austin, produjo la mayor parte de los camiones utilizados para llevar el armamento suministrado por los soviéticos a Ho Chi Minh.
Las empresas de automóviles también pueden utilizarse para construir tanques. La misma organización Gorki, bajo el disfraz de un "comercio pacífico", produjo en 1964 el primer sistema antitanque guiado. Los soviéticos tienen la planta de hierro y acero más grande del mundo. Fue construida por la Corporación McKee. Es una copia de una fábrica de acero de Indiana, en Estados Unidos».
Sutton sostiene que el gobierno de los Estados Unidos es responsable directo del asesinato de 100.000 soldados estadounidenses muertos por medio de tecnología americana, como afirma de manera tajante:

«La única respuesta de Washington y la Administración [de Estados Unidos] es
esforzarse por esconder el escándalo.»
Nada de lo que digo tiene sentido si creemos las mentiras propagadas por el poder acerca de los «malvados» comunistas. A no ser, por supuesto, que el comunismo sea un señuelo necesario, la herramienta de una conspiración mucho más grande para dejar el mundo en manos de multimillonarios ávidos de poder, entonces todo aparece como perfectamente lógico. Rockefeller, sin embargo, no es en absoluto un poder independiente. Como explica Eustace Mullins en Murder by Injection: The Medical Conspiracy against America,

«los Rockefeller operan bajo esferas de influencia claramente definidas. Las
organizaciones "caritativas", las empresas y los grupos de influencia política, trabajan siempre conjuntamente. Ningún departamento del Grupo toma iniciativas por sí mismo o formula una política independiente. No hay justificación para eso, porque todo funciona bajo el control de la estructura financiera mundial, lo que significa que, cualquier día, toda la abundancia de una persona u organización puede verse reducida a cero mediante una hábil manipulación financiera. Éste es el control final que asegura que nadie pueda salirse de la organización. No sólo se le retirarían todos sus recursos, sino que entraría inmediatamente en la lista de un asesino a sueldo».
El congresista Larry McDonald, en su prólogo al libro El expediente Rockefeller, escribió:

«Ésta es una exposición concisa y escalofriante, de la que ha sido seguramente la historia más importante de nuestro tiempo: la idea de los Rockefeller y sus aliados de crear un Gobierno Único Mundial que combine el supercapitalismo y el comunismo bajo un mismo techo, todo bajo su control [ . .,] los Rockefeller y sus aliados llevan al menos cincuenta años siguiendo un cuidadoso plan para controlar Estados Unidos y el resto del mundo haciéndose con el poder político a través de su poder económico.»
El 31 de agosto de 1983, McDonald murió en un «accidente» a bordo de un avión comercial de Korean Airlines 007 en espacio aéreo soviético.


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