Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

viernes, 11 de septiembre de 2009

Entendiendo a nuestras élites psicópatas

por Andrew M. Lobaczewski
traducción de Adela Kaufmann
versión original
del Sitio Web Ponerology
PONEROLOGÍA – EL ESTUDIO DEL MAL
“En la opinión del autor, la Ponerología se revela a sí misma como una nueva rama de la ciencia, nacida de la necesidad histórica y las realizaciones más recientes de la medicina y la psicología. A la luz de un lenguaje objetivo, natural, estudia los componentes causales y procesos de la génesis del mal, sin importar el último alcance social. Podemos procurar analizar estos procesos ponerogénicos, los cuales han dado realce a la injusticia humana, armados con el conocimiento apropiado, particularmente en el área de la psicopatología. En repetidas ocasiones, como descubrirá el lector, en tal estudio, nosotros nos encontramos con los efectos de factores patológicos cuyos portadores son gente caracterizada por un cierto grado de varias desviaciones o defectos psicológicos.”
(Lobaczewski, 42)
Con muy pocas excepciones a través de las edades, las discusiones sobre filosofía moral – el estudio de la conducta correcta – han fallado en investigar sistemáticamente el origen, naturaleza y, por supuesto el curso del mal de una manera libre de imaginaciones supernaturales. El Mal fue a menudo considerado como algo que debía sufrirse y aguantarse en vez de algo que podría ser comprendido y eliminado con medidas racionales.

Y – tal como lo demuestra Lobaczewski – el origen del mal realmente yace fuera de los límites del punto de vista convencional del mundo, dentro del cual las anteriores investigaciones morales y exploraciones literarias fueron conducidas. El Mal requiere un acercamiento verdaderamente moderno y científico para descubrir sus secretos.

Este acercamiento es llamado “ponerología”, el estudio del mal, del griego “poneros” = el mal.

El manuscrito original para este libro fue a la hoguera minutos antes de una incursión en la Polonia comunista. La segunda copia, dolorosamente reensamblada por científicos trabajando bajo imposibles condiciones de violencia y represión, fue enviado vía courrier al Vaticano. El recibo del mismo nunca fue reconocido – el manuscrito y toda la valiosa información se perdieron.

En 1984, la tercera y última copia fue escriba de memoria por el último sobreviviente de los investigadores originales: Andrew Lobaczewski.
Zbigniew Brzezinski bloqueó su publicación.

Después de medio siglo de supresión, este libro está finalmente disponible.

Ponerología Política es chocante en sus descripciones clínicamente parcas de la verdadera naturaleza del mal. Es conmovedor en sus pasajes más literarios que revelan el inmenso sufrimiento experimentado por los investigadores, contaminados o destruidos por la enfermedad misma que estaban estudiando.

La Ponerología Política es un estudio de los fundadores y partidarios de regimenes políticos opresivos. El acercamiento de Lobaczewski analiza los factores comunes que conllevaron a la propagación de la inhumanidad del hombre al hombre. La moralidad y el humanismo no pueden resistir por mucho tiempo las depredaciones de este mal.

El conocimiento de su naturaleza – y su efecto insidioso sobre ambos individuos y grupos – es solamente el antídoto.

PSICÓPATAS: CASI HUMANOS
INTRODUCCIÓN
“La experiencia ha enseñado al autor que el mal es similar en naturaleza a la enfermedad, auque posiblemente más complejo y elusivo para nuestro entendimiento. Su génesis revela muchos factores patológicos, especialmente psicopatológicos, en carácter, cuya esencia, la medicina y la psicología ya han estudiado… [Una] comprensión de la esencia y génesis del mal generalmente usa información de [biología, medicina y psicología]. Solo una reflexión filosófica es insuficiente.”
(Lobaczewski, 98)
Como un hombre daltónico incapaz de distinguir el rojo del verde, una pequeña minoría de la población humana no experimenta ni comprende completamente el rango normal de las emociones humanas. Y como aquellos daltónicos que pudieran encubrir su condición usando las palabras correctas mientras no están entendiendo su significado (por ejemplo, la luz de color que está arriba es “roja”, la de abajo es “verde”) – así, esta minoría encubre su condición utilizando señales de emociones exteriores (expresiones faciales, exclamaciones, lenguaje corporal).

Sin embargo, ellos realmente no experimentan la emoción en cuestión.

Su engaño es revelado en el laboratorio, donde ellos responden a palabras como MUERTE, CÁNCER, ENFERMEDAD, como si fuesen DÍA, CREMA o PAPEL. Ellos carecen de la habilidad para comprender el “golpe” emocional que contienen ciertas palabras. Ellos usan las reacciones emocionales de otros como pistas, y ajustan su comportamiento para retratar el comportamiento ‘emocional’ correcto.
(Hare, 129-30)

Estos individuos son conocidos como psicópatas.

Ellos no solamente no sienten dolor por otros, ellos a menudo parecen causar dolor a otros deliberadamente. Lobaczewski se refiere a este desorden como una “psicopatía esencial” para distinguirlos de otros con déficits en su dotación genética/instintiva, la psicopatía esencial siendo la más severa y perturbadora.

Muchos individuos supuestamente “antisociales” adquieren características similares en el curso de su vida, ya sea causado por daño cerebral a ciertas áreas del cerebro, o funcionalmente, por el contacto cercano e influencia por tales individuos. Lobaczewski denomina a tales individuos caracteopáticos. La extensa mayoría de ambos grupos no puede cambiar.

Los actos que nosotros llamamos malvados (especialmente a nivel macro social) pueden ser rastreados hacia atrás a esta minoría irregular de seres humanos y a los efectos de sus acciones en su familia, amigos y sociedad.
...
PSICOPATÍA ESENCIAL
“Los psicópatas son predadores sociales que encantan, manipulan y despiadadamente recorren su camino a través de la vida, dejando un amplio rastro de corazones rotos, expectativas destruidas y bolsillos vacíos. Totalmente careciendo de consciencia y sentimientos para otros, egoístamente toman lo que desean y hacen lo que quieren, violando las normas sociales y expectativas sin el menor sentido de culpa o arrepentimiento. Sus desconcertadas víctimas desesperadamente se preguntan, ‘¿Quienes son estas personas? ‘¿Que es lo que las hace ser como son’? ‘¿Cómo podemos protegernos?’”
(Hare, xi)
Los psicópatas tienen lo que se necesita para defraudar, estafar y engañar a otros. Ellos tienen facilidad de conversación, son encantadores, seguros de sí mismos, tienen facilidad para situaciones sociales, mantienen la calma bajo presión, no se desconciertan por la posibilidad de ser descubiertos, y son totalmente despiadados.”
(Hare 121)
Una típica descripción de un psicópata, de un artículo sobre el criminal más notorio de Canadá, Clifford Olson:
“El era un hombre violento con un genio que se disparaba con cualquier pequeñez. Per también podía ser encantador, de suave lenguaje cuando trataba de impresionar a las personas… Olson era también un conversador compulsivo … El es un suave conversador, tiene el don de la labia … Siempre estaba contando grandezas … El hombre era un gran mentiroso … El siempre quería probar los límites de la gente. Quería ver hasta donde podía llegar antes de que usted le protestara … El era un manipulador … Olson era un parlanchín charlatán … Después de un tiempo nosotros aprendimos a no creerle nada de lo que decía porque decía tantas mentiras. … Jamás mostró ninguna culpa o remordimiento por sus depredaciones; por el contrario, él continuamente se queja por el tratamiento por parte de la prensa, el sistema penitenciario y la sociedad”.
(Citado por Hare, 133)
Durante su juicio el posó dramáticamente para las cámaras y mientras estuvo en la cárcel incluso les escribió a numerosos departamentos de criminología ofreciendo ayuda para comenzar un curso dedicado a estudiarlo a él.

La psicopatía esencial se extiende desde apenas perceptible (“Psicopatía subclínica”) a reconocible diagnosticable por profesionales (“Plena manifestación clínica”). El anterior juega el papel principal en el fenómeno macrosocial, mientras el último (acerca del cual Cleckley escribió su libro La Máscara de Cordura -- The Mask of Sanity - y de la cual Charlie Carewe en la novela de Mary Astor, El Increíble Charlie Carewe - The Incredible Charlie Carewe - es el ejemplo) no logran evitar frecuentes períodos en prisiones o instituciones mentales, a menudo rotando entre ambos.

Con aquellos que logran mantener sus máscaras de cordura más consistentemente en su búsqueda de poder, y quienes son, así, más exitosos en sus esfuerzos, se trata en el libro Serpientes en Trajes (Snakes in Suits) de Paul Babiak y Robert Hare.

PRINCIPALES RASGOS
“Los psicópatas están generalmente muy satisfechos con ellos mismos y con su paisaje interno por muy triste y desolado como pueda parecerles a los observadores exteriores. No ven nada malo con ellos mismos, experimentan poca miseria personal, y encuentran su comportamiento racional, que vale la pena y satisfactorio; ellos nunca miran hacia atrás con arrepentimiento o hacia delante con preocupación. Ellos se perciben a si mismos como seres superiores en un mundo hostil de perro que come perro en el cual otros son competidores por el poder y los recursos. Los psicópatas sienten que es legítimo manipular y engañar a otros para obtener sus “derechos”, y sus interacciones sociales están planeadas para maniobrar hacia fuera la malevolencia que ven en otros.”
(Hare, 195)
1. Locuacidad: El rasgo más notable de la psicopatía esencial es un torrente de locuacidad, fácilmente mezclando verdades y ficción. Sin sentir culpa alguna, ellos sin ningún esfuerzo desvían la atención de previas mentiras con más mentiras. Ellos pueden hablar durante horas en un extremo y aparecer extremadamente informados en cuanto a cualquier número de temas. Sin embargo, tienden a ignorar lo que es considerado como temas importantes, y evitarán hablar de valores abstractos y sensaciones desconocidas para ellos. Si uno llega a hablar de tales cosas, surgen anomalías.

En un momento, un psicópata puede estar hablando de su amor profundo por su madre, el prójimo, de cómo una mujer que conoció de niño fue la mujer que el más amó, ¡aun más que a su madre!
“Ellos conocen las palabras, mas no la música; exhiben una facilidad de palabra que significa poco para ellos, formadas sin sustancia”
(Hare, 128-129).
Bajo cuidadoso análisis, estas exhibiciones de emoción está demostrado que carecen de comprensión real de las emociones en cuestión. Creen que el débil impulso o emoción débil que sienten es representativo de la verdadera emoción sentida por un ser humano normal. Similarmente, sus flujos de pensamiento son ostensiblemente lógicos, pero, de nuevo, un cuidadoso análisis muestra que tienen paralogismos sugestivos. Por ejemplo, cuando son confrontados acerca de su carencia de empatía, un psicópata pudiera evadir el tema y decir,
“Que hay sobre alguna empatía para mi? ¿Tiene alguna idea de lo que he tenido que tolerar?”
2. Ningún sentido de culpa: La vida de la gente normal que ellos lastiman es incomprensible para ellos. La conciencia, para un psicópata, es meramente “conocimiento intelectual de las reglas que otras gentes componen”, y nada más. (Hare, 132). Para los psicópatas esenciales, la vida es la búsqueda de atracciones inmediatas, momentos de placer y sensaciones temporales de poder. A menudo actúan en un capricho y alcanzan sus metas a expensas de otros, con completa indiferencia para sus víctimas.

Como analogía, imagínese teniendo una leve urgencia para un bocado. No obstante, la puerta de la cocina está cerrada, con candado y con un sistema de alarma. Viendo que la puerta está con llave, recogen un hacha para derribarla (de todas formas, pronto la iba a sustituir). Al tajar la puerta, la alarma suena molestamente hasta que usted la destruye también. Después de demoler la puerta, usted entra a la cocina y come su bocado. Ahora imagínese como psicópata y la puerta es un ser humano, la molesta alarma, sus gritos de dolor y agonía. Después de destajar al humano, sofocando sus molestos gritos, ¡se sienta a gozar su bocadillo!


3. Inhabilidad de amar: Los psicópatas esenciales ven el ‘amor’ de una pareja como un cuento de hadas del ‘otro’ mundo de humanos normales. Al igual los conceptos religiosos o morales como ‘amar al prójimo’ son vistos como ingenuidades infantiles. Para ellos el amor es meramente un fenómeno efímero dirigido a una aventura sexual. Mientras puedan profesar convincentemente de las maneras más románticas y significativas, estas exhibiciones son pronto reemplazadas con egoísmo, arrogancia y hedonismo.

OTRAS CARACTERÍSTICAS
“Reacciones humanas naturales … golpean al psicópata como extrañas, interesantes y aún cómicas. Por lo tanto nos observan … Se vuelven expertos en nuestras debilidades y a veces efectúan despiadados experimentos.”
(Lobaczewski, 90)
  • No-psicóticos: Los Psicópatas no son perturbados emocionalmente...Ellos son completamente racionales y concientes de lo que están haciendo. Como tales, son juzgados como sanos por los estándares actuales judiciales y psiquiátricos.
    (Hare, 22-3).
  • Hacen presas de las debilidades: Ellos pueden fácilmente percibir deficiencias en los conocimientos de conceptos psicológicos y morales de las personas, y explotar estas debilidades para su propio uso.
  • Baja Inteligencia: Los psicópatas están levemente debajo del promedio en inteligencia, sin casos de inteligencia o creatividad más alta. Mientras que pueden ser expertos en ciertas ciencias que no requieren una vista humanística del mundo, de acuerdo a Lobaczewski, ellos carecen de habilidades técnicas o artesanales. También tienen una baja “sabiduría social” e “imaginación socio-moral”. El éxito académico o de negocios es a menudo el resultado de fraude, coerción o del uso del trabajo de otros.
  • Comportamiento auto-destructivo: Los psicópatas tienen una inhabilidad para aprender de la experiencia y carecen de habilidades para el planeamiento realista para el futuro. James Weiss, citado por Hare describe soldados GIs posiblemente psicópatas:
    • “Totalmente insensibles a los intereses de sus compañeros soldados y más sintonizados a la gratificación instantánea que a las reglas fundamentales de precaución en combate, estos individuos tienen una mayor oportunidad de ser baleados.”
      (Hare, 26)
    La habilidad de sentir respuestas emocionales como miedo y ansiedad está directamente relacionada a la conciencia y a la habilidad de controlar el comportamiento de uno. El miedo o amenaza de castigo no significa nada para un psicópata. Mientras que pueden vagamente imaginarse lo que les sucederá, esto no tiene ningún contenido emocional. El deseo de inmediata auto-gratificación sopesa cualquier ‘temor’ de ser pillado.
  • Déficit de transformación de estímulo: Así como el mundo normal de color es incomprensible a una persona daltónica o con ceguera de colores (es decir que hay un déficit en la transformación de estímulo sensorial), el mundo normal de reacciones humanas instintivas (de lazos emocionales, de respuestas a favor del factor social), conceptos, sensaciones y valores son para los psicópatas esenciales como incomprensibles y sin ninguna justificación obvia.

    Éstos son consideradas como convenciones extrañas, inventadas por algún poder externo. Ted Bundy llamaba a la culpa “una ilusión… una clase de mecanismo de control social”. Ellos son incapaces de tratar a otros humanos como seres sensibles y pensantes.
  • Fragmentos de Pensamiento: Las declaraciones contradictorias de los psicópatas parecen estar relacionadas a su inhabilidad de combinar exactamente ideas hacia un todo coherente. Por ejemplo, un psicópata, si es preguntado si alguna vez ha cometido una ofensa violenta, dijo,
    • “No, pero una vez tuve que matar a alguien”.
      (Hare, 137)
    Los psicópatas frecuentemente cambian tópicos, van en tangentes y rechazan dar respuestas directas a preguntas. Movimientos de manos dramáticos y que distraen, “conversaciones-íntimas” y un contacto visual intensivo, todo lo cual tiende a confundir al oyente, a menudo acompañan su discurso largamente extendido. La mayoría de sus víctimas son arrobadas, no por lo que dicen, sino cómo lo dicen.
  • Naturaleza genética: La presencia de psicopatía en un porcentaje mucho más grande de hombres que mujeres sugiere una herencia ligada al cromosoma-S. El alcance de la psicopatía esencial va desde apenas notable (aun a observadores con experiencia) hasta obviamente patológica.
  • Conocimientos especiales: Los psicópatas esenciales poseen la habilidad de reconocerse mutuamente en una multitud. Son conscientes de ser diferentes y ven a las personas normales como ‘los otros’. Una camuflada ‘máscara de cordura’ acompaña este conocimiento.
  • Máscara de cordura: Como los psicópatas esenciales son psicológicamente incapaces de incorporarse a una vista del mundo de una persona normal, ellos solamente pueden copiar o imitar la conducta humana normal. Los humanos normales, inconscientes de las diferencias psicológicas entre los psicópatas y ellos mismos, asumen que estas exhibiciones de emociones son evidencia de una emoción real.

    Cleckley teoriza que los psicópatas no pueden distinguir entre sus pseudo-intenciones, pseudo-sensaciones, pseudo-remordimiento y el de sus contrapartes humanos normales. En vez de pensar que los humanos normales tienen algo que los psicópatas no tienen (es decir, la conciencia), ellos perciben las reacciones de los humanos normales como extrañas e infantiles. Son como una persona daltónica que piensa que todo el mundo está loco por responder de manera diferente a tantos tonos del mismo color.

    Su egotismo patológico les prohíbe encontrar falta alguna en ellos mismos, proyectando así toda la culpa a una causa externa.
CONCEPTOS EQUIVOCADOS ACERCA DE LA PSICOPATÍA
  • Desorden de Personalidad Antisocial: La Asociación Americana de Psiquiatría compara el desorden de personalidad antisocial (DPA) con la psicopatía. No obstante, el DPA se refiere específicamente a un grupo de comportamientos antisociales. Como tales, muchos criminales son etiquetados como DPA sin ser, de hecho, psicópatas. A la inversa, muchos psicópatas nunca son etiquetados como DPA.
    (Hare, 24-5).
  • Mala niñez: Mientras muchos creen que los psicópatas son como son por experiencias de abuso infantil, no hay evidencia que sugiera que esto es cierto. La mayoría de los niños que sufren de abuso en la niñez no se vuelven psicópatas, y muchos psicópatas crecen en familias sanas. Algunas dificultades de vínculos o lazos en la infancia son un síntoma de psicopatía, no una causa.
    (Hare, 170, 172, 175)
  • “¡Él puede cambiar!”: Los psicópatas no pueden cambiar, ni quieren hacerlo. Un violento ofensor fue forzado a tomar terapia de grupo. Mientras él dominaba al grupo, el terapista eventualmente dijo que veía mejoría y arrepentimiento en el sujeto. Más tarde, cuando fue entrevistado por alguien del personal de Hare, el paciente reveló,
    • “No puedo creer a esos individuos. ¿Quién les dio licencia para practicar? ¡Yo no les permitiría psicoanalizar a mi perro! ¡Mi perro se cagaría sobre ellos justo como lo he hecho yo!”
      (Hare, 197)
    En el tema de terapia obligatoria en la prisión, un psicópata dijo:
    • “Estos programas son como escuela de postgrado. Te enseñan cómo apretujar a las personas.”(Hare, 199)
  • Asesinos en serie: Un insignificante número de psicópatas son también asesinos en serie. Mientras hay quizás solamente 100 asesinos en serie en los Estados Unidos, Hare calcula que de cada asesino en serie psicopático, hay de 20 a 30 mil psicópatas que no cometen asesinatos en serie. Su cálculo del número total de psicópatas en los Estados Unidos (de 2 a 3 millones) es una proyección conservadora. (Hare, 74)
  • Un Modelo Natural/Alimentado de Psicópata:
    • “La posición que yo favorezco es que la psicopatía emerge de un complejo – y una pobremente comprendida – interacción entre factores biológicos y fuerzas sociales. Está basado en evidencia de que factores genéticos contribuyen a las bases biológicas de la función cerebral y a la estructura básica de la personalidad, lo que, a su vez, influencia en la manera en la que el individuo responde a, e interactúa con las experiencias de la vida y el ambiente social. En efecto, los elementos necesarios para el desarrollo de la psicopatía – incluyendo una profunda inhabilidad de experimentar empatía y todo el rango de emociones, incluyendo miedo – son en parte suministrados por la naturaleza y posiblemente por algunas influencias biológicas desconocidas en el feto y el neonato en desarrollo. Como resultado, la capacidad para desarrollar controles internos y de conciencia, y para hacer “conexiones” emocionales con otros es grandemente reducida.

      “Esto no significa que los psicópatas están destinados a desarrollarse a lo largo de una pista fijada, nacidos para desempeñar un papel social desviado en la vida. Pero sí significa que su dotación biológica – la materia prima que las experiencias ambientales, sociales y de aprendizaje forman a un individuo único – suministran una base muy pobre para la socialización y la formación de conciencia. Para usar una simple analogía, el torno es instrumental para moldear alfarería de arcilla (crianza), pero las características de la alfarería también dependen de la clase de arcilla disponible (naturaleza).

      “Aunque la psicopatía no es principalmente el resultado de malos padres o experiencias adversas en la niñez, yo creo que juegan un papel importante formando lo que la naturaleza ha proporcionado. Factores sociales y prácticas de los padres influencian la manera en que se desarrolla el desorden, y es expresado en el comportamiento.

      “Así, un individuo con una mezcla de rasgos psicopáticos de personalidad que crece en una familia estable y tiene acceso a recursos sociales y educacionales positivos pudiera volverse un artista de la estafa o un criminal de cuello blanco, o quizás algo como un sombrío empresario, político o profesional. Otro individuo, con muchos de los mismos rasgos de personalidad, pero con un fondo de privaciones y disturbios podría volverse un vagabundo, mercenario o un violento criminal.

      “En cada caso, los factores sociales y prácticas de los padres ayudan a formar la expresión conductual del desorden, pero tienen menos efectos en la inhabilidad del individuo de sentir empatía o de desarrollar una conciencia. Ninguna cantidad de condicionamiento social por sí misma generará una capacidad de cuidar de otros o a una ponderosa sensación de bueno o malo. Para extender mi analogía anterior, la “arcilla” psicopática es menos maleable de lo que es la arcilla con la que usualmente los alfareros de la sociedad tendrán que trabajar.

      “Una implicación de esta visión para el sistema de justicia criminal es que la calidad de vida familiar tiene mucha menos influencia en los comportamientos antisociales de los psicópatas de lo que lo tiene en el comportamiento de la mayoría de personas.”
      (Hare, 173-4)

LISTA DE COMPROBACIÓN DE LA PSICOPATÍA DE ROBERT HARE
“El te elegirá, te desarmará con sus palabras y te controlará con su presencia. El te deleitará con su ingenio y con sus planes. Te mostrará un buen rato, pero siempre te pasa la factura. El te sonreirá y te engañará, y te asustará con sus ojos. Y cuando ha terminado contigo, y sí que terminará contigo, te abandonará y se llevará con él tu inocencia y tu orgullo. Te dejarán mucho más triste, pero no mucho más sabio, y por largo tiempo te preguntarás qué es lo que pasó y qué fue lo que hiciste mal. Y si otro de su clase viene a tocar tu puerta, ¿la abrirás?”
(citado por Hare, “Sin Conciencia, 21)
“Cuando estoy trabajando, lo primero que hago es agarrarte. Busco un ángulo, una esquina, averiguo lo que necesitas y te lo doy. Luego es tiempo del reembolso, con intereses. Aprieto los tornillos.”
(citado por Hare, 147)
  • De Mucha Labia y Superficiales: Los psicópatas son encantadores y articulados conversadores. Ellos son expertos en contar historias “inverosímiles pero convincentes” acerca de ellos mismos, y a menudo procuran aparecer bien versados en cualquier número de temas, usando lenguaje técnico que engaña a la mayoría de los laicos, (pero no a un experto). Para observadores experimentados, las dramáticas exhibiciones parecen demasiado pulidas y superficiales, como si el psicópata estuviera simplemente leyendo las líneas de un escrito.
    (Hare, 34-5)
  • Excéntricos y Grandiosos: Hare escribe,
    • “Los psicópatas tienen una visión narcisista y muy agrandada del auto-valor e importancia, un verdadero y asombroso egocentrismo y sentido de derecho, y se ven a ellos mismos como el centro del universo, como seres superiores que están justificados a vivir de acuerdo con sus propias leyes… Los psicópatas son arrogantes, jactanciosos – muy seguros de sí mismos, testarudos, dominantes y engreídos. Ellos aman tener poder y control sobre otros y parecen incapaces de creer que otra gente tiene opiniones válidas que son diferentes de las de ellos. Ellos parecen carismáticos o ‘electrizantes’ para algunas personas.”
      (Hare, 38).
    Un psicópata, cuando le pidieron que se calificara a sí mismo en una escala de 10 puntos,
    • “y todo alrededor del 10, yo hubiera dicho que 12, pero esto sería parecer engreído. Si yo tuviese una mejor educación, yo sería brillante.”
    Él dijo también que su única debilidad era que ¡le importaba mucho todo! (Hare, 38)
  • Carencia de Remordimiento o Culpa: Los psicópatas tienen una completa carencia de culpa por el gran daño que le hacen a otros. Cuando encaja sus necesidades, ellos podrían proclamar sentir remordimiento, pero sin darse cuenta se estarían contradiciendo a ellos mismos en palabras y acciones.

    Ellos podrían, por ejemplo, decir,
    • “Claro, siento remordimiento… pero no tengo que sentirme mal por ello.”
    Son también extremadamente expertos racionalizando su comportamiento, a menudo viéndose a ellos mismos como las víctimas (y culpando a sus víctimas verdaderas). Un psicópata dijo que el hombre a quien mató se había beneficiado de ello, aprendiendo una dura lección sobre la vida.

    Otro dijo,
    • “El sujeto solo podía culparse a él mismo. Cualquiera hubiera podido ver que estaba de muy mal humor esa noche.”
    Una mujer psicópata quien había asesinado a sus hijos se quejaba que a nadie le importaba el hecho que ella había perdido a sus dos niños.
    (Hare, 40-3)
  • Carencia de Empatía: Los psicópatas son incapaces de construir un “facsímil mental y emocional” de otra persona. Ellos ven a las otras personas como objetos para su auto-gratificación. Un violento psicópata puede, como lo pone Hare,
    • “torturar y mutilar a un ser humano con el mismo sentido de preocupación que nosotros sentimos cuando rellenamos un pavo.”
      (Hare, 44-5)
  • Engañadores y Manipuladores: Mentir es tan fácil como respirar para los psicópatas, y están orgullosos de esta habilidad, de poner a unos contra otros. No solo pueden mentir sin esfuerzo, ellos son completamente descarados cuando son pillados en una mentira. Ellos simplemente volverán a darle la vuelta a su historia con más mentiras, para el asombro de aquellos que saben mejor.
    Los psicópatas se ven a sí mismos como predadores, y a sus víctimas como su presa, y su capacidad de mentir les permite engañar, estafar y manipular sin la menor inhibición. (Hare, 46-9) Esto les permite fácilmente engañar a las tradicionales pruebas de ‘detector de mentiras’.
  • Emociones Superficiales: Mientras que los psicópatas a menudo usarán un lenguaje altamente expresivo y emocional, una observación más allá muestra que, de hecho, no entienden lo que implican realmente estas emociones. Ellos conocen las palabras, pero no tienen comprensión del contenido emocional detrás de las mismas. Hasta los violentos estallidos de “rabia” son exhibiciones cuidadosamente controladas. El psicópata no tiene emociones que controlar; toda exhibición de emoción es un acto.

    Un psicópata reveló,
    • “Hay emociones – un completo espectro de ellas – que conozco solamente a través de palabras, a través de lecturas y de mi inmadura imaginación. Puedo imaginarme sentir esas emociones (conocer, entonces, lo que son), pero no es así.”
      (Hare, 52-3)
  • Impulsivos: En la búsqueda de auto-gratificación, los psicópatas toman decisiones impulsivas con mínima previsión o planeamiento. A menudo viven el día a día sin serios pensamientos para el futuro. (Hare, 58-9) No obstante, son también capaces de elaborar planeamientos.
  • Controles muy pobres de Conducta: Los psicópatas tienen una respuesta de disparo rápido a insultos percibidos, o a la más leve provocación. Ellos responden a la frustración, al fallo, a la disciplina y la crítica con violencia, amenazas y abuso verbal. Sin embargo, estas exhibiciones carecen de excitación emocional que sienten las personas normales en tales situaciones; ellos están en control total de “enojarse”. En otras palabras, su agresión es ‘instrumental’.
    (Hare, 59-60)
  • Necesidad de Excitarse:
    • “Los psicópatas tienen una necesidad constante y excesiva de excitarse – ellos desean vivir en la línea rápida o ‘al limite’, donde está la acción... Algunos psicópatas usan una amplia variedad de drogas como parte de su búsqueda general de algo nuevo y excitante.”
    • Un psicópata, cuando le preguntaron si alguna vez sintió los efectos físicos de ciertas emociones, respondió: “¡Por supuesto! No soy un robot. Realmente me llena tener sexo o involucrarme en una pelea.”
    De otra manera, los psicópatas se aburren fácilmente. Ellos no pueden tolerar actividades monótonas o repetitivas, o nada que requiera períodos extendidos de concentración.
    (Hare, 54, 61-2)
  • Carencia de Responsabilidad:
    • “Obligaciones y compromisos no significan nada para los psicópatas.… Ellos no hacen un honor formal o implican compromisos con las personas, organizaciones o principios.”
    Mientras que afirman amar a sus hijos los ven como una inconveniencia. Un psicópata mostró más enojo cuando su coche fue confiscado que cuando las autoridades le quitaron a sus hijos por negligencia.
    (Hare, 62-3)
  • Problemas Conductuales Tempranos: Por la edad de 10 o 12 años, la mayor parte de psicópatas exhiben serios problemas de conducta. Por ejemplo: mentir, engañar, robar, prender fuego, faltan a la escuela, interrumpen la clase, abuso de sustancias, vandalismo, violencia, tiranizan, se escapan, sexualidad precoz, crueldad con los animales. Un psicópata sonrió cuando recordaba acerca de amarrar a cachorros a un carril para usar sus cabezas para practicar el bate de béisbol.
  • (Hare, 66-67)
  • Conducta Antisocial Adulta:
    • “Los psicópatas consideran las reglas y expectativas de la sociedad como inconvenientes e irrazonables, como impedimentos a la expresión conductual de sus inclinaciones y deseos.”
    Se estima que un 20% de la población penitenciaria estadounidense (y el 25% de delincuentes jóvenes masculinos) son psicópatas, estos psicópatas son responsables de más del 50% de los crímenes.
    (Hare, 67, 87)
SOBRE LA MALDAD: BATALLANDO CONCEPCIONES ERRÓNEAS

Nuestra moderna cultura occidental carece de un marco adecuado para entender las causas y procesos de lo que comúnmente nos referimos al mal en nuestra historia. El Tercer Reich, la Revolución Bolchevique, Stalinismo… Nuestro cuerpo literario, las ciencias sociales y nuestro sentido común de moralidad solamente rascan la superficie de una verdadera comprensión de la naturaleza del mal.
Así, las personas que, de hecho, son los iniciadores de la mayor actividad ponerogénica pasan desapercibidos. Nuestra carencia de entendimiento inevitablemente conducirá a los problemas que la mayor parte de la humanidad busca prevenir.

En la literatura y las películas, el mal es romantizado; retratado como misterioso, pero con todo hermoso; oscuro y en conflicto. Siempre hay un corazón de oro debajo del exterior de sangre fría. El psicópata de Hollywood, raramente descrito con exactitud, evoca nuestro disgusto y nuestra simpatía; héroes de Guerra matan a sus enemigos despiadadamente, viviendo, no obstante, vidas llenas le amor como esposos y padres. Si el villano no tuvo una infancia difícil, o no muestra ningún signo de una lucha de conciencia, es visto como “de dos dimensiones” y “poco realista”.

Los principales científicos sociales y psicológicos promueven una visión similarmente estrecha del mal, tratando solo con sus aspectos sociales y morales. En otras palabras, ellos estudian los efectos, no sus causas.

Uno de esos investigadores discute que,
“la mayor parte del mal es más bien el producto de gente ordinaria pillada en circunstancias inusuales, que no están equipados para hacerle frente de modos normales, que han trabajado en el pasado para escaparlas, evitarlas o desafiarlas, mientras están siendo reclutados, seducidos, iniciados al mal por autoridades persuasivas o presión obligatoria.”
Según este investigador, la línea de distinción entre un torturador sádico en Abu Ghraib, y un activista no-violento de paz es simplemente de una ocasión.

Estas visiones un poco ingenuas sobre el mal no están enteramente incorrectas. Las películas pueden describir con exactitud a un psicótico, o aun un asesino en serie psicopático; la visión común del mal puede aceptar que las fragilidades humanas y las ambiciones a menudo degeneran en locura sangrienta. Sin embargo, ambos puntos de vista demuestran una completa ignorancia del papel casual de la psicopatología (especialmente la psicopatía esencial) en la génesis del mal, o ponerogénesis.

Las películas ignoran un análisis del padre psicopático que crea al niño traumatizado; las ciencias sociales ignoran la influencia de la psicopatía en las mentes de humanos normales y el proceso específico que de surgimiento a ignorar la propia conciencia.

Más aun, la visión común del mal todavía justifica parcialmente las soluciones manchadas de sangre de políticos anteriores, presentes y futuros. De tal manera está justificada la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, las bombas en Dresden, hasta la ocupación actual de Irak y Palestina. Y sin un entendimiento del papel de la psicopatía, cualquier intento de evaluar objetivamente tales síntomas de maldad macrosocial, sin importar cuán exactos.

De tal manera, una verdad parcial puede ser usada como justificación y como un punto de reunión para más destrucción.

PSICOPATÍA - LA CAUSA DEL MAL

Los desórdenes psicológicos hereditarios o adquiridos y la ignorancia de su existencia, así como la naturaleza son las causas primarias de la maldad. El mágico número del 6% parece representar el número de humanos portadores de genes responsables para la maldad biológica, o quienes adquieren tales desórdenes en el curso de su vida.

Este pequeño porcentaje es el responsable de la gran mayoría de miseria y crímenes humanos, y de infectar a otros con su agrietada visión del mundo.

El alcance del mal no respeta ningún límite de raza, doctrina o ideología. Todas las razas portan los genes, y todas las escuelas de pensamiento son susceptibles a su influencia. Estos factores patológicos que influencian la conducta forman una compleja red. Solamente dentro de esta red puede ser entendido el “mal ambiental”, donde cualquier circunstancia puede influenciar a una persona normal a cometer actos dañinos.

De 5,000 pacientes psicóticos, neuróticos y sanos, Lobaczewski identificó a 384 (un 7.7%) que causaron serio daño (físico y/o emocional) a otros. Algunos de estos han sido penalizados por sus acciones, y algunos han sido protegidos por el gobierno comunista de ese tiempo. Al contrario de la interpretación común moralista de malas acciones (“el mal consiste en tomar opciones malvadas”), y también contrario a los sistemas legales, los cuales ven a los psicópatas como cuerdos y así responsables de sus acciones. La gran mayoría (85%) de estos 384 individuos mostraron factores psicopatológicos influenciando su conducta.

Es probable que, sin la presencia de estos factores, las acciones dañinas no hubieran sucedido. Estos factores psicológicos limitan la habilidad del sujeto para controlar sus acciones. En este sentido, una interpretación moralista para la conducta psicopática es fundamentalmente errada.

Mientras que un sentido moral (del cual carecen los psicópatas) puede ser visto como necesario para ser considerado moralmente responsable, por no decir que los psicópatas deberán tener rienda suelta para destruir vidas. Individuos psicopáticos pueden tener un número de efectos sobre las personas normales: pueden fascinar, traumatizar, causar desarrollo patológico de personalidad, o inspirar emociones de venganza (un resultado de ver el mal como una simple “opción”).


Un ejemplo de esta variedad puede verse en la hueste de grupos, amigos por carta, partidarios y admiradores enamorados que conduce hacia peligrosos asesinos en serie como Richard Ramirez y Ted Bundy.

Un admirador de Ramirez dijo,
“Cuando yo lo veo, veo a un tipo realmente guapo que simplemente ensució su vida porque jamás tuvo a nadie quien lo guiara.”
Estos efectos y la confusión que engendran puede, entonces, conducir a y reafirmar nuestra ignorancia colectiva de tales individuos. Raramente hacemos responsable al individuo que influencia a otro a cometer el mal, sino que en vez de esto, solamente castigamos moralmente al agente de un acto. La verdadera causa de las acciones “malvadas” quedan sin castigo, tanto como se castigan a individuos en el ejército por los crímenes de sus superiores.

De hecho, la verdadera fuente del “mal” puede estar separada de una acción específica durante grandes extensiones en el tiempo (es decir, en la literatura y la tradición), y a grandes distancias (medios masivos de comunicación).
“El valor práctico de nuestra visión natural del mundo generalmente termina donde comienza la psicopatía.”
(Lobaczewski, 145)

sábado, 5 de septiembre de 2009

La industria del Holocausto (II)

Viene de aquí.

Capítulo 1: Capitalizando el Holocausto

Hace algunos años, en una controversia memorable Gore Vidal acusó a Norman Podhoretz – editor en aquel momento de Commentary, la publicación del Comité Judío Norteamericano – de ser poco americano.[7] La prueba era que Podhoretz le daba menos importancia a la Guerra de Secesión – “el gran evento unitario que le continúa dando resonancia a nuestra República” – que a los problemas judíos. Sucedía que, en aquel entonces, era la “Guerra Contra los Judíos” y no “La Guerra Entre los Estados” lo que figuraba de un modo más central en la vida cultural norteamericana. La mayoría de los profesores universitarios pueden confirmar que hay más alumnos capaces de ubicar al holocausto nazi en el siglo correcto y citar el número de muertos, que alumnos capaces de responder con igual exactitud respecto de la Guerra de Secesión. De hecho, el holocausto nazi es casi la única referencia histórica que resuena hoy en las aulas universitarias. Las encuestas revelan que hay más alumnos que pueden identificar al Holocausto, que alumnos capaces de identificar Pearl Harbour o el bombardeo atómico del Japón.

Sin embargo, hasta hace bastante poco, el holocausto nazi apenas si figuraba en la vida norteamericana. Entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y fines de los 1960, sólo un puñado de libros y películas tocó el tema. Había sólo un curso universitario en los EE.UU. dedicado al asunto.[8] Cuando Hannah Arendt publicó Eichmann in Jerusalem en 1963, tuvo a su disposición solamente dos estudios académicos en inglés sobre los cuales basarse: The Final Solution de Gerald Reitlinger y The Destruction of the European Jews de Raul Hilberg.[9] La obra principal de Hilberg, por su parte, apenas si había visto la luz. Su mentor de la Universidad de Columbia, el teórico social judeo-alemán Franz Neumann lo quiso disuadir enérgicamente de escribir sobre el tema (“es tu funeral”), y no hubo universidad ni editor conocido que quisiera tocar el manuscrito. Cuando terminó siendo publicado, The Destruction of the European Jews recibió sólo unas pocas, mayoritariamente críticas, reseñas.[10]

No sólo los norteamericanos sino hasta los judíos norteamericanos, incluyendo a los intelectuales judíos, le prestaron poca atención al holocausto nazi. En un fiable análisis de 1957, el sociólogo Nathan Glazer informó que la Solución Final nazi (al igual que Israel) “tenían notoriamente poca influencia en la vida interior de la judería norteamericana”.

En 1961, en un simposio organizado por Commentary sobre “Judeidad y los intelectuales más jóvenes”, sólo dos de treinta y un participantes subrayaron su impacto. De modo similar, el tema fue casi completamente ignorado por una mesa redonda convocada por el diario Judaism de 21 judíos norteamericanos religiosos sobre el tema “Mi afirmación judía”.[11] No había ni monumentos ni recordatorios que hiciesen referencia al holocausto nazi en los Estados Unidos. Por el contrario, las principales organizaciones judías se oponían a una monumentalización de esa clase. La pregunta es ¿por qué?

La explicación estándar es que los judíos estaban traumatizados por el holocausto nazi y, por lo tanto, reprimieron el recuerdo del mismo. De hecho, no hay pruebas que apoyen esta conclusión. Sin duda, algunos sobrevivientes – ya sea entonces o en años posteriores – no querían hablar de lo que sucedió. Sin embargo, muchos otros sí deseaban hablar – y mucho – y no cesaban de hablar de ello cada vez que se daba la ocasión.[12] El problema era que los norteamericanos no querían escuchar.

La verdadera razón para el silencio público sobre el exterminio nazi fueron las políticas conformistas de la clase dirigente judía norteamericana y el clima político de los Estados Unidos de postguerra. Tanto en cuestiones domésticas como internacionales, las élites judías norteamericanas[13] acompañaban muy de cerca la política oficial de los EE.UU. Al hacerlo, facilitaban de hecho los tradicionales objetivos de asimilación y acceso al poder. Con el comienzo de la guerra fría, las principales organizaciones judías saltaron a la lucha. Las élites judías norteamericanas “olvidaron” el holocausto nazi porque Alemania – Alemania Occidental para 1949 – se convirtió en un aliado norteamericano de postguerra crucial para el enfrentamiento entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. El desenterrar el pasado no servía a ningún propósito útil; de hecho, sólo complicaba las cosas.

Con reticencias menores (pronto descartadas) las principales organizaciones judías norteamericanas rápidamente se alinearon con los EE.UU. en el apoyo a una Alemania rearmada y apenas des-nazificada. El Comité Judío Norteamericano (AJC = American Jewish Committee), fue el primero en predicar las virtudes del alineamiento, temeroso de que “cualquier oposición organizada por parte de los judíos norteamericanos a la nueva política exterior, o al rumbo estratégico, pudiese aislarlos a los ojos de la mayoría no-judía y poner en peligro sus logros de postguerra en el ámbito local”. El pro-sionista Congreso Mundial Judío (WJC = World Jewish Congress) y su filial norteamericana dejaron de oponerse después de firmar un acuerdo de indemnizaciones con Alemania a principios de los años 1950, mientras que la Liga Anti-Difamación (ADL = Anti-Defamation League) fue la primer organización judía importante en enviar una delegación oficial a Alemania en 1954. En conjunto, estas organizaciones colaboraron con el gobierno de Bonn para contener la “ola antialemana” del sentimiento popular judío.[14]

Hubo aún otra razón adicional para que la Solución Final fuese un tema tabú para las élites judías norteamericanas. Los judíos izquierdistas, quienes se oponían al resultado de la Guerra Fría que fue el alineamiento con Alemania en contra de la Unión Soviética, no cesaban de insistir con el tema. El recuerdo del holocausto nazi terminó etiquetado de causa comunista. Atrapados por el estereotipo que identificaba a los judíos con la izquierda – de hecho, los judíos representaron un tercio de los votos obtenidos por el candidato presidencial progresista Henry Wallace en 1948 – las élites judías norteamericanas no vacilaron en sacrificar a congéneres judíos sobre el altar del anticomunismo. Ofreciendo sus archivos de supuestos judíos subversivos a las agencias del gobierno, el AJC y la ADL colaboraron activamente en la caza de brujas de la era McCarthy. El AJC apoyó la pena de muerte para el matrimonio Rosenberg mientras su publicación mensual, Commentary, editorializaba diciendo que los Rosenberg no eran realmente judíos.

Temiendo una asociación con la izquierda, tanto dentro como fuera de los EE.UU., las principales organizaciones judías se opusieron a una cooperación con los socialdemócratas antinazis alemanes, así como al boicot de la industria alemana y a las manifestaciones públicas contra ex-nazis de viaje por los EE.UU. Por otro lado, prominentes disidentes alemanes como el pastor Martin Niemöller, que había pasado ocho años en campos de concentración y que se oponía a la cruzada anticomunista, sufrieron la humillación de los líderes judíos norteamericanos cuando visitaron los EE.UU. Ansiosos de agrandar sus credenciales anticomunistas, las élites judías hasta apoyaron financieramente y se inscribieron en organizaciones de extrema derecha como el All-American Conference to Combat Communism y miraron para otro lado cuando veteranos nazis de las SS entraron en el país.[15]

La judería norteamericana organizada, constantemente ansiosa de congraciarse con las élites gobernantes norteamericanas y disociarse de la izquierda judía, sólo invocó el holocausto nazi en un contexto especial: para denunciar a la URSS. Un memorandum del AJC citado por Novick notaba con entusiasmo: “La política (antijudía) soviética abre oportunidades que no deben ser pasadas por alto para reforzar ciertos aspectos del programa local del AJC”. En forma típica, esto implicaba asociar la Solución Final nazi con el antisemitismo ruso. “Stalin tendrá éxito allí dónde Hitler fracasó” – predijo lúgubremente el Commentary – “Terminará eliminando a los judíos de Europa Central y del Este . . . El paralelo con la política de exterminio nazi es casi perfecto”. Las principales organizaciones judías norteamericanas hasta denunciaron la invasión soviética de Hungría en 1956 como “solamente la primera estación en el camino hacia un Auschwitz ruso”.[16]

Continua aquí..

NOTAS


[7] )- Gore Vidal, "The Empire Lovers Strike Back" en Nation (22 de Marzo 1986).

[8] )- Rochelle G. Saidel, Never Too Late to Remember (New York 1996),32

[9] )- Hannah Arendt, Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil, edición revisada y ampliada (Nueva York 1965), 282. La situación en Alemania no fue muy distinta. Por ejemplo, la biografía justamente famosa de Hitler por Joachim Fest, publicada en Alemania en 1973, dedica tan sólo cuatro de sus 750 páginas al exterminio de los judíos y un simple párrafo a Auschwitz y otros campos de la muerte. Joachim Fest, Hitler (Nueva York, 1975), 679-82.

[10] )- Raul Hilberg, The Politics of Memory (Chicago, 1996) 66, 105-37. Aparte de lo académico, la calidad de las escasas películas sobre el holocausto nazi fue, sin embargo, bastante impresionante. De modo sorprendente, Judgment at Nuremberg (1961) de Stanley Kramer se refiere explícitamente a la sentencia del Juez Oliver Wendell Holmes de la Corte Suprema de Justicia sancionando la esterilización de los “mentalmente incapaces”, como precursor de los programas eugenésicos nazis; el elogio de Winston Churchill a Hitler en una fecha tan tardía como 1938; los codiciosos industrialistas norteamericanos que ayudaron a Hitler a armarse; y la oportunista absolución de los industriales alemanes después de la guerra por parte del tribunal militar norteamericano.

[11] )- Nathan Glazer, American Judaism (Chicago: 1957), 114. Stephen J. Whitfield, "The Holocaust and the American Jewish Intellectual," en Judaism (Otoño 1979)

[12] )- Para un comentario sensible sobre estos dos tipos de sobreviviente, véase Primo Levi, The Reawakening, with a new afterword (New York: 1986),207

[13] )- En este texto “élites judías” se refiere a individuos destacados en la vida organizativa y cultural de la comunidad judía mayoritaria.

[14] )- Shlomo Shafir, Ambiguous Relations: The American Jewish Community and Germany Since 1945 (Detroit 1999), 88, 98, 100 - 1, 111, 113, 114, 177, 192, 215, 231, 251

[15] )- Ibid., 98,106,123-37,205,215-16,249. Robert Warshaw, "The 'Idealism' of Julius and Ethel Rosenberg," en Commentary (Noviembre 1953). ¿Fue pura coincidencia que, simultáneamente, las principales organizaciones judías crucificaran a Hannah Arendt por señalar la colaboración de las henchidas élites judías durante la era nazi? Recordando el pérfido papel de la fuerza policial del Jewish Council , Yitzhak Zuckerman, un líder del Ghetto de Varsovia, observó: “No hubo ningún policía “decente”, porque las personas decentes se quitaron el uniforme y se convirtieron en simples judíos” (A Surplus of Memory [Oxford 1993], 244).

[16])- Novick, The Holocaust, 98-100. Aparte de la Guerra Fría, hubo otros factores que desempeñaron un papel complementario en la minimización del Holocausto por parte de la judería norteamericana – por ejemplo el miedo al antisemitismo y la actitud optimista del asimilacionismo norteamericano durante los años 1950. Novick explora estas cuestiones en los capítulos 4-7 de The Holocaust.

lunes, 31 de agosto de 2009

La amenaza fascista o el arte de resucitar un cadáver

Viene de aquí.

Todo lo descrito hasta aquí permitirá hacerse una idea de las características de una estructura de dominio cuyo poderío intrínseco, con ser inmenso, se ve apuntalado por la labor sistemática de intoxicación ideológica y manipulación de la realidad llevada a cabo por su maquinaria propagandística, la voz de su amo: los grandes medios de comunicación.

Pero, a pesar de todo, el edificio presenta grietas que se hace necesario taponar. Y es que los eslóganes humanistas, la verborrea filantrópica y los cánticos demagógicos a las bondades del capitalismo progresista no son sino la espúrea retórica que enmascara una realidad social completamente antagónica, una realidad regida por patrones de comportamiento que discurren por cauces diametralmente opuestos a todos esos artificios. Y cuanto más ausentes están de la realidad esos pretendidos "valores" sobre los que se asienta el edificio, más intensa y agobiante es la propaganda que los exhibe y apela a ellos.

Por supuesto, el Poder conoce perfectamente esa realidad, y hace todo lo posible por enmascararla, tratando así de atemperar el vacío inherente al modelo existencial alumbrado por el materialismo moderno. Pero esos anestesiantes, con ser potentes y estar dotados de una considerable capacidad de alienación, no pueden tener más que la eficacia limitada de todo lo artificial. A la postre, e indefectiblemente, los estímulos consumistas, los estereotipos humanistas, la escatología sexual, la mitomanía deportiva, el culto a los ídolos de barro, los paraísos psicodélicos y demás artificios al uso, acaban revelándose como lo que son, simples coberturas a una situación de decrepitud y vacío. Pese a todos los intentos, una y otra vez acaba aflorando la verdadera naturaleza del modelo existencial pergeñado por la sociedad materialista, una y otra vez vuelve a hacer acto de presencia el vacío, la naúsea, la nada.

Este estado de cosas se refleja en todos los ámbitos, y muy particualrmente en el terreno político-ideológico, donde el Sistema necesita cabezas de turco sobre las que proyectar sus propios estragos, identificándolas por añadidura como los grandes enemigos que amenazan el dulce itinerario de la humanidad hacia el edén nihilista del "progreso" material. Poco importa que esos pretendidos adversarios no constituyan sino el detritus generado por la degradación inherente al proceso en curso, que no sean en realidad más que síntomas flagrantes de la patología de una sociedad enferma, o que no representen, como así es, el memor peligro para el Poder, que antes al contrario, se sirve de ellos como eficaces instrumentos de intoxicación. Todo ello no supone el menor inconveniente para la maquinaria propagandística del Sistema, acostumbrada a magnificar el tamaño de oponentes ridículos y, cuando es necesario, a crearlos de la nada.

La instrumentalización que hace el Sistema de tales elementos responde a mecanismos muy simples, aunque de acreditada eficacia. Así, cada vuelta de tuerca en el afianzamiento del totalitarismo plutocrático-oligárquico, que es el único que opera hoy de forma efectiva y omnipresente, va acompañada del correspondiente despliegue de cortinas de humo y de la oportuna campaña de alarma e intoxicación acerca de los fantasmagóricos peligros que amenazan al "modelo democrático".

Como es fácil advertir, son varios los candidatos al título de "gran adversario", aunque serán las necesidades coyunturales de cada momento las que sitúen a uno u otro en el primer lugar. En el pelotón de cabeza de los enemigos predilectos, el fundamentalismo islámico aparece como la gran amenaza exterior, mientras que en el ámbito interno, es el fascismo el globo sonda por excelencia. Sea como fuere, lo que se muestra como un axioma es que la dialéctica del Sistema precisa de adversarios que le permitan enmascarar quién monopoliza el dominio absoluto y dónde reside la única amenaza real.

Como se apuntara en el párrafo anterior, uno de esos grandes adversarios está representado por una muchedumbre de parias y desheredados abocados al extremismo religioso por la explotación económica y la colonización política y cultural del Occidente "progresista", aliado en esa labor con las pútridas oligarquías de los países tercermundistas. Pero el tema del fundamentalismo islámico, además de no ser el objeto central de este apartado, exige por su complejidad de un tratamiento exhaustivo imposible de abordar en unas cuantas páginas, máxime si se tiene en cuenta que ese trabajo, para ser completo, debería ir acompañado del correspondiente análisis de otros fundamentalismos desencadenantes, como es el que en nombre del progresismo viene laminando desde hace décadas todo aquello que le sale al paso. Por el momento, pues, y en espera de una mejor ocasión, bastará con adelantar aquí un par de apuntes sobre este asunto.

Lo primero que conviene significar es que la cristalización política del integrismo islámico, que hasta ese momento no pasaba de ser un fenómeno prácticamente reducido al ámbito iraní, se gestó durante la Conferencia de Guadalupe celebrada en enero de 1979. Fue allí donde los trilateralistas Jimmy Carter, Helmuth Schmidt y Valery Giscard D'Estaing acordaron impulsar un cambio de régimen en Irán, contemplándolo como un factor estratégico de primera utilidad en el marco de las pugnas hegemónicas que por entonces mantenían los dos bloques en sus zonas limítrofes de influencia. Acto seguido comenzaron las presiones dirigidas a lograr la "expulsión" de Jomeini de la localidad iraquí de Nedjef (donde el ayatollah había permanecido exiliado desde 1964 hasta 1978) y su traslado a París. Mientras residió en Nedjef, las posibilidades de comunicación del líder religioso con sus seguidores iraníes fueron mínimas, entre otras razones porque el régimen de Sadam Hussein no tenía el menor interés en la implantación en la vecina Persia de un gobierno comandado por el clero chiíta. En esa época, el único conducto por el que llegaban las consignas de Jomeini a oídos de la población iraní, eran las emisiones realizadas desde Londres por la BBC, extraña compañera de viaje del ayatollah. Pero una vez instalado en la capital francesa, la capacidad de maniobra de Jomeini se multiplicó por mil. Luego empezaría el baile de los manejos turbios, en cuyo catálogo aparecen los expertos en el arte de fabricar tensiones de siempre, con la Comisión Trilateral y el Consejo de Relaciones Exteriores subvencionando económicamente a la Hermandad Musulmana de los Chiítas por conductos diversos, y con el Sha abandonado a su suerte por sus patrones y valedores de un día antes. Y así hasta el desencadenamiento del conflicto irano-iraquí, que en palabras del ex-ministro persa de Asuntos Exteriores, Bani Sadr, fue planificado en los laboratorios organizadores de "los juegos de guerra" y llevado al terreno por Giscard D'Estaing y el embajador estadounidense en Arabia Saudita.

Otro episodio que respondió a motivaciones similares fue la ayuda masiva y el aprovisionamiento militar facilitado por la Administración americana a las milicias islamistas durante la guerra de Afganistán, que acabaría convirtiéndose en un gigantesco campo de adiestramiento para numerosos grupos integristas procedentes de varios países musulmanes. Allí se curtieron, entre otros, los fundadores argelinos del GIA, cuya necia brutalidad ha proporcionado una coartada inmejorable al terrorismo estatal, y cuyos métodos han sido desautorizados reiteradamente por el Frente Islámico de Salvación, lo que no impide que la intoxicación occidental siga identificándolos a ambos, del mismo modo que identifica en un batiburrillo infame islamismo, arabismo, integrismo y terrorismo.

El otro apunte que conviene añadir hace referencia precisamente a la situación sobrevenida en Argelia a raíz del triunfo electoral islamista y del golpe militar que lo abortó, con el beneplácito unánime de los gobiernos "democráticos" del área occidental. Un golpe de Estado que daría paso al sangriento proceso que desde entonces vive aquel país, y sobre el que los medios occidentales informan con su habitual imparcialidad, denunciando las docenas de muertos ocasionados por los atentados del GIA, y silenciando los bombardeos con napaln de poblados enteros y los miles de asesinatos perpetrados por el ejército (500 víctimas semanales como promedio). Y en ese país basta con ser joven y vivir en un barrio mísero para merecer la consideración de "terrorista" y convertirse en blanco del régimen criminal que gobierna allí.

De poco ha servido que la Liga Argelina para la Defensa de los Derechos Humanos, nada sospechosa de simpatizar con el integrismo, haya calificado la represión militar de "genocidio a puerta cerrada". Eso no impide a los "humanistas" occidentales justificar el exterminio, cuando no aplaudirlo abiertamente. Y es que los parias argelinos han tenido la mala ocurrencia de no envolver sus reivindicaciones en la bandera del progresismo, bandera que, por el contrario, sí enarbolan sus verdugos, los carniceros del régimen militar.

Resta aún el asesinato del antiguo líder del FLN Mohamed Budiaf, un hombre íntegro exiliado durante décadas por sus discrepancias con el régimen corrupto que ha asolado Argelia, y al que llamaron sus compatriotas para encabezar la salida del cepo mortífero que atenaza a esa nación, razón por la cual sería eliminado por elementos del ejército. Pues bien, durante el juicio de uno de sus verdugos, un ex-miembro de la escolta presidencial, éste efectuó unas declaraciones más que significativas para cualquiera que sepa leer:
"Existe una mafia, una estructura de poder, que está por encima de políticos, militares y opositores al régimen, y que nos sobrepasa a todos".

Dicho esto, no queda sino abordar el asunto fundamental de este capítulo, ese fantasma que a toda costa se pretende resucitar, y que no es otro que el fascismo. Dado que el tema del fascismo ya ha sido analizado repetidamente en varios trabajos precedentes, centrando la atención en cada uno de ellos en alguna faceta específica de las varias que configuraron aquel fenómeno, no parece oportuno repetir aquí dichos análisis. Queda, no obstante, un aspecto de la cuestión escasamente tratado hasta ahora y sobre el que será preciso detenerse, que es la instrumentalización que de un tiempo a esta parte viene haciéndose desde el Poder de ese espectro del pasado.

Convendría, no obstante, reiterar que, en lo esencial, el fascismo no constituyó sino una simple modalidad de la corriente o matriz ideológica central instaurada por las revoluciones burguesas. De hecho, todos los componentes básicos de la ideología fascista se habían manifestado ya bastante antes de que cristalizara aquel movimiento político, desde el culto al Leviatán estatal, hasta la profesión de fe materialista y antropocéntrica, pasando por la concepción totalitaria del Poder sustentado sobre la sumisión absoluta de una masa gregaria.

En efecto, los fundamentos ideológicos del fascismo no brotaron repentinamente, sino que hunden sus raíces en una serie de concepciones "filosóficas" incorporadas a la sociedad moderna por las revoluciones capitalistas.

En lo referente al concepto de superioridad racial, bastaría con recordar la filosofía y la praxis de las oligarquías rectoras del Imperio Británico para constatar que, tal concepto, estuvo profundamente arraigado en la mentalidad burguesa prácticamente desde el mismo instante en que ésta se convirtiera en la ideología dominante. Y los procedimientos con que el sentido de superioridad racial anglosajón se llevó a la práctica fueron, cuando hizo falta, drásticos y contundentes. Lo que ocurre es que esa "raza superior" siempre ha dispuesto de la desvergüenza suficiente y de los medios propagandísticos necesarios para presentar sus exterminios genocidas como hazañas épicas (el caso de los aborígenes amerindios de Norteamérica no es más que una muestra). Por lo demás, esas ínfulas de "pueblo elegido" y de "civilización superior" características del espúreo mesianismo anglosajón, han sido en todo momento el sustento ideológico del imperialismo y la depredación anglo-yanqui. Justamente las mismas ínfulas que se encuentran invariablemente en el meollo doctrinal de todos los cenáculos mundialistas descritos a lo largo de este ensayo. Cuando Cecil Rhodes escribiera:

"sostengo que somos la primera raza del mundo y que cuanta mayor porción del planeta esté habitada por nosostros tanto más se beneficiará la humanidad",

no estaba sino expresando con meridiana claridad una parte de esa filosofía racial. Pero aún queda un segundo aspecto de esta cuestión, más sórdido si cabe que el ya expuesto, y en el que la burguesía angloparlante también sería pionera, como veremos seguidamente.

El darwinismo social fue una corriente ideológica que, si bien no llegó a cristalizar como programa político de forma explícita, mantuvo en todo momento un acusado arraigo entre los círculos dirigentes de la burguesía decimonónica anglosajona, aunque sus efectos también se dejaron sentir en la Europa continental. Dicha corriente no sólo sentaba la superioridad biológica de unas razas sobre otras, sino también (y aquí viene ese segundo matiz aludido en el párrafo anterior) la de determinados individuos sobre los restantes dentro del propio cuerpo social de la "civilización superior". Por otra parte, tales tesis fueron sostenidas indistintamente por elementos dirigentes tanto de la derecha como de la izquierda burguesa. Como un simple avance de lo que nos encontraremos más adelante, pueden citarse las palabras pronunciadas por Jules Ferry, líder de la izquierda republicana francesa, en el Parlamento galo (julio 1885):

"Señores, hay que hablar más alto y proclamar la verdad. Hay que decir abiertamente que las razas superiores tienen un derecho ante las razas inferiores; y hay un derecho para las razas superiores porque hay un deber para ellas, que es el de civilizar a las razas inferiores".

Las tesis del darwinismo social, entre cuyos más conspicuos doctrinarios sobresalieron los ingleses Herbert Spencer y Walter Bagehot y el norteamericano W.Graham Summer, fueron ampliamente esgrimidas como soporte del capitalismo liberal basado en el "laissez faire", así como para justificar la estratificación social en razón de las desigualdades biológicas existentes entre los individuos. De acuerdo con dichas tesis, la riqueza y la posición social no eran sino el resultado de la adaptación al medio (capitalista) de los mejor dotados, por lo que la competitividad debería mantenerse sin restricción alguna como medio para garantizar la selección natural.

Llegados a este punto, no estará de más hacer un pequeño inciso para preguntarse por qué razón los abanderados de tan ingeniosos planteamientos no propugnaron también, como hubiera sido lo lógico, la abolición de los derechos sucesorios, para que así, partiendo de cero, los herederos de las grandes fortunas pudieran demostrar su superioridad biológica en igualdad de condiciones con los más "inadaptados".

En el plano internacional el darwinismo social fue esgrimido como argumento o soporte ideológico del imperialismo y del colonialismo, dos conceptos fundamentados sobre la idea de la superioridad biológica y cultural de anglosajones y arios. Conviene insistir una vez más en que todos estos planteamientos, tan brillantemente llevados a la práctica por el imperialismo anglo-norteamericano, formaban parte del catecismo ideológico burgués con muchas décadas de adelanto a la aparición del fascismo alemán, al que después se le adjudicaría su invención.

Sin embargo, el asunto no acaba aquí. Si en un principio los doctrinarios del darwinismo social estimaron que las leyes de la competitividad capitalista bastarían para garantizar la debida selección biológica y para cribar a los individuos más débiles, no tardaron en surgir una serie de adelantados que consideraron oportuno ayudar activamente a que esa criba se acelerara. Fue así como comenzaron a tomar cuerpo las tesis eugenésicas en pro de la esterilización de individuos considerados como un peligro para la salud de la raza, tesis que se trasladaron a la práctica en la patria pionera de la filantropía moderna y de los derechos humanos, la República Norteamericana.

En efecto, fue en la colonia virginiana de Linchburg donde se puso en marcha por primera vez un concienzudo programa de esterilización, la mayor parte de cuyas víctimas no fueron precisamente deficientes mentales, como rezaba el proyecto oficial , que de esa forma pretendía adoptar una imagen más favorable, sino desarraigados sociales, indigentes, vagabundos y huérfanos, todos ellos de raza blanca. Sólo en la colonia de Lynchburg fueron esterilizados entre 1924 y 1932 alrededor de ocho mil personas, en su mayoría adolescentes sin taras de ningún tipo, pero pobres y sin domicilio fijo.

El término eugenesia había sido acuñado en 1883 por el científico británico sir Francis Galton, primo de Charles Darwin y acérrimo doctrinario del darwinismo social. El soporte de sus tesis fueron las leyes de la herencia, según las cuales los progenitores cretinos o deformes producían sucesores de idénticas características. Se hacía preciso por ello, concluyó el tal Galton, que desde el Estado fueran adoptadas las medidas oportunas para impedir el declive de la raza británica. Por otro lado, no será ocioso significar que la esterilización eugenésica fue defendida desde principios de siglo por las más destacadas figuras del socialismo fabiano (H.G.Wells, George Bernard Shaw), así como por varios líderes del conservadurismo británico, Winston Churchill entre ellos.

En los Estados Unidos dichas tesis gozaron pronto de una favorable acogida , tanto por parte de la población (Hollywood se volcó en su apología), como de las autoridades políticas y judiciales. Aunque su puesta en práctica comenzó ya en la primera década del siglo XX, el espaldarazo definitivo no llegaría hasta 1926, con la aprobación en la Corte Suprema estadounidense de una ley de esterilización. El borrador de dicha ley había sido elaborado por un equipo de prestigiosos biólogos, e incluía a ciegos, sordos, deformes, alcohólicos, tuberculosos, sifilíticos, leprosos, criminales, idiotas, pobres y personas sin domicilio fijo. En cuanto al objetivo perseguido, el proyecto legal lo enunciaba sin ambages: "preservar la pureza de la raza blanca". La decisión de la Corte Suprema fue adoptada a raíz del caso Carrie Buck, una adolescente pobre y madre de una niña engendrada tras una violación, y a la que se consideró "imbécil moral" por tener un hijo sin estar casada, siendo condenada por ello a la esterilización. Igualmente digno de mención es el papel decisivo jugado en favor de la constitucionalidad de las prácticas eugenésicas por el juez Holmes, un miembro del Tribunal Supremo conocido por su férvida militancia ideológica en la izquierda liberal norteamericana.

A raíz de aquella disposición legal se abrió la veda, y 27 Estados de la Unión emprendieron una carrera de esterilizaciones masivas practicadas en un principio sobre residentes en establecimientos mentales, y aplicadas inmediatamente después a pobres y marginados sociales.
Las leyes y tesis eugenésicas estadounidenses sirvieron luego de base a la normativa racial del Tercer Reich, cuyas autoridades rindieron homenaje público al doctor Harry Laughlin, cerebro del programa eugenésico norteamericano, reconociéndole como a su gran inspirador. Por otro lado, durante la década de los treinta fueron numerosas las voces que, desde las más altas instancias científicas, académicas y políticas estadounidenses, elogiaron las medidas eugenésicas adoptadas por el régimen hitleriano, llegando incluso a lamentar el hecho de que aquél hubiera tomado la delantera en tan encomiable labor de profilaxis social.

Significar por último que después de la 2ª Guerra Mundial las prácticas eugenésicas continuaron a buen ritmo en los Estados Unidos, donde todavía hoy gozan del estatuto de constitucionalidad.
Pero el curso inexorable de los hechos sigue avanzando, como lo hacen las tácticas de intoxicación empleadas por las oligarquías occidentales, que ayer militaban en el darwinismo social (su auténtica ideología) y hoy nos abruman con sus falaces campañas filantrópicas y antirracistas, aunque maldito lo que le importa a esa ralea y a sus secuaces la suerte de los "inadaptados" del Tercer Mundo, a los que llevan dos siglos "civilizando" y expoliando en comandita con los caciques locales de cada país. Todo lo cual no impide a los psicópatas "filántropos" del Nuevo Orden Mundial sembrar la alarma y mostrar su preocupación por el recrudecimiento de las actitudes racistas, que atribuyen, claro está, al espantajo fascista que a toda costa pretenden revitalizar.


El procedimiento utilizado por la intoxicación es simple. El primer paso consiste en identificar la xenobobia con el racismo ideológico, lo que constituye un acto de puro terrorismo intelectual. La xenofobia, esto es, la reacción espontánea de desconfianza, recelo e incluso rechazo hacia los individuos de cultura, costumbres o raza diferente, es algo inherente a la condición humana, un hecho que se ha dado en todos los tiempos y latitudes de manera universal. Otra cosa muy diferente es el racismo, del que sólo puede hablarse en propiedad cuando esas actitudes se convierten en el eje central de un programa político-ideológico y en la base de un sistema de poder. Un fenómeno, este último, que también se ha producido en numerosas ocasiones ( y se sigue produciendo) sin que ello guardara el menor parentesco con el fascismo político, y mucho antes de que éste hubiera nacido. Sería imposible recoger aquí todos los casos de opresión racial y todos los exterminios de carácter tribal que se han registrado a lo largo de la historia.

Para envenenar y tergiversar todavía más la realidad, el mecanismo intoxicativo se refuerza asimilando la xenofobia a un cúmulo de fricciones y de comportamientos diversos cuyas causas son las más de las veces de origen socio-económico. A título de ejemplo, las tensiones que se producen en Estados Unidos entre negros e hispanoparlantes, dos comunidades económicamente deprimidas en aquel país, tienen bastante menos de fobia racial que de lucha por la supervivencia, y no difieren mucho de las que se manifiestan en los países de la Europa occidental entre los estratos más bajos de su población y los inmigrantes tercermundistas, aunque las razones del rechazo esgrimidas por los primeros carezcan en no pocos casos de fundamento real. Por lo demás, no será preciso extenderse aquí acerca de la relación existente entre la emigración de los parias del Tercer Mundo y la miseria reinante en sus países de origen, y entre esta última circunstancia y la rapiña expoliadora de esas oligarquías occidentales que luego instrumentalizan en su beneficio las tensiones ocasionadas por su explotación infame, atribuyéndoselas al "fascismo" (las dos terceras partes del armamento vendido cada año por la todopoderosa industria bélica va a parar a los países del Tercer Mundo; por no hablar de la humanitaria labor "civilizadora" que desarrollan las grandes multinacionales en dichos países).

Después de establecida la identificación entre las actitudes real o pretendidamente xenófobas y el racismo político-ideológico, el segundo paso consiste en asimilar todos los fenómenos con algún contenido racial (habidos y por haber) a un modelo único, a un prototipo de aplicación universal: el fascismo. De ahí que los serbios de Bosnia, marxistas hasta antes de ayer, sean tachados de fascistas, y de ahí que el terrorismo etarra sea calificado como "fascismo", aunque todo su entorno político y social se haya cansado de proclamar y demostrar su militancia izquierdista; hasta tal extremo llega la manipulación. Son fascistas aunque ellos mismos lo ignoren, como le ocurriera al gañán que hablaba en prosa sin saberlo. Por supuesto, los actos de vandalismo juvenil, cada día más frecuentes en la decrépita y vacua sociedad occidental, también son fascismo.

Una vez realizada esa espúrea concatenación de artificios ideológicos, todo lo demás resulta sencillo. Dado que las conductas xenófobas siempre se producirán, máxime en una situación de conflictividad social que las propicia; puesto que nunca faltará el transtornado de turno que canalice su frustración agrediendo a un inmigrante, máxime en una sociedad enferma que rinde culto a la violencia; y como resulta que los medios de comunicación desplegarán toda su capacidad intoxicadora cada vez que alguno de esos hechos se produzca, pues ya tenemos al espectro del fascismo convertido en amenaza omnipresente y en camuflaje permanente del Sistema. Hasta que se decida articular otro enemigo mejor, claro está.

Para que el globo siga creciendo ya no se precisa siquiera del oportuno acto vandálico. Bastará con que aparezca una pintada racista en cualquier tapia para que los medios informativos y las organizaciones antirracistas nos anuncien la inminente invasión de Europa por la Wehrmacht.

Pero, ¿qué es lo que indican las cifras reales sobre tan alarmante fenómeno? Para saberlo, nada mejor que acudir a un escenario idóneo, en el que residen más de cuatro millones de inmigrantes, la República Francesa, florón en la actualidad de la ultraderecha europea y del amarillismo antirracista. Según un informe elaborado por la Comisión Nacional Consultiva de los Derechos del Hombre, un organismo integrado por las más demagógicas y beligerantes asociaciones antirracistas de aquel país, a lo largo de 1994 se produjeron en Francia 53 actos delictivos de carácter racista. Si se considera que el número total de delitos cometidos en territorio galo durante ese mismo año superó la cifra de cuatro millones, y que en ese territorio habitan cincuenta y siete millones de personas, lo verdaderamente sorprendente es que sólo 53 cretinos hayan tenido la ocurrencia de desahogar sus amarguras por esa vía.

Pero todavía existe en este asunto una realidad siniestra y subterránea que permanece solapada por la demagogia oficial, ya que las actitudes xenófobas hacia los inmigrantes obedecen bastante menos al color de su piel que a su situación de pobreza e inferioridad. ¿O es que los ídolos y los encumbrados de otras razas son rechazados por la población occidental?

La intoxicación y la falsificación de la realidad son, pues, los procedimientos utilizados como norma para alimentar el espectro del fascismo, que no es más que una cortina de humo tras la que nada se encuentra que no sea la manipulación habitual de quienes constituyen la única amenaza y el único peligro real existente en la actualidad.

A la luz de los hechos, quiénes componen esa caricatura terrorífico-grotesca fabricada por la intoxicación oficial, sino un rebaño de parias desplazados de la sociedad del bienestar y unos cuantos grupúsculos de marginales que canalizan su frustración por la vía del pataleo violento. Y qué es el neofascismo posmoderno, sino uno más de los muchos detritus generados por la sociedad del nihilismo materialista y del culto a la decadencia, una sociedad que, saturados ya los canales de desagüe de sus desechos, los recicla convirtiéndolos en fantasmagóricos adversarios.

Cierto es que, aunque escasos, tampoco faltan los especialistas solventes que ofrecen una visión del asunto más cercana a la realidad que a las servidumbres del pesebre. Tal es el caso de Stanley Payne, uno de los más acreditados expertos en esta materia, a la que ha dedicado varios trabajos, y entre cuyos juicios sobre el particular figuran afirmaciones tan elementales como éstas:

"El fascismo fue definitivamente derrotado en la 2ª Guerra Mundial, y el neofascismo actual no representa el menor peligro para los regímenes políticos de Occidente".

"El neofascismo ha estado entre nosotros desde el final de la 2ª Guerra Mundial, pero los verdaderos neofascistas sólo son hoy sectas minoritarias".

"Existen grupúsculos neofascistas en todas partes, aunque su influencia en la vida política de los países es nula, como lo prueba el hecho de que, cuando un partido neofascista quiere obtener votos, tiene que moderar su mensaje y acaba siendo una organización simplemente derechista y conservadora".

Pero más contundentes y categóricos aún que los análisis de expertos como Payne, son los informes elaborados sobre el terreno (y conforme al más frío pragmatismo) por los propios servicios policiales occidentales. En España, el Ministerio del Interior, a través de un dossier hecho público en septiembre de 1995, definía el fenómeno Skin-Head como

"grupos marginales cuyo reducido alcance real suele ser agrandado por la amplia difusión mediática de sus acciones".

Entre otros juicios relativos a este asunto, dicho informe hacía notar también

"el riesgo de que la violencia urbana se adjudique solamente a los Skin, y pueda servir de cobertura para que otros grupos actúen impunemente"

(cosa que, dicho sea de paso, hace ya tiempo que viene ocurriendo). El repaso se completaba con una referencia a la edad de los activistas Skins, que se sitúa entre los 14 y los 22 años. Por su parte, el Gobierno Civil de Barcelona, ciudad donde se registra la mayor incidencia de estos grupos, describía el asunto como

"una serie de fenómenos superpuestos, en los que se mezclan diversas tribus urbanas poco organizadas y con culto a la estética totalitaria, una delincuencia común que actúa amparándose en la vestimenta Skin, y las típicas broncas juveniles de discoteca".

Bien es verdad que, ante la insignificancia real del fenómeno en no importa qué país occidental, siempre queda el recurso de acudir al estereotipo alemán, señalado habitualmente como la muestra más elocuente del "renacimiento nazi". Lo malo es que, también en este caso, la realidad de los hechos guarda muy poca semejanza con el panorama que presenta la intoxicación mediática. Y ya no sólo se trata de los raquíticos resultados electorales cosechados en aquel país por los partidos neofascistas, cuyo discurso se atempera y deviene en mero conservadurismo tan pronto como atisban la menor posibilidad de colocación política. Si dirigimos la mirada hacia los grupúsculos más reducidos, marginales y extremistas, lo más relevante de cuanto se relaciona con ellos es la frenética actividad desplegada por los cuerpos policiales, no ya para neutralizar sus exabruptos vandálicos, sino para secuestrar sus panfletos propagandísticos, algo de tan escasa entidad que sería muy fácil de refutar con argumentos de peso si no fuera porque el régimen de "la libertad de expresión" y del "pluralismo democrático" ha optado por hacerlo mediante la ley de la mordaza, lo que ofrece una buena muestra de la confianza que éste tiene en sus dogmas ideológicos.

Como una prueba más de la sólida entidad de tales grupúsculos, en febrero de 1995 era ilegalizado el FAP (Partido Liberal de los Trabajadores Alemanes), organizador hasta ese momento de la marcha anual en memoria del antiguo dirigente nazi Rudolf Hess, y poco después era otro grupo afín, la denominada Lista Nacional, quien corría la misma suerte. La ilegalización del FAP, que hace el número diez de las decretadas desde 1989 por el Gobierno germano contra organizaciones neonazis, fue llevada a cabo, al igual que las nueve anteriores, por vía administrativa, después de que el Tribunal Constitucional de aquel país la desestimara tras dictaminar que:

"La falta de una estructura organizativa sólida, el bajo número de militantes y el nulo eco conseguido entre el electorado, descalifican al FAP como organización política".

Esta es la envergadura real del temible peligro que amenaza al beatífico orden establecido, si bien aquí no se agota el asunto, ya que aún podrían decirse algunas palabras sobre las fuerzas que operan en la trastienda de esos grupúsculos, orquestando y patrocinando las actividades de la inmensa mayoría, por no decir de todos ellos. En lo concerniente al caso alemán, existe ya información abundante, contrastada y concluyente que sitúa a los Servicios Secretos de la antigua Alemania del Este detrás de las organizaciones neofascistas de Alemania Occidental, todas las cuales estuvieron promovidas, infiltradas y manipuladas por la Inteligencia de la RDA hasta el mismo instante de la desaparición de ésta. Por lo que se refiere al llamado terrorismo negro neofascista, que operó en Italia desde mediados de los años setenta, también abundan los testimonios autorizados (ex-agentes de la CIA) que vinculan a la Agencia norteamericana y a la logia Propaganda-Dos con aquél. Y es que reclutar a una recua de energúmenos sin cerebro y utilizarlos como títeres para que den vida al espectro del fascismo es algo que no reviste la menor dificultad.

Mucho podría escribirse todavía sobre cualquiera de los temas tratados a lo largo de estas páginas, aunque no parece oportuno después de haberse dicho ya bastante más de lo necesario para comprender la situación. El mero hecho de tener que demostrar lo evidente, cuando la verdadera amenaza y el auténtico adversario no cesan de mostrarse incluso con descaro, es ya una señal elocuente del punto al que han llegado las cosas, y del que aún les queda por alcanzar.