Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

miércoles, 1 de julio de 2009

Daniel Estulin: Los secretos del Club Bilderberg (V): Fin

Viene de aquí.
Michel Chossudovsky, que escribe en uno de los mejores periódicos de investigación, Covert Action Quarterly, afirma que «mientras el financiero George Soros [el emigrante húngaro se gastó 100 millones de dólares en expulsar a Milosevic] invertía en la reconstrucción de Kosovo, la George Soros Foundation for an Open Society abrió una sucursal en Pristina y creó la Kosovo Foundation for an Open Society (KFOS) como parte de la red Soros de “Fundaciones sin ánimo de lucro” en los Balcanes, Europa Oriental y la antigua Unión Soviética. Junto con el Fondo Post Conflictos del Banco Mundial, la Kosovo Open Society Foundation (KOSF) [proporcionaba] era un apoyo calculado «para el desarrollo de administraciones locales para permitirles servir a sus comunidades de manera transparente, justa y responsable», según un comunicado de prensa del propio Banco Mundial del 16 de noviembre de 1999 [«World Bank Launches First Kosovo Project», Banco Mundial y Kosovo Foundation for Open Society, Washington, 16 de noviembre de 1999 (Comunicado de prensa Nº 2000/097/ECA.68)]. Chossudovsky añade lacónicamente: «Puesto que la mayor parte de estas administraciones locales están en las manos del ELK, que tiene amplios vínculos con el crimen organizado, es poco probable que este programa alcance su objetivo declarado.»
«El multimillonario empresario [Soros] se ha convertido en el rey sin corona de la Europa Oriental y en el profeta de una sociedad abierta”. ¿Abierta a qué?», se pregunta Neil Clark el 2 de junio de 2003 en The New Statesman. En Globalresearch, Karen Talbot cita a Neil Clark en una revisión de su artículo: «La manera de actuar de Soros es usar algunos miles de millones de dólares, algunas organizaciones no gubernamentales y “un guiño del Departamento de Estado americano” para derrocar gobiernos extranjeros que son malos para el negocio” y para quedarse con los activos nacionales hasta ver reconocida su “benevolencia”. Este método ha funcionado para Soros y sus secuaces.»
«Sin embargo, las organizaciones que a menudo proclaman públicamente su indignación sobre las violaciones de los derechos humanos se han quedado calladas», escribe George Szamuely en The New York Press [«Western Civilization at The Hague», George Szamuely, New York Press]. «Las organizaciones no gubernamentales fraudulentas que son realmente agentes de los gobiernos occidentales, como la Human Rights Watch financiada por George Soros, estaban absolutamente encantadas con el tratamiento recibido por Slobodan Milosevic. Amnistía Internacional se queja de la grave situación de los presos de Al Qaeda en Guantánamo, pero calla sobre este abuso de un preso político», agrega Szamuely. Como nota al margen, sobre la a menudo citada inconsistencia en cuanto a las razones que llevan a Soros, un miembro del Bilderberg, a oponerse tan abiertamente a George W. Bush y cuyo odio hacia el presidente estadounidense es conocido y documentado, cuando sus intenciones son idénticas, Neil Clark señala lo siguiente: «Soros está enfadado no con los objetivos de Bush extender la Pax Americana y hacer que el mundo resulte más seguro para capitalistas globales como él, sino con la burda y grosera manera que emplea Bush para conseguirlo. Al desvelar claramente las ambiciones estadounidenses, Bush y su banda han cometido el grave pecado de destapar el juego. Durante años, Soros y sus organizaciones no gubernamentales han ido trabajando para ampliar las fronteras del “mundo libre” tan hábilmente que prácticamente nadie se había dado cuenta. Ahora un palurdo tejano y una cuadrilla de neoconservadores demasiado fanáticos han hecho saltar la liebre. [Soros] «ganó miles de millones en 1997 gracias a la crisis de las divisas del Este», concluye el periodista. Hay muchos más motivos por los que Yugoslavia, y luego Kosovo, fueron escogidas como víctimas de un asesinato internacional. La sección final de este capítulo incluye fragmentos de los informes que tratan de las posibles causas de la guerra.
¿Qué pasó con Milosevic?
Slobodan Milosevic falleció el mismo día en que su archienemigo Agim Ceku, ex comandante del ELK, fue elegido primer ministro de Kosovo. La muerte de Milosevic ha sido sin duda un alivio para el Tribunal de La Haya, que durante los últimos cuatro años ha intentado, sin éxito, condenar a un hombre que no ha cedido frente al mundo. Milosevic fue encontrado muerto en su celda el 11 de marzo de 2006, víctima de un supuesto ataque al corazón, casi tres días después de escribir una carta dirigida al ministro de Asuntos Exteriores ruso en el que le pedía que intercediera para obtener permiso del Tribunal de los Crímenes de la Guerra de los Balcanes para ir a Rusia a recibir tratamiento médico.
La muerte de Milosevic es el sexto incidente de este tipo de un serbio enjuiciado bajo la custodia del Tribunal de La Haya. En una rueda de prensa llevaba a cabo el 13 de marzo de 2006, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, afirmó que en su carta Milosevic se mostraba preocupado porque algunos de los métodos terapéuticos usados por los médicos del Tribunal Internacional de la antigua Yugoslavia estaban teniendo un efecto desastroso en su salud. En enero de 2006, los funcionarios del Tribunal habían denegado la solicitud de Milosevic de ir a Rusia para recibir tratamiento, a pesar de que el gobierno ruso ofreció total garantía de que el ex líder serbio regresaría puntualmente a La Haya tras finalizar su tratamiento.
El doctor Lev Bokeriya, jefe del Centro de Cirugía Cardiovascular Bakulev, dijo a la agencia de información rusa Itar Tass que «Milosevic pertenecía a la categoría de pacientes con una enfermedad coronaria leve. Podría haberse curado fácilmente. Si Milosevic hubiera sido llevado a cualquier hospital especializado ruso y se le hubiera sometido a un examen coronario gráfico, y se le hubieran colocado dos stents, habría vivido muchos años más». Bokeriya, que encabezó la delegación de cuatro médicos rusos que participaron en la autopsia en La Haya, afirmó en su informe que la causa evidente de la muerte fue «el estrechamiento del vaso sanguíneo principal, lo cual provocó un infarto de miocardio». Sin embargo, en este punto es cuando el tema se vuelve realmente interesante. Según mis fuentes en la KGB bielorrusa, que trabajaban para Stepan Sukhorenko, cuya descripción de los hechos ha sido confirmada categóricamente por fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso y por agentes estadounidenses del contraespionaje de alto nivel que supervisaron el juicio de Milosevic, la «oportuna» muerte de Milosevic fue sin lugar a dudas un asesinato. El ex líder serbio estaba convirtiéndose en una importante vergüenza para la iniciativa liderada por Estados Unidos de llevar a ex criminales de guerra, un eufemismo para la alianza contra el Nuevo Orden Mundial, a su improvisado Tribunal de Justicia de La Haya, y se decidió quitar de en medio al estorbo de Milosevic. En Rusia, fuera del alcance de las balas, o más bien del veneno y de los asesinos, el ex líder se habría convertido en estandarte de la nueva Serbia, cuyos ciudadanos están más que desencantados con el amistoso abrazo de la alianza liderada por el Bilderberg. La autopsia oficial fue una mentira total. Un agente de la KGB, que permanecerá en el anonimato y que trabajó con Alexander Shelepin en el Departamento Internacional de la KGB, poco después de que el anuncio oficial se hiciera público, hizo el siguiente comentario a un conocido mío: «La desinformación no consiste sólo en mentir; se espera que sea una forma sutil de inducir a otro gobierno a hacer lo que uno quiere que haga, o de asustar o engañar a un gobierno extranjero para que no actúe o para que haga concesiones. Sin embargo, a este juego sólo pueden jugar dos.»
Sólo puedo concluir que en un futuro no muy lejano, un determinado líder occidental de alto nivel será víctima de un repentino y prematuro paro cardíaco. Se considera que la KGB, junto con los servicios secretos búlgaro y rumano, se encuentra entre los más hábiles envenenadores del mundo. Sin embargo, la KGB no está sola. La CIA y la División Británica de Investigación Química, Microbiológica y Bacteriológica de Porton Down se ocupa constantemente de refinar los métodos de asesinato. En la actualidad, hay más de 400 sustancias que pueden causar la muerte sin dejar rastro. Un medicamento de ese tipo, y el que probablemente mató a Milosevic, se llama Digitalis, que sólo se detecta en la autopsia. Los digitálicos únicamente deben tomarse en dosis debidamente medidas. La sobredosis de estas sustancias provoca un infarto de miocardio, imposible de distinguir de un paro cardiaco por causas naturales. Quienes nunca han sufrido una enfermedad cardíaca morirían de inmediato si les administraran digitálicos.
Otro caso famoso es el de Albino Luciani, el papa Juan Pablo I, a quien le suministraron digitálicos junto con Efortil, un medicamento para tratar la hipotensión. La mezcla le produjo la muerte inmediata al Papa que estaba a punto de introducir cambios drásticos en la jerarquía eclesiástica. La logia masónica dentro del Vaticano no iba a aceptar esos cambios de ningún modo y Luciani, que desconocía el poder al que se estaba enfrentando, no vivió lo suficiente como para llevar a cabo su misión.
Conclusión
Este conflicto, entre quienes aman la libertad y entre quienes quieren someternos, está lejos de llegar a su fin. Se han cosechado muchos éxitos, pero también ha habido muchas decepciones. Un grupo de decididos ciudadanos de todo el mundo que aman la libertad ha obligado a los todopoderosos miembros del Bilderberg a ponerse a cubierto, a volverse más reservados, más paranoicos y, en lo sucesivo, menos invisibles. A nuestra lucha se han unido hombres y mujeres de todos los servicios secretos de Occidente y de algunos de la Europa del Este. En los pasillos del poder pasan pocas cosas de las que no nos informen casi de inmediato nuestros contactos de confianza. Operamos desde la legalidad, contrastando tres veces nuestras fuentes, referencias y pistas. Este esfuerzo no resulta ni mucho menos fácil. Pero cuando me siento cansado por el sacrificio que me ha exigido esta lucha, pienso en los millones de personas de todo el mundo que han luchado y muerto para que un día, nosotros, la generación que les ha sucedido, podamos disfrutar de los privilegios de la libertad y de la búsqueda honesta y decente de la felicidad que nos ha permitido tener su sacrificio. Hubo una época, cuando me sentía desdichado, enfadado y frustrado porque nadie parecía escuchar, entender y ser consciente de los nubarrones que se cernían sobre nosotros, en que me sentí traicionado por la sociedad y me lo tomé muy a pecho y como algo personal. Quería salir huyendo, estar solo, compadecerme de mí mismo y, en última instancia, culpar al resto del mundo de las fechorías de unos pocos delincuentes. Entonces maduré. Pensé en las familias de israelíes y palestinos asesinadas en medio de una espiral de violencia y odio cuyas vidas habían quedado destruidas para siempre por la atroz maldad que representa el odio. Este odio no es espontáneo, sino que lo han impuesto y manipulado con maestría desde bastidores los controladores del Bilderberg/CFR/Comisión Trilateral/Mesa Redonda/RIIA, que están arrastrando a un mundo reticente a su total extinción. Pensé en los millones de bebés del crack nacidos en los barrios pobres de la ciudad y en las decenas de millones de adictos al opio cuyo futuro se ha convertido en una drogadicción porque unos pocos elegidos hacen grandes fortunas a costa de la desgracia de los demás. Pensé en las mentiras y en la muerte de cientos de millones de jóvenes soldados inocentes que fueron enviados a su fatal destino por una ingeniosa campaña de propaganda de Verdún y de todos y cada uno de los demás conflictos, como las dos guerras mundiales, Corea, Vietnam, las Malvinas, Panamá, Afganistán, Irak, etc. Pensé en el agente naranja y en el síndrome de la guerra del Golfo, responsables de convertir a jóvenes soldados robustos y musculosos en frágiles ancianos con tan sólo treinta años de edad. Pensé en los cientos de miles de víctimas del bombardeo de Dresde, víctimas inconscientes del experimento con conejillos de Indias realizado por el Instituto Tavistock.
Y me mantengo firme y resuelto con el cada vez mayor número de estadounidenses, canadienses, británicos, franceses, españoles, portugueses, holandeses, belgas, daneses, suecos, finlandeses, noruegos, australianos, africanos, asiáticos y europeos que han perdido toda la fe en sus gobiernos, a los que les provocan náuseas las mentiras, la avaricia, la duplicidad, la pantomima, la jocosidad y la manipulación de quienes se denominan a sí mismos nuestros «líderes» pero que, de hecho, son un montón de basura que debe tirarse en el montón que llamamos cubo de la basura de la Historia. Sus nombres, cuando ganemos esta guerra, serán recordados como un destello entre la vida y la muerte.
Hace trescientos setenta años, Galileo Galilei fue perseguido por enseñar que la Tierra era redonda y daba vueltas alrededor de una desconocida estrella en el extremo de una galaxia desconocida. La Iglesia católica y gran parte de la población vilipendiaron a este gran hombre porque les aterrorizaba que al decir la verdad alterara el orden social. Como dijo alguien, «el problema es la renuncia intrínseca de la gente a enfrentarse a aquello a lo que teme, con lo cual ponen como cabeza de turco y sacrifican a su prójimo ante una maldad a la que no osan enfrentarse ellos mismos».
Vivo esperando el día y la hora en que hombres y mujeres de honor reconocerán que la dignidad, la bondad, la integridad, la confianza y el amor al prójimo son tan indispensables para la supervivencia de la raza humana como lo fueron los descubrimientos de Galileo. Estos principios de humanidad deberían guardarse como un tesoro en algún documento en algún lugar para el futuro lejano, de forma que si un futuro tirano decide traicionar de nuevo a la humanidad, lo pagará caro.
A simple vista, este libro trata de un club secreto conocido simplemente como el Bilderberg. Sin embargo, a un nivel mucho más profundo trata de la fe interior y convicción en las que no puede influir la opinión pública, el soborno o el ansia de riqueza y poder. Este libro trata de la integridad y el honor, y de cómo enfrentarse y superar el miedo. Trata de ayudar a la gente a pensar y a analizar de un modo independiente, incluso de los denominados expertos, representados con maestría por todos los grupos de medios de comunicación que dirán a la gente en qué teoría conspiradora creer.
Este libro trata también de mi vida y del rechazo frontal a vivir con miedo. Hasta mi último suspiro viviré como un hombre libre, caminando por el mundo como debería hacerlo un hombre libre, con la cabeza bien alta. Sólo cuando decidamos que el miedo dirija nuestros actos es cuando aquellos a los que nos oponemos y a los que despreciamos habrán ganado realmente. Tal vez aquellos que menosprecien este libro por intentar decir la verdad, por miedo a ponerse en ridículo, descubrirán, disgustados, que su camino lleva finalmente a un callejón sin salida.

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