Solzhenitsyn

“Los dirigentes bolcheviques que tomaron Rusia no eran rusos, ellos odiaban a los rusos y a los cristianos. Impulsados por el odio étnico torturaron y mataron a millones de rusos, sin pizca de remordimiento… El bolchevismo ha comprometido la mayor masacre humana de todos los tiempos. El hecho de que la mayor parte del mundo ignore o sea indiferente a este enorme crimen es prueba de que el dominio del mundo está en manos de sus autores“. Solzhenitsyn

Izquierda-Derecha

El espectro político Izquierda-Derecha es nuestra creación. En realidad, refleja cuidadosamente nuestra minuciosa polarización artificial de la sociedad, dividida en cuestiones menores que impiden que se perciba nuestro poder - (La Tecnocracia oculta del Poder)

jueves, 20 de agosto de 2009

EL CLAN ROCKEFELLER

Viene de aquí.

El forjador de la saga, John Davison Rockefeller, nació en 1839 en Richford (New York), en el seno de una familia descendiente de inmigrantes judío-alemanes llegados a Estados Unidos en 1733.
Durante sus modestos inicios como contable de la firma Hewit and Tuttle, el joven John Davison emprendió la redacción de una especie de diario económico al que tituló "Libro Mayor A". Aquel curioso registro, que todavía se conserva actualmente, y las anotaciones contenidas en su libro autobiográfico "Random Reminiscences", ofrecen un esbozo magistral de su personalidad, en la que se combinaban, a partes iguales y en una suerte de simbiosis perfecta, la austera cicatería del buhonero y la ambición ilimitada del empresario predador. Y como se comprenderá, un hombre adornado de tales cualidades, y de otras que iremos viendo, estaba irremisiblemente abocado al éxito económico.
En 1858 abandonó su primer empleo para asociarse con un negociante inglés llamado Maurice Clark, con quien fundó la compañía Clark and Rockefeller. A la habilidad para los negocios del joven Rockefeller vino a sumarse muy pronto un acontecimiento crucial: la guerra de Secesión. Tal suceso multiplicó los pedidos y el volumen comercial de la firma, aunque ése no fue más que el primer capítulo de su dilatada carrera empresarial. El segundo y más importante comenzaría el 10 de enero de 1870, cuando, después de una experiencia de varios años en el sector petrolífero, fundara ya en solitario la Standard Oil.
A partir de ese momento se inició una ascensión imparable que acabaría desembocando en el dominio prácticamente absoluto del trust Rockefeller en la industria del petróleo. Por el camino quedaron sus competidores y un largo rosario de artimañas, extorsiones, sobornos e irregularidades de toda índole. Nada, por otra parte, que no fuera la propia lógica del capitalismo llevada a sus naturales consecuencias. Desde entonces, la jaculatoria preferida del fundador de la dinastía sería "Dios bendiga a la Standard Oil", y la divisa de su imperio económico, perpetuada en el tiempo por sus descendientes, dice así: "Por el bien de la Humanidad".
Entre las prácticas habituales de la Standard Oil figuraban los sobornos a los empleados de otras compañías, las coacciones a los clientes de sus competidores, amenazándoles para que cancelasen sus pedidos, y la compra de parlamentarios, mediante la cual paralizó en numerosas ocasiones diversas proyectos legales tendentes a poner coto a sus desmanes. A todo esto se añadiría la extraordinaria complejidad jurídica de su estructura, lo que, unido a la absoluta laxitud e inoperancia de las leyes federales antimonopolísticas, garantizaba a la Standard una amplia impunidad. Tanto es así que, desde su creación en 1870, la Standard pasó de una producción inicial equivalente al 4% del mercado petrolífero americano, al control en 1876 del 95% de dicho mercado. En el corto espacio de seis años la compañía de Rockefeller había laminado o absorbido prácticamente a todos sus competidores.
Las innumerables tropelías perpetradas por la Standard se fueron acumulando con los años en forma de otras tantas demandas legales interpuestas por sus víctimas, a las que se añadieron las de diversos Estados de la Unión. Huelga decir que sin ningún resultado satisfactorio para los querellantes. Pero en 1907 un juez encontró a la Compañía culpable de 1.642 casos de extorsión, condenándola por ello al pago de indemnizaciones por valor de 29.240.000 dólares. Cuando John Davison Rockefeller tuvo noticia del fallo, comentó sin inmutarse: "El juez Landis estará muerto mucho antes de que hayamos saldado esa deuda". El magnate americano, que conocía muy bien el terreno que pisaba, no se equivocó. Aquella resolución condenatoria sería anulada en recurso años después.
Con el transcurso del tiempo, el nivel de organización y eficacia del Trust se iría ampliando de acuerdo con las exigencias del capitalismo en expansión. Una de las innovaciones más provechosas para la firma fue adoptada por el primogénito del fundador, John Davison Rockefeller junior, quien, a raíz de su matrimonio con Abby Greene Aldrich, había entroncado con una de las más rancias familias de la oligarquía pilgrim. En 1923, Junior incorporó al trust familiar una nueva categoría de colaboradores: los asociados, una especie de consultores con rango oficial que en poco tiempo conformaron una amplia red de influencia cuyas ramificaciones abarcaban todos los sectores de la sociedad norteamericana. Además de velar por los intereses de la casa Rockefeller, uno de los más importantes cometidos de sus asociados consistía en contactar con personas bien situadas y relacionadas e incorporarlas a la firma, extendiendo así el peso y la influencia de ésta.
Sin embargo, las bazas más importantes en lo tocante a la consolidación y la expansión del Trust fueron, sin ninguna duda, su implantación en el ámbito bancario, y sus inversiones filantrópicas.
En 1911, John D. Rockefeller adquirió un grueso paquete de participaciones de la Equitable Trust Company, convirtiéndose así en su accionista mayoritario. Nueve años después esa entidad financiera manejaba ya un volumen de depósitos superior a los 250 millones de dólares y se había situado en el octavo lugar del escalafón bancario estadounidense. El siguiente paso tuvo lugar en 1930, cuando John Davison Junior ultimó la fusión de la Equitable Trust Company con el Chase National Bank, que pasó a convertirse de ese modo en el mayor banco del país. No habían transcurrido aún tres años desde la fusión cuando el clan Rockefeller lograba situar a uno de sus miembros (Winthrop Aldrich) en la presidencia del Consejo de Administración de la entidad. El proceso de consolidación financiera culminaría finalmente en 1955, con la fusión del Chase Natinal Bank y el Bank of the Manhattan Company, ligado al grupo Warburg, fusión de la que resultó el Chase Manhattan Bank, presidido desde 1969 por David Rockefeller, nieto del fundador de la dinastía y cabeza de la misma en la actualidad.
No será difícil advertir que la conformación de esos mastodónticos conglomerados económicos, que no ha hecho sino acentuarse con el transcurso del tiempo, contradice frontalmente las cacareadas reglamentaciones antitrust, así como el no menos vociferado sofisma del libre mercado, conceptos que no son en la práctica más que entelequias propagandísticas, como los hechos demuestran hasta la saciedad.
Por lo que se refiere a la evolución del trust Rockefeller, pueden mencionarse dos simulacros jurídicos de impedimento a sus prácticas monopolísticas, que se saldaron, como no podía ser de otra forma, con sendos fiascos. Considerando cuál es la dinámica propia y connatural del sistema capitalista, esperar otra cosa habría sido absurdo.
El primero de tales intentos tuvo lugar en 1887, a raíz de una resolución adoptada por el Congreso (Inter State Commerce Act) en contra de los consorcios comerciales interestatales y de las rebajas discriminatorias practicadas por las compañías ferroviarias en favor de los grandes trusts. La Standard Oil, que vulneraba dichas disposiciones, fue emplazada ante los Tribunales y condenada en juicio a su disolución. Pero la sentencia no fue ejecutada.
Poco después, en 1889, el Estado de Ohio demandaba de nuevo a la Standard, apoyándose en una ley que prohibía toda asociación económica cuya red comercial se extendiese por varios Estados de la Unión. El fallo de los Tribunales volvió a ser condenatorio, conminando a los responsables de la Compañía a disolverla. Como respuesta, John D. Rockefeller, que en esa ocasión simuló acatar formalmente la resolución judicial, estableció con los administradores y fideicomisarios de sus empresas un "gentlemen agreement", es decir, un acuerdo tácito entre "hombres de honor" por medio del cual se mantuvo de facto la vinculación orgánica de todas las compañías del Trust. Todo siguió, por tanto, igual que antes.
Veinte años más tarde, tras un largo paréntesis de calma, se desencadenaba la segunda y última tentativa. Por aquellas fechas, el juzgado federal móvil de Missouri emprendía un proceso contra el trust Rockefeller bajo la acusación de complot contra el libre mercado, iniciándose así un dilatado proceso a lo largo del cual fueron acumulándose las resoluciones condenatorias y los consiguientes recursos. Finalmente la causa llegó a la Corte Suprema, que en marzo de 1911 decretó la desmembración de la Standard en 39 compañías diferentes, cada una de las cuales debería operar independientemente y en competencia con las demás. Aquello no fue más que un nuevo espejismo, ya que las participaciones de la Standard siguieron, lógicamente, en manos de los mismos accionistas, de tal modo que el único cambio que se produjo consistió en que el Trust dejó de operar con un solo nombre para hacerlo bajo varios distintos. Fue así como nacieron La Standard Oil of New Jersey, la Standard Oil of Ohio, la Standard Oil Company of New York (SOCONY), la Vacuum Oil, la Humble Company, etc.
Por su parte, John D. Rockefeller, que seguía siendo el accionista mayoritario, eludió cualquier sospecha de intentar reconstruir el consorcio creando una serie de fundaciones filantrópicas a las que transfirió buena parte de sus acciones. A título de muestra, sólo una de ellas, la Rockefeller Fundation, recibió cuatro millones de acciones de la Standard de New Jersey y dos millones de títulos de la Standard de Indiana. Un tema del que convendrá ocuparse a continuación, no sin antes consignar que el único resultado efectivo de aquella "desmembración" fue la espectacular subida experimentada por las acciones de la Standard en la bolsa neoyorquina, al punto que, en el breve plazo de cinco meses, el valor de las mismas aumentó en 200 millones de dólares, una cifra nada despreciable para la época. Poco después de aquel evento era elegido nuevo presidente de los Estados Unidos William Taft, quien manifestaría públicamente sus escasas simpatías por la legislación antitrust, calificándola de insensata e inoperante.
Por lo que se refiere a las Fundaciones filantrópicas, el primero que supo vislumbrar sus polifacéticas utilidades fue Andrew Carnegie, quien, por otra parte, era un decidido entusiasta del darwinismo social ; una contradicción que, a la luz de la realidad que se enmascara tras esas instituciones, no es más que aparente. Pero serían los Rockefeller quienes mejor partido iban a sacar a este valioso instrumento, que en sus manos se reveló como un recurso de efectividad inigualable. Y es que tales entidades no sólo sirvieron para convertir la animosidad social hacia el clan de los primeros momentos en creciente simpatía, derivada de su nuevo papel "benefactor", sino también como un útil de primer orden para burlar la reglamentación antitrust.
Con todo, no se agotan ahí los múltiples usos de las Fundaciones, toda vez que éstas se han mostrado también como un vehículo inmejorable de penetración e influencia en todos los ámbitos de la sociedad.
Si nos ceñimos al terreno estrictamente económico, las prerrogativas que la legislación norteamericana concede a este tipo de instituciones hablan por sí mismas. Así, los fondos transferidos a una Fundación son deducibles en la declaración de la renta, y todos los bienes que le son entregados están exentos de derechos sucesorios. Por lo demás, las donaciones pueden ser efectuadas tanto por personas físicas como por cualquier tipo de sociedad, sea o no de carácter lucrativo. Asimismo, las fundaciones están exentas a perpetuidad del pago de impuestos, lo que no impide que puedan poseer, comprar o vender todo tipo de bienes inmuebles y de valores mobiliarios, así como conceder préstamos a sus donantes. Todo ello hace que los miembros de sus Consejos Directivos dispongan de una plataforma óptima para actuar en beneficio propio al amparo de los privilegios de que goza la Fundación.
En el ámbito político, las diversas Fundaciones del clan Rockefeller le rindieron igualmente un valioso servicio a éste. A través de ellas, y de otros eficaces instrumentos, como el Consejo de Relaciones Exteriores, el clan Rockefeller ha mantenido durante las últimas cinco décadas una considerable influencia en las altas esferas del poder político. De hecho, buena parte de los personajes que han determinado la política norteamericana a lo largo de ese período, estuvieron vinculados a las entidades del trust Rockefeller, cuando no procedían directamente de los órganos directivos de las mismas. La relación es tan numerosa que sólo podrán citarse algunos de los más significativos, entre los cuales figuran Douglas Dillon, James Forrestal, John McCloy, Robert Patterson, Allen y John Foster Dulles, Winthrop Aldrich y Dean Rusk, destacados protagonistas todos ellos de la escena pública estadounidense de postguerra.. La lista continúa con los hombres que constituyeron el relevo generacional de los primeros, como son Walt W. Rostow, Zbigniew Brzezinski y Henry Kissinger, salidos igualmente de los foros y organismos patrocinados por las Fundaciones Rockefeller.
No menos importante ha sido y es la presencia de las diversas Fundaciones Rockefeller en la vida social estadounidense, acerca de cuyo alcance tan solo podrán ofrecerse aquí algunas muestras, ya que la actividad de esa maquinaria fundacional se extiende por campos tan diversos como la demografía, la religión o la enseñanza académica, si bien su orientación ideológica es la misma en todos los casos.
Uno de los campos en el que la Fundación Rockefeller fue pionera es el del control de la natalidad, al punto que ya en 1934 comenzó a desarrollar su labor en ese terreno uno de los miembros del clan, John D. Rockefeller III, si bien los condicionantes mentales de la época no eran aún lo suficientemente propicios para tales planteamientos. Pero ese inicial inconveniente no habría de suponer un gran obstáculo. Todo era cuestión de tiempo y del adecuado despliegue propagandístico para que la mentalidad occidental fuera adaptándose a las necesidades del capitalismo moderno. A medida que el asunto se fue divulgando, el rechazo de los primeros momentos a las tesis anticonceptivas fue dando paso a una acogida más favorable, de tal modo que ya a finales de los cincuenta el control de la natalidad se había convertido en una de las prioridades de la política exterior norteamericana. Tanto es así que, en 1958, el Departamento de Estado adoptó como tesis oficial que el crecimiento demográfico constituía el mayor obstáculo para el desarrollo económico y social y para el mantenimiento de la estabilidad política en los países del Tercer Mundo. Una tesis que ha venido manteniéndose desde entonces, y mediante la cual se han soslayado sistemáticamente las razones de fondo de la postración tercermundista. No será ocioso significar que buena parte del presupuesto dedicado por la Administración norteamericana al control de la natalidad en las regiones subdesarrolladas ha corrido tradicionalmente a cargo de las Fundaciones Ford y Rockefeller, cuyo proverbial altruismo se manifiesta igualmente en el ámbito occidental a través de sus aportaciones millonarias a la causa proabortista.
También en el terreno académico las inversiones del trust Rockefeller han sido cuantiosas. Figura entre sus principales logros la Universidad Rockefeller, cuyo antecedente embrionario fue el Instituto de Investigación Médica. Otro importante centro cultural financiado por las Fundaciones Rockefeller ha sido el complejo de Morningside Heights, una especie de emporio académico del que forman parte la Universidad de Columbia, el Teachers College, el Barnard College, la International House, la Iglesia Riverside, el Seminario de la Unión Teológica y el Seminario Teológico Hebreo.
También el ámbito religioso, por llamarlo de alguna manera, ha suscitado la atención de la filantropía rockefelleriana. El primer impulsor de semejante labor fue John D. Rockefeller junior, que ya a principios de los años treinta comenzó a significarse como el principal promotor financiero del protestantismo liberal. Título al que se hizo acreedor mediante sus cuantiosos aportaciones y su entrega personal a la causa promovida por instituciones como el Movimiento Mundial Interiglesias, el Consejo Federal de Iglesias y el Instituto de Investigaciones Sociales y Religiosas, cuyos postulados ideológicos se basaban en una especie de ecumenismo pseudorreligioso y en un cambio de las instituciones eclesiásticas al objeto de que éstas se incorporasen a las tesis ideológicas propugnadas por el capitalismo expansivo y progresista. Todo ello, naturalmente, sobre la base de la preponderancia internacional estadounidense, un concepto que estaba presente en la raíz misma del entramado filantrópico creado por el fundador de la dinastía. De hecho, el reverendo Frederick Gates, que fue el brazo derecho de John D. Rockefeller senior, y el verdadero artífice de su imperio filantrópico, manifestó reiteradamente la doctrina que subyacía tras ese proyecto, que no era sino la consabida "misión civilizadora" de las razas de habla inglesa y el desarrollo económico del planeta bajo la tutela de los Estados Unidos.
Con el discurrir del tiempo la orientación de los programas "religiosos" financiados por las Fundaciones Rockefeller ha corrido en paralelo con la de las más avanzadas corrientes pseudoespirituales modernas, cuyo trasfondo se sitúa en la línea de los postulados comentados en el párrafo anterior. A ello obedecen las ayudas financieras de dichas Fundaciones a numerosas sectas (Hare Krisna entre ellas) divulgadoras de un orientalismo burdo y adulterado a la medida del vacuo esnobismo occidental. Como militante de alto grado de la francmasonería, el actual cabecilla de la dinastía, David Rockefeller, patrocina también varias sociedades pseudoiniciáticas que se dicen representantes de la tradición perdida, como es el caso de la denominada AMORC (Antiquae et Misticae Ordo Rosae Crucis).
Con todo, las diversas Fundaciones Rockefeller no son sino un instrumento más, ciertamente importante, aunque no exclusivo, de la intervención del clan en la vida pública. Intervención que se ha venido articulando a través de otros conductos, como son ciertos organismos privados de crucial influencia política entre los que figuran el Consejo de Relaciones Exteriores, la Comisión Trilateral y el Bilderberg Group, entidades, todas ellas, financiadas por los grandes oligopolios económicos, cuyos intereses representan.
Por lo demás, la intervención del trust Rockefeller en las esferas políticas no es un fenómeno reciente, pues, como ya se apuntara, sus primeras manifestaciones vienen de muy atrás. Ya en fechas tan tempranas como el período presidencial de McKinley (1897-1901), las maniobras políticas de la Standard Oil se hicieron patentes sin el menor disimulo. De hecho, el soborno a los miembros del Senado estadounidense llegó a convertirse en algo habitual. Sobran testimonios fehacientes al respecto, entre ellos varias cartas dirigidas por John Archbold, brazo derecho de John D. Rockefeller, a otros tantos senadores, señalándoles las medidas a adoptar, agradeciéndoles los servicios prestados y notificándoles el ingreso en su cuenta de la correspondiente gratificación. Por otro lado, el factotum y eminencia gris de la Administración McKinley, Mark Hanna, era un viejo amigo y estrecho colaborador del patrón de la Standard.
Al presidente McKinley le sucedió Theodore Roosevelt, quien, presionado por la indignación pública, se vio en la necesidad de abordar el tema de los turbios manejos de los grandes consorcios, aunque no tardaría en dejar bien clara su posición al respecto. Y al hacerlo, no sólo subrayó la absoluta inoperancia de la normativa antimonopolística, sino que calificó a los trusts de inevitables, añadiendo que "todo esfuerzo por desmantelarlos resultaría fútil, a menos que se hiciera de una manera que ocasionara un grave detrimento a todo el cuerpo político".
Téngase en cuenta, por otra parte, el hecho de que, desde hace largo tiempo, las campañas electorales de todos los candidatos políticos estadounidenses son costeadas con los fondos aportados por los magnates económicos de aquel país. Dada la magnitud de las cifras necesarias para afrontar dichas campañas, resulta claro que las posibilidades de cualquier candidato que no cuente con tales ayudas son totalmente nulas; y no hará falta decir que los dueños de la economía suelen saber muy bien en quién invierten.
Ya en la década de los cincuenta, fue uno de los candidatos a la Casa Blanca, Robert Taft, quien manifestó que "desde 1936, todos los candidatos republicanos a la presidencia de los Estados Unidos han sido nominados por el Chase Manhattan Bank". Aparentemente, el punto álgido de la intervención del clan en la vida pública iba a producirse durante los años en que Nelson Rockefeller se convirtió en uno de los principales protagonistas de la política norteamericana. Pero ese capítulo no debe considerarse sino como una anécdota circunstancial, ya que las oligarquías económicas han demostrado sobradamente su inclinación a ejercitar su dominio de forma indirecta y sin estridencias, sirviéndose para ello de sus correspondientes peones políticos. El caso de Nelson Rockefeller, pues, obedeció menos a los manejos hegemónicos de la plutocracia, mejor ejercitados por otros conductos, que al afán de notoriedad del personaje en cuestión.
La trayectoria de David Rockefeller, por el contrario, se sitúa en el extremo opuesto a la de su hermano Nelson, y responde bastante mejor a las coordenadas clásicas del poder plutocrático ejercido más allá y muy por encima de las contingencias políticas de cada momento. Un poder que, en el caso de David Rockefeller, ha venido basándose en una amplia red de influencias y relaciones sociales tejida a lo largo de decenios por las Fundaciones del Trust, así como en los puestos de primer rango detentados en organismos tales como la Round Table, el Consejo de Relaciones Exteriores, la Comisión Trilateral o el Bilderberg Group, sin contar la presidencia del Chase Manhattan Bank. Y no es en los estamentos políticos, sino en los organismos de ese tipo, donde reside el auténtico poder.
Todo lo reseñado hasta aquí no ha sido más que una sucinta muestra de la influencia ejercida en la vida pública estadounidense por el clan Rockefeller, escogido como paradigma de unas prácticas extensivas y comunes a todos los trusts financieros. Lo oportuno, por tanto, será completar este repaso dedicando algunas líneas a las influencias de la saga en el ámbito de la política exterior.
Si, como en el primer caso, nos remontamos a los principios de la dinastía, podremos comprobar que, ya en la época de su fundador, la Standard Oil contó para su expansión exterior con la estrecha colaboración de las instituciones políticas estadounidenses. El propio John D. Rockefeller anotaría en su libro autobiográfico "Random Reminiscences" que "una de las entidades que más nos ha ayudado ha sido el Departamento de Estado", aunque se le olvidara añadir que, para hacer más grata esa ayuda, muchos de los embajadores y cónsules norteamericanos figuraban en la nómina de la Standard, percibiendo a cambio de sus servicios las oportunas compensaciones económicas.
Uno los capítulos más lucrativos de las actividades comerciales de la Standard en el exterior se sitúa en el ámbito de los conflictos bélicos. En la década de los veinte, la Standard de Nueva Jersey formó un consorcio con la corporación petroquímica alemana I.G. Farben. Las relaciones comerciales entre ambas compañías continuaron después de la subida de Hitler al poder, e incluso se prolongaron durante los primeros años de la guerra. Y es que los buenos negocios no entienden de otras desavenencias que no sean las económicas. Una carta dirigida en 1939 por el vicepresidente de la Standard, Frank Howard, a sus socios de la Farben, se expresaba en términos tan elocuentes como éstos: "Hemos hecho todo lo posible por trazar proyectos y llegar a un modus vivendi, independientemente de que los Estados Unidos entren o no en guerra". Por otro lado, uno de los más destacados directivos de la Rockefeller Brothers Inc., Lewis Strauss, desempeñó también un papel relevante durante las postrimerías del conflicto. Este polifacético personaje, que a su condición de banquero asociado a la firma Kuhn&Loeb, añadía la de consejero gubernamental, fue el promotor de la Misión Técnica destacada por el gobierno norteamericano al término de la 2ª Guerra Mundial para la captación de científicos nazis; también en este caso el pragmatismo de Strauss se impuso a su origen étnico.
Posteriormente, tanto la guerra del Vietnam, como la árabe-israelí de 1973, dieron lugar a numerosas denuncias acusando a los trusts petroleros (la EXON y la SOCONY de Rockefeller entre ellos) de lucrarse con la primera y, más aún, de promover la segunda con el propósito de provocar el alza de los precios del crudo. En tal sentido se manifestaron el rotativo Washington Observer y, muy especialmente, una documentada obra publicada en 1974 por C.Baker bajo el título "The Great Rockefeller Energy Hoax".
En los países sudamericanos las actividades económicas del trust Rockefeller, y de las restantes macrocompañías norteamericanas, se beneficiarían de la política oficial diseñada por el Departamento de Estado para esa región, política basada en el principio de la prioridad de los intereses privados estadounidenses sobre cualquier consideración de carácter político.
Otro de los principios que han regido la política exterior de los Estado Unidos en el Tercer Mundo, y que sirvió de cobertura a la actuación de los grandes trusts, fue formulado precisamente por Nelson Rockefeller a comienzos de la década de los cincuenta, cuando señalara la importancia que tendrían en el futuro los recursos de los países tercermundistas, así como la necesidad de asegurarse su control. Tesis que, obviamente, serían adoptadas con puntualidad por el Departamento de Estado.
De todos los miembros de la dinastía, ha sido sin duda David Rockefeller quien con más empeño y mayor éxito ha cultivado su proyección internacional. Desde los inicios de los años sesenta hasta hoy, este financiero-estadista ha recorrido el planeta en su reactor particular para entrevistarse y negociar con jefes de Estado y primeros ministros de toda laya ideológica. En todos los lugares donde recaló fue (y es) recibido con respeto reverencial, y muy especialmente en los países de la antigua órbita soviética. Esta última circunstancia sería comentada por George Gilder, un íntimo de la familia, en los siguientes términos: "Cuando David va a Rusia es tratado a cuerpo de rey. Y resulta curioso que nadie sea capaz de reverenciar, halagar y exaltar a un Rockefeller tan bien como lo hacen los marxistas".




Continúa aquí.

viernes, 14 de agosto de 2009

El sistema financiero mundial y sus núcleos de poder

EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

por Martín Lozano

© Alba Longa Editorial, 1996

Viene de aquí.
La Orden de los Iluminados de Baviera fue fundada el 1 de marzo de 1776 por Adam Weishaupt, un profesor de Derecho Canónico de la Universidad alemana de Ingolstadt formado en el colegio de los jesuitas de su ciudad natal. Sus primeros adeptos fueron cuatro alumnos de su propia cátedra, que en un principio constituyó el epicentro de la labor proselitista del fundador. A partir de ese reducido núcleo se articuló la expansión de la Orden sobre la premisa básica de conseguir la adhesión de elementos situados en posiciones sociales y económicas relevantes. Consecuentemente, el reclutamiento de los nuevos acólitos no se efectuaba por candidatura, sino por cooptación, atendiendo a las propuestas de algún miembro de la secta e iniciando seguidamente una discreta maniobra de aproximación al candidato considerado idóneo.
Poco tiempo después de que fuese creada, tuvo lugar la incorporación a la Orden del primer adepto de alto rango social, un barón protestante de Hannover llamado Adolf von Knigge, cuyo temperamento ecléctico y ambicioso se dejaría sentir en las futuras actividades de la organización. A partir de entonces las incorporaciones de nuevos acólitos de destacada posición se sucederían ininterrumpidamente: el duque Luis Eduardo de Saxe-Gotha, el duque de Saxe-Weimar, el príncipe Ferdinand de Brunswick, el conde de Stolberg, el príncipe Karl de Hesse, el príncipe de Neuwied, el conde von Pappenheim, el barón de Dalberg, el escritor Wofgang Goethe (Abaris, en la nomenclatura de la secta) y un largo etcétera.
La estrategia diseñada por Spartacus (nombre sectario de Weishaupt) habría de convertirse con el tiempo en el modelo inspirador de todas las sociedades afines orientadas al advenimiento de un "nuevo orden", y básicamente se resumía en los puntos siguientes: reclutamiento en los círculos sociales oligárquicos; rígida jerarquización interna; mando restringido a un reducido grupo de iniciados; y agitación ideológica fundamentada en los señuelos humanistas, filantrópicos y democráticos plenamente consagrados en la actualidad. De los Illuminati y de la Francmasonería procede igualmente el esquema organizativo en círculos concéntricos, adoptado después por las sociedades carbonarias (Babeuf, Buonarrotti, Bakunin, Marx), y por las actuales agrupaciones financiero-tecnocráticas de ámbito mundial.
El hecho de que se disponga de un conocimiento prácticamente absoluto de los inicios de la Orden, cuyos documentos internos cayeron en manos de la policía bávara, permite seguir el rastro de sus actividades y constatar la permanencia en el tiempo de sus métodos operativos. Las directrices de Weishaupt no podían ser más elocuentes:
"es en la intimidad de las sociedades secretas donde ha de saberse preparar la opinión"; "cada adepto debe llevar un diario donde anotará todas las particularidades concernientes a las personas con las cuales esté en relación".
Por otra parte, y en tanto, que iniciado en la masonería regular, y conocedor, por ello, de los métodos de ésta, Weishaupt adoptó la máxima según la cual
"cada iluminado debía actuar como si el grado al que pertenecía fuera el último", para añadir a continuación que "la franqueza sólo es una virtud cuando se manifiesta con los superiores jerárquicos".

Por lo que se refiere a los objetivos de la Orden, las consignas impartidas por Weishaupt a sus grados superiores no dejan espacio a la duda:
"Cada uno de los hermanos debe poner en conocimiento de su jerarquía los empleos, servicios, beneficios y demás dignidades de las que podamos disponer o conseguir por nuestra influencia, a fin de que nuestros superiores tengan la ocasión de proponer para esos empleos a los dignos miembros de nuestra Orden"; "De lo que se trata es de infiltrar a los iniciados en la Administración del Estado, bajo la cobertura del secreto, al objeto de que llegue el día en que, aunque las apariencias sean las mismas, las cosas sean diferentes"; "En una palabra -apostillaba Weishaupt- es preciso establecer un régimen de dominación universal, una forma de gobierno que se extienda por todo el planeta. Es preciso conjuntar una legión de hombres infatigables en torno a las potencias de la tierra, para que extiendan por todas partes su labor siguiendo el plan de la Orden".

Como será fácil advertir, esos últimos pronunciamientos guardan un estrecho paralelismo con las manifestaciones efectuadas en nuestra época por varias figuras prominentes del Nuevo Orden Mundial. Sirvan como muestra las que se reproducen a continuación:
Edmond de Rothschild, en declaraciones a la revista Enterprise:
"La estructura que debe desaparecer es la nación"

James Paul Warburg, patrón del grupo financiero S.G.Warburg, miembro de la Round Table y del Council on Foreign Relations, en una alocución pronunciada ante una comisión del Senado estadounidense.
" La única interrogante de nuestro tiempo no es si el Gobierno Mundial será alcanzado o no, sino si será alcanzado pacíficamente o con violencia. Se quiera o no, tendremos un gobierno mundial. La única cuestión es saber si será por concesión o por imposición".
Guardando el debido orden jerárquico, y una vez que han hablado los patrones, es ahora el turno de sus subalternos.
Gianni de Michelis, ex-ministro italiano de Asuntos Exteriores y presidente del Instituto Aspen (un apéndice de la Comisión Trilateral), en declaraciones efectuadas al diario El País el 4 de abril de 1990:
"El poder ha de ser inevitablemente transferido de las naciones soberanas a instituciones supranacionales"
John Kennet Galbraith, socialista fabiano, profesor de la Universidad de Harvard (feudo académico del Council on Foreign Relations y de la Comisión Trilateral), en declaraciones publicadas el 9 de marzo de 1977 por el diario La Vanguardia:
"El socialismo moderno no dependerá de los teóricos o de los políticos, sino de los dirigentes de las empresas multinacionales".
El corpus ideológico iluminista, idéntico en lo esencial al de la francmasonería especulativa, hace del culto al racionalismo una de sus piedras angulares, lo que no es obstáculo para que, simultáneamente, recurra a un variopinto galimatías de conceptos extraídos arbitrariamente de la Biblia o del confucionismo, conceptos a los que se añaden otros tomados de filósofos como Epicteto, Séneca o Marco Aurelio. Se trata, pues, del característico ejercicio de sincretismo doctrinal, un hecho que aplicado al terreno metafísico e iniciático, al que habitualmente apelan las organizaciones pseudoiniciáticas modernas, es síntoma inequívoco de mascarada y de fraude.
Por lo que se refiere a las relaciones entre los Illuminati y la Francmasonería, y al margen de su notoria afinidad ideológica, cabe subrayar, en primer término, la pertenencia del propio Weishaupt a la masonería regular, en la cual había sido iniciado tiempo antes de que fundara la Orden iluminista. Más significativa aún a este respecto fue la Reunión o Convento de Wilhelmsbad, una especie de Conferencia de todos los grupos masónicos que tuvo lugar en 1782, y en la que participó la logia de la Estricta Observancia, a la cual pertenecían extraoficialmente los Iluminados de Baviera. En dicha reunión se acordó refundir los tres primeros grados de todas las obediencias masónicas, dejando los restantes al arbitrio de cada una de las logias. A raíz de aquel evento, y tras el intento fallido de Weishaupt de unificar bajo su autoridad todas las disciplinas masónicas, se produjo un fluido trasvase merced al cual numerosos francmasones fueron iniciados en la Orden iluminista, mientras que otros tantos acólitos de Weishaupt ingresaban en las filas de diversas logias masónicas, duplicando así, unos y otros, su filiación. A esa circunstancia obedecería la pervivencia en el tiempo de la corriente iluminista, aunque la Orden fuese declarada ilegal en 1784 por el Elector de Baviera, y pese a que su fundador fuera desterrado y, más tarde, una vez conocido el alcance de la trama iluminista, condenado a muerte.
Tras dicha condena, que en realidad no fue sino un gesto efectista del Elector bávaro, y contando con la aquiescencia de este último, Weishaupt se evadió a la corte del duque de Saxe, uno de sus adeptos, que le nombró su consejero y le confió la educación de su heredero. Los restantes dirigentes de la Orden se evaporaron temporalmente, prosiguiendo su actividad en las logias masónicas europeas y americanas, aunque su ostracismo duraría poco tiempo. En efecto, en 1786 vuelven a aparecer en una reunión que tuvo lugar en Frankfurt, casa matriz de los Rothschild, y en la que se gestaron los preparativos de la Revolución Francesa. Allí fue acordada la muerte de Luis XVI y la creación de la Guardia Nacional republicana, y desde allí se impartieron las correspondientes órdenes a las logias militares francesas para que, llegado el momento, no obstaculizaran el desarrollo del proceso revolucionario. No menos relevante fue la participación en dicho proceso de los acólitos iluministas, muchos de los cuales militaban simultáneamente en diversas logias de la masonería regular. Figuraron entre ellos el abate Siéyes, el marqués de Condorcet, Danton y Tayllerand, así como Mirabeau, Marat y Robespierre, afiliados a una sociedad iluminista conocida como el Comité Secreto de los Amigos Reunidos. Por otro lado, las labores de agitación y los disturbios sociales promovidos por los militantes iluministas en Francia contaron con el generoso patrocinio económico de financieros como Benjamín y Abraham Goldsmid, Moisés Mocatta, David Friedlander, Herz Cerfbeer y Moisés Mendelsshon.
En la línea de lo apuntado conviene significar que la filosofía y la simbología iluministas jugaron asimismo un papel sobresaliente en la gestación de la República Norteamericana, como muy pronto veremos.
Para cerrar este epígrafe bueno será dedicar algunas líneas a una de las herramientas ideológicas que más propició el óptimo desenvolvimiento de la francmasonería en su conjunto y del iluminismo en particular, dando paso con ello a la instauración del nuevo régimen. Se trata de la filantropía, un concepto que habría de consolidarse como una de las peculiaridades características del modelo burgués. Partiendo del los postulados del humanismo renacentista, dicho concepto fue desarrollándose a modo de sucedáneo de las creencias religiosas, sometidas a un progresivo descrédito como lógica consecuencias de su sórdida instrumentalización durante el Antiguo Régimen; un hecho, este último, en el que nunca reparan ciertos críticos del mundo moderno casualmente pertenecientes a los sectores de la burguesía que siguieron practicando esa espúrea instrumentalización. Devenida, pues, en una suerte de pseudorreligión antropocéntrica, la filantropía pasaría a convertirse en el instrumento predilecto de la nueva clase dominante para engalanar su mentalidad materialista y como contrapunto de la vacuidad metafísica y espiritual que le es característica.
Desde entonces la causa filantrópico-humanista serviría para promover las convulsiones más sangrientas, para justificar los mayores despotismos y para adulterar los más elementales principios, amén de convertirse en la mejor cobertura del dominio oligárquico. Ese fue el mecanismo ideológico de la dictadura jacobina, y en cuyo nombre se perpetraron las matanzas de la Vendée y se instauró el Gran Terror. El mismo que utilizaría después el totalitarismo marxista y el mismo que esgrimen en el presente los psicópatas "filántropos" del Nuevo Orden Mundial.


Continúa aquí.

martes, 11 de agosto de 2009

La Verdadera Historia del Club Bilderberger (III): Llamamiento a la acción

Viene de aquí.
Según lo expuesto en este libro, podría parecer a los que creen que hay algo de verdad en lo que digo que todo está perdido, que es cuestión de tiempo antes de que seamos esclavizados y enviados a un campo de concentración. Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad. El movimiento para libramos de las opresivas garras del Nuevo Orden Mundial es más fuerte cada día que pasa. No estoy solo. Si yo hubiera sido el único o sólo hubiéramos sido unos pocos, ellos, el Nuevo Orden Mundial, nos hubieran destruido hace tiempo. Ni tienen éxito ni lo tendrán nunca. Los proyectos de los globalizadores para conseguir el Poder y la Esclavitud Totales se enfrentan a una increíble resistencia.

En 1996 intentaron destruir Canadá y unir los Estados Unidos y lo que quedara de Canadá en un Súperestado Norteamericano .. Se lo impedimos.

La unánime consternación y las protestas públicas por todo el Estado canadiense obligaron a los globalizadores a modificar sus planes, a posponer la fecha de la destrucción hasta el año 2000. No podrá ser. Los canadienses están alerta. En el año 2005 Bilderberg esperaba la desmembración de Canadá para el año 2007. Fracasaron, una vez más. En Francia y en Holanda, los miembros sagrados de la Comunidad Europea, los ciudadanos rechazaron de forma abrumadora la Constitución Europea, un paso más hacia la creación del Gobierno Mundial. Inglaterra es un faro de esperanza para nosotros, los europeos libres. Porque, por mucho que los miembros de Bilderberg, los políticos británicos, los periódicos y los grandes capitales hayan empujado a Inglaterra hacia la Comunidad Europea, referéndum tras referéndum, encuesta tras encuesta, los ciudadanos dicen alto y claro que el país no quiere formar parte de la usurpadora amenaza global.

¡El reino del absurdo incluso ha llevado al primer ministro de Inglaterra, Tony Blair, a declarar públicamente que «es patriótico ceder la independencia»!En los Estados Unidos, las noticias para los miembros de Bilderberg son todavía peores. Una de las claves de la destrucción estadounidense es la iniciativa dirigida por Bilderberg de desarmar a los americanos, algo que atenta claramente contra la Constitución y la Declaración de Derechos de los Estados Unidos, que conceden a los ciudadanos de los Estados Unidos el derecho a llevar armas.

Sin resistencia armada, será muy fácil detener y matar a los que se opongan a los planes de Bilderberg de crear un Estado Global. Esto puede parecer un oxímoron. ¿Acaso el objetivo no era, me dirán, vivir en un mundo sin violencia?

No, cuando los miembros de Bilderberg pretenden esclavizar al mundo entero, como he demostrado a lo largo del libro, en multitud de ocasiones. Nuestra esperanza son las milicias de los Estados Unidos. Sí, así es.

¡Rockefeller dijo hace unos años que se está acabando el plazo para crear un Nuevo Orden Mundial! El sabe lo que dice...

Lo que quería decir es que cada vez resulta más difícil convencer al mundo para que entregue su libertad por medios pacíficos, porque cada día miles de personas se dan cuenta de la terrible amenaza que supone el Estado Global. Si los miembros de Bilderberg no pueden alcanzar su Gobierno Mundial por medios pacíficos, entonces, lucharán para obtenerlo por la fuerza. ¡Por eso las milicias de los Estados Unidos y las milicias canadienses son nuestros redentores!

Mientras estos hombres y mujeres valientes estén dispuestos a defender los derechos que les concedieron los Padres Fundadores, mientras estén dispuestos a morir por defender la libertad, estaremos a salvo. Según estimaciones a la baja, las milicias y sus seguidores cuentan con millones de personas, según un estudio secreto llevado a cabo por el Gobierno de los Estados Unidos que debida e inmediatamente se nos filtró a los patriotas que luchamos contra esta amenaza global. Los miembros de Bilderberg habían planeado la creación de un Estado Global para el año 2000. Ahora, en el año 2005, cada vez tienen más frentes abiertos y se enfrentan a una población que no está dispuesta a ceder su derecho fundamental a la libertad.

Canadá no ha sido subyugado, ni Inglaterra, ni Francia, ni Holanda. ¡Aunque el presidente de los Estados Unidos, la mayor parte de su gabinete y una gran parte del poder legislativo estén en manos de los miembros de Bilderberg, nunca lo han tenido tan difícil! Se está agotando el plazo para resolverlo por medios pacíficos. ¡Y los miembros de Bilderberg tienen pánico de una confrontación violenta porque hay millones de nosotros, armados y esperándoles al otro lado! Por eso quieren desarmar a las milicias. Están desesperados.

Se han puesto en contacto con agentes secretos, divisiones del ejército y agentes de policía para preguntarles si, en caso de conflicto armado (es decir, en caso de guerra civil), ellos, los oficiales que han jurado proteger a sus compatriotas, estarían dispuestos a luchar contra ellos. La mayoría no lo hará porque entre sus compatriotas que luchan por la libertad se encuentran sus propias familias y amigos y amigos de sus amigos y parientes de sus amigos.

Así pues, los miembros de Bilderberg han usado su arma secreta: un payaso convertido en director de cine llamado Michael Moore. Moore no defiende nuestra causa, es uno de ellos. Su película sobre la Asociación Nacional del Rifle, Bowling for Columbine, es una parodia de la justicia. Si fuera un héroe americano de verdad, Michael Moore defendería las milicias y la Asociación del Rifle. Las armas no matan. Los miembros de Bilderberg sí. Preste atención. Fíjese en el descontento generalizado. Las ciudades se pudren entre el crimen, la prostitución y las drogas. Las tasas de suicidio son más altas que nunca. La conducta degenerada se presenta como arte New Age. Pero los miembros de Bilderberg nunca lo han tenido tan difícil. ¡No estamos solos ni hay nada perdido!

Consulte en Internet, en cualquier buscador. Teclee ECHELON, PROMIS, BILDERBERG, MK-ULTRA, HAARP, NEW WORLD ORDER, ONE WORLD GOVERNMENT.

Hay decenas de millones de páginas dedicadas a estos temas, lo que significa que hay decenas de millones de personas en contra del Nuevo Orden Mundial. ¡Lunáticos!, se dirá. ¡Teorías de conspiración! La mayor parte- de las páginas ciertamente se limitan a copiar material ya publicado. Pero, vamos a contarlos como números, como personas opuestas a los proyectos dirigidos por Bilderberg para imponer una Esclavitud Global.

Por eso son tan importantes estas cifras. Tenemos millones, decenas de millones de aliados, entre la gente de la calle. Y eso no es todo. Tenemos espías por todas partes. ¡La mayor parte de los asociados menos importantes de los miembros de Bilderberg son nuestros ojos y oídos! La mayor parte de los agentes secretos y servicios secretos de rango inferior como el MI6, la CIA, el FBI, la Real Policía Montada del Canadá, el Centro Nacional de Inteligencia (NIC) o el KGB también son de los nuestros.

Sabemos qué piensa Bilderberg e incluso conocemos sus intenciones. Por eso, a pesar de las extraordinarias medidas que toman para protegerse y para ocultar información incriminatoria tras un velo de secreto, sabremos inmediatamente cuáles son sus intenciones. Y los miembros de Bilderberg lo saben y no pueden hacer nada por evitarlo. La situación es extremadamente grave. Tenemos que enfrentamos al esfuerzo combinado de algunas de las personas más brillantes de la historia de la humanidad conspirando contra nosotros con el objetivo de subyugamos. Pero la voluntad humana es inmortal. Los tiranos han matado a millones de personas, y aun así la gente ha luchado y ha recuperado la libertad.

Durante los últimos 200 años, desde el nacimiento de los Illuminati en 1776, los más poderosos del mundo han planeado nuestra destrucción. Controlan la Comunidad Europea, las Naciones Unidas, el Gobierno de los Estados Unidos, las principales instituciones bancarias del mundo. El hecho que el Club Bilderberg, una organización secreta que cuenta con 120 invitados cada año a su reunión anual, cuenta con todos los presidentes europeos, estadounidenses y canadienses, con todos los comisarios europeos, los principales banqueros europeos, presidente del FMI, del Banco Mundial, del Banco Central Europeo, secretario general de la OTAN es estadísticamente imposible en una sociedad que consiste en casi 1.000 millones de personas. La libertad mueve el corazón humano y el miedo lo paraliza. Entre la cacofonía ensordecedora del silencio patriótico, hay voces insurgentes que exigen atención. La democracia tiene su fundamento moral en la verdad, la tolerancia, la libertad y el respeto por la dignidad humana.

Los miembros de Bilderberg desprecian el patriotismo porque es la antítesis de la esclavitud. Sin embargo, no basta con eso. La política de Bilderberg tiene que ser perseguida en la sociedad civil y en las instituciones en las que se ha infiltrado: pueblos y ciudades pequeños, escuelas primarias, organizaciones culturales, grupos de jóvenes, asociaciones profesionales. Esto no pueden hacerla los partidos políticos, que son meras máquinas electorales. La moralidad humana debería sostener la seguridad global y el impulso para esta nueva moralidad debería emanar de actores no gubernamentales. Tiene que haber un movimiento, en la sociedad y en la política, basado en la cooperación entre partidos progresistas, organizaciones de la sociedad civil e intelectuales. Se trata de un proyecto a largo plazo. La globalización es una amenaza histórica. Pretende destruir el legado del patriotismo y de la propia modernidad. Sólo puede lucharse con ella de manera holística, sin medias tintas. El Nuevo Orden Mundial ha impuesto un único gobierno totalitario, una única moneda global y una religión sincrética universal a la población del mundo mediante mentiras y ofuscaciones.En una sociedad cada vez más dividida, hay elementos que pueden destacar lo que compartimos, lo que tenemos en común, y hacerla directamente, con gran intensidad. La dignidad humana y la diversidad cultural, que se entienden al momento en todas partes y no necesitan traducción, son algunos de los aspectos más valiosos de la tradición universal.

Se merecen todo el apoyo que puedan recibir. Se merecen luchar y morir por esta libertad.


Continúa aquí.

miércoles, 5 de agosto de 2009

La Verdadera Historia del Club Bilderberger (II): La conspiración de los Rockefeller y la Comisión Trilateral

Viene de aquí.

Independientemente de su precio, la Revolución China ha tenido un éxito evidente no sólo a la hora de crear una administración más eficaz y entregada, sino también a la hora de fomentar una moral alta y un propósito común [ ... ] el experimento social llevado a cabo en China bajo el mandato del presidente Mao es uno de los éxitos más importantes de la historia de la humanidad. DAVID ROCKEFELLER (1973)

Los medios y agencias de noticias de Toronto fueron puestos sobre aviso de esta reunión [de los Bilderbergers] por una serie de faxes, llamadas y memorándums que mandamos Jim Tucker y yo mismo [Daniel Stulin], especialmente después de que supiéramos por fuentes internas a la reunión que la conferencia de 1996 iba a utilizarse como escenario para tratar la inminente fractura de Canadá a través de una Declaración Unilateral de Independencia en Quebec a principios de 1997.

El objetivo era fraccionar Canadá para facilitar una Unión Continental con Estados Unidos hacia el año 2000. Este objetivo hubo de posponerse hasta 2005 y luego hasta 2007. Como regla general, las reuniones Bilderberg jamás se mencionan en la prensa, pues la prensa generalista es propiedad de los bilderbergers. Este velo de secretismo fue rasgado el 30 de mayo de 1996, el primer día de la conferencia, por un artículo en la primera plana de uno de los periódicos de mayor circulación y prestigio de Canadá, el Toronto Star. Bajo el titular «Black acoge a líderes mundiales», John Deverell, un periodista de la sección de negocios del periódico, subrayó que no sólo el editor canadiense lord Conrad Black había ofrecido doscientos noventa y cinco millones de dólares para hacerse con el control de la mayor cadena de periódicos canadienses sino que, además,

« ... ahora es el anfitrión de una reunión de cuatro días fuertemente protegida por guardias a la que acuden líderes mundiales y monarcas al norte de Toronto».
Deverell nombró a algunos de los 100 asistentes elegidos a dedo de todo el mundo, extraídos de la lista que Tucker y yo le suministramos. Esta fue la primera vez en la historia de las conferencias Bilderberg en que un periódico importante les dedicó su atención, habitualmente las reuniones Bilderberg ni siquiera se mencionan en los grandes medios. Los bilderbergers no están acostumbrados a tener que dar explicaciones a nadie, especialmente dado que algunos de sus miembros controlan importantes periódicos, cadenas de periódicos y agencias de noticias.

Pero la conferencia de 1996 no fue una conferencia común ni Canadá es un país cualquiera. Cuando los principales medios comenzaron a confirmar la información a través de sus fuentes privadas y gubernamentales, les quedó inmediatamente claro que Canadá, uno de los estados más ricos y bellos del mundo, iba a ser despiadadamente troceado por los bilderbergers y el Nuevo Orden Mundial.

Los bilderbergers deberían haber sabido que, cuando lo que está en juego es la propia libertad, la mera posesión de los medios no puede impedir que los editores, correctores, articulistas, asistentes y periodistas de investigación de la televisión, radio y de la prensa escritas difundan la verdad entre el público. Lo que los bilderbergers habían considerado meramente una fuga se convirtió rápidamente en una inundación y luego en una avalancha que se llevó a todo el mundo por delante.

Sólo en la conferencia de 1999 en Sintra, Portugal, relajaron los bilderbergers las extremas medidas de seguridad que impusieron tras su mayor derrota: la conferencia de Toronto.

A las 7:45 de la mañana del 30 de mayo de 1996, el legendario locutor de 680-NEWS Dick Smythe, el más seguido en el área metropolitana de Toronto, emitió el siguiente informe, que fue transmitido a intervalos regulares como parte de sus noticias:

«Bien, esto parece el guión de una película de conspiraciones, en la que los importantes y poderosos del mundo se reúnen en secreto. Conrad Black celebra su conferencia Bilderberg anual. Doy paso a Karen Parons, reportera de 680 ...
"Alrededor de cien notables, entre ellos los reyes de Holanda y España, Henry Kissinger, el secretario de Defensa de Estados Unidos William Perry y nuestro primer Ministro se han reunido para la conferencia. También han venido los presidentes de la Ford, la Xerox, el Bank of Commerce y Reuters. Black dice que están prohibidos los periodistas para que los debates sean íntimos y sinceros. Dice que "las discusiones pueden ser bastante acaloradas."
Se exige a los participantes que presten voto de silencio. La conferencia del año pasado se celebró en tres hoteles de lujo en las cumbres de las montañas suizas. Este año se celebra en un balneario de lujo de sesenta millones de dólares en King City.»
La prensa canadiense también distribuyó un breve informe sobre el hasta entonces secreto encuentro, que ha sido publicado hoy, entre otros periódicos, por el Toronto Sun, que cuenta con más de trescientos cincuenta mil suscriptores. La libertad y su pérdida ... a veces no pienso en ella durante los intervalos de nuestro destino.

¿Qué estoy haciendo persiguiendo a esa gente por todo el mundo? ¿Qué es lo que busco? Tiene que haber una forma más sencilla de ganarse la vida ... pero se lo debo a mi padre. El 19 de abril de 1975 fue la última vez que vi a mi padre vivo, un hombretón en bata y zapatillas. Desde la fotografía me miran mis ojos desesperados, los ojos de un niño de nueve años, asustado, incapaz de imaginar, de comprender, no lo suficientemente mayor para ponerme en el lugar de este hombre barbudo, que sólo unas horas antes me abrazaba pero que ahora se ha ido. Los médicos dictaminaron la muerte clínica de mi padre diecisiete días después, el 6 de mayo de 1975. Fue un científico famoso, un hombre de gran dignidad y honor que pasó su vida entera luchando por el derecho de los hombres a decir lo que piensan. Quizá eso no parezca algo extraordinario en cualquier país en que la libertad de expresión forme parte fundamental del entramado básico de la sociedad, pero no era así en la vieja dictadura de la Unión Soviética.

Mi padre sobrevivió diecisiete días de tortura brutal, diecinueve horas de dolor diarias cada uno de esos días. Trescientas veintitrés horas de sufrimiento inhumano provocadas por la Policía Secreta soviética. Le aplastaron los testículos, le rompieron la mano derecha por ocho sitios y sufrió una perforación en un pulmón como consecuencia de los golpes que le daban los cinco bestias que le dieron una paliza. Me gustaría decides que se mantuvo firme, que no se le oyó ni un suspiro, que se rió de sus torturadores, que ...¿Puede que mi obsesión sea un eterno y fútil esfuerzo de cambiar la dirección en que avanzo en el tiempo, de caminar hacia atrás al pasado atrincherado en lugar de hacia el cambiante futuro con la intención de liberar a aquel hombre de aquel sufrimiento injusto? Pero por mucho que lo intente, no conseguiré alcanzarle.

El 1 de junio, «Big» Jim Tucker y yo, junto con un pequeño grupo de activistas a tiempo parcial, celebramos lo que se estaba convirtiendo en un éxito extraordinario. Todos los grandes periódicos del país querían entrevistamos, las cadenas de televisión buscaban constantemente nuevas noticias y las cadenas de radio nos se guían por toda la ciudad.
Nos reuníamos en la Horseshoe Tavem de Queen Street. Antes, ese mismo día recibí una llamada de una de mis fuentes que me pidió que nos viéramos urgentemente antes de las reuniones del día siguiente. Quedamos en la Galería de Calatrava, junto a la Trust Tower, uno de los lugares menos sospechosos de todo Toronto debido a su inmensidad y a las ingentes cantidades de turistas que pasan por allí fotografiando y grabando en vídeo la principal atracción arquitectónica de Toronto. Llegué allí cruzando el Mercado de Kensington, equivalente a lo que sería en Madrid el Rastro. Al doblar la esquina vi a mi contacto hojeando los periódicos en un quiosco con una bolsa de plástico en la mano izquierda y una revista enrollada en la derecha. Tras un breve cruce de miradas y sin que diéramos muestras de reconocer al otro, me moví silenciosamente hacia la entrada de la torre, donde un amigo que trabajaba en el mercado inmobiliario me había conseguido una sala en uno de los últimos pisos del edificio, con unas vistas maravillosas a la ciudad. Me subí en un ascensor, mirando nerviosamente tras de mí. Mi contacto me siguió cinco minutos después. Habíamos conseguido mucho en los últimos días. Por una vez, le habíamos ganado claramente la mano a los Bilderbergers. La cobertura mediática había sido tremenda y Kissinger estaba muy enfadado, lo que era buena señal. Los planes para la inminente disgregación de mi país de adopción fueron temporalmente aplazados. ¿Qué más se podría haber logrado en tan poco tiempo? Aun así, yo sabía que se trataba sólo de una victoria temporal. Aquella gente volvería y habría aprendido la lección querían aplastar toda resistencia, regir el mundo sin el consentimiento de éste, por la fuerza de las armas o del pan. A doscientos cuarenta metros sobre el suelo la ciudad estaba quieta. Las ventanas me aislaban de los sonidos de la urbe. En ese momento me sentí como si mirara hacia adentro desde afuera. ¿Serviría para algo todo aquello? ¿Comprendería la gente que nos enfrentábamos a un peligro inminente? Un discreto golpe en la pesada puerta de madera interrumpió mis pensamientos.

-Pase - dije, apenas levantando la voz. Mi fuente, que llevaba guantes de piel, cruzó lentamente el umbral que separaba el desnudo pasillo de la decoración art deco de la suite. Se movió instintivamente hacia la ventana, contemplando momentáneamente la extraordinaria vista del área en que el centro de Toronto se encuentra con el lago.

-Esta vez les has parado - dijo la fuente, sopesando cada sílaba como si una pequeña alteración en el registro pudiera haber cambiado el significado--. La disgregación de Canadá sigue en marcha. Sólo es cuestión de tiempo.

-Quizá -dije-o por ahora todo está bien y así seguirá hasta el próximo encuentro. Quizá para entonces unos cuantos de ellos hayan muerto de viejos o por accidentes o causas fortuitas.

-¿Fortuitas? ¿Fortuitas para quién? -contestó la fuente. De la revista que mantenía férreamente agarrada sacó una serie de notas manuscritas, garabatos que yo apenas habría sido capaz de descifrar solo.

-Creí que no se permitía tomar notas --dije, sonriéndole de oreja a oreja.

-Tomar notas no se recomienda, amigo -me corrigió.

Eché un vistazo a la página. Podría descifrarlo. Conocía muy bien esa letra: las «t» apenas trazadas y las «r» retorcidas, todo diligentemente escrito en los confines de un papel pautado. Reflexioné un instante sobre lo que aquel valiente arriesgaba al reunirse conmigo y entregarme esa valiosísima información. ¿Por qué no había más personas como él en el mundo? Quizá las haya, sólo que no sabemos de la lucha que mantienen calladamente a miles de kilómetros de nosotros.

-Debo irme -me dijo lentamente la fuente sin levantar la mirada.

Extendí mecánicamente mi mano abierta en dirección de la fuente. Justo cuando iba a encajar su mano en la mía, me abalancé sobre él y le di un abrazo de oso.

-No le haré perder el tiempo dándole las gracias porque ningún agradecimiento será suficiente para compensar lo que ha hecho por nosotros.

La fuente levantó la mirada.
-Debo irme.

-Nos iremos igual que hemos entrado --dije-, con un intervalo de cinco minutos. Yo me iré primero.

-No se preocupe. He dejado mi coche en el parking subterráneo. Podemos bajar juntos en el ascensor.
La fuente se ajustó sus guantes de piel y apretó el botón del ascensor. La luz azul brilló a través de su superficie transparente. Pude oír el sonido sibilante del ascensor hidráulico acelerando desde las entrañas del edificio a seis pisos por segundo.

-¿Cuándo volveré a verle? Sonó la campanilla y las puertas se abrieron. Di un paso adelante para entrar en el ascensor.

-¡Cuidado! -gritó la fuente, agarrándome con fuerza del brazo y tirándome hacia atrás.

Miré mecánicamente hacia el ascensor. Frente a mí se abría el sobrecogedor vacío del hueco del ascensor, doscientos metros de caída y muerte hubieran sido mi destino si la fuente no me hubiera apartado del abismo. Me estremecí. Un escalofrío subió por mi columna vertebral.

-El suelo -murmuré - ¿dónde está el suelo?

-Tenemos que salir de aquí ahora mismo! -dijo la fuente

- Alguien ha manipulado el sistema. ¡Le esperaban! Escuche. No tome el ascensor. No es seguro. Baje por las escaleras y llame a la Policía. Cuando lleguen aquí, aprovecharé el momento y bajaré en ascensor hasta el garaje. ¡Rápido! ¡Vaya ahora mismo!

Bajé los escalones de dos en dos agarrándome a la barandilla y aprovechando la inercia para girar más rápidamente. Mi corazón latía alocadamente, como consecuencia de haber estado al borde de la muerte y de tratar de descender doscientos metros lo más rápido posible. En uno de los pisos bajos pude oír la trabada voz de un guardia de seguridad inmigrante que subía las escaleras hacia mí.

- … er, … ter, … señor, ¿esta usted bien? ¿Qué ha sucedido? Me han llamado en el intercomunicador del segundo piso ... alguien ha hecho que el ascensor se detenga manualmente ... sólo se puede hacer en una emergencia ...

Le agarré por el brazo .
-Por favor, llame a la Policía lo más rápido que pueda -le dije.

El hombre sacó su walkie talkie y pude oír que alguien le contestaba. Seguí corriendo. Cinco, cuatro, tres, dos, uno ... llegué al suelo. Abrí las pesadas puertas de metal que conducían al vestíbulo principal del edificio. Afuera ya había aparcados dos coches de policía y se comenzaban a reunir los primeros curiosos al otro lado de las puertas giratorias.

-¿Es usted el hombre que se ha quedado atascado en el ascensor? preguntó el oficial de policía de Toronto apuntándome con el índice y el corazón.

-No exactamente -murmuré, sacudiendo la cabeza con incredulidad-. He estado a punto de entrar en un ascensor al que le faltaba una parte, es decir, el suelo.

El policía dejó escapar una exclamación. Su compañero, bajo, de rasgos marcados, bigote recortado y muñeca peluda se interesó:

-Sabe, hijo, tiene mucha suerte de estar vivo. Sólo los ciegos sobreviven a estas situaciones. Un ciego jamás entraría en un ascensor sin asegurarse primero de que el suelo está allí. Nosotros, sin embargo, damos siempre por supuesto que lo está. Por eso es un milagro que haya sobrevivido. Cuando la mafia quiere cargarse a alguien, éste es uno de sus métodos favoritos.

La Comisión Trilateral


Sin duda, el Club Bilderberg es el foro a la sombra del poder más importante que existe, pero también la Comisión Trilateral, una entidad poco entendida, desempeña un papel fundamental en el esquema del Nuevo Orden Mundial y su voluntad de conquista global, como voy a explicar en este capítulo. La Comisión Trilateral fue creada en 1973. Su fundador y principal impulsor fue el financiero internacional David Rockefeller, por largo tiempo presidente del Chase Manhattan Bank, institución controlada por la familia Rockefeller. El primer encuentro tuvo lugar en Tokio entre el 21 y el 23 de octubre de 1973. Sesenta y cinco personas pertenecían al grupo estadounidense. De ellos, 35 tenían relaciones entrecruzadas con el CFR.

Gary Allen, en El expediente Rockefeller, publicado en 1975, escribió lo siguiente:

    1. «Si los "documentos del triángulo" son indicación de algo, podemos decir que existen cuatro ejes principales en el control de la economía mundial:
      El primero, en la dirección de crear un renovado sistema monetario mundial - algo
      ya conseguido. El Club Bilderberg, la TC y el CFR han creado tres bloques económicos regionales: la CE, la Unión de las Américas y la Unión Monetaria Asiática, que se está formalizando en la actualidad.
    2. El segundo, en la dirección del saqueo de nuestros recursos para una ulterior radicalización de las naciones desposeídas - también conseguido. Rockefeller y compañía enviaron miles de millones en tecnología estadounidense a la URSS y a China como requisito del futuro Gobierno Mundial Único y su Monopolio
    3. El tercero, en la dirección de un comercio escalonado con los comunistas - conseguido: distensión con los chinos y los rusos
    4. El cuarto, en la dirección de explotar la crisis energética para ejercer un mayor control internacional - conseguido: la crisis energética de 1973 y el subsiguiente temor a la escasez energética, los movimientos de defensa del medio ambiente y la guerra de Irak»
La Comisión Triláteral -exclusivamente dedicada a hacer realidad la visión del orden mundial de David Rockefeller, a conseguir la uniformidad ideológica del mundo y al compromiso con el internacionalismo liberal- está compuesta por las tres regiones claves a nivel comercial y estratégico del planeta: Norteamérica, Japón y Europa Occidental. Normalmente tiene alrededor de 325 miembros que trabajan durante un período de tres años.

Holly Sklar afirma en Trilateralism: The Trilateral Commission y Élite Planning for World Management que,

«su propósito es dirigir la interdependencia global entre esas tres grandes regiones de manera que los ricos salvaguarden los intereses del capitalismo occidental en un mundo explosivo, probablemente desalentando el proteccionismo, el nacionalismo y cualquier respuesta que pudiese poner a la élite en contra de la élite. La presión económica será desviada hacia abajo, en vez de lateralmente»?
Paul Volcker, miembro de la CT y ex presidente de la Reserva Federal lo dijo más claramente si cabe:

«El nivel [de vida] del americano medio tiene que disminuir.»
Volcker, por cierto, procede del propio Chase Manhattan Bank de Rockefeller. Rockefeller introdujo por primera vez la idea de la Comisión Trilateral en un encuentro del Club Bilderberg en Knokke, Bélgica, en la primavera de 1972, después de haber leído el libro Between Two Ages, escrito por el profesor Zbigniew Brzezinski de la Universidad de Columbia. El libro coincidía con la visión de Rockefeller de que,

«la gente, los gobiernos y las economías de todas las naciones deben servir a las necesidades de los bancos y las empresas multinacionales».
Dos meses más tarde, en julio de 1972, David Rockefeller, miembro del Club y presidente del CFR, prestó su famosa residencia de Pocantico Hills, en las afueras de Nueva York, como cuartel general de los primeros encuentros organizativos de la Comisión Trilateral.

El propósito aparente de la CT desde su inicio fue,

«crear y mantener la asociación entre las clases dirigentes de Norteamérica, Europa Occidental y Japón», como se ve un propósito de índole trilateral, porque según los hombres doctos que dirigían la CT, «el público y los líderes de la mayor parte de los países continúan viviendo en un universo mental que ya no existe, un mundo de naciones separadas, y tienen [ ... ] dificultades para pensar en [ ... ] perspectivas globales ... ».
La Comisión Trilateral está compuesta por presidentes, embajadores, secretarios de Estado, inversores de Wall Street, banqueros internacionales, ejecutivos de fundaciones, miembros de think tanks (generadores de ideas), abogados de lobbies (grupos de intereses), líderes militares de la OTAN y del Pentágono, ricos industriales, dirigentes de sindicatos, magnates de los medios de comunicación, presidentes e importantes profesores de universidad, senadores y congresistas, así como emprendedores adinerados. Algunos de ellos en funciones, otros retirados.

Holly Sklar añade que,

«la participación de representantes de los trabajadores ayuda a controlar el aislamiento popular y a reducir la distancia que separa a los miembros de la CT de las masas de gente ordinaria».
La diferencia entre el Club Bilderberg y la CT es que el Club, mucho más antiguo, se limita a los miembros de la OTAN, es decir, a Europa Occidental, Estados Unidos y Canadá. Ahora, con la ampliación de la UE y la OTAN, los ex representantes del pacto de Varsovia están siendo admitidos en el Club. Es interesante reseñar como anécdota que en 1998, en la cena del 5º aniversario de la Comisión Trilateral, Henry Kissinger reveló cómo y quién la había creado:

«En 1973, cuando era secretario de Estado, David Rockefeller vino un día a mi oficina a decirme que había pensado que yo necesitaba un poco de ayuda. Debo confesar que, en aquel momento, yo no lo veía tan claro. Así, propuso crear un grupo de americanos, europeos y japoneses que viesen el futuro con antelación. Y le pregunté, "¿Y quién te va a dirigir ese asunto, David?"

Rockefeller respondió, "Zbig Brzezinski".

Sabía lo que quería decir. Había dado con algo importante. Cuando reflexioné sobre ello, vi que había una necesidad real.»
Sin embargo, en sus memorias, Rockefeller no menciona los objetivos clave de la formación de la Comisión Trilateral - aparte del obvio, que tampoco Kissinger mencionó en su discurso: crear un nuevo cuerpo global que incluyese al CFR, debilitado por la división de sus miembros a causa de la guerra del Vietnam - tales como,

«tomar las riendas de la administración Nixon, que se había aprovechado de las divisiones del establishment para rechazar el programa internacionalista liberal, y finalmente, fomentar la unidad de los poderes industrializados como una alternativa temporal a las Naciones Unidas, crecientemente dominadas por los estados radicalizados del Tercer Mundo, de manera que juntos pudiesen conseguir su objetivo de "una política global y una estructura económica más integrada».
Rockefeller estaba muy disgustado con la Nueva Política Económica (NPE) que Nixon puso en marcha en 1971 y que iba encaminada a imponer la dirección gubernamental de los elementos más básicos del mercado a través del control de los precios y de los salarios y el incremento de los aranceles. La NPE congeló temporalmente, durante un período de 90 días, los salarios y los precios para controlar la inflación. La posición de Nixon se enfrentaba con la de Rockefeller, como subraya éste en sus propias memorias y como bien apunta John B. Judis en su revista, The Wilson Quarterly:

«El gobierno debe permitir que los mercados tengan mucha más rienda suelta.»
Según afirman los autores Daniel Yergin y Joseph Stanislaw, en The Commanding Heights, el establishment, representado por la CT, el CFR y el Club Bilderberg, estaba indignado con que «los funcionarios del gobierno se pusiesen ahora a establecer los precios y los salarios». Mientras tanto, el intento de Rockefeller de meter en vereda a un «errático» Nixon mediante un encuentro privado para discutir la «visión del comercio y la economía internacional», fue rechazado por el jefe de Gabinete de Nixon, H. R. Haldeman.

Joan Hoff, en Nixon Reconsidered, explica que después de que finalmente consiguiese ese encuentro con el presidente, la postura de Rockefeller fue rechazada por uno de los funcionarios del gobierno por «no ser especialmente innovadora».

Esto debió ser la humillación definitiva y la gota que colmó el vaso. Nixon y su heterogéneo equipo ya estaban de patitas en la calle. La mayor parte de la NPE fue finalmente abolida en abril de 1974, después de 17 meses de vida. Cuatro meses más tarde Nixon dimitiría de su cargo.

Comisión Trilateral, una organización particularmente sofisticada

«¿Cómo se explica la sutil interdependencia que mantiene el Norte industrial con el Tercer Mundo?», pregunta Holly Sldar.

En 1991, el economista Doug Henwood, colaborador de la importante publicación estadounidense The Nation, dijo en el Left Business Observer, un boletín informativo fundado por él en 1986:

«Cada miembro de la tríada ha reunido bajo su seno a un puñado de países pobres que le proporciona mano de obra barata, asentamientos y minas para explotar:
Estados Unidos tiene a Latinoamérica; la CE, a África y a Europa del sur y del este; y Japón, al sudeste de Asia. En algunos pocos casos, dos miembros de tríadas diferentes comparten un país: Taiwan y Singapur están divididos entre Japón y Estados Unidos; Argentina, entre Estados Unidos y la Comunidad Europea; Malasia, entre la Comunidad Europea y Japón; y la India, entre los tres ... »
Will Banyon añade, en el periódico de investigación australiano Nexus, que,

«la estrategia de Rockefeller también revela algo fundamental acerca de la riqueza y el poder: no importa cuánto dinero se tenga; el poder real de una gran fortuna no sale a la luz hasta que se emplea para secuestrar y controlar a las organizaciones o a la gente que produce las políticas y las ideas que guían a los gobiernos».
David Rockefeller, presidente del Chase Manhattan Bank, escribió el 20 de agosto de 1980 una carta al editor del New York Times explicando que,

«la Comisión Trilateral es, en realidad, un grupo de ciudadanos responsables interesados en generar una más amplia comprensión y colaboración entre aliados internacionales».
El lector tendrá otra impresión, sin embargo, si lee las palabras del senador de los Estados Unidos, Barry Goldwater, sensiblemente menos eufemísticas. En su libro, With No Apologies, calificó a la Comisión Trilateral de «la última conspiración internacional de David Rockefeller», y añadió:
«Su objetivo es consolidar, a nivel multinacional, los intereses comerciales y financieros de las grandes empresas a través del control de la política del Gobierno de los Estados Unidos.»
El senador Barry Goldwater añade:
«David Rockefeller y Zbigniew Brzezinski encontraron en Jimmy Cárter a su candidato Ideal. Lo ayudaron en su designación y en su presidencia.»

Efectivamente, la candidatura de Cárter tenía sólo el 4 % de apoyo del Partido Demócrata y, de la noche a la mañana, el de Georgia se convirtió en el candidato a la presidencia.

«Para conseguido, movilizaron el dinero necesario tocando a la puerta de los banqueros de Wall Street, consiguieron la influencia intelectual de la comunidad académica (siempre dependiente de los fondos de las grandes fundaciones libres de impuestos) y dieron órdenes a los medios de comunicación miembros del CFR y la CT.»

La crónica de los hechos fue concretamente la siguiente: en 1973, Cárter fue invitado a Tarrytown, en el estado de Nueva York, propiedad de David Rockefeller. Zbigniew Brzezinski, haciendo el papel de cazatalentos de Hollywood, ayudaba a Rockefeller a buscar perfiles con buena imagen pública para la Comisión Trilateral. El encanto sureño de Cárter causó una impresión muy positiva en los dos «caballeros».

Tanto Brzezinski como Rockefeller,

«estaban impresionados de que Cárter hubiese abierto oficinas comerciales del estado de Georgia en Bruselas y Tokio. Esto parecía encajar perfectamente en el concepto de la Trilateral».
Jimmy Cárter se convirtió así en miembro fundador de la Comisión Trilateral y, poco después, en el siguiente presidente de los Estados Unidos.Como anécdota, cabe mencionar que los discursos de la campaña de Cárter para las presidenciales de 1976 decían principalmente que,

«ha llegado el momento de reemplazar la política de equilibrio de poder con la política del Orden Mundial» y «buscar una sólida asociación entre EE. UD., Europa Occidental y Japón».
¿Suena familiar, verdad? El hecho de que Jimmy Cárter fuese elegido presidente a dedo ilustra magníficamente el gran poder que posee el Club Bilderberg, la Comisión Trilateral y el CFR, desconocidos para la mayor parte del mundo. Estos grupos de poder, supersecretos y estrechamente vinculados, pueden colocar o defenestrar a cualquier presidente o candidato a la presidencia.

No sorprende, pues, que cada uno de los presidentes y candidatos a la presidencia «pertenezcan» a las sociedades secretas que los promocionan. Ellos construyeron la figura de Jimmy Cárter (de la misma forma que hicieron a Ford, Mitterrand, Felipe González, Clinton, Karzai, etcétera) y abortaron las pretensiones de llegar a la presidencia del senador Barry Goldwater, un confeso detractor de la globalización, de la misma forma que arremetieron contra Margaret Thatcher.

Tanto John Kerry como George W. Bush pertenecen a la misma combinación de asociaciones: el CFR y el Club Bilderberg. Realmente no importa quién gane. El verdadero poder siempre sigue estando en manos de los globalizadores, a los que les guía una sola misión llamada Gobierno Único Mundial. No debería sorprendemos, a la luz de toda la evidencia que hemos mostrado hasta el momento en este libro, que desde su fundación esa triada globalizadora llamada Comisión Trilateral haya estado trabajando para ver el final de la soberanía de los Estados Unidos. La siguiente selección de citas de Between Two Ages muestra la cercanía del pensamiento de Brzezinski a la del fundador del CFR, el marxista Edward Mandell House.


En la página 72, Brzezinski escribe:

«El marxismo es simultáneamente una victoria del hombre activo sobre el hombre pasivo, de la razón sobre la creencia.»
En la página 83 afirma:

«El marxismo, diseminado a nivel popular en forma de comunismo, representa el mayor avance en la habilidad del hombre para conceptualizar su relación con el mundo.»
Y en la página 123 encontramos:

«El marxismo proporciona la mejor comprensión de la realidad contemporánea.»
En la primera parte de su libro, The Insiders: 1979 The Carter Years, John McManus de The John Birch Society (una organización dedicada a restaurar y preservar la libertad que propugna la constitución de los Estados Unidos) escribe:

«En ningún lugar dice el seríor Brzezinski a sus lectores que el marxismo "en forma de comunismo", el cual él elogia, ha sido responsable del asesinato de aproximadamente 100 millones de seres humanos durante el siglo XX, de la esclavitud de mil millones más y de la necesidad, privación y desesperación de todos sus ciudadanos, a excepción de unos pocos criminales que dirigieron las naciones comunistas.»
La completa convergencia entre los planes de la Comisión Trilateral y la administración del presidente Cárter para poner fin a la soberanía de Estados Unidos queda todavía más clara en el siguiente conjunto de citas incriminatorio. En la página 260 del libro de Brzezinski, su autor propone:

«La dirección deliberada del futuro de los Estados Unidos […] con el […] planificador como legislador y manipulador social clave.»
Es decir, el monopolio y el control de masas, las prácticas habituales de la familia Rockefeller. John D. Rockefeller, el padre de David, odiaba la competencia.

Enseñó que la única competencia que valía la pena tener era aquella en la que tú controlas las dos partes de la ecuación. De ahí el amor de John y David por el monopolio globalizador como, por ejemplo, los planes de Rockefeller de que la CT uniese a los bloques económicos de la Comunidad Europea, el norte y el sur de. América y Asia bajo el paraguas de un gobierno mundial controlado por Rockefeller y compañía. Finalmente, en la antepenúltima página del libro, Brzezinski nos dice lo que significa todo. El objetivo de la Comisión Trilateral (los objetivos de Rockefeller) son «conseguir el Gobierno Mundial». Así que, mientras muchos biógrafos, a través de cambios, alteraciones, medias verdades y mentiras completas han hablado de la fabulosa riqueza de la familia Rockefeller y de su prácticamente ilimitado poder económico y político, que según la propaganda oficial se emplea en alimentar a los hambrientos de los países del Tercer Mundo, en educar a los pobres a través de una miríada de benevolentes fundaciones y sociedades, y en la construcción de la infraestructura de las naciones subdesarrolladas y devastadas a causa de las guerras, muy pocos autores han dado con el aspecto más destacable de la familia: su resuelta intención de destruir a los Estados Unidos y, al tiempo, reconstruir el poder de los soviets (si le parece increíble siga leyendo) como país independiente, como explica Eustace Mullins, en su sorprendente trabajo Murder By Injection: The Medical Conspiracy Against America, que sucede a través de su «plan de fomento del monopolio, con el establecimiento de fundaciones para ganar poder sobre los ciudadanos americanos» y finalmente la subyugación de todo el mundo al poder de la dictadura mundial uniendo al mundo bajo el estandarte de un Gobierno Mundial.

Wall Street y la Revolución bolchevique

De hecho, aunque los paralelismos entre los Rockefeller y los soviets hace mucho que han sido suprimidos, el secreto más grande de todos, que la financiación de la revolución bolchevique procedió de los supercapitales estadounidenses, sigue enterrado porque la familia Rockefeller, a través de sus organizaciones, la CRF, la CT y el Club Bilderberg, etcétera, poseen los principales medios de comunicación y empresas editoriales de Estados Unidos.

El doctor Anthony Sutton, en Wall Street And The Bolshevik Revolution, explica:

«No se ha escrito prácticamente nada acerca de la estrecha relación que tuvieron, en el siglo pasado, los Rockefeller con sus supuestos archienemigos, los comunistas. Ha existido una alianza continua, aunque escondida, entre los capitalistas y los revolucionarios socialistas por su mutuo beneficio.»
Sutton lleva a cabo un trabajo muy destacable documentando la insidiosa traición de la élite estadounidense de los archimillonarios, entre los que se encontraban John D. Rockefeller y los banqueros de Wall Street, al financiar la Revolución y al Gobierno más brutal de todos los tiempos. Si alguna vez se ha preguntado por qué los más ricos desearon tener relaciones con el comunismo, aquí está la respuesta que buscaban.

Gary Allen, en El expediente Rockefeller, se hace eco de los descubrimientos y sentimientos de Sutton, quien afirma:
«y lo más sorprendente es la cantidad de pruebas públicas que ya existe al respecto.»
¿Por qué multimillonarios como los Rockefeller financian y colaboran con unos comunistas y marxistas que han jurado públicamente acabar con ellos?, se pregunta el periodista de investigación Gary Allen en su ya citado libro. Las ventajas de los comunistas son obvias. Pero, ¿qué beneficio sacaría Occidente, el adalid del capitalismo y de la libertad, de todo eso? La palabra mágica es monopolio,

«un monopolio que lo abarca todo, no sólo el control del gobierno, el sistema monetario y todas las propiedades, sino también un monopolio que, como las empresas que emula, se autoperpetúa y es eterno».

Gary Allen sigue hablando de la existencia «de evidentes influencias» detrás de los comunistas cuando dice:

«Mientras que el objetivo de J. P. Morgan era el monopolio y el control de la industria, a finales del siglo XIX, J. D. Rockefeller, el alma mater de Wall Street, entendió que la mejor manera de conseguir un monopolio inamovible era por la vía geopolítica; hacer que la sociedad trabajase en favor de los monopolistas con la excusa del interés público.»

Frederick C. Howe explica en Confessions of a Monopolist (1976) cómo funciona la estrategia en la práctica:

«Éstas son las reglas de los grandes negocios: consigue un monopolio y haz que la sociedad trabaje para ti. En tanto creamos que los revolucionarios y los capitalistas internacionales están a la greña, dejaremos de ver un punto crucial [ ... ] la asociación entre el capitalismo monopolista internacional y el socialismo revolucionario para su mutuo beneficio.»

El plan Marburg

El plan Marburg -el diabólico plan de la banca para controlar entre bastidores el socialismo internacional-, desarrollado a principios del siglo XX, fue financiado por Andrew Carnegie, de la Fundación Carnegie, hoy bajo control del Club Bilderberg. Estos financieros internacionales, apolíticos y amorales, según explica el doctor Anthony Sutton in Wall Street and the Bolshevik Revolution,

«buscaban mercados que pudiesen explotar monopolísticamente sin miedo a la competencia».
Sutton no deja piedra por remover cuando afirma que en 1917 los banqueros pusieron su mirada sobre Rusia, su «mercado cautivo de elección».

El objetivo del plan, escribe Jennings C. Wise en Woodrow Wilson: Disciple of Revolution, era unificar a los,

«financieros y socialistas internacionales en un movimiento que diese lugar a la formación de una liga [la Liga de las Naciones, la precursora de la ONU] para reforzar la paz [ ... ] y controlar las organizaciones gubernamentales [y así] hallar un remedio para todas las enfermedades políticas de la humanidad».

Esto coincide con las palabras de Zbigniew Brzezinski:

«La dirección deliberada del futuro de los Estados Unidos [ ... ] con el [ ... ] planificador como legislador y manipulador social clave.»

¿Cuántos millones murieron en el proceso? La palabra clave es monopolio. Piense sencillamente en la antigua Unión Soviética, donde el estado lo controlaba y supervisaba todo. Como planificadores sociales, los soviéticos apenas tenían problemas laborales, ya que la legislación social estaba controlada por el estado central.

Eso es exactamente lo que Rockefeller, y por extensión su perrito faldero Brzezinski, ansían. No hace falta decir que, para «garantizar la paz» se necesita el prerrequisito de la guerra. (Ahora ya sabe por qué los globalizadores necesitaban de la Revolución Rusa.)

Como explica el doctor Sutton,

«Rusia era entonces, y es ahora, el mercado sin explotar más grande del mundo. Rusia, entonces y ahora, constituía la amenaza potencial más importante para la primacía industrial y financiera estadounidense. Wall Street debe de tener escalofríos cuando ve a Rusia como segundo gigante industrial mundial. Pero, ¿por qué permitir que Rusia se convierta en un competidor y ponga en peligro la supremacía estadounidense?

A finales del siglo XIX, Morgan/Rockefeller y Guggenheim ya habían demostrado su querencia por el monopolismo. En Railroads and Regulation 1877/1916, Gabriel Kolko demostró que eran los propietarios del ferrocarril, y no los granjeros, quienes querían que el estado controlase el ferrocarril con la intención de preservar su monopolio y acabar con la competencia.

Así que la explicación más simple con nuestros datos es que todo fue obra de un sindicato de financieros de Wall Street, que decidieron ampliar sus ambiciones monopolistas a escala global. El gigantesco mercado ruso tenía que convertirse en un mercado cautivo y una colonia a explotar por unos pocos financieros estadounidenses y las empresas bajo su control.

Lo que no podían conseguir la Comisión Interestatal del Comercio y la Comisión Federal del Comercio en Estados Unidos, podía obtenerlo un gobierno socialista en el
extranjero, con el apoyo y los incentivos de Wall Street y Washington D.C».

La Revolución Rusa

Según un testimonio del Congreso de los Estados Unidos del 20 de octubre de 1919, el apoyo financiero de John D. Rockefeller (a Lenin y Trotsky) provocó la (fracasada) Revolución Comunista de 1905.

La biografía de Rockefeller omite un detalle «insignificante», esto es, la afirmación hecha en público por parte del banquero inversionista de la familia Rockefeller y presidente de la empresa de inversiones de Nueva York, Kuhn, Loeb & Co, el jesuita Jacob Schiff, también fundador de la Reserva Federal, de que sin su influencia financiera la revolución rusa nunca hubiese tenido éxito. Es decir, según los documentos del Congreso del doctor Sutton, en la primavera de 1917, Jacob Schiff empezó a financiar a Trotsky con el propósito de que prosperase la Revolución Socialista en Rusia.

¡La manera en que Sutton descubrió esos increíbles documentos es realmente sorprendente! Esos preciosos documentos se encontraron en un expediente más del Departamento de Estado de los Estados Unidos (861.00/5339). El documento más importante data del 13 de noviembre de 1918.

Sin embargo, lo que es más increíble todavía es el hecho de que en privado Schiff estaba en contra del apoyo al Régimen Bolchevique, como se ha demostrado, y de nuevo, documentos reservados descubiertos por el doctor Sutton (como el Documento nº 3) demuestran que Jacob Schiff, de Kuhn, Loeb y Company, también había financiado secretamente a los japoneses en su guerra contra Rusia. Otro hecho omitido es que el emisario personal de John D. Rockefeller, George Kennan, pasó veinte años promocionando la actividad revolucionaria contra el zar de Rusia según el libro Rape of the Constitution - Death of Freedom de Gyeorgos C. Hatonn. ¿Quién financió a Kelman y por qué? ¿A qué coste? Aparte del deseo de crear un monopolio globalizador, ¿tenía John D. Rockefeller alguna razón personal para desear la caída del zar y apoyar la revolución?

Después de todo, Rockefeller no era ningún adolescente idealista. La respuesta sigue hoy tan de actualidad como hace cien años: ¡por el petróleo! Antes de la Revolución Bolchevique, Rusia sucedió a Estados Unidos como mayor productor de petróleo del mundo. En 1900, los campos de petróleo de Bakú en Rusia producían más petróleo crudo que todo Estados Unidos y en 1902 más de la mitad de las extracciones mundiales eran rusas. El caos y la destrucción de la revolución destruyeron la industria petrolífera rusa. En su libro, Wall Street and the Bolshevik Revolution, el doctor Sutton escribe:

«Hacia 1922 la mitad de los pozos estaban parados»

y la otra mitad apenas funcionaba debido a la falta de tecnología para hacerlos productivos.

La otra razón, que tampoco se menciona en la biografía de Rockefeller, es la competencia.

Como afirma Gary Allen,

«la revolución eliminó durante varios años la competencia rusa de Standard Oil en los que la empresa americana pudo mover ficha y hacerse con parte del negocio del petróleo ruso».

Moviendo las piezas del tablero

Cuando la revolución de 1905 fracasó, los banqueros reaccionaron. En su libro, Rape of the Constitution; Death of Freedom, Gyeorgos C. Hatonn explica cómo,

«Lenin fue "almacenado" en Suiza hasta 1907 [fuera de peligro]. Trotsky fue llevado a Estados Unidos, donde vivió sin pagar alquiler en una propiedad de la Standard Oil en Bayonne, Nueva Jersey»

Como anécdota, el doctor Anthony Sutton explica en Wall Street and the Bolshevik Revolution que León Trotsky visitó España después de ser expulsado de Francia, en septiembre de 1916, por escribir artículos «incendiarios» en un periódico parisino escrito en ruso. Fue, según Sutton,

«escoltado educadamente hasta la frontera española».

Algunos días después, la policía de Madrid lo detuvo para internarlo en una «celda de primera clase» a un precio de una peseta y media al día. Después, Trotsky fue trasladado a Cádiz y después a Barcelona, donde finalmente subió a bordo del Montserrat, un vapor de la Compañía Trasatlántica Española. Trotsky y su familia cruzaron el Atlántico y desembarcaron en Nueva York el 13 de enero de 1917. Cuando el zar abdicó en 1916, Trotsky - con diez mil dólares de Rockefeller para gastos de viaje - fue conducido al Kristianiafiord (dejó Nueva York el 26 de marzo de 1917) con trescientos revolucionarios comunistas de Nueva York. ¿De dónde sacó Trotsky su pasaporte? ¿Quién se lo pagó? ¿Quién le arregló el trámite y por qué? Fue el mismo Rockefeller quien consiguió un pasaporte especial para Trotsky a través de Woodrow Wilson, el presidente de los Estados Unidos, y envió a Lincoln Steffens, un comunista estadounidense al servicio de Rockefeller,

«con él para asegurarse de que volvía sano y salvo a Rusia».
Según archivos desclasificados del Gobierno canadiense, el 13 de abril de 1917, cuando el barco se detuvo en Halifax, funcionarios del Servicio Secreto canadiense y personal de la marina británica se llevaron inmediatamente a Trotsky (bajo instrucciones oficiales recibidas por cablegrama de Londres el 29 de marzo de 1917) para confinarlo en Amherst, Nueva Escocia, como prisionero de guerra alemán. El cablegrama advertía de la presencia de Trotsky en,

«Kristianiafjord [diciendo que debería ser] retenido a la espera de más instrucciones, [ya que] esos 'socialistas' rusos viajan con el propósito de empezar una revolución en contra del actual gobierno ruso, en razón de lo cual, Trotsky lleva consigo 10.000 dólares donados por los socialistas».

Pero ¿por qué fue detenido?

«Porque el servicio secreto había sido informado de que Trotsky iba a sacar a Rusia de la guerra, liberando así a los ejércitos alemanes para atacar a las tropas ( ... ) del frente occidental», matiza Eustace Mullins.

Lo que sucedió después, se asemeja al clima político actual en el erróneamente llamado «Canadá Libre». Como en el Canadá de hoy la influencia de los Rockefeller está tras los movimientos separatistas de Quebec los políticos de entonces estaban bajo la influencia de la familia Rockefeller. Gyeorgos C. Hatonn en el ya citado libro Rape of the Constitution; Death of Freedom explica:


«El primer ministro Lloyd George envió órdenes urgentes por cable desde Londres al Servicio Secreto canadiense para que liberasen inmediatamente a Trotsky, pero aquél hizo caso omiso. Trotsky fue finalmente liberado gracias a la intervención de uno de los títeres más fieles a Rockefeller, el ministro canadiense Mackenzie King, un antiguo "especialista en laborismo" de los Rockefeller. King obtuvo personalmente la liberación de Trotsky y lo destacó como emisario de los Rockefeller con la misión de ganar la Revolución Bolchevique. Por lo tanto, el doctor Annand Hammer, que proclamaba en voz alta su influencia en Rusia como amigo de Lenin, jugó un papel insignificante en comparación con el respaldo que le dio Rockefeller al comunismo mundial.»
¿Por qué apoyó el implacable John D. Rockefeller a Trotsky? Porque Trotsky, el revolucionario bolchevique, como John D. y el resto de su familia abogaba por la «revolución y la dictadura mundial, por su uniformidad ideológica y su compromiso con el internacionalismo liberal. Los bolcheviques y los banqueros, entonces, tienen algo en común: el internacionalismo, explica una y otra vez Anthony Sutton.

Tanto Alien como el doctor Sutton llegan a la misma conclusión: la revolución y las finanzas internacionales tienen los mismos objetivos comunes: la erradicación de los poderes descentralizados, mucho más difíciles de controlar, y el establecimiento de un Gobierno Mundial Único, un monopolio del poder que se perpetúe en el tiempo. Gracias al heroico trabajo de las otras impresionantes obras del doctor Sutton, las pruebas de la implicación de los Rockefeller en la,

«organización, patrocinio y apoyo a la revolución bolchevique son tan innumerables y avasalladoras que simplemente no admiten discusión».

Quizá, podría resumir el grado de crueldad con un ejemplo:

«Para los Rockefeller el socialismo no es un sistema para redistribuir la riqueza (y mucho menos para redistribuir su propia riqueza), sino un sistema para controlar a la gente y a la competencia. El socialismo, pone todo el poder en manos del gobierno. Y como los Rockefelled controlan los gobiernos, eso significa que ellos tienen el control. ¡de hecho de que usted no lo sepa, no significa que ellos no lo sepan!»

Como curiosidad, Trotsky se casaría después con la hija de uno de los banqueros más ricos, Livotovsky, quien también respaldó la Revolución Bolchevique.

Tecnología estadounidense en manos de los comunistas

En 1926, la Standard Oil de Nueva York, de Rockefeller, y su subsidiaria, la Vacuum Oil Company, a través del Chase National Bank,

«cerró un acuerdo para vender petróleo soviético en los países europeos».

En ese momento se informó de que John D. Rockefeller había hecho un préstamo a los bolcheviques de 75 millones de dólares, «parte del precio del acuerdo». Como resultado del trato, dice Alien,

«en 1927, el socio secreto de Rusia, la Standard Oil de Nueva York, construyó una refinería de petróleo en Rusia».

Por lo tanto, John D. Rockefeller, concluye el autor, el adalid del capitalismo, ayudó «a la recuperación de la economía bolchevique». El Gobierno de los Estados Unidos no reconoció oficialmente al Estado soviético hasta 1933.

¿Cómo es posible que ciudadanos privados, por muy ricos e influyentes que sean, hayan colaborado con el régimen soviético asesino cuando ello iba explícitamente en contra de la ley, según el Congreso de los Estados Unidos? Además, no sólo fueron ciudadanos privados los que colaboraron en la creación del monopolio soviético, sino que el mismo presidente Wilson aprobó tal colaboración.

El doctor Sutton añade en su libro,

«ésta fue, la primera inversión de los Estados Unidos en Rusia desde la revolución».

Esto es lo que el congresista de los Estados Unidos Louis McFadden, presidente del Comité Bancario de la Cámara de Representantes, que se opuso valientemente a los manipuladores del sistema de la Reserva Federal en la década de 1920 y 1930, tenía que decir en un discurso a los congresistas el 10 de junio de 1932:

«Abran los libros de Amtorg, la organización comercial del Gobierno soviético en Nueva York, los de Gostorg, la oficina general de la Organización del Comercio Soviético, y los del Banco Estatal de la URSS, y se sorprenderán de cuánto dinero americano ha salido del Tesoro de los Estados Unidos en beneficio de Rusia. Averigüen qué transacciones se han llevado a cabo entre el Banco Estatal de la URSS y el Chase Bank de Nueva York.»
Como nota aparte cabe señalar que la persistente oposición de McFadden a la Reserva Federal, una entidad ilegal que controla el Tesoro de los Estados Unidos, le costó tres atentados. Finalmente, murió en condiciones todavía no aclaradas.

  • ¿Cómo se sentiría si le dijesen que los Estados Unidos financiaron y ayudaron a construir el imponente poder de los soviets, el mismo estado comunista que asesinó a unos setenta millones de sus ciudadanos?
  • ¿Y que el poder en la sombra responsable de ello era también la primera familia banquera de los Estados Unidos que representa los ideales de la sociedad capitalista?
  • ¿Que los Estados Unidos transfirieron secretamente a Rusia la tecnología más sofisticada y cara del momento para así crear un enemigo visible para justificar los nuevos métodos de coerción y terror y ahora lo hacen con China, a expensas de sus propios compatriotas?

Tristemente, todo eso forma parte del gran diseño del Nuevo Orden Mundial. Para conseguir el Gobierno Mundial Único, controlado por los globalizadores, deben unirse diferentes naciones. Para que el público general acepte inicialmente los «beneficios» del Gobierno Mundial Único/CE, debe venderse la idea de que tal unión tiene ventajas y beneficios, como que el bloque de comercio libre no supondrá una pérdida de soberanía. El problema es que ya hoy hemos perdido nuestra soberanía. La CE ha invadido todos los aspectos de nuestra vida, atándonos a unos tratados desconocidos, unas leyes y unas regulaciones oscuras, muy difíciles de comprender. El Tratado de Maastricht es muy complejo y para entenderlo mínimamente debe leerse en conjunción con el Tratado de Amsterdam, el Tratado de Roma y la Ley Única Europea. ¿Es que los miembros de las Cortes han tenido el tiempo y los conocimientos necesarios para estudiarlos? ¿Cuántos saben realmente qué implican? Como ilustración sólo diré que en el debate parlamentario que hubo en Inglaterra acerca de los tratados mencionados (un paso que suponía nada menos que sustraer las libertades a los ciudadanos para transferirlas al organismo europeo), se les dio a los miembros del Parlamento británico un resumen de dos páginas de dichos tratados y se supone que debían tomar una decisión en base a ese único material.
¿Cómo se crea esa cacareada igualdad entre naciones y simultáneamente se convierte a los Estados Unidos en una provincia más del Nuevo Orden Mundial? En primer lugar, usando el dinero de los contribuyentes, el saber tecnológico y, tal como explica Gary Allen,
«el equipamiento del que sólo uno dispone, para alimentar a la competencia, y al mismo tiempo usar todas las taimadas estrategias imaginables para debilitar y empobrecer a tu país»
y al tiempo que se fortalece al enemigo, se asusta a la población diciéndole que la cooperación es necesaria porque sin acuerdos bilaterales el enemigo nos atacará.

Ahora ya sabe por qué, desde la Revolución Rusa - que no fue un levantamiento espontáneo - los defensores del Orden Mundial han defendido y llevado a cabo políticas dirigidas a incrementar el poder de la Unión Soviética.
En esencia, la Comisión Trilateral de Rockefeller fue fundada para acelerar la consecución del objetivo globalizador. El profesor Anthony Sutton, el mayor experto en el estudio de la contribución de la tecnología occidental a la creación del Estado Soviético, ofrece una evidencia irrefutable de que la capacidad industrial y militar soviética plasmada en,

«camiones, aviones, petróleo, hierro, petroquímicas, aluminio, ordenadores y demás, fue construida a expensas de los contribuyentes americanos para beneficio de la Unión Soviética, el mismo país que había jurado destruir a los Estados Unidos. Todo con el propósito de fabricar un enemigo y crear la paridad que permitiría, eventualmente, la convergencia en un Superestado, conocido como Gobierno Mundial Único». Como dice Gary Allen, «nadie ha intentado siquiera refutar las fuertes palabras de ese estudioso llamado Sutton».

En Wall Street And The Bolshevik Revolution, Sutton, afirma:
«La tecnología soviética no existía en realidad. El 90-95 % procedía directa o indirectamente de los Estados Unidos y sus aliados.»
¿Cuántos miles de millones se gasta los Estados Unidos para defenderse contra un enemigo fantasma, creado, alimentado y mantenido por ellos mismos? ¿Los costes justifican los medios? ¡Por supuesto que sí!

Recuerde, la Gran Fusión será controlada por el mismo Grupo Bilderberg-CFR-CT que está orquestando entre bastidores los bloques regionales y las uniones monetarias «temporales».

«Aunque parezca extraño - reflexiona Surton - parece que los Estados Unidos quieren que el enemigo siga siendo el enemigo.»
Sin un enemigo visible y justificable, ninguna población, a pesar de la manipulación, cederá voluntariamente sus derechos y libertades individuales. Sutton ofrece miles de pruebas documentales de sus hallazgos. Por ejemplo, la Marina Mercante Soviética, en el momento de escribir su libro, era la más grande del mundo, con unos 6.000 barcos.

Anthony Sutton declaró en 1972 ante un subcomité del Partido Republicano para decir:
«Unos dos tercios fueron enteramente construidos fuera de la Unión Soviética y cuatro de cada cinco motores de esos barcos fueron construidos también fuera del país.»
Y continúa Sutton,

«todos los automóviles, camiones, [armas, tanques, aviones] y tecnología soviética procede de Occidente. La organización Gorki, construida por las empresas Ford y Austin, produjo la mayor parte de los camiones utilizados para llevar el armamento suministrado por los soviéticos a Ho Chi Minh.
Las empresas de automóviles también pueden utilizarse para construir tanques. La misma organización Gorki, bajo el disfraz de un "comercio pacífico", produjo en 1964 el primer sistema antitanque guiado. Los soviéticos tienen la planta de hierro y acero más grande del mundo. Fue construida por la Corporación McKee. Es una copia de una fábrica de acero de Indiana, en Estados Unidos».
Sutton sostiene que el gobierno de los Estados Unidos es responsable directo del asesinato de 100.000 soldados estadounidenses muertos por medio de tecnología americana, como afirma de manera tajante:

«La única respuesta de Washington y la Administración [de Estados Unidos] es
esforzarse por esconder el escándalo.»
Nada de lo que digo tiene sentido si creemos las mentiras propagadas por el poder acerca de los «malvados» comunistas. A no ser, por supuesto, que el comunismo sea un señuelo necesario, la herramienta de una conspiración mucho más grande para dejar el mundo en manos de multimillonarios ávidos de poder, entonces todo aparece como perfectamente lógico. Rockefeller, sin embargo, no es en absoluto un poder independiente. Como explica Eustace Mullins en Murder by Injection: The Medical Conspiracy against America,

«los Rockefeller operan bajo esferas de influencia claramente definidas. Las
organizaciones "caritativas", las empresas y los grupos de influencia política, trabajan siempre conjuntamente. Ningún departamento del Grupo toma iniciativas por sí mismo o formula una política independiente. No hay justificación para eso, porque todo funciona bajo el control de la estructura financiera mundial, lo que significa que, cualquier día, toda la abundancia de una persona u organización puede verse reducida a cero mediante una hábil manipulación financiera. Éste es el control final que asegura que nadie pueda salirse de la organización. No sólo se le retirarían todos sus recursos, sino que entraría inmediatamente en la lista de un asesino a sueldo».
El congresista Larry McDonald, en su prólogo al libro El expediente Rockefeller, escribió:

«Ésta es una exposición concisa y escalofriante, de la que ha sido seguramente la historia más importante de nuestro tiempo: la idea de los Rockefeller y sus aliados de crear un Gobierno Único Mundial que combine el supercapitalismo y el comunismo bajo un mismo techo, todo bajo su control [ . .,] los Rockefeller y sus aliados llevan al menos cincuenta años siguiendo un cuidadoso plan para controlar Estados Unidos y el resto del mundo haciéndose con el poder político a través de su poder económico.»
El 31 de agosto de 1983, McDonald murió en un «accidente» a bordo de un avión comercial de Korean Airlines 007 en espacio aéreo soviético.


Continúa aquí.