Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

sábado, 4 de junio de 2016

De la mitología hindú al catastrofismo científico

En la línea de algunos artículos precedentes sobre la llamada historia cíclica, me complace presentar aquí el trabajo del investigador independiente indio Bibhu Dev Misra, graduado del Instituto Indio de Tecnología y del Instituto Indio de Management, pero que desde que hace años viene escribiendo sobre temas relacionados con las antiguas civilizaciones, los mitos, los símbolos, la religión y la espiritualidad.

Lo que este autor indio nos propone es una revisión en clave científica de la antigua mitología hindú, en particular las referencias a los grandes ciclos de creación y destrucción de la vida en el Universo (“Días y Noches de Brama”), cuya duración coincidiría muy aproximadamente con la de los periodos en que se ha identificado una importante aparición o extinción de especies.

Según Bibhu Dev Misra, la evolución de las especies, así como la evolución humana, no encaja en una dinámica de selección natural. Desde su punto de vista, los cambios observados en el mundo natural se explicarían mucho mejor en un contexto de catastrofismo cíclico a gran escala porque el registro fósil aceptado por la comunidad científica no muestra precisamente una “evolución morfológica gradual” sino cambios relativamente bruscos, con la súbita aparición de nuevas especies y la extinción de otras antiguas, todo ello tras periodos de invariabilidad de millones de años.

Y aun reconociendo que posiblemente su argumentación mitológica peca de muchas licencias y especulaciones, no deja de ser muy significativo que algunas posturas creacionistas se vayan acercando a los datos científicos y a los enfoques relacionados con la conciencia, entendida como generadora de todas las posibles realidades.

Evolución por catástrofe: ¿señal de un Diseño Inteligente?

En un artículo anterior titulado Un Día y Noche de Brahma: La evidencia de los registros fósiles, he señalado que el período de tiempo entre dos eventos sucesivos de “disolución cósmica”, tal como se menciona en los antiguos textos védicos, es de 24 millones de años. Esto tiene una correlación sorprendente con los datos de los registros fósiles, que nos dicen que cada 26 millones de años hay una extinción masiva de especies en la Tierra.


Representación de Brahma

Los textos védicos nos hablan de un gran ciclo de tiempo conocido como el Día de Brahma que se extiende durante 12 millones de años. Al final de un Día de Brahma todas las formas de vida del universo son destruidas. Esto es seguido por una Noche de Brahma, que es de igual duración que el Día de Brahma, y en la cual no existen formas de vida. Al final de la Noche de Brahma, el universo es creado una vez más por Vishnu a partir de la materia no manifestada. Así pues, tenemos un periodo cíclico de 24 millones años de creación y disolución cósmica, al igual que el ciclo precesional de 24.000 años y las 24 horas del día y la noche.

Incluso las fechas de los eventos de extinción anteriores, proyectados a partir de la información contenida en el Vishnu Purana, se correlacionan con las fechas calculadas por Raup y Sepkoski partir de los datos fósiles. De acuerdo con el Vishnu Purana, han transcurrido aproximadamente 5,5 millones de años desde el comienzo del actual Día de Brahma. Por lo tanto, los eventos de destrucción anteriores deberían haber tenido lugar según los siguientes plazos: hace 17,5 millones de años, 41,5 millones de años y 65,5 millones de años. Esto coincide muy aproximadamente con las fechas calculadas por Sepkoski: hace 11 millones de años, hace 38 millones de años y hace 65 millones de años. Las pequeñas variaciones son posiblemente debido a que el ciclo de 24 millones de años del Día y la Noche de Brahma puede fluctuar entre 22 millones y 26 millones de años, con un valor de media de 24 millones de años. La periodicidad exacta de esta fluctuación no está clara. Además, las fechas calculadas por Raup y Sepkoski son aproximadas, y otros científicos han llegado a valores ligeramente diferentes.

El ciclo de 26 millones de año de la extinción en masa tiene importantes implicaciones para la biología evolutiva. De acuerdo con el darwinismo, el proceso evolutivo es gradual, y se lleva a cabo a través de la selección natural. Sin embargo, los datos paleontológicos nos dicen algo muy diferente. Además, la evolución parece estar guiada por factores extraterrestres [1]. La presencia de mayores niveles de iridio en las capas de suelo en los contornos geológicos, así como el descubrimiento de cráteres de impacto en la Tierra que coinciden con la periodicidad de las extinciones, han convencido a los científicos de que los eventos de extinción han sido desencadenados por impactos de grandes cuerpos procedentes del espacio exterior.

David Raup, paleontólogo de la Universidad de Chicago, quien –junto a Sepkoski– había identificado la periodicidad de las extinciones en los registros fósiles, afirma lo siguiente:
“Las implicaciones de la periodicidad para la biología evolutiva son profundas. La más obvia es que el sistema evolutivo no está “solo” en el sentido de que es parcialmente dependiente de influencias externas más profundas que los cambios ambientales locales y regionales que suelen tenerse en cuenta [...] Con tasas estimadas de desaparición de especies tan elevadas como el 77% y el 96% para las mayores extinciones, la biosfera es forzada a través de estrechos cuellos de botella y la recuperación de estos eventos suele ir acompañada de cambios fundamentales en la composición biótica. Sin estas perturbaciones, el curso general de la macroevolución podría haber sido muy diferente.”[2]
Afirma además que
“las mayores extinciones masivas producen una importante reestructuración de la biosfera en la que algunos grupos exitosos son eliminados, permitiendo que los grupos anteriormente menores se amplíen y diversifiquen [...] Hay pocas pruebas de que la extinción sea selectiva en el sentido positivo sostenido por Darwin. Por lo general ha sido imposible predecir, antes del hecho, qué especies serán víctimas de un evento de extinción.”[3]
Las observaciones de Raup acerca de que la extinción o supervivencia de una especie es un evento azaroso tienen el apoyo de los estudios realizados por el paleobiólogo John Alroy de la Universidad Macquarie, el cual dice que 
“la extinción masiva cambia fundamentalmente la dinámica. Se cambia la composición de la biosfera para siempre. Simplemente no se puede predecir a los ganadores y perdedores a partir de lo que han hecho antes los grupos.”[4] 
El evento de extinción masiva en sí es de corta duración, muy a menudo por debajo de la capacidad de resolución del registro geológico (inferior a 10.000 años), y posiblemente instantánea.


S. J. Gould

Por lo tanto, la “evolución por catástrofe” (un término usado por Rampino en la Enciclopedia de las ciencias planetarias) está en marcado desacuerdo con los habituales conceptos darwinianos de la evolución. Cabe reseñar ahora que en 1972 los paleontólogos de la Universidad de Harvard Steven Jay Gould y Niles Eldredge desarrollaron independientemente una nueva escuela de pensamiento evolutivo conocida como equilibrio puntuado. Propusieron que la especiación se produce rápidamente en momentos de estrés ambiental, y que los largos intervalos –de millones de años– entre la especiación están marcados por la estasis (inmovilidad) en general, con poco cambio evolutivo. La mayoría de las especies surgen en el registro fósil mostrando el mismo aspecto que cuando desaparecen. Y en tiempos de estrés ambiental, la especiación tiene lugar bruscamente en el espacio de unos pocos miles de años. Las nuevas especies aparecen todas a la vez y “totalmente formadas”.

Gould y Eldredge creen que la especiación se produce muy rápidamente en los momentos de estrés, de forma que hay muy poco tiempo para que las formas de transición se fosilicen. Este es el motivo por el que no encontramos ningún “eslabón perdido” en los datos fósiles. En la década de 1970, otros especialistas propusieron una serie de ejemplos de gradualismo en los fósiles con el fin de refutar el concepto de equilibrio puntuado. Gould y Eldredge invalidaron estas afirmaciones argumentando que 
“prácticamente ninguno de los ejemplos traídos a colación para refutar nuestro modelo puede presentarse como soporte para el gradualismo filogenético.”[5]
En 1977, Gould dijo: 
“La extrema rareza de las formas de transición en el registro fósil persiste como el secreto profesional de la paleontología [...] Para preservar nuestro discurso preferido de la evolución por selección natural vemos tan mal nuestros datos que nunca vemos el mismo proceso que decimos estudiar.”[6] 
En 1980 Gould reiteró los problemas del gradualismo en el registro fósil: 
“La ausencia de pruebas fósiles de etapas intermedias entre las transiciones importantes en el diseño orgánico, de hecho, nuestra incapacidad –incluso en nuestra imaginación– de construir en muchos casos formas intermedias funcionales, ha sido un problema persistente y molesto para los discursos gradualistas de la evolución.”[7] 
Vale la pena señalar que la ausencia de “eslabones perdidos” en los datos geológicos también había afectado a Darwin. Así, en El origen de las especies (1859), afirmó que la ausencia de formas intermedias “es la objeción más grave y clara que puede presentarse en contra de mi teoría.”

El equilibrio puntuado también plantea preguntas incómodas para el campo de la genética. Se debe incorporar demasiada complejidad biológica en muy pocas generaciones. El nivel de cambio de ADN que una especie puede sufrir en unos pocos miles de años es totalmente insuficiente para justificar los saltos morfológicos rápidos y sin transición en el registro fósil, que el equilibrio puntuado pretende que son posibles durante la especiación.

En 1999, escribiendo para la revista Nature, el zoólogo de Oxford Mark Pagel declaró al revisar un libro de Niles Eldredge:
“los paleobiólogos [...] vieron en los registros fósiles rápidas explosiones de cambio, la aparición de nuevas especies aparentemente de la nada y que luego permanecen inalteradas durante millones de años, patrones que son inquietantemente reminiscentes de la creación.”[8]

Fósil de un ammonites

Es fácil ver que la extinción repentina de formas de vida cada 26 millones de años, provocada por impactos de grandes cuerpos procedentes del espacio exterior, y la aparición igualmente repentina de nuevas especies “plenamente desarrolladas” después del evento de extinción, es compatible con los relatos védicos de los eventos que acontecen en un Día y una Noche de Brahma. El Vishnu Purana nos dice que Brama, en Kalpas [9] anteriores, ha creado miríadas de seres diferentes con diferentes características, tanto físicas como mentales. Proporciona una lista de nueve de estos eventos de creación, que nos recuerdan mucho el modelo de equilibrio puntuado de la evolución.

También encontramos mención de similares eventos episódicos de creación en los relatos mesoamericanos. Sus mitos nos dicen que los dioses Tepeu y Gucumatz decidieron crear una raza de seres que pudieran adorarlos. Huracán, el Corazón del Cielo, que es la Deidad Suprema, realizó la creación real, mientras que Tepeu y Gucumatz guiaron el proceso. En primer lugar se creó la Tierra. Sin embargo, los dioses pasaron por muchas pruebas y errores antes de la creación de los seres humanos. En primer lugar se crearon los animales; sin embargo, con todos sus aullidos y graznidos no adoraban a sus creadores y por lo tanto fueron desterrados para siempre a la selva. El hombre fue creado primero del barro, pero simplemente se derrumbó y se deshizo. El siguiente hombre fue creado de la madera pero no tenía alma, y ​​pronto se olvidó de sus hacedores, por lo que los dioses volvieron todas sus posesiones contra ellos y produjeron una lluvia resinosa negra sobre sus cabezas. Finalmente el hombre fue formado del maíz, incluso por más dioses, y su trabajo quedó completado.

Estos relatos míticos parecen describir un proceso episódico de creación, que se extiende a través de muchos Kalpas, esto es Días y Noches de Brahma. Al comienzo de cada día de Brahma aparecen nuevas formas de vida en la superficie de la tierra, guiadas por el Espíritu Supremo. Esto es exactamente lo que encontramos reflejado en los registros fósiles.

Otra conclusión interesante a la que se puede llegar desde el modelo del equilibrio puntuado de la evolución es que el hombre moderno, es decir el Homo sapiens, debe haber aparecido también de una manera totalmente formada después de uno de los eventos de creación. Dado que el evento de creación más reciente tuvo lugar a principios del actual Kalpa, hace cerca de 5,5 millones de años, ello implica que los seres humanos modernos deben haber estado caminando sobre la tierra durante al menos 5,5 millones de años. Esta observación va directamente en contra de la visión de la evolución actual, según la cual los seres humanos modernos evolucionaron en el planeta Tierra a partir de sus ancestros simiescos, unos 100.000 años atrás.


Libro de Cremo & Thompson

En el libro exhaustivamente documentado Forbidden Archaeology: The Hidden History of the Human Race (“Arqueología Prohibida: la historia oculta de la raza humana”), los autores Thomson y Cremo proporcionan una gran cantidad de pruebas que ponen de relieve la extrema antigüedad del hombre [10]. En la década de 1880, en Castenedolo (Italia), G. Ragazzoni, un geólogo, encontró huesos fósiles de varios individuos Homo sapiens sapiens en capas de sedimentos del Plioceno de 3 a 4 millones de años. En 1913, el científico alemán Hans Reck halló en la garganta de Olduvai, en Tanzania, un esqueleto completo de un humano anatómicamente moderno en unos estratos de un millón de años. En 1979, los investigadores [11] que trabajaban en el yacimiento de Laetoli (Tanzania, en África oriental) descubrieron huellas de humanos modernos en depósitos de ceniza volcánica de más de 3,6 millones de años. En un artículo publicado en la edición de marzo de 1990 del Natural History, R.H. Tuttle, de la Universidad de Chicago, confesó que “estamos ante una especie de misterio”. En 1965, Bryan Patterson y W.W. Howells encontraron un húmero (hueso del brazo) sorprendentemente moderno en Kanapoi, Kenia. Los científicos estimaron que el húmero tenía más de 4 millones de años. Henry M. McHenry y Robert S. Corruccini de la Universidad de California, dijeron que el húmero de Kanapoi era “apenas distinguible del de un Homo moderno”. Todos estos descubrimientos anómalos, que han sido convenientemente ignorados por los evolucionistas de la ortodoxial, puesto que no se ajustan a sus modelos teóricos propuestos, apoyan la afirmación de que los seres humanos modernos deben haber aparecido hace al menos 5,5 millones de años, a principios del actual Kalpa.

Además de los restos humanos, diferentes tipos de artefactos hechos por el hombre apuntan a la inmensa antigüedad de éste. En el siglo XIX, Carlos Ribeiro, jefe del Servicio Geológico de Portugal encontró herramientas del Mioceno (5-25 millones de años). En una conferencia internacional de arqueólogos y antropólogos celebrada en Lisboa, un comité de científicos investigó uno de los yacimientos donde Ribeiro había hallado los implementos. Uno de los científicos encontró una herramienta de piedra aún más avanzada que el mejor de los especímenes de Ribeiro. También se encontraron bastos paleolitos en formaciones del Mioceno en Thenay, Francia. S. Laing, un escritor científico inglés, señaló: 
“En general, las pruebas de estos implementos del Mioceno parece ser muy concluyentes, y las objeciones al respecto apenas tienen ningún otro motivo que no sea la renuencia a admitir la gran antigüedad del hombre.” 
En 1880, J. D. Whitney, geólogo del estado de California, publicó una extensa revisión de las avanzadas herramientas de piedra encontradas en las minas de oro de California. Los implementos, que incluían puntas de lanza, morteros de piedra y manos de mortero, fueron hallados en los profundos pozos de la mina, bajo gruesas capas de lava no perturbadas, en formaciones que los geólogos ahora dicen que tienen una antigüedad ¡de 9 millones a más de 55 millones de años!

Cada nuevo descubrimiento retrasa la antigüedad del hombre en millones de años. Sin embargo, las pruebas incongruentes, en el modo y momento en que aparecen, simplemente son filtradas como anomalías. En la publicación L'Anthropologie de 1995, Marylène Pathou-Mathis escribió: 
“M. Cremo y R. Thompson han escrito expresamente una obra provocativa que plantea el problema de la influencia de las ideas dominantes en un tiempo determinado en la investigación científica. Estas ideas pueden obligar a los investigadores a orientar su análisis de acuerdo con las concepciones permitidas por la comunidad científica.”[12] 
Y en el British Journal for the History of Science, de 1995, Tim Murray señaló que 
“la arqueología se encuentra ahora en un estado de flujo, con los profesionales debatiendo las cuestiones que afectan al núcleo conceptual de la disciplina.”[13]
Si bien el descubrimiento de artefactos hechos por el hombre, que se remontan a unos 55 millones de años, parece indicar que los seres humanos anatómicamente modernos pudieron haber aparecido en la tierra poco después de la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años, también debemos permanecer abiertos a la posibilidad de que estos instrumentos de piedra fueran fabricados por los diferentes precursores humanos, supuestamente creados en los anteriores Días de Brahma, tal como se menciona en los textos antiguos.

Vale la pena, en este contexto, dirigir una nueva mirada a los relatos de la creación en el Génesis. Según el Génesis, la creación tuvo lugar en seis días y seis noches. Sin embargo, el texto menciona específicamente que las aves y los animales marinos fueron creados en el quinto día, mientras que los animales terrestres y el hombre son creados en el sexto. Por lo tanto, aunque todo el proceso de creación duró seis días y noches, todos los seres vivos se crean en sólo dos días y noches.

Podemos suponer razonablemente que el relato de la creación en el Génesis describe los acontecimientos que tuvieron lugar en el comienzo de uno de los Días de Brahma. En este contexto, es fácil ver que el día y noche mencionado aquí no se refiere a un día y noche normal de 24 horas de los seres humanos, dado que no existían los seres humanos cuando se inició el proceso creativo. Es mucho más probable que se refiera a un día y noche de los dioses.


Movimiento de precesión de la Tierra

De acuerdo con los textos védicos, un Ciclo de los Yugas se completa una vez que el sol hace una revolución completa alrededor del mítico monte Meru, el eje central del mundo. También nos dicen que una revolución completa del sol alrededor del Monte Meru se traduce en un día y noche de los dioses y los seres celestiales que residen en el Meru. Esto implica que un día y noche de los dioses no es más que el ciclo completo Yuga de 24.000 años de duración, que es igual al valor del año precesional. Por lo tanto, la mitad ascendente del año precesional de 12.000 años puede ser vista como el día de los dioses, y la mitad descendente del año precesional –de otros 12.000 años– como la noche de los dioses.

Por lo tanto, los seis días y noches de la creación equivalen a 144.000 años, mientras que los dos días y noches durante los cuales fueron creadas todas las formas de vida, equivalen a 48.000 años. Según las estimaciones propuestas por Gould y Eldredge, la especiación después de una catástrofe se desarrolla en un periodo de entre 5.000 y 50.000 años. ¡Este es el mismo valor que se obtiene del Génesis! Curiosamente, los números 12.000 y 144.000 aparecen muchas veces en el Apocalipsis y tienen una serie de significados esotéricos asociados con ellos. 144.000 se menciona como el número de “servidores de Dios” que serán sellados en sus frentes antes del Apocalipsis, mientras que 12.000 es el número de tribus espirituales del reino celestial de Dios. La aparición de estos números en relación con los eventos de creación en el Génesis no es ciertamente una mera coincidencia.

Está claro que los datos de los registros fósiles corroboran lo que los antiguos textos sagrados nos dijeron todo el tiempo: que hay ciclos de creación y destrucción, y que son guiados de forma inteligente por fuerzas superiores. No sólo se mencionan en los textos antiguos los períodos de tiempo entre los sucesivos eventos de destrucción, sino que también se especifica correctamente el tiempo necesario para la especiación en el comienzo de un Kalpa. A la vista de estas enormes evidencias, la propuesta del Diseño Inteligente difícilmente puede ser ignorada por más tiempo.

© Bibhu Dev Misra 2011

Fuente original (en inglés).

[1] No se confunda aquí el término con “seres inteligentes venidos de otro planeta”. (n. del t.)

[2] Raup and Sepkoski, PNAS, USA, Vol 81, pp 801-805, Feb 1984.

[3] The role of extinction in evolution, D M Raup, PNAS July 19, 1994 vol. 91 no. 15 6758-6763.

[4] “The Shifting Balance of Diversity Among Major Marine Animal Groups.” By J. Alroy. Science, Vol. 329 No. 5996, September 3, 2010.

[5] Gould, S. J. and Eldredge, N., 1977. Punctuated equilibria: the tempo and mode of evolution reconsidered. Paleobiology, 3:115–151 (pp. 115).

[6] Gould, S. J., 1977. Evolution’s erratic pace. Natural History, 86(5):14.

[7] Gould, S.J., 1980. Is a new and general theory of evolution emerging? Paleobiology, 6:119–130 (p.127).

[8] Eldredge, N. and Gould, S. J., 1972. ‘Punctuated equilibria: an alternative to phyletic gradualism’, Time Frames: the Rethinking of Evolution and the Theory of Punctuated Equilibria, N. Eldredge, Heinernann, London, 1986, pp. 202.

[9] En la tradición védica hindú, el Kalpa es un enorme periodo de tiempo, correspondiente a 4.320 millones de años. (n. del t.)

[10] Michael Cremo and Richard Thompson, Forbidden Archaeology: The Hidden History of the Human Race, Bhaktivedanta Book Publishing, January 1998.

[11] El autor se refiere al equipo de Mary Leakey, esposa de Louis Leakey. (n. del t.)

[12] Marylène Pathou-Mathis, L’Anthropologie, 1995 v.99, no. 1, p. 159.

[13] Tim Murray, British Journal for the History of Science, 1995 v. 28, pp. 377–379.


Publicado por Xavier Bartlett
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