Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

sábado, 4 de julio de 2009

Manipulación cultural judía

Hablar con Judíos (o no)
Kevin MacDonald. 10 de febrero 2009

Un tópico del que apenas se discute, es el de la agresión hostil que debes soportar, si te atreves a tratar sobre ciertas sensibilidades judías. No hablo de la racionalización sofisticada que puedas encontrar en los medios informativos principales, o de las tácticas difamatorias de organizaciones como la ADL o la SPLC. No, estoy hablando de agresiones personales. Hay algo absolutamente primario en ello. Hay un blog franco y refrescante de Karin Friedemann, una antisionista étnicamente judía. Ella señala la “violenta intolerancia” que los defensores de Israel muestran a la gente de diferentes opiniones.

A los judíos norteamericanos se les entrena desde la infancia a interactuar con los no judíos con engaño y de forma arrogante, coordinados unos con otros, para destruir emocionalmente a los Gentiles y a los críticos de Israel, así como adicionalmente destruir sus carreras e interferir en sus relaciones sociales. Realmente esto es algo deliberado, malvado, es un comportamiento planeado y motivado por una furia narcisística farisaica…El problema es que a los Gentiles se les enseña a través de la presión y violencia emocional ejercida por los medios de comunicación y el sistema educativo a ser muy sensibles al sufrimiento judío, así cuando un sionista se indigna porque un gentil cuestiona su visión del mundo, el gentil debe entonces luchar contra su propio ser en una dura batalla con su "judío interior" que le hace sentir inadecuado e intimidado. Pero al judío no le importa si hiere a otros. A los judíos solo les preocupa lo que es bueno para los judíos.

Una vez hice llorar histéricamente a un hombre de 50 años porque le dije suave y afectuosamente que los Judíos no eran tan únicos. Solo le dije que los Judíos, como cualquier otra persona, tiene buenos y malos tiempos. Tiempos en los que fueron masacrados y tiempos en los que masacraron. Como cualquier otro pueblo. Imagina lo que hizo después. Me maltrató emocionalmente y me insultó, cortando toda comunicación. El comportamiento judío es tan predecible que realmente da miedo.

Si mencionas cortar el dinero [a Israel] o si mencionas el posible compromiso de vivir con los palestinos como iguales en un solo estado, se enfurecen y empiezan a usar tácticas intimidatorias, a menos que tengan alguna razón para temerte, en cuyo caso te evitan y te denuncian a las autoridades, intentan que te arresten o intentan destruir tu carrera o tu estatus social mediante la calumnia.

Todos los sionistas creen en el mito de los "1000 años de sufrimiento judío" y creen que el mundo les debe una compensación por el sufrimiento 'único' de sus antepasados". Es un punto de vista loco y criminal. Resuelven sus contradicciones entre sus creencias de que son los tipos buenos y lo que realmente les están haciendo a sus vecinos, tanto en Oriente Medio como en los EEUU, desarrollando problemas de salud mental. Muchos sionistas son esquizofrénicos funcionales.


Estas tácticas no se restringen solo a los críticos del sionismo. Como alguien que ha experimentado un aluvión de emails hostiles de sus colegas de facultad, puedo atestiguarlo. Rápidamente uno se da cuenta que la reivindicación de la legitimidad de la identidad blanca y sus intereses, produce un aluvión de hostilidad. Esto a pesar del hecho que todo el espectro político judío apoya fuertemente el sionismo racial. Una persona me envió recientemente esto:

He encontrado a muchos judíos liberales, políticamente correctos que reaccionan vehemente (casi violentamente) a los comentarios más inocuos sobre cualquier tópico relacionado con Israel o los Judíos. Un judío, cuando mencioné que fui con mi esposa a Rusia, se pasó varios minutos echando espuma por la boca contra los rusos. Otro, cuando escuchó que yo sentía compasión por los problemas de los palestinos quiso saber quién era yo y cómo me atrevía a decir eso. A menudo tienen tolerancia cero por cualquier diferencia de opinión.

Los medios de comunicación constantemente presentan imágenes del sufrimiento judío— hay un exceso de películas sobre el Holocausto. Pero los medios ignoran otras situaciones, como por ejemplo las primeras décadas de la URSS y ahora en el Gran Israel, donde los Judíos han infligido un sufrimiento horrible. Estoy leyendo el libro de E. Michael Jones: El espíritu revolucionario judío y su efecto en la Historia. Es estremecedor leer su relato de violencia judía ejercida contra los no judíos en el mundo antiguo, particularmente la persecución de Cristianos siempre que tuvieron el poder para hacerlo. Mucho antes de que los Cristianos tuvieran ninguna influencia en la política de Roma, las quejas de los Cristianos sobre los Judíos no eran estereotipos basados en la memoria histórica, sino que surgían de la experiencia directa con los Judíos:

Orígenes entendió que la calumnia judía ayudó a que se persiguiera a los Cristianos, y que el odio Judío era un hecho en la vida de los Cristianos, que se mantuvo tras las repetidas derrotas de la política mesiánica” (las derrotas de los rebeldes Judíos a las manos de los Romanos entre los años 70 y 135 DC) (p. 69).

Esta es la base de mi preocupación de lo que les pasará a los blancos cuando los Judíos formen parte de una élite hostil en una América en la que los blancos serán minoría. Los no judíos absorben estas imágenes de los medios y se sienten inadecuados, intimidados emocionalmente. Acaban identificándose con el agresor, parecido a un rehén golpeado hasta las cejas, o como sugiere Friedemann, como una esposa maltratada. O mantienen sus amistades pero evitan hablar de nada relacionado con Israel. Los no Judíos siguen a su “judío interior” porque han internalizado las imágenes del sufrimiento judío. Por tanto ayudan y justifican la brutalidad y agresión judía.

Los no judíos que persisten en criticar a la comunidad judía organizada son amenazados con perder su fuente de ingresos y acabar en el ostracismo social. Como escribí en un artículo la comunidad organizada judía no cree en la libertad de expresión. Es importante recordar que cuando los Judíos dominaban en la URSS en las primeras décadas de la Revolución, el gobierno controlaba los medios de comunicación, se prohibió por ley el antisemitismo, hubo asesinatos masivos de Cristianos y se destruyeron iglesias Cristianas e instituciones religiosas.
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La gente honesta acaba dándose cueta de que cuando se trata de cuestiones críticas como Israel o la América multicultural, las divisiones entre los Judíos son una ilusión. (Friedemann ha renunciado a su identidad judía.) Como dice el marido de Friedemann, Joachim Martillo, escribe “los Judíos, que quieren ser seres humanos decentes, no tienen otra opción que renunciar a ser Judío y servir a la lucha antisionista ya.”
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Esto es lo que pasa cuando gente inteligente y honesta que trabaja duro para que sus estudios sean correctos, son sin embargo difamados como antisemitas, culpables del más vil de los pecados. No es sorprendente que Abe Foxman — el primer defensor del statu-quo racial sionista en Israel — dedicara todo un libro a calumniar a Mearsheimer y Walt. Simplemente, no merece la pena hablar con esta gente, o tomar en serio lo que dicen de nosotros.

Sabemos que el gobierno de Israel está firmemente en las manos de los sionistas raciales — seguidores de Vladimir Jabotinsky y su visión de la diferencia racial y la superioridad del pueblo judío. Ciertamente, la única cuestión en las elecciones israelíes es saber qué rama del sionismo racial formará el siguiente gobierno. Se sabe que el sionismo racial ha ganado completamente en Israel cuando Kadima — el partido de Ariel Sharon, Ehud Olmert, Tzipi Livni y la invasión de Gaza — es descrito por Benjamin Netanyahu como el partido de la izquierda. LA Times lo denomina centrista, pero como escribe el activista por la paz israelí Uri Avnery, Livni “grita a los cielos contra cualquier diálogo con Hamas. Objeta sobre el acuerdo de alto el fuego. Intenta competir con Netanyahu y [Avignor] Liberman con mensajes nacionalistas desenfrenados.” De hecho, la única preocupación de Netanyahu es que el abiertamente racista Liberman — un discípulo del infame Meir Kehane — le pueda quitar muchos votos al Likud.
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Una vez más vemos en funcionamiento el principio general que muestra que dentro de la comunidad judía, los elementos más extremistas dominan y arrastran al resto de la comunidad judía con ellos. Como escribí en "Sionismo y la dinámica interna del Judaismo," "con el tiempo los más militantes, los sionistas expansionistas (los Jabotinskyistas, el partido Likud, los fundamentalistas, y los colonos de la franja de Gaza) han ganado el día a día y continúan presionando para que Israel se expanda. Esto conduce a enfrentamientos con los palestinos y una creencia ampliamente extendida entre los Judíos que el mismo Israel está bajo amenaza. El resultado ha sido una consciencia de grupo creciente entre los Judíos, y en última instancia mayor apoyo para el extremismo sionista entre toda la comunidad judía organizada americana".

E. Michael Jones (El espíritu revolucionario judío y su efecto en la Historia, p. 42) ha extrapolado este argumento al mundo antiguo. Muestra cómo la comunidad judía fue arrastrada hacia el fanatismo por los Zelotes que expulsaron a los seguidores de Jesús de la sinagoga y adoptaron un camino desastroso revolucionario contra Roma, que finalmente les llevó a las derrotas de los años 70 y 135 DC
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Los políticos que dirigen Israel son más racialistas y nacionalistas que los políticos norteamericanos o europeos. Como señala Avnery:
En cualquier otro país, el programa de Liberman sería calificado de fascista, sin comillas. Ningún gran partido occidental se atrevería a solicitar [la anulación de la ciudadanía israelí a los árabes]. Los neo-fascistas en Suiza y Holanda quieren expulsar a los extranjeros, no anular la ciudadanía de quienes hayan nacido ahí.

Cuando Joerg Haider entró en el gobierno austriaco, Israel llamó a su embajador en Viena como protesta. Pero comparados con Liberman, Haider era un liberal, y también lo es Jean-Marie le Pen.

Netanyahu ha anunciado que Liberman será “un importante ministro” en su gobierno, Livni ha insinuado que estará en su gobierno, también, y Barak no ha excluido esa posibilidad.

Kevin MacDonald es profesor de psicología en la universidad del estado de California Long Beach.
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