Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

martes, 23 de junio de 2009

Daniel Estulin: Los secretos del Club Bilderberg (III): ¿Por qué los Bilderberg organizaron la guerra de Kosovo?

Viene de aquí.
Esta vez le tocaba el turno a los Balcanes. El «plan maestro» se concibió durante la reunión que en 1996 mantuvieron los miembros del Club Bilderberg en King City, un pequeño enclave de lujo ubicado a unos 20 kilómetros de la ciudad canadiense de Toronto. La guerra de Kosovo, y el consiguiente derrocamiento del presidente yugoslavo, se debió a estrategias políticas concebidas en secreto durante aquella reunión. Como veremos más adelante, las guerras de los miembros del Bilderberg en Kosovo y en los Balcanes tuvieron un motivo concreto: drogas, petróleo, riqueza mineral y el avance de la causa del «gobierno global».

Estados Unidos y Alemania comenzaron a apoyar a las fuerzas secesionistas en Yugoslavia después de la caída del comunismo en la antigua Unión Soviética, cuando la Federación Yugoslava rechazó ser incorporada a la órbita occidental. John Pilger, un laureado periodista australiano que se dedica a investigar los conflictos bélicos, escribió en The New Statesman: «Milosevic era un bruto; también era un banquero que una vez fue considerado como un aliado de Occidente preparado para poner en práctica “reformas económicas” de acuerdo con las exigencias del FMI, el Banco Mundial y la Unión Europea; para desgracia suya, se negó a ceder soberanía. El Imperio no esperaba menos.» Según el artículo de Neil Clark, un periodista que se especializa en asuntos de Oriente Medio y de los Balcanes, «en aquel momento, más de 700.000 empresas yugoslavas permanecían bajo propiedad social, y la mayoría aún era controlada por comités mixtos de directivos y trabajadores, con sólo un 5 % de capital en manos privadas».
Sara Flounders, una activista y periodista afín al Partido Mundial de los Trabajadores, un movimiento pacifista internacional, escribió en un artículo: «Durante los años noventa, mientras el mercado capitalista invadía los antiguos países socialistas de Europa del Este y de la Unión Soviética, la Yugoslavia socialista intentó resistirse a la privatización de su industria y de sus recursos naturales. Para acabar con esta resistencia, los países occidentales jugaron un papel fundamental en la desintegración de la Yugoslavia socialista.» Flounders añade que «los préstamos y las condiciones de crédito del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial requieren la desintegración de todas las industrias públicas. Éste es el caso del petróleo y del gas natural en el Cáucaso y el mar Caspio, así como de las minas de diamantes de Siberia. Quien posea o tenga un interés dominante [...] será quien quiera que gane la lucha armada que se desarrolla en Kosovo. La dominación de la OTAN sobre el terreno pondrá a las empresas estadounidenses en la mejor posición de cara a la propiedad de esos recursos».

En 1996, los miembros del Bilderberg decidieron deshacerse de Slobodan Milosevic. Su objetivo era claro: cuando llegara el momento, pondrían en práctica el «plan maestro» para proporcionar la solución al «problema político», aunque el «problema» no era otro que la continuada política socialista y la supervivencia política de Milosevic. El periodista británico Tim Marshall, reportero de Sky TV y con importantes contactos entre los agentes de los servicios secretos que en la antigua Yugoslavia planeaban el derrocamiento, en su libro sobre el conflicto en Kosovo, Shadowplay, cita a Mark Kirk, un agente de la Inteligencia Naval estadounidense: «Al final iniciamos una enorme operación contra Milosevic, en secreto y a la vista de todos. La parte secreta de la operación implicaba no sólo proveer de oficiales de los servicios de espionaje británicos y americanos a las varias misiones de observación enviadas a Kosovo, sino también de forma crucial dar apoyo militar, técnico, financiero, logístico y político al ELK (Ejército de Liberación de Kosovo), que según sostiene Marshall en su libro traficaba con drogas, mantenía redes de prostitución y asesinaba a civiles.»

A finales de 1998, Milosevic, en un esfuerzo por impedir la destrucción y la posterior desmembración de lo que quedaba de Yugoslavia, acordó el ingreso de la Misión de Observación Diplomática en Kosovo (KDOM) con el fin de supervisar la situación en esa provincia. Se trataba de una operación secreta de la CIA, que contaba con 2.000 agentes británicos y americanos entrenados para la ocasión, fuerzas especiales y operativos de «vigilancia profunda» que formaban parte de los planes del Bilderberg para instigar a la guerra, tal como se verá en este capítulo. El KDOM era gestionado por una organización de seguridad regional controlada por el Bilderberg, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, fundada en 1975, que se enorgullece de llevar a cabo la prevención y resolución de conflictos, y posterior reconstrucción de ellos con supervisión de la CIA. Los yugoslavos sabían perfectamente lo que ocurría, pero no podían hacer nada al respecto.
Los miembros del Bilderberg, al principio, pretendían «inflamar» a los serbios persiguiendo a los criminales de guerra que ellos albergaban, llevándolos a juicio ante un nuevo Tribunal Internacional. Los serbios, orgullosos y experimentados, esquivaron esta provocación persuadiendo a los sospechosos de nivel más bajo en el escalafón a que se entregaran voluntariamente. Sin embargo, eso no era suficiente. Para enfurecer a los serbios, el Tribunal de La Haya, controlado por Estados Unidos, recurrió a los secuestros ilegales para incitar a la guerra. Después de la reunión del Bilderberg de 1996 en King City advertimos a quien estuviera dispuesto a escuchar que si ellos «no conseguían que estallara la guerra inflamando a los serbios mediante el empleo de “escuadrillas de secuestro de la OTAN para atrapar a los supuestos criminales de guerra y llevarlos a juicio a La Haya, su plan era usar Kosovo como la chispa que iniciara un conflicto regional cuyo objetivo final era involucrar a la Federación Yugoslava, Bosnia, Rusia, Grecia, Turquía, Albania, Macedonia, los poderes militares de la Europa Occidental, de Estados Unidos y, por extensión como aliados de Turquía y Grecia, a Israel y a Siria».

Plan A: «Escuadrillas de secuestro»
El apartado siguiente trata sobre la iniciativa del Bilderberg para secuestrar a destacados líderes serbios con el fin de incitar a un conflicto más amplio que, eventualmente, conduciría a una guerra a gran escala, como explico detalladamente en la sección siguiente.
«El Tribunal de La Haya causa otra víctima: preso serbio se suicida.» Extracto del Boletín Truth in Media Global Watch 97/68, Bob Djurdjevic, 29 de junio de 1997.
«Slavko Dokmanovic, el antiguo alcalde serbio de Vukovar, invitado a una reunión por Jacques Klein, jefe de UNTAES (una Agencia de las Naciones Unidas que vigila esta región poblada predominantemente por serbios), que fue engañado, secuestrado por 20 soldados enmascarados y enviado a La Haya hace un año, se ha suicidado en su celda de la prisión el 29 de junio, un año después de haber sido secuestrado. Sólo entonces supimos que el sospechoso había sido procesado por el Tribunal de pacotilla de las Naciones Unidas el 26 de marzo de 1996. Según la agencia Associated Press, la acusación de Dokmanovic se publicó en secreto [¿Han oído hablar alguna vez de acusaciones secretas?]. No se conocían detalles de los cargos contra Dokmanovic. Incluso The New York Times admitió en un editorial del 30 de junio que “los detalles de la acusación contra el señor Dokmanovic son escasos. Su muerte parece haber sido recibida casi con alivio por algunos funcionarios del Tribunal de Crímenes de Guerra. “Ahora no habrá veredicto y el caso se da por terminado”, indicó Christian Chartier, portavoz del Tribunal, a The New York Times. El sospechoso no tenía ni idea de que era sospechoso. Fue invitado por el funcionario de Naciones Unidas de mayor rango en la región a una reunión con quien, en realidad, es el jefe de una fuerza de ocupación extranjera en este país. Unos pistoleros enmascarados secuestran al sospechoso y lo sacan del país, cuyas leyes prohíben expresamente las extradiciones de sus ciudadanos a la jurisdicción de potencias extranjeras.»

En enero de 1997, según el boletín de Truth in Media Global Watch del 1 de julio de 1998, el doctor Nikola Koljevic, «vicepresidente de la República serbia de Bosnia y uno de los principales negociadores serbios en Dayton, también se suicidó». En febrero de 1996, uno de los principales funcionarios militares serbios que aún no había sido procesado, el general Djordje Djukic, fue «igualmente secuestrado y conducido a La Haya, donde fue retenido ilegalmente sin cargos. Murió en abril de 1996, de cáncer», según informa Djurdjevic en la misma fuente de noticias. Ni Dokmanovic, ni el general Djukic, ni el doctor Koljevic aparecían en la lista de personas procesadas por el Tribunal de Crímenes de Guerra. Sin embargo, ahora todos están muertos. Cuando los secuestros ilegales no lograron incitar a una guerra balcánica, entonces nuestras fuentes dentro del Grupo Bilderberg indicaron que la Élite estaba preparada para utilizar Kosovo como pretexto para iniciar una guerra. Primero, estaban las supuestas matanzas en Racak. Y después, las falsas negociaciones de paz en Rambouillet.

En busca de una excusa: William Walker entra en escena
El jefe de la KDOM, una operación secreta de la CIA cuya apariencia externa era supervisar la situación en Kosovo, según explica John Laughland en su artículo «La técnica de un golpe de Estado», era William Walker, miembro del CFR y «ex-embajador en El Salvador, cuyo gobierno, apoyado por Estados Unidos, estableció escuadrones de la muerte». En 1985, Walker era ayudante del subsecretario de Estado para América Central y un operador clave en los intentos de la Casa Blanca de Reagan para derrocar al gobierno nicaragüense. El teniente coronel Olíver North, asignado al personal del Consejo Nacional de Seguridad a comienzos de 1981 y despedido el 25 de noviembre de 1986, era el funcionario de la Administración Reagan con mayor implicancia en la ayuda secreta a los contras gracias a los beneficios de la venta de armas a Irán.

Fue Walker quien «descubrió» la «masacre» en el pueblo de Racak en enero de 1999, el acontecimiento que se usó como pretexto para comenzar el proceso que condujo al bombardeo iniciado el 24 de marzo. Medios de comunicación como The New York Times y The Washington Post, conociendo perfectamente el pasado criminal de Walker, tomaron sus afirmaciones como verdades absolutas, sin cuestionarlas en lo más mínimo. De hecho, la falta de interés de los medios en llegar al fondo del asunto no es nueva, y no debería sorprender a nadie, especialmente después de todo lo que el lector ha ido viendo en las páginas de este libro y lo que revelé en La verdadera historia del Club Bilderberg.

El editorial de The New York Times del 20 de enero observó que «la matanza» de Racak había seguido «un modelo bien establecido: guerrilleros albaneses del Ejército de Liberación de Kosovo matan a uno o dos policías serbios. Las fuerzas serbias toman represalias aniquilando un pueblo. Esta vez mataron a más de 40 personas de etnia albanesa, incluyendo a muchos ancianos y a un niño». El 15 de enero de 1999, después de una operación militar llevada a cabo por las Fuerzas Armadas Yugoslavas contra un puesto del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK) en Racak, los líderes del ELK condujeron a los observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) a una zanja donde se apilaban 45 cuerpos. Sin esperar el inicio de una investigación, Estados Unidos, mediante el embajador William Walker, anunció inmediatamente que los serbios habían realizado una matanza de civiles albaneses desarmados en Kosovo. Sin embargo, aquel mismo día, en un artículo publicado Le Figaro, Renaud Girard, un periodista que prácticamente ha cubierto casi todas las guerras de desintegración yugoslavas, afirmaba que había «muchos motivos para creer que la evaluación de Walker sobre la situación se había hecho con excesiva prisa». Según sostiene el autor, «la escena de cadáveres albaneses en traje civil alineados en una zanja que sobresaltaría al mundo entero no fue descubierta hasta la mañana siguiente, alrededor de las nueve [...]. En ese momento, el pueblo fue invadido de nuevo por soldados armados [ELK], quienes condujeron a los visitantes extranjeros, en cuanto llegaron, hacia el sitio de la supuesta matanza. Alrededor del mediodía, llegó William Walker en persona y expresó su indignación».”
Lo que hace que esta versión de los acontecimientos resulte difícil de creer es que las imágenes de televisión tomadas durante la batalla del Racak «contradicen radicalmente esa versión. De hecho, la policía entró en un pueblo vacío por la mañana […]. El tiroteo era intenso, puesto que se disparaban desde trincheras [del ELK] excavadas en la ladera. La lucha se intensificaba bruscamente en las colinas que hay sobre el pueblo». El periodista William Norman Grigg, en un artículo publicado en The New American el 15 de marzo de 1999, informa que «más que un ataque despiadado sobre aldeanos desvalidos, la película sin editar representa un tiroteo entre la policía y los guerrilleros del ELK asediados, en que éstos últimos se llevaban de lejos la peor parte». Para complicar aún más la versión «oficial», está el hecho de que «los periodistas
encontraron muy pocos cartuchos alrededor de la zanja donde supuestamente ocurrió la matanza».

Documentos secretos internos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania
Querido lector, los documentos que estás a punto de leer tienden a mostrar que frenar el genocidio no fue la razón por la cual el gobierno alemán, y por tanto la OTAN, y por tanto el Bilderberg, intervinieron en Kosovo. El genocidio (como se define en la legislación alemana e internacional) en Kosovo no precedió al bombardeo de la OTAN, no al menos desde principios de 1998 hasta marzo de 1999. Los extractos de estos documentos oficiales han sido obtenidos por la IALANA (Asociación Internacional de Abogados contra las Armas Nucleares) y traducidos por Eric Canepa, del Foro Brecht, a finales de abril de 1999. Los textos usados aquí fueron publicados en el periódico alemán Junge Welt el 24 de abril de 1999. Según las fuentes de Eric Canepa, «ésta es una reproducción completa de los documentos tal y como aparecieron en los medios de comunicación alemanes en el momento de escribir esto».

II Informe de Inteligencia del Ministerio de Asuntos Exteriores, 12 de enero de 1999, al Tribunal Administrativo de Trier (Referencia Az: 51451680/ 32 426):
«Incluso en Kosovo no es verificable una explícita persecución política unida a la identidad étnica albanesa. El este de Kosovo todavía no está implicado en un conflicto armado. La vida pública en ciudades como Pristina, Urosevac, Gnjilan, etc., durante todo el período del conflicto, ha proseguido de manera relativamente normal [...]. Las acciones de las Fuerzas de Seguridad no fueron dirigidas contra los albanokosovares como grupo étnicamente definido, sino contra el opositor militar y sus partidarios reales o presuntos.»
IV Opinión del Tribunal Administrativo bávaro, 29 de octubre de 1998 (Referencia Az: 22 BA 94.34252):
«Los informes de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores del 6 mayo, 8 de junio y 13 de julio de 1998 [...] no permiten llegar a la conclusión de que hay una persecución contra el grupo étnico de albaneses de Kosovo. Ni tan siquiera puede observarse con certeza suficiente una persecución de grupo regional, aplicada a todas las personas de etnia albanesa de una parte específica de
Kosovo. Las acciones violentas de los militares yugoslavos y de la policía desde febrero de 1998 estaban dirigidas contra las actividades separatistas y no son ninguna prueba de una persecución de todo el colectivo étnico albanés en Kosovo o en parte de la región. Lo que ocurría en las acciones violentas yugoslavas y en los excesos desde febrero de 1998 era una acción de fuerza selectiva contra el movimiento militar clandestino (sobre todo el ELK) y contra la gente en contacto inmediato con aquél en sus áreas de operación […]. Un programa estatal o una persecución contra todo el grupo étnico de albaneses no existe ahora ni ha existido antes.»

Conferencia de paz en Rambouillet
En febrero de 1999, para evitar ser arrasados por las bombas de las fuerzas infinitamente superiores de la OTAN, los serbios se vieron obligados a participar en unas negociaciones en Rambouillet, un distrito cercano a París. La Secretaria de Estado estadounidense, Madeleine Albright, miembro del Bilderberg y del CFR, llevó adelante las negociaciones. «Los serbios no tenían más opción que aceptar el texto del acuerdo sin condiciones o verse arrastrados a una guerra contra la OTAN. La manera en que se llevaron las negociaciones hizo casi imposible evitar la última alternativa», escribe el periodista Bo Pellnas en la edición del 8 de febrero de 2004 del periódico sueco Dagens Nyheter.
Según lo afirmado en Rambouillet, Kosovo habría sido convertida en una colonia de la OTAN. Sin embargo, para asegurarse de que la guerra no podía evitarse, la delegación estadounidense agregó un secreto Anexo B en el último momento, según explica el periodista John Laughland en «La técnica de un golpe de Estado», cuya finalidad era exigir que «las fuerzas y el personal de la OTAN tuvieran acceso ilimitado a toda Yugoslavia, empleo sin trabas de sus aeropuertos, ferrocarriles, puertos, servicios de telecomunicación y radio, todo sin coste alguno y libre de responsabilidad ante las autoridades yugoslavas. La OTAN también tendría la opción de modificar para su propio beneficio las infraestructuras de toda Yugoslavia, que incluye caminos, puentes, túneles, edificios y sistemas de utilidad. En efecto, no solamente Kosovo, sino toda Yugoslavia debía estar sujeta a una extraterritorialidad equivalente a una absoluta ocupación colonial». El periodista John Pilger, por su parte, afirmaba lo siguiente:
«Esto exigía la ocupación militar de toda Yugoslavia, un país con amargos recuerdos de la ocupación nazi. Como declaró más tarde lord Gilbert, el ministro de Asuntos Exteriores británico, a un selecto Comité de Defensa de la Cámara de los Comunes, el Anexo B se había incluido deliberadamente para provocar el rechazo.» El Estado soberano de Serbia, reconociendo totalmente las consecuencias de sus acciones, rechazó una oferta humillante.

Plan B: el ELK entra en escena

«El Ejército de Liberación de Kosovo, un grupo clandestino albanés, es, sin ninguna duda, un grupo terrorista», Agence France Presse, 23 de febrero de 1998. Declaraciones de Robert Gelbard, por entonces enviado especial de la Administración Clinton para Kosovo, antes de que el ELK se convirtiera en pieza política clave. Tal como dije anteriormente, después de la conferencia de 1996 del Bilderberg, partiendo prácticamente de la nada, el bien financiado Ejército de Liberación de Kosovo salió a la luz para crear «los elementos para una guerra balcánica de increíble crueldad y hostilidad despiadada». Mis predicciones, realizadas justo después de aquella reunión en King City, están totalmente respaldadas por los medios de comunicación estadounidenses y europeos más respetados. Todos han documentado que el Ejército de Liberación de Kosovo y sus patrocinadores albaneses son organizaciones criminales organizadas cuyo objetivo es controlar el tráfico de heroína desde Oriente Medio hacia Europa y Estados Unidos.

The Christian Science Monitor informó el 20 de octubre de 1994 que «perturbado por el conflicto yugoslavo, el tráfico de drogas en los Balcanes está volviendo con los barones de las drogas albaneses, quienes montan una nueva red de contrabando hacia Europa Occidental que evita las zonas de la península asoladas por la guerra, según afirman Naciones Unidas y diversos expertos en narcóticos [...]. Por ejemplo, sólo seis kilos de drogas duras fueron aprehendidos por la policía húngara en 1990, pero hacia agosto de este año [1994], la cifra anual era ya de 600 kilos». A su vez, la británica Jane’s Intelligence Review, una de las revistas de investigación más importantes del mundo, fue mucho más allá al predecir la crisis que estaba por venir en un artículo publicado el 1 de febrero de 1995 y titulado «El Medellín de los Balcanes». Los siguientes tres párrafos proceden de ese artículo, uno de los más aterradores que jamás he leído: «La región de Macedonia occidental, dominada por Albania, supone una parte enorme del cada vez menor PNB de Macedonia (FYROM). Esta situación ha reforzado el sentimiento antialbanés entre la mayoría étnica macedonia, especialmente dado que buena parte de esos ingresos se cree que proceden del narcoterrorismo albanés, así como del tráfico de armas y del contrabando desde y hacia Albania, Bulgaria y la provincia serbia de Kosovo. Aunque su extensión y su forma sigue siendo objeto de debate, este cada vez mayor poder económico albanés está convirtiendo a los Balcanes en un centro de criminalidad.» Antes transportada a Europa Occidental a través de la antigua Yugoslavia, la heroína procedente de Turquía, el Cáucaso y puntos más al este, cada vez más se desvía hacia Italia vía el mar Negro, Albania, Bulgaria y Macedonia. Este cambio ha reforzado a la mafia albanesa, que ahora se cree que controla el 70 % del mercado ilegal de heroína en Alemania y Suiza. Aliada con la poderosa mafia siciliana, sus socios albaneses se han beneficiado en gran medida de la presencia de un gran número de albanokosovares en países occidentales; solamente en Suiza hay cien mil residentes albaneses. Además de aportar una tapadera perfecta para los elementos criminales albaneses, esta diáspora es también una fuente útil de ingresos para los mafiosos.
»Si no se hace nada al respecto, este cada vez más potente narcoterrorismo albanés puede crear un síndrome de Colombia en el sur de los Balcanes, o llevar a un punto en que la mafia albanesa sea tan poderosa que pueda controlar a uno o más Estados de la región. A efectos prácticos, se trataría de Albania y de Macedonia, o de ambas naciones. Políticamente, se está llevando a cabo canalizando los beneficios en moneda extranjera del narcoterrorismo a los gobiernos y partidos políticos locales. En Albania, el gubernamental Partido Democrático (PD), dirigido por el presidente Sali Berisha, es sospechoso de tolerar tácitamente el narcotráfico o incluso de beneficiarse directamente de él con fines político-económicos, como la financiación de los partidos políticos y otros grupos secesionistas de Kosovo y Macedonia.»

Los motivos de la guerra: el ELK, Albania y el tráfico de drogas
El ELK, un grupo internacionalmente conocido como terrorista, está financiado en gran medida por el crimen organizado albanés, en particular por el tráfico de heroína, y también se asocia con una ruta de contrabando de drogas que va desde Turquía a Europa a través de los Balcanes.
Michael Levine, un agente secreto que fue varias veces condecorado y que trabajaba para la Agencia de Lucha contra el Tráfico de Drogas Estadounidense (DEA) y autor de los reveladores libros Deep Cover y The Big White Lie, declaró a The New American que «Interpol, Europol y prácticamente cada servicio de inteligencia europeo o agencia de lucha contra el tráfico de drogas tienen archivos abiertos sobre traficantes de droga que conducen hacia el ELK y hacia grupos albaneses en este país [Estados Unidos]». Lo que Michael Levine no podía saber es que el tráfico de drogas albanés del ELK está controlado «desde arriba» por los mismos que eliminaron a Nixon y a Aldo Moro, que orquestaron la fracasada ruptura de Canadá y que iniciaron las guerras en Afganistán y en Kosovo.
Para comprender a la OTAN y, en consecuencia, la implicación del Bilderberg en Kosovo, hay que entender los principios que rigen el tráfico de drogas. La cantidad de dinero generada anualmente por el narcotráfico es probablemente uno de los secretos mejor guardados del mundo. Sin embargo, un experto en lavado de dinero que ostenta un alto cargo en la agencia del gobierno estadounidense encargada de vigilar las transacciones internacionales de capital me dijo una vez que «en números redondos debe tratarse de una suma de unos 590 mil millones de euros anuales libres de impuestos». De hecho, el dinero de las drogas «es hoy una parte esencial del sistema bancario y financiero internacional porque aporta el dinero líquido necesario para realizar los “pagos mensuales mínimos de las grandes acciones y de las burbujas de derivados y de inversiones en Estados Unidos y Gran Bretaña», escribe Michael C. Ruppert, ex agente de la LAPD que se especializó en el tráfico de heroína en su bestseller Crossing the Rubicon. En 2000, Le Monde Diplomatique estimó el total anual generado por el narcotráfico en unos 420 mil millones de euros.
Catherine Austin Fitts, editora adjunta de From The WiIderness, subsecretaria de Vivienda del gobierno de George Bush y ex directora de Warburg Dillon Read, afirma, basándose en su amplia experiencia en la banca de inversión de Wall Street, que esos 590.000 millones de euros generarían transacciones económicas seis veces mayores que ese valor para blanquear ese dinero, de modo que el impacto real del negocio de las drogas en las finanzas internacionales se convertiría en transacciones por valor de 3 billones y medio de euros.

El botín del Imperio
El valor de las acciones de las empresas que cotizan en Wall Street se basa en beneficios netos anuales. El sistema, conocido como «bonus a los beneficios», hace que éstos se reflejen en el valor de la empresa cotizada en bolsa multiplicados hasta por 30. Así, para empresas como Chase Manhattan Bank (propietarios de la cadena de televisión ABC), General Electric (NBC) o Brown Brothers Harriman (CBS), tener unos 10 millones de euros de beneficios netos adicionales derivados del tráfico de drogas le supondría un incremento neto en el valor de sus acciones en bolsa de hasta 300 millones de euros. Y puesto que estas empresas son propietarias de las principales cadenas de televisión de EE.UU., ¿es creíble que fueran a presentar noticias fiables sobre el tráfico de drogas y la implicación de la CIA en el comercio de estupefacientes cuando tales noticias perjudicarían su cotización en bolsa? Es, por decirlo suavemente, muy improbable.
Otra de las cosas que muchas veces han sido pasadas por alto sobre el lucrativo negocio del narcotráfico es la enorme cantidad de dinero que las empresas pueden amasar tomando dinero ilegal prestado de los narcotraficantes y narconaciones a un interés bajo y convirtiéndolo (lavándolo) en dinero limpio. Cuando 100.000 millones de dólares de dinero sucio se prestan al 5 % a una gran corporación, el dinero se convierte en legal y efectivo. «El negocio del narcotráfico tiene tanto poder porque está avalando las inversiones de las grandes empresas del mundo. Está avalando a los políticos. Ha hecho a los norteamericanos adictos a Wall Street mientras sus propios hijos mueren a causa de las drogas. Wall Street no puede permitirse que los grandes traficantes caigan. El Congreso no puede permitirse que los grandes traficantes caigan. Los presidentes y las finanzas de sus campañas no pueden permitirse que los grandes traficantes caigan. ¿Por qué? Porque nuestra economía oligárquica, controlada por el 1 % de la población, no puede permitirse el riesgo de que sea la competencia (ya sea empresarial o política) la que se aproveche del dinero de las drogas. Y por cada millón de dólares en que aumentan los beneficios, el valor de las acciones del 1 % que controla Wall Street aumenta entre veinte y treinta veces.»
Así pues, el obstáculo a una ruta más directa, rentable y eficiente desde Afganistán y Pakistán a través de Turquía hasta Europa era «un gobierno serbio/yugoslavo cohesionado que controlara los Balcanes [...]. La Administración Clinton se encargó de simplificar el camino de la heroína al destruir en 1998 a Serbia y Kosovo e instalar al ELK como una potencia regional. Eso abrió una ruta directa desde Afganistán hasta Europa Occidental. La lección esencial de la economía del narcotráfico era que, cultivando opio en Colombia y pasando de contrabando cocaína y heroína desde Colombia a Nueva York a través de la República Dominicana y Puerto Rico (una ruta totalmente directa), podían acortarse las rutas tradicionales de contrabando radicalmente. Eso reducía tanto los riesgos como los costes, aumentaba los beneficios y eliminaba a la competencia.»

Christian de Brie y Jean de Maillard, en un brillante artículo titulado «Crimen, la mayor libre empresa del mundo» y publicado en Le Monde Diplomatique en abril de 2000, describieron un «sistema operativo» tangible del flujo internacional de capitales de la droga. De Brie afirmó que «al permitir que el capital fluya sin controles desde un extremo del mundo al otro, la globalización y el abandono de la soberanía se han combinado para fomentar el crecimiento explosivo de un mercado financiero fuera de la ley. Es un sistema cohesionado, ligado a la expansión del capitalismo moderno y basado en la asociación de tres partes: gobiernos, empresas transnacionales y mafias. Los negocios son los negocios: el crimen financiero es primero y ante todo un mercado, boyante y estructurado, gobernado por la ley de la oferta y la demanda. La única forma en que el crimen organizado puede lavar los enormes beneficios de sus actividades es con la complicidad de las grandes empresas y una actitud de “laissez faire” de los políticos. Y las transnacionales necesitan el apoyo de los gobiernos y la neutralidad de las autoridades reguladoras para consolidar sus posiciones, incrementar sus beneficios, soportar y vencer a la competencia, conseguir el “trato del siglo” y financiar sus operaciones ilícitas. Los políticos están directamente implicados y su capacidad para intervenir está sujeta a los apoyos y los fondos que les mantienen en el poder. Este conflicto de intereses es una parte esencial de la economía mundial, es el aceite que mantiene engrasados los engranajes del capitalismo».

Podemos dibujar un paralelo sorprendente entre el Kosovo de hoy y otra tierra distante, que ocupó las mentes de los mandatarios mundiales de otro tiempo: la Corona Británica en lo más profundo del Imperio y las hazañas que cada niño inglés aprende sobre el nombre inmortal del paso de Khyber, entre Afganistán y Pakistán. Cientos de miles de páginas se han escrito sobre las aventuras del Ejército británico en tierra de nadie, combatiendo contra los habitantes del país, miembros de tribus locales, para proteger un pedazo de tierra insignificante que nadie en su sano juicio querría defender con su sangre. A no ser que hubiera una razón más siniestra para enviar a jóvenes oficiales a la muerte en tierras distantes. Lamentablemente, la humanidad no ha cambiado ni una pizca y la misma suciedad que les llevó a matar entonces es la misma razón por la cual millones siguen muriendo en tierras lejanas para beneficio de un pequeño y privilegiado grupo de mandatarios mundiales. ¿Por qué estaba estacionado el Ejército británico en el paso de Khyber? El vil comercio de opio, por supuesto; el denominado «Botín del Imperio», según se decía frívolamente en los círculos cultos y elegantes de la alta sociedad inglesa. Lo que Kipling se «olvidó» de contarnos son aquellas «hazañas del paso de Khyber», que escondían un enorme comercio de opio. Al igual que las tropas de la OTAN estaban estacionadas en la frontera entre la Federación Yugoslava y Albania para proteger los cargamentos de drogas, el Ejército británico estaba destacado en el paso de Khyber para impedir que las caravanas que llevaban opio sin tratar fueran asaltadas por los miembros de las tribus locales. ¿Sabía Clinton, el presidente
estadounidense, con información de la CIA al alcance de la mano, lo que ocurría? ¿Sabía la secretaria de Estado, Madeleine Albright, que los combatientes del ELK eran traficantes de droga y asesinos? ¿Sabía Javier Solana, el secretario general de la OTAN (y miembro del Bilderberg), lo que pasaba? ¿Sabía la familia real británica que allí, en una de las regiones más hostiles del mundo, había unos hombres que les costaban a la Corona mucho dinero en gastos? «Debían de saberlo, porque de otro modo ¿qué induciría a la Corona a mantener un ejército en esa región donde no había nada de valor excepto el lucrativo comercio de opio? Era muy caro mantener hombres armados en un país tan lejano. Su majestad debía haber preguntado por qué estaban esas unidades militares allí», se pregunta el doctor John Coleman en Conspirator’s Hierarchy: The Story of the Committee of 300.

(Continua aquí.)
Publicar un comentario