Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

viernes, 3 de septiembre de 2010

La gran impostura


Thierry Meyssan


LA GRAN IMPOSTURA
¡Ningún avión se estrelló en el Pentágono!

Nota del autor

Los documentos oficiales citados en este libro están disponibles en las direcciones de Internet indicadas en las notas. En caso de que fueran retiradas de las webs norteamericanas, también se encuentran agrupados y archivados en el servidor http://www.effroyable-imposture.net, donde el lector podrá consultarlos fácilmente.

Introducción


Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 fueron seguidos en directo por cientos de millones de personas paralizadas frente a la pantalla del televisor. El estupor ante la magnitud del ataque, la impresión ante la gratuidad de la violencia, aturdieron a todos los telespectadores, incluidos los comentaristas. La ausencia de información sobre la actitud de las autoridades norteamericanas, así como la espectacular violencia de las imágenes llevaron a las cadenas a repetir sin cesar la colisión de los aviones suicidas en las torres del World Trade Center y su desmoronamiento. Las exigencias del directo junto con el efecto sorpresa circunscribieron la información a una descripción de los hechos conocidos de inmediato e impidió toda comprensión global.

En los tres días que siguieron a los atentados, los oficiales entregaron a la prensa numerosa información suplementaria sobre los aspectos menos conocidos de esos acontecimientos. Pero ésta se diluyó en el ininterrumpido raudal de noticias relativas a las víctimas y los servicios de auxilio. Al cabo de los meses fueron apareciendo esporádicamente otros datos, como muchas otras anécdotas, sin que se situaran en su contexto.

Ese 11 de septiembre perdieron la vida varios miles de personas y para vengarlas se llevó a cabo una guerra en Afganistán. Sin embargo, los hechos siguen rodeados de misterio. Su descripción está llena de sucesos extraños, incertidumbres y contradicciones. A pesar de la desazón que inspiran, la opinión pública se ha contentado con la versión oficial, teniendo en cuenta que los imperativos de seguridad nacional no permiten a las autoridades estadounidenses contarlo todo.

Esta versión oficial no se sostiene con un análisis crítico. Vamos a demostrar que se trata sólo de un montaje. En algunos casos, los elementos que hemos recogido permiten restablecer la verdad. En otros, nuestras preguntas aún siguen sin respuesta, lo que no es una razón para seguir creyendo las mentiras de las autoridades. En cualquier caso, el dossier que hemos elaborado permite desde ahora poner en duda la legitimidad de la respuesta norteamericana en Afganistán y la «guerra contra el Eje del Mal».

Le invitamos a no considerar nuestro trabajo como una verdad definitiva. Al contrario, le invitamos al escepticismo. Confie únicamente en su espíritu crítico. Para que pueda comprobar nuestras imputaciones y formarse su propia opinión, hemos enriquecido el texto con muchas notas que le indicarán las principales fuentes.

En este periodo en que Estados Unidos separa el Bien del Mal, nos esforzaremos por recordarle que la libertad no es creer en una visión simplista del mundo, sino comprender, ampliar las opciones y multiplicar los matices.



PRIMERA PARTE
UNA ESCENIFICACIÓN SANGRIENTA

EL AVIÓN FANTASMA DEL PENTÁGONO

¿Recuerda el atentado contra el Pentágono? Los acontecimientos eran demasiado graves y tan repentinos que en ese momento fue imposible apreciar las contradicciones de la versión oficial.

El 11 de septiembre de 2001, poco antes de las 10 h, hora de Washington, el Departamento de Defensa publica un breve comunicado:

«El Departamento de Defensa sigue respondiendo al ataque perpetrado esta mañana a las 9 h 38. En este momento no se dispone de ninguna cifra sobre el número de víctimas. Los miembros del personal herido han sido trasladados a varios hospitales próximos. EÍ secretario de Defensa, Sr. Donald S. Rumsfeld, ha expresado su pésame a las familias de las víctimas fallecidas y heridas en este desaprensivo ataque y garantiza la dirección de las operaciones desde su centro de mando en el Pentágono. Todo el personal ha sido evacuado del edificio, mientras tos servicios de intervención de urgencia del Departamento de Defensa y de las poblaáones vecinas se enfrentan a las llamas y a las urgencias médicas. Las primeras estimaciones de los daños son considerables; no obstante, el Pentágono debería reabrir mañana por la mañana. Se están clasificando los lugares de trabajo sustitutivos de las partes siniestradas del edificio.» 1

La agencia Reuters, la primera en llegar al lugar de los hechos, anuncia que el Pentágono ha sido alcanzado por la explosión de un helicóptero. Esta noticia la confirma por teléfono Paul Begala, un consultor demócrata, a la Associated Press 2. Unos minutos más tarde, el Departamento de Defensa corrige la información: era un avión. Nuevos testigos contradicen a los primeros y dan crédito a la versión de las autoridades: Fred Hey 3 asistente parlamentario del senador Bob Ney, vio caer un Boeing mientras conducía por la autopista colindante con el Pentágono. El senador Mark Kirk 4 estaba saliendo del aparcamiento del Pentágono, tras desayunar con el secretario de Defensa, cuando se estrelló un gran avión. El secretario en persona, Donald Rumsfeld, sale de su despacho y se precipita al lugar de los hechos para ayudar a las víctimas.

Intervienen los bomberos del condado de Arlington. Se unen a ellos cuatro equipos de la FEMA, la agencia federal de intervención en situaciones de catástrofe, y bomberos especializados del aeropuerto Reagan. Hacia las 10 h 10', se hunde el ala del Pentágono afectada.

A la prensa se la mantiene alejada del lugar del drama para que no dificulte las tareas de los servicios de socorro y debe contentarse con filmar los primeros cadáveres (en mortajas) que se alinean en silencio en un improvisado hospital de campaña. Pero la Associated Press logra recuperar las fotografías de la llegada de los bomberos, tomadas por un particular desde un edificio cercano.

En esos momentos de confusión serán necesarias varias horas para que el jefe del Estado Mayor Interarmas, el general Richard Myers, indique que el «avión suicida» era el Boeing 757-200 del vuelo 77 de American Airlines, que enlazaba Dulles con Los Ángeles y del que los controladores aéreos habían perdido el rastro desde las 8 h 55'. Siempre de forma precipitada, las agencias de prensa aumentan la tensión hablando de cerca de ochocientos muertos. Una cifra poco realista que el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, se abstendrá de desmentir en su rueda de prensa del día siguiente, aunque el balance exacto, afortunadamente cuatro veces menor, se conozca entonces con precisión.5

Para todo el mundo, después de los atentados contra el World Trade Center, la conmoción es aún mayor: el ejército más poderoso del mundo no ha sido capaz de proteger su propia sede y ha sufrido graves pérdidas. Estados Unidos, considerado invencible, es vulnerable hasta en su propia tierra.

A primera vista, los hechos son indiscutibles. Y, no obstante, cuando se indaga en los detalles, las explicaciones oficiales resultan confusas y contradictorias.

Los controladores aéreos de la aviación civil (Federal Aviation Administration-FAA) explicaron a los periodistas del Christian Science Monitor 6 que, hacia las 8 h 55', el Boeing había descendido a veintinueve mil pies y no había respondido a las órdenes terminantes. Su transponedor había enmudecido, de manera que al principio pensaron que se trataba de una avería eléctrica. Luego, el piloto, que seguía sin responder, había encendido su radio de forma intermitente y desde ella se podía oír una voz con un fuerte acento árabe que lo amenazaba. El avión dio entonces media vuelta en dirección a Washington y luego perdieron su rastro.

De acuerdo con los procedimientos vigentes, los controladores aéreos locales notificaron a la sede de la FAA el desvío. La mayor parte de los responsables nacionales estaban ausentes, de viaje en Canadá para asistir a un congreso profesional. En la locura de ese día, los responsables de retén en la sede de la FAA creyeron recibir una enésima notificación sobre el segundo avión desviado hacia Nueva York. No fue hasta al cabo de media hora cuando comprendieron por fin que se trataba de un tercer avión desviado e informaron a las autoridades militares. Este error les hizo perder veintinueve valiosos minutos.

Interrogado el 13 de septiembre por la Comisión Senatorial de las Fuerzas Armadas, el jefe de Estado Mayor Conjunto, el general Richard Myers 7, fue incapaz de referir las medidas que se tomaron para interceptar el Boeing. De este animado intercambio con la más alta autoridad militar, los parlamentarios llegaron a la conclusión de que no se había realizado ninguna acción para interceptarlo (véase sin falta su comparecencia en el anexo). ¿Es posible creer que el ejército de Estados Unidos permaneciera pasivo durante los atentados?

Para contrarrestar el desastroso efecto de esta comparecencia, el NORAD (North American Aerospace Defense Command) publicó un comunicado 8 el 14 de septiembre. Además de completar los fallos de memoria del general Richard Myers, indicó que no había sido informado del desvío hasta las 9 h 24'. Aseguró haber dado la orden de inmediato a dos cazas F-16 de la base de Langley (Virginia) para que interceptaran el Boeing, pero la Air Force, al no saber dónde estaba, pensó que quizá se iba a cometer un nuevo atentado en Nueva York y mandó a los cazas hacia el norte. Un avión de transporte militar, que despegó de la base presidencial de Andrews, se cruzó con el Boeing por casualidad y pudo identificarlo. Demasiado tarde.

No es cierto que la versión del NORAD sea más honrosa que la del jefe de Estado Mayor Conjunto. ¿Es posible creer que el sistema de radar militar de Estados Unidos fuese incapaz de localizar un Boeing en una zona de varias decenas de kilómetros de radio? ¿Y que un gran avión de línea regular pueda despistar a potentes F-16 lanzados en su persecución?

Por tanto, es de suponer que si el Boeing había franqueado este primer obstáculo sería abatido al acercarse al Pentágono. Es obvio que el dispositivo de seguridad que protege el Departamento de Defensa es un secreto militar. Como el de la cercana Casa Blanca. Se sabe perfectamente que se reestructuró 9 por completo tras una serie de incidentes ocurridos en 1994, en especial el aterrizaje de un pequeño avión, un Cesna 150L, en el césped de la Casa Blanca. Se sabe también que este dispositivo antiaéreo comprende cinco baterías de misiles instalados en el Pentágono y cazas estacionados en la base presidencial de Andrews 10. Dos unidades de combate están permanentemente activos allí: el 113e Fighter Wing (Ala de caza) de la Air Force y el 321e Fighter Attack (Escuadrón de Caza y Ataque) de la Marina. Están equipados respectivamente con F-16 y F/A-18 y nunca habrían dejado que el Boeing se acercara.

No obstante, como dijo el teniente coronel Vic Warzinski, portavoz del Pentágono: «No éramos conscientes de que ese avión se dirigía hacia nosotros y dudo que antes del martes [11 de septiembre] alguien hubiera podido prever algo semejante» 11.

Así pues, tras despistar a sus perseguidores y franquear sin daños la defensa antiaérea más sofisticada, el Boeing terminó su vuelo en el Pentágono.

Un Boeing 757-200 12 es un carguero capaz de transportar a doscientos treinta y nueve pasajeros. Mide 47,32 metros de largo y tiene 38,05 metros de envergadura. Lleno, este avión pesa 115 toneladas y alcanza, con todo, una velocidad de crucero de 900 km/h.

En cuanto al Pentágono 13, es el mayor edificio administrativo del mundo.Todos los días trabajan en él 23.000 personas. Su nombre procede de su original estructura: cinco anillos concéntricos, de cinco lados cada uno. Fue construido no lejos de la Casa Blanca, aunque en la otra orilla del Potomac. Así pues, no se encuentra en el mismo Washington, sino en Arlington, en el vecino estado de Virginia.

Para causar los mayores estragos, el Boeing debería haberse estrellado contra el techo del Pentágono. A fin de cuentas era la solución más simple: la superficie del edificio es de veintinueve acres. En cambio, los terroristas prefirieron estrellarse contra una fachada, aunque su altura fuese sólo de veinticuatro metros.

El avión se acercó repentinamente al suelo, como para aterrizar. Manteniéndose en posición horizontal, descendió casi a la vertical, sin dañar las farolas de la autopista que bordea el aparcamiento del Pentágono, ni siquiera rozándolas con el soplo de su desplazamiento. Sólo una luz del aparcamiento quedó seccionada.

El Boeing chocó contra la fachada del edificio a la altura de la planta baja y la primera planta. Todo sin dañar el magnifico césped del primer plano, ni el muro, ni el aparcamiento, ni el helipuerto. En efecto, en ese lugar hay un área de aterrizaje para pequeños helicópteros.

A pesar de su peso (un centenar de toneladas) y de su velocidad (entre 400 y 700 kilómetros/hora), el avión sólo destruyó el primer anillo de la construcción.

El choque se notó en todo el Pentágono. El combustible del avión, que se almacena en las alas del aparato, se inflamó y el incendio se propagó por el edificio. Ciento veinticinco personas encontraron la muerte, a las que cabe añadir las sesenta y cuatro personas que viajaban a bordo del aparato.

La casualidad quiso que el avión chocara con una parte del Pentágono que estaba en reparación. Se acababa de acondicionar el nuevo Centro de Mando de la Navy 14. Varios despachos estaban desocupados, otros estaban ocupados por el personal civil encargado de la instalación, lo que explica que las víctimas fueran mayoritariamente civiles y que sólo hubiera un militar (un general) entre éstas.

Media hora más tarde se hundieron las plantas superiores.

Estos primeros elementos son poco verosímiles. El resto de la versión oficial es absolutamente imposible.

Si se incrusta la forma del avión en la foto del satélite, se puede comprobar que sólo el morro del Boeing penetró en el edificio. El fuselaje y las alas permanecieron en el exterior.

El avión se detuvo en seco, sin que sus alas golpearan la fachada. No se aprecia ningún rastro de impacto, salvo el de la nariz del avión. En realidad, deberían verse las alas y el fuselaje en el exterior, de hecho en el césped.

Mientras que el morro del avión está fabricado con carbono y las alas -que almacenan el combustible- pueden arder, el fuselaje de un Boeing es de aluminio y los reactores son de acero. Tras un incendio, el aparato tiene que dejar necesariamente restos calcinados. Si se remite a la fotografía de la Associated Press, se puede observar claramente que no hay avión. 

Sin embargo, la foto fue tomada en los primeros instantes: los camiones de bomberos ya habían llegado, pero los bomberos aún no se habían desplegado.

Durante la conferencia de prensa del 12 de septiembre 15, el capitán de bomberos del condado de Arlington, Ed Plaugher, precisó que sus hombres se habían empleado a fondo en la lucha contra la propagación del incendio en el Pentágono, pero que se mantuvieron apartados del lugar exacto de la colisión. Sólo los equipos especiales (Urban Search and Rescue) de la FEMA intervinieron en contacto con el avión.

En ese momento se estableció un diálogo surrealista:

               Periodista: «¿Qué queda del aparato?»

Jefe Plaugher. «En primer lugar, sobre el aparato... hay algunos fragmentos que podían verse desde el interior durante las operaciones de lucha contra el incendio del que le hablaba, pero no se trataba de pedazos voluminosos. En otras palabras, no hay ni trozos de fuselaje ni nada de este tipo.»

(...) Periodista: «Comandante, hay trocitos del aparato repartidos por todas partes, incluso en la autopista —pedazos minúsculos. Usted diría que el aparato estalló, literalmente estalló, en el momento del impacto debido al combustible o...»

Plaugher: «Sabe, preferiría no pronunciarme sobre este tema. Tenemos muchos testigos oculares que pueden informarle mejor sobre lo que le sucedió al aparato cuando se acercaba. Por consiguiente, no sabemos. Yo no lo sé.»
(...)
Periodista:«¿Dónde está el combustible del avión?...»

Plaugher. «Tenemos lo que suponemos que es un charco justo en el lugar donde pensamos que está el morro del avión», (sic)

Así, aunque oficiales, parlamentarios y militares pretendieran haber visto caer el aparato, nadie vio el menor pedazo de avión, ni siquiera el tren de aterrizaje: sólo fragmentos de metal no identificables. En cuanto a las cámaras de vídeo-vigilancia del aparcamiento del Pentágono, tampoco vieron el Boeing en ningún momento y desde ningún ángulo.

Recapitulemos la versión oficial: un Boeing desviado habría despistado a F-16 lanzados en su persecución y habría desbaratado el sistema de defensa antiaéreo de Washington. Habría aterrizado verticalmente en el aparcamiento del Pentágono, permaneciendo horizontal. Habría chocado contra la fachada a la altura de la planta baja. Sólo habría penetrado con el morro y el fuselaje en el edificio. Una de las alas, quizá las dos, habría ardido en el exterior, mientras que el fuseíaje se habría desintegrado en el interior. El combustible, almacenado en las alas, sólo habría ardido el tiempo suficiente para provocar un incendio en el edificio, para transformarse a continuación en un charco que se habría desplazado hasta el supuesto lugar del morro del avión.

A pesar del respeto que se debe a la alta calidad de los «testigos oculares», oficiales y parlamentarios, es imposible tragarse estas patrañas. Lejos de dar más crédito a sus declaraciones, la calidad de esos testigos subraya sólo la importancia de los medios desplegados por el ejército de Estados Unidos para tergiversar la verdad.

A fin de cuentas, esta extravagante fábula fue construida progresivamente, una mentira que llamaba a otra. Si nos referimos al comunicado inicial del Pentágono, citado al principio del capitulo, se observa que no se trataba de un Boeing. La teoría del «avión kamikaze» apareció sólo media hora más tarde. Asimismo, tampoco se trataba de cazas intentado interceptar al avión fantasma durante la comparecencia del jefe de Estado Mayor Conjunto. Fue sólo al cabo de dos días cuando el NORAD inventó el vagabundeo de los F-16.

La versión oficial no es más que propaganda. Lo que queda de ella es que ciento veinticinco personas murieron en el Pentágono y que un avión que transportaba a sesenta y cuatro pasajeros desapareció. ¿Cuál es la causa de la explosión que afectó al Pentágono? ¿Qué sucedió con el vuelo 77 de American Airlines? ¿Sus pasajeros murieron? Si es así, ¿quién los mató y por qué? Si no, ¿dónde están? Muchas preguntas a las que la Administración norteamericana debe responder.

Preguntémonos, sobre todo, lo que intento ocultar la versión oficial. El general Wesley Clark, antiguo comandante superior de las fuerzas de la OTAN durante la guerra de Kosovo, declaró al ser interrogado en la CNN el día después del atentado: «Desde hacía algún tiempo estábamos al corriente de que algunos grupos planeaban [un ataque contra el Pentágono], evidentemente no sabíamos lo bastante [para actuar].» 16 Esta enigmática afirmación no hace referencia alguna a un agresor extranjero, sino a las amenazas proferidas por milicias de extrema derecha contra el Pentágono. Deja entrever los enfrentamientos secretos que desgarran a la clase dirigente estadounidense.

La CNN entrevistó a Hosni Mubárak, el 15 de septiembre 17. En ese momento, el presidente egipcio no disponía de la misma información que nosotros. Ignoraba lo que un análisis detallado nos muestra. En cambio, tenía información confidencial sobre la preparación del atentado, que había transmitido varias semanas antes al Gobierno norteamericano.

Presidente Hosni Mubárak: (...) «Ningún servicio de información en el mundo tenía la posibilidad de decir que iban a utilizar vuelos comerciales, con pasajeros, para estrellarse contra las Torres y el Pentágono. Los que hicieron eso, debieron sobrevolar durante un tiempo esta región, por ejemplo. El Pentágono no es muy alto. Para lanzarse así sobre el Pentágono, un piloto debe haber sobrevolado esta zona para conocer los obstáculos que se encontraría volando a una altitud muy baja con un gran avión comercial antes de tocar el Pentágono en un lugar preciso. Alguien estudió esto muy bien, alguien sobrevoló detenidamente esta zona.»

CNN: «¿Está sugiriendo, si no le molesta que le haga esta pregunta, que pueda tratarse de una operación interior lo que a su parecer hay detrás de esto?»

Presidente Hosni Mubárak: «Francamente, no quiero sacar conclusiones precipitadas. Ustedes, en Estados Unidos, cuando atrapan a alguien, los rumores corren, dicen "oh, oh, no es un egipcio, es un saudí, un emiratí... Todo eso, son árabes, la gente piensa que son árabes... Es mejor esperar". Recordemos Oklahoma City. Enseguida circularon rumores que acusaban a los árabes, y no eran árabes, como sabemos... Déjennos esperar y ver cuáles serán los resultados de la investigación. Porque de todas las cosas perpetradas en Estados Unidos, no es fácil para los pilotos formados en Florida...Tanta gente se entrena para lograr la licencia de vuelo, eso no significa que sean capaces de tales acciones terroristas. Le hablo como antiguo piloto, lo sé muy bien, he pilotado aviones muy grandes, he pilotado cazas, conozco esto muy bien, no son cosas fáciles, por eso creo que no debemos sacar conclusiones demasiado precipitadas.»

Muchas personas que circulaban en coche por la autopista que bordea el Pentágono oyeron el estruendo de un avión que pasaba por encima de sus cabezas. El ruido era tan ensordecedor como el de un caza. No era como el de un avión comercial. Algunas personas afirman que vieron el aparato. Lo describen como un pequeño avión con capacidad para transportar de ocho a doce pasajeros, y no como un Boeing 757 18.

Danielle O'Brien, controladora aérea del aeropuerto de Dulles, relató a ABC News el comportamiento del aparato, observado desde el radar 19.Volaba a 800 km/h aproximadamente. Primero se dirigió hacia el espacio aéreo protegido de la Casa Blanca y el Capitolio, luego giró oblicua y bruscamente hacia el Pentágono. Para ella y sus compañeros, no existe duda alguna: teniendo en cuenta su velocidad y manejabilidad, no podía tratarse de un avión comercial, sino sólo de un aparato militar.

El artefacto penetró en el edificio sin causar daños importantes en la fachada. Atravesó varios anillos del Pentágono, abriendo un agujero cada vez más ancho en cada tabique que atravesó. El orificio final, con una forma perfectamente circular, medía aproximadamente 2,30 metros de diámetro. Al atravesar el primer anillo del Pentágono, el aparato provocó un incendio, tan colosal como repentino. Inmensas llamas salían del edificio lamiendo la fachada. Se consumieron igual de rápido, dejando detrás de sí una nube de hollín negro. El incendio se propagó a una parte del primer anillo del Pentágono y a dos pasillos perpendiculares. Fue tan súbito que las protecciones antiincendio resultaron ineficaces.

Todos estos testimonios y observaciones pueden corresponderse al disparo de un misil de última generación de tipo AGM, dotado de una carga vacía y punta de uranio empobrecido de tipo BLU, guiado por GPS. Este tipo de artefacto se asemeja a un pequeño avión civil, pero no es un avión. Produce un silbido comparable al de un caza y puede ser guiado con bastante precisión para entrar por una ventana, atravesar los blindajes más resistentes y provocar -independientemente de su efecto de perforación- un incendio instantáneo que desprende un calor de más de 2.000° C.

En resumen, sólo un misil del ejército de Estados Unidos de América que emita un código amigo puede entrar en el espacio aéreo del Pentágono sin que se desencadene la descarga de contramisiles. Este atentado sólo puede haber sido cometido por militares norteamericanos contra otros militares norteamericanos.

Si la administración Bush falsificó el atentado del Pentágono para enmascarar problemas internos, ¿no pudo ocultar también algunos elementos de los atentados ocurridos en el World Trade Center?

CÓMPLICES EN TIERRA

Recordemos la presentación que se ofreció de los atentados de Nueva York. El martes 11 de septiembre de 2001, a las 8 h 50', la cadena de televisión de noticias 24 horas CNN interrumpe su programación para anunciar que un avión de línea regular ha chocado contra la torre norte del World Trade Center. Como no tenía imágenes de la catástrofe, emite en pantalla un plano fijo de los tejados de Manhattan que permite ver espirales de humo que escapan de la torre.

A primera vista se trata de un espectacular accidente de aviación. Las compañías norteamericanas de transporte, al borde de la quiebra, mantienen su flota cada vez peor. Los controladores aéreos ofrecen un servicio poco fiable. El no seguimiento generalizado de la reglamentación autoriza el vuelo anárquico por encima de las aglomeraciones urbanas. Por consiguiente, lo que habría podido pasar acabó sucediendo.

Sin embargo, no se puede descartar, como la CNN menciona sin cesar, que este choque no fuese accidental. Se trataría entonces de una acción terrorista. Recordemos que el 26 de febrero de 1993 un camión bomba estalló en el segundo sótano del aparcamiento del World Trade Center, causando la muerte a seis personas e hiriendo a un millar más. El atentado se había atribuido a una organización islámica dirigida, desde la misma Nueva York por el jeque Omar Abdul Rahman. Para los comentaristas de la CNN, si el choque era un atentado probablemente sería obra de otro integrista islámico, el ex militar saudí Osama bin Laden. Por una fatwa, de fecha 23 de agosto de 1996, este financiero, refugiado en Afganistán, hizo un llamamiento a la guerra santa contra Estados Unidos e Israel. Se le atribuyen los atentados perpetrados el 7 de agosto de 1998 contra las embajadas norteamericanas de Nairobi (Kenia) y Daar-es-Salam (Tanzania). En unos años se ha convertido en el «enemigo público n.° 1 de Estados Unidos». El FBI puso precio a su cabeza: cinco millones de dólares. El consejo de seguridad de la ONU pidió al Gobierno talibán su extradición. 

Desde el 5 de febrero de 2001, Estados Unidos lo está juzgando precisamente en rebeldía en Nueva York.

Unas tras otras, las cadenas de televisión norteamericanas conectan en directo con Nueva York. A las 9 h 03' un segundo avión de línea regular se estrella contra la torre sur del World Trade Center, El choque se produce cuando muchas cadenas difundían imágenes de la torre norte en llamas. Por consiguiente, se filma desde varios ángulos y millones de telespectadores lo viven en directo. Es evidente que Estados Unidos debe hacer frente a acciones terroristas en su propio territorio. Por miedo a atentados con coches bomba, la Autoridad del Puerto de Nueva York cierra al tránsito todos los puentes y túneles del barrio de Manhattan {¡vaya, se teme la acción de comandos de tierra!). A las 9 h 40', la policía de Nueva York informa a la población de que nuevos aviones pueden estrellarse contra otras torres. A las 10 h, cuando se anuncia otro ataque en el Pentágono, se hunde la torre sur del World Trade Center. Una nube de polvo cubre Manhattan. Se menciona un posible balance de varias decenas de miles de muertos. La combustión del avión había desprendido un calor tan intenso que las estructuras metálicas de los edificios no habían podido resistir.

El gobernador de Nueva York, George Pataki, cierra todas las oficinas oficiales de su Estado y requiere a la Guardia Nacional. «Tengo amigos en esas torres, pienso en ellos, en su familia, y nos esforzamos por dar apoyo a todos los que han resultado afectados por esta tragedia», declara. A las 11 h 02', el alcalde Nueva York, Rudolph Giuliani, se dirige a los neoyorquinos hablando por teléfono en una emisión de Nueva York One: «A los que no están en Manhattan en este momento, permanezcan en casa o en la oficina. Si se encuentran en el centro de negocios, diríjanse con calma hacia el norte, fuera de la zona de ataque, para no obstaculizar las operaciones de socorro. Tenemos que salvar a tanta gente como sea posible». Una densa multitud, de varias decenas de miles de personas, franquea entonces los puentes (ya cerrados al tránsito rodado) para huir de Manhattan.

A las 17 h 20', el edificio 7 del World Trade Center, que no ha sido tocado por los aviones, se desmorona a su vez, sin causar víctimas. Los servicios de urgencia de Nueva York piensan que el edificio ha sido afectado por el hundimiento de los dos precedentes. Por una especie de efecto dominó, a su vez otros edificios vecinos estarían a punto de caerse. La alcaldía de Nueva York encarga treinta mil body bags (mortajas).

Por la tarde y en los días posteriores, se reconstruye el guión del ataque: fundamentalistas islámicos, de las redes de Bin Laden, organizados en equipos de cinco y armados con cúteres, desviaron aviones de línea regular. Fanáticos, se sacrificaron precipitando sus aviones kamikaze contra las torres.

A primera vista, los hechos son indiscutibles.Y, con todo, cuanto más se entra en los detalles, más contradicciones aparecen.

Los dos aviones fueron identificados por el FBI como Boeing 767 pertenecientes, el primero, a American Airlines (vuelo 11, Boston-Los Ángeles) y el segundo a United Airlines: (vuelo 175, Boston-Los Angeles). Las compañías reconocieron haber perdido esos aviones.

Gracias a algunos pasajeros que con sus teléfonos móviles llamaron a sus allegados en el transcurso de la operación, se sabe que los piratas aéreos agruparon a los viajeros en la parte trasera del avión, como se hace habitualmente para aislar al personal técnico. Su acción fue facilitada por el escaso número de pasajeros: noventa y uno en el vuelo 11 y cincuenta y seis en el vuelo 175 de un total de doscientas treinta y nueve plazas por aparato.

Según las informaciones desveladas por teléfono por los pasajeros, los piratas no llevaban armas blancas 20. Después de cerrar el espacio aéreo estadounidense, todos los aviones en vuelo aterrizaron y fueron registrados por el FBI. En dos de ellos, el vuelo 43 (Newark-Los Angeles) y el vuelo 1729 (Newark-San Francisco), se descubrieron cúteres idénticos escondidos debajo de los asientos. 

Los investigadores extrapolaron que todos los piratas aéreos utilizaban este modelo de cúter. Más tarde, la CÍA descubrió, en una casa donde Osama bin Laden había residido en Afganistán, bolsas de cúteres que atestiguaban que los fundamentalistas habían recibido formación para su manejo.

No obstante, es difícilmente concebible que el patrocinador de los atentados hubiese descuidado suministrar armas de fuego a sus hombres, con el riesgo de ver fracasar su operación total o parcialmente. Sorprende todavía más porque es más fácil pasar el control de los aeropuertos con pistolas 21 adaptadas que con cúteres.

¿Por qué plantearse tales preguntas? En el imaginario colectivo, como es bien sabido, a los árabes, por tanto a los fundamentalistas islámicos, les gusta degollar a sus víctimas. Los cúteres permiten deducir que los piratas aéreos eran árabes, lo que está por demostrar.

Antes de llegar a Nueva York, los aviones tuvieron que disminuir considerablemente la altitud, de manera que los pilotos pudieran ver las torres de frente y no debajo.Vista desde el cielo, una ciudad parece un plano y todas nuestras referencias visuales desaparecen. Para chocar contra las torres, era necesario colocarse a muy baja altitud.

No sólo los pilotos tuvieron que ajustar la altitud del choque, sino también posicionar los aparatos lateralmente. El ancho de las Torres Gemelas es de sesenta y tres metros con setenta. La envergadura de un Boeing 767 es de cuarenta y siete metros con sesenta. En los vídeos se observa que los aparatos chocaron con precisión en el centro de sus blancos. Un simple desplazamiento de cincuenta y cinco metros con sesenta y cinco y los aviones habrían fallado su blanco. A velocidad media (700 km/h), esta distancia se recorre en tres décimas de segundo.Vista la poca manejabilidad de estas máquinas, es una proeza para pilotos curtidos y con más razón para aprendices de piloto.

El primer avión llegó perfectamente de frente, en dirección del viento, lo que facilitó su estabilización. Pero el segundo se vio obligado a realizar una compleja maniobra de rotación, particularmente difícil de cara al viento. Con todo, chocó, éste también, contra una torre, a una buena altura y en el centro.

Pilotos profesionales entrevistados confirman que entre ellos pocos son capaces de planear una operación así y para pilotos aficionados la excluyen formalmente. En cambio, existe un medio infalible para lograr ese objetivo: utilizar balizas. Una señal emitida desde el blanco atrae al avión, que es guiado automáticamente. Por otra parte, la existencia de una baliza en el World Trade Center es atestiguada por radioaficionados que registraron su señal. Fue detectada porque interfería las emisiones de las antenas de televisión situadas en las torres. Es probable que la señal se activara en el último momento para evitar que se descubriera y fuera destruida. Es posible que los piratas utilizaran dos balizas, ya que una sola habría servido difícilmente a pesar de la alineación de los blancos. De todas maneras, les hacían falta cómplices en tierra.Y si los tenían, no era necesario disponer de muchos piratas a bordo. Un pequeño equipo era suficiente para situar el aparato en piloto automático.

Además, ni siquiera se necesitaba tener piratas embarcados, ya que no era necesario retener a rehenes: pirateando los ordenadores de a bordo antes del despegue es posible tomar el control del aparato en vuelo gracias a la tecnología Global Hawk puesta a punto por el Departamento de Defensa 22. De esta manera, el Boeing se puede teleguiar como un autómata, un avión sin piloto.

A continuación, las Torres Gemelas se desmoronaron sobre sí mismas. La FEMA {Federal Emergency Management Agency) encargó una comisión de investigación a la Sociedad Norteamericana de Ingenieros Civiles (ASCE). Según el informe preliminar, la combustión del carburante de los aviones habría desprendido un formidable calor que habría fragilizado la estructura metálica central.

Las asociaciones de bomberos de Nueva York y la revista profesional Fire Engineering 23 rechazan con vigor esta teoría y, con la ayuda de cálculos, aseguran que esas estructuras podían resistir mucho tiempo al fuego. Los bomberos afirman haber oído explosiones en la base de los edificios y reclaman la apertura de una investigación independiente 24. Se preguntan sobre las sustancias que había almacenadas en los edificios y, a falta de respuestas, sobre las explosiones criminales que implicaban a un equipo en tierra. Un célebre experto del New México Institute of Mining and Technology, Van Romero, asegura que el hundimiento sólo puede haber sido causado por explosivos 25.Ante la presión pública, se retracta.

Sea como sea, el choque de los aviones no permite explicar la caída de un tercer edificio, ía Torre 7. La hipótesis de una desestabilización de los cimientos fue descartada por la Sociedad Norteamericana de Ingenieros Civiles: en efecto, la Torre 7 no se inclinó, sino que se desmoronó sobre sí misma. La pregunta ya no es «¿fue dinamitada?», sino «¿qué otra hipótesis puede formularse?»

Aquí es donde interviene una exclusiva del New York Times 26. El World Trade Center, que se creía era un blanco civil, escondía un blanco militar secreto. Quizá miles de personas perecieron porque servían, sin saberlo, de escudos humanos. La Torre 7 —aunque quizá también otros edificios y los sótanos— escondía una base de la CÍA 27. En los años cincuenta, cuando era una simple oficina de espionaje de las delegaciones extranjeras en la ONU. Esta base, con Bill Clinton, había extendido ilegalmente sus actividades al espionaje económico de Manhattan. Los principales recursos del aparato de información norteamericano habían sido desplazados del espionaje antisoviético a la guerra económica. La base de la CÍA en Nueva York se había convertido en el centro mundial de la inteligencia económica más importante. Esta reorientación de la información era fuertemente puesta en duda por el sector más tradicional de la CÍA y por el Estado Mayor Conjunto.

Retrospectivamente podemos preguntarnos si el blanco del atentado cometido en el World Trade Center el 26 de febrero de 1993 (seis muertos, un millar de heridos) no sería esa estación secreta de la CÍA, aunque en esa época mucho menos desarrollada.

Sabiendo que a la hora del primer choque en las Torres Gemelas había entre treinta y cuarenta mil personas y que cada torre tenía más de cien plantas, como mínimo había una media de ciento treinta y seis personas por planta. El primer Boeing chocó contra la torre norte entre las plantas 80 y 85. Los ocupantes de esos niveles perecieron de inmediato, ya sea bajo el efecto del choque, ya sea durante el incendio que siguió al choque. Las personas situadas en las plantas superiores se vieron atrapadas, puesto que el incendio se propagó hacia arriba. Algunas prefirieron saltar al vacío antes que sucumbir a las llamas. En definitiva, la estructura se hundió. Todas las personas situadas en las treinta plantas superiores fallecieron. Según el cálculo medio, deberían haber sido como mínimo cuatro mil ochenta.

Ahora bien, según el balance oficial del 9 de febrero de 2002, los dos atentados de Nueva York habrían provocado un total de dos mil ochocientos cuarenta y tres muertos (número total incluyendo a los pasajeros y a la tripulación de los Boeing, los policías y bomberos víctimas del desmoronamiento de la torres y los usuarios de las torres) 28. Este balance es muy inferior a las estimaciones iniciales y deja pensar que, a pesar de las apariencias, los atentados no buscaban provocar pérdidas humanas a la máxima escala. Al contrario, fue necesaria una intervención previa para que muchas personas, al menos las que trabajaban en las plantas superiores, estuvieran ausentes de sus oficinas a dicha hora.

Así, el periódico israelita Ha'aretz desveló que Odigo, una empresa líder en materia de mensajería electrónica, recibió mensajes de alerta anónimos donde se informaba de los atentados de Nueva York dos horas antes de que ocurrieran. Los hechos fueron confirmados al periódico por Micha Macover, director de la empresa 29. Avisos de todo tipo habrían podido ser enviados a los ocupantes de la torre norte, aunque probablemente no todos los tomaran en serio del mismo modo.

En este atentado encontramos un esquema comparable al del atentado perpetrado en Oklahoma City, el 19 de abril de 1995. Ese día, a una gran parte de los funcionarios que trabajaban en el edificio federal Alfred P. Murrah se les había dado fiesta por la tarde, de manera que la explosión de un coche bomba «sólo» mató a ciento sesenta y ocho personas. Un atentado del que hoy en día se sabe que fue cometido por militares pertenecientes a una organización de extrema derecha infiltrada por el FBI 30.

Por consiguiente, en Oklahoma City el FBI dejó que se cometiera un atentado del que había sido informado, pero había limitado su alcance.

Escuchemos ahora esta curiosa confesión del presidente George W. Bush. Se produjo durante un encuentro en Orlando, el 4 de diciembre 31.

Pregunta: «Lo primero que querría decirle, señor Presidente, es que nunca sabrá todo lo que ha hecho por nuestro país. Lo segundo es esto: ¿qué sintió cuando fue informado del ataque terrorista?»

Presidente George W. Bush: «Gracias, Jordan. Sabe Jordan, no me creerá sí le digo en qué estado me sumió la noticia de este ataque terrorista. Estaba en Florida.Y mi secretario general, Andy Card —en realidad, me encontraba en una aula hablando de un programa de aprendizaje de lectura particularmente eficaz— estaba sentado fuera de la clase, esperando el momento de entrar, y vi un avión que chocaba contra la torre —la tele estaba, claro está, encendida.— Y como yo mismo he sido piloto, me dije, pues vaya, qué mal piloto. Dije, debe tratarse de un horrible accidente. Pero [entonces] me llevaron [a la clase] y no tuve tiempo de pensar en eso. Estaba pues sentado en el aula y Andy Card, mi secretario general que puede ver sentado allí, entró y me dijo "Un segundo aparato se ha estrellado contra la torre, Norteamérica está siendo atacada". De hecho Jordan, al principio no supe qué pensar. Sabe, crecí en una época en la que nunca se me hubiese ocurrido que Norteamérica pudiera ser atacada —probablemente su padre o su madre pensaban como yo-.Y en este corto intervalo me puse a pensar intensamente en lo que eso significaba, ser atacado.Y sabía que cuando dispusiera de todos los hechos [que confirmaran] que habíamos sido atacados, el precio sería el infierno por haberla tomado con Nortemérica (aplausos).»

Así pues, según sus propias declaraciones, el presidente de Estados Unidos vio imágenes del primer choque antes de que ocurriera el segundo. Esas imágenes no pueden ser las que tomaron por casualidad Jules y Gédéon Naudet. En efecto, los hermanos Naudet estuvieron todo el día rodando en el World Trade Center y su vídeo sólo lo difundió la agencia Gamma trece horas más tarde. Se trata, por tanto, de imágenes secretas que le fueron transmitidas sin demora en la sala de comunicación de seguridad que se había instalado en la escuela de primaria en previsión a su visita. Pero si los servicios de información estadounidenses pudieron filmar el primer atentado es porque habían sido informados previamente.Y en ese caso, ¿por qué no hicieron nada para salvar a sus compatriotas?

Recapitulemos nuestra información: los terroristas disponían del apoyo logístico de equipos en tierra. Activaron una o dos balizas, previnieron a los ocupantes de las torres para limitar la catástrofe humana y dinamitaron tres edificios.Todo bajo la mirada de unos servicios de información tan atentos como pasivos.

¿Una operación así pudo ser concebida y dirigida desde una cueva de Afganistán y realizada por un puñado de fundamentalistas islámicos?

Continúa aquí.

NOTAS
 Este comunicado se ha extraído del servidor de Internet del Departamento de Defensa. Se puede consultar en la web de archivos de la Universidad de Yale, http://www.yale.edu/lawweb/avalon/sept 11/dod brief03.htm

2 «Part of Pentagon Collapse after Terrorists Crash Plane into Building», noticia de la Associated Press del 11 de septiembre de 2001

3 «The Day the World Changed», en The Christhn Science Monitor, 17 de septiembre de 2001, http://www.csmonitor.com

4 «Inside the Pentagon Minutes before Raid», porRick Pearson, en Chicago Tribune, 12 de septiembre, http://www.chicagotribune.com

5 Dod News Briefing, 12 de septiembre de 2001, 15 h 25'

6 Special Edition, Christian Science Monitor del 17 de septiembre de 2001, descargable en http://www.csmonitor.com/pdf/csm200l 0917.pdf
8 Disponible en http://www.peterson.af.mil/norad/presrelNORADTimelines.htm Véase también «Military Alerted Before Attacks», por Bradley Graham, en el Washington Post del 15 de septiembre de 2001

9 Cf. Public Report of the White House Security Review (10 de mayo de 1995), http://www.fas.org/irp/agency/ustreas/usss/t1pubrpt.html

10 Página oficial de la base de Andrews http://www.dcmilitary.com/baseguides/airforce/andrews

11 En Newsday, 21 de septiembre de 2001

12 Según la información comunicada por el constructor http://www.boeing.com/commercial/757-200/product:htrml

13 Visita virtual al Pentágono en: http://www.defenselink.mil/pubs/pentagon

14 «Inside the Ring», crónica de Bill Gertz, en el Washington Times del 21 de septiembre de 2001. http://www.washtimes.org

15 Conferencia de prensa presidida por la secretaria adjunta de Defensa,Victoria Clarke, Pentágono, 12 de septiembre de 2001. http://www.defenselink.mil/news/Sep2001/t09122001_t0912asd.html

16 Nation's Capital Under State of Emergency, CNN del 12 de septiembre de 2001, http://www.cnn.com (localización original del artículo http://www.cnn.com/2001/US/09/11/dc.terrorism/index.html

17 Texto íntegro disponible en el servidor de la presidencia egipcia http://www.presidency.gov.eg/html/14-Sept2001_press_2.html

18 «Up to 800 Possibly Dead at Pentagon», por James McIntyrey Matt Smith, en CNN de 11 de septiembre de 2001. http://www.cnn.com/2001/US/09/11/pentagon.terrorism/ y «Three-star General may Be Among Pentagon Dead», por lan Christopher McCaleb, en CNN del 13 de septiembre de 2001,

19 «Get These Planes on the Ground», en ABC News de 24 de octubre de 2001, http://www.abcnews.go.coin/sections/2020/2020/2020-011024-act-feature.hmtl y en National Air Trame Controllers Association (AFl-Cio), web http://www.septemberll.nacca.org/NewsArticles/DaniellOBrien.htm

20 Salvo en el vuelo 93 que estalló en Pensilvania, los pasajeros indicaron que los piratas disponían de una caja que decían que era una bomba

21 Las pistolas sintéticas no son localizables por el detector de metales. Véase por ejemplo http://www.glock.com

22 Global Hawk, the DoD's Newest Unmaned Air Vehicle, Departamento de Defensa, febrero de 1997 http://www.defenselink.mil/photos/Fcbl997/970220-D-0000G-001.html

23 «Selling Out the Investigation», por Bill Manning, Fire Engineering, enero de 2002. Véase también «WTC Investigation? A Call to Action» (petición publicada en el mismo número de la revista)

24 Por ejemplo, el testimonio del bombero Louie Cacchioli (Brigada 47) http://people.aol.com/people/special/0.11859.174592-3.00.html

25 «Explosives Planted in Towers, N.M.Tech Expert Says» por Olivier Uyttebrouck, en Albuquerque Journal del 11 de septiembre de 2001. Retractación en «Fire, Not Extra Explosives, Doomed Buildings, Expert Says» por John Fleck, en Albuquerque Journal del 21 de septiembre de 2001, http://www.abqjournal.com

26 «Secret C.I.A. Site in New York was Destroyed on Sept. 11», por James Risen, The New York Times, 4 de noviembre de 2001, http://www.nytimes.com

27 Tuvimos conocimiento de varios testimonios según los cuales la base de la CÍA se encontraba en los niveles 9 y 10 de la Torre 7. Al parecer se utilizaba como cobertura la New York Electric Crime Task Force, vinculada al Servicio Secreto. Las mismas fuentes han hecho llegar fotografías de la Torre 7, tomadas después del hundimiento de la torre sur, en las que se distingue claramente un incendio en el nivel 9. No pudimos comprobar la autenticidad de las fotografías y la veracidad de la información.

28 El último balance de víctimas del World Trade Center es de 2.843 muertos, noticia de la Associated Press del 9 de febrero de 2002. Esta cifra es la avanzada por la ciudad de Nueva York. En cuanto a la agencia de prensa, obtiene una cifra inferior, de 2.799 muertos

29 Ha'aretz del 26 de septiembre de 2001, http://www.haaretzdaily.com Información recuperada por Daniel Sieberg en la CNN: «FBI Probing "Threating" Message, Firm Says» (28 de septiembre). http://www.cnn.com Véase también «Instant Messages To Israel Warned of WTC Attack» por Brian McWilliams, en Newsbytes del 27 de septiembre, y «Odigo Clarines Attack Messages», del mismo autor en la edición del día siguiente, en http://www.newsbytes.com. Esta información fue difundida de forma tergiversada por algunos medios de comunicación para dar crédito a la versión de que los atentados habían sido perpetrados por el Mossad y que éste había advertido previamente sólo a los trabajadores judíos del WTC. En realidad, Odigo envió mensajes de alerta utilizando su propia capacidad técnica, sin posibilidad alguna de discriminar a los destinatarios.

30 A Force upon the Plain; the American Mititia Movement and the Politics of Hate, por Kenneth Stern, Simón & Schuster ed., 1996.Véase también la primera parte de The Secret Life of Bill Clinton: the Unreported Stories de Ambrose Evans-Pritchard, Regnery Pubhshind,1997

31 Remarks by the President in Town Hall Meeting, Orange County Convendon Center, Orlando, Florida, http://www.wiutehouse.gov/news/releases/2001/12/print/2O011204-17.html
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