Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Instituto Tavistock (III)

Viene de aquí.


EL PÁJARO AZUL DE LA FELICIDAD

La Tierra de la Memoria ha sido siempre el objetivo principal de las operaciones de control mental y de la contrainsurgencia.

Existe una frase que quizá no se emplee hoy en día tanto como en los albores del siglo XX: «El pájaro azul de la felicidad.» Una cosa de la que es posible que mucha gente no se dé cuenta —y de la que tampoco fue consciente en su día— es que esta frase tiene su origen en El Pájaro Azul de la Felicidad (1909), la obra más famosa del escritor y dramaturgo belga Maurice Maeterlinck, ganador del premio Nobel. En esta obra de teatro aparecen dos niños que parten en busca del Pájaro Azul de la Felicidad. Su búsqueda los hace vivir numerosas aventuras, en una suerte de viaje iniciático en busca del Santo Grial. Muchos de los motivos que aparecen en la obra de Maeterlinck se repiten en la búsqueda de la CIA por perfeccionar el control de la mente, una búsqueda que comenzó con el proyecto Bluebird.

El argumento, que empieza en Nochebuena, cuenta que dos niños —Tyltyl y su hermana pequeña Mytyl— parten de viaje con el fin de encontrar el Pájaro Azul de la Felicidad. Se trata de dos niños pobres, hijos de un carpintero, que viven
frente a una casa donde hay niños muy ricos, y saben que son demasiado pobres para recibir regalos de Navidad ese año. En mitad de la noche llaman a la puerta. Es una anciana —que más adelante se presenta como el hada Berylune— y les pregunta si tienen «la Hierba que Canta o el Pájaro Azul». Berylune tiene una hija enferma que no se pondrá bien a menos que encuentre el Pájaro Azul de la Felicidad. Los niños, deseosos de ayudar, salen de su casa en busca de ese misterioso pájaro..., y para visitar a sus abuelos muertos, con la ayuda del hada. Sin embargo, para visitar a los muertos tienen que atravesar la Tierra de la Memoria, que se encuentra en el camino que lleva al Pájaro Azul.

Estoy yendo despacio al explicar la obra de Maeterlinck para ayudar al lector a que comprenda de qué modo las sociedades secretas, las agencias de inteligencia y los gobiernos se sirven de la literatura para adoctrinar a sus agentes y convertirlos en esclavos de las élites a través del control mental. Bluebird es uno de esos programas, ideado por Tavistock, concretamente, para la CIA.

Igual que sucede en la obra de Maeterlinck, a los reclutas se les entrega un sombrero mágico. En dicho sombrero hay un diamante, justo en el centro. Cuando Tyltyl lo apriete, verá «el Alma de las Cosas»; cuando lo gire hacia la derecha verá el pasado, y hacia la izquierda, el futuro. Y siempre que lleve el sombrero puesto será invisible. Quienes ya hayan leído algo del misticismo oriental, sin duda captarán que el diamante es la «sustancia diamantina» y que su posición en el sombrero hace referencia al Tercer Ojo, que, cuando está abierto, proporciona
al devoto informaciones secretas y poderes ocultos. La búsqueda del Pájaro Azul otorgará dichos poderes a Tyltyl (y a los reclutas sometidos al contol mental), mientras camine por la Tierra de la Memoria, el Palacio de la Noche, un Camposanto y un Bosque Encantado. Al final, naturalmente, los niños regresan a su hogar, el día de Navidad por la mañana, y descubren que el Pájaro Azul de la Felicidad siempre había estado allí.

Para Tavistock esta obra está llena de elementos ocultos y esotéricos sobre la búsqueda de tesoros de la necromancia. Que los niños —vírgenes— son los buscadores ideales según los textos ocultos de la Edad Media es algo que no hace falta ni mencionar. La moraleja es edificante y espiritual, conservadora y entrañable. Un cuento de hadas repleto de animales y árboles que hablan y abuelitos bondadosos. Pero la búsqueda en sí resulta iluminadora por otras razones.

La Tierra de la Memoria, por supuesto, era la meta del proyecto Bluebird: entrar en esa tierra que es la mente de otra persona, rebuscar en todos los cajones, redistribuir el mobiliario y salir sin que nadie se percate. Cuando comenzó la Guerra de Corea y los prisioneros de guerra estadounidenses empezaron a hacer extrañas declaraciones en defensa del comunismo después de una misteriosa estancia en Manchuria, el mundo conoció el concepto de «lavado de cerebro» y el proyecto Bluebird adquirió una importancia enorme. Si los comunistas eran capaces de alterar la conciencia de los soldados estadounidenses, la guerra adquiría un cariz totalmente distinto: se convertía en una guerra entre culturas, el ateísmo contra la religión, una raza contra otra, la Luz contra las Tinieblas. No era una guerra en la que hubiera que luchar sólo con balas; las operaciones de guerra psicológica se pusieron en práctica al mismo tiempo que se puso en marcha el proyecto Bluebird. Y así comenzó lo que en 1957 William Sargant denominó «la batalla por la mente».

Era obvio que Tavistock conocía la obra de Maeterlinck, de igual modo que Lewin y Rees conocían sus otras obras más oscuras o sus estudios de astrología, fenómenos psíquicos y misticismo. La descripción que hace Maeterlinck de la Tierra de la Memoria tuvo que despertar mucha curiosidad en los miembros del equipo de Tavistock, cuando se embarcaron en la búsqueda de la clave que resolviera el misterio de la conciencia humana. Y así comenzó el programa para controlar la mente.

En la Tierra de la Memoria —un territorio extraño, cubierto por oscuridad y niebla—, los dos niños encuentran a sus abuelos, fallecidos hace tiempo. Éstos les dicen: «La última vez que estuvisteis aquí, a ver, ¿cuándo fue...? Fue por Todos los Santos, cuando estaban doblando las campanas de la iglesia.» [29]

La festividad de Todos los Santos, por supuesto, es el día de los muertos. Encuentran un Pájaro Azul, pero cuando regresan de la Tierra de la Memoria el pájaro se ha vuelto completamente negro. Sólo ha tenido lugar la primera «prueba», y a Tyltyl y Mytyl les queda mucho camino por recorrer.

La siguiente fase del control mental es el Palacio de la Noche. Se trata de un lugar todavía más fantasmal e inhóspito que la Tierra de la Memoria. La Noche aparece representada por una especie de ángel, una Dama Siniestra que tiene alas en vez de brazos. El Palacio de la Noche es el territorio de los Espectros, las Enfermedades y las Guerras. De la Tierra de la Memoria al Palacio de la Noche se va directamente, de desvelar los secretos de la memoria se pasa a entrar en comunión con los muertos, a controlar la enfermedad y a salir victorioso en la guerra.

Bluebird, al igual que otros programas asociados con él como MK-ULTRA y OFTEN, estuvo presente en todos los aspectos relacionados con la modificación de la conducta, la hipnosis, los estados psicológicos inducidos por las drogas y
la amnesia.

Tyltyl encuentra una puerta imponente, situada en la parte posterior del Palacio de la Noche, y le dicen que no debe abrirla jamás, que aguardan tremendos peligros a quienes intenten atravesarla, y que todo el que entra en esa estancia no regresa al mundo de los vivos. Tyltyl, movido por el sagrado deseo de encontrar el Pájaro Azul, decide por fin abrir la puerta. Al hacerlo ve un jardín bellísimo, una cascada de agua, muchas cosas maravillosas y... pájaros azules. Intenta capturar tantos como puede, pero en cuanto los saca de allí se convierten en cadáveres en sus manos. Los pájaros no pueden soportar la luz del día.

Los métodos empleados por Tavistock saltan a la vista. En el caso del M16, el entrenamiento incluía el capítulo 4 sobre los «quesos apestosos» de la novela Tres hombres en una barca de Jerome K. Jerome. En el caso de los reclutas de la CIA y las víctimas de los programas de control mental, el manual de entrenamiento echa mano de El Pájaro Azul de la Felicidad de Maeterlinck, acto III, «El Palacio de la Noche».

Las sesiones continúan. Ambos, el recluta que está sufriendo el lavado de cerebro y Tyltyl, deben proseguir su búsqueda y salir del Palacio de la Noche para ir al destino siguiente, el Palacio del Lujo. Aquí se encuentran con una escena de extrema depravación, llena de seres gordos que comen, beben, ríen y montan un jolgorio, beatíficamente sumidos en su voluntaria ignorancia. Tyltyl, como siempre —con su diamante mágico (un conocimiento secreto, inaccesible para los demás)—, puede ver las cosas tal como son en realidad, y al apretar el diamante percibe que esos seres son necios desgraciados que se dirigen hacia las Desgracias, un lugar especial del que es posible que no regresen nunca.

Naturalmente, la CIA está especializada en «ver las cosas tal como son en realidad», en mirar detrás de la cortina, detrás de la fachada, y su programa puede considerarse el diamante de Tyltyl: a través del diamante mágico ven la mente humana como es en realidad, y gracias a eso despojan de sus defensas a la conciencia humana a fin de que todas las cosas, todos los secretos —incluso secretos gubernamentales clasificados que podrían costar muchas vidas— sean revelados.

Desde el Palacio del Lujo, Tyltyl se dirige al Reino del Futuro. Aquí es donde encuentra un lugar lleno de niños que aún no han nacido, vestidos de azul, que parecen pequeños científicos. Están ensimismados con los inventos que van a traer a este mundo cuando nazcan. Sin embargo, Tyltyl, que está vivo, no tiene permiso para entrar en ese Reino, que se halla regido por el Tiempo. Así pues, del Reino del Futuro pasa al Camposanto. Éste se parece mucho a cualquier otro cementerio. En él hay lápidas, hierba y silencio. Al llegar la medianoche, Tyltyl
ha de hacer uso nuevamente de su diamante mágico para ver a los muertos. En medio de la oscuridad y del terror por lo que se avecina, a lo lejos se oyen las campanadas de un reloj que da la hora. Tyltyl aprieta el diamante, asustado pero deseoso de ver a los muertos, pues se trata de la siguiente prueba que ha de superar para poder capturar al Pájaro Azul. Pero en lugar de ver figuras fantasmales vestidas con sudarios y arrastrando cadenas, lo que ve es otra escena. Las tumbas se abren, pero en vez de salir seres monstruosos, de ellas brotan flores.
«Creían que surgirían horribles esqueletos de la tierra y que se pondrían a perseguirlos. Habían imaginado toda clase de cosas terribles. Y en cambio, en presencia de la Verdad, vieron que todo lo que les habían contado era un cuento y que la muerte no existía.» [30]
El lema de la CIA, como es natural, es: «Conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres.»

Después del Camposanto, Tyltyl se interna en el Bosque. Durante este viaje ha gozado de la compañía de diversas criaturas que siempre lo han observado de lejos. Muchas de esas criaturas —sobre todo el Gato— temen perder la vida si Tyltyl logra su propósito. El Gato dice:
«Conviene fiarse sólo de uno mismo. En mi vida de gato, todo nuestro entrenamiento se funda en la sospecha. Y veo que en la vida de los hombres sucede lo mismo. Quienes se fían de los demás son traicionados. Es mejor guardar silencio y ser uno mismo traidor. » [31]
Este bien podría ser el lema personal de algunos de los siniestros personajes que trabajaron entre bastidores en Tavistock y en la CIA, hombres como John Rawlings Rees, Eric Trist, el director de la propia CIA Richard Helms y el jefe de la operación MK-ULTRA, Sidney Gottlieb. Hombres solitarios y muy reservados, que guardaron con igual pasión los secretos de la nación y los secretos de su vida, puesto que los unos y los otros suelen estar entrelazados de modo inextricable; hombres que ciertamente se formaron basándose en la sospecha.

En la obra de teatro, el Gato conduce a Tyltyl a una trampa en el bosque y el protagonista se ve cercado por los árboles y los animales y tiene que luchar para salvar la vida. En el último momento, lo salva la Luz, que le advierte que «el hombre está solo ante el mundo». [32]

Al final llega la despedida, pues se ha hecho tarde, y los niños regresan a su casita de forma milagrosa en la mañana del Día de Navidad, justo cuando el reloj da las ocho. Se trata del Despertar, un tema constante para la CIA y para Tavistock. Como es natural, al despertarse, los niños se dan cuenta de que el Pájaro Azul ha estado todo el tiempo dentro de su casa.

Por medio de un «inocente» cuento infantil, los encargados de lavar cerebros en Tavistock se han embarcado en una búsqueda sagrada que los conduzca a los secretos más profundos de la humanidad; zambulléndose en los secretos universales y macrocósmicos de la mente humana, abrigando la esperanza de desvelar los secretos concretos y microcósmicos de sus enemigos. Tal como es arriba, es abajo.

Tavistock se valió de su comprensión de los métodos de la psiquiatría para formular y llevar a la práctica un programa de acción basado en dichos conocimientos. Una vez que quedaba dibujado el mapa neurótico de cada persona, Tavistock podía instalar un mecanismo de «filtro»; es decir, diferentes formas de lavado de cerebro, para seleccionar diversos tipos neuróticos y situarlos en los entornos apropiados.

En todos estos procesos empleados en Tavistock existe un simbolismo más profundo. Tykyl y Mytyl son seres inocentes, niños virginales, libres de toda mancha moral, que realizan un viaje iniciático en compañía de la Luz. Los hombres del programa Bluebird y, más tarde, del MK-ULTRA difícilmente podrían llevar dichos apelativos. Desde el punto de vista de las antiguas religiones mistéricas cuya búsqueda imitaban ellos, estaban descendiendo a las profundidades del Abismo sin haber pasado por el período de purificación; de modo que sus pecados —personales, privados, concretos— vendrían a atormentarlos en los días, semanas y años siguientes, ensuciarían su reputación y les prohibirían la entrada en el Templo Interior.

Por lo tanto, el núcleo psicópata de la visión a largo plazo de Tavistock es el siguiente. En la revista The Campaigner de Estudios Estratégicos JCLC, L. Marcus explica que: «Las "reformas estructurales" fascistas, el control de las comunidades locales y el "contrato social" constituyen la afirmación del mundo infantil del inconsciente a expensas de la relativa racionalidad de anteriores ego-ideales de socialización. Fascismo es la palabra deseada que aparece en los sueños paranoicos del "id". Y, por el contrario, si el mundo atomizado de la persona se transforma en un entorno controlado conforme a esas "reformas estructurales" fascistas, la mente de la víctima descubrirá que sólo su potencial yo paranoico le proporciona el medio para estar en armonía con dicho entorno controlado. » [33]

En determinadas circunstancias, esta técnica se aplicó al mundo de la inteligencia, pero quienes practicaban el arte del lavado de cerebros idearon una utilidad mucho más horrenda.

Después de la guerra, estas técnicas se practicaron a la sociedad, se aplicaron a personas reales y vivas. Tavistock había comprendido que la familia era el agente psicoactivo más poderoso de todos. Una de sus creaciones, los «grupos terapéuticos» que analizaremos en este capítulo, proporcionó la oportunidad que se necesitaba para aprovechar el poder que tenía la familia.

El más adelantado de todos los brutales practicantes de la nueva psicología industrial fue el doctor John Rawlings Rees. Rees descubrió que el mundo de lo irreal podía crearse: el grupo social. Se obliga a una persona a transferir su identidad al grupo, en el cual es sometida a las formas más extremas de sugestión. Siempre que se destruya el sentido de identidad real de esa persona, se podrá manipular como si fuera un niño.

M. Minnicino, en un artículo titulado «Low Intensity Operations» [Operaciones de baja intensidad], explica:
«Un experto líder de grupo es capaz de servirse de dicho grupo para crear un entorno "familiar" potente, aunque sea artificial. Una vez que se ha inducido dicho entorno, un terapeuta puede manipular a un miembro del grupo, no mediante un ataque directo, sino por medio de una sutil manipulación de los demás miembros del grupo; por ejemplo, empleando la sugestión. Si la víctima ha sido llevada a creer que el grupo es algo que la ayuda (maternal), cuando dicho entorno haya sido manipulado y se vuelva contra ella, tenderá a ejercer el mismo impacto que el profundo rechazo de una madre.» [34]
Rees y Tavistock comprendieron, gracias a los muchos esfuerzos que habían dedicado al trabajo con grupos, que la manipulación basada en la concepción burguesa de que el mundo exterior es algo mágico (miedos de la madre) era fundamental para controlar a las masas. Es decir, el Instituto se puso a buscar métodos con los que manipular a las poblaciones explotando su ideología. Primero, creando numerosos grupos sociales y después poniendo dichos grupos en una situación competitiva.

Haciendo que todas las victorias dependieran exclusivamente de vencer a expensas de los grupos, se podría establecer un orden social fascista. Lo único que se requería era atomizar a la población objeto, emplear un arsenal de armas sociológicas y psiquiátricas que tuvieran como efecto enfrentar a unos contra otros. A una raza contra otra, a un grupo lingüístico contra otro, los «derechos» de las mujeres contra la «opresión» de los hombres. Para luego subdividir estos grupos en categorías profesionales, etcétera, y después subdividirlos en pequeños grupos con intereses territoriales, por comunidades, de forma tal que las fuerzas militares «nunca se enfrentaran a más que una pequeña fuerza material representada por un núcleo duro resistente a una, por lo general eficaz, combinación de armas de control sociológicas y psiquiátricas». [35]

Uno de los usos que dieron a dichas prácticas los lavacerebros de Tavistock fue el de aumentar la productividad e intensificar el rendimiento de la mano de obra a expensas de la salud de las personas. En otras palabras, los Rockefeller indujeron a la destrucción automotivada del yo, una sociedad de zombis con el cerebro lavado, que se contentaba con subsistir al borde del hambre y que cometía actos de sodomía sadomasoquista para una suerte perceptiblemente irracional de holocausto psicótico. Y todo esto basado en una especie de perverso fanatismo ciego, sodómico y dionisíaco, dentro del amplio marco del modelo Rockefeller que tenía Rees de la sociedad fascista. «La finalidad consiste en funcionar sometido a una disminución en espiral de los ingresos económicos y de las condiciones de trabajo.» [36]

Sin embargo, esta locura tiene su método. Por ejemplo, en un ambiente de disminución en espiral de los ingresos económicos y de las condiciones de trabajo, se «sugiere» como meta del grupo un aumento cada vez mayor de la productividad, con frecuencia a expensas de la seguridad y del bienestar psicológico de los miembros del grupo. A quien proteste se le dice que no se ha adaptado bien. «La idea era recrear en la terapia de grupo una dinámica de familia, o una dinámica de presión de los iguales, en la cual se forzara al grupo a alcanzar unos objetivos predeterminados mediante consenso, o "democráticamente", conforme al lenguaje empleado por estos ingenieros sociales. La idea era que al atacar la identidad soberana de un miembro del grupo, esa persona entregaría su soberanía al grupo y se volvería susceptible de ser sugestionada para luchar por los objetivos predeterminados. » [37]

Dichas técnicas sacan provecho de los sentimientos de culpa, vergüenza y remordimiento de la persona vulnerable, a fuerza de martillo y escalpelo.[38]

Esa persona, al verse humillada por el grupo y teniendo únicamente el mundo de lo irreal para juzgar a partir de él, se degrada todavía más y acepta el veredicto. Y empieza a producir más.

Ahí reside la maliciosa y repugnante idea central de la coparticipación, «calidad de vida», determinación conjunta, «humanización», relaciones humanas o cualquiera que sea el eufemismo que se quiera emplear, todo bajo el estandarte de la «sociedad posindustrial», una basura patrocinada por la Fundación Ford cuya opinión particular, como arma ideológica de contrainsurgencia, introdujo la noción protofascista del «crecimiento cero».
«La mano de obra esclava y el sistema de campos de exterminio de los nazis no son rarezas caprichosas de Hitler y sus socios, sino una expresión intrínseca de las políticas fundamentales de toda economía de "crecimiento cero". Resulta imposible iniciar políticas de crecimiento cero hoy sin provocar un genocidio en masa mañana. » [39]
De hecho, la idea que dio lugar a estos programas surgió mucho antes de que se crease Tavistock. Rockefeller II comenzó a fomentar los salvajes planes de «relaciones humanas», diciendo que eran la mejor manera de obtener una mayor productividad ya en 1916, cuando intervino en la Conferencia Industrial de la YMCA, y en 1917, durante el discurso que pronunció en la Universidad de Cornell, durante la convención que se celebraba el Día del Fundador. Una de las principales propuestas que salieron de la campaña de Rockefeller fue la de promover un plan «democrático» según el cual los empleados serían propietarios de cierto número de acciones y «así el trabajador se ve así mismo como un capitalista desde su punto de vista y se vuelve conservador e inmune a los ideales
radicales». Y, además, produce más, que es el objetivo.

En los años cuarenta, fue el punto de inflexión de la estrategia de Rockefeller de modificación de conducta-lavado de cerebro, determinación conjunta, coparticipación y corporativismo para apoderarse de Estados Unidos y del movimiento de trabajadores de todo el mundo. [40] A medida que la guerra iba tocando a su fin, Rockefeller cambió la psicología de los trabajadores de una manera esencial de acuerdo con la forma en que iba a dirigir, a partir de entonces, el movimiento obrero organizado de Estados Unidos. Fue algo que se hizo simultáneamente en distintos niveles.

En 1946, Rees-Tavistock-Rockefeller formalizaron el Memorándum Rockefeller», en el cual, el general de brigada John Rawlings Rees expuso los detalles del pensamiento de su camarilla y lo ofreció a la familia. La Fundación Rockefeller, que había dado grandes cantidades de dinero a Tavistock y a sus miembros desde 1934, aceptó de inmediato, y la Clínica Tavistock se transformó en el Instituto Tavistock de Relaciones Humanas. [41] El Instituto llevaba a cabo operaciones nacionales e internacionales bajo el título de «investigación de operaciones».

En primer lugar, Rockefeller contrató a muchos de los sociólogos que habían participado en los bestiales y fascistas servicios de inteligencia de guerra y los colocó en los campus de los Institutos de Trabajo financiados por la Fundación Rockefeller, el Instituto Nacional de Salud Mental, el Ejército, la Marina, las Fuerzas Aéreas y grandes empresas capitalistas para desarrollar proyectos y dar orientación. Estos Institutos de Trabajo se crearon al mismo tiempo que la CIA, la Junta de Jefes de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional, como parte de la misma red que estaba construyendo Rockefeller para dirigir el mundo entero una vez que Estados Unidos hubiera ocupado el lugar de Gran Bretaña, después de la guerra, como primera potencia mundial.

Uno de los proyectos clave de Tavistock fue el Instituto de Trabajo patrocinado por Rockefeller, donde se estudiaba la modificación de la conducta, cómo motivar a los grupos, el trabajo en equipo, la dinámica social, el aumento de la productividad, desde el punto de vista psicológico con el fin de manipular a las masas. Para principios de los años cincuenta, Rockefeller ya tenía una red de institutos de trabajo, más el control del Departamento de Trabajo, desde donde controlaba física y psicológicamente el movimiento obrero de Estados Unidos.

Pero la mayor aportación que hizo Rockefeller a la «causa del trabajador» fue la total destrucción del movimiento obrero, la perversión y el control del mismo mediante las operaciones orquestadas por él y Tavistock. Desde el Civilian Conservation Corps (CCC) [Cuerpo Civil de Conservación] hasta la Works Progress Administration (WPA) [Administración para el Progreso del Trabajo], desde la National Civic Federation (NCF) [Federación Nacional de Ciudadanos] hasta la American Federation of Labour (AFL) [Federación Americana del Trabajo], el control del movimiento obrero de Estados Unidos estaba siempre sometido al control ejercido por los intereses económicos de Rockefeller. Por ejemplo, Samuel Gompers, el primer presidente de la AFL, ayudó a principios del siglo xx a formar la National Civic Federation [Federación Nacional de Ciudadanos].
«Creía en la supremacía de los empleadores y en la benevolencia del capitalismo, y ayudaba a desbaratar huelgas, reclutar vigilantes y dirigir ataques contra la clase obrera. Durante la Primera Guerra Mundial, Gompers defendió a la agresiva War Labour Board [Junta de Trabajo en tiempo de Guerra], que aplastó a los trabajadores. Entre los líderes de la NCF se encontraron Mark Hanna, de la U. S. Steel Corporation, y seguidores de Rockefeller como Charlie Elliott, miembro del Consejo de Administración de la Fundación Rockefeller y presidente de Harvard.» [42]
Otra de las organizaciones dirigidas por Rockefeller era el Comité Organizativo de Trabajadores del Acero, cuyo director era Philip Murray. La mano derecha de
Murray era Clinton Golden, que en 1947 se sumó al consejo de dirección de la revista Relaciones Humanas de Tavistock y a mediados de los cincuenta pasó a ser miembro de la Fundación Ford, controlada por Rockefeller.

Rockefeller contaba con otro frente más: la Coalition of Labour IJnion Women [Coalición de Mujeres de Sindicatos Obreros] creada por la Cornell ILR School, que celebró su primera conferencia en 1974, en Chicago. Este grupo tenía como finalidad promover la Acción Afirmativa para que las mujeres se enfrentaran a los hombres en agresivas luchas laborales, que se saldaron con un millón de despidos.
«Los tres institutos de trabajo formados, financiados y dirigidos por Rockefeller, Tavistock, el ISR y Corneil ILR, son sólo tres de los más de doscientos o trescientos que crearon los Rockefeller por todo el mundo tras la Segunda Guerra Mundial. Entre ellos se encuentran el Centre d'Études de Problemes Humaines de Travail y la Association pour la Recherche et l'Intervention Psycho-sociologiques, en Francia; el Industrial Research Institute de Bonn y el Department of Social Relations Institute del DGB (sindicato alemán), ambos en Alemania; la Sociedad Argentina de Investigación Operativa (SADIO); la International Jewish Research Foundation on Human Relations, en Israel; y el Psychological Institute en Kyushu, Japón, por nombrar algunos.» [43]
La lista de los institutos de Rockefeller es larguísima y su influencia, enorme. [44]
«Entre el prolongado control que venía ejerciendo la familia Rockefeller sobre la Asociación Americana de Médicos y la Asociación Americana de Psiquiatras y los miembros de la CIA colocados en puestos en los distintos niveles del Gobierno, se invirtieron muchos fondos gubernamentales, entre ellos fondos militares, para promover el desarrollo de programas de lavado de cerebro y colocar a protegidos de Rockefeller y Tavistock en puestos e instituciones clave. Por ejemplo, para crear el cargo que ocupó B. E Skinner en Harvard.
Otro alumno de Rees, el doctor Kenneth Clark, entró a formar parte de la Junta de Regentes del Estado de Nueva York, creada por Rockefeller, y también ocupó el puesto clave de la contrainsurgencia contra los negros (MARC) de la Fundación Ford, entidad inspirada y controlada por Rockefeller. El doctor Nathan S. Une, uno de los criminales de la ideología de Rees, se situó al frente del Hospital Estatal de Rockland, en el estado de Nueva York, además de ocupar un puesto clave en el Hospital Presbiteriano de Columbia, también en Nueva York, donde se
practicó el lavado de cerebro. » [45]
De hecho, las técnicas que se emplean en las negociaciones laborales de España, Francia, Alemania, Estados Unidos y en la mayoría de los países occidentales están sacadas directamente del manual de juegos de rol de Tavistock. A los líderes sindicales no les vendría mal estudiarse la técnica que propugnan Rockefeller y Tavistock para las negociaciones laborales.

Quizá ya la estén estudiando, y den a entender lo contrario. ¿Por eso el movimiento obrero español parece de broma? Vamos a echar una ojeada.
«Incluso antes de una huelga se analiza a fondo el sindicato. Los Institutos de Trabajo de Rockefeller trazan perfiles psicológicos del sindicato como un todo, recopilan información al respecto extrayéndola de alumnos que salen con un cuestionario en la mano. Consultan a miembros del sindicato, interrogan concienzudamente a los líderes sindicales, asisten a sesiones de debate de los miembros y a las reuniones del sindicato, evalúan la historia del sindicato para ver, por ejemplo, si tiende a organizar huelgas, y escrutan los exámenes por escrito y los datos que figuran en los currículos de un número significativo de miembros concretos. Se llevan a cabo estudios de las subsecciones étnicas y raciales del sindicato. En cada subsección, por ejemplo, la de los italianos, se registra si proceden de la clase media o baja trabajadora, si acaban de llegar al país, si tienen o no papeles, si son muy religiosos, si llevan mucho tiempo viviendo en determinado barrio, si están muy unidos a la madre, y así sucesivamente. A continuación, se evalúa tanto al sindicato como a las subsecciones del mismo para ver cómo reaccionan en situaciones de crisis: las lastimosas flaquezas psicológicas, el sentimiento neurótico de culpa, la imágenes
horripilantes que produce el miedo en los miembros y que después se reproducirán en los medios de comunicación y se explotarán de manera sutil en niveles inconscientes a través de la propaganda del Gobierno y de la de Rockefeller, como el conocido miedo que tienen los profesores de raza blanca y de ingresos medios de ser agredidos por las pandillas callejeras de negros, el punto en el que se derrumban los miembros bajo la presión del estrés, los métodos que hay que emplear para que los invada el pánico, en qué momento los miembros dejarán de fiarse unos de otros, hasta qué punto se los puede intimidar con la violencia, qué presión externa es capaz de hundirlos, etcétera. El Instituto de Trabajo Rockefeller realiza nada menos que cien o doscientos estudios en cada sindicato.» [46]
Los métodos empleados están sacados directamente de Behaviour Theory of Labor Negotiations [Teoría conductual de las negociaciones laborales], escrito por Walton y McKenzie para la Corneli School of Industrial Relations, creada por
Rockefeller. Primer paso. Se provoca al sindicato ofreciéndole un contrato particularmente leonino e insultante. El sindicato, enfurecido, sale en masa a las líneas de los piquetes. Puños cerrados y caras serias y de pocos amigos por todas partes. Rockefeller deja pasar los primeros días. Al tercer día, por la tarde, el líder del sindicato ya está pasando la mayor parte del tiempo en la sede del mismo, charlando con los amigos. Para el cuarto día, los gritos ya no son ni la mitad de enérgicos y quedan pocas caras que aún mantengan el gesto serio y de pocos amigos del primer día. Entra en escena Tavistock. La huelga va a ser desbaratada por fases.
«Los líderes sindicales son llamados a negociar. Ya se ha hecho un completo perfil psicológico de ellos, de la estructura de su personalidad, etcétera. En reuniones estructuradas como sesiones de terapia de grupo, el árbitro modificador de la conducta lleva a cabo, sin que lo sepan los líderes sindicales, ciertos sondeos psicológicos contra ellos. La mayoría de los líderes sindicales son unos pobres infelices y resultan fáciles de manipular. Los negociadores y los capitalistas saben que la presión que representan los ataques de los medios de comunicación, las tensiones de la huelga, la presión de sus iguales y la merma de los fondos para la huelga están haciendo mella en ellos y que se están desmoronando por dentro.
»A continuación se lleva aparte al líder para proseguir la negociación. A estas alturas, éste ya está muy cerca de suplicar lo que sea, con tal de poder regresar con los suyos llevando algo en las manos. » [47]
Pero, en lugar de ofrecer a los líderes sindicales mejores condiciones para los trabajadores, se les enseñan las técnicas que han de emplear para venderles la moto a los miembros del sindicato, para que éstos no piensen que los han estafado. ¿Cómo se hace eso? Se imparte un curso sobre negociación para los líderes y delegados sindicales en el Instituto de Trabajo más cercano. En dicho instituto se llevan a cabo programas de modificación de conducta. ¿Adivine quién dirige los seminarios? Exacto, lo ha adivinado: los leales psicólogos de Rockefeller y los miembros de su equipo.

Sin embargo, no termina ahí la invasión y posterior conquista de los sindicatos. Se coloca a agentes clave, modificadores de conducta, en diversos cargos de los sindicatos, normalmente en los de secretario de formación y abogado.
«Cuando llega la siguiente sesión negociadora, los líderes sindicales ya son más fáciles de moldear y con frecuencia aceptan las condiciones que se les ofrecen en las sesiones de negociación previas al acuerdo para fijarlos. Además, al mismo tiempo se centra la atención hacia los miembros del sindicato.
Las técnicas de guerra psicológica como los "períodos de reflexión" entre una reunión de negociación y otra, las campañas de desprestigio en los medios de comunicación, las ofertas de reconciliación, se utilizan y son armas objetivas que Rockefeller tiene a su disposición para quebrantar la voluntad que todavía pueda quedarles a los huelguistas, y así lograr aplastarlos.» [48]
Continúa aquí.

NOTAS

29.Acto II, Escena 2, «The Land of Memory», The Blue Bird.
30.Maurice Maeterlinck, The Blue Bird: The WonderfulAdventures of Tyltyl and Mytyl in Search of Happiness, Silver-Burdett and Company, Boston.
31.Ibid.
32.Ibid..
33. «Rockefeller's Fascism with a Democratic Face», The Campaigner, noviembre-diciembre de 1974.
34.M. Minnicino, «The Tavistock Grin, Low Intensity Operations: The Reesian Theory of War», The Campaigner, abril de 1974.
35.Ibid.
36.«Rockefeller's Fascism with a Democratic Face», The Campaigner, noviembre-diciembre de 1974.
37. David Christie, INSNA: Handmaidens of British Colonialism, EIR, 7 de diciembre de 2007.
38.Carol Menzel, «Coersive Psychology: Capitalism's Monster Science», The Campaigner, febrero-marzo de 1974.
39.M. Minnicino, «The Tavistock Grin, Low Intensity Operations: The Reesian Theory of War», The Campaigner, abril de 1974.
40. «Rockefeller's Fascism with a Democratic Face», The Campaigner, noviembre-diciembre de 1974.
41. M. Minnicino, «The Tavistock Grin, Low Intensity Operations: The Reesian Theory of War», The Campaigner, abril de 1974.
42. «Rockefeller's Fascism with a Democratic Face», The Campaigner,
noviembre-diciembre 1974.
43. Ibid.
44.R. Komer, «The Malaya emergency in Retrospect: organisation of a successful Counterinsurgency Effort», RAND Report R-957-ARPA, febrero de 1972.
45. M. Minnicino, «The Tavistock Grin, Low Intensity Operations: The Reesian Theory of War», The Campaigner, abril 1974.
46. «Rockefeller's Fascism with a Democratic Face», The Campaigner,
noviembre-diciembre de 1974.
47. Ibid.
48. Ibid.
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