Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

jueves, 21 de mayo de 2009

Sinfonía en Rojo Mayor: Parte X (Preparación del pacto con "Ellos")

En esta entrega Rakovsky hábilmente consigue que Gabriel entienda el peligro que para la URSS de Stalin representa Hitler y empieza a conducir el interrogatorio para que sea posible un acuerdo entre Stalin y “Ellos”.

Surge en el interrogatorio la afirmación de Rakovsky que la guerra civil española la provocaron desde Moscú.

Ver las anteriores partes empezando aquí.

G. Los que aspiran, según usted, a un comunismo perfecto, arman a Hitler, que jura exterminar al primer pueblo comunista… Esto sí lo creo, es algo lógico en los financieros…
R. Vuelve usted a olvidar el bonapartismo staliniano. Recuerde usted que frente a Napoleón, el estrangulador de la Revolución francesa, el que le robó sus fuerzas, eran objetivamente revolucionarios Luis XVIII, Wellington, Metternich y hasta el autócrata Zar… Esto es de un rigor doctrinal stalinista de veintidós quilates. Se sabrá usted de memoria sus tesis coloniales en relación a las naciones imperiales. Si, según él, es objetivamente comunista el emir de Afganistán y el rey Faruk por su lucha contra Su Graciosa Majestad Imperial, ¿por qué no puede ser objetivamente comunista Hitler por su lucha contra el autócrata Zar “Koba I”?... En fin, sin digresiones, ahí tiene usted a Hitler creciendo en poder militar, extendiendo su III Reich, y lo que aún lo aumentará…, lo necesario hasta que tenga potencia en acto suficiente para poder atacar y derrotar copiosamente a Stalin… ¿No ve la mansedumbre general de aquellos lobos de Versalles, que se limitan a débiles gruñidos?... ¿También es otra casualidad?... Hitler invadirá la URSS y, así como en 1917 las derrotas del Zar nos sirvieron para derribarle, las derrotas de Stalin nos servirían para derribarle y suplantarle… Volverá a sonar la hora de la Revolución Mundial. Porque las naciones democráticas, adormecidas hoy, en el instante que Trotsky ocupe de nuevo el Poder, como cuando la guerra civil, realizarán una mutación general. Hitler será entonces atacado por el Oeste, sus generales se sublevarán y lo liquidarán… ¿Habrá sido Hitler objetivamente comunista, sí o no?...
G. No creo en fábulas ni milagros…
R. Pues si no quiere creer que “Ellos” son capaces de realizar lo que han realizado, prepárese usted para presenciar la invasión de la URSS y el fin de Stalin antes de un año. Lo crea milagro o casualidad, prepárense a presenciarlo y a sufrirlo… ¿Pero será usted capaz de negarse a creer cuanto le he dicho, aunque solo sea en hipótesis?... Aguardando a obrar en consecuencia solo cuando empiece a ver las pruebas a la luz de cuanto convengamos.
G. Bien, hablemos en hipótesis… ¿Qué sugiere?
R. Fue usted quien señaló nuestra coincidencia. A nosotros no nos interesa el ataque a la URSS ahora, porque la caída de Stalin supondría el derrumbamiento de este comunismo, que, aún siendo formal, nos interesa exista, por tener la seguridad de que lograremos regirlo para transformarlo en comunismo real. Creo haber sintetizado exactamente la situación del momento actual.
G. Perfectamente, solución…
R. Ante todo, debemos hacer que desaparezca el peligro potencial de un ataque hitleriano.
G. Si, como afirma, fueron “Ellos” quienes lo hicieron Führer, han de tener poder sobre Hitler para que los obedezca.
R. Por no haberme yo expresado bien, dada la rapidez, no ha entendido usted bien. Sí es cierto que “Ellos” financiaron a Hitler, no quiere decir esto que le descubrieron ni su existencia ni su fin. El enviado, Warburg, se presentó a él con una falsa personalidad, ni siquiera parece que Hitler adivinara su raza, y también mintió sobre quiénes eran sus representados. Le dijo ser enviado de un círculo financiero de Wall Street, interesado en financiar el movimiento nacional-socialista con el fin de crear una amenaza contra Francia, cuyos gobiernos seguían una política financiera que provocaba la crisis económica en EEUU.
G. ¿Y lo creyó Hitler?
R. Lo ignoramos. No era lo importante que creyera en los motivos, nuestro fin era que triunfase, sin imponerle ninguna condición. El fin real, bajo cualquier pretexto, está conseguido sin pacto, sin condición; porque nuestro fin era provocar la guerra…, y Hitler era la guerra. ¿Comprende ya?
G. Comprendo. Entonces no veo yo ninguna otra manera de contenerlo que una coalición de la URSS y de las naciones democráticas capaz de intimidar a Hitler. Según yo creo, no es él capaz de lanzarse contra todos los estados del mundo a la vez… Todo lo más uno a uno.
R. ¿No le parece a usted una solución muy simplista…, hasta diría yo contrarrevolucionaria?...
G. ¿Evitar una guerra contra la URSS?
R. Corte su frase a la mitad… y repita conmigo: “Evitar una guerra”… ¿No es una cosa contrarrevolucionaria en absoluto?... Reflexione. Todo comunista sincero, imitando a su ídolo Lenin, y a los más grandes estrategas revolucionarios, debe anhelar siempre la guerra. Nada como la guerra acelera el triunfo de la Revolución. Es un dogma marxista-leninista que usted debería profesar… Ahora bien: ese nacional-comunismo staliniano, ese bonapartismo es capaz de ofuscar la razón de los comunistas más puros hasta impedirlos ver la inversión en la cual incurre Stalin, la de subordinar la Revolución a la Nación y no, como es correcto, subordinar la Nación a la Revolución…
G. Su odio a Stalin le ofusca y le hace contradecirse… ¿No habíamos convenido en que no era deseable un ataque a la URSS?
R. ¿Y por qué la guerra ha de ser necesariamente contra la URSS?
G. ¿A qué otra nación puede atacar Hitler?... Es cosa demasiado clara que dirigirá su ataque contra la URSS, sus discursos lo proclaman. ¿Qué más prueba quiere?...
R. Y si usted, los del Kremlin, lo creen tan firme e indiscutiblemente, ¿por qué han provocado la guerra civil en España? No me diga que por pura razón revolucionaria. No es capaz Stalin de plasmar en hechos ninguna teoría marxista. Si razón revolucionaria hubiera, no sería correcto quemar en España tantas y tan excelentes fuerzas revolucionarias internacionales. Es la nación más lejana de la URSS y la más elemental cultura estratégica no aconsejaba malgastar allí las fuerzas… En caso de conflicto, ¿cómo podría Stalin abastecer y apoyar militarmente una república soviética española?... Pero era correcta. Allí hay un punto estratégico importante, un cruce de influencias opuestas de las naciones capitalistas; se podía provocar una guerra entre ellas. Lo reconozco, era correcto teóricamente, pero en la práctica, no. Ya ve cómo no estalla la guerra entre el capitalismo democrático y el fascista… Y ahora le digo: si Stalin se creyó capaz por sí solo de crear un motivo capaz de provocar la guerra que hiciera luchar entre sí a las naciones capitalistas…,¿por qué no ha de admitir, en teoría por lo menos, que otros puedan conseguir lo que no le pareció imposible lograr a él?...
G. Aceptando sus premisas, puede admitirse la hipótesis.
R. Entonces, hay otro punto más de coincidencia: primero, que no haya guerra contra la URSS; segundo, que conviene provocarla entre las naciones burguesas.
G. De acuerdo. ¿Lo dice usted como una opinión personal o como de “Ellos”?
R. Como una opinión mía. No tengo poder ni contacto con “Ellos”; pero puedo afirmar que coincidirían en esos dos puntos como el Kremlin.
G. Esto es importante fijarlo previamente, por ser lo capital. Por tanto, quisiera yo saber en qué se basa usted para tener la seguridad del asentimiento de “Ellos”.
R. Si yo hubiera tenido tiempo de trazar su esquema completo, ya sabría usted los motivos de su aceptación. Por ahora, los reduciremos a tres.
G. ¿Cuáles son?

(Continua aquí)
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