Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

martes, 30 de septiembre de 2014

Instituto Tavistock XVI: La cibernética

Viene de aquí.

La cibernética

Cómo surge una utopía, pregunta una voz oculta en un documental alemán que lleva el sencillo título de La red. ¿Cobra vida por casualidad, la inventa alguien o existe un plan? En el MIT, el Massachusetts Institute of Technology, se forma la élite estadounidense e internacional de la ciencia y la ingeniería. El MIT, además, encabeza la estrecha relación que hay entre el sistema militar y el universitario. Esta colaboración se inició en la Primera Guerra Mundial y continuó a lo largo de la Segunda, cuando la tecnología pasó a ser el factor decisivo de la guerra.

El 13 de agosto de 1940, en Alemania, la Luftwaffe dio comienzo a la llamada Batalla de Inglaterra. Poco después de que empezaran los bombardeos alemanes, Norbert Wiener (1894-1964), un matemático y físico nacido en Chicago, ofreció sus conocimientos como contribución a la lucha contra el fascismo. Wiener, que fue un «pionero» en la teoría de la información y quien acuñó el término «cibernética», era profesor de matemáticas en el MIT y ya había tratado cuestiones de balística y artillería durante la Primera Guerra Mundial. Estuvo
investigando el problema de cómo construir una máquina capaz de calcular por adelantado el movimiento de los bombarderos, para poder abatirlos. A tal fin, Wiener tomó en cuenta la guerra tecnológica, en la que las personas, los barcos y los aviones no son más que puntitos abstractos de la pantalla de un radar. El piloto y su avión se convierten en una única cosa, la línea que separa al hombre de la máquina se vuelve borrosa, y lo que surge es un adversario mecanizado, anónimo, cuyas acciones pueden modelarse en un laboratorio de guerra. Aunque las máquinas de Wiener no fueron operativas hasta después de que terminara la guerra, el desarrollo inicial de la cibernética fue en sí mismo una consecuencia de la investigación bélica.

Mientras trabajaba en un aparato que previera la trayectoria de los aviones, Wiener
«estableció paralelismos entre el funcionamiento de los servomecanismos, los dispositivos de control analógicos que se usaban en la artillería antiaérea, y el comportamiento voluntario de los pilotos y de los artilleros. En ambos casos, el objetivo se alcanzaba mediante un mecanismo de retroalimentación». A partir de esas investigaciones, Wiener «estableció que el control mediante la retroalimentación y la comunicación mediante el intercambio de la información constituían mecanismos universales del comportamiento voluntario de los organismos vivos y de las máquinas que se regulan solas, como los ordenadores».

De hecho, de igual modo que los experimentos de los años setenta, financiados por la DARPA, la Defense Advanced Research Project Agency [Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa] del Pentágono estableció la base para internet, las innovaciones conseguidas en ciencia y tecnología, como la «inteligencia artificial», los gráficos por ordenador, la holografía, las comunicaciones por satélite, la televisión por cable de fibra óptica, la obtención de imágenes tridimensionales y la primera generación de simuladores informáticos, creados en lugares como el famoso Laboratorio de Radiación del MIT, fueron productos auxiliares de la guerra que representaron importantes avances para la industria militar estadounidense. [1]

La cibernética se basa en la suposición de que el sistema nervioso del ser humano no reproduce la realidad, sino que la calcula. Al parecer, ahora resulta que el hombre no es más que un sistema que procesa información; el pensamiento consiste en un procesamiento de datos y el cerebro es la máquina hecha de carne. El cerebro ha dejado de ser el sitio donde, gracias a la memoria y a la conciencia, se crean misteriosamente el «ego» y la «identidad». Es una máquina que consta de interruptores y circuitos de control, bucles de retroalimentación y nodos de comunicación. Una caja negra en la que la causa es el efecto dentro de un ciclo infinito, un sistema cerrado de retroalimentación en el cual es posible controlar y calcular las entradas y las salidas, ya no como se hacía antes, a partir de la contemplación de la naturaleza, sino de las matemáticas y la lógica, ambas indiscutibles.

Uno tiene la sensación de estar dentro de la trilogía de Matrix, contemplando el cibermundo a través del cristal. Escuchemos lo que se decía en Matrix Reloaded:
«La nueva filosofía de las interrelaciones humanas, la sociometría, nos ofrece una metodología y una guía para determinar la estructura central de la sociedad suscitando la espontaneidad de los sujetos-agentes humanos. Estos factores, una vez localizados y dibujados, nos proporcionan la base sobre la cual proceder a planificar las numerosas facetas y actividades de la sociedad, desde la educación de los niños y de los adultos hasta la formación de supergobiernos y estados de todo el mundo.» [2]
Cuando se compara esto con lo que escribió el propio Wiener, se advierte una notable similitud entre ambas visiones. Ahora veamos lo que dijo Wiener:
«Muchos de los factores que antes hacían imposible la existencia de un Estado Mundial han desaparecido. Incluso es posible afirmar que la comunicación moderna, que nos obliga a actuar como jueces respecto de los derechos internacionales de diferentes sistemas de radiodifusión y diferentes redes de aeroplanos, ha hecho inevitable el Estado Mundial.» 
En esta empresa, a Wiener se le sumaron muchos de los principales «científicos sociales» y defensores del movimiento de la contracultura, como la antropóloga Margaret Mead y el psiquiatra Gregory Bateson, que también participaron en las Conferencias sobre Cibernética de los años cuarenta, organizadas por la fundación Josiah Macy Jr [3] Wiener, Bateson, Mead y compañía consideran que la cibernética es la manera más revolucionaria de hacer ciencia, acaso el mordisco más grande que ha dado la humanidad a la newtoniana «manzana del conocimiento» en los dos mil últimos años.

En el siniestro ataque de Wiener a la epistemología responsable de la evolución y la supervivencia de la humanidad, que él desarrolla en su libro Cybernetícs, iguala el cerebro humano a un sistema lógico binario [4] una idea que esos ingenieros sociales encontraron de lo más útil. En este tema, Wiener demuestra pensar como lo hacía Bertrand Russell. Russell [5] un individuo amargado y defensor del racismo oligárquico, cuyo único amor fue el odio hacia la humanidad, tuvo como misión en la vida
«reducir la mente humana a un procesador binario. Un reduccionismo que fue base de los experimentos llevados a cabo en lugares como el Instituto Tavistock de Londres». [6]
Extrapolando la premisa hacia la contracultura, los ingenieros sociales pensaron que los ordenadores podían desempeñar un papel similar al del LSD en el control mental. En otras palabras, crear un artificial «campo de concentración sin lágrimas». [7] Sin embargo, para poder tener un «campo de concentración sin lágrimas» es necesario tener el control, las comunicaciones y el poder de la retroalimentación. Y ahí es donde entra la cibernética, con los mecanismos de comunicación y regulación de sistemas complejos conocidos hoy como ingeniería social.

Lo que nos preocupa es la historia de la ingeniería social y cómo ha evolucionado, desde los tiempos de la anticuada terapia de electroshock hasta la moderna «terapia de choque en grupos». El Centro de Investigación de la Dinámica de Grupos del MIT y el Instituto Tavistock de Londres se encuentran a la cabeza de la investigación sobre cómo alcanzar un consenso a través de la dinámica de grupos. Una cosa que han sabido siempre los constructores de imperios como David Rockefeller es que la persuasión constituye la clave para iniciar movimientos fascistas. Ésa es una de las razones de que, inicialmente, allá por los años cincuenta, las fundaciones oligárquicas invirtieran cantidades exorbitantes de dinero en la cibernética y de que esas mismas fundaciones estén hoy gastando miles de millones en tecnologías de redes sociales, con el fin de «cambiar el modo de pensar y de hacer de la gente». [8]

Pero ellos no fueron los únicos. Hubo otros que también llevaron a cabo investigaciones, como por ejemplo Douglas McGregor, profesor de gestión empresarial del MIT, y Alex Bavelas, afamado psicólogo del Laboratorio de Redes de Grupos del MIT, que fundaron un laboratorio de estudios psicológicos para analizar a grupos de directivos a través de un espejo bidireccional. Forrester y McGregor querían «borrar literalmente del mapa los procesos que llevan a las personas a cambiar de opinión. El objetivo último era formar un modelo universal sobre la toma de decisiones en grupo». [9] En 1964, Jay Forrester,[10] destacado experto en ordenadores y padre de la dinámica de sistemas, que se había incorporado a la Sloan School en 1956, incluso intentó diseñar un modelo para crear una simulación por ordenador de las sesiones de un «grupo T». Posteriormente se podría utilizar esos programas para guiar o «conducir en manada» a la opinión popular en la dirección deseada.

Con los años, los «agentes del cambio» cibernético fueron ampliando las investigaciones y pasaron de los modelos de pensamiento y toma de decisiones en grupo a desarrollar tecnologías que permitieran trazar en un mapa cómo fluyen los rumores a través de la sociedad; que, según ellos, lo hacen igual que las epidemias, como el sida. [11]

Estos mecanismos de control, con los ajustes mínimos, también podrían utilizarse para crear movimientos sociales y, por lo tanto, construir el escenario adecuado para los conflictos de pandillas y contrapandillas callejeras [12]. Unas técnicas totalmente coherentes con las que emplearon los Rockefeller y la CIA, que se describen con gran detalle en el primer capítulo. El parecido con Matrix Reloaded resulta inquietante y asombroso al mismo tiempo:
«La tarea del científico social (agente del cambio) consiste en inventar las herramientas adecuadas para explorar un terreno dado. En el caso de las interrelaciones humanas, dicho campo es el de las actitudes espontáneas interactivas de todos los individuos que lo componen. Por consiguiente, la tarea del científico social consiste en adaptar las herramientas de modo que le permitan provocar la espontaneidad de los individuos hasta el punto deseado, incluso hasta el máximo. Pero a los individuos no se los puede provocar de esa manera —o en todo caso, apenas— empleando medios no dinámicos o automáticos. A los individuos hay que motivarlos adecuadamente, a fin de suscitar una reacción espontánea real. Así pues, el objetivo y los métodos empleados para la investigación social y para suscitar reacciones, pensamientos y sentimientos en las personas deben ir de la mano.» [13]
La investigación de las diversas disciplinas sociales que afectan a la conducta humana y al pensamiento en grupo siempre ha sido financiada por fundaciones muy vinculadas a los aparatos de control, como las fundaciones Rockefeller, Ford, Russell Sage y Josiah Macy, por nombrar unas pocas. De hecho, hace mucho que las fundaciones sin ánimo de lucro son los instrumentos favoritos utilizados por una u otra facción oligárquica para, de manera discreta, ensayar y llevar a la práctica nuevas ideas de control social. El poder de las fundaciones más grandes es legendario.
«Desde finales del siglo pasado, instituciones como las fundaciones Ford, Rockefeller o Russell Sage han logrado superar de manera sistemática las objeciones de los cargos electos para continuar modelando la política de educación de Estados Unidos, así como la política de salud pública, y hasta las operaciones del gobierno federal en sí.» [14]
PRIMERA CONFERENCIA SOBRE CIBERNÉTICA, 8-9 DE MARZO DE 1946, NUEVA YORK

Se puede asociar los orígenes de la cibernética con una serie de diez conferencias que tuvieron lugar a lo largo de los años cuarenta y cincuenta, y que desde 1946 hasta 1953 patrocinó la fundación Josiah Macy Jr. Dicha fundación, creada en Nueva York en el año 1930, recibió el nombre de un cuáquero de Nueva Inglaterra que se llamaba Josiah Macy Jr., cuya familia era un antiguo clan propietario de barcos balleneros que invirtió tempranamente en la industria del petróleo. En 1872, la Macys' Long Island Oil Company se asoció en condiciones de igualdad a la Fundación Rockefeller cuando pasó a formar parte del creciente imperio de la Standard Oil de John D. Rockefeller.

El proyecto conocido entre sus miembros como el «Proyecto Hombre-Máquina» se lanzó de forma no oficial en mayo de 1942, en una conferencia celebrada en Nueva York, la Cerebral Inhibition Meeting [Encuentro sobre la Inhibición Cerebral], con el auspicio de la fundación Josiah Macy Jr. y el patrocinio del director médico, Frank Fremont-Smith. En cierto sentido, ése fue el primer viaje de la fundación al «control de la mente». En el encuentro participó el máximo experto en hipnosis, Milton Erickson. El debate se centró en torno a los «problemas de inhibición central del sistema nervioso», y contribuyó a sentar las bases de lo que más adelante llegaría a ser la teoría cibernética. Entre los participantes se encontraban Norbert Wiener y Warren McCulloch, profesor de psiquiatría y fisiología de la Universidad de Illinois, y también Kurt Lewin, de la Escuela de Fráncfort.
«Más adelante, el National Training Laboratory de Lewin pasaría a formar parte de la National Education Association y facilitaría la transformación de la educación pública de Estados Unidos en algo parecido al monstruoso plan de Bertrand Russell de enseñar a los niños que "la nieve es negra".» [15]
 También asistieron a la conferencia el fisiólogo mexicano Arturo Rosenblueth, el conductista Lawrence K. Frank, Gregory Bateson, miembro fundamental del programa MK-ULTRA y de otros experimentos secretos con drogas que alteran la mente llevados a cabo por el Gobierno, y Margaret Mead, conservadora ayudante de etnología del American Museum of Natural History de Nueva York, que después apoyaría el movimiento feminista. A pesar de su aire de bobalicona, Margaret Mead era una persona obsesionada por el sexo que estuvo muy metida en el mundo de la inteligencia y que empezó trabajando en el Institute Intercultural Studies, que había sido financiado durante la Segunda Guerra Mundial por la Oficina de Investigación Naval y también por la RAND Corporation de las Fuerzas Aéreas.

Según la página web de Macy,
«lo que llamó la atención de todo el mundo fue que Arturo Rosenblueth presentara en una reunión informal celebrada en 1942 unas ideas que había desarrollado junto con Norbert Wiener y Julian Bigelow». Rosenblueth, un protegido de Norbert Wiener, «esbozó una serie de conceptos basados en las similitudes existentes entre el comportamiento de las máquinas y el de los organismos, que se podía interpretar como "dirigidos a un objetivo". Esta cualidad de estar dirigido hacia un objetivo estaba enmarcada en "mecanismos teleológicos" deterministas y definitivos. La "teleología" dejó de ser un galimatías filosófico para convertirse en un mecanismo concreto mediante la invocación de la "causalidad circular" de un sistema, debido a la cual los nuevos comportamientos eran influidos por la "retroalimentación" derivada de comportamientos inmediatamente anteriores. Este enfoque permitía abordar una intención aparente con respecto al presente y al pasado inmediato, sin tener que invocar referencias a sucesos posibles o futuros». [16]
En otras palabras, Rosenblueth propuso reunir a un grupo de ingenieros, biólogos, neuorólogos, antropólogos y psicólogos para que idearan experimentos de control social basados en la pintoresca afirmación de que el cerebro humano no era más que una compleja máquina de entrada y salida de datos y que el comportamiento humano, en efecto, podía programarse, tanto para los individuos como para la sociedad. [17]

Sin embargo, estas ideas iban a tener que esperar hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Bateson acudió a las misiones que se le encargaron en la región del Pacífico, con el Ejército estadounidense, mientras que Rosenblueth y McCulloch volvieron a sus investigaciones en el MIT.

Posteriormente, el 8 y 9 de marzo de 1946, se celebró en Nueva York la primera de una serie de diez importantes conferencias y trabajos anuales de investigación que tendrían lugar entre 1946 y 1953, con el título de «Los mecanismos de retroalimentación y los sistemas de causalidad circular en sistemas biológicos y
ciencias sociales». Este proyecto, que reunió a clínicos, matemáticos, sociólogos y economistas, tenía por objetivo crear un modelo teórico de estrés extremo teniendo en cuenta, especialmente, la "sobrecarga de retroalimentación" psicosomática, que por lo visto era la causa de muchos casos de neurosis de guerra. Desde el punto de vista de los cibernéticos, se trataba de un concepto verdaderamente revolucionario:
«Si se pudiera crear un modelo de sistema fisiológico mediante el cual la información procedente del entorno se recibiera, procesara y después retroalimentara para cambiar dicho entorno, quizá fuera posible modelar la propia mente humana; especialmente si se emplearan las máquinas computadoras que estaban desarrollándose en aquel momento. El grupo se hizo devoto de la premisa, como luego afirmó uno de los miembros fundadores, John von Neumann, de que el sistema nervioso humano no es en realidad sino un "autómata natural grande y organizado de forma eficiente", y, por lo tanto, se ajusta a un modelo matemático determinista y lineal.
Lo que salió de aquella primera reunión no fue sólo el impulso entusiasta de crear la suprema sociedad organizada, basada en la fusión de hombre y máquina. Surgió un grupo de veinte personas que se constituyeron en un equipo especial que llevaría a cabo dicha misión, grupo que generaría una serie de instituciones permanentes que proseguirían el trabajo, hasta la actualidad. Un año después de la sesión fundadora del proyecto Macy, Wiener acuñaría el término "cibernética" para describir el trabajo realizado.» [18]
En 1948, como consecuencia de la primera reunión de la fundación Josiah Macy Jr., Wiener escribió su libro Cibernética o el control y comunicación en animales y máquinas.[19] Fue aclamado como uno de los
«libros fundamentales [ ... ] comparable en su importancia a [ ... ] Galileo, Maithus, Rousseau o Mill. Y fue considerado por veintisiete historiadores, economistas, educadores y filósofos como uno de los libros publicados durante "las cuatro últimas décadas" que quizá tengan un impacto sustancial en el pensamiento y la acción públicos de los años venideros».[20]
Uno de los principales puntos de debate de la primera conferencia sobre cibernética se refería a la cuestión siguiente: ¿La mente es un producto del cerebro? Dos expertos procedentes del mundo de la zoología, Warren McCulloch y su compañero Walter Pitts, dos de los organizadores del encuentro, hicieron pruebas por primera vez en células cerebrales para averiguar qué capacidad computacional tenían. Desde una perspectiva cibernética, las máquinas no son cosas, sino mecanismos de conducta. Para los cibernéticos, como Alan Turing y Joseph LeDoux, los cerebros son «máquinas universales» y «dispositivos para registrar cambios». Lo que tienen en común todas estas personas es la idea fija de que nuestro cerebro es un eficiente conjunto de máquinas cibernéticas de aprendizaje conectadas por un gigantesco bucle de retroalimentación con el
universo mismo. Por consiguiente, el paradigma cibernético, científico, asume este tipo de relatividad. Ross Ashby, psiquiatra inglés y pionero en cibernética del estudio de sistemas complejos, explica:
«Lo típico es que la cibernética aborde cualquier máquina en particular, no preguntando qué acción individual va a ejecutar en ese momento, sino cuáles son todos los comportamientos posibles que puede ejecutar. Estudia todas las formas de comportamiento en tanto en cuanto son regulares, determinadas o reproducibles. La realidad natural no viene al caso. La conexión existente entre esta forma de ver las máquinas y la teoría de la información es importante. La teoría de la información se caracteriza esencialmente por tratar siempre con un conjunto de posibilidades. Lo importante es hasta qué punto el sistema está sujeto a factores determinantes y de control.»
Es decir, lo que ofrece la cibernética es el marco sobre el cual es posible ordenar, relacionar y entender todas las máquinas. Así pues, cuanta mayor variedad de acciones tenga un sistema de control, mayor será la variedad de perturbaciones posibles que sea capaz de subsanar. ¿Y cómo define Ashby el control? Como una reducción de la variedad; las perturbaciones con un alto índice de variedad afectan al estado interno del sistema, que debe permanecer lo más cerca posible del objetivo que persigue y, por lo tanto, exhibir un bajo índice de variedad.

Wiener y Ashby afirmaron que las ciencias deben considerarse única y exclusivamente descriptivas, vacías de causa. De este modo, la relación de la humanidad con el mundo (y viceversa) se entiende como un apego erótico a los objetos aristotélicos. Por consiguiente, la comprensión de lo universal es ilusoria.
«La "unificación de las ciencias" intentaba destruir la metafísica y la existencia de los principios universales, afirmando que la división en la ciencia, por ejemplo, las divisiones entre vida, no vida y cognición, no existía. Aplicaron este reduccionismo extremo tanto a la Física como a las Ciencias Sociales y, por lo tanto, afirmaron haberlas unificado. La sociedad quedó reducida a las psicologías individuales; las psicologías individuales quedaron reducidas a los procesos biológicos; los procesos biológicos quedaron reducidos a los procesos químicos. Y así, la cognición humana quedó reducida a los procesos electroquímicos del cerebro: neuronas que se encendían o se apagaban, como un sistema binario. Por fin, hasta los procesos electroquímicos del cerebro quedaron reducidos a la mecánica newtoniana. » [21]
A principios de los años cincuenta, Weiner, Ashby, el teórico británico Stafford Beer y otros estaban luchando a brazo partido con el problema planteado por Ashby: cómo proporcionar a la estética una base firmemente materialista y no causal. En esencia, el problema de los cibernéticos era Gottfried Wilhelm Leibniz. A comienzos del siglo XVIII, Leibniz arrasó con el antiguo dualismo gnóstico que durante siglos dividió mente y cuerpo demostrando que la materia no piensa.
«Un acto creativo del arte o de la ciencia aprehende la verdad del universo físico, pero no está determinado por ese universo físico. Al concentrar tímidamente el pasado en el presente para lograr el futuro, el acto creativo, correctamente definido, es tan inmortal como el alma que visualiza el acto.» [22]
Y esto es algo que los cibernéticos simplemente no podían aceptar. Ellos consideraban que la cognición no era más que una reacción a los estímulos externos.
«Dado que los cuerpos en reposo permanecen en reposo hasta que actúa sobre ellos otro cuerpo, el proceso interno de la cognición se eliminó. Así pues, no existía lo de la "chispa divina" ni el alma. Estos conceptos sentarían las bases de los debates de la conferencia sobre cibernética que tendría lugar años más tarde. » [23]
Wiener y los cibernéticos pensaban que el método creativo era solamente un producto secundario aleatorio del acceso a la «información». Por consiguiente,
«vigilaban la cantidad de información liberada al "campo" y actuaban como un termostato de la información para la sociedad. Con el fin de controlar el flujo de información, se ubicaban dentro de puntos de salida de importantes medios de comunicación y en centros de formación de opinión». [24]
Este degenerado juego de manos permite hacer varias cosas a la vez.
«Al convertir la creatividad en algo históricamente específico, se le quita tanto la inmortalidad como la moralidad. No se puede trazar hipótesis acerca de la verdad universal ni de la ley natural, porque la verdad depende de la evolución histórica. Al descartar la idea de verdad y error, es posible que también descartemos el "obsoleto" concepto del Bien y del Mal; parafraseando a Friedrich Nietzsche, "más allá del bien y del mal ".» [25]
«Más adelante, los herederos de los cibernéticos se dedicaron a crear la "autopista de la información". Crearon un software que controlara el flujo de "información" que circulaba por internet como una gigantesca tarjeta de circuitos eléctricos, estableciendo los cortacircuitos y vigilando el voltaje. Este concepto constituyó el núcleo del social networking, el establecimiento de conjuntos de matrices de la teoría de juegos, cuyo objetivo era obligarlos a alcanzar un consenso. La mecanización de las relaciones de la sociedad se basó en la idea de Wiener de que era posible mecanizar el pensamiento. » [26]
Cuando aplicamos esta teoría a modelos humanos, de inmediato nos tropezamos con problemas. Los seres humanos son creativos. Gracias a la matriz cultural judeocristiana, dominante en la ideología occidental, y del ejercicio de nuestra razón,
«podemos descubrir principios que quedan al margen de la percepción sensorial y crear tecnologías que permitan a nuestros congéneres estar por encima de los límites de nuestra anterior base de recursos. Esto es una simple refutación de la falsa entropía de los positivistas de Russell. Los humanos también podemos desarrollar nuestro dominio de los principios sociales, como ágape, en el terreno de la composición artística clásica. La capacidad de comunicar dichos principios de una generación a otra permite a una cultura elaborar su continua transformación. Las naciones modernas sólo pueden avanzar promoviendo el desarrollo de las mentes soberanas de sus ciudadanos. Este tipo de desarrollo cultural es la verdadera misión de una república». [27]
«El problema era que, en tanto que la persona creyera —o incluso tuviera la esperanza de creer— que la chispa divina de su razón era capaz de resolver los problemas de la sociedad, esa sociedad jamás alcanzaría el estado de desesperanza y alienación que se reconocía como requisito necesario para iniciar una revolución socialista. La tarea de la Escuela de Fráncfort, por lo tanto, consistía, en primer lugar, en socavar el legado judeocristiano mediante una "abolición de la cultura" y, segundo, en determinar formas culturales nuevas que incrementaran la alienación de la población y de ese modo crearan una "nueva barbarie".» [28]
Por lo tanto, los retoños de Russell, intelectualmente degenerados, necesitaban eliminar esas mentes soberanas, pues de lo contrario su creatividad perturbaría el equilibrio de la «ecología» predeterminada. En la malla electromagnética de Lewin, los «nodos» que atraen a otros «nodos», gracias a su capacidad de compartir ideas y crear habilidades nuevas para la supervivencia de la humanidad, tendrían que ser neutralizados. Esto requería la participación de «agentes del cambio» que volvieran a instalar en el campo la monótona uniformidad del consenso y mantuvieran el equilibrio de la ecología.
«La "teoría de campos" de Lewin, en la que el término "campo" se convertía, sencillamente, en una afirmación que era reflejo de axiomas aceptados acerca de la naturaleza de las relaciones entre los objetos, aplicaba la misma lógica circular a las relaciones humanas. Y, como sistema cerrado que era, el campo estaba sujeto a las arbitrarias leyes de la entropía. Lewin daba por sentado que los seres humanos son como los monos, y que sus relaciones están determinadas por un cálculo de hedonismo. Los cibernéticos como Wiener, Ashby y Beer utilizan el lenguaje de la electromagnética para describir las relaciones, tomando prestada la "teoría de campos" de Maxwell para el electromagnetismo. Como Maxwell había decidido que, en la ciencia, la causalidad no venía al caso, su teoría no era una ciencia entendida como tal.
»Allí donde en una malla electromagnética Maxwell asignaba un "uno" para un fuerte grado de cohesión y un "cero" para la atracción débil, Lewin hacía lo mismo: un "uno" para el grado de atracción que existe entre un mono y su madre, y un "cero" para un mono depredador. El "campo" pasó a ser una suma de las relaciones existentes entre los monos hedonistas, lo cual era un mero reflejo de los axiomas de Lewin acerca de la naturaleza de la humanidad. Los principios universales, como el ágape, con Lewin y sus acólitos quedaron reducidos a una "teoría de juegos". Como sistema cerrado, carente de un principio, el campo de Lewin también estaba sujeto a la entropía, o a lo que un zoólogo llamaría "ecología".
»Una cosa es la entropía aplicada a los imanes y a los monos, pero ¿qué sucede cuando esas reglas se aplican a la humanidad? ¿La economía humana está sujeta a las mismas reglas que la ecología de los monos? [29] Para Lewin, Maxwell, la gente de Tavistock y todos los hijos sodomizados de Bertrand Russell, la respuesta es "¡sí!". Y aquí es donde surge nuestro gran problema, donde estos ingenieros sociales se quitaron la máscara para dejar al descubierto su "fascismo de rostro democrático".» [30]
Para Norbert Wiener y sus secuaces, el centro del problema del proyecto del Grupo Cibernético era que la mente humana no tenía nada de sagrado, y que el cerebro humano era una máquina cuyo funcionamiento podía ser reproducido, y con el tiempo superado, por los ordenadores.


Continúa aquí.

NOTAS

1.El que entonces era presidente del MIT, James Killian, pasó a ser en 1955 el presidente de la Junta de Consejeros para Actividades de Inteligencia Exterior y el presidente del Panel Asesor Científico del ejército de Estados Unidos.
2. Matrix Reloaded, Warner Brothers, mayo de 2003, productor Joel Silver.
3. Véase David Christie, «INSNA: "Handmaidens of British Colonialism"», LaRouche, PAC.
4. Norbert Weiner, Cybernetics, Computing Machines and the Nervous System, The MIT Press, Massachusetts, 1965.
S. Lyndon H. LaRouche, Jr., «How Bertrand Russell Became an Evil Man», Fidelio, otoño de 1994.
6.David Christie, «INSNA: "Handmaidens of British Colonialism"», EIR, diciembre de 2007.
7.Creighton Codyjones, «Only Diseased Minds Believe in Entropy, How Weiner Attemped tu Kill Science», EIR, enero de 2008.
8. «El Laboratorio de Tecnología Persuasiva de Stanford hace que entendamos cómo diseñar productos de computación -desde páginas web hasta software de telefonía móvil- para cambiar lo que cree y lo que hace la gente. Por esa razón estamos estudiando Facebook, porque es sumamente persuasivo.» http://credibilityserver.stanford.edu/captology/f`acebook.
9. Andrea Gabor, The Capitalist Phiosophers: The Geniuses of Modern Business. Their Lives, Times, and Ideas, Times Business, Nueva York, 2000.
10.«Qn Forrester and system dynamics», véase David Noble, Forces of Production, Oxford University Press, Oxford, 1986.
11.Center for Modeis of Life, del Instituto Niels Bohr. http://cmol. nbi. dk/models/inforew/inforew . html.
12.David Christie, «INSNA: "Handmaidens of British Colonialism"», EIR, diciembre de 2007.
13.Matrix Reloaded, Warner Brothers, mayo de 2003, productor Joel Silver.
14.Michael Minnicino, «Drugs, Sex, Cybernetics, and the Josiah MacyJr. Foundation», EIR, julio de 1999.
15.Jeffrey Steinberg, «From Cybernetics to Littleton: Techniques of Mind Control», EIR, mayo de 2000.
16. http://www.asc-cybernetics.org/f `oundations/history2.htm.
17.Lyndon H. LaRouche, Jr., «Star Wars and Littleton», EIR, junio de 1999.
18.Jeffrey Steinb erg, «From Cybernetics to Littleton: Techniques of Mind Control», EIR, mayo de 2000.
19. Norbet Wiener, Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machíne, John Wiley, Nueva York, 1948.
20.John B. Thurston, The Saturday Review of Literature.
21.David Christie, «INSNA: «Handmaidens of British Colonialism"», EIR, diciembre de 2007.
22.Michael J. Minnicino, «The New Dark Age: The Frankfurt School and Political Correctness», Fídelio, invierno de 1992.
23.David Christie, «INSNA: "Handmaidens of British Colonialism"», EIR, diciembre de 2007.
24.Ibid.
25.Michael J. Minnicino, «The New Dark Age: The Frankfurt School and Political Correctness», Fidelio, invierno de 1992.
26.David Christie, «INSNA: "Handmaidens of British Colonialism"», EIR, diciembre de 2007.
27. Ibid.
28. Michael J. Minnicino, «The New Dark Age: The Frankfurt School and Political Correctness», Fidelio, invierno de 1992.
29. David Christie, «INSNA: "Handmaidens of British Colonialism"», EIR, diciembre de 2007.
30. Véase, por ejemplo, el número de noviembre-diciembre de 1974 de la revista The Campaigner, «Rockefeller's "Fascism with a Democratic Face"», ICLC Strategíc Study.
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