Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

miércoles, 1 de octubre de 2014

Instituto Tavistock XVII: La Escuela de Frankfurt. Eugenesia. Transhumanismo

Viene de aquí.

LA ESCUELA DE FRÁNCFORT

Una de las organizaciones vinculadas directamente con el grupo de los cibernéticos fue el ISR, Institute for Social Research, conocido como la Escuela de Fráncfort. Por ejemplo, Paul Lazersfeld, el director del Proyecto Radio, fue una de las personas invitadas a las conferencias Macy. Lazersfeld era hijo adoptivo del economista marxista austríaco Rudolph Hilferding y llevaba mucho tiempo colaborando con el ISR, desde principios de los años treinta. También estaba Max Horkheimer, el director de la Escuela de Fráncfort, que colaboró con el Grupo de la Cibernética mientras dirigía los Estudios sobre los Prejuicios.
«En mayo de 1944, el Comité Judío Americano montó un Departamento de Investigaciones Científicas, al frente del cual puso a Max Horkheimer, director de la Escuela de Fráncfort. Horkheimer estableció un proyecto denominado Estudios sobre los Prejuicios con una generosa financiación del Comité Judío y de otros organismos, entre ellos las fundaciones Rockefeller.» [31]
«El más significativo de los cinco estudios sobre los prejuicios llevados a cabo para el Comité Judío entre 1944 y 1950 fue The Authoritarian Personality. [32] Los autores, Adorno, Frenkel-Brunswik, Levinson y Sanford, reunieron a un amplio grupo de investigadores, de los equipos del Public Opinion Study de Berkeley y del International Institute of Social Research, para efectuar miles de entrevistas a estadounidenses con el fin de perfilar sus tendencias, supuestamente muy arraigadas hacia el autoritarismo, los prejuicios y el antisemitismo. El doctor William Morrow, principal protegido del doctor Kurt Lewin, una importante figura puente entre la Escuela de
Fráncfort y el Instituto Tavistock, fue un director de investigación de este estudio.» [33]
Los autores de dicho proyecto lo dejaron todo explicado en el último capítulo del libro, donde resumieron sus hallazgos y dieron su receta para la transformación social:
«Resulta obvio que la modificación de la estructura potencialmente fascista no se puede conseguir únicamente por medios psicológicos. Dicha tarea es comparable a la de eliminar del mundo la neurosis, la delincuencia o el nacionalismo. Estos problemas son consecuencia de la organización de la sociedad y cambiarán sólo en la medida en que cambie la sociedad. No le compete al psicólogo decir cómo se deben operar estos cambios. El problema es tal que requiere el esfuerzo conjunto de todos los sociólogos. Lo único en que quisiéramos insistir es en que tenga voz el psicólogo en los consejos o en las mesas redondas donde se estudia el problema y se planifica la acción. Estamos convencidos de que entender desde el punto de vista de la ciencia a la sociedad implica entender lo que ésta hace a las personas y comprender que es posible llevar a cabo reformas sociales, incluso amplias y radicales que, aunque deseables en sí mismas, no cambien necesariamente la estructura de la personalidad influida por los prejuicios. Para que el fascista en potencia cambie, o por lo menos se mantenga a raya, las personas deben ser capaces de ver por sí mismas, de ser ellas mismas. Y eso no se consigue manipulándolas, por muy bien asentados que estén los instrumentos de manipulación en la psicología moderna. [...] Ahí es donde la psicología puede desempeñar su papel más importante. Las técnicas para superar la resistencia, desarrolladas principalmente en el campo de la psicoterapia individual, pueden mejorarse y adaptarse y aplicarse a grupos, incluso a las masas.»
Los autores terminan con esta reveladora propuesta:
«No debemos dar por sentado que el hecho de apelar a las emociones sólo corresponde a quienes se esfuerzan por avanzar en la dirección del fascismo, mientras que la propaganda democrática se limita a la razón y a la contención. Si el miedo y la tendencia destructiva son las principales fuentes emocionales del fascismo, el eros pertenece principalmente a la democracia.» [34]

EL GRUPO DE LA CIBERNÉTICA

La Escuela de Fráncfort y sus más próximos aliados de Tavistock fueron los artífices tanto del proyecto de la cibernética como del proyecto de la contracultura de los años sesenta. De hecho, el Grupo de la Cibernética, patrocinado por la Josiah Macy Jr. Foundation, fue el paraguas bajo el que la CIA y la inteligencia británica llevaron a cabo sus experimentos con drogas psicodélicas que alteraban la mente, entre ellas el LSD-25, experimentos aplicados en masa que terminaron volcándose en las calles de San Francisco, en el Greenwich Village de Nueva York y en todos los campus universitarios de Estados Unidos, y condujeron a los movimientos contraculturales, al «cambio de paradigma» entre 1966 y 1972 [35]. En el año 1965, uno de los cuatro directores del proyecto Authoritarian Personality, R. Nevitt Sanford, escribió el prólogo del libro Utopiáceos: El uso y el abuso del LSD 25, publicado por Tavistock Publications, que abordaré más adelante.

Si hemos de creer lo que dice la prensa oficial, la Josiah Macyjr. Foundation se ha dedicado desde 1930 a promover la salud y aliviar el sufrimiento [36] y ha apoyado la formación de médicos y establecido programas de apoyo a conferencias y publicaciones relacionadas con estos temas y otros similares. [37]

El historiador Jean-Pierre Dupuy describe del modo siguiente el papel desempeñado por la Fundación en el Grupo de la Cibernética:
«El de la cibernética estaba llamado a ser, desde el principio, un movimiento —en un grupo de presión política, en realidad, que operase bajo los auspicios de la Fundación—, cuyo objetivo fuera asegurar la paz mundial y la salud mental universal. Aplicaría un curioso cóctel cuyos ingredientes serían el psicoanálisis, la antropología, la física avanzada y el nuevo pensamiento asociado al Grupo de la Cibernética». [38]
Posteriormente, a través de la propaganda de los grandes medios de comunicación se hizo un lavado de cerebro en masa para que la gente creyera que la Fundación y personajes como Lazarsfeld y Wiener, Bateson, Mead y Ashby eran meros participantes de unos experimentos sociales, cuyo objetivo era mejorar la calidad de vida empleando una extraña mezcla de tecnología, evolución y ciencias sociales de todo tipo. En realidad, estas personas eran lacayos de las fundaciones del oligárquico Imperio Mundial: Rockefeller, Josiah Macy Jr., Russell, Sage y otros.

Lo que el pueblo estadounidense no sabe es que la Josiah Macy Jr. Foundation ha causado más perjuicio a la realidad social de Estados Unidos que ninguna otra institución.
«Durante la Segunda Guerra Mundial e inmediatamente después de ella, la Fundación fue utilizada por una serie de entidades, entre ellas el Servicio Secreto británico, diversas secciones corruptas de la inteligencia estadounidense y unos cuantos traidores de la clase dirigente de Estados Unidos, con el fin de llevar a cabo un amplio experimento social. El propósito de dicho experimento era poner fin al optimismo descontrolado de una población que acababa de ganar una guerra mundial y había empezado a reconstruir el mundo, y a reconducir esa energía hacia dentro, hacia sí misma.
«Tres de las fases de ese experimento tuvieron tanto éxito que, hoy en día, la mayoría de la gente piensa que se trata de una evolución "natural" de la sociedad occidental, y no de una deformación antinatural impuesta desde fuera. La "revolución sexual" de finales de los sesenta y principios de los setenta, que aceleró de manera definitiva la actual destrucción del núcleo familiar, no podría haber ocurrido como ocurrió si la fundación Josiah Macy Jr. no hubiera patrocinado, prácticamente sola, el desarrollo y la difusión de los anticonceptivos orales valiéndose del trabajo del doctor Gregory Pincus, de Harvard. Pincus estudiaba entonces cuestiones relacionadas con la reproducción, y los especialistas en eugenética de la fundación consideraban cómo evitar que determinadas clases de personas se reprodujeran. En 1954, la fundación concedió a Pincus una subvención especial. En 1955, Pincus patentó la "píldora".» [39]
«De modo similar, la Josiah Macy Jr. Foundation tuvo un papel destacado en la creación de la "revolución psicodélica" e hizo de una población de la posguerra, la de Estados Unidos, que hasta entonces había mirado las drogas con suspicacia, otra que actualmente ingiere de forma habitual una nueva droga para cada nuevo estado de ánimo y prescribe a sus hijos millones de dosis de sustancias psicoactivas. Y lo que es tal vez más importante, contribuyó a pervertir el conocido optimismo tecnológico de los estadounidenses y a transformarlo en la ideología, actualmente muy extendida, de la "Era de la Información".» [40]

LA FUNDACIÓN JOSIAH MACY JR. Y EL MK-ULTRA

El pintoresco cóctel de finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta terminó siendo uno de los principales cauces secretos de financiación de la CIA, a través de Frank Fremont-Smith, director de la Fundación Josiah Macy Jr., ésta mantenía una estrecha relación con el doctor Harold Abramson, el psiquiatra vinculado a la CIA y asociado profesionalmente tanto con la Universidad de Columbia como con el hospital Mount Sinai, cuyos trabajos con el LSD estaban financiados por la fundación. [41]

Un integrante de dicho grupo era el doctor Louis Joiyon West, apodado Jolly, del Departamento de Psiquiatría de la UCLA y director del Instituto de Neuropsiquiatría. West, psiquiatra de la CIA, se hizo famoso cuando, trabajando en el programa MK-ULTRA, administró LSD a elefantes.

Aparte del doctor Abramson, un número significativo de participantes en los encuentros organizados por la fundación como Gregory Bateson, Margaret Mead y el psicólogo Kurt Lewin, trabajaron estrechamente con el Gobierno de Estados Unidos, a través del programa MK-ULTRA, en experimentos clandestinos con drogas, psicodélicas entre otras, de lavado de cerebro y de manipulación social.

Otro destacado participante de los encuentros de la fundación fue Donald Marquis, que en aquel entonces era psicólogo de la Universidad de Michigan. Marquis ayudó a organizar las investigaciones fundamentales sobre la psicología de la propaganda, la naturaleza de los distintos públicos a los que iba dirigida y los distintos grupos sociales de cada país, a través del Centro de Dinámicas de Grupo del MIT. Su trabajo llevó al Laboratorio de Redes de Grupos del MIT a estudiar la dinámica de grupos pequeños bajo la supervisión de Alex Bavelas,
uno de los máximos asesores de operaciones secretas de la guerra fría de la ONR, Office of Naval Research [Oficina de Investigación Naval] subcontratada por el MIT. Este mismo grupo del MIT trabajó más adelante con la CIA en un importante estudio sobre las técnicas de «persuasión coercitiva» de la China comunista, popularmente conocidas como de «lavado de cerebro».

Hubo otros estudios de la fundación, como uno sobre «biología celular», que se ocupó de analizar la aplicación de técnicas en eugenesia, la «ciencia de las razas». También se invirtieron grandes sumas de dinero en lo que la fundación denominaba las «interrelaciones psicosomáticas»; es decir, de qué modo afecta a la mente el cambio psicológico, y viceversa. Una manera de ocultar la investigación sobre técnicas clínicas, a las que más tarde llamaría «lavado de cerebro». [42]

La fundación también aportó financiación y publicidad al ingeniero social británico William Sargant, cuyo libro La conquista de la mente humana, publicado en 1957, era un manual de uso sobre lavado de cerebro. Sargant, especialista en shock traumático, pasó veinte años en Estados Unidos trabajando en el programa MK-ULTRA y en otros proyectos secretos para controlar la mente, llevados a cabo por los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña.

LA EUGENESIA

A lo largo de la historia ha habido personas que, teniendo la mira puesta en un objetivo político concreto, se han servido del terror o de la amenaza del terror contra poblaciones escogidas. El razonamiento científico de la tiranía siempre ha resultado atractivo para las élites, porque crea una cómoda excusa para tratar a sus congéneres peor que a los animales. La teoría de la eugenesia, que se basa en una peregrina idea de superioridad e inferioridad hereditarias, fue concebida, entre 1880 y 1900, por una red de familias inglesas, entre las que se encontraba sir Francis Galton, primo de Darwin, Thomas Huxley, sir Arthur Balfour, las familias Cadbury y Wedgewood, además de otros estrategas del Imperio británico de finales del siglo XIX vinculados al movimiento Mesa Redonda de Cecil Rhodes y lord Alfred Milner. Este grupo vio la oportunidad de hacer avanzar a la humanidad hacia una nueva Edad Media tomando las riendas de la perversamente racista teoría de Darwin de la evolución basada en la selección natural, regla según la cual «sobrevive el más apto», a la que aplicaron principios sociales para desarrollar el darwinismo social.

En Estados Unidos, la historia de la eugenesia comenzó en 1904, cuando el prominente eugenetista Charles Davenport fundó el Cold Spring Harbor Laboratory financiado por destacados oligarcas del país: Rockefeiler, Carnegie y Harriman. En 1910, los británicos ya habían creado expresamente la primera red de trabajadores sociales para ejercer de espías y ejecutores de la secta racista de la eugenesia, que rápidamente estaba asumiendo el control de la sociedad occidental. Quienes respaldaron económicamente a Hitler no fueron los únicos que patrocinaron la investigación de la eugenesia. En los años veinte, la familia Rockefeller financió al Instituto de Genealogía y Demografía Kaiser Wilhelm, más tarde pilar del Tercer Reich.

Al finalizar la guerra, cuando toda Europa estaba todavía sembrada de cadáveres, los aliados protegieron de la persecución a científicos nazis como el mismísimo Josef Mengele, que había torturado y matado a miles de personas. La rama radical nazi de la eugenesia había avergonzado a los expertos en control social angloamericanos, y los términos «eugenesia» e «higiene mental» habían pasado a ser palabrotas. Sin embargo, los expertos en control social no se arredraron. En 1956, la British Eugenics Society [Sociedad Británica de Eugenesia] sostuvo, en una resolución, que «la sociedad debe perseguir la eugenesia empleando medios menos obvios». O sea, la «planificación familiar» y el movimiento ecologista. Todas las políticas de control de la población cambiaron simplemente de nombre y continuaron trabajando bajo la protección de las Naciones Unidas y organismos asociados. Las sociedades de Eugenesia, Eutanasia e Higiene Mental de Gran Bretaña, Estados Unidos y el resto de Europa sencillamente recibieron nombres más agradables, como Asociación de Salud Mental de Gran Bretaña y Asociación Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, que posteriormente se convirtió en la Federación Mundial de Salud Mental. Más adelante volveré sobre este asunto.

La revista Eugenics Quarterly pasó a llamarse Social Biology, y la Liga Americana para el Control de la Natalidad, Planificación Familiar, que en la actualidad es la responsable de una masiva despoblación de África. No es muy conocido el dato de que en estas últimas décadas han estado operando en África algunos de los organismos más importantes de ayuda humanitaria y varios grupos estadounidenses de cristianos fundamentalistas. Su estandarte es la «planificación familiar», que se entiende de otro modo cuando se ven las verdaderas implicaciones y los objetivos a largo plazo. Estas políticas de planificación familiar cuentan con el respaldo entusiasta y constante de importantes donantes bilaterales, como el Gobierno de Estados Unidos, a través de su sucedáneo USAID, y de ciertos organismos multilaterales, en particular la Federación Internacional para la Planificación Familiar (IPPF), el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y el Banco Mundial de África.

El Banco Mundial es, desde los años sesenta, la principal entidad financiera de control de la población, y su gasto anual se ha disparado, desde los magros 27 millones de dólares entre 1969 y 1970 hasta los más de 4.500 millones de 2006. Eugene Black y Robert McNamara, ambos presidentes de dicho banco, en una época fueron miembros de la Fundación Ford, controlada por los Rockefeller.
«Más significativo es que las políticas de control de la población son ahora una condición indispensable que exigen para el desembolso de Préstamos de Ajuste Estructural (SAL) el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, dentro del marco de sus Programas de Ajuste Estructural (SAP).» [43] 
Entre las condiciones que se exigen para acceder a los préstamos de los programas se encuentran, generalmente, además de la devaluación, la liberalización y la privatización de las economías nacionales y de las áreas de educación y la sanidad, las políticas de control de la población. Así pues, para que concedan dicho préstamo, lo normal es que se exija preparar un informe sobre las políticas existentes en materia de población.

Betsy Hartmann, directora del Programa de Población y Desarrollo del Hampshire College, acuñó un término nuevo para estas políticas: «ecofascismo malthusiano». Hartmann indica que, actualmente, la comunidad internacional concentra sus actividades de control de la población en el África subsahariana, y que la planificación familiar se ha convertido en la máxima prioridad:
«El imperativo primordial de estos programas generados en el ámbito internacional es reducir la población con tanta rapidez y al menor coste posible.» 
Como bien observa Hartmann, en gran parte de África, donde las trágicas consecuencias del sida amenazan a la población, la aplicación de planes de control de la población y la falta de financiación de los sistemas sanitarios llevan actualmente en la práctica a una selección indirecta. [44]

Ni que decir tiene que África no es el único continente donde se llevan a la práctica estas brutales políticas. En 1972, en el afán de hacer frente a la denominada «emergencia demográfica», el Banco Mundial financió un proyecto de 21 millones de dólares «con los que se llevaron a cabo varios millones de esterilizaciones involuntarias y produjeron millares de muertos».[45]

La confluencia de eugenetistas, nazis, ecologistas y entusiastas de la Empresa Mundial también se debe al secreto Club 1001, compuesto por las familias más antiguas y poderosas de Europa, que financian operaciones malthusianas clandestinas del WWF en África. Por ejemplo, una de esas operaciones llevadas a cabo por el World Wildlife Fund era la llamada Operación Lock, que a la vista de todos tenía por objeto salvar al rinoceronte negro de Sudáfrica.
«John Hanks, director del WWF para África, financió un equipo de comandos del SAS británico para que se infiltraran y sabotearan a los presuntos círculos de cazadores furtivos haciendo uso de una fuerza paramilitar. Esta fuerza instigaba el enfrentamiento entre negros del Congreso Nacional Africano y del Partido de la Libertad Inkatha, perpetrando actos de violencia seleccionados, como la masacre de Boipatong el 18 de junio de 1992.» [46]
Dicha masacre fue la causa de que el Congreso Nacional Africano se retirase de las iniciales negociaciones formales que pretendían poner fin al apartheid, al acusar al Partido Nacional gobernante de complicidad en los ataques. [47] El objetivo era desatar una sangrienta guerra civil e impedir el final del apartheid y la reintegración de Sudáfrica a la comunidad internacional.

El WWF y su brazo armado terrorista, Greenpeace, además de diversos grupos afines, no son una minoría de lunáticos a los que se pueda ignorar fácilmente; son las tropas de choque de la oligarquía en su lucha contra la humanidad. La teoría demográfica «malthusiana», como la propuesta de la ONU en la Conferencia sobre Población de 1994 en El Cairo, tiene en cuenta el incremento de la población durante la revolución industrial. La ONU, basándose en los escritos de la famosa obra de Thomas Malthus de 1798, On population [Sobre la población], un plagio del libro que había publicado en 1790 el monje veneciano Giammaria Ortes, Riflessioni sulla popolazione delle nazioni. Según esta teoría, la población aumenta más deprisa que la provisión de alimentos. Ortes es el autor intelectual en el que se basó el borrador genocida de la Conferencia sobre la Población organizada en El Cairo en 1994 por la ONU.

Es posible que a la mayoría de la gente esto le resulte como mínimo alucinante, pero los héroes intelectuales de la pasada era, como Margaret Mead, los hermanos Huxley y el desaparecido Carl Jung, principal promotor del «inconsciente racial colectivo», no sólo asistieron a conferencias, año tras año, junto con el médico nazi responsable de varios de los crímenes más horrendos cometidos contra la especie humana, sino que además apoyaron con mucho entusiasmo todas las «teorías» que dieron lugar al holocausto. Por ejemplo, en los años previos a la guerra, Jung fue el director de la revista alemana de psicoterapia junto con el doctor M. H. Goering, primo de Hermann Goering y colaborador de un proyecto de eutanasia «T4», que debía eliminar a cuatrocientos mil enfermos mentales de las instituciones alemanas.

LA FEDERACIÓN MUNDIAL DE SALUD MENTAL

La World Federation of Mental Health (WFMH) es un ejemplo perfecto de esta confluencia de aparatos Rockefeller-CIA-Tavistock. Rees, la antropóloga Margaret Mead, el científico conductista Lawrence K. Frank, el ejecutivo de Josiah Macy Fremont-Smith y el sociólogo alemán Max Horkheimer coincidieron en París, en el verano de 1948, para inaugurar la WFMH.
«Aunque Kurt Lewin había fallecido el año anterior, había tomado parte en los preparativos de la inauguración de la Federación gracias a que había trabajado, bajo la dirección de Frank, en el National Committee for Mental Hygiene [Comité Nacional de Higiene Mental] y el International Committee for Mental Hygiene [Comité Internacional de Higiene Mental] con sede en Londres, que cuenta con media docena de miembros del Grupo de la Cibernética en su consejo de administración. Ambos organismos supervisaron una red de más de cuatro mil "tropas de choque psiquiátricas" —en palabras de Rees—, que formarían el núcleo de un aparato mundial de ingeniería social infiltrado en todas las comunidades.
»Margaret Mead y Lawrence K. Frank, dos pilares del Grupo de la Cibernética, fueron los autores de la declaración de principios de la Federación Mundial de Salud Mental de Rees (tanto Mead como Fremont-Smith sucederían a Rees en la presidencia), a la que llamaron "Manifiesto de la Primera Internacional".» [48]
Mead y Fremont-Smith escribieron sin tapujos:
«El objetivo de la salud mental ya no es sólo ocuparse del desarrollo de personalidades sanas, sino también de crear una sociedad sana. [ ... ] El concepto de salud mental es extensivo a los de orden mundial y comunidad mundial.»
En el manifiesto de la WFMH hay tres cuestiones primordiales. En primer lugar, Rees hizo hincapié en la necesidad de aplicar la experiencia psiquiátrica militar de la Primera y la Segunda Guerra Mundial como paradigma
«de un sistema de clínicas de salud mental a través del cual los psiquiatras de la contrainsurgencia pudieran administrar a la fuerza [49] "terapias" a grupos grandes de población».
Otro punto importante del manifiesto subrayaba la necesidad de situar a psiquiatras en posiciones clave que les pemitieran desempeñar un papel determinante en los programas administrativos y sociales de los gobiernos y de la industria. Tal como escribió en 1974 el investigador L. Marcos:
«no debe sorprendernos que el desaparecido George Orwell concibiera su novela 1984 después de haber pasado un tiempo en contacto con un grupo de seguidores de Rees». [50]
Inaugurada en 1948 por el Grupo de la Cibernética, la World Federation of Mental Health fue uno de los proyectos más deplorables que pusieron en marcha los principales sociólogos, psiquiatras y antropólogos del mundo, las denominadas «tropas de choque psiquiátricas», y cuyo primer presidente, el general de brigada John Rawling Rees, fue director del Instituto Tavistock, principal centro de estudio de la guerra psicológica. Carl Jung fue su vicepresidente. Otra persona estrechamente asociada a la Federación fue el médico nazi Werner Villinger, que participó en la Conferencia de la Casa Blanca sobre los Niños y los Jóvenes, celebrada en los años cincuenta. Y por mucho que intenten negarlo los seguidores de Jung, no se pueden distorsionar los hechos: Jung sabía muy bien a quién estaba respaldando, a Hitler y a los nazis.

Mientras tanto, inmediatamente después de la guerra, sir Julian Huxley cambió el nombre de su programa de control forzado de la natalidad, crecimiento económico cero y tecnología del control mental de masas, y continuó aplicando los principios que condujeron al asesinato en masa de los «racialmente no aptos» en la Alemania nazi. En 1946, Huxley anunció que
«aunque es bastante cierto que la aplicación de la política eugenésica radical será imposible durante muchos años desde el punto de vista político y psicológico, sería importante que la UNESCO entendiera que el problema de la eugenesia se examina con mucho cuidado y la opinión pública recibe información sobre lo que está en juego, para que lo que ahora es impensable por lo menos sea considerado». 
En 1974, Henry Kissinger, el hijo intelectualmente sodomizado de Huxley, dijo que
«la despoblación debería ser la prioridad de la política exterior con respecto al Tercer Mundo».
Huxley fue uno de los fundadores de la British Eugenics Society y el primer director general de la UNESCO que fomentó la reducción de la población y lo que él mismo denominó «una sola cultura para el mundo». Además de un miembro destacado de la WFMH, director de la Asociación para la Reforma de la Ley del Aborto y fundador del WWF, cuyo primer presidente, el príncipe Bernhard de Holanda, fue miembro del partido nazi y uno de los organizadores de las reuniones del Club Bilderberg desde su fundación en 1954.

Pocos saben que Huxley representaba a un conjunto de cretinos como no han vuelto a verse. Entre ellos se encontraba su abuelo, Thomas Huxley, cuyo apoyo sin ambages a la teoría de la evolución de Darwin le había valido el sobrenombre de «bulldog de Darwin»; su mentor, el satanista Aleister Crowley; el ya mencionado general de brigada John Rawlings Rees; Bertrand Russell, y H. G. Wells, cuyo libro Conspiración abierta fue una llamada a la dictadura mundial imperial fascista.
«Lo que hace que la "conspiración abierta" lo sea no es que exponga un plan maestro secreto, ni que desvele los nombres de los miembros de algún sancta sanctórum de los ricos y poderosos, sino más bien el hecho de que entienda que las ideas, la filosofía y la cultura controlan la historia.» 
También formaba parte de este grupo el hermano de Julian, Aldous, el de Un mundo feliz. En el libro de Aldous Huxley la población se divide genéticamente en Alfas, Betas, y así hasta los Épsilons, idiotas fabricados artificialmente aplicando la eugenesia, o las leyes de reproducción de los nazis.

Con los años,
«la propia WFMH se convirtió en un gigantesco centro de intercambio de información de perfiles de guerra psicológica del que hicieron uso los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses durante la guerra fría.
Un típico proyecto conjunto de la Josiah Macy Jr. Foundation y de la World Federation of Mental Health fueron las Conferencias sobre Problemas de Salud y Relaciones Humanas en Alemania, una serie de reuniones de alto nivel, celebradas entre 1950 y 1951, diseñadas para convencer a los sociólogos y a los servicios sanitarios de Alemania de que había que confiar en el falso perfil de "personalidad autoritaria" de la Escuela de Fráncfort cuando se trataba a pacientes alemanes». [51]
Surgieron términos nuevos, como transhumanismo, control demográfico, sostenibilidad, conservación, bioética y defensa del medio ambiente, que sustituyeron a otros ya desfasados, como higiene racial y darwinismo social. Y entretanto prepararon a la opinión pública, a la formación de médicos y a las políticas gubernamentales para que desecharan la noción de que la vida humana era sagrada. Excepto que, tal como explica Rob Ainsworth, periodista de investigación:
«el movimiento ecologista es cualquier cosa menos el movimiento popular que finge ser. Los grupos más grandes y más influyentes reciben todos los años decenas de millones de dólares de financiación, y las juntas de miembros y directivos así lo reflejan». [52] 
Desde Survival International hasta el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, desde el Worldwatch Institute hasta el International Food Policy Research institute [Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias], desde el World Resources Institute [Instituto Mundial de Recursos] hasta Greenpeace, la Nature Conservancy [Conservación de la Naturaleza] y la Union for the Conservation of Nature [Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza], con sede en Ginebra, desde el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas hasta el Natural Resources Defense Council [Consejo de Defensa de los Recursos Naturales] y organismos de defensa del medio ambiente..., todos están dirigidos por banqueros, directores de empresas de inversiones y grandes compañías petroleras. Tal como escribió el Club de Roma en una publicación de 1991, The First Global Revolution [La primera revolución mundial]: «El verdadero enemigo es la propia humanidad.»

LOS FINES DEL TRANSHUMANISMO

Otro punto de la lista de tareas del mundo es el transhumanismo. Es el nombre dado a este nuevo movimiento que defiende el uso de nuevas tecnologías para mejorar ciertas características de los seres humanos, como su capacidad física y mental. Se trata de un movimiento generosamente financiado y organizado con la intención de modificar todos los aspectos de los seres humanos; es decir, su fisiología y biología, y hasta los pensamientos de cada uno. A muchas personas les cuesta entender en qué consiste el verdadero movimiento transhumanista y por qué es tan dañino. Al fin y al cabo, sólo intenta mejorar nuestra calidad de vida, ¿no? ¿O será más bien un proyecto de control social a gran escala?De hecho, exactamente así es como lo veían la Josiah Macy Jr. Foundation y el Instituto Tavistock. La capacidad de hacer que las máquinas actúen como seres humanos y la capacidad de tratar a los seres humanos como máquinas; de acuerdo con Michael Minnicino,
«la consecución final del antiguo objetivo fabiano de H. G. Wells, de contar con un "orden mundial científico" en el que todo esté tan claro como una ecuación diferencial, y donde los elementos impredecibles como la creatividad humana nunca compliquen las cosas». [53]
Con esta misión, nueva y mucho más amplia, se llegó a la Conferencia sobre Cibernética en los años cuarenta y al transhumanismo en la actualidad.

El transhumanismo es el sueño ultratecnológico de los ingenieros informáticos, los filósofos, los neurólogos y muchos más. Su fin consiste en servirse de los avances de la tecnología para perfeccionar el cuerpo y la mente del ser humano, y en última instancia la experiencia humana en su totalidad. Es la filosofía que sustenta la idea de que la humanidad debe mejorarse a sí misma de forma activa y dirigir ella misma el curso de su evolución. Los transhumanistas desean convertirse en lo que ellos denominan «poshumanos». Un «poshumano» es una persona cuyo cuerpo y mente han sido modificados, mejorados, hasta tal punto que ya no puede decirse que sea humana. Se ha transformado en un ser completamente nuevo.

A la mayoría de la gente esto le suena a película de ciencia ficción. Pocos son conscientes de que constantemente tienen lugar descubrimientos tecnológicos que hacen que las teorías transhumanistas puedan realmente, en un futuro próximo, ponerse en marcha. Por ejemplo, en estos momentos se están desarrollando
interfaces de neurochips, chips de ordenador que se conectan directamente con el cerebro. El fin último de un chip cerebral sería el de multiplicar la inteligencia, fundamentalmente convertir el cerebro humano en un superordenador. Otro concepto clave del transhumanismo es el de lograr el bienestar emocional a lo largo de toda la vida. Dicho bienestar se puede conseguir recalibrando los centros del cerebro que se ocupan del placer. Se ha sugerido la posibilidad de alcanzar estados de ánimo mediante el uso de fármacos, que serían más limpios y más seguros que las drogas que alteran la mente.

El objetivo es reemplazar todas las experiencias adversas por otras de placer, más allá de las dudas de la experiencia humana. Por ejemplo, la nanotecnología es un tema crucial para los transhumanistas. Es la ciencia de construir máquinas del tamaño de las moléculas. Dichas máquinas podrían fabricar tejido orgánico para utilizarlo en medicina. El uso de este tipo de tecnología podría prolongar drásticamente la esperanza de vida. Hay expertos que afirman que, dentro de poco, será posible vivir eternamente.

La inteligencia artificial, la creación de robots pensantes, está estrechamente relacionada con el concepto del neurochip, que fusiona mente y máquina. Cada vez se tiene más la sensación de que se implantarán piezas de máquinas en el cuerpo humano para crear cyborgs, término inventado por el doctor Nathan Kline, un psiquiatra vinculado a la CIA y al programa MK-ULTRA. Kline había escrito junto con Manfred Clynes un artículo destinado al número de septiembre de 1960 de la revista Astronautics, titulado « Cyborgs and Space», donde introdujeron el término cyborg por primera vez. Al tratar el problema de los viajes espaciales, hablaron de los «aspectos cibernéticos» de los procesos homeostáticos del cuerpo con vistas a desarrollar técnicas para mantener a los astronautas despiertos durante varias semanas. [54]

Otros están convencidos de que la humanidad se fusionará totalmente con la tecnología y volcará la conciencia individual en una realidad virtual. De ese modo, una persona podría vivir eternamente dentro de una realidad virtual generada por el ordenador y dejaría atrás su cuerpo físico. Dentro de dicha máquina, la persona podría fusionar su inteligencia con la inteligencia colectiva de todas las demás personas que se encuentran en esa realidad virtual y convertirse efectivamente en un ser superinteligente. Este concepto se conoce como «mente de colmena». ¿Cuántas personas son capaces de ver el paralelismo que guarda esto con el «inconsciente colectivo» de Jung?
«Tan sólo reconociendo la dimensión del inconsciente colectivo puede la ciencia servir a los intereses del hombre», afirma Jung. 
Excepto que la realidad virtual y los ordenadores no son capaces de reproducir el proceso de pensamiento inteligente de los seres humanos. Lo que puede hacer la inteligencia artificial es alterar la conciencia, de igual modo que el LSD alteraba y degradaba la mente humana allá por los años sesenta.

Según Brenda Laurel, autora del libro Comp iters as Theatre [Los ordenadores son como el teatro]:
«los ordenadores funcionan siguiendo los principios de la lógica aristotélica. Ni el algoritmo más complejo es capaz de acercarse siquiera a estimular la inteligencia humana, pero sí puede crear un mundo acorde con una serie de reglas». [55]
En los capítulos finales de La cibernética, Wiener afirma que existe la posibilidad de que en el futuro las máquinas sean capaces de aprender y reproducirse, algo muy parecido al cyborg interpretado por Arnold Schwarzenegger en la apocalíptica película Terminator. Pero, al igual que sucede con todos los ordenadores y todos los sistemas lógicos, las decisiones y las políticas de dichas máquinas no serán más que deducciones lógicas de una serie de reglas y axiomas implantados por el programador inicial.

Es imposible descubrir un principio nuevo y universal de la ciencia, porque los principios reales del conocimiento humano no están limitados a lo que se aprende. Tal como explicó exhaustivamente Johannes Kepler en su obra La armonía del mundo:
«La personalidad humana tiene acceso, gracias a la naturaleza singular del poder de cognición de la mente —única entre todos los seres vivos— a generar principios universales validables, físicos y comparables, que no se conocían con anterioridad», 
que incrementan el poder de nuestra especie en el universo per cápita y por kilómetro cuadrado de espacio.

Para anular esta singular característica de la mente humana, el mundo paralelo del pensamiento de Jung puede entrelazarse en la actualidad con las ideas de la Nueva Era. Desde los anuncios publicitarios de cerveza que hablan del inconsciente colectivo hasta la saga de La guerra de las galaxias y la realidad virtual comercializada en masa, todos están construyendo conscientemente la imaginería y las ideas místicas de Jung. Para ellos, según Lonnie Wolf,
«esta nueva tecnología es la llave que abrirá las puertas de la percepción al mundo soñado por Jung». [56]
Sin embargo, ese jungiano «mundo soñado» de La guerra de las galaxias es más que una pesadilla que se repite. Con frecuencia se pasa por alto el tema epistemológico más crucial de todos. ¿A usted le parecen humanas las criaturas de La guerra de las galaxias, Doom y El señor de los anillos? El segundo problema es cómo hacer para corromper a la gente de forma que acepte el misticismo de Jung. Obviamente, deshumanizando la imagen del hombre. Aquí radica el principio del Mal que inunda la «conciencia virtual». ¿Estoy exagerando? Veamos.
«Si se logra generar suficientes estímulos fuera de los órganos sensoriales que indiquen la existencia de un mundo alternativo, entrará en acción el sistema nervioso de la persona y tratará ese mundo creado por los estímulos como si fuera real», afirma Jaron Lanier, de VPL Research, Inc. 
Además, si la tecnología de la realidad virtual se administra como una herramienta para hacer lavado de cerebro, puede debilitar lo que los freudianos llaman el superyó, esa parte de la personalidad que está estrechamente unida a la conciencia moral, la base, por un lado, de la búsqueda de la verdad, y por el otro, ese acto singularmente humano de descubrir e integrar principios universales que ha mejorado la vida de las personas por kilómetro cuadrado en su lucha contra la naturaleza. De hecho, la ciencia ha intentado suprimir el cuerpo físico que nos conecta con el universo y sustituirlo por una «alucinación consensuada» por medio de la realidad virtual.

La realidad virtual, nos dicen, crea un mundo artificial donde somos libres para hacer lo que queramos sin tener que rendir cuentas de nuestros actos. Si usted quiere tener una relación sexual con la imagen generada por ordenador del perro de su vecino, no pasa absolutamente nada, adelante, téngala en el mundo virtual. Al liberar las fantasías reprimidas, si hay que creerse la palabrería freudiana, la realidad virtual produce una conciencia nueva que define de nuevo el Bien y el Mal. Utilizando las palabras de otro psicópata famoso, Friedrich Nietzsche, es un universo que está «más allá del Bien y del Mal». Así pues, como dice Lonnie Wolf, nos hemos liberado para hacer el Mal «sin sufrir los efectos del Mal, y por consiguiente sin tener que purgarnos del deseo innato de "ser" malos.» [57]

Subidos a la cumbre fantasiosa del mundo del transhumanismo podemos apreciar con toda claridad los extremos letales del mismo, a través del prisma del mundo físico, y vemos que carece de la verdad universal y de la sagrada responsabilidad que tiene la persona soberana de actuar buscando el Bien. «Y sin verdad universal no puede existir la razón. Si matamos la verdad, nuestra civilización morirá con ella», afirma Lonnie Wolf. [58]

EL TRANSHUMANISMO Y LA INDUSTRIA DEL ESPECTÁCULO

Otro aspecto clave del transhumanismo es el de fomentar la inclusión de una serie de temas en cualquier tipo de entretenimiento. Un ejemplo claro de esto puede encontrarse en numerosas películas de Hollywood o series de televisión donde aparecen robots o androides. Con frecuencia hacen que el espectador sienta simpatía por el robot, y eso hace, a su vez, que sienta tristeza si, por ejemplo, el robot es «asesinado» por un ser humano. También merece la pena observar que casi siempre es un ser humano quien causa «dolor» a esos robots.

En Terminator y Cortocircuito, está clarísimo. Los robots de esas películas demuestran tener valores morales y sentimientos, como los seres humanos, a lo largo de la historia. Eso hace que el espectador sienta afecto y compasión, y se solidarice con ellos.

¿Y de qué forma se nota en la industria de la música? El universo y su composición están hechos esencialmente de materia que vibra en diferentes frecuencias. El universo, en especial, está formado por sonidos, y esto incluye a los seres humanos. El sonido, la música, es una eficaz herramienta terapéutica, capaz de alterar los estados de ánimo y físicos del ser humano.

La música activa casi todas las regiones del cerebro. Las experiencias placenteras activan el sistema límbico del cerebro. Las mismas redes de neuronas que se activan cuando escuchamos una música que nos gusta. Dichas neuronas ayudan a modular los niveles de un neurotransmisor, llamado dopamina, del cerebro. La dopamina es uno de los neurotransmisores que hacen que nos sintamos optimistas. De modo que cuando escuchamos una música que nos gusta, tiene lugar un verdadero cambio en los niveles de sustancias químicas de nuestro cerebro. Y por esta misma razón, se hace uso de la industria de la música para favorecer los objetivos del transhumanismo. Dado que la persona tiene activadas casi todas las regiones del cerebro, resulta fácilmente susceptible a un ataque psicológico, en este caso de su propio artista favorito.

Existen numerosos ejemplos de ataques transhumanistas perpetrados a través de la industria de la música. Tomemos por ejemplo una de las actuaciones en vivo de Rihanna, donde canta el tema Rude Boy. En el escenario, la artista baila con robots reales que se mueven. Esos robots no tienen absolutamente nada que ver con la canción. La finalidad de dicho baile es conseguir que los espectadores tengan la sensación de que los robots son seres que sienten. La idea general del transhumanismo es conseguir que las personas vean los objetos inanimados y la tecnología al mismo nivel que un ser humano.

Ambientación para un libro:
«El dios de la singularidad surge de un ordenador para extasiar a la raza humana. Los magos matemáticos de la inteligencia británica calculan demonios y los devuelven a la oscuridad. Y una computación de escala solar nos vuelca a todos hacia el futuro feliz.» [59 ]
El «dios» es en realidad una «inteligencia artificial», una miríada de cambios poshumanizadores y subculturas miméticas que se acercan a toda velocidad, que la mayoría ni siquiera sabe que existen. Hay una revista de moda muy conocida en cuya portada aparece una señorita vestida con ropa ceñida y abrazada a un robot mirándolo a los ojos con expresión elocuente. En eso consiste la tecnología sexualizante. El transhumanismo no pretende mejorar la especie humana, sino manipular la conciencia de la persona para que los seres humanos ya no se consideren seres humanos, sino más bien un objeto tecnológico. Al deshumanizar a nuestra especie, nos convertimos en el enemigo. Puede que usted no se percate de ello, pero el Instituto Tavistock lleva mucho tiempo valiéndose de Hollywood y de la industria musical, dos poderosas herramientas para el lavado de cerebros en masa y cambiar el paradigma histórico de la sociedad. La próxima vez que vea la sonrisa sabionda de un degenerado del Instituto Tavistock, recuerde que en eso piensan ellos.



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NOTAS

31.Jeffrey Steinberg, «From Cybernetics to Littleton: Techniques of Mind Control», EIR, 5 de mayo de 2000.
32.Theodore W. Adorno, Else Frenkel-Brunswik, y Daniel J. Levinson, The Authoritarian Personality: Study in Prejudice, Harper, Nueva York, 1950. Reeditado por W. W. Norton & Co Inc, Nueva York, edición Abr Rei, 1993.
33.Jeffrey Steinberg, «From Cybernetics to Littleton: Techniques of Mind Control», EJR, mayo de 2000.
34. Ibid.
35. Ibid.
36. http://www.josiahmacyfoundation.org/about/history.
37. http://www.asc-cybernetics.org/f `oundations/hzstory2.htm.
38.Jean-Pierre Dupuy, The Mechanization of the Mmd, Princeton University Press, Princeton, 2000.
39.Michael Minnicino, «Drugs, Sex, Cybernetics, and the Josiah Macy Jr. Foundation», EIR, julio de 1999.
40. Ibid.
41. Fremont-Smith organizó tres series de conferencias: «Problemas de la conciencia», 1950-1954; «Neurofarmacología», 1954-1959; «El uso del LSD en psicoterapia», 1956, 1959. Aparte de su evidente finalidad científica, estas conferencias (desde el punto de vista de u CIA) pusieron en contacto a los principales organismos patrocinados por la CIA para trabajos relacionados con las drogas y figuras del Gobierno encargadas de su aplicación.
42.Michael Minnicino, «Drugs, Sex, Cybernetics, and the Josiah MacyJr. Foundation», EIR, julio de 1999.
43. Guy Martin, «The West, Natural Resources and Population Control Policies in Africa Historical Perspective»,Journal of Third World Studies, primavera de 2005.
44.Hartmann, «Betsy, Cross Dressing Maithus», comentario de ZNet, septiembre de 1999.
45.Elizabeth Liagin, «Excessive Force: power, politics and population control», Information Projectfor Africa, 1996.
46. «The Coming Fali of the House of Windsor», The New Federalist, 1994.
47. «Boipatong Massacre», ANC 1992-06-18. http://www.anc.org.za/ancdocs/pr/19921pr0618.html. Recuperado el 28 abril 2007.
48.Jeffrey Steinberg, «From Cybernetics to Littleton: Techniques of Mind Control», EIR, mayo de 2000.
49.Michael Minnicino, «Low Intensity Operations: The Reesian Theory of War», The Campaigner, abril de 1974.
50.Ibid.
51.Michael Minnicino, «Drugs, Sex, Cybernetics, and the Josiah Macy Jr. Foundation», EIR, julio de 1999.
52.Rob Ainsworth, «The New Environmentalist Eugenics: Al Gore's Green Genocide», EIR, marzo de 2007.
53.Michael Minnicino, «Drugs, Sex, Cybernetics, and the Josiah Macy Jr. Foundation», EIR, julio de 1999.
54.Chris H. Gray, cd., The Cyborg Handbook, Routiedge, Nueva York, 1995. En la Unión Soviética, una buena parte del programa de entrenamiento de cosmonautas estaba bajo el control del Consejo de Cibernética Soviético. Véase Siava Gerovitch, «"New Soviet Man" Inside Machine: Human Engineering, Spacecraft Design, and the Construction of Communism», en Greg Eghigian, Andreas Kilien y Christine Luenberger (eds.), The Self as Project: Politics and Human Sciences, Universíty of Chicago Press, Chicago, 2007.
55.Lonnie Wolf, «Turn off your TV», The New Federcrlist, 1997.
56.Ibid.
57.Ibid.
58.Ibid.
59. R.U. Sirius y Paul McEnery, «The Reluctant Transhumanist», h+ Magazine, abril de 2009.
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