Por Alfredo Embid
Índice:
- De vuelta al horror.
- ¿Quién está detrás de la experimentación del Norplant?
- ¿Quién hay detrás de los programas del control de la población?
- La industria químico-farmacéutica.
- Las instituciones y asociaciones privadas.
- Las agencias gubernamentales estadounidenses.
- Suborganizaciones de las Naciones Unidas.
- Las principales organizaciones económicas mundialistas.
- La «enfermedad» y sus causas.
- El tratamiento.
De vuelta al horror
«En la madrugada del 6 de noviembre de 1976, el pueblo de Uttawar en Haryana (India) fue invadido por 700 policías que tomaron a 550 hombres y se los llevaron. El pueblo, habitado por 8.000 musulmanes de la comunidad meo, había rechazado la entrada a todo empleado de planificación familiar... El inspector general de la policía que autorizó la incursión dijo que era necesario como medida de seguridad, pues se sospechaba que en el pueblo se mantenían enlaces con Pakistán; pero, de hecho, había sido informado de la actitud de los habitantes del pueblo hacia la esterilización y dijo que los hombres arrestados serían sometidos a la esterilización forzosa... En todo el estado de Haryana, los autobuses eran desviados hacia los campamentos y se esterilizaba a los pasajeros. De los pueblos y las estaciones de autobuses y ferrocarril se recogía a la gente por la fuerza para llevarla a los campos de planificación familiar y esterilizarla...
...Sólo en aquel año se realizaron 837.000 esterilizaciones en India; como consecuencia directa de la operación, murieron 1.774 personas1». Así lo cuenta Germaine Greer en su libro «Sex and Destiny. The Politics of Human Fertility», cuya versión en castellano, «Sexo y destino2», omite más de 50 páginas del original.
En Bagladesh, en junio de 1983, hubo una campaña de esterilización obligatoria en el distrito de Mynensingh, en el norte del estado. Los responsables de la campaña hicieron, pueblo a pueblo, listas de mujeres que tenían más de tres hijos. A estas mujeres se las llevaron a la fuerza en camiones del Ejército a la clínica, donde se les hizo firmar un documento en el que daban su consentimiento para someterse a una esterilización. En pocas semanas, 500 mujeres fueron esterilizadas por medio de este sistema.
La Agencia Norteamericana para el Desarrollo Internacional (USAID), contribuyó financieramente a la campaña. Para este año, la contribución de la USAID se elevó a 2 millones y medio de dólares (unos 450 millones de pesetas).
Entre 1978 y 1983, más de un millón de mujeres fueron esterilizadas en Bangladesh, y el año siguiente el Gobierno planificó un promedio de 63.760 operaciones al mes. A las mujeres que aceptan esterilizarse, se les da una compensación económica de 175 takas (unos 12 €) y un sari (prenda tradicional) valorado en una 100 takas3.
Las mujeres de Bangladesh tienen suerte. A las mujeres de Chiapas (México) se les daba un paseo en autobús4.
No penséis que todo esto pertenece al pasado. A principios de este mismo año, varias organizaciones civiles y religiosas han documentado más de 700 casos de esterilización forzosa en México, aunque reconocen que el problema es difícilmente cuantificable, porque la mayoría de los afectados son analfabetos y viven en zonas aisladas, y además, con frecuencia, los propios indígenas temen denunciar los hechos.
Hace poco otra denuncia fue presentada por un grupo de indígenas de Guerrero, uno de los estados más pobres del sur de México, y fue avalada por la Comisión de Derechos Humanos de la región5.
Estos son tan sólo algunos ejemplos más del genocidio despoblador que hemos denunciado en la primera parte de este artículo, en el número 59 de la revista. Los menciono para ambientarnos antes de que entremos al meollo de la cuestión.