Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

jueves, 4 de septiembre de 2014

Instituto Tavistock (IV)

Viene de aquí.



EL DESARROLLO DE LOS PROGRAMAS DE LAVADO DE CEREBRO EN TIEMPO DE GUERRA

En términos prácticos, los tecnócratas de Rockefeller y Tavistock se valieron de sus conocimientos para hundir psicológicamente y luego controlar a un poderoso sindicato de mineros del carbón que, según decía su propia propaganda, «ocupaba una posición de incuestionable liderazgo en la historia de los trabajadores de América». [49]

El director del proyecto era un hombre de Rockefeller, Eric Trist. Trist había escrito Social Structure and Psychological Stress, in Stress and Psychiatric Disorder [La estructura social y el estrés psicológico en el estrés y el desorden psiquiátrico], una basura para utilizar en huelgas y disturbios. Dado que la economía de la posguerra estaba en declive y que las tensiones entre los sindicatos aumentaban, se ideó una alternativa.

Trist sugirió que una representación de los trabajadores entrara a formar parte del consejo de administración de las empresas más importantes. Lo que en aquel momento se pensó que era una importante victoria para los obreros resultó ser un plan inteligentemente concebido por el Instituto Tavistock.
«La rentabilidad de la empresa —que implica que permanece a flote y el trabajador tiene trabajo— depende de la evolución de la economía del mundo y de los asuntos internos. Los asuntos externos, como los mercados mundiales, en general son dirigidos por cárteles de productos básicos que controlan el dinero, las materias primas, etcétera. Los asuntos internos, a no ser que se hagan inversiones en mejoras tecnológicas, se apoyan casi de forma exclusiva en la aceleración brutal a la que se someten los propios trabajadores a costa de sufrir accidentes fatales y hasta de encontrar la muerte. La maniobra de incluir a trabajadores en el consejo de administración suponía comprometerlos con esa peligrosa aceleración, a fin de garantizar la rentabilidad. Esto se llevó a cabo induciendo a los trabajadores a que interiorizasen dicha "necesidad", creando un látigo en su cerebro, y desarmando a otros trabajadores con la presión ejercida por sus iguales. En casos de depresión, esta estrategia derivaba en una actitud compulsiva frenética, que cargaba de ansiedad a los trabajadores.» [50]

EL PLAN MARSHALL

Los planes de Rockefeller para la Europa de la posguerra ya habían tomado forma en el curso de la Segunda Guerra Mundial. En 1946, Tavistock pasaría a ser un importante aliado en la lucha de Rockefeller por apoderarse de todos los sindicatos obreros del mundo. Uno de los acontecimientos clave de dicha estrategia fue el Plan Marshall. Este plan tomó el nombre del discurso que pronunció el 5 de junio de 1947 George Marshall, antiguo general y luego Secretario de Estado de Estados Unidos, quien propuso una solución para paliar la situación económica y social a la que se enfrentaban los europeos tras la Segunda Guerra Mundial. En virtud de este programa, Estados Unidos proporcionaría ayuda humanitaria para evitar las hambrunas en las zonas más castigadas por la guerra, reconstruiría lo antes posible los destrozos sufridos e invitaría a los países europeos a que se sumaran a un plan de cooperación para sanear la economía.

Lo que ya no suele reconocerse es que el «Plan» tenía su trampa. Estados Unidos exigió de forma explícita que se liberalizase el comercio y se incrementase la productividad, para de ese modo «garantizar la americanización de Europa conforme las élites políticas y económicas fueran atándose a sus homólogas estadounidenses, de tal modo que no tuviera lugar ningún cambio significativo económico ni político sin que Estados Unidos diera su aprobación». [51]

Entre los años 1948 y 1951, período en que estuvo formalmente activo el Plan Marshall, el Congreso se apropió de 13.300 millones de dólares en concepto de ayuda humanitaria para dieciséis Estados de la Europa occidental que juntos sumaban una población de doscientos setenta millones de personas. Este dinero se utilizó para comprar, a buen precio, todas las existencias de la industria y a la clase obrera europea.
«Este ejercicio sin precedentes de generosidad internacional, que Churchill denominó la "acción más sórdida de la historia", sirvió directamente a los fines económicos de las empresas estadounidenses de proyección internacional que lo promovieron.» [52]
Kai Bird describió los aspectos ocultos del Plan Marshall en el libro que escribió acerca de los hermanos Bundy. En 1949,
«McGeorge Bundy, antiguo presidente de la Fundación Ford, se hizo cargo de un proyecto del Council on Foreign Relations [Consejo de Relaciones Exteriores] que consistía en estudiar la ayuda que se iba a prestar a Europa a través del Plan Marshall. Del grupo de estudio de dicho Consejo formaban parte varias figuras prominentes de las altas esferas de la política exterior.
Junto con el joven Bundy trabajaban también Allen Dulles (futuro director de la CIA), Dwight Eisenhower (futuro presidente de Estados Unidos), George Kennan (ideólogo clave de la guerra fría), Richard M. Bissell y Franklin A. Lindsay.
Dulles, Bissell y Lindsay no tardarían en convertirse en elementos de alto nivel de la recién formada Agencia Central de Inteligencia. [ ... ] Las reuniones que celebraban se consideraban tan sensibles, que no se distribuía a los miembros del Consejo la habitual transcripción no oficial. Y había buenas razones para tanto secretismo. Los participantes eran conocedores del hecho, muy secreto, de que el Plan Marshall tenía una cara oculta. En concreto, la CIA estaba metiendo la mano en los doscientos millones de dólares al año en fondos de contrapartida en moneda local que aportaban tos beneficiarios de la ayuda proporcionada por el Plan Marshall. Esos fondos sin justificar eran utilizados por la CIA para financiar actividades electorales anticomunistas en Francia y en Italia, y para respaldar a los periodistas, líderes sindicales y políticos que comulgaban con ella».
Por un lado, los orígenes del Plan Marshall están, de hecho, en las redes de formación política que rodeaban los círculos Rockefeller en 1942. «Entre las figuras clave de Rockefeller se encontraba Paul Hoffman, presidente de Studebaker Company. Hoffman era el principal economista del Committee for
Economic Development [Comité de Desarrollo Económico], una de las organizaciones controladas por Rockefeller. Dicho comité ideó parte del trabajo esencial que conduciría al saqueo de Europa a través del Plan Marshall. Antes de que se iniciase esta conquista sin paliativos, cosa que sucedió en 1947, se desarrolló una campaña de tortuoso ablandamiento psicológico dirigido a la clase obrera europea, que incluía la maniobra de llevarla al borde de la muerte por inanición.

En Alemania, el consumo diario de calorías per capita descendió a 1.300. Además, el Gobierno militar de Estados Unidos, que ocupaba la zona americana, interrumpió el suministro de combustible para la calefacción de los hogares desviando el carbón para que no llegara a Alemania. Comenzó una sistemática campaña de terror, los escuadrones de la muerte entrenados con las técnicas de Rees recorrían Alemania asesinando gente. [ ... ] Por otro lado, como parte de la misma operación, se seguía el procedimiento de selección llevado a cabo por psicólogos reesianos, que escogían a los hombres más leales y fieles al credo de Tavistock a fin de convertirlos en los futuros dirigentes de Europa.

Una vez que los trabajadores empezaron a hundirse en la desesperación, que los capitalistas empezaron a languidecer por la falta de créditos y que los dirigentes fueron seleccionados, se puso en marcha, en 1948, la maquinaria de «reconstrucción» —es decir, de saqueo— del Plan Marshall.
«Con el fin de garantizar que no surgieran problemas en el movimiento obrero, los servicios de inteligencia, la CIA y el Departamento de Estado, junto con el Instituto Tavistock, reunieron a varios sindicalistas clave para poner en práctica el plan de Rockefeller de remodelar y asumir el control de varias secciones del movimiento obrero de Europa.» [53] 
Estos sindicalistas fueron reclutados sobre todo en la National Labour Relations Board, una filial corporativista de Rockefeller dirigida por su fiel perrillo faldero, Arthur Goldberg.
«Goldberg trabajaba con los socialdemócratas dentro del movimiento obrero de Europa. Estaba pasando fondos de la OSS (precursora de la CIA) al ala socialdemócrata de la clandestina federación de trabajadores de Francia, preparando pactos que ayudasen a la inteligencia estadounidense a apoderarse del movimiento francés después de la guerra.» [54]
Por otro lado, el movimiento que pretendía formar una Europa unida era parte de un plan más amplio, el de formar un gobierno mundial. En el Congreso de La Haya, celebrado en mayo de 1948, se reclamó una Europa unida y se promulgaron siete resoluciones referidas a aspectos de la unión política. La número siete afirmaba lo siguiente:
«La creación de una Europa unida ha de verse como un paso esencial hacia la creación de un mundo unido. [ ... El Plan Marshall, aparte de ayudar a Europa a ponerse de nuevo en pie, condujo al Plan Schuman de 1950, cuando el ministro francés de Asuntos Exteriores Robert Schuman propuso que toda la producción de carbón y de acero tanto de Francia como de Alemania se pusiera bajo el control de un único organismo supranacional» [55]
Plan que a su vez dio lugar a la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA), más adelante a la Euratom (Comisión Europea para la Energía Atómica) y, finalmente, al Mercado Común.

La CECA fue el primer paso concreto que se dio hacia la unificación política, el primer ladrillo de la construcción del imperio, y dicho imperio es la Empresa Mundial, S. A.

Con la firma del Tratado de Roma, que allanaba el camino para la llegada, en 1957, de la Comunidad Económica Europea; el primer paso hacia una futura sociedad anónima mundial ya estaba dado.

Lo que he descrito en este capítulo, por más horrendo e increíble que pueda parecer, no es un mito. Es la espantosa realidad de la usurpación diaria que practica el fascismo de rostro democrático en nuestra sociedad, ideada como tal en el Instituto Tavistock, con la estimable ayuda económica de la familia Rockefeller, que se remonta a finales del siglo XIX. Esta «realidad», si se afronta como realidad y no como el producto de la imaginación de una persona animada por un exceso de celo, puede ser barrida de la faz de la tierra. Sin embargo, si no se la aborda de frente, dentro de un plazo de tiempo relativamente corto, todas las demás cosas que hacemos como personas, todas las esperanzas que, como sociedad, abrigamos de construir un mundo mejor acabarán estrellándose en el fondo de esa papelera que denominamos historia. Hay que decidir entre el Instituto Tavistock, patrocinado por la familia Rockefeller, y nosotros. No hay más alternativas.

Continúa aquí.

NOTAS

49. bttp://www.umwa.orgl?q=contentlbrief-history-umwa.
50. «Rockefeller's Fascism with a Democratic Face», The Campaigner, noviembre-diciembre de 1974.
51. Richard Greeves, «Who rules the world?», Ensayo publicado por el autor.
52.Mike Peters, «Bilderberg Group and the Project of European Unification», Lobster Magazine, n.° 32, diciembre de 1996.
53.Peter Cuskie, «The Tavistock Grin, The Shaping of the Anglo-American SS by War», The Campaigner, mayo de 1974.
54. Ibid.
55.«Abolish our nation - step by step», The New American, 6 de septiembre de 2004.
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