Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

viernes, 12 de junio de 2009

Daniel Estulin: Los secretos del Club Bilderberg: Prólogo


Últimamente me encuentro con mucha información sobre el Club Bilderberg, particularmente de Daniel Estulin. Me apetece seleccionar algunos fragmentos de sus libros, por si hubiera alguna conexión con los misteriosos "Ellos" de Rakovski, como veíamos en la serie Sinfonía en Rojo Mayor. Podéis leer el libro "Los secretos del Club Bilderberg" o "La verdadera historia del Club Bilderberg" en Scribd.

Para ser sinceros me extraña que alguien dé tanta información negativa sobre personas tan poderosas y tenga repercusión mediática. Otra cuestión que invita a la prudencia sobre la información de Estulin es que una parte procede del propio Club Bilderberg, y otra parte procede de los servicios secretos de diferentes paises. No digo que la información sea falsa, pero sí creo que hay que ser cauto. En cualquier caso voy a seleccionar fragmentos que me parecen interesantes.

Extraído del libro Los secretos del Club Bilderberg

En 1954, muchos de los hombres más poderosos del mundo se reunieron por primera vez bajo el patrocinio de la familia real de Holanda y la familia Rockefeller en el lujoso Hotel Bilderberg, en la pequeña población de Ooesterbeck. Durante un fin de semana debatieron sobre el futuro del mundo. Al acabar las sesiones, decidieron reunirse todos los años con el fin de intercambiar ideas y analizar la evolución internacional. Se bautizaron a sí mismos como Club Bilderberg y, desde entonces, año tras año se reúnen durante un fin de semana en algún hotel del mundo para decidir el futuro de la humanidad.

La prensa nunca ha podido entrar a las deliberaciones ni ha emitido ningún comunicado sobre las conclusiones a las que han llegado los asistentes. Tampoco ha hecho pública ninguna acta con el orden del día. Resulta sorprendente que pocos medios consideren que una concentración de personalidades así no sea noticia cuando, en cambio, cualquier viaje de algunos de ellos en solitario suele llegar a los titulares de las noticias en televisión. Yo me hice esas preguntas hace casi quince años. Empecé entonces una investigación que con el tiempo me absorbería por completo y se convertiría en el trabajo de mi vida. Lentamente, traspasé una a una todas las capas del secretismo del Club Bilderberg. A través de medios que recuerdan las tácticas de espionaje de la Guerra Fría, y en ocasiones poniendo en juego mi propia vida, conseguí lo que nadie había conseguido: conocer qué se decía tras las puertas cerradas de los lujosos hoteles en los que el Club Bilderberg se reunía. Y lo que descubrí me puso los pelos de punta. Más allá de ser un centro de influencia, el Club Bilderberg es el Gobierno Mundial en la sombra: es el que decide, con un secretismo total en sus reuniones anuales, cómo se llevarán a cabo sus planes.

Los secretos del Club Bilderberg se adentra en las reuniones confidenciales y explica por qué un grupo formado por políticos, empresarios, banqueros e individuos poderosos formaron la sociedad secreta con más poder en el mundo. Los Secretos del Club Bilderberg incluye fotografías y documentos inéditos de las reuniones y, además, detalla las acciones pasadas, presentes y futuras de sus miembros. Como escribió en su novela Coningsby el primer ministro de Inglaterra Bejamin Disraeli: «El mundo está gobernado por personajes que no pueden ni imaginar aquellos cuyos ojos no penetran entre los bastidores».

El 11 de septiembre de 2001, el Club Bilderberg, como demostraré inequívocamente en este libro, inició una guerra que «no tendrá fin mientras vivamos». Esa guerra no se libra en aras de la justicia, sino que su único fin es el petróleo. Quien la gane controlará los últimos vestigios de las reservas de petróleo y gas natural de la Tierra. La raza humana libre está en peligro de extinción y los bilderbergers lo saben muy bien. De ahí las «guerras sin fin» en Afganistán, Irak, Sudán e Irán; las que se libran en el mar Caspio y las que se librarán contra Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Siria y Venezuela dentro de muy poco tiempo. Todo forma parte de un conflicto global cuyo fin es controlar la Humanidad. Quienes controlan el petróleo controlan la Tierra. Y el Gobierno Mundial Único se aprovecha de todos los recursos tecnológicos disponibles para dominar al reticente mundo.

Pero aún hay más. También descorro el velo del lucrativo tráfico mundial de drogas y explico cómo los bilderbergers se encargan de gestionarlo. Al contrario de lo que nos han contado, la guerra en Kosovo no se libró en pro de la libertad, sino por una cuestión de drogas. La economía global asociada a las drogas genera por año, en efectivo líquido, cerca de 700.000 millones de dólares. ¿Quiénes se benefician? Las familias más opulentas y poderosas del mundo, tal como lo demuestro en el capítulo sobre Kosovo. Slobodan Milosevic era un líder bruto, pero se le quitó de en medio y, finalmente, fue asesinado porque el Imperio necesitaba beneficios ilimitados. Como el 80% de la heroína que entra en Europa lo hace a través de Kosovo, Yugoslavia estaba condenada a desaparecer.

También nos han dicho que Osama bin Laden y sus terroristas de Al Qaeda fueron quienes perpetraron los atentados del 11­S. Como el mundo estaba horrorizado, nosotros quisimos creer en otra mentira. El 11­S, tal como pongo de manifiesto en el penúltimo capítulo, guardó relación con el negocio del petróleo, o más bien con su falta, como un requisito previo y necesario para una Guerra Total que nos llevará a la Esclavitud Total que nos espera con los brazos abiertos.

Los Beatles, los Rolling Stones, Monterrey, Woodstock, la emisora Top 40 y MTV son metáforas de un lavado de cerebro devastador, cortesía del Instituto Tavistock de Comportamiento Humano. Creíamos que habíamos «descubierto» a los Beatles, a los Rolling Stones, a los Animals y a los Mamas & the Papas. Sin embargo, cruel y previsoramente, a las órdenes del Tavistock, los investigadores sociales más brillantes del planeta nos implantaron esos grupos. Formaban parte de un experimento humano de alto secreto de efectividad devastadora, que pretendía degradar al individuo y reducir su esfera de influencia espiritual. Combinados con los experimentos con LSD financiados por la CIA y los experimentos supersecretos de narcohipnosis MK­ULTRA, realizados con el fin de crear un asesino humano perfecto ­el «Candidato Manchú»­, en el primer capítulo muestro las devastadoras consecuencias de lo que, en efecto, ha sido un esfuerzo continuo durante el siglo pasado: degradar al hombre hasta dejarlo al nivel de la bestia, el sueño de Friedrich Nietzsche de hombre­-bestia visto a través de los ojos del Club Bilderberg, su extrema locura.

(Continua aquí.)

martes, 9 de junio de 2009

Sinfonía en Rojo Mayor: Parte XV (Final del interrogatorio)

Final del interrogatorio de Cristian Gueorguievich Rakovski, se inició aquí. Ver las anteriores partes empezando aquí.

G. Por esta noche, debemos terminar; pero antes de separarnos quiero saber algo más. Supongamos que todo es verdad y que se realiza con pleno éxito. “Ellos” impondrán ciertas condiciones. ¿Adivina cuáles puedan ser?...
R. No es difícil suponerlas. La primera será que cesen las ejecuciones de comunistas; es decir, de trotskistas, como ustedes llaman. Se impondrá, desde luego, fijar unas zonas de influencia… ¿cómo diría yo?..., los límites que han de separar al comunismo formal del comunismo real. En lo esencial, no será más. Habrá compromisos de ayuda mutua durante el tiempo que dure la realización del plan. Verá usted, por ejemplo, la paradoja de que una muchedumbre de hombres, enemigos de Stalin, le ayuden; no, no serán proletarios precisamente, no serán espías profesionales… En todos los rangos de la sociedad, por muy altos que sean, surgirán hombres valiosos, que ayudarán a este comunismo formal staliniano cuando pase a ser, si no comunismo real, un comunismo objetivo… ¿Me ha comprendido?...
G. Un poco; pero envuelve usted la cosa con tan oscuro casuismo…
R. Si hemos de terminar, solo así puedo expresarme. Veamos si puedo aún ayudarle a comprender. Sabido es que se ha llamado hegeliano al Marxismo. Así fue reducida la cuestión a la vulgaridad. El idealismo hegeliano es la vulgar adaptación a la grosera inteligencia occidental del misticismo naturalista de Baruch Spinoza. “Ellos” son spinozistas; acaso sea lo inverso y que el spinozismo sea “Ellos”, siendo aquél solo versión adecuada para la época de la propia filosofía de “Ellos”, muy anterior y superior… En fin, Marx, hegeliano y, por tanto, spinozista, fue infiel a su credo, pero solo temporalmente, tácticamente. No es, como el Marxismo propugna, por el aniquilamiento de un contrario el devenir de la síntesis. Es por integración superadora de tesis y antítesis como la síntesis se hace una realidad, una verdad, en un acorde final de lo subjetivo y objetivo. ¿No lo ve usted ya?... En Moscú Comunismo; en Nueva York Capitalismo. Igual a tesis y antítesis. Analice ambas. Moscú: Comunismo subjetivo y Capitalismo objetivo, Capitalismo de estado. Nueva Cork: Capitalismo subjetivo y Comunismo objetivo. Síntesis personal, real, verdad: Finanza Internacional, capitalismo-comunista. “Ellos”.

Fin del interrogatorio de seis horas.

Algún tiempo después del interrogatorio Gabriel explicó al doctor Landovski lo siguiente:
G. Quiénes son “Ellos” fijamente no lo sabemos; pero hasta el momento, se han comprobado muchas cosas de las dichas por Rakovsky; por ejemplo, es cierta la financiación de Hitler por banqueros de Wall Street. Esto es verdad, y mucho más. Todos estos meses que no le he visto a usted los dediqué a investigar sobre el informe de Rakovski. Ciertamente, no he podido identificar qué personas puedan ser tan estupendos personajes, pero sí la existencia de una especie de entorno de personalidades financieras, políticas, científicas y hasta eclesiásticas con rango, riquezas, poder y situación, cuya posición auténtica, considerada en su efecto, mediato casi siempre, resulta, por lo menos, extraña, inexplicable a la luz de un razonamiento vulgar…, porque, realmente, tienen con la idea comunista gran afinidad; claro es, con una idea del comunismo muy particular… Más eliminadas todas esas cuestiones de matiz, línea y perfil, objetivamente, como diría Rakovski, plagiando a Stalin, por acción u omisión hacen Comunismo.

L. ¿Y el embajador [Davies]?
G. Se siguió el consejo de Rakovski casi punto por punto. Nada concreto. Pero no tuvo repulsa ni se rasgó las vestiduras. Al contrario, mostró una gran comprensión para todo. No, no es él un enamorado de Inglaterra ni de Francia… Debe reflejar en ello la secreta opinión de su gran amigo Roosevelt. Discretamente, aludió a los pasados procesos y hasta llegó a insinuar cuánto se ganaría en la opinión americana con la clemencia en el próximo, en el de Rakovski. Como es natural, fue bien observado durante las sesiones del proceso de marzo. Asistió a todas solo; no le permitimos llevar ninguno de sus técnicos, para impedir todo “telégrafo” con los procesados. Él no es diplomático profesional y no debe conocer ciertas técnicas. Se vio precisado a mirar, queriendo expresar mucho con los ojos, según nos pareció, y creemos que animó con la mirada a Rosengolz y al mismo Rakovski. Este último ha confirmado el interés mostrado en las sesiones por Davies, confesando que, disimuladamente, le hizo el saludo masónico. Aún hay una cosa más extraña y que no puede ser falsa. El día 2 de marzo, en la madrugada, se recibió un radio de una estación muy potente, pero ignorada, claro es, del Oeste, dirigido al mismo Stalin, que decía: “Clemencia o crecerá la amenaza nazi”.
L. ¿No sería broma o maniobra?...
G. No. El radiograma llegó cifrado con la clave de nuestra propia Embajada en Londres. Comprenderá que es algo muy importante.
L. Pero no ha sido verdad la amenaza.
G. ¿Cómo que no?… El día 12 de marzo terminaban los debates en el Tribunal Supremo, y a las nueve de la noche se retiraba el tribunal a deliberar. Pues bien, aquel mismo día 12 de marzo, a las 5:30 de la mañana, Hitler había dado orden de avanzar a sus divisiones acorazadas sobre Austria. Naturalmente, fue un paseo militar, y Europa entera guardó un silencio sepulcral… Dígame sinceramente: ¿había motivos para meditar?..., o ¿debíamos ser tan estúpidos que creyésemos los saludos de Davies, el, el radiograma, la clave, la coincidencia de la invasión con la sentencia y el silencio europeo solo casualidad?... No, en efecto, no los hemos visto a “Ellos”, pero hemos escuchado su voz y hemos entendido su lenguaje… Por cierto, una voz y un lenguaje demasiado claros.

G. (…) Hace un mes nada más, en primero de octubre, nos han hablado por segunda vez. No menos alto, no menos claro. Hitler ha tomado parte de Checoslovaquia. Ahora no hubo silencio en Europa. Ha sido peor: Inglaterra y Francia, en forma pública, expresa y firmando, dieron su autorización a Hitler. Aún hay algo más elocuente. Alemania y Polonia se han unido para morderle a los checos. Ya han cometido juntos un delito. Esto es lo que más une a los ladrones. Han gustado la carne humana… “Ellos” nos han demostrado cómo es posible unir a dos, por mucho que se odien, si la unión es con el fin de saciar un apetito… ¿No pueden haber querido avisarnos de que con la misma facilidad unirán a Polonia y Alemania para devorar a la URSS?...

¿Se imagina usted qué arma sería contra Stalin demostrar que él ha pactado con el Führer… ¿Es nadie capaz de imaginar una explicación inteligible?... Considere nuestro propio caso. Por causa excepcional, conocemos el origen, razones y hechos del asunto… ¿Podríamos nosotros dar una explicación satisfactoria?... Comprenderá la necesidad absoluta de que todo esto sea un secreto. Un secreto auténtico. Un secreto de uno.

domingo, 7 de junio de 2009

Sinfonía en Rojo Mayor: la lucha por el poder mundial. Parte XIV: la Revolución oculta en los EEUU

Continuación del interrogatorio de Cristian Gueorguievich Rakovski, se inició aquí. Ver las anteriores partes empezando aquí.

En esta parte se revelan datos poco conocidos sobre la Revolución americana que viene desarrollándose en secreto desde casi la fundación de los EEUU.

También se explica la propuesta de Rakovsky para plantear el acuerdo entre Stalin y los EEUU. Genial Rakovsky.

R. Yo qué sé. Tan solo puedo inducir. Sigue usted con su manía del espionaje novelístico. Yo le podría fabricar para complacerle toda una historia; me sobra imaginación, datos y hechos verdaderos para darle apariencia de verdad rayando en la evidencia. ¿Pero no son más evidentes los hechos públicos?... Y ponga usted con su imaginación el resto si le place. Vea por sí mismo. Recuerde aquella mañana del día 24 de octubre de 1929. Un tiempo llegará en que será para la Historia de la Revolución un día más importante que el de octubre de 1917. El día 24 es el crack de la Bolsa de Nueva York; principio de la llamada “depresión”, auténtica Revolución. Los cuatro años de Hoover son de avance revolucionario: doce a quince millones de parados. En febrero de 1933 es el último golpe de la crisis con el cierre de los Bancos. Más no pudo hacer la Finanza para batir al “americano clásico”, aún encastillado en su reducto industrial, y esclavizado económicamente a Wall Street… Sabido es que todo empobrecimiento de la economía, sea social o animal, es un florecer de lo parasitario y la Finanza es el gran parásito. Pero aquella Revolución americana no tenía solo el fin usurario de acrecentar el Poder del Dinero, ambicionaba más. El Poder del Dinero, aunque poder político, solo se había ejercido de manera indirecta, y ahora debían convertirlo en un poder directo. El hombre a través del cual lo ejercían sería Franklin Roosevelt. ¿Ha comprendido?... Anote usted esto: en este año de 1929, el año primero de la Revolución Americana, en febrero, sale Trotsky de Rusia; el crack es en octubre… La financiación de Hitler es acordada en julio de 1929. ¿Cree usted todo casual?... Los cuatro años de Hoover son los empleados en preparar la toma del poder en EEUU y en la URSS, allí, por medio de la Revolución Financiera; aquí, por la guerra y el derrotismo subsiguiente… ¿Tendrá más evidencia para usted una buena novela imaginativa?... Comprenderá que un plan de tal envergadura requería un hombre excepcional rigiendo el Poder Ejecutivo en EEUU, destinados a ser la fuerza organizadora y decisiva: ese hombre fue Franklin y Eleanor Roosevelt, y permítame decirle que ese ser bisexual no es ninguna ironía… Había que huir de posibles Dalilas.

G. Roosevelt uno de “Ellos”?
R. Yo no sé si es uno de “Ellos” o si solo les obedece a “Ellos”… ¿Qué más da?... Lo creo consciente de su misión, pero no puedo afirmar si obedecerá por chantaje o si será uno del Mando; pero es cierto que cumplirá su misión, realizará la acción a él asignada con toda fidelidad. No me pregunte más, que yo no sé más.
G. En caso de que se decidiera dirigirse a Davies, ¿qué forma sugiere?...
R. Primeramente, deben elegir la persona… Un tipo así como el “barón”; él podría servir… ¿Vive aún?...
G. No lo sé.
R. Bien, queda la persona para vuestra elección. Deberá mostrarse vuestro enviado confidencial e indiscreto, mejor como cripto-oposicionista. La conversación será llevada con habilidad hacia la situación contradictoria en que las llamadas democracias europeas colocan a la URSS con su alianza contra el Nacional-Socialismo. Es aliarse con el Imperialismo británico y francés, un imperialismo real, actual, para destruir a un imperialismo potencial… Un eslabón verbal servirá para engarzar la falsa posición soviética con una idéntica de la democracia americana… También ella, por defender una democracia interior en Francia e Inglaterra, se ve impelida a sostener un imperialismo colonial… Como usted ve, puede plantearse la cuestión sobre una base lógica fortísima… De ahí a formular hipótesis de acción es facilísimo. Primera: que ni a la URSS ni a los EEUU les interesa el imperialismo europeo, ya que la disputa se reduce a una cuestión de dominio personal. Que ideológica, política y económicamente, conviene a Rusia y a América la destrucción del imperialismo colonial europeo, sea directo o indirecto. Más aún a los EEUU. Si Europa perdiera en una nueva guerra toda su fuerza, Inglaterra, que no la tiene propia y sí como nación hegemónica europea, desaparecida Europa como potencia, su imperio de habla inglesa, en un solo día, vendría a gravitar a los EEUU, como es política y económicamente fatal… Vea lo que usted empezó a escuchar bajo aquel aspecto de conspiración siniestra, como puede ser dicho sin escandalizar a cualquier inefable burgués americano. Al llegar aquí, puede hacerse un paréntesis de días. Luego, vista la reacción, se debe avanzar más. Hitler está lanzado; puede ser imaginada cualquier agresión, él es un agresor integral, no cabe equivocación… Y pasar a interrogar: ¿Qué actitud común deberían adoptar EEUU y la URSS frente a una guerra a la luz de que, bajo cualquier motivo, será siempre una guerra entre imperialistas que poseen e imperialistas que ambicionan?... Si la respuesta es neutralidad, nuevo argüir. Sí, neutralidad, pero ser neutral no depende solo de la voluntad de uno, depende también del agresor… Solo puede existir la seguridad de ser neutral cuando al agresor no le conviene o no puede agredir. A tal fin, lo infalible es que el agresor ataque a otra nación; evidentemente, a otra nación imperialista… De ahí a pasar, por razón de seguridad, a sugerir la necesidad y la moralidad de que si el choque no se produce por sí mismo entre los imperialistas, debe ser provocado, ha de resultar facilísimo… Y, aceptado en teoría, como se aceptará, concertar prácticamente las acciones es ya pura mecánica. He aquí el índice:

  1. Pacto con Hitler para repartirse Checoslovaquia o Polonia; mejor ésta.
  2. Hitler aceptará. Si él es capaz del bluf en su juego de conquista, tomar algo en unión de la URSS lo creerá, infalible garantía de que las democracias transigirán. No puede creer él en sus amenazas verbales, sabiendo, como lo sabe, que los belicistas son a la vez desarmistas y que su desarme es real.
  3. Las democracias atacarán a Hitler y no a Stalin; dirán a las gentes que, aún siendo igualmente culpables de agresión y reparto, la razón estratégica y logística les impone el batirlos por separado. Primero, Hitler, luego Stalin.

G. ¿Y no nos engañarían con la verdad?...
R. ¿Y cómo?... ¿Es que no queda Stalin en libertad de ayudar en la medida necesaria a Hitler?... ¿No dejamos en sus manos el prolongar la guerra entre los capitalistas hasta el último hombre y hasta la última libra?... ¿Con qué lo iban a poder atacar?... Ya tendrían suficiente las naciones agotadas de Occidente con la Revolución comunista interior, que triunfaría…
G. Pero ¿y si Hitler triunfase rápidamente?... ¿Y si movilizase, como Napoleón, a toda Europa contra la URSS?
R. ¡Es increíble!... Olvida usted la existencia de los EEUU; desecha usted el factor potencia más importante… ¿No es natural que América, imitando a Stalin, ayude por su parte a las naciones democráticas? Concertar “contra el reloj” las dos ayudas a los dos bandos combatientes asegura infaliblemente la duración indefinida de la guerra.
G. ¿Y el Japón?
R. ¿No tiene ya bastante con China?... Que le garantice Stalin su “no intervención”. Los japoneses son muy dados al suicidio, pero no tanto que sean capaces de atacar a la URSS y a China a la vez. ¿Más objeciones?...
G. No, si de mí dependiera probaría… Pero… ¿cree usted que el embajador?...
R. Creer, sí creo. No me han dejado hablar con él; pero fíjese usted en un detalle: el nombramiento de Davies se hace público en noviembre del 36; debemos suponer que Roosevelt pensó y gestionó mandarlo mucho antes, todos sabemos los trámites y el tiempo que requiere dar estado oficial al nombramiento de un embajador, más de dos meses. Debió ser acordado su nombramiento allá por agosto… ¿Y qué pasa en agosto?... Que son fusilados Zinoviev y Kamenev. Yo juraría que su nombramiento solo tiene como fin el articular de nuevo la política de “Ellos” con la de Stalin. Sí, lo creo firmemente. Con qué ansiedad ha debido ir viendo caer uno tras otro a los jefes de la Oposición en las purgas sucesivas… ¿Sabe usted si asistió al proceso de Radek?...
G. Sí.
R. ¿Lo ve usted?... Háblenle. Se halla esperando desde hace muchos meses.

(Continua aquí)

miércoles, 3 de junio de 2009

Sinfonía en Rojo Mayor: Parte XIII (Concretando el Acuerdo)

Continuación del interrogatorio de Cristian Gueorguievich Rakovski, se inició aquí. Ver las anteriores partes empezando aquí.

En esta parte Gabriel consigue, tras mucho insistir, nombres y apellidos de personas pertenecientes a "Ellos" o agentes de "Ellos".

R. Es tan solo apariencia la lógica y la naturalidad de mi plan. Lo natural y lo lógico sería que Hitler y Stalin se destruyeran entre sí. Una cosa sencilla y fácil para las democracias si su objetivo fuera el proclamado por ellas, aunque muchos demócratas lo crean, porque les bastaría con permitirle, fíjese bien, “permitirle”, a Hitler atacar a Stalin. No me diga que podría vencer Alemania. Si el espacio ruso y la desesperación de Stalin y los suyos bajo el hacha hitleriana o frente a la venganza de sus víctimas no era suficiente para lograr que agotasen la potencia militar de Alemania, ningún obstáculo habría para que las democracias ayudasen sabiamente, metódicamente a Stalin, si lo veían flaquear, prolongando su ayuda hasta el total agotamiento de los dos ejércitos. Esto sí que sería fácil, natural y lógico, si los motivos y fines de las democracias, que la mayoría de sus hombres creen verdaderos, fueran una realidad y no lo que son: pretextos. Hay un fin, un único fin: el triunfo del Comunismo; que no se lo impone a las democracias Moscú, sino Nueva York; no la “Komintern”, sino la “Kapintern” de Wall Street… ¿Quién sino sería capaz de imponer a Europa una contradicción tan patente y absoluta?... ¿Cuál puede ser la fuerza que la lleve al suicidio total? Solo hay una capaz: el Dinero. El Dinero es Poder; el único Poder.
G. Seré sincero con usted Rakovski. Le concedo yo dotes de talento excepcional. Hay en usted una dialéctica brillante, agresiva, fina; cuando ella le falla, su imaginación tiene recursos para tender su telón multicolor fingiendo luminosas y claras perspectivas…; pero todo eso, si me deleita no me basta. Paso a interrogarle, tal como si yo creyera todo cuanto me ha dicho.
R. Y yo le daré respuesta, con la única condición de que usted no me atribuya ni más ni menos de cuanto yo haya dicho.
G. Prometido. Afirma usted que “Ellos” impiden e impedirán la guerra lógica desde un punto de vista capitalista, la guerra germano-soviética… ¿Interpreto bien?...
R. Exactamente.
G. Pero la realidad actual es que permiten la expansión y el rearme alemán. Esto es un hecho. Ya sé que, según usted, ello lo motivaba el plan trotskista, fracasado por las “purgas” hoy; por tanto, ya sin objeto. Frente a la nueva situación, solo sugiere usted que Hitler y Stalin pacten y se repartan Polonia. Y yo le pregunto: ¿cómo se nos garantiza de que con pacto o sin pacto, con reparto o sin reparto, no atacará Hitler a la URSS?
R. No se garantiza.
G. Entonces, ¿para qué hablar más?...
R. No se precipite usted; la formidable amenaza contra la URSS es práctica, real. No es hipótesis ni amenaza verbal. Es un hecho, un hecho que dicta. “Ellos” ya tienen una superioridad sobre Stalin; una superioridad que no han de abdicar. A Stalin se le brinda solo una alternativa, una opción; no una plena libertad. El ataque de Hitler se producirá por sí mismo; nada deben “Ellos” hacer para que se produzca; tan solo dejarlo a él obrar. Esta es la realidad básica y determinante, olvidada por usted con su mentalidad muy del Kremlin… Introversión, señor, introversión.
G. ¿La opción?
R. Se la definiré una vez más, pero escueta: ser atacado Stalin o realizar el plan que yo he trazado, haciendo que se destruyan entre sí las naciones capitalistas europeas. Yo he llamado a esto alternativa; pero, como ve, solo es alternativa teórica. Stalin se verá obligado, si quiere sobrevivir, a realizar el plan propuesto por mí, una vez ratificado por “Ellos”.
G. ¿Y si se niega?
R. Le será imposible. La expansión y el rearme alemán continuarán. Cuando Stalin lo vea frente a sí, gigantesco, amenazador… ¿qué ha de hacer?... Se lo dictará su propio instinto de conservación.
G. Solo parece que los acontecimientos se han de realizar según la pauta trazada por “Ellos”.
R. Y así es. Naturalmente, en la URSS no sucede hoy así, pero tarde o temprano sucederá igual. No es difícil predecir y hacer realizar algo cuando ello conviene al que debe realizarlo, en este caso, Stalin, al que no creemos un suicida. Es mucho más difícil vaticinar e imponer la ejecución de algo que no conviene a quien lo ha de ejecutar, en este caso, las democracias. He reservado para este momento concretarle la verdadera situación. Abdique usted de la idea equivocada de que son ustedes árbitros en esta situación dada, porque los árbitros son “Ellos”.
G. “Ellos” una y otra vez… ¿Deberemos tratar con fantasmas?...
R. ¿Son fantasmas los hechos?... Será prodigiosa la situación internacional, pero no fantasmal; es real y bien real. No es un milagro; ahí está determinada la política futura… ¿La cree usted obra de fantasmas?...
G. Pero, vamos a ver; supongamos que se acepta su plan… Algo tangible, personal, deberemos conocer para tratar.
R. ¿Por ejemplo?
G. Alguna persona con representación, con poderes…
R. ¿Y para qué?... ¿Por el placer de conocerlo?... ¿Por el placer de hablar?... Tenga en cuenta que la supuesta persona, caso de presentarse, no les traerá credenciales con sellos ni escudos, ni vestirá casaca diplomática, por lo menos, la de “Ellos”; cuando diga o prometa, cuando pacte, no tendrá ningún valor, jurídico ni contractual… Comprenda que no son “Ellos” un estado; son lo que fue la Internacional antes del 1917; lo que aún es ella oficialmente: nada y todo a la vez. Imagínese usted a la URSS tratando con la Masonería, con una organización de espionaje, con los comitulgis, macedonios o con los ustachis coatas… ¿Habría nada oficial, escrito jurídicamente contractual?... Esos pactos, como el de Lenin con el Estado Mayor alemán, como el de Trotsky con “Ellos”, se realizan sin escritos ni firmas. La garantía única de su cumplimiento radica en que cumplir lo pactado conviene a los pactantes…, garantía que es la única real en todo pacto, por grande que sea su solemnidad.
G. En ese caso, ¿cómo empezaría usted?
R. Sencillamente, yo empezaría mañana mismo a sondear Berlín…
G. ¿Para convenir el ataque a Polonia?
R. Yo no empezaría por ahí… Me mostraría transigente, algo desengañado de las democracias, aflojaría en España… Esto sería un hecho alentador; luego, se aludiría a Polonia. Como usted ve, nada comprometedor; pero lo suficiente para que los elementos del O.K.W…., los bismarckianos como se llaman ellos, tengan argumentos para Hitler…
G. ¿Nada más?
R. Por el momento, nada más; ya es una gran tarea diplomática.
G. Francamente, dadas las ideas reinantes hasta el momento en el kremlin, yo no creo que nadie se atreva hoy a sugerir siquiera un viraje tan radical en la política internacional. Yo le invito, Rakovski, a sustituirse mentalmente en la persona que deba decidir en el Kremlin… Sin más que sus revelaciones, sus razones, sus hipótesis y sus sugerencias…, me concederá que nadie puede convencerse. Yo mismo, que le he oído a usted, que, no debo negarlo, he sufrido su gran sugestión verbal y personal, ni por un momento me he sentido bajo la tentación de considerar prácticamente lo de un pacto germano-soviético.
R. Los acontecimientos internacionales obligarán con fuerza incontrastable…
G. Pero será perder un tiempo precioso. Discurra usted algo tangible, algo que yo pueda presentar como prueba de veracidad… De lo contrario, yo no me atreveré a elevar el informe de nuestra conversación; lo redactaré con toda fidelidad, pero irá él a dormir en un archivo del Kremlin…
R. ¿Bastaría para la toma de consideración que alguien, aunque fuese extraoficialmente, hablase con alguna persona de categoría?...
G. Sería, según creo, algo sustancial.
R. Mas… ¿con quién?...
G. Solo es mi opinión personal, Rakovski, habló usted de personas concretas, de grandes financieros; si mal no recuerdo ha citado usted algún Schiff, por ejemplo; también citó a otro que les sirvió de enlace con Hitler para su financiación. Habrá también políticos o personas de rango que sean uno de “Ellos” o, si quiere, que les sirvan. Alguno así podrá servirnos para iniciar algo de tipo práctico… ¿No sabe usted de nadie?...
R. Yo no veo la necesidad… Reflexione: ¿de qué van ustedes a tratar?... del plan que yo sugiero seguramente, ¿no?... ¿Para qué?... En ese plan, por ahora, nada tienen “Ellos” que hacer; su misión es “no hacer”… Por tanto, ninguna acción positiva pueden ustedes convenir ni exigir… Recuerde, medite bien.
G. Aún siendo así, nuestro estado de opinión personal impone la necesidad de una realidad, aunque sea innecesaria… Un hombre cuya personalidad haga verosímil el poder que usted les atribuye a “Ellos”.
R. Le complaceré, aún convencido de la inutilidad. Ya le dije que yo ignoro quién son “Ellos”. Con seguridad, por habérmelo dicho persona que debía saberlo.

G. ¿Quién?
R.Trotsky. Por habérmelo dicho Trotsky, solo sé que uno de “Ellos” fue Walter Rathenau, el de Rapallo. Vea usted al último de “Ellos” que ocupa un poder político y público, cómo es él quien rompe el bloqueo económico de la URSS, a pesar de ser él uno de los más grandes millonarios.
Desde luego, lo fue Lionel Rothschild. Con seguridad no puedo decirle más nombres. Ahora sí, puedo nombrar muchos más, cuya personalidad y hechos me los definen coincidentes con “Ellos”, que manden u obedezcan esos hombres es algo que no puedo yo afirmar.
G. Dígame algunos.
R. Como entidad, la banca Kuhn, Loeb y Cª, de Wall Street; dentro de esta casa está la familia Schiff, Warburg, Loeb y Kuhn; digo familia, al señalar diferentes apellidos, porque se hallan todos enlazados por matrimonios entre sí, Baruch Frankfurter, Altschul, Cohen, Benjamín; Straus, Steinhardt, Blum, Rosemman, Lippmann, Lehman, Dreifus, Lamont, Rothschild, Lord; Mandel, Morgenthau, Ezechiel, Lasky… Supongo que serán suficientes nombres; si atormento más mi memoria podría recordar más; pero, repito, yo no sé quién puede ser uno de “Ellos” y ni siquiera puedo afirmar que necesariamente alguno lo es; quiero salvar toda mi responsabilidad. Pero sí creo firmemente que cualquiera de los dos citados por mí, aún no siéndolo, haría llegar a “Ellos” una proposición de tipo sustancial. Desde luego, tanto si se acierta o no en la persona, no debe esperarse una respuesta directa. La contestación la darán los hechos. Es una táctica invariable, que respetan y hacen respetar. Por ejemplo, si ustedes deciden hacer una gestión diplomática, no deberán emplear un lenguaje personal, dirigido a “Ellos”; limítese a expresar una reflexión, una hipótesis racional, subordinada a incógnitas precisas. Luego solo resta esperar.
G. Comprenderá que no tengo ahora un fichero para identificar a todas las personas que usted ha mencionado; pero supongo que deben hallarse muy lejos. ¿Dónde?...
R. La mayoría, en los EEUU.
G. Comprenderá que si decidiéramos una gestión invertiríamos en ella mucho tiempo. Y hay urgencia, una urgencia no nuestra, sino de usted, Rakovski…
R. ¿Mía?...
G. Sí, de usted; recuerde que su proceso ha de celebrarse muy pronto. Yo no lo sé, pero no creo aventurado suponer que si lo tratado aquí pudiera interesar al Kremlin, convendría interesarlo antes de que usted compareciera ante el Tribunal, sería cosa muy decisiva para usted. Creo que, por su propio interés, debe brindarnos algo más rápido. Lo esencial es lograr, mejor en días que en semanas, una prueba de que usted ha dicho algo de verdad. Yo creo que si brindase usted esto casi le podría dar seguridades relativamente grandes de salvar la vida… De otra manera no respondo de nada.
R. En fin, me aventuraré. ¿Sabe usted si está en Moscú Davies?... Sí, el embajador de EEUU.

G. Sí, creo que sí, debe haber vuelto.
R. Sería un conducto.
G. Creo que, si es así, debió usted empezar por ahí.
R. Solo un caso extraordinario creo que me autoriza, contraviniendo reglas, a usar un conducto oficial.
G. Entonces, podemos pensar que el Gobierno americano se halla detrás de todo eso…
R. Detrás no; bajo eso…
G. ¿Roosevelt?...

(Continúa aquí).

jueves, 28 de mayo de 2009

Sinfonía en Rojo Mayor: Parte XII (Bases del ataque a Polonia)

Continuación del interrogatorio de Cristian Gueorguievich Rakovski, se inició aquí. Ver las anteriores partes empezando aquí.

R. No hay absurdos ni tampoco imposibles en política.
G. Imaginemos en hipótesis: Hitler y Stalin atacan a Polonia…
R. Permítame interrumpirle: su ataque solo puede provocar esta alternativa: guerra o paz… Debe admitirla.
G. Sí, pero ¿y qué?...
R. ¿Estima usted a Inglaterra y a Francia, con su inferioridad en ejército y aviación frente a Hitler, capaces de atacar a Hitler y a Stalin unidos?...
G. En efecto, me parece difícil…, a no ser que América…
R. Deje usted por el momento a los EEUU. ¿Me concede que no puede haber guerra europea por un ataque de Hitler y Stalin a Polonia?
G. En lógica, no parece muy posible.
R. En ese caso, el ataque, la guerra, sería casi inútil. No provocaría la destrucción de las naciones burguesas entre sí, la amenaza hitleriana contra la URSS, realizando el reparto de Polonia, seguiría subsistiendo, teóricamente más, porque ni tierra ni materias primas necesita la URSS para fortalecerse más y Alemania sí.
G. Está bien visto…; pero no parece haber otra solución.
R. Sí hay solución.
G. ¿Cuál?
R. Que las democracias ataquen y no ataquen al agresor.
G. ¡Desvaría usted!... Atacar y no atacar a la vez…, eso sí que es un imposible absoluto.
R. ¿Cree usted?... Serénese… ¿No serían dos los agresores?... ¿No hemos convenido que no se producirá el ataque, precisamente por ser dos?... Bien… ¿qué inconveniente hay para que solo ataquen a uno de los dos?...
G. ¿Qué quiere usted expresar?...
R. Sencillamente, que las democracias solo declaran la guerra a un agresor; precisamente a Hitler.
G. Solo es una hipótesis gratuita.
R. Hipótesis, pero gratuita no. Reflexione usted: toda nación que debe luchar contra una coalición de estados enemigos tiene como su máxima aspiración estratégica el batirlos separadamente, uno a uno. Es regla tan conocida y racional, que sobra toda demostración. Pues bien: esa oportunidad, convendrá usted conmigo, no hay ningún inconveniente de brindarla. Con que Stalin no se sienta ofendido con el ataque a Hitler y/o se una con él, creo resuelta la cuestión. ¿No es así?... Además, la geografía lo impone y, por tanto, la estrategia. Por estúpidas que fueran Francia e Inglaterra pretendiendo luchar a la vez contra dos potencias, una de las cuales quiere ser neutral y la otra por sí sola ya es mucho adversario para ellas… ¿por dónde iban ellas a realizar el ataque contra la URSS?... No tienen frontera, si no la atacan por el Himalaya… Sí, queda la frontera aérea…; pero, ¿con qué y desde dónde podrían atacar a Rusia?... Están en inferioridad en el aire frente a Hitler. Todo esto que arguyo no es ningún secreto, es demasiado público. Como ve, todo se simplifica mucho.
G. Sí, circunscribiendo el conflicto a las cuatro potencias parecen lógicas sus deducciones, pero no son cuatro sino muchas, y la neutralidad no es cosa muy fácil en una guerra de tal envergadura.
R. Desde luego, pero la posible intervención de más naciones no modifica la correlación de fuerzas. Haga su balance mental y verá cómo subsiste el equilibrio aunque intervengan más o todas las naciones europeas. Además, y esto es lo importante, ninguna otra nación que pudiera entrar en la guerra junto a Inglaterra y Francia les podría quitar a ellas la dirección; por tanto, seguirán siendo válidas las razones que les impidan atacar a la URSS.
G. Olvida usted a los EEUU.
R. Ya verá usted cómo no los olvido. Limitándome a estudiar su función en el programa previo que ahora nos ocupa, le diré que América no podrá obligar a que ataquen Francia e Inglaterra simultáneamente a Hitler y a Stalin. Para lograrlo tendrían los EEUU que entrar en la guerra desde el primer día. Y ello es imposible. Primero, porque América no ha entrado ni entrará jamás en una guerra si no es agredida. Pueden sus dirigentes lograr que sean agredidos cuando les convenga. Esto se lo concedo. Cuando no ha tenido éxito la provocación y el enemigo la ha encajado, la agresión ha sido inventada. En su primera guerra internacional, la guerra contra España, cuya derrota no era dudosa, ya fingieron la agresión, o se la fingieron “Ellos”. En el 1914, tuvo éxito la provocación. Se discutirá técnicamente si la hubo, es cierto; pero es regla sin excepción que quien comete agresión sin convenirle, la comete por provocación. Ahora bien; esta magnífica táctica americana, que yo aplaudo, se subordina siempre a una condición: a que la agresión ocurra “oportunamente”, cuando conviene al agredido, a los EEUU; es decir, cuando están militarmente armados. ¿Estamos hoy en ese caso?... Evidentemente no. América tiene hoy poco más de cien mil hombres en armas y una mediocre aviación militar; solo posee una respetable escuadra…, pero comprenderá que no podría convencer con ella a los aliados para un ataque a la URSS, cuando Inglaterra y Francia en lo único que tienen superioridad es en el mar. He vuelto a demostrar que no puede haber por ese lado alteración en la correlación de fuerzas en presencia.
G. Aún admitido, explíqueme la realización técnica.
R. Como ha visto, dada la coincidencia de intereses entre Stalin y Hitler para su ataque a Polonia, todo se reduce a lograr formalizar la coincidencia y a pactar su doble agresión.
G. ¿Y lo cree usted cosa muy fácil?...
R. Sinceramente, no. Sería necesaria una diplomacia más experta que la staliniana. Tendría que hallarse en servicio la que ha decapitado Stalin o la que se pudre ahora en la Lubianka. Litvinov, en pasados tiempos, con ciertas dificultades, hubiera sido capaz, aunque su raza hubiera sido un gran handicap para tratar con Hitler; pero ahora es un hombre acabado, lo consume un pánico espantoso, le tiene un miedo cerval, más que a Stalin a Molotov. Todo su talento está embargado en lograr que no lo crean trotskista… Oír él que debería iniciar una aproximación a Hitler, sería tanto como decirle que fabricase por sí mismo la prueba de su trotskismo. No veo el hombre capaz; desde luego, debería ser un ruso puro. Yo me ofrecería para orientar. De momento, sugiero que quien inicie las conversaciones, que deberán ser en un terreno estrictamente confidencial, derroche sinceridad… Solo con la verdad, dado el muro de prejuicios existente, se podrá engañar a Hitler.
G. Vuelvo a no entender su lenguaje paradójico.
R. Perdone, pero solo en apariencia lo es; me obliga la síntesis a ello. Quería decir que debe jugarse limpio con Hitler en lo concreto e inmediato. Hay que demostrarle que no se trata de una jugada de provocación para envolverle en una guerra de dos frentes. Por ejemplo, se le puede prometer y demostrar en el momento pertinente que nuestra movilización se limitará solo a las pocas fuerzas necesarias para la invasión de Polonia, que, en realidad, serán pocas. Nuestro dispositivo real deberá situar sus gruesos dispuestos a repeler una supuesta agresión anglo-francesa. Stalin deberá ser espléndido en los abastecimientos previos que Hitler solicite, principalmente en petróleo. Esto es lo que se me ocurre de momento. Surgirán mil cuestiones más del mismo género, que deberán ser resueltas dando a Hitler la seguridad práctica de que solo vamos a tomar nuestra parte de Polonia. Y como así ha de ser en el orden práctico, será engañado con la verdad.
G. Pero en ese caso, ¿dónde se halla el engaño?...
R. Le dejo unos instantes para que usted mismo descubra dónde se halla el engaño a Hitler. Antes quiero subrayar, y usted debe anotarlo, que hasta el instante yo he dibujado un plan lógico, normal, por el cual se puede llegar a conseguir que se destruyan entre sí las naciones capitalistas, haciendo chocar a sus dos alas, a la fascista contra la burguesa. Pero, repito, es normal y lógico mi plan. Como ha visto, no intervienen factores misteriosos ni extraños. En una palabra, no intervienen “Ellos” para que sea posible su realización… Desde luego, creo adivinar su pensamiento: está usted pensando en este mismo momento que ha sido estúpido el haber perdido el tiempo en demostrar la indemostrable existencia y potencia de “Ellos”, ¿no es así?
G. En efecto.
R. Séame sincero. ¿De verdad no ve usted su intervención?... Le advierto, en ayuda de usted, que su intervención existe y es decisiva, tanto, que la lógica y naturalidad del plan solo es apariencia pura… ¿No los ve a “Ellos” de verdad?
G. Francamente, no.

(Continúa aquí).

lunes, 25 de mayo de 2009

Sinfonía en Rojo Mayor: Parte XI (Líneas generales del acuerdo con "Ellos")

Continúa Rakovsky estableciendo las líneas fundamentales del posible acuerdo entre "Ellos" y Stalin. Se fundamentan en tres:

1..-El sistema financiero ideado por Hitler es una amenaza para el monopolio del crédito que poseen "Ellos", solo por esta razón Hitler debía ser destruido.
2.- La guerra puede ayudar a aplastar el nacionalismo europeo, obstáculo para un Gobierno Mundial.
3.-"Ellos" ven el Cristianismo como el mayor obstáculo a sus planes, con la guerra esperan destruirlo de una vez por todas.

Ver las anteriores partes empezando aquí.

R. Uno, que, como yo enuncié, Hitler, ese inculto elemental, por intuición natural y hasta en contra de la opinión técnica de Schacht, ha instaurado un sistema económico de tipo peligrosísimo. Analfabeto en toda teoría económica, obedeciendo solo a la necesidad, eliminó, como nosotros hicimos en la URSS, a la Finanza Internacional y a la privada. Es decir, recobró para sí el privilegio de fabricar moneda, no solo física, sino la financiera; tomó la máquina intacta de la falsificación y la hizo funcionar en beneficio del estado. Nos aventajó, porque nosotros la suprimimos en Rusia y no se ha sustituido aún más que con ese grosero aparato llamado capitalismo de estado; fue un triunfo muy caro pagado a la necesaria demagogia prerrevolucionaria. Estas son las dos realidades comparadas. Hasta favoreció la suerte a Hitler, se halló casi exhausto de oro, por lo cual no cayó en la tentación de crear su “patrón”. Como solo disponía por toda garantía monetaria de la técnica y del trabajo colosal de los alemanes, técnica y trabajo fueron su “encaje oro”…, algo tan genuinamente contrarrevolucionario, que, ya lo ve usted, suprimió radicalmente aquel paro de más de siete millones de técnicos y obreros como por arte de magia.
G. Por el rearme acelerado.
R. ¿Qué más da su objeto?… Si Hitler ha llegado a eso en contra de todos los economistas burgueses que lo rodean, sería muy capaz, sin peligro de guerra, de aplicar su sistema a la producción de paz. ¿Es usted capaz de suponer lo que sería ese sistema contagiando a un número de naciones y llevándolas a formar un ciclo autárquico? Por ejemplo, a la Commonwealth. Imagínelo en función contrarrevolucionaria, si es usted capaz. El peligro no es inminente aún, porque hemos tenido la suerte de que, no habiendo instaurado Hitler su sistema sobre ninguna teoría precedente, sino empíricamente, no se ha formulado de manera científica. Es decir, que, como él no ha discurrido por ningún proceso racional deductivo, no hay ni siquiera tesis científica, ni se formuló doctrina. Pero el peligro está latente, porque puede surgir en cualquier instante una formulación gracias a la deducción. Esto es muy grave… Mucho más que todo lo espectacular y lo cruel del Nacional-Socialismo. Nuestra propaganda no lo ataca, porque con la controversia teórica podríamos nosotros mismos provocar la formulación y la sistematización de tan decisiva doctrina económica contrarrevolucionaria. Solo hay un recurso: la guerra.
G. ¿Y el segundo motivo?
R. Si triunfó el Termidor de la Revolución soviética fue por la existencia de un nacionalismo ruso anterior. Sin tal nacionalismo, hubiera sido imposible el bonapartismo. Y si ocurrió así en Rusia, donde el nacionalismo solo era embrionario, personal, el Zar, ¿qué obstáculo no hallara el marxismo en el nacionalismo en plena forma de la Europa occidental?... Marx llegó a equivocarse respecto a la prelación del triunfo revolucionario. No triunfó el marxismo en la nación más industrializada, y sí en la Rusia casi carente de proletariado. Se debe nuestro triunfo aquí, entre otros motivos, a que Rusia carecía de un nacionalismo verdadero y las demás naciones lo tenían en su pleno apogeo. Véase cómo resurge en ellas con esa potencia extraordinaria del fascismo y cómo se contagia. Comprenderá que, sin mirar si hoy ha de beneficiar a Stalin, la yugulación del nacionalismo en Europa bien merece una guerra.
G. En resumen: ha expuesto usted Rakovsky, una razón económica y una razón política, ¿cuál es la tercera?
R. Es fácil de adivinar. Tenemos una razón religiosa. Sin abatir al Cristianismo superviviente le ha de ser imposible triunfar al Comunismo. La Historia es elocuente: costó a la Revolución permanente dieciséis siglos lograr su primer triunfo parcial, al provocar la primera escisión de la Cristiandad. En realidad, el Cristianismo es nuestro único enemigo, porque lo político y económico en las naciones burguesas tan solo es su consecuencia. El Cristianismo, rigiendo al individuo, es capaz de anular por asfixia la proyección revolucionaria del estado neutral, laico o ateo, y, como vemos en Rusia, hasta lograr crear ese nihilismo espiritual que reina en las masas dominadas, pero aún cristianas; obstáculo no superado aún en veinte años de marxismo. Concedemos a Stalin que no ha sido bonapartista en lo religioso. Nosotros no hubiéramos hecho ni más ni otra cosa que él… ¡Ah!..., si Stalin también se atreve como Napoleón a cruzar el Rubicón del Cristianismo, su nacionalismo y su potencia contrarrevolucionaria se habría multiplicado por mil. Y sobre todo, si así fuera, una incompatibilidad tan radical hubiera hecho imposible toda coincidencia entre nosotros y él, aunque fuera temporal y objetiva… como la que ya debe usted ver que ante nosotros se perfila.
G. En efecto, mi opinión personal es que ha definido usted los tres puntos fundamentales sobre los cuales pudiera trazarse la línea de un plan… Esto es cuanto hasta el momento le concedo. Pero le ratifico mis reservas mentales, exactamente, la incredulidad absoluta mía sobre cuanto ha expuesto en el terreno de hombres, entidades y hechos. Pero, en fin, sugiera ya de una vez las líneas generales de su plan.
R. Sí, ahora sí, es el momento. Solo una salvedad previa: que yo hablo bajo mi propia responsabilidad. Yo respondo de interpretar en los tres puntos precedentes el pensamiento de “Ellos”, pero admito que “Ellos” pueden estimar más eficaz a los tres fines propuestos un plan de acción actual totalmente distinto al que voy a sugerir. Tenga esto en cuenta.
G. Se tendrá. Diga ya.
R. Simplifiquemos. Carente ya del objeto para el que fue creada la potencia militar alemana –darnos el Poder en la URSS-, ahora se trata de lograr una inversión de frentes; dirigir del oriental al occidental el ataque hitleriano.
G. Exactamente. ¿Ha pensado en un plan práctico de realización?
R. Sobraban muchas horas en la Lubianka. He pensado. Vea usted:Si lo difícil ha sido entre nosotros hallar un punto de coincidencia, y lo demás ha fluido de manera natural, el problema se reduce a descubrir algo donde Stalin y Hitler coincidan también.
G. Sí, pero reconocerá que es todo un problema.
R. No tan insoluble como cree. En realidad, solo hay problemas insolubles cuando implican oposición dialéctica subjetiva…y, aún así, nosotros creemos siempre posible y necesaria la síntesis, superando el “imposible moral” de los metafísicos cristianos.
G. Vuelve a teorizar.
R. Es en mí necesario por mi disciplina mental. La gran cultura prefiere venir a lo concreto desde la generalización y no lo contrario. Hitler y Stalin pueden coincidir, porque, aun siendo muy distintos, son idénticos en su raíz; si Hitler es un sentimental en grado patológico y Stalin es normal, ambos son egoístas; ninguno es un idealista, por eso son ambos bonapartistas, es decir, imperalisas clásicos. Y siendo así, ya es fácil una coincidencia entre ambos…¿Por qué no si también fue posible entre una Zarina y un Rey prusiano?...
G. Rakovsky, es usted incorregible…
R. ¿No adivina?... Si Polonia hizo coincidir a Catalina y a Federico, cada uno modelo del “Zar y del Rey” actual de Rusia y Alemania, ¿por qué no puede Polonia ser causa de coincidencia entre Hitler y Stalin? La línea histórica zarista-bolchevique y monárquico-nazi así como la personal de Hitler y Stalin pueden coincidir en Polonia. La nuestra, la de “Ellos”, también: es una nación cristiana y, para mayor agravante, católica.
G. ¿Y dada la triple coincidencia?...
R. Si hay coincidencia, es posible un acuerdo.
G. ¿Entre Hitler y Stalin? …¡Absurdo! ¡Imposible!

(Continúa aquí)

viernes, 22 de mayo de 2009

Algunas verdades sobre el 11-S empiezan a aflorar


Del blog de Washington. Washington's Blog es un frecuente colaborador de Global Research.

Impresionante relato de algunos miembros de la Comisión del 11-S. La prensa oficial nos lo ha ocultado durante años, han tenido que escribir un libro para que nos podamos enterar de cómo hemos sido engañados sobre lo que sucedió el 11-S.

Tres hechos indican que el gobierno "fijó las pruebas" del 11-S de acuerdo con una decisión política, para exonerar al gobierno de cualquier clase de culpa.

1. El Consejero Jefe de la Comisión del 11-S dice que la versión oficial es casi en su totalidad falsa . . . Había un acuerdo en no decir la verdad de lo que sucedió"
Como señala Daily Kos, el principal consejero de la Comisión del 11-S - John Farmer - afirma en un nuevo libro que el relato oficial del 11-S es "casi en su totalidad incierto".
Como yo señalaba el mes pasado, también dice:
En algún nivel del gobierno, en algún momento del tiempo...había un acuerdo en no decir la verdad sobre lo que pasó.
Y:
Yo estaba impresionado por lo diferente que era la verdad a cómo se estaba describiendo .... Las cintas [de la defensa aérea Norad] revelaban un relato radicalmente diferente a lo que se nos decía a nosotros y al público durante dos años.... Esto no es contar una historia. Esto no es verdad.
Si crees que Farmer se ha vuelto loco, lee lo que dicen sus colegas de la Comisión del 11-S.
2. El Gobierno utilizó "guardaespaldas" para intimidar a los testigos
El gobierno utilizó "guardaespaldas" para intimidar a los testigos de la Comisión del 11-S. De hecho según una nota interna:
  • Los guardaespaldas “contestaban a preguntas dirigidas a los testigos;”
  • Los guardaespaldas actuaban como “monitores, informaban a sus respectivas agencias sobre la línea de investigación que seguía la Comisión y las respuestas literales de los testigos.” Los miembros de la Comisión pensaron que esto “transmitía a los testigos la idea de que sus superiores revisarían sus declaraciones y podrían ser castigados;” y
  • Los guardaespaldas “se posicionaban físicamente y se comportaban de tal manera que creemos que intimidaban a los testigos para dar una respuesta plena y sincera a nuestras preguntas.”
3. Las principales fuentes de información no eran ni remotamente creibles
El hecho de que se torturaba a la gente para justificar la guerra de Irak estableciendo una relación falsa entre Irak y el 11-S está ganando atención.
Mucha gente empieza a comprender que altos miembros de la administración de Bush mintieron sobre la falsa conexión entre Al Qaida e Irak, y además presionaron para que en los interrogatorios se usaran métodos especiales de tortura dirigidos a obtener confesiones falsas que crearan el falso vínculo.
Realmente, el Comité del Senado sobre las Fuerzas Armadas encontró que los EEUU usaron técnicas de tortura específicamente dirigidas a extraer confesiones falsas (ver también esto).
Y como escribió Paul Krugman en el New York Times:
Digamos esto despacio: la administración Bush quiso utilizar el 11-S como pretexto para invadir Irak, aún cuando Irak no tenía nada que ver con el 11-S. Por eso torturaron a gente para que confesaran sobre una conexión inexistente.
Pero mucha gente todavía asume que el informe de la Comisión sobre el 11-S debe ser básicamente cierto, y se basa en pruebas fiables.
Pero esto no es verdad.
Por ejemplo, según la NBC:
  • Buena parte del informe de la Comisión del 11-S se basaba en el testimonio de gente que había sido torturada.
  • Al menos cuatro de las personas cuyos interrogatorios figuran en el informe de la Comisión del 11-S dicen que dieron informaciones a sus interrogadores para que dejaran de ser "torturados."
  • Una de las principales fuentes de información de la Comisión fue torturado hasta que firmó una confesión a la que ni siquiera le permitieron leer.
  • La propia Comisión dudaba sobre la fiabilidad de las confesiones obtenidas bajo tortura, pero se guardaron para sí mismos sus dudas.
De hecho, el "cerebro" del 11-S también confesó crímenes que no podía haber cometido. Más tarde diría que dió a los interrogadores mucha información falsa -diciéndoles lo que él creía que querían oír - para parar la tortura. Sabemos que fue torturado duramente especialmente con el propósito de obtener información falsa sobre el 11-S - concretamente, que Irak tenía algo que ver con los atentados.

(Por cierto, el testigo que "independientemente" señaló al "cerebro del 11-S" estaba clínicamente loco, en cualquier juicio su testimonio no valdría nada).

...

Recuerden (como se señala en el libro La Comisión del respetado periodista Philip Shenon), que el Director Ejecutivo de la Comisión del 11-S era un intruso de la administración cuya especialización era la de crear y mantener "mitos públicos" aunque no fueran ciertos. Este Director Ejecutivo escribió las líneas básicas de lo que quería que el informe de la Comisión dijera ya al inicio de los trabajos de la misma, controló lo que hacía la Comisión, limitó el alcance de la investigación de la Comisión de manera que la mayor parte de las preguntas sobre el 11-S permanecieron sin respuesta (ver este artículo y este otro).


jueves, 21 de mayo de 2009

Sinfonía en Rojo Mayor: Parte X (Preparación del pacto con "Ellos")

En esta entrega Rakovsky hábilmente consigue que Gabriel entienda el peligro que para la URSS de Stalin representa Hitler y empieza a conducir el interrogatorio para que sea posible un acuerdo entre Stalin y “Ellos”.

Surge en el interrogatorio la afirmación de Rakovsky que la guerra civil española la provocaron desde Moscú.

Ver las anteriores partes empezando aquí.

G. Los que aspiran, según usted, a un comunismo perfecto, arman a Hitler, que jura exterminar al primer pueblo comunista… Esto sí lo creo, es algo lógico en los financieros…
R. Vuelve usted a olvidar el bonapartismo staliniano. Recuerde usted que frente a Napoleón, el estrangulador de la Revolución francesa, el que le robó sus fuerzas, eran objetivamente revolucionarios Luis XVIII, Wellington, Metternich y hasta el autócrata Zar… Esto es de un rigor doctrinal stalinista de veintidós quilates. Se sabrá usted de memoria sus tesis coloniales en relación a las naciones imperiales. Si, según él, es objetivamente comunista el emir de Afganistán y el rey Faruk por su lucha contra Su Graciosa Majestad Imperial, ¿por qué no puede ser objetivamente comunista Hitler por su lucha contra el autócrata Zar “Koba I”?... En fin, sin digresiones, ahí tiene usted a Hitler creciendo en poder militar, extendiendo su III Reich, y lo que aún lo aumentará…, lo necesario hasta que tenga potencia en acto suficiente para poder atacar y derrotar copiosamente a Stalin… ¿No ve la mansedumbre general de aquellos lobos de Versalles, que se limitan a débiles gruñidos?... ¿También es otra casualidad?... Hitler invadirá la URSS y, así como en 1917 las derrotas del Zar nos sirvieron para derribarle, las derrotas de Stalin nos servirían para derribarle y suplantarle… Volverá a sonar la hora de la Revolución Mundial. Porque las naciones democráticas, adormecidas hoy, en el instante que Trotsky ocupe de nuevo el Poder, como cuando la guerra civil, realizarán una mutación general. Hitler será entonces atacado por el Oeste, sus generales se sublevarán y lo liquidarán… ¿Habrá sido Hitler objetivamente comunista, sí o no?...
G. No creo en fábulas ni milagros…
R. Pues si no quiere creer que “Ellos” son capaces de realizar lo que han realizado, prepárese usted para presenciar la invasión de la URSS y el fin de Stalin antes de un año. Lo crea milagro o casualidad, prepárense a presenciarlo y a sufrirlo… ¿Pero será usted capaz de negarse a creer cuanto le he dicho, aunque solo sea en hipótesis?... Aguardando a obrar en consecuencia solo cuando empiece a ver las pruebas a la luz de cuanto convengamos.
G. Bien, hablemos en hipótesis… ¿Qué sugiere?
R. Fue usted quien señaló nuestra coincidencia. A nosotros no nos interesa el ataque a la URSS ahora, porque la caída de Stalin supondría el derrumbamiento de este comunismo, que, aún siendo formal, nos interesa exista, por tener la seguridad de que lograremos regirlo para transformarlo en comunismo real. Creo haber sintetizado exactamente la situación del momento actual.
G. Perfectamente, solución…
R. Ante todo, debemos hacer que desaparezca el peligro potencial de un ataque hitleriano.
G. Si, como afirma, fueron “Ellos” quienes lo hicieron Führer, han de tener poder sobre Hitler para que los obedezca.
R. Por no haberme yo expresado bien, dada la rapidez, no ha entendido usted bien. Sí es cierto que “Ellos” financiaron a Hitler, no quiere decir esto que le descubrieron ni su existencia ni su fin. El enviado, Warburg, se presentó a él con una falsa personalidad, ni siquiera parece que Hitler adivinara su raza, y también mintió sobre quiénes eran sus representados. Le dijo ser enviado de un círculo financiero de Wall Street, interesado en financiar el movimiento nacional-socialista con el fin de crear una amenaza contra Francia, cuyos gobiernos seguían una política financiera que provocaba la crisis económica en EEUU.
G. ¿Y lo creyó Hitler?
R. Lo ignoramos. No era lo importante que creyera en los motivos, nuestro fin era que triunfase, sin imponerle ninguna condición. El fin real, bajo cualquier pretexto, está conseguido sin pacto, sin condición; porque nuestro fin era provocar la guerra…, y Hitler era la guerra. ¿Comprende ya?
G. Comprendo. Entonces no veo yo ninguna otra manera de contenerlo que una coalición de la URSS y de las naciones democráticas capaz de intimidar a Hitler. Según yo creo, no es él capaz de lanzarse contra todos los estados del mundo a la vez… Todo lo más uno a uno.
R. ¿No le parece a usted una solución muy simplista…, hasta diría yo contrarrevolucionaria?...
G. ¿Evitar una guerra contra la URSS?
R. Corte su frase a la mitad… y repita conmigo: “Evitar una guerra”… ¿No es una cosa contrarrevolucionaria en absoluto?... Reflexione. Todo comunista sincero, imitando a su ídolo Lenin, y a los más grandes estrategas revolucionarios, debe anhelar siempre la guerra. Nada como la guerra acelera el triunfo de la Revolución. Es un dogma marxista-leninista que usted debería profesar… Ahora bien: ese nacional-comunismo staliniano, ese bonapartismo es capaz de ofuscar la razón de los comunistas más puros hasta impedirlos ver la inversión en la cual incurre Stalin, la de subordinar la Revolución a la Nación y no, como es correcto, subordinar la Nación a la Revolución…
G. Su odio a Stalin le ofusca y le hace contradecirse… ¿No habíamos convenido en que no era deseable un ataque a la URSS?
R. ¿Y por qué la guerra ha de ser necesariamente contra la URSS?
G. ¿A qué otra nación puede atacar Hitler?... Es cosa demasiado clara que dirigirá su ataque contra la URSS, sus discursos lo proclaman. ¿Qué más prueba quiere?...
R. Y si usted, los del Kremlin, lo creen tan firme e indiscutiblemente, ¿por qué han provocado la guerra civil en España? No me diga que por pura razón revolucionaria. No es capaz Stalin de plasmar en hechos ninguna teoría marxista. Si razón revolucionaria hubiera, no sería correcto quemar en España tantas y tan excelentes fuerzas revolucionarias internacionales. Es la nación más lejana de la URSS y la más elemental cultura estratégica no aconsejaba malgastar allí las fuerzas… En caso de conflicto, ¿cómo podría Stalin abastecer y apoyar militarmente una república soviética española?... Pero era correcta. Allí hay un punto estratégico importante, un cruce de influencias opuestas de las naciones capitalistas; se podía provocar una guerra entre ellas. Lo reconozco, era correcto teóricamente, pero en la práctica, no. Ya ve cómo no estalla la guerra entre el capitalismo democrático y el fascista… Y ahora le digo: si Stalin se creyó capaz por sí solo de crear un motivo capaz de provocar la guerra que hiciera luchar entre sí a las naciones capitalistas…,¿por qué no ha de admitir, en teoría por lo menos, que otros puedan conseguir lo que no le pareció imposible lograr a él?...
G. Aceptando sus premisas, puede admitirse la hipótesis.
R. Entonces, hay otro punto más de coincidencia: primero, que no haya guerra contra la URSS; segundo, que conviene provocarla entre las naciones burguesas.
G. De acuerdo. ¿Lo dice usted como una opinión personal o como de “Ellos”?
R. Como una opinión mía. No tengo poder ni contacto con “Ellos”; pero puedo afirmar que coincidirían en esos dos puntos como el Kremlin.
G. Esto es importante fijarlo previamente, por ser lo capital. Por tanto, quisiera yo saber en qué se basa usted para tener la seguridad del asentimiento de “Ellos”.
R. Si yo hubiera tenido tiempo de trazar su esquema completo, ya sabría usted los motivos de su aceptación. Por ahora, los reduciremos a tres.
G. ¿Cuáles son?

(Continua aquí)

martes, 19 de mayo de 2009

Sinfonía en Rojo Mayor: Parte IX (Hitler y "Ellos")


En esta entrega Rakovsky explica la intención oculta en el Tratado de Versalles. Stalin trunca los planes de “Ellos” (al hacer fracasar el trotskismo) y deciden ayudar a Hitler para que triunfe en Alemania. Rakovsky le explica a Gabriel el plan de “Ellos” para derrocar a Stalin. Por el relato queda claro que Alemania fue un peón en el gran Juego por el Poder Mundial.

Ver las anteriores partes empezando aquí.

R. Las reparaciones y las limitaciones económicas de Versalles no las determinó la conveniencia de ninguna nación. Su absurdo aritmético era tan evidente que hasta los más eminentes economistas de las naciones vencedoras lo denunciaron pronto. Solo Francia reclamó para reparaciones mucho más de lo que valía todo su patrimonio nacional, más que si hubiera sido hecho un Sahara todo el suelo francés. Peor fue acordado aquel absurdo de hacerle pagar a Alemania muchas veces más de cuanto podía pagar, aun vendiéndose por entero a ella y entregando la producción de todo su trabajo nacional. Al fin, en realidad, se llegó a la consecuencia práctica de imponerle a la República de Weimar hacer un dumping fantástico si quería pagar algo de las reparaciones. Y el dumping ¿qué era?... Subconsumo, hambre en Alemania y paro en la misma medida en las naciones importadoras. Si no importaban paro en Alemania. Hambre y paro en una u otra parte; he aquí la primera consecuencia de Versalles… ¿Era o no el Tratado revolucionario? Se hizo más: se intentó una reglamentación igual en el plano internacional… ¿Sabe usted lo que la medida representa en plan revolucionario? Es imponer el anárquico absurdo de hacer producir lo suficiente y propio a cualquier economía nacional, estimando que para lograrlo es indiferente su clima, sus fuentes naturales de riqueza y hasta la educación técnica de directores y de obreros. Siempre fue un recurso para compensar las desigualdades naturales en calidad del suelo, clima, minerales, petróleo, etc., entre las economías nacionales el trabajar más los países más pobres, es decir, explotar más a fondo su capacidad de trabajo para suplir la deficiencia motivada por la pobreza del suelo, a la cual se deben agregar otras desigualdades, que también se compensaban por tal medio; por ejemplo, la diferencia en los utillajes industriales. No quiero extenderme más, pero la reglamentación del trabajo impuesto por la Sociedad de Naciones, evocando un principio abstracto de igualdad en la jornada, era en realidad, dentro de un sistema de producción y cambio internacional capitalista no modificado, imponer una desigualdad económica, porque ello era despreciar el fin del trabajo, que es la producción suficiente. El efecto inmediato fue una insuficiencia de la producción, compensada con las importaciones de los países natural e industrialmente autosuficientes, pagadas en oro, en tanto hubo en Europa oro. Prosperidad ficticia en EEUU, que cambiaban su fabulosa producción por oro y el oro en billetes, que abundaban. Como toda anarquía de la producción, y la del periodo fue como no se vio jamás, la Finanza. “Ellos” la explotan a pretexto de remediarla, con otra anarquía mayor: la inflación de la moneda oficial y cien veces más con la inflación de su propio dinero, la moneda-crédito, la moneda falsa. Recuerde las devaluaciones sucesivas en muchas naciones, la desvalorización alemana, la crisis americana y su efecto fabuloso… un record de paro: más de treinta millones de parados solo en Europa y EEUU. ¿Era o no premisa revolucionaria el Tratado de Versalles y su Sociedad de Naciones?...
G. Podría serlo sin quererlo, no me podrá usted justificar por qué retroceden ante la consecuencia lógica la Revolución, el Comunismo; es más, le hacen frente con el Fascismo, triunfante en Italia y Alemania… ¿Qué me dice?
R. Que solo excluyendo la existencia y el fin de “Ellos” tendría usted toda la razón…, pero no debe olvidar su existencia y su fin y tampoco el hecho de que ocupa el poder en la URSS Stalin.
G. No veo la relación.
R. Porque no quiere: le sobran dotes inductivas y elementos de jucio. Le repito una vez más: Stalin es para nosotros un bonapartista, no un comunista.
G. ¿Y qué?
R. Pues que las grandes premisas que impusimos en Versalles para el triunfo de la Revolución Comunista en el mundo, y que, como ha visto, fueron una realidad gigantesca, no quisimos que sirvieran para dar el triunfo al bonapartismo staliniano… ¿Está bien claro?... Otra cosa hubiera sido si es Trotsky entonces el dictador de la URSS, es decir, si son “Ellos” los jefes del Comunismo internacional.
G. Pero el Fascismo es un anticomunismo integral, tanto del trotskista como del staliniano…, y si tan grande es el poder que les atribuye a “Ellos”, ¿cómo no lo han evitado?...
R. Porque son “Ellos” quien han hecho triunfar a Hitler.
G. Bate usted todas las marcas del absurdo.
R. Lo absurdo y lo prodigioso se confunden por incapacidad cultural. Escúcheme. Ya he reconocido el fracaso de la Oposición. “Ellos” vieron al fin que no podía ser derribado Stalin por un golpe de estado. Y su experiencia histórica les dictó una solución. Hacerle a Stalin lo mismo que al Zar. Una dificultad había que nos parecía insuperable. No existía en toda Europa un país invasor. Ninguno poseía situación geográfica o ejército bastante para invadir la URSS. Al no haberlo, debieron “Ellos” inventarlo. Solo Alemania tenía población y posición adecuada para invadir la URSS y para infligirle derrotas a Stalin, pero como comprenderá, la República de Weimar no fue ideada, ni política ni económicamente, para ser invasora, sino para ser invadida. En el horizonte del hambre alemán empezó a brillar la fugaz estrella hitleriana. Un ojo perspicaz se fijó en él. El mundo ha presenciado su ascensión fulminante. No le diré que ha sido todo obra nuestra, no. Le dio sus masas, cada vez mayores; la economía revolucionario-comunista de Versalles. Aunque no fuera dictada para provocar el triunfo de Hitler, la premisa que impuso Versalles a Alemania fue la de su proletarización, de paro y hambre, y su consecuencia debió ser el triunfo de la Revolución Comunista. Pero frustrada ésta por la presencia de Stalin en la jefatura de la URSS y de la Internacional, y no queriendo entregar Alemania al nuevo Bonaparte, los planes Dawes y Young atenuaron las premisas solo en parte, a espera del triunfo en Rusia de la Oposición…; pero como no llegaba, las premisas revolucionarias existentes debían tener sus consecuencias. El determinismo económico de Alemania imponía a su proletariado la Revolución. Al deber ser contenida la revolución social-internacionalista por culpa de Stalin, el proletariado alemán se lanzó a la revolución nacional-socialista. Fue un hecho dialéctico. Pero con toda su premisa y su razón, la revolución nacional-socialista jamás hubiera podido triunfar. Hizo falta más. Fue necesario que, obedeciendo consignas, los trotskistas y los socialistas dividiesen a las masas que tenían una conciencia de clase despierta e intacta. En esto ya intervinimos nosotros. Pero fue necesario más: en 1929, cuando el Partido Nacional-Socialista sufre la crisis de crecimiento y sus recursos financieros le fallan, “Ellos” le envían un embajador; hasta sé su nombre: fue un Warburg. Se conviene la financiación del Partido Nacional-Socialista en negociaciones directas con Hitler, y éste recibe en un par de años millones de dólares, enviados por Wall Street, y millones de marcos de financieros alemanes, éstos a través de Schacht; el sostenimiento de las S.A. y de las S.S. y la financiación de las siguientes elecciones que dan el poder a Hitler, se hace con los dólares y los marcos que le envían “Ellos”.

(Continua aquí.)

viernes, 15 de mayo de 2009

Sinfonía en Rojo Mayor: la lucha por el poder mundial VIII: Historias de la Revolución


En esta parte Rakovsky revela interesantes datos sobre la sucesión de Lenin y la eutanasia secreta a la que fue sometido. Se entiende mejor la rivalidad de Stalin y Trotsky, ambos deseaban suceder a Lenin.

Rakovsky continúa preparando a Gabriel para que comprenda el papel de “Ellos” en la Revolución y poder llegar a revelaciones concretas que permitan un acuerdo entre “Ellos” y Stalin.

Ver las anteriores partes empezando aquí.

R. En un noventa por ciento se lo debe a “Ellos”. No debe usted olvidar que los “blancos” eran, a su manera, “democráticos”. Con ellos estaban los mencheviques y los restos de todos los viejos partidos liberales. Dentro de tales fuerzas han tenido “Ellos” siempre muchos hombres a su servicio, conscientes o inconscientes. Al tomar Trotsky el mando, recibieron orden de traicionar a los “blancos” sistemáticamente y, a la vez, la promesa de participar más o menos pronto en el gobierno soviético. Maiski fue uno de aquellos hombres, uno de los pocos que vio cumplida en él la promesa, pero solo pudo lograrlo convenciendo a Stalin de su lealtad. Unido este sabotaje a la disminución progresiva de la ayuda de los aliados a los generales “blancos”, ellos, que además eran unos pobres idiotas, sufrieron derrota tras derrota. Por fin Wilson, en sus famosos 14 puntos, introdujo el punto 6, lo cual bastó para que acabara para siempre todo intento de los “blancos” en la URSS. Durante la guerra civil se afianza para Trotsky la sucesión de Lenin. Era cosa indudable. Ya podía morir glorificado el viejo revolucionario. Si salió con vida de las balas de la Kaplan, no saldría vivo de la disimulada eutanasia a la cual se le sometió.
G. ¿Abrevió su vida Trotsky?... ¡Gran espectáculo para vuestro proceso!... ¿Sería Levin quien asistió a Lenin?
R. ¿Trotsky?… Acaso interviniera, que lo supiera es bien seguro. Ahora bien, la realización técnica, lo accidental, ¿quién sabe?... Tienen “Ellos” demasiados canales para llegar adonde quieran.
G. De cualquier manera, el asesinato de Lenin es algo de primerísima categoría para llevarlo al próximo proceso… ¿Qué le parecería a usted, Rakovsky, ser esa cosa accidental, el autor?... Naturalmente, si fracasa usted en esta conversación… El caso técnico es muy adecuado para usted, como médico…
R. No se lo aconsejo. No toque usted ese asunto, es demasiado peligroso para Stalin mismo. Podrían ustedes con su propaganda hacer cuanto quieran, pero también tienen “Ellos” la suya, más poderosa, y un argumento superior a todas las confesiones arrancadas a Levin, a mí o a cualquier otro. El qui prodest hará ver en Stalin al asesino de Lenin.
G. ¿Qué quiere decir?
R. Que la regla clásica e infalible para descubrir a un asesino es averiguar a quién beneficia el asesinato…, y en el de Lenin el beneficiado fue su jefe, Stalin. Piénselo usted, y le ruego no haga estos incisos, que me distraen sin dejarme terminar.
G. Bien, prosiga usted, pero ya sabe…
R. Es de dominio público que si Trotsky no sucedió a Lenin no fue por fallar nada humano en el plan. La suma de poderes en las manos de Trotsky durante la enfermedad de Lenin era superior a la necesaria para conseguirlo. Hasta estábamos provistos de la sentencia de muerte contra Stalin. La carta que a su esposo le arrancó la Krupskaya contra su actual jefe bastaría en manos de un Trotsky dictador para liquidar a Stalin. Pero un estúpido accidente, como ya sabrá, frustró todos nuestros planes. Trotsky cae enfermo con una dolencia que adquiere casualmente, y en el momento decisivo, cuando Lenin muere, lleva meses incapacitado de toda actividad. Inconveniente, dentro de sus grandes ventajas, de nuestra organización: la centralización personal. Naturalmente que un Troysky formado para la misma misión que debía realizar no se improvisa repentinamente. Ninguno de nosotros, ni siquiera Zinoviev o Kamenev, teníamos la formación ni el alcance necesario, que por otra parte, Trotky, celoso de ser suplantado, no quiso facilitar a nadie. Así que, cuando al morir Lenin nos enfrentamos con Stalin, que ha desplegado actividad febril, pero secreta, prevemos la derrota en el Comité Central. Debemos improvisar una solución y la que se adopta es unirse a Stalin, ser más estalinista que él, exagerar, por tanto sabotear. El resto ya lo conoce usted. Nuestra lucha subterránea permanente y su continuo fracaso frente a un Stalin que se revela como un genio policiaco sin precedentes en todo el pasado. Más aún, Stalin, acaso por un atavismo nacionalista, que no pudo extirpar en él su incipiente marxismo, acentúa su pan rusismo, suscitando tras él una clase que nosotros deberíamos exterminar, la del nacional-comunismo, en oposición al comunismo internacional que somos nosotros. Él coloca la Internacional al servicio de la URSS, y a ésta obedeciéndole a él. Si queremos hallar un paralelismo histórico, debemos señalar al bonapartismo, y si queremos hallar otro personal a Stalin, no encontramos un personaje histórico a la par. Pero yo creo hallarlo en lo esencial fundiendo dos: Fouché y Napoleón. Quitémosle a éste su segunda mitad, lo accesorio, uniforme, jerarquía militar, corona, etc., cosas que a Stalin parecen no tentarle, y sumados nos darán un Stalin idéntico en lo capital: en yugular la Revolución, no sirviéndola, sino sirviéndose de ella, en identificarse con el más viejo imperialismo ruso, como Napoleón se identificó con el galo; en crear una aristocracia, si no militar, ya que no tiene victorias, si burocrático-policíaca…
G. Basta ya Rakovsky, que no está usted aquí para hacer propaganda trotskista. ¿Llegará usted alguna vez a lo concreto?...
R. Naturalmente que llegaré, pero cuando logre que forme usted un ligero concepto sobre “Ellos”, con los cuales habrá que contar para lo práctico y concreto. Antes no, me importa más que a usted no fracasar, como usted comprenderá.
G. Pues abrevie cuanto pueda.
R. Nuestro fracaso, que se acentúa de año en año, implica dejar sin objetivo inmediato cuanto en la post-guerra impusieron “Ellos” para el nuevo salto de la Revolución. El Tratado de Versalles, tan inexplicable para políticos y economistas de todas las naciones, porque ninguno adivinó su real proyección, fue la premisa más decisiva para la Revolución.
G. Es muy curiosa la teoría, ¿cómo la explica?

(Continua aquí).

jueves, 14 de mayo de 2009

Sinfonía en Rojo Mayor: la lucha por el poder mundial VII: Masonería


Sorprendente esta parte del interrogatorio, hay mucha información de carácter histórico muy interesante, pero hay dos cosas que me han llamado la atención, una cuál es el secreto de la Masonería según Rakovsky, la otra que el propio Rakovsky parece ser uno de "Ellos", al menos eso parece decir. Tendríamos pues al segundo miembro de "Ellos" en esa época.

Como curiosidad leed el enlace que pongo cuando hablan de O'Reilly.

Ver las anteriores partes empezando aquí.

R. Déjeme terminar esta pequeña historia, y luego ya deduciremos ambos… Trotsky, desde su arribo a Petrogrado es admitido sin reservas por Lenin. Como sabe demasiado bien, las disensiones entre ambos fueron profundas durante el tiempo que media entre las dos revoluciones. Todo se olvida y Trotsky es el artífice del triunfo de la Revolución, quiera Stalin o no quiera. ¿Por qué?... El secreto lo tiene la mujer de Lenin, la Krupskaya. Ella sabe quién es realmente Trotsky, ella es quien convenció a Lenin para que aceptase a Trotsky. Si no lo acepta, Lenin hubiera seguido bloqueado en Suiza, esta ya era una poderosa razón para él y también lo fue el saber qué ayuda traía Trotsky a la Revolución. Supo Lenin, desde luego, que Trotsky traía el dinero y poderosas ayudas internacionales; el vagón precintado fue la demostración. Luego, la unidad en torno al insignificante Partido bolchevique de toda el ala izquierda revolucionaria, socialistas revolucionarios y anarquistas es obra de Trotsky, no de la intransigencia férrea de Lenin. No en vano, el antiguo Bund de proletarios judíos, del cual nacieron todas las ramas revolucionarias moscovitas, a las cuales dio el noventa por ciento de sus jefes, era el verdadero partido del “sin partido” Trotsky. Naturalmente, no el Bund oficial y público, sino el Bund secreto, insertado en todos los partidos socialistas y cuyos jefes están casi todos bajo su disciplina.
G. ¿También Kerensky?
R. Kerenski también…, y algunos jefes no socialistas, jefes de facciones políticas burguesas.
G. ¿Cómo así?
R. Olvida usted el papel de la Masonería en la primera fase democrático-burguesa de la Revolución?
G. ¿También obedecía al Bund?
R. Como inmediato escalón, desde luego, pero, en realidad, obedecía a “Ellos”.
G. ¿A pesar de la marea marxista que se alzaba, la cual también amenazaba sus privilegios y sus vidas?
R. A pesar de todo eso: naturalmente, no veía tal peligro. Tenga usted en cuenta que todo masón ha visto y ha creído ver más de lo real con su imaginación, porque imaginaba lo que le convenía. La presencia en aumento de masones en los gobiernos y jefaturas de estado de las naciones burguesas es para ellos una prueba del poder político de su asociación. Tenga en cuenta que, en aquellas fechas, todos los gobernantes de las naciones aliadas eran masones, con muy contadas excepciones… Esto era un argumento de gran fuerza para ellos. Tenían absoluta fe de que la Revolución se detendría en la República burguesa, tipo francés.
G. Según el cuadro que me han pintado de Rusia en 1917, se necesitaba que fueran muy ingenuos para creer eso.
R. Lo eran y lo son. Los masones no han aprendido aquella primera lección que fue la Gran Revolución, en la cual jugaron un enorme papel revolucionario, y devoró a la mayoría masónica, empezando por su Gran Maestre, el Orleáns: mejor dicho, por el masón Luis XVI, para continuar con girondinos, hebertistas, jacobinos, etc., y si sobrevivieron algunos fue gracias al Brumario.
G. ¿Quiere usted decir que los masones están destinados a morir a manos de la Revolución, traída con su ayuda?
R. Exacto… Ha formulado usted una verdad encerrada en un gran secreto. Yo soy masón, ya lo sabía usted ¿no?... Pues bien: le diré a usted cuál es ese gran secreto que se promete descubrirle al masón en el grado inmediato superior…, pero que no lo descubre ni en el 25, ni en el 33, ni en el 93, ni en el más alto de ningún rito… Naturalmente, yo no lo conozco por ser masón, sino por pertenecer a “Ellos”…
G. ¿Y cuál es?
R. Toda la formación del masón y el fin público de la Masonería tiende a que logren y concedan todas las premisas necesarias para el triunfo de la Revolución Comunista; naturalmente, bajo pretextos muy varios, pero que se cubren bajo su conocido trilema. ¿Comprende?... Y como la Revolución Comunista supone la liquidación como clase de toda la burguesía y la física de todo dirigente político burgués, el secreto auténtico de la Masonería es el suicidio de la Masonería como organización y el suicidio físico de todo masón algo importante… Ya comprenderá usted que tal fin reservado al masón, bien merece misterios, escenografía y tantos y tantos “secretos”… interpuestos para ocultar el auténtico… No se pierda, si usted tiene ocasión, el presenciar en alguna futura Revolución el gesto de asombro y la estupidez reflejada en el rostro de un masón cuando se convence de que él va a morir a manos de los revolucionarios… ¡Cómo grita y quiere hacer valer sus servicios a la Revolución!... Es un espectáculo como para morir uno también …, pero de risa.
G. ¿Y aún niega usted la estupidez congénita en la burguesía?
R. La niego en la burguesía como clase, no en sectores determinados. La existencia de manicomios no indica una locura general. La Masonería puede ser también un manicomio, pero en libertad… Mas prosigo: ha triunfado la Revolución; la toma del Poder se consumó. Se presenta el primer problema: la Paz y con él la primera disensión dentro del Partido, en la cual toman parte las fuerzas de la coalición que disfruta el poder. No le relataré lo que ya es de sobra conocido sobre la lucha que se libra en Moscú entre los partidarios y adversarios de la paz de Brest. Solo le indicaré que lo llamado después Oposición trotskista, los liquidados y los por liquidar, Ya se definieron allí, todos eran contrarios a firmar el tratado de paz. Aquella paz fue un error, traición inconsciente de Lenin a la Revolución internacional. Imagínese a los bolcheviques sentados en Versalles en la conferencia de la Paz y en la Sociedad de Naciones después, con el Ejército Rojo, acrecido y armado por los Aliados, dentro de Alemania. Hubiera sido soldar por las armas el Estado Soviético a la Revolución Alemana. Muy otro sería hoy el mapa europeo. Pero Lenin, un ebrio del poder, secundado por Stalin, que ya había probado el alcohol del mando, seguidos del ala nacional rusa del Partido, se impusieron por la fuerza material. Y entonces nació el “socialismo en un solo país”, es decir el nacional-comunismo, que llega a su apogeo con Stalin hoy. Naturalmente hubo lucha, pero solo en forma y extensión que no destruyese el Estado Comunista; condición con vigencia para la Oposición en toda su lucha ulterior hasta hoy. Esta fue la causa de nuestro primer fracaso y de todos los que se han seguido. Pero hubo lucha feroz, aunque disimulada, para no comprometer nuestra participación en el Poder. Trotsky organizó por sus enlaces el atentado de la Kaplan contra Lenin. Por su orden, Blumkin mató al embajador Mirbach. El golpe de estado de la Spiridonova y sus socialistas revolucionarios fue de acuerdo con Trotsky. Su hombre para todo esto insospechado, fue aquel Rosemblum, un hebreo lituano, que usaba el nombre O’Reilly, conocido como el mejor espía de la Inteligencia Británica. En realidad, un hombre de “Ellos”. La razón de haber elegido a este famoso Rosenblum fue porque, conocido solamente como espía inglés, Inglaterra, no Trotsky ni nosotros, cargaría con la responsabilidad de atentados y complots en caso de fracaso. Y así fue. La guerra civil hizo abandonar el método conspirativo y terrorista, porque nos brindó la oportunidad de tener en nuestras manos la fuerza real del Estado, al llegar Trotsky a ser el organizador y jefe del Ejército Rojo. El ejército soviético, que retrocede sin cesar frente a los “blancos” y deja el territorio de la URSS reducido al antiguo Ducado de Moscú, como por arte de magia se torna victorioso. ¿Por qué cree usted?... ¿Por magia o casualidad? Se lo diré: al tomar Trotsky el mando supremo del Ejército Rojo, ya tiene él en sus manos la fuerza necesaria para tomar el Poder. Las victorias acrecerán su prestigio y su fuerza; los “blancos” ya pueden ser derrotados. ¿Cree usted verdadera la historia oficial, que atribuye todo el prestigio de la victoria soviética al mediocre, desarmado e indisciplinado Ejército Rojo?...
G. ¿A quién pues?

(Continúa aquí.)